Trabajo y Economía Social y Solidaria

El trabajo se puede realizar bajo distintas formas: independiente (formal o informal) como empleo (en la empresa privada o en Estado), pero también bajo formas asociativas como es el caso de la economía social y solidaria. Respecto de esta última si bien tiene antecedentes pre-modernos (vinculados a pueblos originarios o expresiones religiosas), es con los Pioneros de Rochdale en 1844 y con el owenismo que nace y toma impulso en la modernidad. Luego va recibiendo otras contribuciones y experiencias que lo enriquecen, formalizándose en una de sus expresiones -como es el cooperativismo– a nivel internacional en la Alianza Cooperativa Internacional. Esta ha definido, en su Congreso de Manchester de 1995, que “una cooperativa es una asociación autónoma de individuos que se unen voluntariamente para satisfacer sus propias necesidades económicas, sociales y culturales, y las propias aspiraciones, a través de la creación de una sociedad de propiedad común y democráticamente controlada».

En un documento de la Comisión del Senado de Argentina (que aborda la temática de la economía social) referido a los requerimientos para formar una cooperativa, se mencionan algunas de las principales razones de por qué encarar esta forma de trabajo o iniciativas. Ellas son:

  • Se desea realizar un emprendimiento (de producción, trabajo, servicios, vivienda o consumo), de manera no individual (es decir, con “otros”), buscando un “determinado tipo de asociatividad” (democrática) y sin afán o móvil de lucro. La modalidad o forma “cooperativa” encuadra en este tipo de “ideal” o deseo.
  • Quienes consideran que están “enmarcados o encuadrados” bajo la forma societaria que establece la ley del país (en el caso argentino el artículo segundo de la ley 20337).
  •  El emprendimiento cooperativo puede estar expresando una necesidad local de un servicio (en general público) que no está satisfecho ni por el mercado (empresas privadas) ni por el Estado. El origen de las cooperativas de servicios públicos en la Argentina, en general, han surgido por esta “necesidad”.
  • El emprendimiento cooperativo puede estar expresando la necesidad de un conjunto de emprendedores privados (o también pueden ser pequeñas cooperativas) que por su reducida escala individual no son competitivos en el mercado y por lo tanto forman una cooperativa (en el caso que sea formada por pequeñas o medianas cooperativas constituirían una cooperativa de “grado superior”) para realizar ventas, servicios y/o compras en común que les permita seguir siendo viables desde el punto de vista económico.
  • El emprendimiento cooperativo puede estar expresando la decisión del Estado de delegarle, transferirle, priorizarle o asignarle emprendimientos, tareas y obras a las Cooperativas que podría hacer el Estado o empresas privada.
  • El emprendimiento cooperativo puede ser también una expresión alternativa al monopolio estatal o privado.
  • El emprendimiento cooperativo puede (aunque NO DEBE) ser el resultado de un “camuflaje” de “empresa privada mercantil” pero con “forma cooperativa”. O ser un proceso forzado por una o más empresas privadas (en general grandes) como forma de “terciarización” de tareas que antes se hacían bajo condiciones de trabajo formal en relación de dependencia. En general esto se hace para “abaratar costos”, “precarizando” indirectamente condiciones de trabajo, por problemas “de competitividad de la empresa privada” que lo promueve, o como forma de acceder a “un tipo de mercado” que requiere esta forma asociativa, entre otros. Estas son experiencias y modalidades “no deseables”, y algunas de ellas entran en el campo de lo “fraudulento” o ilegal, y por lo tanto son objeto de sanción o dada de baja por la autoridad de aplicación.
  • El emprendimiento cooperativo puede responder a la necesidad de un grupo de personas que están en situaciones de subsistencia, de vulnerabilidad o de formalizar una experiencia grupal de la denominada “economía popular” o que trabajaban en una empresa privada que quebró y no quieren perder esa fuente de trabajo (el caso de las “empresas recuperadas”). Todo ello podría encuadrarse en lo que algunas corrientes denominan “fracaso de mercado”, donde esta modalidad de la economía social viene a buscar de resolver este fracaso.
  • El emprendimiento cooperativo puede responder a un enfoque de que el cooperativismo es una fase superior, o evolutiva, o de mayor conciencia o desarrollo moral de un grupo de personas para desarrollar empresas que articulen la cooperación con la competencia y sean muy exitosas.
  • El emprendimiento cooperativo puede responder a una cosmovisión, un sistema de ideas y valores relacionados con una “nueva sociedad”, con “otra economía” o una “economía del trabajo”, “otro sistema”, “de una tercera vía”, o de expresiones de corrientes de izquierda (como es el caso de la autogestión obrera), de las que buscan conjugar la libertad, el socialismo y el cooperativismo, con retomar experiencias comunitaristas de los pueblos originarios o de creencias religiosas (como es el caso de la doctrina social de la Iglesia véase: el apoyo del Papa Francisco al Modelo Cooperativo) o culturales, del “buen vivir”, de movimientos populares, y similares,

entre las principales.

En cuanto a la cantidad de empleo que genera el cooperativismo en países como Argentina se estimó en 86.000 puestos de trabajo para el año 2012, sin contar los generados por el cooperativismo de trabajo (donde son socios y no empleados) o modalidades de economía solidaria más informales.

Aunque no son empresas democráticas son muy valiosas (con este mismo «espíritu» o sentido) las empresas sociales nucleadas en Ashoka y en documentos de la Unión Europea. También, en esta línea, pueden mencionarse experiencias que mezclan lo comunitario y lo espiritual con el emprendimiento (como son los casos de Sekem o la «economía de comunión«), el enfoque de la economía del bien común (y en Argentina), empresas «b»,  -desde una perspectiva más amplia- el enfoque de los «cuatro retornos» (a la inspiración, al capital social, al capital natural y al capital financiero para que sea sostenible también en esta dimensión), por citar sólo algunos «parecidos de familia».

En el marco de lo señalado debemos considerar a la economía social y solidaria, así como las empresas sociales o otras experiencias afines, como otros posibles caminos que existen para generar trabajo, donde -en este caso- buscando la democratización de la empresa (en el caso de las cooperativas) y no planteándose la maximización del excedente (bajo la forma de lucro o destacando que hay «diversos retornos»: no estando en primer lugar el financiero). Todo ello hace una significativa contribución (con sus éxitos y falencias o fracasos) al logro un mundo mejor.

La Economía del Bien Común

Hay coincidencia en señalar que la temática del bien común se ha originado en Grecia, principalmente con Platón y Aristóteles, y de allí pasó a la Escolástica con Tomás de Aquino. El la menciona en varios puntos de la Suma Teológica, en particular en la cuestión 98 donde la relaciona con la esencia de la ley y plantea que esta «no es más que una prescripción de la razón, en orden al bien común, promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad». Esta concepción permea en el pensamiento económico de la época premoderna y luego es retomada por la Doctrina Social de la Iglesia. así como por distintos pensadores. Desde otras perspectivas como el socialismo y el comunismo también se ha abordado «lo común».

Una buena síntesis de cómo ha evolucionado esta temática se puede encontrar, entre otras fuentes, en la versión en inglés de la Wikipedia.

En economía el concepto ha estado asociado al bienestar socio-económico (en especial con la economía del bienestar), a la propiedad común ya sea comunal, social o pública estatal. También se lo ha planteado desde los bienes comunes o bienes públicos, así como desde los recursos comunes. En estos últimos ha tenido gran relevancia el pensamiento de Elinor Ostrom (politóloga norteamericana y ganadora del premio Nobel de Economía en el año 2009) que señala que son aquellos -ya sea naturales o hechos por los humanos- en los cuales el uso por una persona substrae del (o disminuye el) uso por otros y al mismo tiempo es difícil excluir usuarios. Esta autora tiene un gran desarrollo de esta temática. También ha sido retomada recientemente -desde una perspectiva paradigmática- por pensadores franceses como Laval y Dardot así como por el Papa Francisco en «el cuidado de la casa común».

Este enfoque -en especial en su versión platónica y escolástica- ha sido criticada por pensadores como Karl Popper («La sociedad abierta y sus enemigos», varias ediciones) en función de que requiere de una «autoridad» o gobierno fuerte y centralizado no interesados en los derechos o beneficios de los individuos como tales sino en la comunidad como entidad. Por supuesto que habría otros enfoques donde el bien común surgiera «de abajo hacia arriba», superando el individualismo y concertando democráticamente cuales son las medidas concretas que nos conducen al bien común, y por ende a un mundo mejor.

Deseamos finalizar esta entrada comentando dos enfoques económicos recientes. El primero de ellos es el de Jean Tirole, Premio Nobel de Economía 2014, y su libro «La Economía del Bien Común» (Ed. Taurus, 2017). En el prólogo dice (en cursiva destacado nuestro), entre otras cosas: «Este libro parte, pues, del principio siguiente: ya seamos políticos, empresarios, asalariados, parados, trabajadores independientes, altos funcionarios, agricultores, investigadores, sea cual sea el lugar que ocupemos en la sociedad, todos reaccionamos a los incentivos a los que nos enfrentamos. Estos incentivos —materiales o sociales—, unidos a nuestras preferencias, definen nuestro comportamiento. Un comportamiento que puede ir en contra del interés colectivo. Esa es la razón por la que la búsqueda del bien común pasa en gran medida por la creación de instituciones cuyo objetivo sea conciliar en la medida de lo posible el interés individual y el interés general. En este sentido, la economía de mercado no es en absoluto una finalidad. Es, como mucho, un instrumento, y un instrumento muy imperfecto, si se tiene en cuenta la discrepancia que puede haber entre el interés privado de los individuos, los grupos sociales o las naciones y el interés general».

Plantea un entendimiento y consenso en base a que «la economía no está ni al servicio de la propiedad privada y los intereses individuales, ni al de los que querrían utilizar al Estado para imponer sus valores o hacer que sus intereses prevalezcan. Rechaza tanto la supremacía del mercado como la supremacía del Estado. La economía está al servicio del bien común; su objetivo es lograr un mundo mejor. Para ello, su tarea es identificar las instituciones y las políticas que van a favorecer el interés general. En su búsqueda del bienestar para la comunidad, la economía engloba la dimensión individual y la colectiva del sujeto. Analiza las situaciones en las que el interés individual es compatible con esa búsqueda del bienestar colectivo y aquellas en las que, por el contrario, constituye un obstáculo». La clave de este enfoque será el análisis y acuerdo de cuales son las instituciones (*), políticas y procedimientos que permitan alcanzar este bien común. Podemos agregar que requerirá de buena voluntad, conciliar intereses, condiciones culturales y sociales que lo posibiliten, y rigor técnico para evaluar los resultados de estas instituciones y políticas. No es una tarea fácil pero no imposible.

El segundo enfoque de la economía del bien común. es promovido por el economista austríaco Christian Felber y planteado en un libro del mismo nombre editado en 2012. Allí se indica que la misma se debe regir por una serie de principios básicos que representan valores humanos: confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad y generosidad, entre otros. Para medir si una empresa está orientada hacia el bien común se ha elaborado una matriz que posibilite su evaluación, así como en una ong  española que fomenta esta economía se plantea la evaluación peer dentro de una metodología de balance. También hay sitios de Facebook en Argentina y otros países. Así como el enfoque anterior está basado en instituciones y políticas, este enfoque se fundamenta en valores (y podríamos agregar en «actitudes» vinculados con los mismos). Podríamos afirmar que son enfoques complementarios.

El bien común también es buscado por otras corrientes económicas como la economía social y solidaria, la economía de comunión, etc. o economistas como Stefano Zamagni, que iremos desarrollando en otras entradas.

Respecto a experiencias históricas vinculadas a “lo común” y al “bien común” es un tema que excede estas breves líneas. Sin embargo nos animamos a decir que dado que los humanos vivimos en un “contexto o campo” que excede lo “individual y atomístico” donde lo común siempre ha estado, está y estará presente bajo distintas modalidades y extensión (la Tierra inserta en un cosmos). Desde el comienzo de las primeras comunidades humanas hasta hoy en día ello ha sido vivido y expresado de distintas maneras.

Se puede afirmar que las ideas, la razón, los deseos y valores de fraternidad, amistad social y amor han jugado un rol muy importante, pero todo parece indicar que la necesidad y el mutuo interés (“me suma” y “es bueno” juntarme) frente a situaciones desfavorables o como requisito indispensable para poder crecer y desarrollarse han sido –en la mayoría de los casos- un «piso determinante» para animarnos a vivenciar lo común (incluido en el capitalismo bajo modalidades de asociativismo, “coopetencia”, economía colaborativa, trabajo en equipo…). Claro está que todo esto no ha estado exento de conflictos, fracasos de convivencia (lo que se ha denominado “tragedia de los comunes”) y de quedar reducido a la apariencia de «un como si…» (que nos «mejore nuestra imagen») o un mero utilitarismo coyuntural (y «ventanjero» promotor de desigualdades), así como de proyectos comunes inviables. Sin embargo esta “fuerza” de la necesidad expresada de “abajo hacia arriba” ha sido un gran motor de éxito. Podemos agregar que –en general- no lo ha sido cuando ha venido impuesta de “arriba hacia abajo”, ha predominado la lucha de poder entre individualidades y grupos (anulando a la empatía y el vinculo de amor) o las condiciones socioeconómicas y culturales han promovido la individualidad y la soledad.

Reflexionar sobre las condiciones de éxitos y fracasos seguramente nos ayudarán a construir en común un mundo mejor.

(*) Una síntesis se puede ver en este video. Está en linea con enfoques como los de Daron Acemoglu y James A. Robinson

Emprender más allá del homo economicus

Los seres humanos tenemos «motivaciones mixtas». Entre ellas están el poder resolver la cuestión del sustento material, que nuestros ahorros no pierdan valor, al igual que la moneda con la que intercambiamos…. y, para determinadas personas, focalizarse en maximizar el excedente económico o lucro (lo que se supone hace el «homo economicus«). En otra entrada sobre «economías y valores» mencionábamos una investigación realizada por H. Kantis, Masahiko Ishida y Masahiko Komori (ver esta publicación, en particular el Gráfico 2-7 «Principales motivaciones para ser empresario»), donde se muestran los resultados de una encuesta a fundadores de empresas de los países seleccionados en el estudio). De estos resultados empíricos se puede observar que sólo un mínimo porcentaje tiene como motivación «ser rico» o que se plantean la maximización del lucro. Ello es coincidente con opiniones como las de Muhammad Yunus en esta nota.

En una nota del 29/9/18 del diario Perfil denominada «asistencia virtual a emprendedores sociales que buscan expandirse», expresa que «hace algunos años, la activista social y emprendedora Margherita Pagani recorrió ciudades del sur de Europa afectadas por la crisis de los refugiados y fue allí donde descubrió las limitaciones que generaba diseñar proyectos sociales desde cero y, también, lo difícil de replicar una idea pensada en otras latitudes. Barreras financieras y operativas impedían que un proyecto que fue exitoso en una región del planeta, en la resolución de problemas socioambientales, se trasladara a otra parte del mundo.» En esta línea están ongs como Mayma.

Este tipo de iniciativas está inserto en corrientes como el Foro Nesi (ver sitio), empresas sociales (promovidas por organizaciones como Ashoka), empresas de triple impacto (o «sistema b» que también se puede visualizar en esta nota), de cuatro retornos y otras muchas que venimos reseñando en este blog (1). Estos enfoques y experiencias nos ayudan a converger hacia un mundo mejor.

(1) véase por ejemplo los derivados de la economía ecológica, del bien común, de economía de comunión, la economía social y solidaria, economías con ecovillas, y otras. De manera similar se puede ver esta nota de la BBC.

El Cambio

El cambio denota la transición de un estado a otro, y puede ser un proceso de transformación gradual  -con continuidades y rupturas- o brusco y radical. Aquí se lo intentará abordar desde lo sistémico, con especial énfasis en lo socioeconómico. No se analizará -por razones de espacio- la cuestión del acelerado cambio tecnológico y el rol de la inteligencia artificial, así como las implicancias del cambio climático.

Las rupturas bruscas (aunque son resultado de un proceso) y radicales son las que denominamos revolución, y están asociadas a la violencia. Múltiples evidencias históricas (la más notable es la de la ex Unión Soviética) nos muestran que el cambio cualitativo profundo que pretendieron (una nueva sociedad, superar al capitalismo con el socialismo) no sólo no fue alcanzado en el tiempo, sino que se volvió a variedades de capitalismo. Algo similar se puede afirmar de otras experiencias como China, Vietnam, etc., otras que están en duda (como Cuba) y algunas que han devenido en desastrosas (el caso actual de Venezuela). Superar la propiedad privada y el no compartir (o la injusticia y la desigualdada través de la coerción extrema no ha sido eficaz y viable.

Respecto de lo que opina «la gente» en cuanto al tipo de cambio social, en una medición de World Values Survey que comenta Marita Carballo, hacia el año 2000, la opinión en Argentina y en un promedio mundial, es la siguiente:

TIPO DE CAMBIO SOCIAL

1984

19911999MUNDO 1999
Acción Revolucionaria

12%

8%4%

12%

Reformas Graduales

77%

81%81%

70%

Preservar la Sociedad Actual11%11%15%

18%

Seguramente la subjetividad que se expresa en estas opiniones está influida por múltiples elementos. De todos modos, más allá de las influencias, tal vez podamos coincidir en que predomina el escepticismo sobre los resultados de la acción revolucionaria, y también que los defensores del «statu quo» o «el no cambio» son minorías. La gran mayoría, tanto en Argentina como en el mundo, prefiere las reformas graduales, y seguramente irlas evaluándolas críticamente de modo de medir sus impactos y resultados. De todos modos es importante precisar ¿qué se entiende por ellas? o ¿cuál es la direccionalidad de las reformas?. Simplificando de manera estereotipada y polar: algunos la entenderán desde un enfoque neoliberal y otros desde la construcción de un estado posible y eficaz de bienestar tendiente al pleno empleo y a la cobertura de los más frágiles (*). Más allá de las palabras que se utilicen habrá que ver su significado e implementación en la práctica. En el medio entre ambas hay muchas variantes y matices de distintas alternativas. El tema de la direccionalidad se retoma a continuación, desde la perspectiva de lo que se viene escribiendo en este blog.

En el marco de lo que se viene de mencionar están las experiencias de transformación gradual que -en particular desde posiciones de centro y de izquierda- se han denominado como «reformismo«. A nivel de enfoques y de corrientes de pensamiento y de prácticas han sido abarcadas por la socialdemocracia, o también por otros intentos y experiencias vinculados con el socialcristianismo y las llamadas «terceras vías». Si nos ceñimos a la socialdemocracia podemos afirmar que los más exitosos, aunque restringidos por el contexto cambiante de la globalización, han sido los países escandinavos. En la entrada de este blog denominada «las alternativas a lo hegemónico» hemos tratado de desarrollar más este tema. Si bien no es posible trasladar automáticamente experiencias de un país a otro, los países escandinavos son un ejemplo de experiencias institucionales en lo socioeconómico y político, con una determinada historia cultural, que han buscado combinar desarrollo económico, mayor igualdad y bienestar. Claro, esta alternativa no satisface al pensamiento radical y al «jacobinismo» que dicen que no se han extirpado de cuajo las principales características del capitalismo, sino que se lo ha moderado, es más igualitario, más humano… pero esto no los satisface como sociedad ideal.

¿Hay posibilidad de otro tipo de transformaciones? Entendemos que para responder a esta cuestión hay que ir «más allá de la razón y la objetividad» de la modernidad e incorporar «lo subjetivo y vincular» desde otra perspectiva y superando el individualismo que no quede sólo en la interioridad sino que se exprese en múltiples dimensiones concretas y objetivas nuevas que vayan de lo micro a lo macro. En lo micro nos ubicamos nosotros como personas que tenemos una evolución -de acuerdo al enfoque de pensadores como Piaget y Kohlberg– donde pasamos por distintos estadios o niveles, según cada caso y contexto cambiante. En ellos hay momentos de placer y felicidad, y en otros de frustración y sufrimiento. Este último puede ser una posibilidad de cambio positivo dado un crecimiento postraumático, o -si no es bien procesado- de daño parcial o irreparable.

En este blog hemos intentado modestamente recorrer este último recorrido de lo micro a lo macro. En este camino debemos pasar por la ley y la autoridad, que nos estimulen o den empujones para el bien, así como tener conciencia de que existe el límite, la justicia y el castigo. Esto nos enseña que «todo no da lo mismo» y que «el fin no justifica los medios«. A partir de esta base hemos enfatizado el rol que puede jugar la cultura en general y la educación en particular, el compartir, canalizar nuestra energía sin dominar a los demás, el desapego de lo material concibiendo el progreso de otra manera, la importancia de la fe vinculada a la resiliencia y al amor a la vida, el evolucionar como civilización y con «otras economías» (en especial con otros valores, social y solidaria, del bien común, ecológica….), dentro de una economía plural y una sociedad democrática que vaya incorporando otros procesos, instituciones y resultados relacionados con lo que venimos de mencionar. Todo esto debería conducirnos a una experiencia postcapitalista donde predominen estas cualidades, según nuestro entender.

Sin duda, lo anterior no es fácil y podrá caracterizarse desde un lado «escéptico» como utópico, planteando que sólo se pueden mejorar las instituciones del capitalismo (a fin de que -por ejemplo- sea menos desigualy que el ser humano -en la práctica- no puede evolucionar más allá de cómo se comporta en este sistema (con sus variedades). En términos de Kohlberg sólo oscilar entre los estadios evolutivos 2 a 5, y nunca poder llegar al estadio 6 o niveles superiores de trascendencia (alcanzados por personas como Gandhi, Martin Luther King, y tantos otros con una actitud y vivencia sapiencial). Por otro lado desde una «perspectiva idealista y revolucionaria» se planteará que tiene «sabor a poco» y se restringe a darle un rostro más humano al capitalismo. Entendemos que no es ni uno ni lo otro, y que deberíamos debatir en profundidad y sin prejuicios este tipo de caminos (como dice la imagen de la entrada) que nos pueden llevar a un mundo mejor.

(*) en el caso argentino teniendo en cuenta sus vaivenes y elementos como esteasí como la cuestión del desequilibrio estructural, que -de manera combinada- nos han llevado a situaciones como las que se viven a comienzos de mayo de 2018. Sobre la trayectoria de la crisis es interesante este video, desde el minuto 17 en adelante, con la opinión de la economista Marina Dal Poggetto. En lo que se refiere a la temática del ajuste se puede ver esta nota.

 

Cuando el negocio es para todos

Muchas corrientes en la historia de la filosofía han visualizado como contrapuestas actitudes y valores, como el altruismo, con buscar lo mejor para uno mismo, desde una perspectiva egoísta e individualista. Otra forma de expresarlo -aunque no es lo mismo- sería que el amor a los demás está contrapuesto a amarse a uno mismo. Sin duda esta es una posibilidad real y concreta que podemos visualizar en una gran cantidad de vínculos y situaciones.

Entre las preguntas que nos podemos hacer está: ¿es fatalmente así? La respuesta que podemos dar es «no». Entre quienes tienen este enfoque está el premio Nobel de Economía John Nash. En la película «Una mente brillante» (ver imagen de la entrada) -donde se cuentan aspectos de su vida- el actor que personifica a Nash expresa lo siguiente: «Adam Smith dice que el mejor resultado es producto de que cada uno en el grupo haga lo mejor para sí mismo ¿no? Eso está incompleto, incompleto. Porque el mejor resultado es producto de que todos en el grupo hagan lo mejor para sí mismos y para el grupo». En su formalización matemática, referida a la noción de equilibrio (y a la «teoría de los juegos«), esto se despliega en una mayor complejidad, y se combina con situaciones de incentivos y desincentivos a cooperar o no cooperar, donde el miedo, el cálculo racional y como juega la libertad humana, son relevantes. El marco institucional donde los seres humanos actuamos, puede ir en una u otra dirección, por lo que será fundamental contar con instituciones que faciliten o promuevan la cooperación, como algo deseable incluso en un sistema capitalista (1).

A fin de dar ejemplos concretos sobre lo que se acaba de mencionar podemos citar casos de la llamada «economía circular«, que hemos mencionado en esta nota como una corriente dentro de la la economía ecológica. Algunos ejemplos son con:

  • los residuos que se generan con los neumáticos de autos y otros vehículos. En vez de contaminar depositándolos en rellenos sanitarios sirven como materia prima para hacer zapatillas o revestimientos de pavimentos, entre otras.
  • los residuos de la cerveza que tienen un alto valor proteico y energético,
  • con los residuos orgánicos que sirven para hacer compost,
  • con los residuos de metales que son canalizados a través de organizaciones como la Cooperativa Trabajo y Dignidad, que pasaron de ser cartoneros a capacitarse para reparar computadoras, y esto les permitió saber procesar residuos de metales y hacer un emprendimiento formal exitoso,

y muchísimos otros ejemplos con reciclados de cartón, papel, plástico, vidrio… Se despliegan en cadenas de valor y «negocios virtuosos» con impactos positivos en el empleo y una mejora sustantiva en el medio ambiente.

Los que generan los residuos se «ahorran» de pagar multas o recibir sanciones (tanto del estado como de las casas matrices de multinacionales que tienen estas normativas) como responsables primarios de su generación, pueden colaborar facilitando la donación de estos residuos y pagando el costo de logística para su entrega a la industria recicladora, y se despliega una cadena de valor o «negocio virtuoso» con un eslabonamiento «ganador-ganador». Ello nos ayuda a ir a hacia una economía del bien común y converger hacia un mundo mejor.

(1) Al respecto ver los enfoques de asociativismo (en particular en cadenas de valor y clusters), competitividad sistémica y la llamada «coopetencia«. Sobre las denominaciones de «negocio» y «ocio» pueden verse reflexiones como esta o esta, entre otras.

PD: Esta nota surgió en base a elementos vertidos en un foro de la Fundación Metropolitana relacionado con la economía circular.

¿Una economía con otros valores?

En esta entrada nos planteamos la pregunta, si la economía (entendida como la corriente principal de la misma), puede tener «otros valores» que no sean la maximización del excedente económico que denominamos «lucro».

La primera respuesta sería «no», si consideramos a la economía -en el contexto del sistema capitalista- como una forma de «carrera» o competencia para el progreso individual, para generar riqueza y -a veces- sólo para sobrevivir en el mercado en el contexto institucional que se de, y en oportunidades, bajo modalidades informales sin importarnos los medios que utilizamos para ello. En esto coincidirían tanto economistas de esta corriente como de la economía marxista, en el sentido de que las «las leyes» o lógicas de acumulación del capitalismo llevan a esta situación por más que el «capitalista a nivel individual» quiera hacer otra cosa. La realidad está compuesta de múltiples evidencias de daños ambientales y sociales (v.g. trabajo «no decente» y desigualdad) que así lo demuestran. Una visualización de esta afirmación para las grandes compañías se presenta en la película «La Corporación» o en la reciente serie «Dirty Money«. Ello no quita que algunos dueños de estas empresas o corporaciones, «disocien su negocio» de «su ganancia personal», y con esta última sean filántropos donando parte o gran parte (como es el caso de Bill Gates) de su fortuna a fines solidarios. También está la posibilidad -en el marco de la legislación que los habilite- de que sus empresas deduzcan ganancias de sus impuestos para aplicarlos a fines solidarios o de mecenazgo, sin que esto cambie el núcleo central de la «forma de hacer negocios» y con el beneficio de «mejorar la imagen» de la empresa ante la sociedad. Aunque la respuesta inicial sigue siendo «no, en lo sustantivo» (más allá de acciones de marketing que no van al fondo de la cuestión), no hay que subvalorar o menospreciar estos gestos y acciones -en especial cuando son «significativos»- de «otros valores» de manera paralela al accionar de la empresa.

Una segunda respuesta podría ser que «si», en el marco de que «estamos condicionados» pero «no determinados« en el sistema económico, donde emprendedores consideran que es imprescindible contar con un excedente para subsistir, innovar y eventualmente crecer, pero no buscan su maximización y menos «de cualquier manera». Para que esto suceda ¿de qué depende? De varios elementos, entre ellos, los móviles del empresario, los enfoques y prácticas del mismo, y el contexto socioeconómico e institucional (la cultura y la sociedad donde está inserta, la economía y el rol e instrumentos del Estado).

En lo que se refiere a los móviles en un trabajo de Hugo Kantis, Masahiko Ishida y Masahiko Komori (ver esta publicación, en particular el Gráfico 2-7 «Principales motivaciones para ser empresario»), donde se muestran los resultados de una encuesta a fundadores de empresas de los países seleccionados en el estudio). De estos resultados empíricos se puede observar que sólo un mínimo porcentaje tiene como motivación «ser rico» o que se plantean la maximización del lucro. En un resumen de esta investigación se presenta el siguiente gráfico:

Del mismo autor (Hugo Kantis) se puede ver esta conferencia sobre los distintos tipos de emprendedores y su dinamismo. Por lo tanto, si las condiciones en las que operan no son de gran rivalidad (o, de lo que podríamos denominar, gran «darwinismo» socioeconómico), está la posibilidad concreta de que haya una economía con «otros valores». Va en línea con experiencias prácticas, como la de Inés Berton quien, en esta nota, expresa que la gente quiere trabajar en «empresas épicas» así como la mencionada en esta nota.

En cuanto a los enfoques y prácticas, lo anteriormente explicado -más otros elementos de contexto que coadyuvaron a llevarlo a cabo- fue el origen del enfoque y práctica de la Responsabilidad Social Empresaria (RSE, que se muestra en la imagen de la entrada), o también denominado «responsabilidad social corporativa», y una de cuyas derivaciones recientes -que buscan superarlas- ha sido las empresas de triple impacto o «empresas b» (es interesante este testimonio, esta nota o experiencias similares). Ya hay más de 1200 empresas de este tipo que se certifican en 40 países en el mundo y que -desde su misión y propósito- buscan beneficios económicos, sociales y ambientales de manera integrada (*) La Wikipedia expresa, entre otros elementos, que «aunque la expresión RSE surge entre los 50-60 en EE.UU., no llega a desarrollarse en Europa hasta los 90, cuando la Comisión Europea utilizó el concepto, para implicar a los empresarios en una estrategia de empleo que generase mayor cohesión social, puesto que en la sociedad europea había cada vez más problemas en torno al desempleo de larga duración y la exclusión social que eso suponía. Más tarde, en 1999, el secretario general de la ONU durante el Foro Económico Mundial de Davos, pidió al mercado mundial que se adoptasen valores con rostro humano».

La fuente que acabamos de mencionar expresa también que, en lo relativo a cuestiones institucionales, mediciones y evaluaciones, «como documento decisivo en Europa, destaca el llamado ​sobre RSC. El artículo 116,de la ley francesa sobre nueva reglamentación económica del 2001, incluso impone la obligación jurídica a las empresas, de informar acerca de sus acciones de índole social. En Brasil, la coalición presidida por el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, en la que participan numerosos empresarios, ha promovido la RSC y existe un proyecto de Ley de Responsabilidad Social de octubre del 2003. Existen normas oficiales acerca de la RSC como la norma SA 8000 (Social Accountability Standard 8000) impulsada por el Council on Economic Priorities y aplicada por SAI,​ así como la norma SGE 21 de Foréticanorma que certifica globalmente la RSC en todos sus ámbitos. En noviembre de 2010 fue publicada la norma-guía ISO 26000, desarrollada con la participación de 450 expertos participantes y 210 observadores de 99 países miembros de ISO y 42 organizaciones vinculadas. La ISO 26000 no tiene por finalidad ser certificable ni un sistema de gestión, sino orientar las organizaciones en la introducción de prácticas socialmente responsables. Según la ONG Accountability en un ranking​ de los 108 países cuyas empresas tienen un mayor grado de desarrollo de la Responsabilidad Social Empresarial, los líderes son Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Reino Unido, Noruega y Nueva Zelanda

En la línea de una economía con rostro humano o con otros valores, encontramos el enfoque de la Doctrina Social de la Iglesia que emerge, en el contexto de una tradición católica, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Sobre este tema, además de otros, se expresa el economista Jeffrey Sachs en un reportaje que le hace Jorge Fontevecchia, donde este le pregunta: «Las encíclicas del Papa Francisco critican el capitalismo desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia. ¿La doctrina social de la Iglesia fue una tercera vía entre el capitalismo y el comunismo? ¿Qué opina sobre el Papa?», y Sachs le responde:

«Sí, en realidad, desde 1891 las doctrinas sociales de la Iglesia han estado a favor de una economía de mercado, pero en contra de la codicia. Por lo que volvemos a nuestra discusión de que teníamos que aceptar el acuerdo faustiano (**) tal como es. Cuando León XIII introdujo el Rerum Novarum en 1891, se refería a la industrialización. Había un orden industrial nuevo, y dijo: “La Iglesia no está en contra del mercado, no está en contra de la propiedad privada, pero la propiedad privada tiene que vivir dentro de un marco moral”. Eso dice Francisco en el Laudato si’. Lo mismo. Creo que es una idea maravillosa. Una economía de mercado en un marco moral. Es lo que necesitamos, y el Papa lo pide: “No les hablo solamente a los seguidores de la Iglesia, hago un llamado al mundo todo”. Debatir sobre ese marco moral con los chinos, con los indios, con los africanos, con los latinoamericanos, con mi país. Creo que puede haber un marco moral común, de lo que es decente, de lo que es correcto. Es la idea básica más importante y lo que necesitamos en el mundo actual: el diálogo moral. No tenemos mucho de eso. Sigo de cerca los discursos del presidente Xi. Habló en el XIX Congreso del partido el mes pasado, en China, y mencionó muchos conceptos morales. ¡Fantástico! Esa es mi idea de hacia dónde el papa Francisco se dirige con esa importante contribución. Tiene razón. Las enseñanzas sociales de la Iglesia tienen mucho que decirnos».

Este enfoque del «marco moral» en una economía de mercado estará relacionado, sin duda, con el plano individual y social, expresado este último en normas que así lo estimulen o promuevan, con el peligro de que lo hagan mal (como hemos señalado en otra entrada) o no adecuadamente.

En fin, hemos intentado dar elementos sobre un debate que «no está cerrado», y donde hay elementos esperanzadores como los que hemos señalado en la posibilidad del «si«, y fundamentalmente en enfoques y experiencias como los de la economía social y solidaria, de Sekem, la economía del bien común o la economía de comunión, entre las principales. Sin duda, todo ello nos puede conducir a un mundo mejor.

(*) También presentan vinculación con enfoques como el de los negocios inclusivos, el de los cuatro retornos, entre los principales. Cabe destacar que en el enfoque de los cuatro retornos se coloca «al final» el retorno financiero o al capital. Este es un enfoque similar al mencionado por Jack Ma (fundador de Alibaba) respecto de «primero los clientes, luego los trabajadores y por último el capital» (accionistas o inversores), que se puede visualizar en este video en particular del minuto 9 en adelante.

( **) Se refiere a otra pregunta donde dice: «el capitalismo, históricamente, es una especie de acuerdo faustiano en este sentido. En la Edad Media, la economía era una economía agraria y en Europa se guiaba por principios eclesiásticos. No se utilizaban precios justos. La idea era que había un marco moral y una sociedad rural estable. El capitalismo surgió con el descubrimiento de América, las primeras empresas capitalistas fueron las de las Indias Orientales y las del Sur. Estas sociedades de capital conjunto salieron a explotar las nuevas rutas comerciales, a producir algodón, azúcar, tabaco, oro, plata. El capitalismo era un acuerdo faustiano en el sentido del doctor Fausto: significaba aprovechar la codicia para el desarrollo. La codicia es una fuerza poderosa. La gente codiciosa moverá montañas, destruirá bosques tropicales, creará guerras, esclavizará gente, todo para generar riqueza. La riqueza es una adicción increíblemente poderosa. El capitalismo se sirvió del instinto más poderoso que tenemos para la economía, y creó este dinamismo que no se había visto nunca antes. No existe un sistema económico que pueda compararse con el dinamismo capitalista. Puso la codicia en el centro del sistema y todos miraban hacia otro lado mientras la gente era esclavizada, o se cometían genocidios para quitarles sus tierras a los indígenas. En el siglo XIX, el capitalismo se enfrenta a sus dos grandes contrincantes. Uno, el socialismo, que dice: “Esta codicia es cruel, mejor tengamos una sociedad dirigida por el Estado”. El segundo fue la socialdemocracia, que dice: “Podemos domar esa codicia”. El socialismo del siglo XX que conocimos creó sus propias atrocidades. Eliminó el dinamismo y creó tanto poder estatal que desató fuerzas imposibles de controlar. La idea socialdemócrata, que llegó a Escandinavia en la década de 1930, y a Alemania después del nazismo, resultó ser el mejor modelo. Se acepta cierto nivel de codicia como un mal que hay que tolerar, no elogiar.»

 

Pueblos Fumigados

La imagen de la entrada hace referencia a una película argentina de Fernando «Pino» Solanas, «Viaje a los pueblos fumigados«, estrenada a comienzos de 2018. La misma aborda un problema de orden mundial, como es el caso de la utilización de agroquímicos (también llamados agrotóxicos, por los efectos indeseados que -muchos de ellos- producen en la salud humana). En la película se focaliza -principalmente pero no únicamente- al caso argentino en cuanto a la fumigación (aérea y con equipos terrestres) del glifosato a los cultivos de soja transgénica (resistente a este producto).

En la película se muestra como la fumigación no sólo abarca los cultivos, sino que -en algunos casos- se afecta a escuelas en medio de campos y barrios aledaños que -por el efecto del viento- su población se ve directamente afectada. Ello se ha constatado en distintas regiones de la Argentina. Una de ellas es en localidades de la Provincia de Córdoba con crecientes casos de malformaciones, de niños con problemas respiratorios y de comunidades en dónde el cáncer se multiplica. La Organización Mundial de la Salud ha admitido que es «probablemente cancerígeno para los seres humanos». Si bien no es el centro de la temática del film, también se aborda en él la mala utilización de químicos en verduras (por ejemplo se cita el caso de la lechuga y el hinojo en Mar del Plata).

Los altos precios internacionales de la soja por su gran demanda mundial, vinculado con el cambio hacia los transgénicos y a herbicidas cada vez más potentes, ha posibilitado altos rendimientos de este cultivo, enormes posibilidades de crecimiento (por lo tanto desplazando otros cultivos, la ganadería y la apicultura) y exportación, con relevantes ingresos para los productores y el Estado (en particular cuando los dólares no son generados por otros sectores -como la industria- o que no entran suficientemente para financiar déficit de balanza comercial y/o déficit fiscal). Por eso se la ha llamado el «oro verde». Por esta razón hay una gran resistencia y temor a poder hablar francamente sobre las consecuencias negativas mencionadas más arriba, así como del desmonte de grandes áreas del territorio (con el acentuamiento de las consecuencias negativas del cambio climático).

En los capítulos de la parte final de la película se plantean una serie de opciones alternativas a este modelo como es el caso de cultivos combinados, rotativos, también mixtos, con menor utilización de agroquímicos y otros sin agroquímicos (como son los cultivos orgánicos y en general la denominada permacultura).

Sabemos que un tema muy complejo y de enormes desafíos en lo que se refiere a cambios de hábitos de consumo y de modos de producción. A nivel mundial hay que tener en cuenta que Francia anunció la prohibición total del glifosato para el año 2019 y que la mayoría de los países de Europa rechazan los productos transgénicos. En Argentina debería tenerse en cuenta una mirada estratégica sobre estos cambios estructurales que están sucediendo en el mercado de alimentos así como ir encarando un camino de cambios progresivos y sostenidos que nos conduzcan, además, a colocar en un lugar central la vida y la salud humana.

De mínima habría que tomar urgentemente medidas relacionadas con limitar el daño actual. Lo anterior conlleva a que se impida la fumigación con glifosato (y otros agroquímicos) se realice cerca de donde hay población (incluido el efecto del viento) y haya severas sanciones para quienes lo realicen. Del mismo modo la utilización de otros agroquímicos (al menos en altas dosis) en la verduras y frutas, y evitando el volcado de efluentes tóxicos a cursos de agua. Ello debería ir acompañado de laboratorios de control de muestras de alimentos en origen (es decir antes de que vayan al mercado) de distintas regiones, así como cambios institucionales que identifiquen a los aviones y personas que fumiguen (así como a qué empresas responden), se los capacite y se les apliquen severas sanciones penales y económicas para quienes no tengan estos cuidados básicos. También de protección a las comunidades indígenas que residen en esas zonas y los trabajadores rurales que, por no perder su trabajo, no denuncian situaciones de alto riesgo (en especial ante las faltas de cuidados y por la exclusiva búsqueda de la maximización del lucro).

Por otro lado lo anterior debería estar acompañado de la promoción de la ciencia y la tecnología aplicadas a semillas, herbicidas orgánicos,  procesos alternativos que no alteren la salud humana y se converja hacia la generalización de una agricultura orgánica. A medida que haya mayor conciencia sobre los daños a la salud, el mercado de productos orgánicos seguirá creciendo sostenidamente y esto le dará viabilidad económica a los productores y distribuidores que ya han iniciado este cambio.

El gran desafío será de pasar de un modelo productivista que abastece de alimentos a una población humana y animal creciente en el mundo, hacia un modelo saludable y sustentable con el medio ambiente que también pueda abastecer a la población mundial. Esto exige un esfuerzo combinado de actores sociales, privados (*) y estatales nacionales e internacionales que nos puedan ayudar a converger a un mundo mejor en esta materia.

(*) en otras entradas hemos hecho referencia a una economía con otros valores, ecológica, del bien común y similares que vayan en camino hacia ir más allá de la maximización del lucro y la mera acumulación. Liderazgos empresariales con estos valores, una sociedad civil consciente y crecientemente participativa con este sentido y un rol decisivo de los Estados con medidas eficaces en esta dirección serán claves para este cambio tan necesario y relevante.

PD: Agradezco muy especialmente a todas las personas que me han hecho llegar comentarios sobre esta nota que se pueden resumir en lo siguiente:

  • la fumigación con glifosato a personas (directamente o indirectamente por efecto del viento) produce todo tipo de enfermedades al ser humano, y se deben tomar urgentes medidas que lo eviten. Su derivación al agua seguramente también. Algo similar se puede afirmar de uso excesivo de otros agroquímicos en verduras y frutas. Lo anterior puede asimilarse al concepto de «armas químicas» que dañan la salud humana.
  • no se ha demostrado que haya una relación directa entre la aplicación de glifosato a las plantas genéticamente modificadas y cáncer. La EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), recuerda que el glifosato, que se emplea en todo el mundo, en las proporciones indicadas y en el contexto de las instrucciones de uso, no mostró ser dañina. Ese dictamen se hizo dos veces en presencia de un sanitarista de cada uno de los Estados Miembros de la UE.
  • Los productos genéticamente modificados son todos: las prácticas difieren desde el cruzamiento lento entre plantas, y animales, hasta la actual edición de genes; por supuesto los seres humanos somos organismos genéticamente modificados. Muy pocos son transgénicos (es decir con genes de otra especie) y hasta ahora -según fuentes consultadas- nadie ha mostrado efectos negativos sobre la salud de esos productos. Los europeos se oponen al uso de técnicas de edición genética en el agro (porque piensan que les quita competitividad) pero no en medicina (porque el ser humano quiere vivir lo más que se pueda y con salud).
  • El avance científico-tecnológico de bioinsumos, está avanzando a pasos sostenidos, por lo que es de esperar que esto pueda impactar en la agricultura de gran escala (dado que sino no se podría abastecer a toda la población mundial y a la alimentación animal) y en mejorar la salud humana. Se espera que el esfuerzo sostenido de estados, empresas y una sociedad civil crecientemente movilizada en esta dirección lo logren.

 

Economías cuyas empresas hacen Balance Social

El balance social, según esta fuente «hace referencia al registro de las actividades de una organización vinculadas a la comunidad donde se encuentra inserta. Dicho de otro modo, el balance social detalla los costes y los beneficios que provoca la actividad de una empresa en una sociedad. Gracias a este tipo de balance, es posible analizar si una compañía ha cumplido con su responsabilidad social en un cierto periodo. El balance social debe incluir tanto los resultados positivos como aquellos negativos que se desprenden de las actividades de la entidad».

Las empresas que lo realizan están, en general, vinculadas a una economía con otros valores y en particular a la responsabilidad social empresaria (que utilizan indicadores y publican memorias de sostenibilidad). En un trabajo realizado entre la OIT, la Asociación Nacional de Industriales de Colombia y la Cámara Junior de Colombia (Capítulo Antioquía) se relaciona al balance social con la responsabilidad social empresaria y con el enfoque del libro «La sociedad postcapitalista» de Peter Drucker. En este documento se hace un pormenorizado análisis y presentación del mismo aplicado al caso colombiano.

También el balance social lo realizan fundaciones, organizaciones sin fines de lucro y cooperativas (como es el caso en la Argentina de la Cooperativa Obrera de Bahia Blanca). Tiene similitudes con la matriz del enfoque de la economía del bien común y los lineamientos de la economía de comunión.

Si el balance social es veraz y describe con transparencia sus diferentes ítems, seguramente es un instrumento útil para poder medir el impacto en esta dimensión que tiene la actuación de las distintas organizaciones en una economía. Acompañarlo de un balance ambiental, e irlo ampliando al conjunto de emprendimientos, hacer seguimiento y evaluación de los mismos, nos puede permitir visualizar si nos vamos encaminando o no hacia un mundo mejor.

Un Enfoque de Lo Común

En esta entrada haremos comentarios sobre el enfoque de «lo común» que plantean Christian Laval y Pierre Dardot, en el libro «Común. Ensayo sobre la revolución en el Siglo XXI» (Ed. Gedisa, Barcelona, 2015, que se muestra en la imagen de la entrada) y que presentaran públicamente.  Para ello analizaremos las principales características de esta obra (en particular los rasgos centrales de su enfoque y de sus propuestas), y contaremos con la ayuda del análisis efectuado por Edgar Straehle, de la Universidad de Barcelona (Astrolabio, Revista internacional de filosofía, Año 2015, N0. 17) en este texto.

Es un extenso libro de 665 páginas (por lo tanto, difícil de sintetizar y comentar en esta breve nota) que contiene, además de una Introducción, tres partes: 1. La emergencia de lo común, 2. Derecho e institución de lo común, 3. Propuestas políticas.  En todo el texto hay una línea argumental que busca refundar el concepto de lo común, estableciendo un postulado o proposición que lo centran en la esfera de una «razón política» que sustituya a «la razón neoliberal» (pág. 652). Lo común se funda según los autores por lo inapropiable en un sentido absoluto, por aquello que nadie en concreto puede monopolizar o patrimonializar (está radicalmente fuera de la propiedad, pág. 268) sea persona o institución. Lo común es una «práctica» o un hacer del uso. En la página 312 afirman que «en la medida que lo común depende exclusivamente de las prácticas del uso colectivo, por fuerza debe excluir categóricamente toda ontología de lo común».

No es un espacio sin reglas, como reseña Sraehle (pág. 185 de su artículo), «sino como un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común. Y donde estas se deben poder redefinir o modificar según la ocasión. Como es lógico, la misma inapropiabilidad mencionada más arriba coincide a su vez con la oposición a toda sujeción respecto respecto a una determinación tomada en algún momento en concreto. Lo común debe ser pensado como una institución abierta a la transformación y también como co-actividad, y no como una co-pertenencia, co-propiedad o co-posesión (pág. 48 del libro). Una co-actividad que no cesa y que funciona y se renueva una y otra vez en virtud de la reciprocidad y del compromiso de sus participantes. No se trata en efecto de lo que hacemos juntos, y que puede ser tanto un viaje como una acción de protesta, del modo de acción que procede de la co-obligación significada por el munus latín (pág. 318 del libro). En pocas palabras, la acción común tendría que ver con el uso común de lo común».

Al final del libro se plantea la institución de lo «inapropiable» a través de una revolución como autodeterminación de la sociedad.

Como comentario general coincidiremos con el que hace Straehle respecto de que, más allá de las críticas, «que por supuesto no empañan sus méritos, Común se presenta como un estupendo regalo y un punto de partida necesario para repensar y profundizar en la cuestión de lo común».  En cuanto al planteo del libro podemos decir que la primera parte está muy fundamentada y detallada con gran erudición (aunque hay aspectos que no tiene en cuenta, como detallaremos más abajo), la segunda parte bien planteada, y la tercera parte sobre «propuestas políticas», como dice Straehle,  «se caracterizan por su vaguedad e incluso su implausibilidad», y podríamos agregar sin tener en cuenta la complejidad de un fenómeno multidimensional y evolutivo.

Respecto de comentarios específicos, detallamos lo siguiente:

  • se enfoca desde «lo racional» (y por lo tanto con un rol relevante del «yo») y cuando habla de «co-obligación» (rol del «superyo»), supone un deber compartido por el colectivo, y por lo tanto con una simultaneidad de valores compartidos por la mayoría. No aparece en este análisis el «ello» y por lo tanto el rol de los sentimientos (*) y su traslado a actitudes como las del «desapego«, y al ser y tener planteado por Erich Fromm. ¿Cómo es posible un hacer que no conduzca a formas de apropiación sin tener en cuenta esta dimensión?
  • no tienen en cuenta la diversidad de subjetividades, las distintas culturas y los cambios ínter-generacionales que se producen al respecto vinculado a «lo propio e individual» y a «lo común». Por lo tanto termina siendo un planteo abstracto que no contempla esta dimensión de la complejidad.
  • Lo anterior está relacionado con que no perciben que el capitalismo (o una razón «neoliberal») es un modo especial de relacionarnos, de jugar la libertad, de a-poder-arse o a-propiar-se (el «enclosure» que se menciona en el texto) y por lo tanto un modo particular de poder en un estadio determinado. Por lo tanto el «problema» de fondo es «el poder» y «no el capitalismo», que es un «derivado histórico particular en lo económico» y que ha penetrado lo cultural asociado al proceso de individuación.  Si no re-significamos la acción cultural vinculada con el poder, tengamos en cuenta la importancia de «la singularidad»  y la diferenciemos de «lo individualista»,  seguirán habiendo distintas variedades de capitalismo o de poder económico.
  • No está claro como juegan los distintos liderazgos y roles, la información asimétrica e incompleta, así como las distintas formaciones y saberes, y los diversos talentos o competencias técnico-profesionales,  en «un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común».
  • Si bien -en la propuesta política 1- diferencia bien el «autogobierno» de la «autogestión», no está claro el nexo entre la direccionalidad establecida por el gobierno, de la ejecución y praxis de este en la gestión de los detalles concretos.
  •  El derecho de uso frente al derecho de propiedad -en el sentido radical que le dan los autores- no parece viable sin un cambio revolucionario de la tecnología (por ejemplo, ser «prosumidores» con impresoras 3D) o que nos transformemos todos en «personas nuevas» (la generalización práctica del «hombre nuevo»). Entre tanto lo que sí parece ser viable y realista es el planteo de Elinor Ostrom.
  • En las propuestas políticas 4 y 5 plantean la institución de una empresa común y la asociación en la economía debe preparar la sociedad de lo común. Están bien formuladas las limitaciones que existen en estos campos, por ejemplo la diversidad de situaciones y perspectivas de la economía social y solidaria.  Sobre esta última expresan (pág. 367): «la economía social no constituye, al menos por el momento, un conjunto social movilizado, ni a nivel nacional ni a nivel mundial, y ello a pesar de la visibilidad de creciente de algunas ong. De este modo, resulta difícil hacer de este conjunto tan diverso una «alternativa al capitalismo», y todavía ver en él la única alternativa concebible. Las fuertes presiones a las que están sometidas  estas actividades por parte de las empresas capitalistas y de los poderes públicos lo hacen todavía más difícil…» Es cierto lo que dicen los autores, pero no señalan que hay unos 1000 millones de personas (aunque no están «movilizadas») que pertenecen a alguna forma cooperativa y no tienen en cuenta experiencias como la de la economía de comunión y las perspectivas y experiencias de la economía del bien común (aunque serían rechazadas por no contemplar lo democrático y lo radicalmente inapropiable). Sí proponen (pág. 574) «la nueva democracia política, económica y social «por abajo» implica optar por una vida más simple, más autónoma y basada en la convivencia, que se podría traducir en la creación de comunidades locales más vivibles que las que las grandes metrópolis dominadas por los ritmos y las estructuras del capitalismo mundial» (**). Si bien continúan con esta argumentación dicen que no será suficiente para constituir una política de lo común.

Sin duda los autores están en una perspectiva de la búsqueda de un mundo mejor, pero no logran -según nuestra opinión- poder formular su viabilidad, dada la radicalidad de su paradigma y por cuestiones como las que venimos de señalar.

 

(*) No valoran enseñanzas sapienciales de tradiciones como la parábola del buen samaritano, donde la traducción en español de «se compadeció» corresponde al término griego splagnizomai: es decir que al samaritano «se le conmovieron las entrañas o se le revolvieron las tripas«. Si no «sentimos» lo común por más «razón» y superyo que haya no se podrá constituir sólidamente esta dimensión, más allá de » juntarnos desde abajo en asambleas» o la articulación no violenta de intereses a través de la política.

(**) Apelan a la convivencialidad preconizada por Ivan Illich y André Gorz, y a la estrategia de «bioregionalismo» de Arnsperger, que articularía los anclajes locales con solidaridades nuevas a nivel del pueblo, del barrio. Aunque no lo mencionan está emparentado a las ecovillas y a los planteos de la película «Demain«.

 

Convergiendo de las Esferas de la Economía Plural

Hemos expresado en otra parte de la página web que hemos adoptado, desde una perspectiva muy amplia, el concepto de economía “plural”. Ello significa que además de tener en cuenta las diferentes variedades de capitalismo que existen en el mundo, hay otras expresiones diversas (también una expresión que se utiliza es el de «economía mixta«). A continuación intentaremos indicar los que serían los mejores lineamientos de convergencia hacia un mundo mejor desde estas distintas esferas:

CONVERGIENDO DESDE VARIEDADES DE CAPITALISMO

  • Al comienzo del capitalismo en Inglaterra se lo denominó capitalismo manchesteriano (por la ciudad de referencia) que era equivalente a una variedad de capitalismo “salvaje” (sin regulaciones, trabajo infantil, muy bajos salarios, polución, etc.). Hoy esta variedad de capitalismo, lamentablemente, sigue existiendo en muchas partes del mundo. Se coincidirá que nos aleja de un mundo mejor, y por lo tanto será necesario introducir las regulaciones adecuadas para –al menos- mitigar los aspectos más dañinos.
  • En el otro extremo tenemos la variedad de capitalismo vinculada a expresiones social-demócratas, como la de los países escandinavos asociados a la denominada economía del bienestar. Sin duda el bienestar forma parte de un mundo mejor, aunque no necesariamente esté vinculado de manera directa a la felicidad (concepto más complejo). Si bien han cambiado las circunstancias en las que estas experiencias nacieron (véase en esta nota “Una breve síntesis sobre la experiencia socialdemócrata”). Como hemos escrito en esta nota habrá que buscar nuevos modos que eviten el crecimiento desmesurado (o sin sentido) del Estado, la burocratización, la construcción de consensos para que las personas y los sectores que más tienen aporten al financiamiento de un nuevo estado de bienestar a escala global (la cuestión de la redistribución progresiva del ingreso para alcanzar los Objetivos Desarrollo Sostenible acordados en Naciones Unidas). Ir hacia un mundo mejor implicará entonces abordar estas críticas en lo interno, y promover nuevas reglas (y posiblemente nuevas instituciones) a escala internacional que valoricen los aportes que estas experiencias tienen.
  • Se pueden mencionar ejemplos donde, dentro de variedades de capitalismo, se da una economía colaborativa aunque algunas vertientes buscan diferenciarse de lo que es la lógica de acumulación capitalista. Algo similar se puede mencionar de los denominados «negocios inclusivos«. Es importante las experiencias de empresas con otros valores (entre las que se encuentran las «empresas con propósito«).
  • Por último ir hacia un mundo mejor conlleva a valorar lo humano (humanismo) en un contexto medioambiental del que formamos parte, y no privilegiar y maximizar un recurso (como el capital) como fin último. Los cambios culturales y tecnológicos pueden ir en esta dirección, aunque no se deben descartar regresiones (por crisis o guerras) o peligros científicos-tecnológicos (como la autonomización de la tecnología sin reglas como las planteadas por I. Asimov).

CONVERGIENDO DESDE LA ECONOMÍA CRIMINAL

Lamentablemente esta economía es una realidad muy significativa en el mundo tanto a nivel de narcotráfico, como la derivada de la corrupción, el tráfico ilegal de armas y personas, la falsificación de marcas, productos y piratería, etc. Ha sido analizada por economistas como Julio Sevares, Luis David Ramirez de Garay y otros. Frente a este fenómeno es fundamental generar alternativas para salir de ella. Además de combatirla ¿es posible generar una re-ingeniería de intereses hacia una economía formal lícita? Algunos ejemplos de que esto es posible:

CONVERGIENDO DESDE LA ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA

A nuestro entender la economía social y solidaria, y las empresas sociales (ver punto siguiente) es, “teóricamente” y desde el punto de vista de la organización socioeconómica de la sociedad, lo que más se acerca a “un mundo mejor” en lo que se refiere a “emprendimientos económicos”.

Si de esta esfera tomamos a las cooperativas podemos afirmar que en el año 2012 formaban parte de ellas en el mundo 1.000 millones de personas, y en países como Canadá –en promedio- 4 de cada 10 personas formaban parte de ellas (en la provincia de Quebec en el año 2010 el 70% formaban parte de una cooperativa).

Si bien los principios del cooperativismo son universales, las razones por las cuales un grupo de personas decide formar parte de una cooperativa son muy diversas. En un documento del Senado de Argentina en las páginas 4 a 6 se hipotetiza que pueden haber diez razones diferentes, entre las principales.

En este ensayo hemos adoptado el enfoque de la complejidad y una mirada más fina y detallada de cada fenómeno. A esto no escapa al fenómeno de la economía social y solidaria donde, sin duda, la mayoría de sus emprendimientos responde a los criterios de los fundadores de esta corriente pero se puede afirmar que hay casos donde esto es “sólo en las formas” (por ej. con poco involucramiento y delegación en los cuerpos gerenciales), en otros casos están muy insertas en modalidades del sistema hegemónico (aquí está la variante de no tener la “agilidad” o “dinamismo” de muchas de ellas), en otros en prácticas fraudulentas (en particular en el sector financiero) y finalmente otras son formas encubiertas de terciarización o de empleo público encubierto.

Por lo tanto ir hacia un mundo mejor desde esta esfera conllevará rescatar el “espíritu y práctica sustantiva” de este amplio movimiento, del que hoy forman parte también las experiencias comunitaristas de pueblos originarios, e ir superando limitaciones y desviaciones como las mencionadas.

EL CASO PARTICULAR DE LAS EMPRESAS SOCIALES Y EXPERIENCIAS SIMILARES (Economía de Comunión, Sekem, etc)

En la parte del “cómo” de este blog hemos mencionado a este tipo de empresas y ongs como Ashoka  (y en Argentina) que las nuclean y promueven. Se puede ver también este documento de la Unión Europea.

Si bien no tienen las características “democráticas” de las empresas cooperativas, son una experiencia sumamente valiosa de organizaciones económicas para un mundo mejor. También cabe destacar casos como la experiencia de las empresas de economía de comunión (ver textos como este), en Egipto la experiencia de Sekem, Commonland y su enfoque de los cuatro retornos, la economía del bien común (y en Argentina), la economía ecológica, las ecovillas,  comercio justo y responsable y otras formas de intercambio, etc.

CONVERGIENDO DESDE LA ECONOMÍA PÚBLICA

En general se asocia al estado, tanto en los países capitalistas como en los socialistas, con “la burocracia”, y por lo tanto a complicar lo que puede ser sencillo, a ralentizar los procesos, a excesivos controles ex ante y no pocos y efectivos controles ex post, a no garantizar la provisión de bienes y servicios eficaces (cobertura de la población objetivo a veces por no contar con recursos y personal suficientemente calificado) y de manera eficiente (mínimo costo evitando el desvío de fondos y exceso de personal en algunas áreas) con  un buen estándar de calidad.

Sin embargo puede no ser así y de hecho hay ejemplos en países capitalistas como socialistas que son el contra-ejemplo de lo que se viene de mencionar. Citaremos sólo tres casos:

Aprender de experiencias como estas, con personal profesionalizado, fuertemente motivado, con remuneraciones y estímulos adecuados, que generan bienes y servicios de alta calidad será fundamental para ir un mundo mejor desde esta esfera.

En situaciones de monopolio natural, en sectores considerados estratégicos para una sociedad, o donde hay fallas de mercado y la empresa privada no ha funcionado correctamente, o donde las organizaciones de la economía social no han podido tomar el lugar de determinados bienes y servicios (en especial públicos) será fundamental que las organizaciones de este tipo de economía tengan procesos transparentes que eviten la corrupción (con severas penas cuando se pruebe), la selección adecuada del personal, su capacitación y formación profesional, así como mecanismos de evaluación que posibiliten una gestión eficaz y eficiente.

Cada sociedad en función de su historia, de su contexto y del mapa de actores que tenga verá cuales son los “bordes” de su Estado. Sin embargo, sí sabemos que cuando se tiende a estatizar todo -porque se pretende “tener todo bajo control”- esto ha generado burocracia, ineficiencia, corrupción y en muchos casos desabastecimiento, teniendo que recurrir a prácticas dictatoriales para sostenerse en el tiempo. Por lo tanto se termina yendo a un “mundo peor”.

CONVERGIENDO DESDE UN ACELERADO CAMBIO CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO

Del que cabe preguntarnos si tenemos que converger de una “economía de plataformas” (¿el sistema capitalista en el siglo XXI?), con la posibilidad de terminar en alguna de las formas que menciona Harari en su libro “Homo Deus“?

Esta convergencia conlleva resolver, entre otros, la cuestión de la tributación de estas plataformas (muchas veces radicadas en paraísos fiscales o países de baja fiscalidad) y los vínculos entre las personas (bajo el formato de «libres» pero «precarias» en cuanto a las relaciones contractuales implícitas y laborales encubiertas). Del mismo modo sería deseable que se diera la posibilidad de que se promuevan “ecoinventos” y que ellos se apliquen fundamentalmente a la economía ecológica a fin de que el sistema sea “sustentable” y no terminemos con la especie humana. Por lo tanto «sin ningún sistema en el que haya humanos«.

¿Estas convergencias desde la economía plural podrán conducirnos a evolucionar e ir hacia variedades de postcapitalismo vinculado con un mundo mejor?