Economía de Comunión

La Economía de Comunión (EdC) es una corriente o enfoque nacida en 1991 y planteada por Chiara Lubich, fundadora -en 1949 y junto a Pasquale Foresi- del Movimiento de los Focolares (dentro de la Iglesia Católica) y de la que hoy forman parte centenares de experiencias en distintos continentes. Su fundadora expresó el 7/5/1998, en Mariápolis Araceli, lo siguiente: «es necesario que la Economía de Comunión no se limite a que las empresas inspiradas en ella sirvan de ejemplo con algún comentario de alguien más o menos experto. Es necesario que se convierta en una ciencia con la participación de economistas preparados que sepan plantear su teoría y práctica, confrontándola con otras corrientes científicas económicas, suscitando no sólo tesis doctorales, sino escuelas de las que muchos puedan nutrirse. Una ciencia verdadera que dé dignidad a quien debe mostrarla con los hechos y signifique una verdadera «vocación» para quien se compromete en ella de cualquier manera».

En línea con lo que se viene de expresar el economista Stefano Zamagni, en una entrevista que le realizan en el libro citado al pie de esta nota, dice entre otras cosas:

  • «…si la política se convierte en un instrumento de solución del problema económico, ¿qué sucede con el bien común?… Aquí vemos se plantea la cuestión del «bien común» que hemos desarrollado en otra entrada.
  • «…el amor interviene en el momento en el cual se advierte que la razón no alcanza para dar lo debido a todos aquellos de los cuales se ha obtenido. El fundamento de la cultura del dar no puede estar solamente en un acto de la razón, por más que sea necesario. Hace falta que la cultura del dar su plena realización en el corazón. Es por eso que considero que una escuela para la EdC tiene que llevar a sintetizar lo que el pensamiento moderno, en cambio, ha separado, esa trágica separación entre la mente y el corazón, entre el lugar de los sentimientos y el lugar de la razón…»  Seguramente esto se vincula a una nota del blog así como un capítulo del libro (mencionado al pie) de Luigino Bruni, denominado «La Economía y el Amor».
  • En cuanto a los desafíos que tiene la EdC, señala dos caminos posibles: «la primera alternativa es la de crearse una especie de nicho dentro del mercado y consolidarse lo más posible en esta situación….» La segunda alternativa, por la que él opta, es que «la EdC llegue a superar, en el curso de pocos años, posiblemente en el próximo decenio, ese punto de inflexión representado por la masa crítica, es decir, llegue a trasponer el umbral dimensional a partir del cual esta experiencia empiece a ser contagiosa. No tenemos que olvidar que contagiosas no son sólo las enfermedades, sino también las acciones buenas , es decir las virtudes, como nos ha enseñado Aristóteles». Luego plantea la importancia de realizar estrategias o alianzas con corrientes similares.

Las más de 800 empresas de EdC en todo el mundo distribuyen sus excedentes, beneficios o utilidades en tres partes: «para el desarrollo de la empresa, para la formación cultural y para la ayuda a los necesitados. Las empresas que se incorporan a la EdC atribuyen la misma importancia a cada una de estas partes y cada año distribuyen sus ganancias siguiendo este criterio. A partir del año 2008, cada año se elabora una “Memoria” en la que se detalla cómo se realiza la distribución de los beneficios de las empresas. Las distintas Memorias se encuentran disponibles aquí» También tienen lineamientos que deben respetar las empresas de estas características (que presenta similitudes con la matriz de la economía del bien común).

En la página oficial de Economía de Comunión hay mucha más información sobre este muy valioso enfoque y práctica que nos orienta hacia un mundo mejor en el plano económico, y ojalá converja con otras corrientes que tienen principios y experiencias similares.

Nota al pie: Para el desarrollo de esta nota nos hemos basado, especialmente, en el libro de Vittorio Pelligra y Antonella Ferrucci (comp.), «Economía de Comunión. Una nueva cultura», Ed. Ciudad Nueva, Buenos Aires, 2006; en la página web oficial de esta corriente (en español), a notas de su Boletín como esta, así como a sus nexos con enfoques como el de la Doctrina Social de la Iglesia (en especial desde el Movimiento de los Focolares y su fundadora Chiara Lubich), economía civil (y su relación con el pensamiento de Antonio Genovesi), bienes relacionales (o también economía relacional), nueva economía, economía evolutiva, empresas sociales y otros (como los vinculados a las temática del cambio cultural, la gratuidad, la reciprocidad, la confianza, la felicidad, la utilidad o inutilidad de la acción humana, el sentido de la economía o lo público, entre las principales).

Iconos y Mitos de Mayo del 68

La imagen de la entrada muestra a uno de los iconos -o una de las imágenes- del mayo francés de 1968 que representaba, según los medios de la época, a «Marianne». En realidad, según una nota de Marina Artusa, no se llamaba Marianne, sino Caroline de Bendern. «Tenía 28 años, había nacido en Windsor y su abuelo-mecenas era un adinerado bastardo de un noble austríaco. Ella trabajaba como modelo, era amiga de Andy Warhol y había tenido un amorío con Lou Reed. Vivía entre Nueva York, Roma y París. Acababa de llegar a la ciudad con su novio de turno. No participaba en manifestaciones a favor o en contra de ninguna causa.

La chica, bella a más no poder, no era estudiante ni parisina. No se llamaba Marianne. Mucho menos tenía en mente el lienzo de Delacroix -La libertad guiando al pueblo, de 1830- con el que la compararon cuando, dolorida por la caminata, le pidió upa a su amigo, el pintor Jean Jacques Lebel, quien la cargó sobre sus hombros. Entonces ella levantó lo más alto que pudo la bandera de Vietnam, uno de los emblemas de las protestas de mayo del ’68, que había ido a parar a sus manos casi por descuido».

La periodista la pregunta: «¿usted creía en los ideales del ‘68 ?«, y ella le responde «La sociedad se estaba esclerosando. Y las cosas debían sacudirse. En ese momento no era comunista ni nada. Creo que hoy soy más anarquista que otra cosa. No creo en el anarquismo como desorden pero sí me parece que deberíamos ser gobernados por un poder más impersonal, sin los egocentrismos de hoy«

En esta misma línea, y según el resumen que hace el suplemento D, del diario Perfil, sobre el libro «La Herencia del 68. Defensa del legado de un mes que cambió el siglo XX», escrito por el filósofo André Glucksmann y su hijo Raphaël (Ed. Taurus, marzo de 2018), el “espíritu del Mayo” estuvo relacionado con «negar el patriarcado, rechazar la mentalidad pueblerina, transgredir polvorientos tabúes morales y emanciparnos de dogmas marxistas-leninistas o conservadores son rupturas que nos hicieron infinitamente más libres».

Raphaël dice que siente «la necesidad, tanto hoy como hace diez años, de defender los derechos y las libertades que nos legó el 68, de repetir hasta qué punto es preferible vivir en una sociedad en la que los homosexuales pueden casarse en un mundo que los condenaba a esconderse, en un país en el que las mujeres ocupan el espacio público, y en una nación que las relegaba a las tareas domésticas, en ciudades en las que conviven colores y culturas que en espacios encerrados en sí mismos y en sus fantasías monocromas… Y sin embargo, aún más que hace diez años, siento la necesidad de cuestionar ese legado».

Hablando de su padre, expresa que «su generación tuvo razón, su labor histórica consistió en destruir los viejos mitos nacionalistas o comunistas que encerraban las conciencias y los pensamientos, en romper las antiguas reglas que obstaculizaban los cuerpos y los deseos. Pero cuando deconstruimos un mito, ¿no debemos después escribir un relato común? Cuando pulverizamos un yugo, ¿no debemos a continuación refundar estructuras colectivas en las que inscribir de nuevo nuestras individualidades emancipadas? No lo hicieron. Y nosotros, los hijos del 68, nacimos en una especie de vacío.

Sentimos una carencia, y esa carencia es lo que no dejo de analizar para que no nos engulla. Para que no nos lleve a rechazar nuestras libertades por miedo a la soledad. No se trata de quejarse ni de repartir culpas. Sería inútil e injusto. Se trata simplemente de entender que no partimos del mismo lugar, que no hablamos desde el mismo lugar. Nuestros padres nacieron en un mundo saturado de sentido, de dogmas, de memoria y de historia. Por lo tanto, para poder respirar tenían que trabajar sin descanso en la emancipación de los individuos, en afirmar los derechos del presente. Su papel fue romper cadenas.

Pero nosotros vivimos en un universo sin ideología, casi sin sentido y sin sustancia, sumido en la inmediatez. Privado de horizonte común en el que recolocar nuestras libertades actuales. Y por lo tanto, para que también nosotros respiremos, tenemos que trabajar para volver a inscribir a los individuos en perspectivas colectivas, el instante en el tiempo a largo plazo. Ya no solo romper cadenas, sino volver a enlazarlas.

Nuestros caminos divergen porque, aunque queremos lo mismo (una vida justa y libre en una sociedad en la que se pueda respirar), avanzamos desde dos puntos diferentes, incluso opuestos. Hacia dos destinos distintos. Aunque los mueva el mismo interés humanista. Hoy lo siento con más fuerza aún que hace diez años. La crisis política, social y filosófica en la que se empantanan las democracias liberales me ha hecho reflexionar, evolucionar y cambiar… Recibimos el legado de la libertad. Nos corresponde a nosotros hacer de ella algo más que la búsqueda frenética del bienestar personal.»

La catarsis cultural del mayo francés del 68 logró deconstruir distintos mitos, emanciparse de esas cadenas y plantearse en tratar de jugar la libertad positiva «en algo más que la búsqueda frenética del bienestar personal». Ahora bien, surgen distintas preguntas: ¿en qué consiste ese «algo más»? ¿es una búsqueda de trascendencia y plenitud? ¿es plantearse modalidades económicas, sociales y políticas de autogestión? ¿es reivindicar en el siglo XXI modalidades de anarquía? ¿es involucrar a otros en compartir de manera fraterna y solidaria todas las dimensiones de la vida? ¿cómo se hace para salir de la soledad y el individualismo, construyendo lo común, enlazarnos en redes, y no en cadenas o estructuras rígidas? ¿es construir nuevos mitos y una nueva mística? ¿podremos darle un sentido de cambio profundo para avanzar progresivamente a un mundo mejor?

El tiempo dirá si son sólo estas preguntas y cuales son las posibles respuestas de un camino que se hace al andar.

 

La Economía Marxista

Carlos Marx, con la colaboración de Friederich Engels (que aparecen en la imagen de la entrada), fueron quienes -sin duda- elaboraron la crítica más dura al sistema capitalista a través de sus diversas obras y escritos. Sin embargo cabe destacar que Marx no utiliza la palabra sistema”. Los autores que analizan la obra de Marx, Nietzsche y Kierkegaard señalan que los tres se enfrentaron con “EL SISTEMA entendiendo por esta palabra la cosmovisión y enfoque hegeliano”. El marxismo utiliza el término “Modo de Producción”: modo de obtener los bienes materiales necesarios al hombre para el consumo productivo y personal.

Las vertientes en las que se basa el enfoque marxista son varias. Por un lado, según M. Rubel, Carlos Marx funda su materialismo en base al materialismo antropológico de L. Feuerbach y los materialistas franceses del siglo XVIII. Marx parece querer situarse en las antípodas de Hegel y sus epígonos, negando a la conciencia toda autonomía y facultad creadora.  En la concepción hegeliana la realidad depende de la conciencia de si, y como es esta la que larga de cadenas al individuo, basta con una metamorfosis espiritual, para que el mundo se transforme (idea de cambio espiritual). En cambio en la concepción marxista, en el posfacio a la 2da edición de “El Capital” (1873), plantea “colocar sobre sus pies” esa dialéctica a la que reprocha estar cabeza abajo. También tuvo en cuenta los aportes de Rousseau, del antropólogo Morgan, de la economía clásica (en especial a Smith y Ricardo con su teoría del valor trabajo) y de Darwin. Respecto de este último en una carta que Marx le envía a Engels el 18/12/1860 dice: «he leído de todo, entre otras cosas el libro de Darwin sobre la selección natural. A pesar de su inglesa pesadez, este libro encierra el fundamento biológico de nuestra teoría».

Sin duda la obra más importante es «El Capital» donde hace una disección pormenorizada del capitalismo de su época. En cuanto a cómo preveía que evolucionara y su camino al socialismo y al comunismo (como etapa final) fue cambiando de opinión. Si bien originalmente creyó que serían los proletarios de los países capitalistas industriales más avanzados los que encabezarían ese camino, finalmente en la «Crítica al Programa de Gotha» opta por una dictadura del proletariado que, más adelante, llevarían a su concreción Lenin y otros revolucionarios en un país «no avanzado» como Rusia. Este «modelo autocrático» será también implementado en otras experiencias como China, Cuba, Corea del Norte, etc. También hubo experiencias autogestionarias en un determinado período de la ex Yugoslavia, socialdemócratas y del socialismo del siglo XXI (con lo que podemos afirmar que han habido «variedades de socialismo»).

En los países que, en algún momento, se han considerado socialistas se destacan Albania, Angola, Argelia, Bangladesh, Benin (ex Dahomey), Bulgaria, Burkina Faso (ex Alto Volta), Cabo Verde, Camboya,  Congo, Corea del Norte, Cuba, Checoslovaquia, Chile, China, Guinea-Bissau, Hungría, India, Laos, Libia, Madagascar, Mongolia, Myammar (ex Birmania), Polonia, República Democrática Alemana,  Rumania, Senegal, Seychelles, Siria, Tanzania, Yugoslavia, Venezuela, Vietnam del Norte, y en la  EX URSS:  Rusia, Ucrania, Rusia Blanca (Bielorusia), Armenia, Azerbaidjän, Georgia, Turkmenistán, Uzbekistán, Tadjikistán, Kazakistán, Kirguistán, Estonia, Lituania, Letonia, Moldavia.

En este blog hemos marcado nuestras diferencias con el enfoque de la propiedad, la revolución y gobiernos autocráticos (como es el caso de Venezuela al momento de escribir esta nota). Ello no obsta para reconocer el despliegue teórico del marxismo en cuanto a analizar la lógica de reproducción del capital y de denuncia de la explotación del hombre por el hombre. Podríamos afirmar que la economía marxista busca ser una economía de la igualdad (no igualitarismo en el marco de una economía mixta como la cubana) en un contexto evolutivo (dialéctico) de progreso material y social que conduzca a una sociedad sin clases y donde la libertad (*) queda subordinada a este fin. Sin embargo, a nuestro criterio y en su versión «clásica», cree que el problema de las relaciones de poder (que se esconden detrás de la desigualdad) se resuelve quitándole a la burguesía su instrumento de poder (la propiedad de os medios de producción) (**) y dándoselo a la clase obrera. En «la práctica» esto se hará a través de una vanguardia o lideres de una elite política (el partido comunista) que tendrá el control absoluto del poder desde el Estado (generalizando las empresas estatales) o con fuerte presencia del Estado (sólo en sectores estratégicos). Entendemos que no toma plena conciencia de lo complejo y profundo que se esconde detrás de esta temática (donde el poder económico es un caso particular de poder), que reaparece -como el ave fénix- en nuevas variedades de capitalismo dado que no se ha logrado cambiar la naturaleza del poder (abordada en esta reflexión). En otra nota hemos intentado abordar temáticas afines como la cuestión de lo planteado por Laval y Dardot respecto de las implicancias de su concepto de lo común en general y en la economía en el actual contexto y sus posibles perspectivas futuras.

Más allá de avances en la dimensión social (educación, salud, etc.), el desarrollo de la ciencia básica, industria pesada, armamentos y aeroespacial (en el caso de la ex URSS) y en disminuir la desigualdad, lamentablemente no han podido avanzar (y en oportunidades se ha retrocedido gravemente) -en la práctica- en una alternativa de desarrollo económico sostenible y sustentable a mediano y largo plazo en un marco de libertades democráticas.

(*) en este caso la libertad en sus expresiones civiles, políticas y culturales, vinculadas con la democracia. En cuanto a lo económico ello se ha expresado históricamente bajo formas de estímulo a la productividad en empresas estatales (una variante ha sido el estajanovismo),  de promoción de  iniciativas en el campo económico en modalidades de economía comunalista y social  (pero -en general- promovidas y muy controladas desde «arriba») o -en experiencias más recientes en países como China o Vietnam- posibilitando el desarrollo de la economía de mercado «orientada al socialismo» (con modalidades de institucionalismo capitalista y economía «mixta» público-privada).

(**) según Karl Polanyi es institucionalizar el capital de manera diferente, y por lo tanto se la podría encuadrar desde esta óptica como una variante del institucionalismo.

PD: Para un detalle más amplio de fuentes del marxismo se puede ver la página marxist.org. En cuanto a enfoques relacionados más recientes se pueden consultar textos como el de Thomas Piketty con su obra «El Capital en Siglo XXI» que plantean la actualización de la temática del capital, así como una literatura vinculada con el postcapitalismo,

 

Un Enfoque de Lo Común

En esta entrada haremos comentarios sobre el enfoque de «lo común» que plantean Christian Laval y Pierre Dardot, en el libro «Común. Ensayo sobre la revolución en el Siglo XXI» (Ed. Gedisa, Barcelona, 2015, que se muestra en la imagen de la entrada) y que presentaran públicamente.  Para ello analizaremos las principales características de esta obra (en particular los rasgos centrales de su enfoque y de sus propuestas), y contaremos con la ayuda del análisis efectuado por Edgar Straehle, de la Universidad de Barcelona (Astrolabio, Revista internacional de filosofía, Año 2015, N0. 17) en este texto.

Es un extenso libro de 665 páginas (por lo tanto, difícil de sintetizar y comentar en esta breve nota) que contiene, además de una Introducción, tres partes: 1. La emergencia de lo común, 2. Derecho e institución de lo común, 3. Propuestas políticas.  En todo el texto hay una línea argumental que busca refundar el concepto de lo común, estableciendo un postulado o proposición que lo centran en la esfera de una «razón política» que sustituya a «la razón neoliberal» (pág. 652). Lo común se funda según los autores por lo inapropiable en un sentido absoluto, por aquello que nadie en concreto puede monopolizar o patrimonializar (está radicalmente fuera de la propiedad, pág. 268) sea persona o institución. Lo común es una «práctica» o un hacer del uso. En la página 312 afirman que «en la medida que lo común depende exclusivamente de las prácticas del uso colectivo, por fuerza debe excluir categóricamente toda ontología de lo común».

No es un espacio sin reglas, como reseña Sraehle (pág. 185 de su artículo), «sino como un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común. Y donde estas se deben poder redefinir o modificar según la ocasión. Como es lógico, la misma inapropiabilidad mencionada más arriba coincide a su vez con la oposición a toda sujeción respecto respecto a una determinación tomada en algún momento en concreto. Lo común debe ser pensado como una institución abierta a la transformación y también como co-actividad, y no como una co-pertenencia, co-propiedad o co-posesión (pág. 48 del libro). Una co-actividad que no cesa y que funciona y se renueva una y otra vez en virtud de la reciprocidad y del compromiso de sus participantes. No se trata en efecto de lo que hacemos juntos, y que puede ser tanto un viaje como una acción de protesta, del modo de acción que procede de la co-obligación significada por el munus latín (pág. 318 del libro). En pocas palabras, la acción común tendría que ver con el uso común de lo común».

Al final del libro se plantea la institución de lo «inapropiable» a través de una revolución como autodeterminación de la sociedad.

Como comentario general coincidiremos con el que hace Straehle respecto de que, más allá de las críticas, «que por supuesto no empañan sus méritos, Común se presenta como un estupendo regalo y un punto de partida necesario para repensar y profundizar en la cuestión de lo común».  En cuanto al planteo del libro podemos decir que la primera parte está muy fundamentada y detallada con gran erudición (aunque hay aspectos que no tiene en cuenta, como detallaremos más abajo), la segunda parte bien planteada, y la tercera parte sobre «propuestas políticas», como dice Straehle,  «se caracterizan por su vaguedad e incluso su implausibilidad», y podríamos agregar sin tener en cuenta la complejidad de un fenómeno multidimensional y evolutivo.

Respecto de comentarios específicos, detallamos lo siguiente:

  • se enfoca desde «lo racional» (y por lo tanto con un rol relevante del «yo») y cuando habla de «co-obligación» (rol del «superyo»), supone un deber compartido por el colectivo, y por lo tanto con una simultaneidad de valores compartidos por la mayoría. No aparece en este análisis el «ello» y por lo tanto el rol de los sentimientos (1) y su traslado a actitudes como las del «desapego«, y al ser y tener planteado por Erich Fromm. ¿Cómo es posible un hacer que no conduzca a formas de apropiación sin tener en cuenta esta dimensión?
  • no tienen en cuenta la diversidad de subjetividades, las distintas culturas y los cambios ínter-generacionales que se producen al respecto vinculado a «lo propio e individual» y a «lo común». Por lo tanto termina siendo un planteo abstracto que no contempla esta dimensión de la complejidad.
  • Lo anterior está relacionado con que no perciben que el capitalismo (o una razón «neoliberal») es un modo especial de relacionarnos, de jugar la libertad, de a-poder-arse o a-propiar-se (el «enclosure» que se menciona en el texto) y por lo tanto un modo particular de poder en un estadio determinado. Por lo tanto el «problema» de fondo es «el poder» y «no el capitalismo», que es un «derivado histórico particular en lo económico» y que ha penetrado lo cultural asociado al proceso de individuación.  Si no re-significamos la acción cultural vinculada con el poder, tengamos en cuenta la importancia de «la singularidad»  y la diferenciemos de «lo individualista»,  seguirán habiendo distintas variedades de capitalismo o de poder económico.
  • No está claro como juegan los distintos liderazgos y roles, la información asimétrica e incompleta, así como las distintas formaciones y saberes, y los diversos talentos o competencias técnico-profesionales,  en «un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común».
  • Si bien -en la propuesta política 1- diferencia bien el «autogobierno» de la «autogestión», no está claro el nexo entre la direccionalidad establecida por el gobierno, de la ejecución y praxis de este en la gestión de los detalles concretos.
  •  El derecho de uso frente al derecho de propiedad -en el sentido radical que le dan los autores- no parece viable sin un cambio revolucionario de la tecnología (por ejemplo, ser «prosumidores» con impresoras 3D) o que nos transformemos todos en «personas nuevas» (la generalización práctica del «hombre nuevo»). Entre tanto lo que sí parece ser viable y realista es el planteo de Elinor Ostrom.
  • En las propuestas políticas 4 y 5 plantean la institución de una empresa común y la asociación en la economía debe preparar la sociedad de lo común. Están bien formuladas las limitaciones que existen en estos campos, por ejemplo la diversidad de situaciones y perspectivas de la economía social y solidaria.  Sobre esta última expresan (pág. 367): «la economía social no constituye, al menos por el momento, un conjunto social movilizado, ni a nivel nacional ni a nivel mundial, y ello a pesar de la visibilidad de creciente de algunas ong. De este modo, resulta difícil hacer de este conjunto tan diverso una «alternativa al capitalismo», y todavía ver en él la única alternativa concebible. Las fuertes presiones a las que están sometidas  estas actividades por parte de las empresas capitalistas y de los poderes públicos lo hacen todavía más difícil…» Es cierto lo que dicen los autores, pero no señalan que hay unos 1000 millones de personas (aunque no están «movilizadas») que pertenecen a alguna forma cooperativa y no tienen en cuenta experiencias como la de la economía de comunión y las perspectivas y experiencias de la economía del bien común (aunque serían rechazadas por no contemplar lo democrático y lo radicalmente inapropiable). Sí proponen (pág. 574) «la nueva democracia política, económica y social «por abajo» implica optar por una vida más simple, más autónoma y basada en la convivencia, que se podría traducir en la creación de comunidades locales más vivibles que las que las grandes metrópolis dominadas por los ritmos y las estructuras del capitalismo mundial» (2). Si bien continúan con esta argumentación dicen que no será suficiente para constituir una política de lo común.

Sin duda los autores están en una perspectiva de la búsqueda de un mundo mejor, pero no logran -según nuestra opinión- poder formular su viabilidad (3), dada la radicalidad de su paradigma y por cuestiones como las que venimos de señalar.

(1) No valoran enseñanzas sapienciales de tradiciones como la parábola del buen samaritano, donde la traducción en español de «se compadeció» corresponde al término griego splagnizomai: es decir que al samaritano «se le conmovieron las entrañas o se le revolvieron las tripas». Si no «sentimos» lo común por más «razón» y superyo que haya no se podrá constituir sólidamente esta dimensión, más allá de » juntarnos desde abajo en asambleas» o la articulación no violenta de intereses a través de la política.

(2) Apelan a la convivencialidad preconizada por Ivan Illich y André Gorz, y a la estrategia de «bioregionalismo» de Arnsperger, que articularía los anclajes locales con solidaridades nuevas a nivel del pueblo, del barrio. Aunque no lo mencionan está emparentado a las ecovillas y a los planteos de la película «Demain«.

(3) En lo micro hay algunas experiencias muy valiosas como esta.