El trabajo en el AMBA

En la primera nota sobre la temática del trabajo afirmábamos que un aspecto relevante es la territorialización del mismo. En esta breve reflexión tomaremos el caso en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) o también denominada Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA).

Podemos afirmar que un área o región está inserta en un contexto espacial más amplio (en este caso la cuenca del Plata y Argentina) e histórico con distintas etapas. De estas últimas podríamos hacer una sintética desagregación en tres etapas: la «ciudad puerto» hasta 1880, la ciudad que se conurbaniza con mayor cantidad de migrantes e industrias (de 1880 hasta mediados del siglo XX) y desde mediados de los 70 la ciudad metrópolis se afirma con su conurbanización pero -a diferencia de los servicios y de la agricultura periurbana- declina la industria y va aumentando la pobreza de menos del 5% al orden de un tercio de la población. Por lo tanto el trabajo irá tomando distintas formas en función de su rol en el contexto nacional e internacional.

De aquí al futuro dependerá del rumbo que tomen las políticas públicas de la Nación, así como de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires, con los Municipios de su conurbano y de otras variables. De estas últimas podemos mencionar la situación de los países vecinos (en especial la economía de Brasil y si habrá nuevas migraciones de otros países latinoamericanos), la situación de las economías regionales de Argentina (si serán expulsoras de población o si -de manera deseable- se pudieran generar polos o proyectos de desarrollo que puedan absorber población del AMBA), el cambio científico-tecnológico (en particular el avance de la automatización y de la «uberización» de la economía), etc.

Organizaciones no gubernamentales como la Fundación Metropolitana vienen abogando por una «institucionalidad metropolitana» entre los poderes (Nación, CABA y PBA) a fin de coordinar de manera más eficaz las políticas públicas de la región y su gobernanza. Se necesita una mejor articulación tanto en temáticas sectoriales (movilidad, residuos, etc.) como en  arreglos institucionales que deberían servir para potenciar servicios vinculados con el circuito cultural-turístico, los clusters de diseño e industria del software (y en general los trabajos del futuro), la economía circular y el cuidado del medio ambiente (en particular la cuenca Matanza-Riachuelo) junto con la cobertura de puestos de trabajo vinculados a distintos talentos. Esto último en distintas ramas y, en especial en capacitación en oficios vinculados al mantenimiento de bienes y distintos servicios. Ello debería ir articulado con una información más fluida que vehiculice la oferta y demanda de trabajo, así como que posibilite una ayuda solidaria más eficaz a las personas en situación de pobreza. También tienen mucha potencialidad a futuro la economía circular (dada la gran cantidad de residuos que se generan en la región y experiencias como las del CEAMSE), la Corporación del Mercado Central en logística para alimentos y para empresas como Mercado Libre o economía del conocimiento (articulando experiencias de distritos tecnológicos en CABA con experiencias en el GBA).

Entre los temas a evaluar vinculados a la población más frágil y vulnerable (además de la capacitación en artes y oficios) está la posibilidad de actividades que generen autosubsistencia -además del intercambio en forma de trueque e iniciativas de economía popular y economía solidaria- están la agricultura urbana (hay varias experiencias que también se muestran en videos o links, y la forestación en calles de frutales aptos ecológicamente y para consumo humano). Un tema no menor es todo lo vinculado al «ocio creativo» que puede comenzar como juego y diversión personal y grupal, para pasar a ser trabajo bajo la modalidad de arte urbano tanto en lo que se refiere a embellecer paredes (por ejemplo para embellecer villas y barrios populares, así como escuelas y lugares de trabajo) como en trovadores urbanos (con modalidad «a la gorra» como hoy hay en el subterráneo, trenes metropolitanos o calles concurridas de la Ciudad de Buenos Aires) que pueden generar un ingreso.

Volviendo a las cuestiones institucionales que den el marco adecuado para la generación de trabajo en el AMBA también se requeriría de que los acuerdos sectoriales que está haciendo la Nación vinculados a la competitividad, puedan articularse con CABA y PBA para los sectores industriales más comprometidos en su sostenibilidad futura (en particular el acompañamiento para diferenciar productos industriales tradicionales) y dar señales claras acerca del rumbo futuro.

Este tipo de iniciativas seguramente ayudarán a converger a un mundo mejor para esta área o región.

Trabajo y Economía Criminal

El periodista y economista Julio Sevares publicó -hace un tiempo- un libro que denominó «capitalismo criminal«. Allí se analizan múltiples modalidades de ilícitos que se dan actualmente en la economía.

Una de las preguntas que podemos hacernos es, además del combate al crimen organizado, si hay experiencias de reorientación e esta economía criminal hacia formas de trabajo que nos lleven a un mundo mejor?

Una primera respuesta podría ser el rol que deberían cumplir las cárceles en cambiar conductas y poder reinsertar a estas personas a la sociedad cumpliendo la ley. Sabemos que es difícil y que estamos -en general- bastante lejos de esta aspiración, pero se deberían hacer todos los esfuerzos pertinentes. Hay muchas experiencias valiosas en países como España, Holanda, Estados UnidosArgentina… y el rol que juega el deporte.

Una segunda respuesta sería profundizar el cambio cultural (como los ejemplos más arriba mencionados) y la implementación de determinadas iniciativas que posibiliten -en la práctica- otras alternativas. En el segundo párrafo de la entrada de este blog denominada «Convergiendo de las esferas de la economía plural«, dábamos algunos ejemplos como los siguientes:

Debería analizarse si se llegara a implementar un ingreso de ciudadanía o ingreso universal (mientras tanto podría ser el ingreso de la economía popular), complementado con enseñanzas de artes y oficios, y aprendizaje de ocio creativo, en especial deporte y música, si esto no ayudaría -en una medida importante- a salir de la economía criminal e ir hacia un mundo mejor.

Mapa de recursos de Argentina y sus resultados productivos

La Argentina, como todas las naciones y regiones del mundo, tiene distintos recursos. En cuanto a recursos humanos se cuenta con una población de 44.271.041 personas en 2018, con una muy baja densidad de población promedio (16 habitantes por Km2), pero con altos indices de concentración en regiones como es la del Área Metropolitana de Buenos Aires. Tiene una tasa de alfabetización alta (más del 98%), pero hay un “analfabetismo funcional” (en comprensión de textos, escritura y cálculo) significativo vinculado con un deterioro importante de la calidad educativa. A esto último se han referido especialistas como Jaim Etcheverry, Alieto Guadagni y muchos otros.

En lo referido a recursos de capital podríamos afirmar que son “medios” en general, muy bajos en cuanto a la inversión y altos en determinados sectores como el agropecuario, la biotecnología y los vinculados a la economía del conocimiento. En lo que se refiere al financiamiento de capital la importancia del sector financiero es baja (14%), con muy altas tasas de interés (si tomamos el año 2019) y con una fuerte evasión de capitales, que –según estimaciones privadas– alcanzaría los U$S 400 mil millones. Ello es producto de su historia.

Los recursos naturales (como se mostrará en los links -con mapas- de más abajo) (1) son abundantes y diversos, lo que da como resultado distintas producciones como las que se ilustran de manera esquemática y simplificada en la imagen de la entrada.

Una fuente relevante para los distintos datos de la Argentina es el INDEC, con sus censos de población, económico, nacional agropecuario, (donde están los cultivos regionales por provincia y una síntesis se puede visualizar aquí), en el portal «sociedad» se cuenta con datos de condiciones de vida, cultura educación, grupos poblacionales, salud, seguridad pública, tecnología, trabajo e ingresos.

En cuanto a la graficación de los datos es útil, en general, la «mapoteca argentina» (también se puede ver este link). En cuanto a lo demográfico se puede ver este mapa o esta información con mapas. En lo referido a mapa cultural es interesante este link. Respecto de mapas de actividades económicas se pueden visualizar en este sitio, así como en economías regionales. Y en cuanto a posibles áreas de inversiones aquí. En lo relativo a «densidad empresarial», la Fundación Observatorio Pyme ha elaborado presentaciones como esta, donde -además de la filmina 11 (donde se puede ver la red ferroviaria y la densidad industrial- en las filminas 12 y 13 se visualiza mejor la densidad territorial de las mipymes. Sobre graficación de cooperativas es destacar este sitio y este.

Es importante visualizar la aptitud del suelo (más técnicamente aquí). de los recursos naturales, de los recursos hídricos, de la matriz energética, de Vaca Muerta, de recursos forestales y de producción forestal, de recursos pesqueros del mar argentino, de energías alternativas, o de bioenergías. Respecto de la cuestión minera en este link del Senado, entrando donde dice «Presentación», las filmina 5 muestra la producción reciente y la filmina 29 la producción potencial.

En lo relativo a mapas turísticos hay sitios de difusión como este, y documentos elaborados como este de regiones argentinas y circuitos temáticos (además de la información oficial).

Los recursos deben ser armónicamente articulados bajo un enfoque de gobernanza y desarrollo, a fin de superar los ciclos de desilusión y desencanto que se vienen presentando en Argentina.

PD: Un amigo de esta iniciativa invitó a escribir sobre este tema, a nivel general y de difusión. Se espera que sea de alguna utilidad también para otras personas.

(1) Con excepción de los datos oficiales nacionales, internacionales o de fuentes privadas serias, el resto debe ser chequeado con informantes y especialistas calificados. La imagen de la entrada es una simplificación muy esquemática al sólo efecto de motivar una lectura más profunda.

 

 

Trabajo en Exceso

Las razones por las que trabajamos «en exceso» pueden ser muy diversas: desde la «adicción» personal al trabajo (porque «nos sirve para tapar otras cuestiones», porque no valoramos otras dimensiones de la vida, porque la organización en la que trabajamos nos incentiva al «multitasking» o pretende llevar la productividad más allá de lo posible (1)  y otras como las señaladas en este link, hasta las vinculadas con lo socioeconómico.

Referidas a esto último también pueden ser diversas:

  • el ingreso, formal o informal, no alcanza para satisfacer un piso mínimo de necesidades personales y/o familiares
  • las condiciones de trabajo (de médicos, profesionales, u otras) hacen que tenga que cumplir muchas horas (presenciales o virtuales), inclusive sábados, domingos y feriados, y sino «no sirvo» o «soy descartado»,
  • el sistema socioeconómico que prioriza la maximización del excedente económico, por sobre todo otro valor, y el «recurso humano» (como si fuera una «máquina») debe ser productivo al máximo,

entre otras situaciones.

Los ejemplos sobre lo que venimos de mencionar son -lamentablemente- abundantes. El diario La Nación menciona «el caso de una periodista japonesa de 31 años que murió luego de trabajar 159 horas extras en un mes volvió a encender la luz de alerta en el país por este fenómeno conocido como karoshi, que deja miles de muertos por exceso de trabajo.» Algo similar, vinculado con gran estrés, sucede en China según esta nota con la cultura del «996» (trabajar 9 horas por día, 6 días a la semana). En esta línea están situaciones de suicidio o de «burnout«.  Otros enfoques, como el de José Miguel Amiune, relacionan los fenómenos de la depresión con el pasaje de la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento del siglo XXI. En esta nota se la relaciona con el enfoque de «recursos humanos». La competitividad (como rivalidad) se plantea por encima de «ser competentes» dando lo mejor de nosotros mismos sin forzar nuestro cuerpo y nuestra psiquis. También está en línea con la «sociedad del cansancio» (en especial con la autoexigencia en el estudio y en el rendimiento en el trabajo) en Corea del Sur, según el filósofo Byung Chul-Han.

Cambiar de enfoque y de prácticas, a nivel personal y sistémico, es fundamental para resolver esta cuestión. Sabemos que no es fácil. Que «lo sistémico» nos aparece como una «jaula de hierro» pero la humanidad ha ido evolucionando con retrocesos y avances hacia un mundo mejor. La posibilidad de un mundo peor no está para nada descartada (por momentos y, por ejemplo, muy cercana con las amenazas de guerras y con el cambio climático) pero si queremos darle a nuestra libertad positiva un sentido vinculado a la sabiduría y a la felicidad, debemos hacerlo.

(1) Ha sido mostrado en películas como «Tiempos Modernos«, y también -pero relacionado con el modelo chino aplicado a países como Estados Unidos- ha sido abordado en esta nota de Jorge Sigal, comentando el film «American Factory«. En cuanto a realidades en Argentina, se puede ejemplificar con el caso de choferes ómnibus de larga distancia en Argentina que no descansan lo suficiente y las consecuencias trágicas que ello genera.

 

Desertificación y cambio climático: ¿se puede hacer algo?

Sabemos que el manejo de suelos y la deforestación son causas relevantes en el proceso de desertificación. A ello hay que agregar las consecuencias del cambio climático con el proceso de incremento de la temperatura promedio a nivel global y la paulatina desaparición de los glaciares y cumbres nevadas. Ello tiene gravísimas consecuencias «aguas abajo» en el proceso de desertificación de los suelos. Un caso que ya aparece como extremo en Australia o también en Chile.

En una interesante nota de Silvia Naishtat sobre el caso específico de la meseta patagónica señala «la falta de agua, los pastos no crecen, las ovejas son cazadas por pumas y zorros colorados y hay millones de de hectáreas de campos abandonados….Sólo en Santa Cruz se calculan 9 millones de hectáreas abandonadas sobre 22 millones de hectáreas destinadas a la ganadería. Otro tanto ocurre en Chubut». Entre las distintas consecuencias económicas señala que «de acuerdo con Carlos Epper, CEO de a Asociación de Criadores de Merino, la Patagonia llegó a contabilizar 80 millones de ovejas.En 2019 no llegan a 12 millones. Eran 14,5 millones en 2003. Así las cosas, el país no tiene stock suficiente y puede perderse una oportunidad única. La lana representa el 3% de la fibra textil que se utiliza en el globo, por lo que tendría mucho margen para crecer en participación ante consumidores cada día más amigos de las fibras naturales».

Según esta nota y frente a la desertificación de 650.000 has por año, se destaca «que desde el Estado se ha desarrollado un Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación (que depende del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación), cuya finalidad es cuantificar la naturaleza y la severidad de los impactos de estos fenómenos para construir capacidades de intervención que permitan atenuar estas consecuencias». Para ello este Observatorio fija «siete aspectos centrales en el Manejo Sostenible de Tierras: la conservación del suelo; la regulación hidrológica y la conservación de la calidad del agua; la conservación de la biodiversidad; la fijación de emisiones de gases con efecto invernadero; contribuir a la diversificación y belleza del paisaje; conservar la identidad cultural; y evitar la contaminación». Entre sus actividades viene desarrollando una serie de talleres.

Entre las preguntas que podemos hacernos es si el cambio climático sigue avanzando -como todo parece que será así-  y el panorama será cada vez peor (1) ¿se puede hacer algo más «radical» o significativo al estilo de los proyectos de obras públicas que se planteó Sarmiento, o la regulación de las cuencas propuestas por Ameghino, en el siglo XIX? ¿o países como Holanda con el manejo del agua? (2) Entre las ideas a explorar (3) sería la de realización de estudios para evaluar la factibilidad ambiental y económico-social de construir acueductos de la cuenca del Paraná (4) hacia las zonas en proceso avanzado de desertificación de Argentina. Algo también ha evaluar, en especial en cuanto a monto de la inversión, tecnología accesible y capacidad de repago de la misma, son iniciativas como esta de China que combinan energía solar y riego en zonas áridas, o esta.

Si lo anterior fuera factible, nos permitiría poner en valor vastos territorios actuales así como generar repositorios de agua en economías regionales que pueden estar amenazadas en el futuro (por ejemplo las que producen vino, frutas, legumbres, etc.) por la falta de agua que fluye del deshielo de lo alto de la cordillera de los Andes. Sería una medida sensata a encarar -además de políticas a distintas escalas- y nos puede ayudar a no ir hacia un mundo cada vez peor (5).

(1) Ver por ejemplo los incendios en Australia, la costa oeste de EEUU o en la provincia de Córdoba hacia finales de septiembre de 2020. También se debe incorporar que, en el caso de la región y de Argentina, el corrimiento -hacia el oeste- de la isohieta de 600 mm. hace que -cuando no hay sequía- se puedan producir productos como soja o similares, que antes no era posible. 

(2) Por no citar antecedentes históricos más antiguos como la maravilla en ingeniería de los acueductos romanos, a través de los cuáles se proveía del agua necesaria a las ciudades e industrias del Imperio; el Acueducto de Kávala o el Túnel de Eupalino en Grecia y más cercano a nosotros, en el Cusco, Perú, los acueductos construidos por los Incas,  para recuperar e irrigar de forma subterránea y también superficial a través del Valle de Nazca.

(3) Que podrían realizarse por parte del Consejo Federal de Inversiones, o en el marco del acuerdo con Holanda, así como con fondos internacionales o privados. Estos últimos podrían articular el costo de los estudios y la ejecución de las obras con el cobro de regalías por puesta en valor de las tierras irrigadas (se podría pagar en productos como kilos de lana u otros, al igual que se hace con el plan canje cereales en otras regiones, o asociándose con la cadena de valor de los productores favorecidos). También habría que estar atentos a cambios tecnológicos como este.

(4) Cuenca, en general, superavitaria de agua y que genera inundaciones cíclicamente en las Provincias del litoral. De todos modos no es el caso en el año 2021 y posiblemente en 2022. También habría que hacer una revisión de la calidad de esa agua para eliminar la posible existencia de pesticidas o elementos perjudiciales para la vida. La alternativa de usar agua desalinizada del mar se considera -a priori y hasta el momento- más costosa que la alternativa señalada de bombear agua dulce. De todos modos ha surgido un invento que ha generado expectativas y que habrá que ver su costo cuando se produzca a gran escala.

(5) Una actualización de esta temática, y en especial sobre paliativos a emprender, se puede visualizar en esta nota.

Trabajo Decente

Según la Organización Internacional del Trabajo: «trabajo decente es un concepto que busca expresar lo que debería ser, en el mundo globalizado, un buen trabajo o un empleo digno. El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo; no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social y el tripartismo.

En 1999, Juan Somavia –primer director general de la OIT (fundada en 1919) proveniente del hemisferio sur– presentó su memoria «Trabajo decente» . En ella introduce el mencionado concepto, caracterizado por cuatro objetivos estratégicos: los derechos en el trabajo, las oportunidades de empleo, la protección social y el diálogo social. Cada uno de ellos cumple, además, una función en el logro de metas más amplias como la inclusión social, la erradicación de la pobreza, el fortalecimiento de la democracia, el desarrollo integral y la realización personal».

La OIT ha avanzado en medir el trabajo decente (ver también documentos relacionados) en distintos países (incluida Argentina), así como desarrollar programas al respecto. También se lo ha incluido en la Agenda 2030 de desarrollo sostenible de Naciones Unidas. En esta línea está lo expresado por Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, el Día mundial de la justicia social de 2014: «la experiencia nos enseña que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente. Debemos hacer más para empoderar a las personas gracias al trabajo decente, apoyarlas a través de la protección social, y garantizar que las voces de los pobres y los marginados sean escuchadas.”

De todos modos falta vincular, de manera efectiva, trabajo decente con globalización. El rol de ongs y voces que denuncian situaciones de trabajo infantil, trabajo esclavo, trabajo en exceso…. deben ser acompañadas de inspecciones de organismos internacionales como la OIT y sanciones a los países que presenten estas situaciones por la Organización Mundial del Comercio. Las declaraciones, buenas intenciones y programas no alcanzan para fijar un piso mínimo de dignidad humana y de relaciones de intercambio entre los países que vayan evolucionando a un comercio justo y un mundo mejor.

 

La Propiedad

Es un tema muy antiguo. Recientemente ha tomado una relevancia particular por algunas noticias internacionales y de países como Argentina (1), entre dos tipos de propiedad: la privada y la comunal (de los pueblos que toman denominaciones como originarios, ancestrales o aborígenes previos a la llegada del hombre blanco). En esta nota intentaremos precisar algunos conceptos.

Sabemos que los primeros grupos humanos compartían territorios (que iban cambiando en función de las condiciones ecológicas de los mismos) y alimentos a partir de lo que cazaban y recolectaban. Con el nacimiento de la agricultura en el Neolítico, se van delimitando los territorios donde aparece la propiedad común, se va perfilando una división del trabajo que se irá profundizando y un excedente. Dada esta mayor complejidad organizacional, se va pasando de un rol materno a uno patriarcal, y de una horizontalidad irán emergiendo liderazgos (caciques y sacerdotes) que también irán tomando cada vez mayor relevancia en el «cómo» se institucionalizará y gestionará la propiedad común (y que hoy adopta también la denominación de comunal en aquellas comunidades originarias que son realmente tales). Estos inicios han sido detallados en textos como «El origen de la propiedad, la familia y el Estado» de Engels, quien -a su vez- se basó en un texto del antropólogo Lewis H. Morgan. En el texto de Engels, en la página 88, dice “…Nada sabemos gasta ahora de cuando y como pasaron los rebaños de propiedad común de la tribu o de la gens a ser patrimonio de los distintos cabezas de familia; pero, en lo esencial, ello debió de acontecer en este estadio…”

Después ha tenido un largo derrotero hasta la actualidad con jalones importantes como con el derecho romano. De este largo derrotero sólo quisiéramos mencionar algunos puntos: las diferencias entre Platón y Aristóteles, y entre Marx y Proudhon, la aparición de la economía social, Locke y Fromm.

Aristóteles, en su texto La Política (Libro II, Capítulo II, Continuación del examen de “La república”, de Platón”), critica a Platón por su enfoque de la propiedad común (o comunidad de bienes) y propone combinar la propiedad privada y la mancomunidad (entre quienes tienen propiedad). Según Aristóteles «las explotaciones, estando todas ellas separadas, no darán origen a contiendas; prosperarán más, porque cada uno las mirará como asunto de interés personal, y la virtud de los ciudadanos arreglará su aplicación, de conformidad con el proverbio: «entre amigos, todo es común». Aún hoy se encuentran rastros de este sistema en algunas ciudades, lo cual prueba que no es imposible; sobre todo en los Estados bien organizados o existe en parte o podría fácilmente completarse. Los ciudadanos, poseyéndolo todo personalmente, ceden o prestan a sus amigos el uso común de ciertos objetos…»

En la modernidad, para autores como J. Locke , Dios creó el mundo, Dios dispuso de la propiedad común, y por ende Dios define la propiedad particular de cada individuo según el “trabajo” que realice sobre el estado común de la naturaleza.

Además del avance de la propiedad privada en la modernidad, hay un enfoque que retoma «lo común» bajo una de forma de propiedad (2) y de gestión de «economía social» (en particular el cooperativismo, y hoy en día otras modalidades de economía solidaria). Es el caso de los Pioneros de Rochdale y Robert Owen. Según la Alianza Cooperativa Internacional en la actualidad hay -aproximadamente- mil doscientos millones de personas que pertenecen a algún tipo de cooperativa y más de tres millones de cooperativas.

En esta etapa histórica, y desde la izquierda, tenemos el debate entre uno de los padres del anarquismo, como Pierre-Joseph Proudhon, a partir de su libro «¿Qué es la Propiedad? Investigaciones sobre el principio del derecho y del gobierno”, (donde menciona la famosa frase acerca de que «la propiedad es un robo»), y Carlos Marx, donde en su texto «Miseria de la Filosofía». entre otras cosas, dice“… Por lo tanto, el señor Proudhon reconoce su incapacidad de comprender el origen económico de la renta y de la propiedad. Confiesa que esta incapacidad le obliga a recurrir a consideraciones psicológicas y morales, que, estando en efecto remotamente relacionadas con la producción de la riqueza, guardan, en cambio, una conexión muy estrecha con la exigüidad de sus horizontes históricos. El señor Proudhon afirma que el origen de la propiedad tiene algo de místico y de misterioso. Ahora bien, ver misterio en el origen de la propiedad, es decir transformar en misteriosa la relación entre la producción misma y la distribución de los instrumentos de producción, ¿No equivale acaso, hablando con el lenguaje del señor Proudhon, a renunciar a toda pretensión en ciencia económica?…”  Aquí se observa, en el contexto de la modernidad, la insistencia de Marx por «objetivar» los fenómenos.

Sobre esto último, y en base a la nota de Eduardo Fidanza mencionada al final de la llamada (1), este dice: «…Me detendré brevemente en dos de estos desprejuiciados: Joseph Proudhom, el socialista devenido anarquista, y John Stuart Mill, el liberal utilitarista. No pudieron tener un origen más desigual: uno fue hijo de una humilde pareja de campesinos franceses; el otro, tuvo un padre intelectual y nació en una acomodada familia londinense. Ambos, sin embargo, poseyeron una pasión común: el profundo amor a la libertad y la convicción de que en torno a ella se construiría una sociedad mejor. La posición de Proudhon sobre la propiedad privada no le hace justicia. Su célebre proclama “la propiedad un robo” sepultó para la posteridad el discernimiento con que enfocaba el asunto. En realidad, su preocupación fue el equilibrio entre la posición privada y el derecho colectivo, que la propiedad irrestricta e improductiva alteraba. Debía garantizarse la propiedad privada de la tierra y aun la herencia, pero solo para los que la hicieran proliferar. Con Saint Simon, Proudhon creía que la sociedad debía organizarse en base al trabajo, no a la especulación. Stuart Mill, un liberal de frontera como se lo ha llamado, no estaba lejos del francés. Reformista, defensor del cooperativismo y la educación popular, arremetió contra la idea esencialista de la propiedad –“la propiedad es sagrada”– para puntualizar que era un derecho individual que sin embargo no podía entorpecer la equidad social. La cuestión para Mill como para Proudhon fue la ecuanimidad entre libertad y justicia que posibilitara una sociedad armónica. Un socialista libertario y un liberal con ideales sociales modelados antes por la sensibilidad que por la ideología. El desequilibrio entre libertad individual e interés social, anticipada por estos clásicos, posee otra manifestación que quisiéramos mencionar aquí, acaso para ayudar a pensar a los que con cierta ingenuidad proclaman en las calles la defensa irrestricta de la república. Hablamos del desfasaje entre las cuestiones constitucionales y el orden económico. O, con más precisión, de la vigencia de las constituciones políticas en contextos signados por severas desigualdades económicas…»

Uno de los que va a «subjetivar» este fenómeno es Erich Fromm, en su libro » Tener o Ser«. Pone relevancia en «ser» (destacando, por ejemplo, al Maestro Eckhart) y diferencia un «tener existencial» (todo lo que nos permite el desarrollo de una vida digna, y podríamos decir feliz) del «tener caracterológico» (relacionado con la posesividad y el dominio). En esta línea, y vinculado al papel del deseo (de consumo, de apropiación, de seguridad vinculado al tener…) expondrá Christian Arnsperger en su «Crítica de la Existencia Capitalista». Ligado a este último enfoque está la cuestión del desapego y la «no propiedad» (en el sentido del «tener caracterológico»).  El marxismo no visualizó la significativa relevancia de esta dimensión y consideró que «tomando el Palacio de Invierno», aboliendo la ley de la propiedad privada y estatizando todo (bajo el nombre de «socialismo»), iba a resolver definitivamente la cuestión de «la propiedad». Terminó creando una nueva clase, burocratizando el sistema y generando nuevas variedades de capitalismo.

Volviendo al tema inicial todos tenemos un mismo origen humano, con distintos aportes genéticos, como lo demuestra el avance en los análisis del ADN (actualmente existen muchas compañías que hacen este rastreo). Es importante conocer nuestros orígenes, y valorarlos, pero también poder armonizar el origen con un destino común. Este último si podemos hacer realidad la fraternidad y de la amistad social. Además debemos incorporar la cuestión «del uso» que hacemos de aquello que poseemos y por lo tanto la modalidad, destino y efectos de la gestión (o el «cómo»). A los efectos prácticos, referentes como Elinor Ostrom señalan que no importa tanto el quién detenta la propiedad, sino el cómo ella se gestiona.

Ojalá podamos pasar del tener caracterológico al tener existencial, así como converger a un postcapitalismo del cuidado y del compartir que nos permita cada día «ser más», tanto en lo personal así como Humanidad. Ello nos conducirá a un mundo mejor.

(1) A octubre de 2020, con motivo de la toma de un campo en la provincia de Entre Ríos (a raíz de un conflicto familiar), en la provincia de Buenos Aires (entre ellas la de localidad de Guernica), además de otras provincias, se escribieron notas como esta por parte de Rogelio Alaniz (entre otros temas aborda la cuestión de la propiedad) y esta por parte de Eduardo Fidanza.

(2) Karl Polanyi señala que la diferencia entre una economía capitalista y una economía socialista es la forma de institucionalizar el capital, es decir si la propiedad de ese capital se ha institucionalizado bajo forma privada (accionistas) o social en el caso del socialismo. Esto último habría que desagregarlo en dos: en la corriente socialdemócrata y de experiencias cooperativas se expresa como «propiedad social» (algunas corrientes lo expresan como «economía del trabajo» o bajo formas de cooperativas de trabajo (autogestionados) o de productores asociados, o «de los usuarios» cuando son cooperativas de servicios públicos o de consumo), en cambio en el caso del «socialismo revolucionario» es a través del Estado (con la excepción de un período de la experiencia de la ex Yugoslavia y de Tanzania, con la «autogestión») y, por lo tanto, como expresión de propiedad pública, colectivismo burocrático y similares (que incluyen el capitalismo de Estado). El tema de la propiedad común lo hemos abordado también en esta nota (ya mencionada más arriba).

El trabajo al margen de la población «económicamente activa»

Entre los que no forman parte de la población económicamente activa o «en edad de trabajar», están los denominados «pasivos» (jubilados o pensionados) y los niños y jóvenes, entre otros. En general se los denomina «población económicamente inactiva» como la define este glosario editado en España, y se muestra en la imagen de la entrada (por lo tanto no están contemplados los desempleados ni los subocupados).

Esta definición requiere de varias precisiones. El no considerar trabajo a las tareas del hogar, es un enfoque muy restringido y muy criticado especialmente por la economía feminista y del cuidado. Por su parte es correcto indicar que los jóvenes deben estudiar y no trabajar. Sin embargo hay modalidades de estudio y de práctica profesional (en una empresa), como el sistema de educación dual, que son extremadamente valiosas en la articulación estudio-práctica-trabajo, en la medida que sean genuinos y no se tergiversen.

La temática del envejecimiento fue abordada en este blog por Julieta Oddone. En el marco de lo allí señalado podemos afirmar que luego de la jubilación o pensión (y de un merecido descanso de la vida laboral), muchas personas desean seguir estando «activas». Ello se produce por el alargamiento de esperanza de vida, por sentirse saludables y querer sentirse «útiles», pudiendo adoptar distintas modalidades desde actividades de cuidado de niños, mentores en campus universitarios y programas seniors de voluntariado, así como los que hemos abordado en esta nota.

Consideramos que tanto el sistema de educación dual para jóvenes como las actividades socialmente útiles para adultos mayores, aquí descriptas son muy valiosas en orden a construir un mundo mejor.

 

 

 

El trabajo como alienación

Entre las definiciones de alienación está la que se considera como pérdida o carencia de mundo, para describir al individuo que no se siente involucrado, concernido o implicado. Para Marx “la enajenación (o “extrañamiento”) significa entonces que el hombre no se experimenta a sí mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo (la naturaleza, los demás y él mismo) permanece ajeno a él”.

En el caso de la psicología, la alienación es un estado de la mente que se caracteriza por la ausencia de la percepción de la identidad propia o por un distanciamiento de la realidad. Alguien bajo los efectos de un estupefaciente puede estar alienado.

En esta nota se entrevista a Andrés Hatum y se hace una breve presentación de su último libro Fragmentados (Vergara), cuyo subtítulo, Breve historia de cómo el trabajo nos arruinó la vida. Sostiene que «desde que dejamos de ser recolectores y empezamos a ser también agricultores, sonamos. Fue la peor decisión que tomó la humanidad. A partir de ahí la calidad de nuestra vida se reventó. Solo el 10% de la población considera que es feliz con el trabajo que hace y el 33% dice que es absolutamente infeliz. Muchos aseguran que el trabajo es la nueva esclavitud y esto quedó en evidencia luego de la pandemia… Antes de la revolución del Neolítico, 12 mil años atrás, la actividad básica de los humanos era procurarse alimentos a través de la caza y de la recolección. La afirmación de que es el peor error en la historia es de Jared Diamond, fue él quien sugirió que, estúpidamente, los humanos cambiamos la vida nómade de ocio y tiempo libre donde sobraba comida por una vida de trabajo duro».

Más adelante indica que «no todo trabajo dignifica. Hay trabajos horrorosos, y mucha gente no tiene opción más que hacerlo o morir de hambre. Pienso en fábricas con gente hacinada, trabajos repetitivos, infrahumanos, eso no dignifica, espanta. En el libro cito a la historiadora Emma Griffin para ejemplificar como la calidad de vida se deterioró con la Revolución Industrial (“No es la pobreza o la enfermedad, sino el mismo trabajo el que echó un manto de oscuridad durante la Revolución Industrial”). Eras un esclavo moderno, en muchos lugares todavía lo son». Esto se expresa en la imagen de la entrada.

Reconoce que la pandemia tuvo algo de positivo: «la gente quiere mantener algo de lo que se ganó en ese tiempo y que, además, demostró que se puede ser productivo desde cualquier lugar. Por eso, hoy se habla y se apuesta por un trabajo híbrido, que llegó para quedarse y puede ayudar a mejorar la calidad de vida y trabajo. La oficina es un buen lugar para trabajar en colaboración, pero ya no es el espacio para vegetar».

El trabajo, es una dimensión muy importante y digna de la vida (como se ha tratado de destacar en esta sección) pero debe evitarse la situación de alienación que puede producirse, en determinadas situaciones.

El trabajo como sisifemia

En esta entrada hemos intentado abordar, desde distintas perspectivas, la cuestión del trabajo. En esta reflexión lo haremos desde el enfoque referente al trabajo sin sentido (más allá de recibir un ingreso o estipendio por el mismo).

En esta nota se señala que «en el mundo laboral actual, cada vez más profesionales experimentan una sensación de esfuerzo constante, donde el trabajo parece una tarea perpetua y, a veces, infructuosa. Esta sensación ha sido bautizada «sisifemia», en alusión al mito de Sísifo, quien fue condenado a un ciclo interminable de cargar una roca cuesta arriba, solo para verla caer una y otra vez.

El mito de Sísifo narra la historia de un hombre que desafió a los dioses y, como castigo, fue condenado a cargar una roca hasta la cima de una montaña, solo para verla caer una y otra vez. Esta tarea, aparentemente sin fin, simboliza la naturaleza repetitiva y aparentemente fútil de ciertos esfuerzos en la vida. En el ámbito laboral, la Sisifemia se manifiesta en tareas que parecen no conducir a un resultado duradero o significativo, a pesar del esfuerzo continuo.

En 2022, José Manuel Vicente, director de la Cátedra de Medicina Evaluadora Pericial de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), identificó y denominó esta nueva patología laboral. El término «Sisifemia» captura la esencia de la repetición constante y el sentimiento de futilidad que a menudo acompaña a ciertas labores laborales.

La falta de confianza en uno mismo puede llevar a una constante búsqueda de validación a través del trabajo, mientras que la hiperexigencia puede generar una presión constante por alcanzar estándares poco realistas. Ambos factores pueden contribuir a un ciclo de esfuerzo incesante y autoexigencia desmedida».

La autora de la nota aconseja «afrontar la sisifemia requiere priorizar tareas establecer límites para evitar la sensación de trabajo constante; fomentar hábitos de salud física y mental para mantener un equilibrio entre trabajo y vida personal; y establecer metas realistas, con objetivos alcanzables. Luego, los logros, por pequeños que sean, deben celebrarse». Todo ello más allá de la importancia de repensar o hacer una reingeniería del trabajo sin sentido hacia otro que sí lo tenga.