La importancia de un abordaje integral a la cuestión del narcotráfico

La lucha contra el narcotráfico en el mundo es muy ardua y difícil. La enorme cantidad de dinero (1) que manejan quienes producen y distribuyen droga, está relacionada con un gran consumo que hay en muchos países del mundo. En este blog se lo ha abordado en esta nota.

En cuanto a la producción y distribución de drogas de origen vegetal y de origen químico, está muy diseminada en el mundo, pero en América Latina se concentra en algunos países especialmente. Dados los recursos que manejan, les posibilita corromper -en muchos casos- a los organismos de control (la AFIP, la Aduana en puertos estatales y privados, la UIF…), la policía local, el servicio penitenciario, la Justicia, legisladores, periodistas… por lo que se hace difícil el éxito en su lucha.

Pero sí, hay posibilidades de éxito como es el caso de la ciudad de Medellín, en Colombia (ver imagen de la entrada). Este tema lo hemos abordado parcialmente en esta nota y allí hemos recomendado videos explicativos como este, el enfoque del urbanismo social (2), un plan estratégico… Además tenemos que agregar la relevancia de líderes como este. Es un buen arquetipo a seguir, más que el modelo de Bukele en El Salvador.

En cuanto a la Argentina (y en especial en Rosario, pero no sólo), respecto del involucramiento directo de las fuerzas armadas en la lucha contra el narcotráfico, la mayoría opina en contra (ver notas como esta o esta). Hasta ahora (al 19/3/2024) lo concretado es esto en cuanto a centrarse sólo en el apoyo logístico. Por otra parte, es promisorio que se quiera avanzar en cortar la ruta del dinero del narcotráfico, y reducir significativamente la «economía criminal». Falta encarar la cuestión de la sustentabilidad social de este enfoque, al menos en Rosario, tal cómo se hizo en Medellín. De no realizarse, los sectores marginales de la sociedad no tendrán una opción digna frente al enorme atractivo de los grandes recursos que aporta el narcotráfico, y esta lucha se perderá. Esperemos que no.

Un tema muy relevante a seguir, si queremos ir hacia un mundo mejor.

(1) La estimación en Rosario es de 100 millones de dólares al año. En Méjico es mucho más, así como en América, y así podríamos seguir en el mundo dentro de lo que se considera la economía criminal.

(2) Es muy interesante este enfoque y experiencia.

La difícil y necesaria articulación entre lo individual y lo común

Todos sabemos que tenemos «en común» ser de la especie humana, vivir en un mismo planeta (o «casa común»), tener los mismos derechos, ser originarios de una pareja, una familia, un grupo, un lugar y una nación. Claro, eso de «lo común» se puede vivir de distintas maneras, con distinta intensidad, con más o menos individualidad, conflictividad, armonía…. También puede expresarse en tener en común o no cosmovisiones, enfoques, diagnósticos o interpretación de los hechos, objetivos y metas, prácticas o tareas (como la educación, el trabajo…), según sea el contexto.

Ya Aristóteles reflexionó acerca de que «el ser humano es un ser social por naturaleza, y el insocial por naturaleza y no por azar o es mal humano o más que humano (…). La sociedad es por naturaleza anterior al individuo (…) el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada para su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, sino una bestia o un dios».  Claro, ya desde épocas antiguas también existía la visión de que el hombre podía ser lobo del hombre (1) y posteriormente han habido muchos enfoques sobre las distintas posibilidades de articulación humana (2) y cómo se canaliza nuestra energía.

También se han utilizado -como metáforas- distintos animales, como es el caso de los puercoespines, los lobos, los erizos y zorros, etc., para aludir a las distintas formas de vinculación que podemos tener los seres humanos.

A partir del siglo XIX, sin excluir aportes anteriores, algunos sociólogos -como Max Weber- trataron de construir «tipos ideales» para tratar de caracterizar o aprehender los rasgos esenciales de ciertos fenómenos sociales. Una aplicación de esto se ha dado con lo que serían las características principales de lo que pueden «representar» el vínculo entre lo individual agrupado «socialmente» y lo personal agrupado bajo forma o modalidad «comunitaria». De la literatura consultada uno de quienes distinguieron por primera vez “societas” y «communitas” fue Ferdinand Tönnies (3). Los rasgos principales de estos fenómenos serían los siguientes:

  • Comunidad: Es tener “en común” un pasado, un presente, un futuro, una identidad, intereses, valores, visiones, prácticas, proyectos compartidos… Según Tönnies está caracterizada por homogeneidad, igualdad, ausencias de status, y anonimidad (asociado a lo pre-moderno). Se puede afirmar además que el uso de “comunidad” también refiere a la posibilidad de que un “padre” o una “madre” (reales o simbólicos) sean quienes lideren la misma, o a que los hermanos/as (antiguamente fratrias) se roten en el liderazgo (muchas veces predominando una forma de “mayorazgo”),
  • Sociedad: Es un concepto que aparece en la “modernidad” (a diferencia del comunitarismo) y se expresa a través de la heterogeneidad, inequidad, diferenciación de status, y nominatividad. El liderazgo en lo “moderno” está asociado, aunque no siempre (por ejemplo Hitler), a formas “democráticas”.

Sobre esta temática han opinado varios pensadores como Max Weber, Talcott Parsons y particularmente Émile Durkheim. Según este autor la diferencia principal entre el enfoque de comunidad y el de sociedad es lo relativo al tipo de vínculo de solidaridad que hay en ellas. «En las sociedades primitivas, la solidaridad surge de la conciencia colectiva y la denomina solidaridad mecánica: la identificación con un grupo social se produce por las condiciones de igualdad, está en boga la idea de comunidad en tanto los individuos tienen «cosas en común», que producen un fuerte compromiso. En cuanto a la división del trabajo, no hay especialización, pero sí ascenso (Durkheim da dos ejemplos de sociedades primitivas en un contexto moderno: la Iglesia y el Ejército, ambas fuertemente verticalistas). En las sociedades modernas, esa conciencia colectiva es más débil y la solidaridad que existe en ellas es orgánica, puesto que surge de las diferencias producidas por la división social del trabajo, que es en general la respuesta que el siglo XIX da a la pregunta sobre el origen de todo hecho social. La solidaridad es, más particularmente, por necesidad en este tipo de sociedades, en las que las pasiones son reemplazadas por los intereses».

Por su parte Robert Nisbet, en La Formación del Pensamiento Sociológico (4) señala que «la comunidad se refiere a los lazos sociales caracterizados por cohesión  emocional, profundidad, continuidad y plenitud. La autoridad es la estructura u orden interno de una asociación. El status es la ubicación del individuo dentro de la jerarquía de la comunidad. Lo sagrado se refiere a lo no racional, como la religión. La alienación se refiere a la enajenación del individuo con respecto a su entorno. Estos cinco elementos tienen su antítesis en los conceptos de sociedad -vínculos impersonales-, poder -no surgido de la asociación social-, clases -jerarquías no surgidas de la asociación comunitaria-, secular -lo profano, lo no sagrado-, y progreso -la alienación es vista la inversión del progreso-, respectivamente. Y en sociología este contraste entre dichos conceptos, comunidad-sociedad, autoridad-poder, status-clase, lo sagrado-lo secular, alienación-progreso, constituye el resumen del conflicto que se ha dado en la espera sociológica entre el tradicionalismo y el modernismo.»

Esta temática sigue teniendo gran influencia en el debate ideológico, filosófico y político contemporáneo. Daremos dos ejemplos: 1. En el caso de la Argentina el impacto que ha tenido el enfoque de «La Comunidad Organizada» (5) de Juan D. Perón, en general en ese movimiento, y en personas como Jorge Mario Bergoglio. 2. En artículos de intelectuales como Loris Zanatta, que no sólo cuestiona el comunitarismo del peronismo, sino también el de la Iglesia Católica, por ser contrario -según su enfoque- a una sociedad, abierta y plural. De seguir este razonamiento, cualquier planteo que promueva lo comunitario debe ser fuertemente cuestionado.

Ahora bien, ¿hay posibilidades de que los conceptos de comunidad y sociedad no sean «binarios y contrapuestos» y de encontrar una «síntesis superadora»?. Tal vez, haya posibilidades de algunas complementariedades entre ambas visiones. A continuación sugerimos explorar estas alternativas, entre otras:

  • homogeneidad de derechos, como una base común de igualdad, pero heterogeneidad, diversidad y singularidad de las personas y los contextos respetando la dignidad de cada persona, promoviendo el ejercicio de la libertad positiva con un sentido de empatía y armonía entre los seres humanos y el ambiente;
  • igualdad – inequidad: como se expresó en el punto anterior, puede haber igualdad pero no uniformidad, y dependerá de cada sociedad, cultura y tipo de medidas de políticas públicas para que haya equidad o no. Por lo tanto vivir en «sociedad» no implica necesariamente inequidad;
  • ausencias de status (o estatus) – diferenciación de status: en una comunidad se valora mucho a las personas de mayor edad, valorando su experiencia (en especial la que ha sido procesada como sabiduría), o las que ejercen un rol religioso o ceremonial importante. Por lo tanto es una «especie de status» que se da en el comunitario. Es cierto que en las sociedades modernas se presentan diferenciación de status ya sea derivadas del poder económico-social, político, militar o vinculado al conocimiento. Sin embargo ello puede manifestarse de distintas maneras: desde relaciones de subordinación y dominación hasta vinculaciones armónicas y de servicio. Dependerá de cada cultura y de las personas que forman los grupos y las instituciones;
  • anonimidad – nominatividad: la anonimidad en las comunidades es muy relativa, en particular si las comunidades son de pequeña escala y -más en general- con el impacto de las distintas redes sociales. Seguramente se ha presentado en el caso de las mujeres y de las personas que han ejercido o ejercen funciones de servicio, pero no entre quienes la lideran. Por otro lado la nominatividad en un planeta con 8000 millones de personas, megaciudades y grandes organizaciones no es fácil a pesar del rol identificatorio que juegan la inteligencia artificial, las redes sociales (como ya se ha expresado) y el control por parte de los estados (en especial los regímenes totalitarios o autocráticos). Esto último está íntimamente al enfoque y práctica que tengamos del poder.

Lo anterior ha sido abordado también por distintos enfoques filosóficos y religiosos. En el caso del cristianismo existen distintas acepciones de «comunidad cristiana» como esta o esta, y su difícil relación con la sociedad.

Como síntesis podríamos concluir que en la articulación entre lo individual (mejor «personal») y lo social o comunitario es una base común de empatía (o formas de amistad y amor), de humildad, de compartir… que nos alejen de toda forma de mal y de opresión, de modo de ir convergiendo hacia un mundo mejor.

(1) Siguiendo a esta fuente, «esta locución fue creada por el comediógrafo latino Plauto (254-184 a. C.) en su obra Asinaria… y luego «fue popularizada por Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, quien la adaptó en su obra De Cive. Se puede interpretar que en su escrito, Hobbes da por básico el egoísmo en el comportamiento humano, aunque la sociedad intenta corregir tal comportamiento favoreciendo la convivencia». De allí la necesidad de un estado fuerte (para Hobbes será la monarquía absoluta).

(2) Entre ellas el enfoque de «teoría general de los sistemas» de K. Boulding donde plantea que las interacciones pueden darse «en términos de relaciones competitivas, complementarias o parasitarias» (Boulding, K.E. (1956): “General Systems Theory: The Skeleton of Science”, Managment Science, 2, 3, pp. 197-208. (Reproducido en Collected Papers Vol. IV, p. 201, citado en este artículo). Por supuesto la psicología, la neurociencia y la sociología han complejizado aún más las distintas posibilidades.

(3) Se puede profundizar, por ejemplo, en este texto o en este.

(4) Agradezco la referencia a Francis Korn.

(5) Discurso ante el Primer Congreso Nacional de Filosofía que se inauguró el 30 de marzo de 1949 en la ciudad de Mendoza.

¿Podemos gestionar nuestras polaridades de manera positiva?

Los seres humanos, a veces, enfocamos los problemas de manera binaria, tipo blanco o negro, sin visualizar los matices, los grises, y lo complejo de un problema personal, grupal u organizacional (1), o de las conversaciones que se dan en un país (con escucha, diálogo y respeto mutuo o no) (2).

En lo que se refiere a lo grupal u organizacional quien lo ha encarado más detalladamente es Barry Johnson y su libro Polarity Management (3).

De la nota (3) al pie transcribimos la parte de “Exactitud y completitud”, como sigue: “Exactitud. ¿Quizás ya conozcas esta famosa ilusión óptica que se muestra arriba? ¿Puedes ver las 2 mujeres en esta imagen? (se refiere a esto).

Durante un almuerzo, mientras hablaba sobre la Gestión de Polaridades con mis colegas, nos detuvimos en esta imagen que uno de ellos no conocía. Aquí hay un extracto de nuestra conversación (editada):

Yo: ¿Qué ves en esta imagen?

Colega A: Veo a una mujer joven. Yo: ¿Nada más? ¿Y si te dijera que también hay una mujer anciana?

Colega A: No la veo, ¡pero confío lo suficiente en ti como para creer que existe!

Colega P: ¿Quieres que te ayude a verla?

Colega A: ¡Sí, por favor!

Encontré esta situación muy representativa de la diferencia entre exactitud y completitud. De hecho, mi colega A tenía razón al decir que veía a una mujer joven, pero su visión era incompleta. La incompletitud de la percepción combinada con la convicción de exactitud es la fuente de conflictos potenciales.

En el caso de que el colega P solo viera a la mujer anciana, podríamos decir que ambos estaban «en lo correcto». Sin embargo, eso es la parte fácil. Lo más difícil es ver la imagen alternativa. En ese caso, hay diferentes formas de comunicarse al respecto:

Colega A podría haber dicho «la mujer anciana no está allí», contradiciendo la exactitud de la realidad del colega P, lo que habría generado una resistencia innecesaria y posiblemente un conflicto.

Finalmente, colega A dijo «no la veo», lo que provocó que colega P ofreciera su ayuda y empatía para complementar su visión con la imagen alternativa.

Nota: El clima de confianza entre nosotros probablemente ayudó en la situación, ¡pero supongo que podrías encontrar ejemplos donde esto no sea tan fácil! 😉

Contradecir la exactitud de la realidad del otro es generar una resistencia innecesaria. Renunciar por un momento para obtener más.

Estamos estudiando aquí un concepto de psicología gestáltica llamado percepción figura-fondo, que nos dice que: Toda percepción se divide en un primer plano (figura) y un fondo.

Esto significa que nuestra percepción se reduce en un momento t a solo una parte del conjunto. Si nos quedamos ahí, es posible que nunca veamos la totalidad. Un ejemplo descrito por el autor es mirar un paisaje por la ventana: cuando vemos claramente el paisaje, los bordes de la ventana están borrosos, pero al relajar nuestra atención para enfocarnos en la ventana, ocurre lo contrario.

En el caso de una interacción como la descrita anteriormente, vemos que nadie necesita abandonar lo que percibe inicialmente (Confirmación de exactitud). Confirmar la exactitud es aumentar la posibilidad de complementar una vista con otra vista.

Sin embargo, se le pide que complemente su vista con una segunda vista que también es verdadera. Para hacerlo, uno debe ser capaz de dejar ir la figura para permitir que el fondo tome su lugar. Esto no significa negar lo que se veía, sino dejar de centrar nuestra atención en ello, al menos por un momento, para darnos la oportunidad de descubrir más.

De hecho, una vez que tenemos las 2 visiones, se vuelve más fácil cambiar de una a otra. Simplemente no es posible tener las 2 al mismo tiempo. Podemos estar ambos en lo correcto: nuestra aparente oposición puede entonces convertirse en un recurso común.

Tenemos la opción de dejar de lado nuestra visión por un momento para esforzarnos en ver la de los demás. De hecho, es más fácil ampliar nuestra visión que hacer que aquellos con una visión opuesta amplíen la suya. Esta responsabilidad nos pertenece y nos compromete a tener más empatía hacia los demás.»

(1) Puede ser de utilidad para quienes trabajan en equipo en esta temática.

(2) Sobre el caso argentino a comienzos de 2024 se han referido notas como esta.

(3) Tomado de Olivier, M.Y. (2020). Se agradece a Mirta Vuotto la referencia.

La importancia y la virtud de convertir debilidades en fortalezas

No es fácil y es muy duro convertir debilidades en fortalezas, pero es muy importante para darle un sentido positivo a nuestra vida y -sin duda- es una virtud.

En esta nota de Sebastián Campanario, titulada Hacer de las propias debilidades una fortaleza: el caso de Beethoven y otros ejemplos de «el arte de cambiar de liana», retoma conceptos de su libro 50 Ideas para tus Próximos 50 Años.

Entre otras cuestiones, menciona que se basa en «el último libro, From Strength to Strength: Finding Success, Happiness, and Deep Purpose in the Second Half of Life (“De fortaleza en fortaleza: cómo encontrar el éxito, la felicidad y un sentido profundo de propósito en la segunda mitad de la vida”, aún no traducido al castellano), el profesor de Harvard y divulgador de la agenda senior y de bienestar emocional Arthur Brooks se explaya sobre los distintos tipos de inteligencias que cultivamos a lo largo de la vida.

Hay una “fluida”, que hace su pico a los 20-30 (resolución rápida de problemas, memoria, reflejos, etc. ) y hay otra “cristalizada” (que no tiene nada que ver con el “cristal” de droga que vendía Walter White), que refiere a la experiencia, a la sabiduría, y es la que hace que, por ejemplo, las personas de 60-70 o más años sean muy buenas enseñando.  La clave está en saber “pasar de liana” de un tipo de inteligencia a la otra (en las actividades que uno hace) para que la transición de un proceso de reinvención sea exitosa.

Brooks dedica un capítulo entero: “Hacer de las propias debilidades una fortaleza”. Su caso de cabecera es el del músico y compositor Beethoven, que produjo sus mejores obras cuando estaba completamente sordo. Brooks sugiere que la Novena Sinfonía fue posible justamente porque el músico fue capaz de formularla completamente dentro de su cabeza sin distracciones externas.»

Mas adelante dice que hay casos contrarios al de Beethoven como fue Darwin, quien «consideró, en sus últimos años, que su carrera fue una desilusión. Luego de publicar El origen de las especies, en 1859, su trabajo creativo se estancó, empezó a perder ímpetu para seguir investigando y vivía con depresión y miedo, algo que se refleja en las cartas que enviaba a amigos y familiares.

Brooks tomó el caso de Darwin como un ejemplo de un patrón que él nota que se repite por millones en la actualidad: el caso de gente sumamente exitosa que se amarga en la segunda mitad de su vida porque el éxito y la adrenalina que sentían en la primera mitad ya no los acompañan.

La figura que Brooks elige para contraponer a la de Darwin es la del compositor alemán Johann Sebastian Bach, un genio que a lo largo de su carrera musical escribió más de mil partituras, con una gran mayoría de sus piezas consideradas clásicos. Pero Bach, que nació en 1685, tuvo en la segunda mitad de su vida una fama elusiva porque su estilo se consideraba “fuera de moda”. De hecho, fue su hijo Carl Philip Emanuel Bach quien lo opacó en reconocimiento público.

Sin embargo, Bach padre no se amilanó por este hecho. Siguió enseñando música y disfrutando de la carrera de sus hijos (tuvo veinte en total, diez de los cuales llegaron a la adultez).

Para Brooks, Bach dominó el arte de “cambiar de liana” entre la primera y la segunda mitad de la vida: entender que lo que nos hizo buenos en la primera etapa no es lo mismo que nos traerá éxito y felicidad en la segunda El autor, un gran divulgador que escribe habitualmente en The New York Times y The Atlantic, es un caso particular de este cambio de vida: pasó de ser un músico profesional a sus veintipico y a doctorarse como economista en la década siguiente.

En su libro menciona estudios que muestran cómo las distintas profesiones alcanzan sus “picos” en distintas edades, y cómo, si rondamos los cincuenta, sesenta o más, lo más probable es que ya lo hayamos pasado. Hay excepciones: los historiadores lo tocan a los 70, y esto no es casual: se trata de una de las profesiones en las que tienen mucho valor habilidades que se ganan con la experiencia: poseer un background de conocimiento amplio para unir puntos y saber contar historias

Cuando tuitié este dato, la historiadora Camila Perochena me dijo, medio en broma, medio en serio, que respiraba aliviada: en su juventud se había decidido a dejar la carrera de bailarina profesional porque leyó que se alcanzaba el pico a los 35. “Menos mal que opté por Historia”, concluyó. Cambió de liana a tiempo.»

 

 

La locura de la guerra

En esta entrada hemos planteado la relevancia de la paz (así como en esta), y en notas como esta la cuestión de la guerra y la paz.

En la presentamos hoy intentamos asociar a la locura con la guerra, tal como ha sido brillantemente expuesta en la película Rey de Corazones o Rey por Inconveniencia (ver imagen de la entrada) y en la nota de hoy de John Carlin sobre la lógica del ojo por ojo en los conflictos de la actuaidad.

Ojalá que la mayor parte de la humanidad, y en particular la dirigencia, recapacite y oriente su energía en la empatía, la colaboración, la cooperación… que nos puedan ayudar a converger hacia un mundo mejor.

 

 

Cristianismo, economía y empresa

Para las personas interesadas en esta temática se los invita a leer y debatir esta nota. Esperamos que sea de utilidad en general, y en particular para quienes forman parte de las instituciones educativas católicas y evalúan el impacto de su enseñanza (en un país mayoritoriamente católico como es la Argentina, visto los resultados alcanzados hasta el momento) (1).

Se podrían agregar otros elementos para quienes implementan políticas macro o cumplen funciones de servicio en el Estado, como las siguientes:

entre muchos otros elementos.

(1) Quien redacta esta nota, es católico, siempre tuvo presente esta preocupación desde joven como estudiante de la carrera de Economía y hasta el presente. No está exento de un «mea culpa» por no haber podido formular estos enfoques hace tiempo, sino sólo en los últimos años. No fue fácil discernir sobre la relación entre ciencia y valores, con la economía y el caso argentino, con las distintas formas de institucionalización del capital y de inculturación de la fe en lo económico- social (como lo hace la Doctrina Social de la Iglesia y -de forma aggiornada- la economía del Papa Francisco). Tampoco está al tanto de si hay alguna evaluación o no del impacto de lo que se enseña en instituciones educativas católicas (en particular de nivel medio, universitario y de posgrado), y si se han realizado algunos cambios en el sistema curricular (tanto en los contenidos teóricos como en simulaciones prácticas) a fin de que las futuras generaciones puedan construir un país mejor que el presente. En caso de que no sería urgente que se hiciera y se tomaran las rectificaciones correspondientes.

¿Podemos aprender algo de las tragedias? La diferencia entre comprender (para aprender) y justificar (o validar el desenlace)

De acuerdo con esta fuente el término tragedia “procede de la voz griega tragoedia o “canto del macho cabrío” (τραγῳδία, palabra compuesta de τράγος “carnero” y ᾠδή “canción”) y alude a la canción de los griegos atenienses que era entonada procesionalmente en honor del dios Dioniso en sus fiestas Dionisias. El género se define como una obra dramática de asunto terrible y desenlace funesto en la que intervienen personajes ilustres o heroicos, y emplea un estilo de lenguaje sublime o solemne. Aristóteles, en su Poética, dejó la primera definición del término: La tragedia es la imitación de una acción de carácter elevado y completa, dotada de cierta extensión, en un lenguaje agradable, llena de bellezas de una especie particular según sus diversas partes, imitación que ha sido hecha o lo es por personajes en acción y no por medio de una narración, la cual, moviendo a compasión y a temor, obra en el espectador la purificación (catarsis) propia de estos estados emotivos […] Necesariamente hay en toda tragedia seis partes constitutivas, según las cuales cada obra trágica posee su cualidad propia; estas partes son la fábula o trama, los caracteres, la elocución, la manera de pensar o ideología, el espectáculo y el canto”.

Luego continúa expresando que “las tragedias acaban generalmente en la muerte, el exilio o en la destrucción física, moral y económica del personaje principal, quien se enfrenta a un conflicto insoluble que le obliga a cometer un error fatal o hamartia al intentar “hacer lo correcto” en una situación en la que lo correcto simplemente no puede hacerse. El héroe trágico es sacrificado así a esa fuerza que se le impone, y contra la cual se rebela con orgullo insolente o hybris. También existe un tipo de tragedia de sublimación, en las que el personaje principal es mostrado como un héroe que desafía las adversidades con la fuerza de sus virtudes, ganándose de esta manera la admiración del espectador, como es el caso de Antígona de Sófocles“.

En la imagen de la entrada hemos colocado a un célebre escritor (William Shakespeare), que escribió muchas tragedias relacionadas con las distintas pasiones humanas (muchas de ellas llevadas a la enajenación o locura), la ambición de poder desmedida, los resentimientos, envidias y otras. Podríamos preguntarnos si de estas tragedias ¿podemos aprender algo? o aprender -más en general- de “los otros”, o de la literatura y sus representaciones…, ¿es muy difícil, si uno no ha experimentado?. La respuesta está abierta a distintas posibilidades de discernimiento y contextos sociales y personales que pueden ir en diferentes direcciones.

Para finalizar con esta reflexión no tomaremos casos de la literatura, sino de dos acontecimientos que provienen de la historia y de la vida real: el surgimiento del nazismo en Alemania y la dictadura de 1976 en Argentina. En el primer caso se ha escrito mucho y hay consenso que el grave deterioro de las condiciones socioeconómicas producidas por las compensaciones que debía realizar Alemania (Tratado de Versalles) luego de la primera guerra mundial, más errores de política pública, generaron la emergencia de Hitler y sus seguidores, quienes finalmente se hicieron del poder. Esto produjo la Segunda Guerra Mundial donde las estimaciones de muertos van desde un mínimo de 40 a 45 millones de personas a un máximo de algo más de 100 millones de personas. En el caso de la Argentina, tal vez aún no ha pasado mucho tiempo para hacer un análisis desapasionado y lo más objetivo posible de las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado (y del contexto internacional), el proceso de radicalización política, los conflictos al interior del peronismo, el accionar de la guerrilla que se extendió luego de la vuelta a la democracia (por ejemplo con el asesinato de Rucci), el deterioro socioeconómico (por el llamado “rodrigazo”) y político (la muerte de Perón, el rol de López Rega y de Isabel Perón, la sensación de “inevitabilidad del golpe militar” por parte de sectores medios y de dirigentes como Balbín, el rol activo de sectores económicos liderados por José A. Martinez de Hoz con la cúpula militar para llevar adelante el golpe militar, (entre otros) que llevaron a la tragedia de las desapariciones de miles de personas a partir de marzo de 1976 (1).

Comprender estos procesos no significa o conlleva “justificar” su desenlace (ni quienes lo llevaron a cabo, de manera directa o indirecta) (2), sino  que -además de hacer justicia real y simbólica, así como memoria- es tener la posibilidad de reflexionar y discernir cuales son los “nidos de serpiente” o principales “patrones de comportamiento” y componentes que operan en desencadenar la tragedia. Ello posibilitaría sacar un aprendizaje sabio para no repetir experiencias traumáticas, evitar que nuestras democracias vayan muriendo y generar una serie de acciones de prevención (3). Nos puede posibilitar no caer en un mundo trágico así como visualizar los procesos asociados al mismo, y tratar de realizar cambios para mejor, aunque diste de la “perfección“.

(1) Algo más reciente, vinculado a la política nacional del año 2023, se puede leer en esta nota.

(2) En esta nota de Jaime Correas, entre otros conceptos, destaca esta expresión de Spinoza: «No juzgar, no deplorar, no indignarse, únicamente comprender«. Ello no significa justificar. Paul Valery también ha dicho que no se puede comprender y juzgar al mismo tiempo.

(3) La mejor prevención es promover el diálogo sincero, una buena educación y una buena información, evitando las denominadas “fakes news”, así como promover una activa participación e involucramiento democrático en general, y en expresiones socioeconómicas -por ejemplo- de una economía del bienestar actualizada y sustentable ambientalmente. Sobre el tema más general de la prevención se puede ver esta sección.

La música como posibilidad de lenguaje universal de la armonía

La imagen de la entrada muestra a Åsa Larsson, cantante, músico y compositora sueca especializada en todo este tipo de melodías de clara influencia celta, que llama a los animales con su canto (en la imagen se muestra a animales vacunos, pero en esta fuente y video se la ve atrayendo a cisnes). Para comunicarse utiliza un antiguo canto nórdico llamado «Kulning«.

Según esta fuente «la música (del griego: μουσική [τέχνη] – mousikē [téchnē], «el arte de las musas») es, según la definición tradicional del término, el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios respetando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psicoanímicos. El concepto de música ha ido evolucionando desde su origen en la Antigua Grecia, en que se reunía sin distinción a la poesía, la música y la danza como arte unitario… La música, como toda manifestación artística, es un producto cultural con múltiples finalidades, entre otras, la de suscitar una experiencia estética en el oyente, la de expresar sentimientos, emociones, circunstancias, pensamientos o ideas, y cada vez más, cumplir una importante función terapéutica a través de la musicoterapia.

La música además, cumple una función de vital importancia en el desarrollo cognitivo del ser humano. Colabora con el pensamiento lógico matemático, la adquisición del lenguaje, el desarrollo psicomotriz, las relaciones interpersonales , el aprendizaje de lenguas no nativas y a potenciar la inteligencia emocional entre otros. Por este motivo, la música debe estar presente en cualquier plan educativo ministerial moderno y reconocida como una disciplina imprescindible dentro de la enseñanza obligatoria. La música es un estímulo que afecta el campo perceptivo del individuo; así, el flujo sonoro puede cumplir con variadas funciones (entretenimiento, comunicación, ambientación, diversión, etc.)… Buena parte de las culturas humanas tienen manifestaciones musicales. Algunas especies animales también son capaces de producir sonidos en forma organizada; lo que define a la música de los hombres, pues, no es tanto el ser una combinación «correcta» (o «armoniosa» o «bella») de sonidos en el tiempo como el ser una práctica de los seres humanos dentro de un grupo social determinado.» En cuanto a los humanos es interesante esta nota.

En base a esto último en el título nos planteamos la posibilidad de que la música sea un lenguaje universal de la armonía como nos lo demuestra Åsa Larsson. Hay muchas películas que nos muestran como «real» esta posibilidad -entre los seres humanos- como es el caso de la película francesa «La melodía» (un docente que enseña el violín a sus alumnos/as) (1). Tal vez la música sea una expresión particular de una elevada espiritualidad como la expresada por San Francisco de Asís, su comunicación con los animales (en especial los pájaros) y su cántico a «las criaturas» (también llamado al «Hermano Sol») (2).

(1) Sobre la relevancia de la enseñanza de la música en las escuelas, recuerdo una anécdota de la Hna. Monserrat Font, de la Compañía de María en Bolivia, que vino hace unos años a un colegio de Buenos Aires de esa Orden, para explicar el método Feuerstein. La profesora de música le preguntó preocupada sobre ¿cuál era el rol de la música?, a lo que respondió que en la institución educativa en la que ella se desempeñaba «ese docente era el personaje más importante».

(2) También expresada en la película «Hermano Sol, Hermana Luna».

PD: Agradezco a María Rosa Renzi el envío del video de Åsa Larsson que sirvió como inspiración para esta nota.

La cuestión del sentido

La cuestión del sentido o del significado de la vida ha venido teniendo un amplio espectro de respuestas, como lo explicita esta fuente. Ellas van desde ninguno (todo es aleatorio, es un absurdo…), pasando por su inserción en un proceso evolutivo (por ejemplo: de cada vez mayor complejidad conciencia) hasta diferentes cosmovisiones, corrientes filosóficas y religiosas que también tienen distintas respuestas: el sentido prometeico de «ser como dioses», sólo adaptarnos a cada contexto (en algunos casos apenas para sobrevivir), acumular o tener más, ser felices en nuestra existencia (vivencia de diferentes formas de amor), ejercer la libertad de vínculos y nuestra singularidad en función de nuestros talentos y posibilidades, ser constructores de culturas y civilizaciones con determinados valores … o -en caso de creer en Dios- en relación a distintos grados de Su intervención (desde la ayuda de Su aliento a través del Espíritu hasta formas de predeterminación en el marco de un plan o un destino, según el enfoque), entre otras. De todas ellas, abordaremos sólo tres y un último comentario.

La primera es en la tradición judeocristiana donde se establece como sentido «elegir el bien y la vida» (como se plantea en el libro del Deuteronomio en 30, 15-20), y el amor en todas sus dimensiones (a Dios, al prójimo como a nosotros mismos). De esta visión surge una misión de anticipar el reino de Dios aquí en la Tierra y ser co-creadores expresado a través de la vivencia plena de la singularidad de nuestros talentos (1).

El segundo enfoque es el de Viktor Frankl (ver imagen de la entrada). Una reseña sobre este autor se puede encontrar en este link y en este sitio. Nosotros intentaremos hacer una síntesis de sus libros «El hombre en busca de sentido» (Ed. Herder, Barcelona, 2017) y «El hombre en busca del sentido último. El análisis existencial y la conciencia espiritual del ser humano» (Paidós, Buenos Aires, 2017), muy marcados por sus debates académicos en Viena, por su paso en un campo de concentración nazi y varias desgracias familiares. En el primero de los libros mencionados, en las páginas 23 a 25, se expresa que «por sentido, en el habla común, tendemos a considerar la filosofía o las creencias personales, la visión global sobre la existencia, los proyectos vitales… En definitiva algo abstracto y omniabarcante. A ese sentido trascendente o general lo denomina metasentidoo con expresiones similares. Frankl no niega, ni reniega, del sentido trascendente de la existencia, del metasentido; por el contrario, lo presenta como una prueba de la primacía de la dimensión espiritual en la estructura ontológica del hombre, y la espiritualidad (2) constituye la noción axial de la antropología de Frankl».

Luego continúa diciendo «pero las funciones del metasentido y las del sentido de la vida son distintas. El concepto frankliano de sentido de la vida no se sitúa tanto en el análisis intelectual de la existencia como en el plano del comportamiento; es algo cercano, concreto: es más una cuestión de hecho que de fe«. En el texto se da el ejemplo de cuando a Frankl lo estaban por «trasladar» de campo de concentración (un eufemismo que significaba ir a la cámara de gas). Si bien ello finalmente no se concretó «Frankl le ruega a un camarada el favor de custodiar su última voluntad y le dice: Escucha Otto, si no regreso a casa con mi mujer y tu la vuelves a ver, dile, en primer lugar, que hablábamos de ella todos los días, a todas horas. Recuérdalo. En segundo lugar, dile que la he amado más que a nadie en el mundo. Y en tercer lugar, que en el breve tiempo de felicidad de nuestro matrimonio me ha compensado de todo, incluso del sufrimiento que aquí hemos tenido que soportar» ¡Eso es el sentido…! Esa última voluntad perdería el valor de autenticidad si se interpretara en clave emocional o sentimental; recordemos que son palabras pronunciadas por una persona ante la certeza de una muerte cercana… El sentido de la vida, en su acepción frankliana, es así de natural: amores, amistades, proyectos, obligaciones, ilusiones, nostalgias…, todo aquello capaz de servir de palanca para la acción concreta y cotidiana».

En un pié de página se plantea «para que los quehaceres habituales se conviertan en sentido han de cumplir con la nota de trascender o autotrascender, y autotrascender implica dirigirse hacia algo o alguien distinto de uno mismo, bien sea para realizar un valor, bien para alcanzar un sentido o para encontrar a otro ser humano».

En cuanto al tercer enfoque que hemos escogido es el de Ken Robinson. Ha reflexionado en varios textos sobre «encuentra tu elemento» y una síntesis de ello se puede encontrar en este video. Encontrar el o los talentos «naturales» de cada persona es fundamental, y se da a través de un viaje «interior» y también hacia el «exterior» (donde se dan o no las oportunidades). Pero la clave es disfrutar y amar, o tener pasión al poner en acción ese o esos talentos. Entre las razones están 1) porque es «importante» para la realización de cada persona y 2) una razón social estar conectado, de sentirse bien con uno mismo y los demás, que le da sentido a su vida y por lo tanto le posibilita ser feliz. Para ello hay que tener actitud y encontrar la oportunidad.

Robinson plantea el enfoque de que hay «dos mundos» muy diferentes: el mundo que existió antes y después que nosotros, y el mundo que comenzó a existir desde que nosotros existimos y que terminará cuando nosotros dejemos de existir. Este último es un mundo propio de la conciencia de cada persona. Cita una frase de Anaias Nin que dijo: «no veo el mundo como es, lo veo como soy yo«. Por eso vivimos en mundos muy diferentes. Se plantea el viaje hacia el exterior como una «misión» cuyo resultado es «incierto». Dice además que esto es parte de una vida que es «única», la vida es «creativa» (cada uno crea, y puede «re-crear» su propia vida) y es «orgánica» («no es lineal»), y otras consideraciones que aparecen en el video más arriba mencionado.

Más allá de estos tres enfoques, como señalamos al principio, hay muchas otras interpretaciones sobre esta temática. Una, que tiene mucha significación, es la búsqueda de sentido de justicia en general y de justicia social en particular. El «cómo se alcanza esta justicia», va desde enfoques culturales (motivaciones, valores, prácticas…) e institucionalistas hasta los revolucionarios (o ejerciendo una violencia extrema). De estos últimos es muy notorio, por ejemplo, el discurso de Ernesto «Che» Guevara que se muestra en este video donde plantea la esperanza de un mundo mejor a través de la lucha revolucionaria, en particular contra el imperialismo y su violencia. En un discurso del 11/12/1964 en la ONU, cuando ejerce una réplica a delegados (en especial de Venezuela), en este video admite que en Cuba «fusilamos y fusilaremos«, explicitando su enfoque radical de cómo se da esta lucha «a muerte», y en particular lo que entiende por revolución. Hoy en día seguramente muchos coincidiremos que el enfoque de un igualitarismo radical que supone la preeminencia de incentivos morales en las personas (pero –en la práctica- se ejerce por la coerción desde «arriba» por parte del estado) y responder a la violencia con la violencia, no nos lleva a un mundo mejor como él pretendía.

(1) La aceptación masiva de este enfoque ha tenido dificultades que van más allá del agnoticismo, el secularismo y la prevalencia de otras creencias. Entre ellas podemos destacar: a) la coexistencia con el misterio del mal,  b) el lado oscuro o «de prostituta» (al decir de San Ambrosio, San Agustín y otros) de la Iglesia católica expresado en su asociación con el poder temporal, el ejercicio de la violencia a través de la Inquisición o las Cruzadas, los casos de abusos de menores… y c) un adecuado mensaje y liderazgo en función de los signos de los tiempos.

(2) El término «espiritualidad» se utiliza en sentido técnico. No debe confundirse con la espiritualidad o religiosidad explícita de la persona. Para evitar ese posible malentendido, Frankl usó un neologismo: «noológico«. Con frecuencia, en vez de referirse a la dimensión espiritual del hombre, utiliza la expresión «dimensión noológica».

Un Enfoque de Lo Común

En esta entrada haremos comentarios sobre el enfoque de «lo común» que plantean Christian Laval y Pierre Dardot, en el libro «Común. Ensayo sobre la revolución en el Siglo XXI» (Ed. Gedisa, Barcelona, 2015, que se muestra en la imagen de la entrada) y que presentaran públicamente.  Para ello analizaremos las principales características de esta obra (en particular los rasgos centrales de su enfoque y de sus propuestas), y contaremos con la ayuda del análisis efectuado por Edgar Straehle, de la Universidad de Barcelona (Astrolabio, Revista internacional de filosofía, Año 2015, N0. 17) en este texto.

Es un extenso libro de 665 páginas (por lo tanto, difícil de sintetizar y comentar en esta breve nota) que contiene, además de una Introducción, tres partes: 1. La emergencia de lo común, 2. Derecho e institución de lo común, 3. Propuestas políticas.  En todo el texto hay una línea argumental que busca refundar el concepto de lo común, estableciendo un postulado o proposición que lo centran en la esfera de una «razón política» que sustituya a «la razón neoliberal» (pág. 652). Lo común se funda según los autores por lo inapropiable en un sentido absoluto, por aquello que nadie en concreto puede monopolizar o patrimonializar (está radicalmente fuera de la propiedad, pág. 268) sea persona o institución. Lo común es una «práctica» o un hacer del uso. En la página 312 afirman que «en la medida que lo común depende exclusivamente de las prácticas del uso colectivo, por fuerza debe excluir categóricamente toda ontología de lo común».

No es un espacio sin reglas, como reseña Sraehle (pág. 185 de su artículo), «sino como un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común. Y donde estas se deben poder redefinir o modificar según la ocasión. Como es lógico, la misma inapropiabilidad mencionada más arriba coincide a su vez con la oposición a toda sujeción respecto respecto a una determinación tomada en algún momento en concreto. Lo común debe ser pensado como una institución abierta a la transformación y también como co-actividad, y no como una co-pertenencia, co-propiedad o co-posesión (pág. 48 del libro). Una co-actividad que no cesa y que funciona y se renueva una y otra vez en virtud de la reciprocidad y del compromiso de sus participantes. No se trata en efecto de lo que hacemos juntos, y que puede ser tanto un viaje como una acción de protesta, del modo de acción que procede de la co-obligación significada por el munus latín (pág. 318 del libro). En pocas palabras, la acción común tendría que ver con el uso común de lo común».

Al final del libro se plantea la institución de lo «inapropiable» a través de una revolución como autodeterminación de la sociedad.

Como comentario general coincidiremos con el que hace Straehle respecto de que, más allá de las críticas, «que por supuesto no empañan sus méritos, Común se presenta como un estupendo regalo y un punto de partida necesario para repensar y profundizar en la cuestión de lo común».  En cuanto al planteo del libro podemos decir que la primera parte está muy fundamentada y detallada con gran erudición (aunque hay aspectos que no tiene en cuenta, como detallaremos más abajo), la segunda parte bien planteada, y la tercera parte sobre «propuestas políticas», como dice Straehle,  «se caracterizan por su vaguedad e incluso su implausibilidad», y podríamos agregar sin tener en cuenta la complejidad de un fenómeno multidimensional y evolutivo.

Respecto de comentarios específicos, detallamos lo siguiente:

  • se enfoca desde «lo racional» (y por lo tanto con un rol relevante del «yo») y cuando habla de «co-obligación» (rol del «superyo»), supone un deber compartido por el colectivo, y por lo tanto con una simultaneidad de valores compartidos por la mayoría. No aparece en este análisis el «ello» y por lo tanto el rol de los sentimientos (1) y su traslado a actitudes como las del «desapego«, y al ser y tener planteado por Erich Fromm. ¿Cómo es posible un hacer que no conduzca a formas de apropiación sin tener en cuenta esta dimensión?
  • no tienen en cuenta la diversidad de subjetividades, las distintas culturas y los cambios ínter-generacionales que se producen al respecto vinculado a «lo propio e individual» y a «lo común». Por lo tanto termina siendo un planteo abstracto que no contempla esta dimensión de la complejidad.
  • Lo anterior está relacionado con que no perciben que el capitalismo (o una razón «neoliberal») es un modo especial de relacionarnos, de jugar la libertad, de a-poder-arse o a-propiar-se (el «enclosure» que se menciona en el texto) y por lo tanto un modo particular de poder en un estadio determinado. Por lo tanto el «problema» de fondo es «el poder» y «no el capitalismo», que es un «derivado histórico particular en lo económico» y que ha penetrado lo cultural asociado al proceso de individuación.  Si no re-significamos la acción cultural vinculada con el poder, tengamos en cuenta la importancia de «la singularidad»  y la diferenciemos de «lo individualista»,  seguirán habiendo distintas variedades de capitalismo o de poder económico.
  • No está claro como juegan los distintos liderazgos y roles, la información asimétrica e incompleta, así como las distintas formaciones y saberes, y los diversos talentos o competencias técnico-profesionales,  en «un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común».
  • Si bien -en la propuesta política 1- diferencia bien el «autogobierno» de la «autogestión», no está claro el nexo entre la direccionalidad establecida por el gobierno, de la ejecución y praxis de este en la gestión de los detalles concretos.
  •  El derecho de uso frente al derecho de propiedad -en el sentido radical que le dan los autores- no parece viable sin un cambio revolucionario de la tecnología (por ejemplo, ser «prosumidores» con impresoras 3D) o que nos transformemos todos en «personas nuevas» (la generalización práctica del «hombre nuevo»). Entre tanto lo que sí parece ser viable y realista es el planteo de Elinor Ostrom.
  • En las propuestas políticas 4 y 5 plantean la institución de una empresa común y la asociación en la economía debe preparar la sociedad de lo común. Están bien formuladas las limitaciones que existen en estos campos, por ejemplo la diversidad de situaciones y perspectivas de la economía social y solidaria.  Sobre esta última expresan (pág. 367): «la economía social no constituye, al menos por el momento, un conjunto social movilizado, ni a nivel nacional ni a nivel mundial, y ello a pesar de la visibilidad de creciente de algunas ong. De este modo, resulta difícil hacer de este conjunto tan diverso una «alternativa al capitalismo», y todavía ver en él la única alternativa concebible. Las fuertes presiones a las que están sometidas  estas actividades por parte de las empresas capitalistas y de los poderes públicos lo hacen todavía más difícil…» Es cierto lo que dicen los autores, pero no señalan que hay unos 1000 millones de personas (aunque no están «movilizadas») que pertenecen a alguna forma cooperativa y no tienen en cuenta experiencias como la de la economía de comunión y las perspectivas y experiencias de la economía del bien común (aunque serían rechazadas por no contemplar lo democrático y lo radicalmente inapropiable). Sí proponen (pág. 574) «la nueva democracia política, económica y social «por abajo» implica optar por una vida más simple, más autónoma y basada en la convivencia, que se podría traducir en la creación de comunidades locales más vivibles que las que las grandes metrópolis dominadas por los ritmos y las estructuras del capitalismo mundial» (2). Si bien continúan con esta argumentación dicen que no será suficiente para constituir una política de lo común.

Sin duda los autores están en una perspectiva de la búsqueda de un mundo mejor, pero no logran -según nuestra opinión- poder formular su viabilidad (3), dada la radicalidad de su paradigma y por cuestiones como las que venimos de señalar.

(1) No valoran enseñanzas sapienciales de tradiciones como la parábola del buen samaritano, donde la traducción en español de «se compadeció» corresponde al término griego splagnizomai: es decir que al samaritano «se le conmovieron las entrañas o se le revolvieron las tripas». Si no «sentimos» lo común por más «razón» y superyo que haya no se podrá constituir sólidamente esta dimensión, más allá de » juntarnos desde abajo en asambleas» o la articulación no violenta de intereses a través de la política.

(2) Apelan a la convivencialidad preconizada por Ivan Illich y André Gorz, y a la estrategia de «bioregionalismo» de Arnsperger, que articularía los anclajes locales con solidaridades nuevas a nivel del pueblo, del barrio. Aunque no lo mencionan está emparentado a las ecovillas y a los planteos de la película «Demain«.

(3) En lo micro hay algunas experiencias muy valiosas como esta.