¿Hay diferencia entre Amarse a Uno Mismo y ser Egoista?

El desarrollo de la conciencia, y con los orígenes de la filosofía. nos posibilitó hacernos distintas preguntas como: ¿quiénes somos? ¿somos solidarios o altruistas, o más bien egoistas? La ciencia, en particular a partir de Darwin, también se ha planteado esta cuestión.

El abordaje de esta temática insumiría comentar muchos enfoques que excederian una simple nota como esta y los conocimientos de quien escribe. Sin embargo, y dado que este es un tema que se ha planteado fuertemente en las relaciones económicas, iniciaremos diciendo que Adam Smith, según Rafael Torres, distinguía tres conceptos:

  1. self love: amor a uno mismo,
  2. self interest: interés propio o personal,
  3. selfish: vicio moral que se denomina egoismo.

Respecto del segundo (interés propio) es una simplificación hacerlo coincidir con el egoísmo, en tanto el interés propio “no se absolutice”. Está entre las motivaciones humanas (uno, en general, parte de “uno mismo”) y además la persecución del interés propio debe realizarse (según Smith, y de acuerdo con el autor mencionado) en el marco de un orden preciso no sólo económico, jurídico y sociológico, sino también ético. Hay que agregar, según esta interesante nota, que Smith agregaba la importancia de la virtud del «self-command». En ella se expresa que «las virtudes requieren que seamos “dueños de nosotros mismos”, que nos “adueñemos” de nuestras pasiones».

Cabe destacar que el amor a uno mismo, forma parte –según el Evangelio cristiano (ver Marcos 12, 28-34)- de una de las dimensiones del amor (a Dios, al prójimo como a uno mismo).

En el libro “El Arte de Amar” de Eric Fromm (Paidós Ibérica, 2004) sostiene que hay que interpretar el amor hacia uno mismo, dentro de una integralidad o hacia todas las dimensiones de la vida, afirmando que “el amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser”. Sin embargo se lo ha considerado también como algo negativo.

Respecto de esto último Fromm afirma: “Si bien la aplicación del concepto del amor a diversos objetos no despierta objeciones, es creencia común que amar a los demás es una virtud, y amarse a si mismo un pecado. Se supone que en la medida en que me amo a mí mismo, no amo a los demás, que amor a sí mismo es lo mismo que egoísmo. Tal punto de vista se remonta a los comienzos del pensamiento occidental. Calvino califica de «peste» el amor a sí mismo (Calvino, Institutes of the Christian Religion (versión inglesa de J. AIbau), Filadelfia, Presbyterian Board of Christian Education, 1928, cap. 7, parte 4, pág. 622. ). Freud habla del amor a sí mismo en términos psiquiátricos, pero no obstante, su juicio valorativo es similar al de Calvino. Para él, amor a si mismo se identifica con narcisismo, es decir, la vuelta de la libido hacia el propio ser. El narcisismo constituye la primera etapa del desarrollo humano, y la persona que en la vida adulta regresa a su etapa narcisista, es incapaz de amar; en los casos extremos, es insano. Freud sostiene que el amor es una manifestación de la libido, y que ésta puede dirigirse hacia los demás -amor- o hacia uno -amor a sí mismo-. Amor y amor a sí mismo, entonces, se excluyen mutuamente en el sentido de que cuanto mayor es uno, menor es el otro. Si el amor a sí mismo es malo, se sigue que la generosidad es virtuosa.” Esta visión negativa del amor a uno mismo también es compartida desde los orígenes de la filosofia (por ejemplo el epicureismo), pasando por Hobbes hasta pensadores más contemporáneos (por ejemplo Dawkings y el “gen egoista”).

Como sintesis de esta parte, podemos decir que amarse a sí mismo no tiene un sentido unívoco. Relacionado, por ejemplo, con la cuestión del narcisismo, Juvenal Arduini, en su texto “Antropología. Atreverse a recrear la humanidad” (Ed. San Pablo, Buenos Aires, 2004, pág. 94) dice en la introducción a la explicación del mito de Narciso que: “el ser humano solidario se desata; ama y respeta al otro. Mantiene una resonancia interactiva que participa de la alegría y de las alegrías de los otros. El solidario se vuelve hacia los otros y se coloca al servicio de los necesitados, preserva la identidad del otro y garantiza los derechos ajenos. El solidario es capaz de olvidarse de sí mismo para amar al otro, ama al otro sin cobrarse el amor. El ser humano egocéntrico se ata y se retrae. Quiere ser amado por los otros pero sin amarlos. Absorbe a los otros, quiere ser valorado por los otros pero no valoriza al prójimo. El egocéntrico se afirma negando a los demás, es expoliador, es un parásito, absorbe a los que los rodean y no se destraba. Luego sigue y analiza más en detalle este mito.

Seguramente un mundo mejor estará vinculado en que el amor a uno mismo esté articulado con las demás dimensiones del amor, y tratemos a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros.

Nota al pié: quien desee vincular este tema con una reflexión personal son valiosos aportes como el de Charles Chaplin.  Del mismo modo son valiosas las sugerencias sobre cinco formas de amarte a ti mismo propuestas en este sitio.

Por Qué?

En la Introducción de esta sección, fundamentalmente tratamos de definir “qué” es un sistema según distintos enfoques. Ahora pasamos a abordar la cuestión de los “móviles” (abordado también en esta nota desde otra perspectiva). Es decir el ¿por qué actuamos de determinada manera? o ¿qué es lo que nos mueve? en los sistemas económicos, en especial desde la literatura económica.

Aquí seguimos con el enfoque de la complejidad así como con las principales corrientes sobre el comportamiento en esta temática y de que hay una “pluralidad de móviles” dependiendo de la/s persona/s y su contexto en la historia.

LA NECESIDAD Y EL SUSTENTO

Sabemos que, desde el comienzo de la historia de la humanidad y de nuestra supervivencia como especie, ha estado presente resolver la cuestión de la necesidad de proveernos el sustentoDesde nuestra experiencia como cazadores y recolectores hasta la actualidad esto está presente para todos los humanos, y en particular para quienes están en una situación de fragilidad socioeconómica (indigencia y pobreza), en situación de graves conflictos o de cambio climático.

También tenemos conocimiento que, en especial a partir del Neolítico (y de que pasáramos de nómades a sedentarios –en términos generales-), fue desarrollándose una división del trabajo y de “individuación”, así como apareciendo un excedente o surplus en la actividad económica con apropiación desigual. Hubo en el proceso histórico –en términos del enfoque de Karl Polanyi) cambios institucionales y tecnológicos que se expresaron en distintos modos de intercambiar, de redistribuir y de reciprocidad (incluido el don o la gratuidad). Los trazos gruesos del “cómo” se fue dando esto lo comentaremos en una próxima entrada o presentación.

EMOCIONES, DESEOS, RACIONALIDAD Y COSMOVISIONES

Además de satisfacer “la necesidad” y de proveer “el sustento”, los seres humanos también tenemos emociones y deseos, racionalidad y una cosmovisión como sistema de ideas, creencias, valores, arquetipos, normas introyectadas…, que juegan en nuestras interacciones y decisiones.

Los enfoques sobre este “componente” humano fueron variando en el tiempo:


EN LOS ORÍGENES…

Comenzando por Aristóteles, donde según K. Polanyi y C. Arensberg (“Les Systemes Economiques”, Larousse Université, Paris, 1975, pág. 105) para Aristóteles la noción de economía es la disciplina que estudia la satisfacción de las necesidades vinculadas con los recursos materiales, tanto de las familias, como de las comunidades (hoy diríamos su carácter “social”) y la polis (de allí su relación con la ciudadanía y la política). Esto se presenta en un contexto de “buena voluntad” (philia) que se expresa en un comportamiento de “reciprocidad” (antipeponthos) como una disposición para asumir las cargas que tiene un rol y para un compartir mutuo. Todo lo que es necesario a la continuidad y al mantenimiento de la comunidad, incluida su autosuficiencia (autarkeia) es “natural” e intrínsecamente justo. Pero el filósofo observa que también aparece la crematística vinculada al “arte de aprovisionarse” -en la negociación que se da en el intercambio-, del “arte de ganar dinero” derivada del “deseo” de afán de lucro (para más detalles véase también el texto de H. Fazio, “Economía, Ética y Ambiente (en un mundo finito)”, Ed. Eudeba, Buenos Aires, 2012). Esta última versión de la crematística (como deseo de afán de lucro) sería la predominante en el mercantilismo y en el capitalismo.

LOS CLÁSICOS, EN PARTICULAR ADAM SMITH
SU COSMOVISIÓN

En el caso de los clásicos, un autor fundamental ha sido Adam Smith, economista y filósofo escocés, que vivió entre 1723 y 1790, muy influido por el filósofo moral Francis Hutcheson y por David Hume, y también -aunque con diferencias- por los fisiócratas franceses Quesnay y Turgot. En él hay distintos componentes donde no sólo tienen que ver con las emociones y deseos, sino también con una cosmovisión de la época que incluyen un determinado tipo de racionalidad y de valores. Para ello nos basaremos en el análisis que hace el texto de Spiegel, H.W, “El Desarrollo del Pensamiento Económico, Omega, 1991 (en particular parafrasearemos las páginas 275 a 277) que, a mi entender, describen bien los distintos componentes, su interacción y qué es lo que predomina (con determinadas restricciones) basándose en dos de sus obras más conocidas: “La Teoría de los Sentimientos Morales” y “La Riqueza de las Naciones”

Respecto de estos dos textos dice Spiegel que “contienen su propia versión del newtonianismo moral y social, extendiendo el último la idea hasta el campo de la economía política. Ambas obras están, según esto, dentro de la tradición de la filosofía de los moralsitas británicos, tal como hemos visto en los ejemplos de Shaftesbury y de Hutchenson. La Teoría de los Sentimientos Morales fue uno de los diversos intentos de desarrollar una ética basada en un principio unificador –en este caso la benevolencia y la compasión- que pudieran iluminar el armónico y beneficioso orden del mundo moral…

…Para la posteridad, sin embargo, su gran estatura intelectual se debe a La riqueza de las naciones, en la que intenta, en forma totalmente nueva, conciliar la nueva ciencia de la economía política en un universo newtoniano totalmente mecánico y, al mismo tiempo, armónico y beneficioso, en el que la sociedad se beneficia de las inintencionadas consecuencias de la búsqueda de interés particular de cada persona.

Hay, por lo tanto, una gran afinidad entre la estructura de La teoría de los sentimientos morales y la de La riqueza de las naciones. Ambos trabajos están integrados en un gran principio unificador. Lo que realiza la compasión en el terreno moral, lo hace el propio interés en lo económico. Cada uno de estos principios, en sus reinos respectivos, producen una armonía la que caracteriza al orden natural newtoniano…. La de Smith es una ética de autodominio y de confianza en uno mismo, como lo es su laissez faire en economía y, esta ética del autodominio y de la autoconfianza son típicas, al mismo tiempo, de un hombre que no llegó a conocer a su padre.

Smith no admite que el sentido moral, la benevolencia o la utilidad, puedan ser las bases de la ética. El sentido moral, concepto nuevo, es algo superfluo puesto que no denota nada que no puede ser deducido de la simpatía o de la aprobación. La benevolencia puede ser quizás el principio de acción fundamental para la Divinidad, pero el hombre criatura imperfecta, ha de actuar con frecuencia por motivos distintos. La utilidad, el penetrante principio de Hume, no es un criterio de bondad; en caso contrario, no tendríamos otros motivos para alabar a un hombre que los que tenemos para encargarle una cómoda.  El hombre da y busca la aprobación para las acciones que considera rectas y no para las que son meramente útiles. La utilidad puede también merecer aprobación pero sólo de forma incidental, como una idea tardía que dé, sin embargo, a las cualidades aprobadas, un nuevo valor”.

Cosmovisión de Smith

El autodominio, la benevolencia en el ámbito individual, el  respeto por las reglas sociales (movimiento puritano liderado por O. Cromwell y luego moral victoriana) y públicas (enfoque de J. Locke) y la felicidad de la humanidad en el marco de una “carrera hacia la prosperidad” (la competencia para lograr el progreso propuesto por la modernidad)

“En la ética de Smith, la simpatía o compasión por los demás y deseo de aprobación nos hacen dominar nuestro egoísmo y dar rienda suelta a nuestra inclinación a la benevolencia. Esto constituye la perfección de la naturaleza humana y puede producir por si sólo en la humanidad esa armonía de los sentimientos y de las pasiones que constituye toda su gracia y decoro. La consecución de la armonía, aquí como en todas las cosas, no se debe a la razón humana, sino a la economía de la naturaleza que nos ha dotado de una tendencia a buscar los medios con los que conseguir el fin último de la misma, pero por nosotros mismos e independientemente de nuestra inclinación a conseguirlo…El gran designio de la naturaleza es la felicidad de la humanidad, felicidad que promovemos nosotros mismos cuando seguimos los dictados de nuestras facultades morales. La dicha está, en realidad ampliamente extendida; por cada hombre que sufre dolor o miseria, se puede encontrar veinte en prosperidad y alegría.

Cómo puede servir a este gran designio, la búsqueda del interés personal? Cada hombre ha recibido de la naturaleza el encargo primordial de cuidar de sí mismo, estando en mejor posición para cumplir esta función de lo que estaría ningún otro, El espectador imparcial le empujará a estar más ansioso de conseguir su propia dicha y a buscarla de forma más asidua, de lo que lo haría ninguna otra persona. En la carrera hacia la prosperidad deberá poner en tensión todos sus músculos y todos sus nervios para derrotar a sus competidores. Sin embargo si empujara o hiciera caer a alguno de ellos, se enajenaría la indulgencia de los espectadores, pues ello sería una violación del juego limpio, cosa que ellos no pueden admitir. Por el contrario, si permanece dentro de los límites de la prudencia y de la justicia, la ambición es merecedora de admiración, El mundo respeta poco al hombre que no se ejercita en la búsqueda de la riqueza, cuando le sea posible adquirirla sin mezquindad ni injusticia”.

Smith y por qué buscamos la riqueza?
Identificarse con el arquetipo de los “grandes” –

El éxito vinculado a ser “reconocidos y aprobados socialmente” (ver relación con “narcisismo”, singularidad y “trascender” por diferenciación)

Grandes como “poderosos” (en la escala social). La cuestión del poder enmarcado en la ley y en el corset del campo de fuerzas del mercado (la mano invisible)

“El hombre busca la riqueza y no porque le empujen a ello la necesidades naturales. Estas quedarían satisfechas con el salario del más pobre trabajador. Su motivación es más bien el deseo de emular a los que están por encima de él. Las ventajas que perseguimos mediante ese gran fin de la vida humana al que llamamos mejorar nuestra condición, son la atención y la aprobación. El objetivo final de nuestros deseos es conseguir la condición de los grandes. Así los hombres continuarán acumulando riqueza con angustias y esfuerzos penosos, siguiendo tan expuestos como antes, o quizá más, a la ansiedad, al temor y a la angustia y, de la misma manera a la enfermedad, al peligro y a la muerte. Pero es, sin embargo esta cualidad engañosa de la riqueza la que hace que surja la industria humana y la que mantiene en movimiento continuo. El rico consume poco más que el pobre pero, a pesar de su natural egoísmo y rapacidad, a pesar de que busca sólo su propia convivencia y a pesar de que el único fin que se propone sacar del trabajo de las miles de personas a quienes emplea es la satisfacción de sus propios deseos vanos e insaciables, tendrá que repartir con el pobre el producto de todo su trabajo. Están todos conducidos por una mano invisible, consiguiéndose una distribución de las cosas necesarias para la vida, muy parecida a la que se hubiera tenido si la tierra se hubiera dividido en partes iguales entre sus habitantes; de esta forma, sin pretenderlo ni saberlo va avanzando el interés de la sociedad. 

Lugar donde se expresa esto: el interés y el egoísmo en el mercado

“La economía de la autoconfianza de Smith está basada en el deseo de mejorar nuestra condición, deseo que viene con nosotros desde el seno de nuestra madre y no nos abandona hasta que bajamos a la tumba. Para realizar este deseo, unos adularán a sus semejantes y otros esperarán ayuda de su benevolencia. Pero el hombre tendrá más probabilidades de prevalecer, si consigue interesar el egoísmo de los demás en su favor y si les muestra que el hacer lo que les pida será ventajoso para ellos … No podemos esperar nuestra comida de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, sino de la consideración de su propio interés. Nos dirigimos no a su humanidad, sino a su egoísmo y no hablamos de nuestras propias necesidades, sino de sus ventajas.

Al ir tras sus propios intereses, los hombres promueven normalmente el interés de la sociedad en forma más efectiva que si hubieran realmente intentado hacer tal cosa.”

No hay benevolencia en esta forma de intercambio que denominamos “mercado”

Yo no he visto nunca hacer mucho de bueno a los que dicen trabajar para el bien común. Los hombres son generalmente mejores jueces de sus propios intereses que de los intereses de la sociedad, aunque incluso sus juicios sobre sus propios intereses distan mucho de ser perfectos”.

Un análisis complementario con mayor desarrollo se puede ver en esta nota.

Imperfección, racionalidad en el mercado y optimismo

“Así, por ejemplo, tienden a atribuir un valor excesivo a sus probabilidades de ganancia y a menospreciar sus probabilidades de pérdida, debido a una absurda soberbia sobre su propia fortuna, que corre pareja con la presuntuosa idea que tienen la mayor parte de los hombres acerca de sus propias facultades. La racionalidad económica dista mucho de la perfección, pero su misma imperfección da al sistema económico una predisposición hacia el optimismo”.

El fin de la producción es el consumo

“Respecto al fin u objeto de las actividades económicas, se establece audazmente que el consumo es el único fin y propósito de la producción. De esto se sigue que debería atenderse al interés del productor sólo en tanto en cuanto sea necesario para promover el del consumidor. Aunque Smith declara que el propósito de toda producción es el consumo, no desarrolla una teoría del consumo plenamente madura, sino que se interesa por la producción. Algún tiempo después, cuando la producción se hubo incrementado debido a la revolución industrial y los problemas del conflicto económico se hubieron hecho más apremiantes, surgiría la distribución como problema central en el pensamiento de Ricardo”.

DESPUÉS DE LOS CLÁSICOS

Antes de plantear, a trazos gruesos, el enfoque  de algunas corrientes del socialismo y del marxismo sobre la cuestión de los móviles, diremos que:

  • Para los Neoclásicos: Van a centrarse en la relación del sujeto con el bien, y para ello lo van a hacer con “una representación mental del mecanismo económico. Y para ese fin pensaremos primero en un estado organizado comercialmente en el cual prevalezcan la propiedad privada, la división del trabajo y la libre competencia” (véase Schumpeter, A., Teoría del Desenvolvimiento Económico, FCE, México-Buenos Aires, 1997, página 19). Según K. Polanyi, este enfoque se centra en el enfoque “formal” de la economía.
  • En el caso de J. M. Keynes, retoma la idea de imperfección de Smith y, según algunos autores al término que utilizó David Hume para la “motivación espontánea”, y la lleva al rol de la irracionalidad a partir de lo que denomina “animals spirits”: En su obra,Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (Fondo de Cultura Económica, Tercera edición, 2001, pp. 141) afirma que «aún haciendo a un lado la inestabilidad debida a la especulación, hay otra inestabilidad que resulta de las características de la naturaleza humana: que gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica. Quizá la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo positivo, cuyas consecuencias completas se irán presentando en muchos días por venir, sólo pueden considerarse como el resultado de los espíritus animales —de un resorte espontáneo que impulsa a la acción de preferencia a la quietud, y no como consecuencia de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicados por las probabilidades cuantitativas”-
  • Lo que se ha denominado la “Economía del Comportamiento”: si bien sus orígenes se remontan a la economía clásica, con aportes también de pensadores neoclásicos, es desde los comienzos del siglo XX (con la psicología económica) y fundamentalmente desde los años sesenta en adelante con la psicología cognitiva donde se desarrolla. Ahí se destacan trabajos como los de Kahneman y Tversky en 1979 con «Prospect Theory: An Analysis of Decision Under Risk», y en 2011 un texto de Daniel Kahneman «Pensar Rápido, Pensar Despacio». En este último se retoman las primeras investigaciones sobre los sesgos cognitivos, la teoría de las perspectivas y la cuestión de la felicidad. El libro plantea la dualidad o dicotomía existente entre dos modos o sistemas de pensamiento: el Sistema 1 es rápido, instintivo y emocional. El Sistema 2 es lento, más deliberativo y más lógico.

VOLVIENDO A LAS PRINCIPALES CORRIENTES HISTÓRICAS

LOS MÓVILES EN EL CASO DEL SOCIALISMO EN GENERAL

  • Podemos afirmar brevemente que la solidaridad se expresa como un valor en los seres humanos y que luego se traduce en procesos, estructuras y un sistema socialista bajo una forma de propiedad común, y muy frecuentemente adopta la forma cooperativa.
  • Sería uno de los conceptos contrarios a “individualismo”. Este concepto fue usado por los socialistas franceses de Saint Simon, para describir lo que ellos creían era la causa de la desintegración de la sociedad francesa luego de la revolución de 1789.

LOS MÓVILES EN EL CASO DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO O MARXISMO

  • Marx considera las múltiples manifestaciones de la actividad mental de los hombres como una “emanación directa de su comportamiento material”. “No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”
  • Frente al enfoque hegeliano, Marx en el posfacio a la 2da edición de “El Capital” (1873) plantea “colocar sobre sus pies” esa dialéctica a la que reprocha estar cabeza abajo.  En este posfacio citando a un crítico ruso, cuya interpretación del método dialéctico aprueba señala que “El (Marx) considera el movimiento social como un encadenamiento natural de fenómenos históricos, encadenamiento a leyes que no sólo son independientes de la voluntad, la conciencia y los designios del hombre, sino que por el contrario: determinan su voluntad, conciencia y designios”.
  • Agrega: “mi método dialéctico no sólo difiere por su base del Hegeliano, sino que incluso, es exactamente su opuesto. Para Hegel, el movimiento del pensamiento, al que personifica con el nombre de IDEA, es el demiurgo de la realidad, la cual no es más que la forma fenoménica de la idea. Para mí, en cambio, el movimiento del pensamiento no es más que el reflejo del movimiento real, transportado y traspuesto al cerebro del hombre”.
  • Lo anterior conlleva a que los móviles cambiarán si cambian las relaciones sociales de producción (por ejemplo a través de ejercer la propiedad colectiva) y el desarrollo de las fuerzas productivas (en otros palabras: cambio tecnológico).
  • Dentro del marxismo han existido corrientes como la de la revolución cultural china (cambiar móviles a través de una educación o re-educación “forzada”) o la cuestión del hombre nuevo en Guevara y el debate entre incentivos morales o incentivos materiales.

El caso del Che Guevara

  • Entre los documentos a ver en este último caso está su escrito de 1965 sobre “El Socialismo y el Hombre en Cuba” donde, plantea la cuestión del hombre nuevo e inicia el debate sobre incentivos morales y materiales.
  • En un párrafo dice: “A pesar de la importancia dada a los estímulos morales, el hecho de que exista la división en dos grupos principales (excluyendo, claro está, a la fracción minoritaria de los que no participan, por una razón u otra en la construcción del socialismo), indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social. El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; esta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que le permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos sólo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también individualmente, sobre la clase vencedora”. Aquí se puede visualizar el rol del deber y el sacrificio, así como también el ejercicio de la autoridad bajo la dictadura del proletariado (una forma particular de autocracia).
  • En otro de los párrafos, dice: “Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas son que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita”. El amor como sentimiento y la idealización del mismo hacia los pueblos son componentes claves.
  • Complementariamente puede verse el artículo de Antonio Caparrós, en la página 177 del siguiente link: http://www.rebelion.org/docs/129729.pdf


MÁS RECIENTEMENTE LOS MÓVILES DE LOS EMPRENDEDORES

En general

  • Sin duda “emprender” tiene distintos móviles como ser: satisfacer necesidades propias y de terceros, sentirme capaz de emprender sólo o con otros, progresar a partir de tener un cierto excedente, no tener posibilidad de contar un trabajo en relación de dependencia y por lo tanto tener que emprender “algo”, “alcanzar el arquetipo de ser millonario”, buscar una renta…. entre otros móviles. Recientemente se ha venido destacando la cuestión de la cultura y un ecosistema emprendedor.
  • En el caso de los emprendimientos dinámicos de empresas jóvenes en un contexto sistémico, según el Dr. Hugo Kantis, lo que las mueve a emprender son el contar con ideas nuevas, hacer algo “diferente” (“no hacer más de lo mismo”), la innovación asociada a lo anterior y la ambición para crecer en un contexto colaborativo de un equipo humano apto (ver su presentación en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=8mrvd9FkLO4). También este autor en otro trabajo (ver resumen Gráfico 2, página 3) muestra una evidencia empírica de cuales son los móviles que explicitan los empresarios encuestados, en esta investigación, para emprender, y que se muestran a continuación:

  • Posiblemente en la respuesta de “auto realización” habrán motivaciones “narcisistas”. En algún caso -más bien extremo- el considerarse “como Dios”, o las historias descriptas en el libro de Andrés Oppenheimer, Crear o Morir (Ed. Debate, 2014). Para el caso argentino se pueden ver testimonios de presentaciones de emprendimientos donde señalan las principales características del caso argentino (ver, por ejemplo, filmina 23 del siguiente documento: http://eventos.senado.gov.ar:88/20058.pdf)
  • En lo que se ha escrito y producido como film acerca de la vida de emprendedores como Steve Jobs se destacan el obtener un logro fundamentalmente en el campo simbólico pero validado por el “éxito en el mercado”. De allí las tensiones en que sea viable económicamente la idea, de la presión que se pone en la vida personal y familiar, y fundamentalmente hacia colaboradores y proveedores (como el caso de Foxconn). De esto podríamos decir que no importando los costos en términos de salud y calidad de vida, en un contexto de cruda competencia (en este caso con Bill Gates, pero no sólo). En estas historias (como la de Joy Mangano, que se puede visualizar en el film “Joy”) también aparecen otros fenómenos como el robo o la estafa y otras adversidades a las cuales hacer frente en el marco de un sistema capitalista).
  • Este tema también se aborda en esta nota.

Lo social en los emprendimientos

  • Los móviles de “lo social” en los emprendimientos de empresas. Podemos decir que hay muy diversas experiencias:

    • La economía social desde comienzos del siglo XIX hasta la actualidad (que según la ACI: http://ica.coop/es/node/999 cuenta con mil millones de miembros en el mundo) y la economía solidaria más en general (que retoma experiencias del comunitarismo de pueblos originarios y otras más recientes que se mezclan con la llamada “economía popular”).
    • La Responsabilidad Social Empresaria. Si bien hay antecedentes desde el siglo XIX, es desde mediados del siglo XX donde comienzan a desarrollarse experiencias de Responsabilidad Social Empresaria en Estados Unidos, y posteriormente en Europa y en otros continentes. De estas experiencias habrá que discernir las que cuentan con experiencias significativas de las que no las tienen.
    • Las Empresas Sociales. Al respecto es muy relevante la experiencia de Ashoka (es una organización internacional pero en el siguiente link se puede ver la sede de Argentina: http://argentina.ashoka.org/). Esta ong los define como “poseedores de la visión, la creatividad, y la determinación tradicionalmente asociada a los emprendedores de negocios, pero su motivación es la de generar un cambio social profundo y duradero y no el beneficio económico”.
    • Otras experiencias provenientes del campo religioso, como es el caso de las empresas de la “economía de comunión, o desde la ecología como la economía verde, la economía circular o la más reciente economía azul, entre las principales.

En otra entrada, intentaremos relacionar cuales móviles vinculados a determinados a procesos nos acercan o no a «un mundo mejor».

 

Evolucionar

La ciencia nos dice que nuestros genes siguen “evolucionando.  Por otro lado en un artículo de Regis Meyran («¿Se halla la cultura en los genes?«, Revista Temas, Investigación y Ciencia 1er trimestre 2017) «, expresa que «como señaló el epistemólogo Patrick Tort, el propio Darwin había propuesto un argumento que se opone al determinismo genético de los sociobiólogos: la cultura puede contrarrestar la selección natural, ayudando a los más pobres, por ejemplo, con la invención de las leyes sociales». De allí la importancia de la cultura, y del sentido que esta tenga, en la evolución.

Así mismo el universo (del que somos parte) también sigue evolucionando. Nosotros, como humanos, estamos haciendo nuestro aporte al cambio del planeta Tierra: más allá de aspectos vinculados con el cuidado, en general viene predominando lo contrario y ello se refleja con el cambio climático cada vez más virulento y tendencialmente adverso.

Por otro lado en lo que se refiere a nuestro conocimiento vinculado con la ciencia y la tecnología se ha ido incrementando, y en la actualidad viene creciendo exponencialmente.

En cuanto a nuestros vínculos sociales, económicos y políticos, el progreso vinculado con lo material y a una civilización con derechos cada vez más amplios ha sido indudable. Sin embargo la desigualdad ha aumentado, la pobreza tiene amplias características, las guerras emplean cada vez armas más poderosas y letales…

Lo anterior pone en duda si la denominación «sapiens» (sabio) en nosotros humanos es correcta. ¿Nuestra conciencia ha transformado nuestra inteligencia en sabiduría? Coincidiremos que la respuesta es, en general, negativa, más allá de personas, grupos o importantes sectores de la sociedad que si lo han logrado.

El astrofísico Carl Sagan, en un capítulo de su serie Cosmos, se preguntaba sobre la posible existencia de extraterrestres y por el hecho de que estuvieran navegando por el universo. En el libro del mismo nombre (Ed. Planeta, Barcelona, 1985) en la página 311, afirma que “es muy probable que el solo hecho de que hayan sobrevivido tanto tiempo demuestra que han aprendido a vivir con ellos mismos y con los demás”. ¿Nosotros hemos aprendido? ¿Tenemos mayor conciencia?

Seguramente coincidiremos en que no nos queda mucho tiempo para aprender y evolucionar en este sentido.

 

Para Qué y Para Quién

Este documento tiene que ver con el “para qué y para quien”?, es decir, con la cuestión del “sentido” en los sistemas. Un primer punto de vista puede ser que el sentido de la vida tiene que ver con nuestras creencias, y por lo tanto con algo diferente a lo abordado por la ciencia.

Sin embargo hay enfoques vinculados con los sistemas (que expresan interrelaciones de la vida humana en un contexto medio ambiental) que abordan esta cuestión. A grandes trazos:

  • En el caso del marxismo el comunitarismo primitivo (el origen de la organización social de la humanidad) volverá -al final de la historia- plenificado a través del desarrollo de las fuerzas productivas (la ciencia y la técnica en su máximo desarrollo al servicio del hombre) y del desarrollo de la conciencia a través de la praxis del socialismo que nos conducirá al comunismo.
  • En el caso del enfoque de la economía clásica no hay un “paraíso original” (más bien es caracterizado como “primitivamente salvaje”) pero si hay un progreso creciente –a través del libre mercado en un cuadro institucional adecuado- que nos llevará a la abundancia y a la riqueza (vinculado con el desarrollo de la ciencia y la tecnología) al final de la historia.
  •  Para otros autores, como Francis Fukuyama, han planteado –en algún momento- que el capitalismo (y lo socio-político vinculado con este sistema) es el “fin de la historia”. Las alternativas (véase luego de la caída del muro de Berlín) han fracasado. Por lo tanto “es lo que hay” y no podemos aspirar a nada mejor.
  • En la Introducción de esta página hemos visto que hay autores, como Kenneth Boulding, que en el marco de la teoría general de los sistemas, plantean posibilidades de una evolución hacia escenarios mayores como el que denomina “trascendental”.

Si el planteo es que el sistema nos dé un marco adecuado desde lo macro o contextual “hacia un mundo mejor”, tendremos que discernir, de estos y otros enfoques, cuales nos puedan ayudar en esa dirección.

El planteo de los clásicos sobre el capitalismo, y en términos de lo señalado por Francis Fukuyama, para algunos será “realista” y para otros “pesimista”. En la entrada de esta página web donde se plantea “el cómo”, se ha visto que, si bien el capitalismo ha tenido logros notables en cuanto a progreso material, los costos (en términos de  exclusiones e inclusiones no satisfactorias de muchas vidas humanas y de medio ambiente) son –en particular para algunas variedades de este sistema- inaceptables para quienes deseamos alcanzar un “mundo mejor”.

El sendero entre el comunitarismo original y el comunismo final, a través de sus variantes “revolucionaria” (en particular marxista leninista) y “social democrática” (o gradualismo reformista), requiere un análisis más pormenorizado (que no haremos aquí) donde –según las distintas variedades y experiencias históricas- ha tenido notables aportes hacia un mundo mejor y también notables horrores en dirección contraria.

Quedan entonces planteos muy sugerentes como el de Boulding (y otros), referidos a que hay una evolución en un contexto mucho mayor en que creencias religiosas, enfoques holísticos y de la física cuántica van en esa dirección. Si bien el que redacta este blog coincide con estos enfoques, como hemos señalado en la página “a quien va dirigida esta página” (en el párrafo sobre el enfoque de la posmodernidad), el criterio que se adopta aquí es que las “partes de ese todo” tienen “grados de libertad” y por lo tanto dependerá del sentido que le demos a nuestros móviles y procesos para alcanzar o no resultados de un mundo mejor. En este marco será posible la construcción de un postcapitalismo?

No quisiera terminar esta página del blog sin plantear tres temas relacionados. El primero de ellos es el reciente enfoque sobre la “economía de la felicidad”.

Como señala Victoria Giarrizzo (2012 Economía y Felicidad, Existe vínculo?, FCE-UBA), si bien el concepto tiene una larga historia, uno de los primeros trabajos empíricos sobre la relación entre economía y felicidad fue Easterling (véase Easterlin, R.A. (1974). “Does Economic Growth improve the human lot?. Some empirical evidence”. En P.A David y M.W.Rider (eds) Nations and Households in Economic Growth: Essays in Honor of Moses Abramovvitz. New York and London: Academic Press, y Easterlin, R.A. (1995). “Will Raising the Incomes of all Increase the Happiness of all?” Journal of Economic Behavior and Organization 27: 35-48).

También son muy valiosos los aportes de Marita Carballo (2015, La Felicidad de las Naciones, Editorial Sudamericana), N. Powdthavee (2007 Economics of happiness: A review of literature and applications”, Chulalongkorn, Journal of Economics, 19 (1)) citado por Martín Tetaz (2014 Psychonomics, La Economía está en tu mente, Ediciones B), los trabajos y blog de Sebastián Campanario, entre otros.

En base a lo expuesto el concepto de felicidad que utilizaremos en esta página, parte del concepto aristotélico de que la felicidad consiste en hacer el bien. Al respecto nos remitimos a lo mencionado por Marita Carballo (en la obra que venimos de referenciar) citando a M. Seligman (2003, La auténtica felicidad, Vergara, y 2011, Flourish, Nueva York, Free Press)) donde expresa, en la página 68, que este autor “se concentra básicamente en la satisfacción con la vida y la vida en un sentido más bien aristotélico, es decir asumiendo que todo lo que hacemos apunta a ser felices”. Luego Carballo, en la página 69, indica como Seligman pasa al concepto de bienestar (“well being”) que se compone de “cinco elementos: emoción positiva (sentirse bien), compromiso (estar completamente absorbido por su actividad), relaciones (estar auténticamente conectado con los demás), sentido (propósito) y logro (sensación de plenitud por haber alcanzado algo). Para fluir un individuo tiene que poseer esas cinco características, y por lo menos tres de los seis elementos adicionales: optimismo, autoestima, resiliencia, vitalidad y autodeterminación”. En esta página intentamos retomar la cuestión de hacer el bien de Aristóteles y del “sentido” vinculándolo con el bienestar y la felicidad donde están involucrados los elementos mencionados.

El segundo tema tiene que ver sobre el aspecto de si en el camino a este mundo mejor (en caso de que lo compartamos) hay prioridades o no. El criterio que aquí se adopta (vinculado a criterios como equidad, justicia, solidaridad, compasión…) es que la atención de las personas más vulnerables y frágiles -en particular en situación de pobreza– y el medio ambiente más dañado deben tener prioridad.

Al respecto se consideran relevantes los enfoques, y en particular las acciones concretas, vinculadas con el desarrollo, en especial el desarrollo humano (para los conceptos básicos véanse links de Naciones Unidas), el logro de los Objetivos del Milenio planteados por esta organización y su continuidad con los objetivos de desarrollo sostenible. Los medios e instrumentos para llevar adelante el desarrollo requerirán de un adecuado análisis e implementación evitando “atajos” (por ejemplo subordinando el mediano y largo plazo al corto plazo en lo que se ha denominado “populismo”). Si bien las crisis del sistema económico mundial y las reacciones “regresivas” no sólo no colaboran sino que, muchas veces, van en dirección contraria a estos planteos y acciones, será fundamental re-impulsar estas iniciativas –tanto en lo social como en lo público-estatal- a nivel concreto y de detalle en lo local, nacional, regional e internacional para ir hacia un mundo mejor atendiendo las situaciones más extremas y graves.

El tercer tema es la “aceleración del cambio científico-tecnológico” y las implicancias que ello tiene. En la Introducción habíamos comentado la característica de “aceleración” y de creciente asimetría entre destrucción y creación/cuidado que va teniendo el poder humano. Esto último es lo que nos advierten referentes mundiales desde el Papa Francisco hasta científicos como el caso de Stephen Hawking. En entrevistas y notas de este último se plantean algunas posibles escenarios pesimistas sobre la continuidad de la vida humana en la Tierra.

Aunque alguno de estos escenarios no se dé (sin duda dependerá de nosotros), hay cambios tecnológicos como las impresoras 3D y la posibilidad de que pasemos a ser –en términos de Alvin Toffler– “prosumidores” (prácticamente “de todo”) nos enfrenta a lo que podríamos denominar un “Nuevo Neolítico” o un salto civilizatorio que excede el de una nueva revolución industrial. Al respecto el interesante texto “Pasaje al Futuro” de Santiago Bilinkis nos plantea los desafíos de la redefinición de lo que denominamos trabajo y su «compartir» (entre los que tienen y no tienen), ingresos (del salario al ingreso ciudadano), ocio y educación, entre los principales.

Sino nos preparamos adecuadamente y desde hoy, para que esto nos lleve a “un mundo mejor” seguramente será “muy doloroso y peor”, y en un extremo nos conducirá al destino que tuvieron los dinosauros en la Tierra.

Cómo

En esta página intentaremos expresar sólo un enfoque metodológico – por el momento a nivel de primer borrador- de cómo, a grandes rasgos, se fueron manifestando y modificando los distintos sistemas económicos, pero focalizándonos particularmente en los últimos doscientos años y en el –marco de una economía plural- el actual sistema hegemónico (el capitalismo).

Las formas, modos o tipos de sistemas económicos han sido diferentes en la historia de la humanidad, tal como lo han clasificado los distintos enfoques que hemos puesto en la Introducción de esta sección.

Su cambio ha tenido que ver con cómo ha evolucionado nuestra conciencia y acciones de humanos en relación con otros y –a través de la mediación científico-tecnológica- con el medio ambiente. Desde:

  • recolectores y cazadores, y de nómades a sedentarios,
  • y también nuevamente nómades (vía migraciones en la Tierra, en el ciberespacio, y en perspectiva hacia otros planetas)
  • compartir en el grupo, clan o comunidad hasta excluir “al diferente”, para luego irlo integrando o incorporando o no, bajo distintas formas (sometiéndolo o tratándolo como un par, por tomar dos variantes extremas)
  • considerar el sustento como “lo central” hasta exaltar la “crematística” en acumulación y consumo (en particular en el capitalismo),
  • valorar el “ser”con un tener “existencial” (lo necesario para la vida en cada época y circunstancia) hasta priorizar el “tener caracterológico” (la posesividad en términos de E. Fromm y su expresión en el “capitalismo existencial” según Christian Arnsperger, en su libro “Crítica de la Existencia Capitalista””, Ed. Edhasa, 2008). Otra forma de denominar este eje es la cuestión del “poder”, como verbo o -por otro lado- como sustantivo desde un “lugar de dominio” y se viene manifestando en la historia (véanse enfoques más recientes como el de M. Foucault de «biopoder», u otros relacionados con «biocapitalismo»).
  • relacionado con lo anterior está la cuestión del «deseo» y como  ha sido direccionado por sistemas como el capitalismo para acceder, poseer y ser símbolo de «pertenecer» (inclusión) y alcanzar prestigio a través del éxito económico (sería una forma de «trascender»). En esta línea apunta la afirmación de Z. Bauman «el capitalismo triunfó porqué encontró el punto sensible de las personas al explotar el fetichismo de la mercancía».
  • lo centralizado a lo semi o descentralizado y autónomo,
  • lo ordenado y muy estructurado, a lo semi-ordenado, espontáneo y a lo caótico,
  • lo primario a lo muy sofisticado,
  • un conocimiento muy elemental y precario hasta uno muy potente y diverso en lo que hoy denominamos ciencia y tecnología,

por tomar sólo algunos ejes.

A la expresión histórica de estos ejes se le han colocado distintos nombres. También se han tratado de ver si hay “modalidades” como “patrones de comportamiento” o como ello se va integrando en cada lugar y momento histórico. En el caso de Karl Polanyi los ha denominado “modelos de integración” (como equivalente a “sistemas”) y los ha caracterizado como:

  • la redistribución: designa movimientos de apropiación en dirección a un centro, y luego de este hacia el exterior. Desde el jefe de la tribu o clan hasta en la actualidad el rol que ocupa el padre y/o madre en la familia, y el Estado en la sociedad actual. Esta redistribución puede ser regresiva (favoreciendo a los más poderosos o de mayores ingresos) o progresiva (favoreciendo a los más débiles o necesitados)
  • la reciprocidad: supone movimientos entre puntos de correlación de grupos simétricos. Una expresión de esto es la economía social y solidaria.
  • el intercambio: se refiere aquí los movimientos de “va y viene” tales como los cambios de “manos” en un sistema mercantil. En los últimos 200 años (aproximadamente) se creó un sistema institucional de intercambio a tasas “negociadas” denominado MERCADO que, según el autor, marca un quiebre o ruptura radical con el pasado (esto está muy bien descripto en la obra de este autor, denominada “La Gran Transformación”, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1992)

Caben destacar también enfoques como el de Marcel Mauss, donde “el don” es una forma de intercambio que se entrelaza con la reciprocidad. También es interesante como estas prácticas en la historia del sistema incaico fueron virando hacia “el tributo” (o don “ex ante”) que operaron como una tributación hacia el Inca quien luego lo asignaba a obras del imperio y a otros destinos.

Respecto del “mercado”, en su expresión institucional de intercambio de los últimos doscientos años, ha sido fuertemente criticada por distintas corrientes desde creencias (por ejemplo religiosas) hasta de la izquierda. Respecto de esta última han habido sectores que han buscado re-significar al “mercado” desde una perspectiva socialista (el llamado “socialismo de mercado”) y recientemente (año 2016) países como Cuba han reconocido la “existencia objetiva de las relaciones de mercado” (ver notas de prensa como esta). Cuando analizamos –en otra parte– la posibilidad de converger hacia un mundo mejor retomamos esta cuestión.

Ahora trataremos de dar un ejemplo de la relación de lo que denominamos “sistema capitalista” y otros sistemas anteriores. Lo haremos desde una perspectiva “amplia” y de una “economía plural y mixta”. Lo de “amplia” está relacionado a que el enfoque que se adopta es que la historia es un proceso de continuidades y rupturas que tiene distintos momentos (que “tipificamos en etapas o periodos”) muy diferentes (como por ejemplo el Neolítico o “la economía de mercado en el sistema capitalista”) pero que –de alguna manera- rasgos, características, móviles…anteriores siguen estando presentes. Aquí compartimos el enfoque de Kenneth Boulding (mencionado en la Introducción de esta página respecto de que los sistemas en su “evolución tienen niveles”). Daremos un ejemplo tomando uno de los modelos de integración de Polanyi. Cabe destacar que este autor, como otros, tiene una opinión diferente en cuanto a la “profundidad de la ruptura” que conlleva la economía de mercado respecto de lo sucedido anteriormente. No discutimos “la profundidad de la ruptura”. Solo decimos que hay “continuidades” (en circunstancias actuales) de características que, en principio, no cabrían denominarlas bajo el concepto de “capitalismo”, sino en el marco de una “economía plural” (de vuelta la ambigüedad y la complejidad) y las implicancias que esto tiene cuando se plantea la posibilidad del “cambio”.

El modelo que tomaremos de Polanyi es de “la reciprocidad” (y el compartir): durante miles de años, desde el surgimiento de la humanidad hasta el Neolítico, los seres humanos necesitamos compartir para sobrevivir. Esto sigue presente hoy (aunque no sea hegemónico en la rivalidad competitiva del sistema económico actual, cueste entenderlo y expresarlo en una cultura individualista), bajo otras modalidades y en una diversidad de situaciones. Podemos decir más: el capitalismo lo “ha incorporado” como un valor importante para poder competir y para poder legitimar su accionar, así como lo ha tolerado o buscado integrar en una economía “plural”. Veamos a continuación, a partir de algunos enfoques y prácticas de integración:

Competitividad sistémica y coopetencia: No sirve o resulta que una empresa o sector sea competitivo si esto no se da en un contexto donde los demás sectores y actores no coordinan, acuerdan o se complementan de manera virtuosa para que ese espacio (local o nacional) pueda ser competitivo. Esto está bien explicado en el texto “La Ventaja Competitiva de las Naciones” de M. Porter (Ed.Vergara, Argentina, 1991). Está relacionado con el enfoque coopetencia (lo inventó Ray Norda, fundador de de la empresa Novell) y está bien descripto en el texto de Nabeluff, B. J. y Branderburger , A.M. (Coopetencia, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2005).  Se focaliza en la cooperación entre empresas en mercados competitivos. Tiene relación con el enfoque de equilibrio de Nash (a nivel de divulgación, sobre el enfoque cooperativo, véase la escena de seducción de una Señorita en la película “Una mente brillante”. En términos de la teoría de los juegos sería la estrategia “ganador-ganador”, en cuanto a países (como Japón) y enfoques y prácticas organizacionales basadas en el “trabajo en equipo” y “el trabajo como centro, familia y hogar”. No es un tema “menor” esta característica de “flexibilidad y adaptabilidad” del sistema capitalista.

La “Responsabilidad Social Empresaria” (RSE): conlleva que, además de la ganancia, hay otros valores” como el compromiso con el medio ambiente, el trabajo social, los más pobres… Dentro estas prácticas hay que diferenciar aquellas que son relevantes o significativas, de aquellas donde abunda lo comunicacional y el marketing (para demostrar “la bondad” de los dueños de la empresa) pero no hay demasiado sustancial en “la práctica de otros valores”.

Además de la “integración y adaptabilidad” del sistema capitalista, están aquellas vinculadas con la convivencia, tolerancia y buscar permear otras expresiones “plurales” (sobre el concepto «economía plural» ver Passet, R., (1995) Les voies d’une économie plurielleTransversales Sciences Culture, Numéro spécial, L’Alternative, 32, mars-avril, citado por Laville J-L (2004) (dir.) «Economía Social y Solidaria: una visión europea». Buenos Aires, UNGS/ALTAMIRA) dentro del sistema. Citaremos solo algunas,

Si han habido distintos “cómos” en la historia, podremos interrogarnos y tratar de responder si una nueva configuración de estos elementos no nos pueden llevar a construir un pos capitalismo y nos permitieran converger hacia “un mundo mejor”?

El Sistema como una «Jaula de Hierro»

En otra parte de esta página web hemos expresado que el sistema actual es fruto de una evolución que tiene orígenes recientes en el mercantilismo, y orígenes más remotos –en el Neolítico- cuando aparece la sedentarización con la demarcación del “territorio” (por lo tanto una zona de dominio o “propiedad”), la división del trabajo y el excedente. También hemos dicho que detrás de todo este proceso está más bien la cuestión del poder (en el sentido que le da Alvin Toffler, en su libro “El Cambio del Poder”, Ed. Plaza & Janes, 1996)

Como “cristaliza” esto? Hay una expresión de Max Weber que Eduardo Fidanza (ver link: http://www.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/9-Eduardo-Fidanza.pdf) la sintetiza así: Lo que llamamos “metáfora de la jaula de hierro” es una imagen retórica utilizada por Weber en una de las últimas páginas de La Etica Protestante para expresar la pérdida del sentido religioso original que inspiró, según su interpretación, al primer capitalismo. Como dijimos al comienzo, no consta que Weber haya usado en alemán la expresión que Parsons tradujo como “jaula de hierro” (iron cage). El término textual de Weber es “[ein] stahlhartes Gehäuse”, que literalmente podría vertirse como “estuche”, “envoltura”, o incluso “jaula”, “dura como el acero”, y que suele traducirse por “férrea envoltura”, o bien por términos similares que evocan un caparazón duro y opresivo”.

Esta metáfora del “estuche con férrea envoltura” está asociada también al pensamiento clásico, muy influido –en el caso de Adam Smith- por la física newtoniana, donde el campo de fuerzas del mercado (encuadrado institucionalmente por el Estado liberal) hace que sus partícipes tengan que actuar o jugar dentro de sus reglas independientemente de sus deseos o voluntad.

Marx, coincide con este enfoque. En el posfacio a la 2da edición de “El Capital” (1873) donde plantea “colocar sobre sus pies” a la dialéctica hegeliana a la que reprocha estar cabeza abajo, cita a un crítico ruso, cuya interpretación del método dialéctico aprueba, diciendo: “El (Marx) considera el movimiento social como un encadenamiento natural de fenómenos históricos, encadenamiento a leyes que no sólo son independientes de la voluntad, la conciencia y los designios del hombre, sino que por el contrario: determinan su voluntad, conciencia y designios”.

Esto es coincidente con escritos de Engels (como por ejemplo la carta que le dirige el 22 de agosto de 1889 a Eduard Bernstein), donde describe una situación de la clase obrera portuaria de una ciudad de Inglaterra y utiliza la frase del Dante para la entrada al Infierno (equivalente aquí al “sistema”): “Lasciate ogni speranza voi che entrate!”.

También se le puede aplicar a las organizaciones de distinto tipo, como señala esta nota, que hace referencia al tenebroso cuento de Franz Kafka: “In der Straftcolonie” (1919), o en lo juegos como el «dilema del prisionero». También es interesante esta frase de Fiador Dostoyevski: «Los hombres quieren volar, pero temen al vacío. No pueden vivir sin certezas. Por eso cambian el vuelo por jaulas. Las jaulas son el lugar donde viven las certezas.”

Hay posibilidades de que el sistema, la jaula o estuche, o como se lo quiera denominar, cambie? Hay una primera respuesta de tipo “determinista” que sería: “no”, dado que hay un engranaje del que somos parte y lo único que quedaría sería adaptarse lo mejor posible. Hay otra respuesta que es “si” dado que el sistema es la cristalización de una historia de relaciones sociales y de estas con el medio ambiente a través de la mediación científico tecnológica. Por lo tanto si estas relaciones sociales (en su doble dimensión) y el cambio científico-tecnológico cambian “el sistema puede cambiar”. La cuestión no será si cambia o no cambia, sino en qué sentido.

En este contexto va la referencia de H. Fazio en su libro “Economía, Ética y Ambiente” (Eudeba, Buenos Aires, 2012, página 132) que, para modificar el sistema, “la clave es la superación del individualismo y la sectorización” y citando a Charles Taylor, en su obra “Ética de la autenticidad” (Barcelona, Paidós, 1994, pág. 127) señala que “como suele suceder a menudo, los mecanismos de inevitabilidad operan sólo cuando la gente se encuentra dividida y fragmentada. No queremos exagerar nuestro grado de libertad. Pero no es nulo”.

La “coyuntura”, al momento de escribir esta nota (1) es favorable o desfavorable? En principio podemos afirmar que es “desfavorable”. Los efectos de la crisis financiera (a partir de Lehman Brohters), la división del trabajo que fue corriendo la industria al este (primero a Alemania, luego a Japón y Corea del Sur, y finalmente a China y otros países de Asia), los conflictos de oriente medio (como Irak, Afganistan y Siria, por citar los tres más importantes) y sus secuelas en términos de migraciones (en especial en Europa) y de terrorismo, el conflicto vinculado con lo nuclear (en particular con Corea del Norte, y en menor medida con Irán) así como la lucha por la supremacía a nivel mundial (en especial Estados Unidos, China y Rusia), las hambrunas de Africa, la marcha atrás por parte de Estados Unidos en lo que se refiere al cambio climático… son algunas de las que han generado escenarios de mayor tensión y “facistización” de partes importantes de sociedades y lideres que las representan. También podría decirse, por aquello de que “no nos une el amor sino el espanto”, más gestos como los del Papa Francisco, pueden abrir un panorama más esperanzador y construir un post capitalismo que nos lleve a un mundo mejor?.

Por último, y no menor, la profundidad y la aceleración del cambio científico-tecnológico. Sólo mencionaremos dos eventos, de los múltiples que se están dando: las implicancias de la evolución de la inteligencia artificial y las impresoras 3D que podrán tener la posibilidad de transformarnos en “prosumidores” (término que utilizó Alvin Toffler para decir que seremos –al mismo tiempo- productores y consumidores de prácticamente la totalidad de bienes y servicios). La pregunta es: los seres humanos seremos capaces de darle un sentido a este cambio? O lo dejaremos al arbitrio de decisiones de corto plazo del mercado, del dominio y su utilización para la guerra, o de algún delirio «prometeico»? La respuesta dependerá de nosotros.

(1) Luego de la misma pasó la epidemia del Covid, el agravamiento del cambio climático, la guerra en Ucrania y sus diversos efectos….

El Mundo Actual. Sistema Económico y Economía Plural y Mixta

En páginas anteriores hemos planteado distintos enfoques acerca de cómo se ha venido caracterizando el mundo vinculado a lo “sistémico” y en particular relacionado con lo económico.

Hemos visto que ello ha sido el resultado de móviles, procesos y resultados que, en cada tiempo y lugar, ha ido tomado distintas formas. Esta “morfología” ha tenido en cada época distintas formas predominantes o hegemónicas, pero donde “lo anterior” está –de algún modo- presente y también donde coexisten otras formas que responden a otros móviles, procesos y resultados. Aquí tomamos el concepto, pero de desde una perspectiva muy amplia, a la economía mixta y a la economía plural. Este último término fue acuñado por René Passet (Les voies d’une économie plurielle, Transversales Sciences Culture, Numéro spécial, L’Alternative, 32, mars-avril,1995). Este concepto ha sido luego tomado en otros textos como: “Hacia una economía plural. Un trabajo, una actividad, una renta para todos” (autores: Aznar, G., Caillé, A., Laville, J.L., Robín, J. y Sue, R. Editado por Miraguano-Promocions. Madrid, 1999. Edición original: Vers une économie plurelle. Un travail, une activité, un revenu pour tous. Éditions La Découverte-Syros. París, 1997) y adaptado a países como Bolivia.

Si aceptamos este enfoque tendremos entonces que habrá pluralidad de móviles, procesos y resultados, donde habrá economías de subsistencia (también caracterizadas como de economía popular, o variedades de economías de prosumidores, según el enfoque que se adopte), economía criminal (véase – por ejemplo- el texto de Julio Sevares, El Capitalismo Criminal, Ed. Norma, 2003), economía social  y solidaria (donde se centra Passet como economía «alternativa»)  (1), economía pública (y dentro de ello formas de economía mixta público-privada), y economía de mercado (y dentro ella distintas escalas de empresa, desde las que ocupan un lugar marginal hasta aquellas que predominan con formas monopólicas y sectores más predominantes que otros).

Intentaremos a lo largo de esta página vamos a ir describiendo los móviles, procesos y resultados de cada una de estas formas de economía plural y finalmente trataremos de plantear ejes y posibles caminos de convergencia hacia “un mundo mejor”.

(1) Respecto de si las cooperativas, como parte integrante de la economía social y solidaria, forman parte o no del denominado «tercer sector» cabe destacar que, según la Universidad Johns Hopkins, no forman parte debido a que reparten beneficios o una parte de sus excedentes.

Las Alternativas a lo Hegemónico

ENFOQUE GENERAL

En una página anterior hemos planteado que en cada época han habido distintas formas predominantes o hegemónicas, pero también coexisten otras formas que responden a otros móviles, procesos y resultados.

Esto se ha dado de distintas formas como por ejemplo:

  • En el ámbito personal y familiar se ha tratado de disociar el mundo “externo” del “interno” propio o familiar. A veces esto no ha sido posible. Vamos a citar sólo dos casos: 1) se supone que en este ámbito debe prevalecer el amor, pero sin embargo desde una cultura patriarcal y machista el referente varón predominante «dispone» -como si fueran objetos o mercancías- tanto de la mujer como de los hijos. Esta sería una de las explicaciones del femicidio, dado que las mujeres no son consideradas como personas autónomas del “poder del macho”;  2) las familias que consideran a los hijos como “una inversión a mediano plazo” que deben proveer un “retorno” de atención a los mayores (no se enfoca desde una reciprocidad en el amor sino como un contrato u obligación económica).
  • En los pequeños grupos desde un enfoque del compartir y de lo comunitario. La pequeña escala humana es una condición “necesaria”, aunque no suficiente, para que se puedan ensayar alternativas al mundo externo. Desde las comunidades religiosas o laicas hasta las ecovillas, buscan esos caminos. Si esto tiene éxito o no, dependerá de los liderazgos que se establezcan, de la composición de los grupos, del contexto en el que les toque interactuar.
  • Bajo modalidades socioeconómicas más extendidas como los burgos que coexistieron un tiempo con modalidades feudales hasta las corrientes de la economía social, de la economía pública (y/o mixta) que fueron coexistiendo -de distintas maneras- dentro de las distintas variedades de capitalismo. Por supuesto estas otras formas vinculadas a una economía mixta o pluraldependerán si son muy marginales, sólo “formas” que encubren un capitalismo “encubierto” o si son realmente diferentes y se mantienen fieles a su origen, objetivos y prácticas específicas. Ello dependerá de un discernimiento micro y caso por caso.

HIJOS DE LA MODERNIDAD

El capitalismo emergió, luego del mercantilismo, en el contexto de la época denominada «modernidad». Las reacciones en esta época fueron principalmente: el arte (por ejemplo la literatura de autores como Charles Dickens), el sindicalismo, la economía social y solidaria, y el socialismo en sus distintas corrientes y variantes.

Aquí sólo analizaremos brevemente el socialismo y sus variantes (1).

EL SOCIALISMO – COMO PALABRA Y COMO DOCTRINA

La palabra socialista se remonta al siglo XVIII. Sin embargo aparece impresa por primera vez en una obra de Giacomo Giulani en 1803. En Francia A. Vinet la emplea para designar el universalismo católico en su periódico Le Semeur en 1831. También el periódico Le Globe la utiliza en 1832 en la crítica de una obra de Victor Hugo para expresar el contenido humanitario de esos poemas.

Como doctrina económica en Inglaterra aparece en 1827 en el Co-operative Magazine. En 1835, bajo los auspicios de Owen, se forjó la “Asociación de todas las Clases de todas las Naciones” que usó la palabra socialismo y socialista en las discusiones que llevaron a su constitución.

En Francia, Leroux lo define en 1833 (contraponiéndolo al liberalismo individualista) como un sistema donde “se pone todo en común”. Lo deriva del término latino “socius”: asociado. En 1847 afirma: “[…] entendemos por socialismo la doctrina que no sacrificará ningún término de la fórmula: Libertad, Fraternidad, Igualdad y Unidad”.

PAISES QUE, EN ALGÚN MOMENTO, SE DENOMINARON O DENOMINAN SOCIALISTAS

Albania, Angola, Argelia, Bangladesh, Benin (ex Dahomey), Bulgaria, Burkina Faso (ex Alto Volta), Cabo Verde, Camboya,  Congo, Corea del Norte, Cuba, Checoslovaquia, Chile, China, Guinea-Bissau, Hungría, India, Laos, Libia, Madagascar, Mongolia, Myammar (ex Birmania), Polonia, República Democrática Alemana,  Rumania, Senegal, Seychelles, Siria, Tanzania, Yugoslavia, Venezuela, Vietnam del Norte.

Y de la ex URSS: Rusia, Ucrania, Rusia Blanca (Bielorusia), Armenia, Azerbaidjän, Georgia, Turkmenistán, Uzbekistán, Tadjikistán, Kazakistán, Kirguistán, Estonia, Lituania, Letonia, Moldavia.

Quien esté interesado en conocer más sobre la historia del socialismo puede consultar, entre otras obras, el libro de Donald Sasson, “Cien años de socialismo”, Ed. Edhasa, Barcelona, 2001.

SOCIALISMO CIENTÍFICO VERSUS SOCIALISMO UTÓPICO

Marx y Engels, en su debate con la economía clásica, buscaron fundar una “ciencia” con su enfoque del socialismo y el comunismo. Lo hacen, no sólo tratando de ser rigurosos y objetivos en su análisis desde el materialismo histórico, sino que también buscan un respaldo en el enfoque evolucionista de Darwin.  M. Rubel en la página 78 del tomo 1 de su obra “Páginas escogidas de Marx para una ética socialista” (Amorrortu editores, Buenos Aires, 1974) menciona la carta que Marx le dirige a Engels el 19 de diciembre de 1860, donde le dice: “He leído de todo, entre otras cosas el libro de Darwin sobre la selección natural. A pesar de su inglesa pesadez, este libro encierra el fundamento biológico de nuestra teoría”. Esto lo vuelve a reafirmar en una carta a Lasalle el 16 de enero de 1861.

El concepto de “socialismo científico” fue acuñado por Engels para diferenciar el socialismo marxista de aquellos que no se basaban en el materialismo histórico. A estos últimos lo denominaron “socialismo utópico”. Sin embargo autores como D. Elson menciona algunos enfoques críticos sobre el poco realismo de Marx (en particular en la esfera del intercambio) y lo incluyen en “lo utópico”.

SOCIALISMO “A” REVOLUCIONARIO O 

SOCIALISMO “B” CAPITALISMO CON UNA INYECCIÓN DE SOCIALISMO

Existen muchas corrientes socialistas, además de las que se vienen de mencionar. Sólo tomaremos dos: el socialismo revolucionario (derivado del marxismo leninismo) y el que Thomas Marshall llama “socialismo B” que es el enfoque gradualista y social-demócrata donde al capitalismo “se le realiza una inyección de socialismo” (el mejor ejemplo serían los países escandinavos a partir de la segunda guerra mundial).

En el caso de Marshall, véase el libro de José Nun “Democracia, Gobierno del Pueblo o Gobierno de los Políticos” (-en particular los capítulos X y XI- de la Ed. FCE, Buenos Aires, 2000) y respecto de esta última corriente la Wikipedia la sintetiza de la siguiente manera:

“El término socialdemocracia apareció en Francia durante la revolución de 1848 en el entorno de los seguidores del socialista Louis BlancKarl Marx lo utilizó en su célebre obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte, cuya primera edición se publicó en Nueva York en 1852, para designar la propuesta política del que llama partido socialdemócrata formado tras las «jornadas de junio» por la unión de la pequeña burguesía democrática con la clase obrera socialista. «A las reivindicaciones sociales del proletariado se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se las despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista. Así nació la socialdemocracia». Según Marx, en esta alianza predominaba la ideología de la pequeña burguesía: «su carácter peculiar» estribaba «en el hecho de exigir instituciones democrático-republicanas, como medio no para abolir los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antagonismo, convirtiéndolo en armonía», o lo que es lo mismo, «la transformación de la sociedad por vía democrática, pero una transformación dentro del marco de la pequeña burguesía».

Sin embargo, según el marxista revisionista alemán Eduard Bernstein, el término había sido acuñado tras la revolución de 1848 por el poeta alemán Gottfried Kinkel. Y lo cierto es que el primer grupo que se autodenominó socialdemócrata fue un partido alemán fundado en 1863 por Ferdinand Lassalle con el nombre de Asociación General de Trabajadores de Alemania (Allgemeiner Deutsche Arbeiterverein) y cuyo periódico se llamó La Socialdemocracia.

Este grupo se fusionó en 1875 con el Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (Socialdemokratische Arbeiterpartei), de inspiración marxista, creado por Wilhelm Liebknecht y August Bebel en 1869, dando nacimiento al Partido Obrero Socialista de Alemania (Sozialistische Arbeiterpartei Deutschands), que años después adoptó el nombre definitivo que mantiene en la actualidad de Partido Socialdemócrata de Alemania (Sozialdemokratische Partei Deutschlands, SPD). El nuevo partido intentó aunar las dos herencias de las que había surgido, la lasselleana y la marxista, mediante el Programa de Gotha aprobado el año de su fundación (1875) pero éste fue objeto de una dura crítica por el propio Karl Marx —en un famoso opúsculo titulado Crítica al Programa de Gotha—. Este decía que a la sociedad sin clases no se podría llegar con «lindas menundencias» democráticas meramente «burguesas», sino tras un período de «dictadura del proletariado» que pusiera fin a la «lucha de clases». En efecto, en el programa de Gotha se recogían objetivos de «raigambre lassalleana» como la «organización democrática del Estado nacional que aceptara reformas concretas como el sufragio universal, la milicia popular, la educación obligatoria o la restricción del trabajo de mujeres y niños», y en un plano más general, la finalidad última del reparto igualitario del poder político, social y económico. Una posición reformista «volcada sobre todo en la acción del Estado».

UNA BREVE SÍNTESIS SOBRE LA EXPERIENCIA SOCIALDEMOCRATA

En el punto anterior hemos mencionado a los “teóricos” del pensamiento socialdemócrata que emergieron a fines del siglo XIX. En cuanto a su puesta en práctica podemos afirmar que varios países del norte de Europa (por ejemplo el caso de Suecia) comenzaron con esta experiencia luego de la revolución rusa de 1917 (tal vez por aquello de que “no nos une el amor sino el espanto” que impactó sobre la burguesía, junto con el crecimiento del proletariado).

Lo que se acaba de mencionar es muy importante dado que estas dos condiciones (en particular por la implosión de la ex Unión Soviética y por la disminución de la clase obrera industrial) no existen más, y sin duda son parte del fenómeno explicativo de su declinación. En el caso del “proletariado” se ha convertido en “precariado” (ver también esta nota) o directamente en excluidos (con el consiguiente resentimiento y búsqueda de un “salvador”). Por el lado del “enemigo potencial” (la extensión de la revolución socialista) no ha sido sustituida por la conciencia de que el “nuevo enemigo (podría cambiarse la palabra “enemigo” por “desafío”) potencial” que se deriva –en especial- sobre el tipo de intervenciones militares como las realizadas originalmente en medio oriente (que dieron origen a ISIS), las hambrunas de África (estos dos últimos hechos con su correlato en migraciones), las grandes desigualdades y marginaciones y el cambio climático por la acción humana derivada de un “crecimiento a cualquier costo”.

También cabe destacar que el estado de bienestar amplió la clase media (al garantizar universalmente las pensiones, la sanidad y la educación), pero –en varios países y con el tiempo- fenómenos de burocratización y de crecimiento –a veces- desmesurado del estado, generó una brecha y desencanto en sectores medios (no así en los que quedaron fuera del sistema) que le fueron quitando legitimidad a este proyecto. Esto fue “capitalizado políticamente” por los sectores de altos ingresos que lograron formar gobierno desmantelando (con distintos grados y según los casos) estos beneficios, dando más incentivos fiscales a los sectores de mayores ingresos para su inversión (impactados por la competencia industrial de China) y canalizando una parte importante del gasto del Estado hacia la carrera armamentística (desde la llamada “guerra de las galaxias” de Reagan hasta el actual presidente de Estados Unidos).

Según autores como Ariel Jerez Novara y Juan Carlos Monedero de la Universidad Complutense de Madrid, agregan otras explicaciones como las siguientes:

“El análisis de la crisis se centraba de manera casi exclusiva en la pérdida de posibilidades electorales de los partidos socialdemócratas, encontrándose ese necesario declive en la conjunción de cuatro problemas (Merkel, 1994):

(1) el bloqueo de la coordinación keynesiana, con la pérdida, merced a la internacionalización de la economía, de la capacidad de los gobiernos nacionales para encarar las crisis económicas y, especialmente, el aumento del paro (Sharpf, 1989);

(2) los cambios en la estructura social de «clases medias», con la caída del empleo en la industria y el crecimiento en el sector servicios, acompañados por la fragmentación de los trabajadores como clase (Alonso, 1994; Ortí, 1992);

(3) la transformación de las preferencias sociales, con la emergencia de los llamados «valores post materiales» (Inglehart, 1977; 1991) o «post consumistas» -ser antes que tener- (Riechmann, 1991) y el surgimiento de nuevos problemas de alianzas; aparición de un nuevo «dilema electoral» entre los habituales votantes de la socialdemocracia (vinculados a la clase obrera tradicional) y los nuevos votantes (orientados hacia los valores post materialistas o post consumistas), así como de novedosos conflictos surgidos a la hora de acompasar diferentes sensibilidades o de lograr un renovado acuerdo corporatista;

(4) la pérdida de la ofensiva en el discurso, motivado principalmente por la caída en desgracia del keynesianismo, eje de la propuesta intelectual socialdemócrata; al tiempo, la renuncia a cualesquiera referencias analíticas marxistas hacía patente la ausencia de explicaciones de carácter global o de paradigmas explicativos alternativos”.

Respecto del tema de si es posible redefinir y actualizar los estados de bienestar -derivados de esta corriente, así como del socialcristianismo (como el de Alemania)- se analiza en esta nota.

SOCIALISMO Y REVOLUCIÓN

En el libro “Revolución, léxico de política” de Maurizio Ricciardi (Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2003, págs. 145 a 155) dice que Marx pasó por tres fases conceptuales asociadas al concepto de revolución, donde –al final- “esta dictadura revolucionaria, que debería coincidir con el proceso de disolución de las leyes de la producción capitalista, muestra el concepto marxista de revolución en su máxima apertura…” Si la “disolución de las leyes” se toma desde un enfoque “institucionalista” se podría decir que Marx sería un “institucionalista de izquierda” donde, tomando el control absoluto del Estado (que se logrará vía el aporte que hace Lenin) y derogando la ley de la propiedad privada de los medios de producción, se ingresaría en una “praxis social” que generaría otra conciencia (el socialismo y luego el comunismo).

La emancipación radical del ser humano, en particular de los explotados (en el caso del capitalismo de la clase proletaria y el “ejército industrial de reserva), pasaría por neutralizar al viejo amo (la burguesía) sacándole el poder socio-económico y político y pasándoselo a “la sociedad”. Aquí viene la cuestión de quien “representa a la sociedad” (un partido, una vanguardia, un líder…) que a través de una autocracia controla la pureza del proceso revolucionario.

EL PODER COMO LUGAR DE DOMINIO NO SE PUEDE SOCIALIZAR

La mayor parte de las revoluciones han buscado terminar con las injusticias. Esto es acorde con un mundo mejor. Sin embargo, cuando el proceso histórico posterior está asociado con la emergencia de una nueva clase, o de liderazgos autocráticos con la consiguiente concentración del poder, la libertad se vuelve a restringir seriamente y la rueda de la historia vuelve a plantear una nueva emancipación.

Si el poder como «sustantivo» relacionado con un lugar de dominio no pasa a ser «verbo» como actitud y acción de servicio, no hay emancipación posible de los quedan enmarcados en el “nuevo esquema de poder”. Por lo tanto la promesa revolucionaria que pasa por la concentración del poder como lugar de dominio y control no resuelve la cuestión de «fondo» de la construcción de un mundo mejor y un postcapitalismo que sea realmente diferente y viable.

INCENTIVOS MORALES MUY ELEVADOS E INCENTIVOS MATERIALES DEMASIADO BAJOS

Al comienzo de la revolución cubana se discutió la cuestión de los incentivos morales y materiales. Viendo retrospectivamente la vida, obra y discursos del Che Guevara se puede concluir que dio testimonio personal de una moral solidaria y revolucionaria muy alta que lo llevó a morir por ella.

Ahora bien, se le puede pedir a la mayoría de los seres humanos que, más allá de épocas excepcionales (un conflicto grave, una calamidad, un contexto muy adverso…), puedan “todo el tiempo” vivir en el sacrificio, el esfuerzo llevado muchas veces al límite, y –por otro lado- con una situación económica muy ajustada y con una “recompensa” material muy baja? Para quienes están en esta situación (y no en el poder del nuevo escenario) la respuesta parece ser negativa.

Modificar esto significa necesariamente regresar al capitalismo y a la vida burguesa? Si no se toman vías alternativas parece ser el destino final de procesos socialistas fallidos (colapsados o del que sólo tienen el nombre).

FINALMENTE

El socialismo, tanto revolucionario como el socialdemócrata, tiene muchas vertientes conceptuales, expositores y experiencias que no es posible analizar aquí.

De toda esta corriente, con sus distintas expresiones, también habrá que analizar qué aportes concretos han realizado para alcanzar un mundo mejor, y cuales se alejan decididamente de este horizonte.

(1) Hay similitudes con enfoques y experiencias como el socialcristianismo (por ejemplo en Alemania), y otros enfoques que no se analizan aquí derivados de los movimientos ecologistas (vinculados a la economía ecológica), el feminismo y su expresión en la economía feminista, etc. 

Consensos Institucionales para Converger a un Mundo Mejor

Hasta ahora los consensos institucionales que se han logrado, a nivel global y en el marco de Naciones Unidas, son los Objetivos de Desarrollo Sostenible que son una continuidad y ampliación de los Objetivos del  Milenio que se plantearon hasta 2015.

Lo anterior está vinculado con acciones de organizaciones no gubernamentales como las relacionadas al “Mundo que queremos”, “Mi mundo”, y  tantas otras miles de iniciativas de personas de buena voluntad, confesiones religiosas, otras ongs, movimientos culturales, sociales y políticos, iniciativas económicas para enfoques y prácticas alternativas en lo económico, entre las principales.

También es importante lo firmado sobre cambio climático en el Acuerdo de Paris, que fuera redactado entre noviembre y diciembre de 2015, y firmado el 22/4/2016, así como posturas en esta temática como la del Papa Francisco en su Encíclica “Laudato Si” o de intelectuales como Naomi Klein en su libro Esto lo Cambia Todo. El Capitalismo contra el Clima  (Ed. Paidós Ibérica, 2015),

Si bien el nuevo Presidente de Estados Unidos se ha manifestado en contra de acuerdos como el que acabamos de mencionar (y se ha retirado del mismo), se considera importante continuar avanzando en llevar adelante e irles dando cada vez mayor precisión a estas iniciativas que nos pueden conducir a un mundo mejor.

En el caso de Argentina esto se ha abordado en notas como esta.

Convergiendo de las Esferas de la Economía Plural

Hemos expresado en otra parte de la página web que hemos adoptado, desde una perspectiva muy amplia, el concepto de economía “plural”. Ello significa que además de tener en cuenta las diferentes variedades de capitalismo que existen en el mundo, hay otras expresiones diversas (también una expresión que se utiliza es el de «economía mixta«). A continuación intentaremos indicar los que serían los mejores lineamientos de convergencia hacia un mundo mejor desde estas distintas esferas:

CONVERGIENDO DESDE VARIEDADES DE CAPITALISMO

  • Al comienzo del capitalismo en Inglaterra se lo denominó capitalismo manchesteriano (por la ciudad de referencia) que era equivalente a una variedad de capitalismo “salvaje” (sin regulaciones, trabajo infantil, muy bajos salarios, polución, etc.). Hoy esta variedad de capitalismo, lamentablemente, sigue existiendo en muchas partes del mundo. Se coincidirá que nos aleja de un mundo mejor, y por lo tanto será necesario introducir las regulaciones adecuadas para –al menos- mitigar los aspectos más dañinos.
  • En el otro extremo tenemos la variedad de capitalismo vinculada a expresiones social-demócratas, como la de los países escandinavos asociados a la denominada economía del bienestar. Sin duda el bienestar forma parte de un mundo mejor, aunque no necesariamente esté vinculado de manera directa a la felicidad (concepto más complejo). Si bien han cambiado las circunstancias en las que estas experiencias nacieron (véase en esta nota “Una breve síntesis sobre la experiencia socialdemócrata”). Como hemos escrito en esta nota habrá que buscar nuevos modos que eviten el crecimiento desmesurado (o sin sentido) del Estado, la burocratización, la construcción de consensos para que las personas y los sectores que más tienen aporten al financiamiento de un nuevo estado de bienestar a escala global (la cuestión de la redistribución progresiva del ingreso para alcanzar los Objetivos Desarrollo Sostenible acordados en Naciones Unidas). Ir hacia un mundo mejor implicará entonces abordar estas críticas en lo interno, y promover nuevas reglas (y posiblemente nuevas instituciones) a escala internacional que valoricen los aportes que estas experiencias tienen.
  • Se pueden mencionar ejemplos donde, dentro de variedades de capitalismo, se da una economía colaborativa aunque algunas vertientes buscan diferenciarse de lo que es la lógica de acumulación capitalista. Algo similar se puede mencionar de los denominados «negocios inclusivos«. Es importante las experiencias de empresas con otros valores (entre las que se encuentran las «empresas con propósito«).
  • Por último ir hacia un mundo mejor conlleva a valorar lo humano (humanismo) en un contexto medioambiental del que formamos parte, y no privilegiar y maximizar un recurso (como el capital) como fin último. Los cambios culturales y tecnológicos pueden ir en esta dirección, aunque no se deben descartar regresiones (por crisis o guerras) o peligros científicos-tecnológicos (como la autonomización de la tecnología sin reglas como las planteadas por I. Asimov).

CONVERGIENDO DESDE LA ECONOMÍA CRIMINAL

Lamentablemente esta economía es una realidad muy significativa en el mundo tanto a nivel de narcotráfico, como la derivada de la corrupción, el tráfico ilegal de armas y personas, la falsificación de marcas, productos y piratería, etc. Ha sido analizada por economistas como Julio Sevares, Luis David Ramirez de Garay y otros. Frente a este fenómeno es fundamental generar alternativas para salir de ella. Además de combatirla ¿es posible generar una re-ingeniería de intereses hacia una economía formal lícita? Algunos ejemplos de que esto es posible:

CONVERGIENDO DESDE LA ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA

A nuestro entender la economía social y solidaria, y las empresas sociales (ver punto siguiente) es, “teóricamente” y desde el punto de vista de la organización socioeconómica de la sociedad, lo que más se acerca a “un mundo mejor” en lo que se refiere a “emprendimientos económicos”.

Si de esta esfera tomamos a las cooperativas podemos afirmar que en el año 2012 formaban parte de ellas en el mundo 1.000 millones de personas, y en países como Canadá –en promedio- 4 de cada 10 personas formaban parte de ellas (en la provincia de Quebec en el año 2010 el 70% formaban parte de una cooperativa).

Si bien los principios del cooperativismo son universales, las razones por las cuales un grupo de personas decide formar parte de una cooperativa son muy diversas. En un documento del Senado de Argentina en las páginas 4 a 6 se hipotetiza que pueden haber diez razones diferentes, entre las principales.

En este ensayo hemos adoptado el enfoque de la complejidad y una mirada más fina y detallada de cada fenómeno. A esto no escapa al fenómeno de la economía social y solidaria donde, sin duda, la mayoría de sus emprendimientos responde a los criterios de los fundadores de esta corriente pero se puede afirmar que hay casos donde esto es “sólo en las formas” (por ej. con poco involucramiento y delegación en los cuerpos gerenciales), en otros casos están muy insertas en modalidades del sistema hegemónico (aquí está la variante de no tener la “agilidad” o “dinamismo” de muchas de ellas), en otros en prácticas fraudulentas (en particular en el sector financiero) y finalmente otras son formas encubiertas de terciarización o de empleo público encubierto.

Por lo tanto ir hacia un mundo mejor desde esta esfera conllevará rescatar el “espíritu y práctica sustantiva” de este amplio movimiento, del que hoy forman parte también las experiencias comunitaristas de pueblos originarios, e ir superando limitaciones y desviaciones como las mencionadas.

EL CASO PARTICULAR DE LAS EMPRESAS SOCIALES Y EXPERIENCIAS SIMILARES (Economía de Comunión, Sekem, etc)

En la parte del “cómo” de este blog hemos mencionado a este tipo de empresas y ongs como Ashoka  (y en Argentina) que las nuclean y promueven. Se puede ver también este documento de la Unión Europea.

Si bien no tienen las características “democráticas” de las empresas cooperativas, son una experiencia sumamente valiosa de organizaciones económicas para un mundo mejor. También cabe destacar casos como la experiencia de las empresas de economía de comunión (ver textos como este), en Egipto la experiencia de Sekem, Commonland y su enfoque de los cuatro retornos, la economía del bien común (y en Argentina), la economía ecológica, las ecovillas,  comercio justo y responsable y otras formas de intercambio, etc.

CONVERGIENDO DESDE LA ECONOMÍA PÚBLICA

En general se asocia al estado, tanto en los países capitalistas como en los socialistas, con “la burocracia”, y por lo tanto a complicar lo que puede ser sencillo, a ralentizar los procesos, a excesivos controles ex ante y no pocos y efectivos controles ex post, a no garantizar la provisión de bienes y servicios eficaces (cobertura de la población objetivo a veces por no contar con recursos y personal suficientemente calificado) y de manera eficiente (mínimo costo evitando el desvío de fondos y exceso de personal en algunas áreas) con  un buen estándar de calidad.

Sin embargo puede no ser así y de hecho hay ejemplos en países capitalistas como socialistas que son el contra-ejemplo de lo que se viene de mencionar. Citaremos sólo tres casos:

Aprender de experiencias como estas, con personal profesionalizado, fuertemente motivado, con remuneraciones y estímulos adecuados, que generan bienes y servicios de alta calidad será fundamental para ir un mundo mejor desde esta esfera.

En situaciones de monopolio natural, en sectores considerados estratégicos para una sociedad, o donde hay fallas de mercado y la empresa privada no ha funcionado correctamente, o donde las organizaciones de la economía social no han podido tomar el lugar de determinados bienes y servicios (en especial públicos) será fundamental que las organizaciones de este tipo de economía tengan procesos transparentes que eviten la corrupción (con severas penas cuando se pruebe), la selección adecuada del personal, su capacitación y formación profesional, así como mecanismos de evaluación que posibiliten una gestión eficaz y eficiente.

Cada sociedad en función de su historia, de su contexto y del mapa de actores que tenga verá cuales son los “bordes” de su Estado. Sin embargo, sí sabemos que cuando se tiende a estatizar todo -porque se pretende “tener todo bajo control”- esto ha generado burocracia, ineficiencia, corrupción y en muchos casos desabastecimiento, teniendo que recurrir a prácticas dictatoriales para sostenerse en el tiempo. Por lo tanto se termina yendo a un “mundo peor”.

CONVERGIENDO DESDE UN ACELERADO CAMBIO CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO

Del que cabe preguntarnos si tenemos que converger de una “economía de plataformas” (¿el sistema capitalista en el siglo XXI?), con la posibilidad de terminar en alguna de las formas que menciona Harari en su libro “Homo Deus“?

Esta convergencia conlleva resolver, entre otros, la cuestión de la tributación de estas plataformas (muchas veces radicadas en paraísos fiscales o países de baja fiscalidad) y los vínculos entre las personas (bajo el formato de «libres» pero «precarias» en cuanto a las relaciones contractuales implícitas y laborales encubiertas). Del mismo modo sería deseable que se diera la posibilidad de que se promuevan “ecoinventos” y que ellos se apliquen fundamentalmente a la economía ecológica a fin de que el sistema sea “sustentable” y no terminemos con la especie humana. Por lo tanto «sin ningún sistema en el que haya humanos«.

¿Estas convergencias desde la economía plural podrán conducirnos a evolucionar e ir hacia variedades de postcapitalismo vinculado con un mundo mejor?