¿Economias Desequilibradas y Enfermas?

La idea de equilibrio viene desde la antigüedad, y es aquella condición de la materia (o de un cuerpo) que le permite ser estable con respecto a las fuerzas con las que interactúa en el espacio donde se encuentra. Toma características específicas en la economía clásica, luego es formalizado en la economía neoclásica como teoría del equilibrio general por León Walras. En cuanto al concepto de equilibrio, hoy sabemos que -según autores como Ilya Prigogine– es una situación muy particular, y lo que predomina dinámicamente es el desequilibrio y el caos (como «n» situaciones).

Coincidiremos que la desarmonía y el desequilibrio en la relación entre personas, sectores, regiones o países no es deseable y es fuente de conflictos, muchas veces violentos. Toma, en general la forma de desigualdad y por lo tanto de injusticia. Si el enfoque es reparar estas injusticias se requiere jugar la libertad positiva en acciones afirmativas o re-equilibradoras. En esta reflexión haremos referencia a un caso particular vinculado al título de la nota, con especial enfoque al caso argentino.

Relacionado con lo que venimos de mencionar, esta temática ha tenido múltiples aplicaciones en economía, como es el caso de las «estructuras productivas desequilibradas» (EPD) que desarrollara particularmente el ingeniero, empresario y economista argentino Marcelo Diamand. Ha escrito numerosas publicaciones y libros, y en un acto en su honor del 8/7/2011 se presentó el libro «Ensayos en Honor de Marcelo Diamand» por parte de sus compiladores (Pablo Ignacio Chena, Norberto Eduardo Crovetto y Demián Tupac Panigo) donde se sintetiza, comenta y actualiza su análisis de manera muy rigurosa y precisa en cuanto a sus principales aportes.

No nos es posible sintetizar 349 páginas del libro mencionado, pero glosando algunos capítulos, podemos afirmar que «la EPD es una forma específica de heterogeneidad estructural. De acuerdo con este punto de vista específico, Argentina muestra un desequilibrio estructural entre la productividad del sector primario exportador y la productividad industrial (Diamand, 1986). La opción por la industrialización implica precios industriales superiores a los precios internacionales. Sin embargo, el tipo de cambio se basó en los costos del sector primario, que por razones naturales (fertilidad, etc.) es el más productivo».  Más adelante en el Capítulo 4 se dice que «en tal contexto, con base en el tipo de cambio «pampeano» (hoy se trataría de un tipo de cambio «sojero-financiero», ver Curia, 2008), cuando se traducen en dólares, los precios industriales resultan superiores a los internacionales. Enseguida Diamand aclara un gran malentendido. Distintos analistas han tendido a explicar la carencia de exportaciones industriales y los más altos precios fabriles como resultante de una presunta «ineficiencia» del sector industrial. En verdad, la industria no es que no exporta por ser «ineficiente» sino porque no puede competir con la productividad «natural» del agro, del mismo modo que «los altos precios industriales en Venezuela se deben a la incapacidad de la industria local de competir con el petróleo venezolano y los altos precios industriales chilenos a su incapacidad de competir con el cobre chileno» (Diamand, 1972: 9). ¿Por qué el tipo de cambio se fija en base al sector primario? Este es el tipo de cambio «natural» al momento de lanzarse la industrialización. Las exportaciones argentinas son exportaciones agropecuarias (no hay otras). Por ende la paridad cambiaría refleja este hecho. Sin embargo, el problema persiste: ¿por qué una vez iniciada la industrialización, cuando ya existe un incipiente sector industrial, el tipo de cambio no se fija en niveles «pro-exportaciones industriales»?»

En el centro de las propuestas de Diamand para resolver la EPD estará la fijación de tipos de cambios múltiples a través de derechos de exportación favoreciendo las exportaciones industriales, junto a una política de sustitución de importaciones, y otros instrumentos de política. En el capítulo 10, página 159 del libro mencionado, Jorge Remes Lenicov explica que «los derechos de exportación no están prohibidos y respetan lo establecido por GATT/OMC en 1994. Esto explica porque son aplicados por algunos países desarrollados (Canadá, Noruega y Nueva Zelandia) y muchos países en desarrollo (Indonesia, China, Rusia, India), básicamente para los productos agrícolas y pesqueros».

Tener en cuenta lo anterior conlleva a «salir del péndulo de Diamand» de la historia económica argentina, entender -desde un punto de vista racional- la complejidad sistémica de una estructura productiva heterogénea como la Argentina (Capítulo 3, del libro mencionado) donde sus características hacen que el sector más productivo sea a la vez el proveedor de bienes salario en el mercado interno (a diferencia de Bolivia y otros países donde la minería es preponderante) por lo que el valor en dólares y el tipo de cambio sean cruciales para los precios internos (y por lo tanto en el nivel de inflación). El problema, según nuestro entender, fue que la instauración de derechos de exportación luego de la salida de la convertibilidad (como en otros momentos de la historia argentina) tenían «lógica» dado el gran salto devaluatorio que implicó su salida, pero luego se utilizó de manera discrecional y abusiva que tuvo un momento crítico con el conflicto de la llamada «Resolución 125» y su rechazo en el Congreso. Además de este tema puntual ha habido mucho debate sobre como afrontar esta problemática y hay análisis críticos de este enfoque como el que hizo Santiago Chelala.

El fenómeno de la EPD tiene similitudes, aunque no es lo mismo, con la denominada «enfermedad holandesa» (imagen de la entrada, a la que se le dio ese nombre por el impacto que tuvo la generación de riqueza y gran entrada de dólares por el descubrimiento en el año 1959 y explotación por parte de Holanda de yacimientos de petróleo en el Mar del Norte) o «maldición de los recursos naturales» que hemos comentado en otra entrada. Esto es mencionado en el libro de referencia (en la Introducción, por Aldo Ferrer y Jorge Remes Lenicov) planteando su carácter pasajero como «enfermedad» y la diferencia si afecta a países desarrollados o en vía de desarrollo. También es mencionado por Joseph Stiglitz, en un articulo de 2005 («Making natural resources into a blessing rather than a curse». En Schiffrin, A., y Svetlana Tsalik, A. (Eds). Covering Oil: A Reporter’s Guide to Energy and Development. New York: Open Society Institute) donde propone cambiar el enfoque de «maldición» por el de «bendición» en la medida que se instrumenten un conjunto de políticas económicas que él sugiere (por ejemplo crear fondos de estabilización como hicieron Noruega y otros países).

Como síntesis, y teniendo como trasfondo el caso argentino, nos animamos a decir:

  • la enfermedad holandesa, o los fenómenos descriptos por ese nombre, son reales y deben ser tenidos muy en cuenta, en especial si se desarrollan de manera significativa -por ejemplo- recursos asociados al yacimiento de Vaca Muerta o si el valor de los granos de soja se incrementan significativamente en el mercado internacional,
  • en el año 2024 se la ha aplicado en notas como esta, También se la aplicado a las provincias en trabajos como este: “Enfermedad holandesa en las jurisdicciones subnacionales: una explicación del estancamiento Marcelo Capello y Alberto Figueras. Revista Cultura Económica Año XXV • No 69 • Agosto 2007: 15-24” que se encuentra en internet.
  • la estructura económica económica desequilibrada se da en muchos países, y entre ellos -de manera particular- en la Argentina. Ha sido muy analizada por Marcelo Diamand y colaboradores, tal como se especificó más arriba. Es fundamental tenerlo muy presente tanto a nivel de diagnóstico (en sus implicancias productivas y distributivas) como de propuestas de política económica.
  • En cuanto a las propuestas de política económica, los derechos de exportación tienen una larga tradición en Argentina hasta la actualidad. Lamentablemente la extracción de una renta excesiva al sector agropecuario durante el ex IAPI (que Perón revisó conceptualmente en 1973) hasta las políticas llevadas a cabo por Guillermo Moreno durante el gobierno de Nestor y Cristina Kirchner, tuvieron como resultado no sólo la «no inversión» (como el caso del sector energético) sino también la desinversión (como el caso de la liquidación de vientres del sector ganadero) por citar sólo dos ejemplos. Cuando fue (o se visualizó) como excesiva o expropiatoria tuvo efectos muy indeseables para la economía.
  • En el marco de lo anterior es difícil un debate desapasionado en la Argentina sobre la temática de las retenciones. Al respecto es interesante, desde el punto de vista técnico económico y político este artículo de Eugenio Diaz Bonilla. En el marco de que en el año 2018 el dólar pasó de $20 a $ 40, y que desde abril se generó una mayor inestabilidad cambiaria, a comienzos de septiembre se anunció una política de derechos de exportación generalizada a fin de recaudar fondos para ir un déficit fiscal cero (*).

Ojalá se pueda incluir en los consensos básicos de políticas de estado de desarrollo productivo esta realidad planteada en este nota, o una eventual enfermedad holandesa por un desarrollo exitoso del yacimiento de Vaca Muerta, sin mezquindades, dogmatismos, racionalidad y teniendo conciencia que es para bien de todos.

PD: Agradezco los comentarios de Jorge Remes Lenicov respecto del desafío que conlleva incluir a los servicios exportables y la economía digital (como fenómenos nuevos respecto del planteo original de Diamand) y que los reintegros para las economias regionales tienen un limite: solo pueden existir para cubrir los impuestos indirectos. Si fueran superiores se convierten en un subsidio y eso no está permitido por la OMC. También agradezco los comentarios de Juan Carlos Esteves sobre el Plan Krieger Vasena.

 

Economías Ajustadas

El realismo de tener las velas ajustadas (como dice la imagen de la entrada) en tiempos considerados normales puede desafiar el sentido común. ¿Por qué hacerlo?, ¿si todo va bien?, ¿si no pasa nada grave…? La respuestas pueden ser porque el descontrol no nos lleva a nada bueno, y hay países que intergeneracionalmente han aprendido de que hay ciclos de bonanza y de penuria en la historia, y por lo tanto son precavidos. Un caso interesante es Noruega con su fondo soberano.

Es más complejo, tensionante y angustiante ajustar en tiempos difíciles cuando hay una economía desequilibrada o con un pronunciado déficit fiscal, y derivaciones como alta inflación. El ajuste puede permitir salir de esta situación en un determinado período de tiempo, no dar resultado o agravarla (por ejemplo, si se generara una caída significativa de la actividad económica que amplíe el déficit fiscal en cambio de reducirlo). Dependerá de cómo se implemente, el contexto nacional e internacional y el grado de consenso entre las distintas fuerzas políticas y que tenga en la población. Sobre esto último será fundamental si los «esfuerzos son repartidos», donde haya un mayor esfuerzo de los que más tienen.

El camino del re-equilibrio tiene algunos componentes universales, pero luego -en lo particular- hay muchas variantes. En otra entrada hemos tratado de abordar esta temática de lo universal y lo particular. Los denominados programas de ajuste o estabilización, muchas veces han tenido el acompañamiento del Fondo Monetario Internacional (por ejemplo con un acuerdo Stand-By), como «prestamista de última instancia» (a tasas menores que las del mercado, pero con condicionalidades). A veces las condicionalidades se fijaron con una injerencia muy directa en las medidas y otras más indirecta fijando metas de reducción del déficit pero dejando al país que implemente las medidas que considera viables.

En mayo de 2018 la Argentina decidió solicitar ayuda al FMI. En un artículo de Ramiro Albrieu y Guillermo Rozenwurcel se expresa que «el regreso al FMI ¿es buena o mala noticia para Argentina? Es pronto aún para saberlo. Si el acceso al financiamiento del FMI no tuviera costos, sería una de las primeras opciones de endeudamiento externo para cualquier país: tasas bajas, plazos largos, negociación abierta en caso de atrasos. Pero claro, el problema es que sí los tiene, desde la estigmatización en los mercados internacionales hasta las posibles condicionalidades a las políticas domésticas y las previsibles reacciones de rechazo de buena parte de la ciudadanía» (1). La temática del acuerdo con el FMI fue actualizada en esta nota así como el artículo de Guillermo Rozenwurcel y Ramiro Albreu al 21/11/18Visto desde mediados de 2019, se puede observar que el consumo, la actividad del sector productivo de la economía (a excepción del agro, el turismo y la energía) y el empleo se han venido deteriorando seriamente (sin una mejora clara a la vista), con los consiguientes costos sociales y políticos (resultado de las PASO y sus implicancias económicas).

Los programas de estabilización de la economía para atacar sus desajustes han sido muy diversos en el mundo. En el caso de Israel en esta nota se explican sus principales rasgos donde se combinaron distintos instrumentos, con especial énfasis en la reducción del déficit presupuestario, a lo largo del tiempo.

Hay otros casos más complejos y con muchos vaivenes. En este artículo sobre Portugal se expresa que «en 2011, Portugal estaba al borde de la ruina. Había tenido que pedir un rescate de 78.000 millones de euros (US$91.000 millones al cambio actual) a la «troika» del FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Al igual que pasó con Grecia, la «troika» impuso durísimas condiciones de austeridad fiscal, que un gobierno conservador en Portugal intentó hacer cumplir. Miles de empleados fueron despedidos. Se recortaron los salarios. Incluso muchos días festivos fueron cancelados por un gobierno que intentaba evitar la quiebra nacional. El desempleo llegó a un calamitoso 16% en 2013. En ese contexto, las elecciones de 2015 parecían presagiar más problemas para Portugal. El electorado rechazó la austeridad y puso en el poder a una coalición de socialistas con comunistas y otros partidos de extrema izquierda. «Las políticas que implementó el gobierno de Antonio Costa iban en contra del recetario tradicional. Se revirtieron los recortes salariales del anterior gobierno. No es que se aumentaran los salarios. Simplemente se recuperaron de los recortes que habían sufrido durante la época de la troika», recuerda Freire a BBC Mundo. También se restauró una jornada laboral de 35 horas semanales para empleados públicos, se recuperaron las pensiones y se aumentó el salario mínimo. Lo novedoso es que estos programas sociales se hicieron «de una manera fiscalmente responsable«, le dice Freire a BBC Mundo. Se combinaron con otros recortes en el gasto estatal que le permitieron a Portugal mantener los objetivos de reducción del déficit. El crecimiento anual se acerca al 3% y, por primera vez en una década, el desempleo cayó a menos del 10%. Las exportaciones y los ingresos por turismo han aumentado vertiginosamente».

De acuerdo a lo expresado no hay una conclusión unívoca (2) acerca de los caminos a recorrer, con o sin ayuda del FMI, para re-equilibrar una economía. En todos los casos, como se expresa en la experiencia de Portugal, hay que actuar «de manera fiscalmente responsable», buscando que la economía retome paulatinamente su sendero de crecimiento y que los esfuerzos estén repartidos de manera equitativa. Hacia finales de septiembre de 2019, Alberto Fernandez, candidato a Presidente por el Frente de Todos, expresó que aspira -en caso de ganar- encarar una re-negociación de la deuda externa similar a la realizada por Uruguay en 2002.

(1) se ha colocado este texto a modo de introducción a la temática del caso argentino. El 7/6/2018 el Gobierno y el FMI anunciaron el acuerdo. Ante las dudas de que la economía argentina pudiera cancelar todas sus deudas y la inestabilidad cambiaria que se generó, el 26/9/18 se firmó un nuevo acuerdo con cambios en la política monetaria y cambiaria (ver este link). Sobre el debate si el ajuste hay que hacerlo de manera gradual (y ¿a qué ritmo?) o como shock, se ha opinado mucho y variado, y al respecto es interesante esta nota escrita en 2017 sobre «la economía política del shock y del gradualismo«.

(2) hay opiniones como esta que consideran que siempre es negativo un acuerdo con el FMI. De todos modos no está muy claro cuales son las alternativas viables cuando se acaba el financiamiento de los mercados y no se quiere financiar el déficit fiscal con emisión monetaria. Quedaría la alternativa de incrementar impuestos directos a las personas de mayores ingresos y poner derechos de exportación, mientras también se reducen en gastos superfluos o improductivos, así como un ajuste -en términos reales- de los gastos corrientes. En cada caso habrá que determinar si las magnitudes resultantes son significativas para solucionar la crisis (o hay que apelar a alternativas más drásticas y dolorosas para los sectores involucrados), y cuales son los senderos posibles de re-equilibrio insertos en un programa general de desarrollo y equidad. En cuanto a la metáfora de las velas ajustadas y el viaje es interesante esta nota de Marina Dal Poggetto.

 

Economías dolarizadas

El dinero, a lo largo de la historia, estuvo asociado a territorios y luego a naciones. Cuando pasó de dinero metálico a dinero papel se requirió de que estuviera respaldado en algo «sólido» como el oro (de allí el «patrón oro») y posteriormente en un mix donde el oro estuvo también acompañado de diferentes divisas. El valor de las divisas ha estado relacionado a la competitividad y poder de una nación en determinado periodo de tiempo, como es el caso -en la actualidad y a nivel global- del dólar estadounidense, y en menor medida el euro y otras monedas.

Hay naciones que, por su escaso tamaño o relevancia en términos económicos, han optado por adoptar directamente la moneda de un país hegemónico, como es el caso de Hong Kong, El Salvador u otras como Panamá que han dolarizado su economía. Pero también ha sucedido que economías de mayor tamaño, como Ecuador, se vió forzada en enero del año 2000 a adoptar el dólar como moneda (en reemplazo del sucre) por circunstancias dramáticas de su economía. En el caso de este país está bien explicado en este documento. Más en general hay especialistas, como Guillermo Calvo, que sostiene que hay economías, como Alemania o Francia, que están usando el euro que ellos no producen (sería una «eurización»). Esto les ha dado estabilidad y crecimiento a esas economías, pero -podemos agregar- le ha traído grandes dificultades a otras (como el caso de Grecia).

Los casos mencionados de Hong Kong, Panamá o Ecuador son de una «dolarización» formal pura o completa. Pero hay casos de dolarización parcial, informal….de economías de mediana y alta inflación (o hiperinflación como es el caso hoy de Venezuela), donde sus habitantes descreen de que su moneda tenga las características de reserva de valor o que, como medio de cambio, su valor se evapora muy rápidamente.

Allí se presenta el caso de economías bimonetarias con tipo de cambio flotante, como es el caso argentino en el 2018. En una nota que escribiéramos hacia septiembre decíamos, entre otros conceptos, que «la política monetaria y el sector financiero tendrían que tener instrumentos que fomenten la canalización del ahorro hacia la inversión, evitando la especulación y vehiculizando los dólares fugados hacia los sectores productivos. Para esto hay que reconocer que la mitad del pbi está en dólares fuera del circuito productivo (es decir que hay una dolarización “real” de una parte importante del ahorro), y que la solución no es la dolarización “formal” de la economía. Pero sí hay que fomentar y difundir instrumentos (como las obligaciones negociables en dólares), así como crear otros (vía bancos, plataformas virtuales) que faciliten -en el marco de una economía bimonetaria- la entrada al circuito formal de inversión productiva«.

Hay que tener en cuenta que la Argentina (*) en los 90 viene de una experiencia de economía, de alguna manera, bimonetaria con una conversión o convertibilidad con tipo de cambio fijo entre el dólar y el peso (el 1 y 1) donde se logró parar la inflación (éxito), pero no se logró flexibilizar otras variables y realizar reformas estructurales (fracaso), fue muy vulnerable ante shocks externos («efecto tequila») y no logró sostenerse colapsando en el año 2001. Una solución «madura» -es decir partir de reconocer las causas del problema-, y que mencionamos en la nota de más arriba, sería «tener una macro previsible y más o menos equilibrada, que incluye una inflación baja, una rentabilidad razonable para la inversión productiva, y un tipo de cambio real estable… Porque la dolarización de facto se debe a la incertidumbre y depreciación del peso, originada en los desequilibrios macro, la falta de proyectos productivos y el permanente cambio de las reglas de juego». Esto conlleva tener una acuerdo sociopolítico amplio y concreto de no tener déficit fiscal (y preferentemente cierto superávit fiscal), bajar sustancialmente el déficit de balanza de pagos con medidas que estimulen la competitividad sistémica y -entre tanto- un tipo de cambio alto en términos reales. Por lo menos, durante cinco años, hasta que se puedan generar muchos dólares con recursos como Vaca Muerta. De todos modos esto último no resuelve problemas de empleo productivo en territorios como el conurbano del Gran Buenos Aires, y deben adoptarse estrategias y medidas complementarias que si lo vayan resolviendo.

Tener conciencia de estas cuestiones y poder obrar seriamente en consecuencia nos puede conducir a un mundo mejor. Sino los ciudadanos optarán por una moneda estable y esto tendrá impactos como los que indicamos.

(*) Sobre el caso argentino actual se han publicado muchas notas. Entre algunas de ellas se puede citar esta de Marcelo Bonelli que -entre otras cosas- dice: «Larry Kudlow, jefe de asesores económicos de la Casa Blanca, lo dijo: “La convertibilidad derribó la inflación y mantuvo la prosperidad”. David Malpass, el actual interlocutor en el Tesoro de Nicolás Dujovne, es un amante y defensor de los mecanismos del “patrón oro” y de los tipos de cambio fijos. Ambos encajan en un sistema de convertibilidad. Pero las sugerencias no habrían prosperado. Se truncaron las conversaciones. Las autoridades argentinas explicaron que una convertibilidad requiere una ley que nunca será aprobada en el Congreso.» Por su parte  Ricardo Kirschbaum plantea el caso de la dolarización para Argentina como una forma geopolítica de EEUU de enfrentar a China.  Ha vuelto a tomar actualidad, a partir de la propuesta de Javier Milei (recientemente aclaró que no sería en el año 2024) y de Ocampo-Cachanosky. Sobre planteos críticos a la dolarización en Argentina está -por un lado- quienes sostienen que la dolarización bajaría drásticamente la inflación causada por la emisión monetaria (se debe aclarar que hay otras causas), que la historia demuestra que somos «incorregibles» y que puede volver el populismo (entonces lo mejor es dolarizar) y quienes sostienen lo contrario, como se puede ver este video (con la opinión de Daniel Artana), esta nota, la opinión de más de 200 economistas, los pros, contras y características en este artículo, la opinión de Juan Llach, o esta, entre muchas otras.

Economias bimonetarias

La cuestión recurrente de los ciclos de la economía argentina de «la ilusión al desengaño«, ha tenido distintos tipos de respuesta. Ellos han sido de distinto tipo como los que han oscilado entre colocar parches o dinamitar todo, hasta la dolarización.

También se ha planteado la cuestión del bimonetarismo (1) como un serio problema para la economía argentina. Entre quienes lo han planteado está Cristina Fernández de Kirchner (2). En cuanto a utilizarlo como parte de una nueva política económica, se destacan economistas y dirigentes políticos de la oposición. Podemos citar, entre ellos, a CavalloLiendoMelconianRedrado (más parcialmente) y dirigentes como Patricia Bullrich.

Un ejemplo de país que se da es Perú.

Luego del 10 de diciembre de 2023 se verá en el caso argentino que rumbo se tomará.

(1) Este término significa la convivencia o participación simultanea de dos monedas en una economía (en nuestro caso el peso y el dólar). Puede ser de hecho o informal, como unidad de cuenta, reserva de valor y en algunos casos como moneda de cambio (por ejemplo en la compra-venta de propiedades). O también formalmente y de curso legal simultáneo, como se explica más abajo en esta nota (y que no lo es aún en el caso argentino) en sus posibles diversas modalidades de implementación.

(2) Lamentablemente esta dirigente política no considera relevante la cuestión del déficit fiscal (o sea gastar más de lo que entra) con incidencia clave en la inflación, aduciendo que hay países desarrollados como EEUU o Japón que tienen déficit fiscal y esto no sería un problema. Ello sin comprender que esos países o tienen la facultad de emitir dólares (EEUU) o tener financiamiento internacional (Japón y otros) porque han generado la confianza de que no se les va a defaultear la deuda (no es el caso de la historia de la economía Argentina). Con la inserción de Sergio Massa, como Ministro de Economía y candidato presidencial, esto parece estar cambiando en lo referido al déficit y a plantear un esquema de política económica que favorezca no sólo la sustitución de importaciones sino también mayores exportaciones (por ejemplo con el gas de Vaca Muerta). 

Economias Deficitarias Fiscalmente

En otra entrada hemos hablado de economías desequilibradas. En esta nos referiremos a un tipo especial de desequilibrio (que tiene relación con la anterior, en particular por su impacto en el balance comercial y más en general en el balance de pagos y nivel de actividad) como es el caso de cuando los egresos fiscales de un estado, de manera persistente, son superiores a sus ingresos.  Para ellos tomaremos el caso argentino y un artículo de la economista Victoria Giarrizzo donde expresa que de «117 años de historia argentina sólo en 10 hubo equilibrio o superávit fiscal».

A continuación plantearemos algunas hipótesis, a modo de preguntas, acerca de cuales serían las principales razones o causas:

  • somos un país rico (en esa dirección va este link) y por lo tanto podemos gastar lo que sea porque con una o varias cosechas pagaremos ese déficit o «la fiesta que nos dimos». Mientras tanto como hay déficit lo financiamos con emisión monetaria o deuda (interna y/o externa) (1) y «pateamos para adelante esta cuestión»,
  • la ambición desmedida (como un rasgo cultural relevante) nos desenfoca de nuestra realidad,
  • no terminamos de ser una Nación sino que predominan individualidades e intereses sectoriales que «tironeamos» los unos de los otros, donde el que se tiene que «ajustar es el otro». Ello conllevaría a que no hay consenso acerca cómo debe concretarse el valor de la justicia social en las relaciones interpersonales.
  • los impuestos son de características regresivas y no progresivos a las personas (como se insiste en esta nota) por lo que se acentúa la sensación de injusticia,
  • no hay suficiente conciencia de que lo común o público, de uso -en general- gratuito – tiene un costo (de construcción, mantenimiento y reposición) que debe ser aportado por TODOS (2) de manera justa y equitativa,
  • los elementos anteriores también estarían relacionados con una Argentina dividida y pendular, producto de su conformación socioeconómica e intereses, que no termina de tener un proyecto común que sea sostenible fiscalmente en el tiempo,
  • falta de institucionalidad eficaz en cuanto a la generación de estímulos adecuados y penalidades correspondientes. En general esto va acompañado de una justicia que no actúa como corresponde y en forma rápida, y que no hay equipos profesionalizados en la gestión de lo público,
  • somos malos administradores, tanto en lo que se refiere a la conciencia de los límites, de la escasez (por lo dicho en primer término «no habría»), de la «sintonía fina y los detalles» y por la ambición desmedida e individualismo que hace que se caiga en la corrupción,
  • en las erogaciones fiscales totales (Nación, Provincias y Municipios) se ha priorizado gastar en personal administrativo (para cubrir problemas de empleo de corto plazo), además de maestros, policías y médicos, que en fomentar la inversión productiva sustentable en el tiempo (para cubrir problemas de empleo de mediano y largo plazo). Según una estimación que hizo Jorge Remes Lenicov hubo un fuerte aumento del gasto total en el periodo 2003 – 2016 que equivalió a 700.000 millones de dólares,
  • en línea con lo que se viene de mencionar, a veces, se ha priorizado el consumo y no la inversión, y no ha habido una articulación virtuosa entre el equilibrio entre mercado interno y externo (este último para generar las divisas necesarias para pagar importaciones y deuda externa),
  • lo anterior significa que el papel de la deuda externa (y su pago de intereses y capital), en particular desde el golpe militar de 1976 hacia la actualidad ha jugado un rol significativo en el déficit fiscal. Podríamos decir que «son ganadores» en el sentido de que se han beneficiados cómo financiadores -en general- a altas tasas de interés, así como los que se beneficiaron con la alta inflación resultante de la emisión como co-financiadora también de este déficit fiscal,
  • en las erogaciones fiscales se ha canalizado en gastos militares en conflictos (Malvinas, Beagle) o en obras no prioritarias, mal hechas o que se pagaron y no terminaron, en cambio de una educación de calidad,
  • en las erogaciones fiscales se ha subsidiado a sectores sociales que no lo necesitaban (caso de la energía para sectores medios altos y altos) o a personas que alegaron derechos que -en realidad- no les correspondían (por ejemplo fraguar datos sobre incapacidad, o pensiones a personas que no las necesitaban) (3),
  • el aumento del gasto improductivo, como la mayor presión tributaria, generan pérdida de ingresos personales (si la carga es regresiva perjudica en especial a quienes tienen menores ingresos) y de la competitividad de las empresas,
  • en los ingresos fiscales ha habido evasión y elusión en el pago de impuestos, así como una economía informal y el incremento de la pobreza que afectan significativamente la no tributación.
  • la inestabilidad socioeconómica y política, y el «sálvese quien pueda» (producto de elementos anteriores), hizo que no prime la confianza y muchos recursos estén fuera del país o del circuito formal de la economía,

entre otras cuestiones.

Sino no se remueven causales como las que se vienen de mencionar, no habrá posibilidades de construir un país «en serio» y un mundo mejor de manera sustentable y colectiva.

(1) Sarmiento lo expresó en 1887, en su profético poema sobre la Argentina (agradezco a I. Lotersztain la información): 

«Calle su grandeza Roma
calle Esparta su virtud
¡Silencio! ¡Que al mundo asoma
la gran Deudora del Sud!«

(2) el tema del no pago de impuestos para financiar bienes y servicios públicos es de larga data y aparece -por ejemplo- en la película argentina «Mercado de Abasto«, filmada en 1954 y estrenada en febrero de 1955, donde el personaje «Lorenzo» evade el pago de impuestos, y al tener un infarto tiene que ser atendido en un hospital público.

(3) la cuestión de «la facciosidad» planteada en esta nota, donde se expresa al final: «Todos podemos soñar con nuestras visiones de la Argentina futura, pero lo que debemos discutir son los privilegios del poder judicial, de los empresarios que gozan de protecciones y promociones injustificables, del sesgo tributario contra la equidad, de aquellos sindicalistas que se enriquecen de modos alucinantes, de los gobiernos provinciales que han moldeado las reglas de juego político para perpetuarse, de los senadores y diputados protegidos por fueros de actos de delincuencia, de la increíble lenidad con que se mantiene la injusticia de la coparticipación federal, de quiénes se benefician con los precios de los medicamentos que paga el estado, y muchos etcéteras. Si no, de poco servirá que soñemos con una Argentina próspera y justa».

Agradezco los comentarios al texto por parte de Jorge Remes Lenicov y Juan Carlos Esteves.

¿Economías en Guerra Comercial y en Lucha por la Hegemonía?

En una nota publicada el 1/6/2018 por Paula Lugones, se expresa, entre otras cosas que: «El presidente estadounidense Donald Trump encendió este jueves la mecha de una posible guerra comercial global descontrolada: Estados Unidos decidió finalmente imponer tarifas a las importaciones de acero y aluminio de la Unión Europea, México y Canadá, una decisión que fue repudiada por los países afectados, que inmediatamente lanzaron fuertes medidas de represalia. A tono con la política proteccionista del “America first”, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, anunció que, a partir del 1° de junio, se aplicará un 25% de aranceles al acero y un 10% al aluminio importado desde esos destinos. Horas después del anuncio de la medida, Trump tuiteó en mayúsculas: “¡COMERCIO JUSTO!” En pocos minutos, Europa, México y Canadá reaccionaron con el anuncio de tarifas similares sobre miles de productos provenientes de Estados Unidos, en una escalada alarmante que también afectará sin dudas a los productores del interior, que verán cerrarse sus mercados internacionales»

Más adelante dice: «México respondió con tarifas sobre productos estadounidenses como aceros planos, lámparas, piernas y paletas de cerdo, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándanos y quesos. Canadá anunció que se gravarán desde acero y aluminio estadounidense hasta jarabe de arce y bolígrafos, por un valor de 12.800 millones de dólares. El economista Douglas Irwin, experto en historia del comercio estadounidense desde 1763, dijo a The Washington Post: “Es más que altamente inusual. No tiene precedentes que hayan avanzado de esta manera con tantos aliados de EE.UU. y socios comerciales, enloqueciéndolos y forzándolos a tomar represalias”. Agregó que “es difícil ver cómo Estados Unidos puede salir bien de esto”.  Actualizando esta información a octubre 2018 sabemos que se ha llegado a un nuevo acuerdo entre EE.UU., México y Canadá, y previamente -en julio- un acuerdo entre EE.UU. y la Unión Europea.

Por lo tanto la principal «guerra comercial» en curso es la de EE.UU. y China, que no sabemos cuanto va a durar y qué efectos terminará teniendo. El 1/12/18 acordaron una tregua en Buenos Aires y el 15/01/2019 lograron un primer acuerdo llamado de «Fase 1» (países como Argentina podrían verse afectados). El trasfondo es una lucha por la hegemonía mundial (donde juega un rol central lo tecnológico, según describe esta nota) entre estas dos grandes potencias (1) Entre otros elementos. es el resultado de un largo proceso de desplazamiento de la industria de Inglaterra a Estados Unidos, y luego gradualmente de este hacia la reconstrucción europea luego de la Segunda Guerra Mundial Alemania, Francia, Italia…, Japón, Corea del Sur, México (2) y finalmente -hasta el momento- hacia Asia con un rol relevante de China (y la «asiatización» de la economía mundial). Sí sabemos, que las guerras no nos conducen a un mundo mejor, y que habría que reformular la globalización (3) de modo de evitar estas situaciones. A comienzos de diciembre de 2019 se ha llegado a un acuerdo parcial. De todos modos, según Joschka Fischer, este escenario es el «fin del mundo que conocimos«. Esta reflexión apela a lograr un acuerdo entre las grandes naciones, pero advierte que «la última vez se necesitó una Depresión, una Guerra Mundial y una superpotencia para que el mundo entrara en razones. ¿Esta vez podrá ser diferente?».

Respecto de este conflicto en el marco de la pandemia del COVID-19 es muy interesante esta nota de Marcelo Cantelmi, haciendo referencia a «una carrera en silla de ruedas por la hegemonía mundial». Realmente «patético».

El nuevo presidente de EEUU, Joe Biden, y respecto a las relaciones con China hay opiniones como esta.

(1) EE.UU. ha definido a China y Rusia como rivales estratégicos según esta nota.

(2) Brasil, Argentina (que había hecho un atisbo con la crisis del 30 y se aceleró con la emergencia del peronismo y el frondizismo), y muchos otros países del mundo. Una cuestión aparte -pero relevante- ha sido el desarrollo de la industria bélica.

(3) Por ahora la reformulación va por el lado de volver a un «mercantilismo aggiornado» y no a resolver cuestiones de fondo como una mayor equidad y abordar el cambio climático.

Economias con Movimientos de Capitales Especulativos

El dinero ha fluido entre personas y países desde sus orígenes pero ha tomado velocidad con el desarrollo del capitalismo, la globalización y la financierización de la economía. Sobre esta temática es relevante este libro de la CEPAL.

La corriente principal de la economía ha postulado que, para que haya un equilibrio general a largo plazo, se debe garantizar el libre movimiento de factores como los capitales, los bienes y servicios (el comercio) y las personas -en tanto trabajadores-. Esto último ha tenido muchas restricciones (sólo un ejemplo es la política de Donald Trump, en Estados Unidos, con los migrantes), pero en el caso de los capitales ha tenido una historia donde se ha fomentado su libre movimiento aunque con restricciones en determinados períodos y países. Los capitales son fundamentales para la inversión, pero -a veces- se han centrado en movimientos meramente especulativos de corto plazo (entrando y saliendo de los países sólo para hacer una diferencia de ganancia).

Un economista de gran formación y Premio Nobel de Economía, como James Tobin, propuso una tasa (ver imagen de la entrada) para gravar las transacciones financieras, buscando eliminar los movimientos especulativos de corto plazo, amortiguar las fluctuaciones del tipo de cambio y las crisis financieras (en especial en los países emergentes o fronterizos de la economía global). Entre los debates que la misma generó posteriormente, se la vinculó -entre otros- a los movimientos antiglobalización, a su aplicación a la reducción de la pobreza y al daño medio ambiental.

Si bien no ha podido ser implementada a escala global (por el rechazo de los sectores vinculados a las finanzas y a determinados países como Inglaterra y Estados Unidos), hay países que han tomado medidas (aceptadas por el FMI) para reducir los movimientos especulativos y evitar la volatilidad ligada a capitales «golondrinas» (véanse estudios como este). Ellas han sido desde las más intervencionistas y extremas (como el caso de Venezuela en la actualidad o el denominado «cepo» cambiario -con otras medidas colaterales- en la Argentina) que terminan siendo muy dañinas en el tiempo, hasta países que lo tuvieron durante un tiempo como Chile u otros de manera más persistente como la India. En el caso de la Argentina, además de lo mencionado del cepo, hubo diferentes políticas como las del ministro Lavagna que había establecido un plazo de permanencia de un año para los capitales externos, el ministro Prat Gay lo bajó a 120 días y el Ministro Dujovne (Resolución 1/2017) lo eliminó. El debate se reabrió en mayo de 2018 con un aumento de la volatilidad expresada en una corrida cambiaria y la salida de capitales. Esta última tuvo distintas causales, como el cambio de metas de inflación de diciembre 2017 y las dudas sobre la sostenibilidad de la política económica (en particular la de neutralizar la emisión de pesos por la entrada de dólares, originalmente con Letras denominadas LEBACS y más recientemente con  Leliq a una tasa del 70% anual). Al respecto son interesantes las enseñanzas de China, en general y para Argentina, según esta nota de Eduardo Fidanza comentando un artículo del Wall Street Journal  (con la salvedad de que no hay políticas de ingresos).

Tal vez podamos concluir que la fijación prudente (y a veces acotada en un período de la historia económica) de normas nacionales -como un plazo mínimo de permanencia para la entrada de capitales- (*) y el fomento de la inversión nacional como extranjera en el desarrollo productivo, son cuestiones deseables para disminuir la especulación y fomentar el empleo. Aunque -por el momento- es difícil implementar la tasa Tobin a escala internacional (v.g. la Unión Europea), vincularla al logro del financiamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y a la disminución de la desigualdad, no por ello se debe dejar de promover e impulsar instrumentos tan significativos como este. Ello nos puede ayudar a converger hacia un mundo mejor.

(*) esto es posible mientras se esté en la categoría de «país de frontera» según la categorización que hace Morgan Stanley. Cuando se pasa a «país emergente» ya no es posible apelar a este tipo de regulaciones.

PD: la temática de esta nota está relacionada con el documento del Vaticano del 17/05/2018, denominado «Oeconomicae et pecuniariae quaestiones.- Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero».

 

Las economías de los multimillonarios

En este blog hemos tratado de enfocarnos desde la complejidad de un sistema económico, tratando de discernir entre los elementos comunes y los elementos diversos del mismo. Desde esta última perspectiva hemos sostenido que, si bien desde hace algo más de doscientos años, predomina el sistema capitalista, en especial en la lógica del «gran capital» o capital concentrado, los distintos actores conviven en una economía plural con distintos móviles desde los que van más allá de lucro hasta aquellos que solo pretenden sobrevivir.

En esta reflexión sólo haremos referencia a cual sería la lógica que mueve a los actores que, producto de la desigualdad, concentran la mayor parte de la riqueza, siendo conscientes de que no hay un universo homogéneo dentro de ellos (ver, por ejemplo, esta referencia o este video) y que no se puede simplificar.

En esta nota de Ainsley Harris se hace referencia al libro de Anand Giridharadas, «El ganador se queda con todo: la mentira de la elite acerca de cambiar el mundo» (ver imagen de la entrada). «La idea, o al menos su versión abreviada, es que los plutócratas de hoy -como no teme llamar Giridharadas al 1%- mantienen su estatus de elite y el status quo más en general, usando su riqueza para controlar, como marionetas, las prioridades de las instituciones sociales estadounidense bien intencionadas, desde las principales universidades dedicadas a la investigación hasta las humildes organizaciones comunitarias. Giridharadas sostiene que por demasiado tiempo los norteamericanos han permitido a sus ricos dar lustre a su reputación con dádivas filantrópicas y charlas junto a la chimenea en Davos, mientras las corporaciones que controlan simultáneamente destruyen las instituciones laborales, saquean nuestro planeta y acaparan otros recursos colectivos. Considera que, dado este ejercicio de poder, no es ninguna sorpresa que la desigualdad haya estado aumentando en los Estados Unidos en las últimas tres décadas y que ningún cheque gigante venido de las alturas lo ha solucionado»

Luego continúa diciendo «pese a esta retórica, Giridharadas se cuida, al menos en su libro, de no demonizar. El escritor, nacido en Ohio, fue alumno de la preparatoria Sidwell Friends, la universidad de Michigan y Harvard, donde estudió filosofía política. Antes de convertirse en corresponsal para el sudeste asiático con sede en la India para el diario The New York Times, por un breve tiempo fue consultor de McKinsey. El objetivo de El ganador se queda con todo es acusar al sistema, no los individuos. «No es que sea mala gente», dice del 1% y de los receptores de su patrocinio. «Es buena gente que cae a la deriva en estas estructuras y adhiere a ellas a un nivel emocional y cultural de auto convencimiento….Con la riqueza cada vez más concentrada en las manos de compañías monopólicas y sus dueños, las frases amables que en un tiempo pacificaban al público ahora en cambio generan escepticismo y desconfianza, o incluso, directamente el ridículo. Giridharadas con su libro y su persona mediática, ofrece tanto una explicación de este cambio en el ánimo como una catarsis.

El ganador se queda con todo presenta una crítica desde el interior de nuestro sistema de capitalismo bien intencionado, mientras que en Twitter Giridharadas es más personal y agudo apuntando a cada nuevo ejemplo de riqueza y poder sin control: Jeffrey Epstein y su creciente lista de influencers; el músico Bob Geldof que usa sus vínculos con esfuerzos humanitarios en África para obtener beneficios financieros personales; Donald Trump y nuevamente Donald Trump.

Cuando los miembros de la llamada «Mesa redonda de los negocios» -un consorcio de CEO de las mayores corporaciones de EE.UU.- difundió una declaración en agosto con gran alharaca respecto de sus intenciones de proteger los intereses de los empleados y las comunidades además de los de sus accionistas la respuesta de los círculos empresarios de mentalidad progresista fue un resoplido colectivo. «¿Hay siquiera una maniobra impositiva que sea legal pero no ética a la que alguna de las compañías detrás de esta declaración renunciará?», tuiteó. «Tengo curiosidad por ver si algún CEO me enviara un solo ejemplo tangible de algo que dejará de hacer debido a esta declaración supuestamente histórica». Un CEO le mandó un correo; hasta donde sabe Giridharadas, ninguno ha hecho cambios tangibles. Una gran parte de lo que intentaba hacer con el libro es reacostumbrar a la gente al lenguaje del poder, la justicia y los derechos», dice. «Lo que tienen en común casi todas las soluciones que criticó en el libro es que todas hacen cambios sin cambiar el poder». «Corporaciones B, responsabilidad social corporativa, inversión con impacto, todo eso suena bien. Pero Giridharadas cree que son modelos de cambio en los que el público en general no tienen ningún tipo de control real. ¿En una democracia porque debemos ceder la autoridad de hacer políticas públicas a los fundadores de startups y los profesionales de los negocios? «Antes de Anand todo era simple», dice Norton, que lleva una barba cortada al ras y una camisa azul marino. Líderes empresarios de mente amplia habían popularizado la idea de que una empresa podía simultáneamente ganar dinero y hacer del mundo un lugar mejor. A este tipo de acciones se las puede considerar «aparentar amplitud de miras como estrategia de negocios» dice, por oposición a «un cuestionamiento real» de cómo pueden impactar a todos los interesados las decisiones de una compañía. Giridharadas, dice, ha forzado incluso a los líderes mejor intencionados a examinar los aspectos más oscuros de sus modelos de negocios.

Más adelante señala «Giridharadas no plantea soluciones de políticas específicas en El ganador se queda con todo, más allá de un llamado implícito a votar y participar en la vida cívica. Aún así, el libro ha quedado vinculado al creciente debate de política en torno a cobrar impuestos a los ricos que ha sido encabezado por los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren y que también plantea la diputada Alexandria Ocasio-Cortez. Dan Riffle, principal abogado y asesor político de Ocasio-Cortez, oyó una entrevista a Giridharadas en NPR este año y se conectó con él en Twitter. «Una analogía que se solía escuchar es que la desigualdad no importa, porque simplemente podemos hacer crecer la torta», dice. «No exactamente, ¿verdad? Podríamos crear más riqueza y el próximo trimestre o el próximo año habrá más dinero para repartir. Pero se trata de aquí y ahora. La torta tiene un determinado tamaño. Hay sólo una cantidad finita de dinero en circulación. Hay sólo una cantidad finita de riqueza. Y el número de personas que comparten esos recursos también es finito y definido.» Desde el punto de vista de Riffle, la riqueza es «un juego de suma cero» y pensar de otro modo «no tiene sentido». Un número pequeño de plutócratas están comenzando a pensar en esos términos. Patriotic Millionaires, un grupo fundado en 2010 que incluye al ex ejecutivo de BlackRck, Morris Peart, el heredero de Oscar Mayer Chuck Collins, y el fundador de Men’s Wearhouse George Zimmer, ha denunciado los recortes de impuestos de Trump y hecho lobby en el congreso para que se le impongan tasas de impuestos más elevados».

Sin duda, libros como los de Anand Giridharadas, (1) son importantes para poder discernir lo que es mero «marketing» y filantropía marginal y culposa, de aquellos que actúan de otra manera como solicitar pagar más impuestos y hacer efectiva una economía más equitativa y sustentable social y medioambientalmente.

(1) Desde el punto de vista de la teoría económica es muy relevante el enfoque de Mariana Mazzucato (agradezco a José Bekinschtein la referencia) en textos como «El valor de las cosas. Quien produce y quien gana en la economía global» (Ed. Taurus).

Economías y distintas formas de institucionalización y expresión del Capital

En general hay consenso en los distintos enfoques de la economía política, que el capital es un acervo o conjunto de recursos, bienes y valores disponibles para satisfacer una necesidad o llevar a cabo una actividad definida y generar un excedente económico que sirva para su amortización, reposición, futuras inversiones o retribuir a los propietarios de dicho capital, y en algunos casos compartir la propiedad o repartir los excedentes entre los trabajadores o a otros actores (por ejemplo en donaciones). Las formas de institucionalizar el capital pueden ser diversas, por ejemplo, la privada, la social (como el caso de las cooperativas) o comunitaria, estatal o mixta, según los contextos, las culturas y la normativa vigente.

A lo largo de la historia de la humanidad, desde el hombre primitivo hasta la actualidad, el capital se ha expresado como:

  • conocimiento para alimentarse de los frutos de las plantas, cazar animales, pescar, generar instrumentos o tecnología (vinculada con el conocimiento científico) para transformar la naturaleza (o el capital aportado por ella), y en general capital humano y social o relacional (con las demás personas y el ambiente),
  • instrumentos o stock de bienes de capital,
  • capital natural (mencionado al principio),
  • medios de pago como bienes a trocar hasta flujos de dinero (que se convierten en ahorros disponibles o en»stocks»), capital financiero en sus distintas modalidades (como es el caso más reciente de la financierización de la economía) y activos externos,

entre los principales (1).

En los algo más de 200 años, como bien ha señalado Karl Polanyi, se ha dado una «gran transformación» y el capital se ha institucionalizado, sofisticado (se le ha agregado el «ismo») y radicalizado (hasta extremos nunca vistos antes) en lo que llamamos «capitalismo».

Quisiéramos «re-visitar» el concepto de capitalismo en base a la excelente síntesis realizada en el capítulo I del libro «Historia del Capitalismo» de Jürgen Kocka, comenzando por expresar de que «el término capitalismo es controvertido», y por lo tanto no hay una única acepción (podríamos ilustrarlo con la pregunta si «¿capitalismo es igual a economía de mercado?» o ¿son dos conceptos diferentes?). En términos históricos no se asentó en las lenguas francesa, alemana e inglesa hasta la segunda mitad del siglo XIX. A continuación trataremos de glosar y hacer una síntesis de las principales acepciones:

  • en alemán, «en un primer momento, hacía referencia al dinero (invertido o prestado) y, más adelante, a patrimonio consistente en dinero, documentos de crédito, títulos, mercancías y medios de producción, aunque generalmente sólo en el sentido de las ganancias que se espera que aporte»,
  • «desde el siglo XVII, un «capitalista» es el hombre que posee abundante capital, dinero en efectivo y un gran patrimonio y puede vivir de sus intereses y rentas…..» y «desde finales del siglo XVIII, además cada vez más frecuente contemplar a los capitalistas como personas diferentes -pronto, incluso en el polo opuesto- a las de los trabajadores… que no vivían de su salario o de sus rentas, sino de los beneficios que obtenían».
  • Lo anterior es un «matiz claramente ligado a la idea de las clases sociales, se fue reforzando en los decenios posteriores, cuando se incrementó la pobreza pública, estallaron los episodios revolucionarios de 1848-1849 y se impuso la industrialización, con sus fábricas y su trabajo asalariado, también en Alemania», además de Inglaterra.
  • «El sustantivo «capitalismo» se reflejó desde mediados del siglo XIX en la lengua francesa fundamentalmente ese matiz de crítica a la sociedad de clases, que se impondría también hacia 1860 en el idioma alemán y algo más tarde en el inglés.
  • En cuanto a autores Kocka señala que «aunque Karl Marx apenas utilizó esta palabra, en las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo XIX escribió profusamente sobre los «modos de producción capitalista» y consiguió un gran efecto con sus textos. Rodbertus, economista que simpatizaba con el socialismo de estado, constató en 1869: «El capitalismo se ha convertido en un sistema social». En 1870, Albert Shäffle, profesor de Economía Nacional, de ideología liberal-conservadora, publicó su obra –traducido su título al español- «El capitalismo y el socialismo, con especial a las formas de los negocios y el patrimonio», en la que abordó en detalle la oposición entre trabajo asalariado y capital…En 1902 apareció la gran obra de Werner Sombart –traducido su título al español- «El capitalismo moderno», que contribuyó decisivamente a la generalización del uso del término.»
  • Volviendo a Marx, Kocka dice que su enfoque se puede reducir «a cuatro puntos: 1) considera que el mercado desarrollado, que requiere una división del trabajo y una economía monetaria, es el elemento central del capitalismo…; 2) la acumulación, en principio ilimitada, esto es la formación y la multiplicación permanente del capital, en cierto modo como un fin en sí mismo, primero como «acumulación originaria», por la transferencia desde otras áreas (no sin desposesión y no sin violencia), y más tarde como reinversión de los beneficios que, a fin de cuentas, procedían del valor creado por el trabajo: el capital se presentaba así como trabajo coagulado; 3) identifica la relación de tensión que existe entre los capitalistas, en calidad de los medios producción, y los empresarios y gerentes que dependen de ellos, por una parte, y los obreros libres -contratados a cambio de una remuneración o un salario y que no poseen los medios de producción, por otra….hay «una relación de dominación y dependencia que permite la «explotación» del obrero por parte del capitalista…lo que se conoce como «plusvalía», que ni se pone a su disposición ni se le paga, sino que pasará a manos del capitalista-empresario, quien destinará una porción de ella a la acumulación, y otra a cubrir su propio consumo… esta relación desencadenará la lucha de clases…4) describió la enorme dinámica del sistema capitalista, que, dirigida por la burguesía, disolvía todo lo heredado, se extendería por todo el mundo y tenía la fuerza (y la capacidad) suficiente para invadir con su lógica otros ámbitos de la vida, más allá de lo económico… generándose la «formación de la sociedad capitalista».
  • «Max Weber abordó el tema del capitalismo en el contexto de la larga historia de la modernización de Occidente. A partir de esta base, desvinculó el concepto de la industrialización, al que hasta entonces había estado anclado. A diferencia de Marx, no esperaba que el sistema se derrumbara como consecuencias de sus crisis, sino que lo que temía era que su dinámica se anquilosara debido a un exceso de organización y burocratización. Tampoco creía en la superioridad de un futuro sistema socialista. El planteamiento temático llega mucho más allá y se remonta a edades más lejanas en el tiempo que las que interesaron a Marx.  ….Subrayó «la racionalidad formal contable» de la economía de este modelo, presente sobre todo en la estructura de la empresa capitalista…organización sistemática, racional y pensada para la consecución de los objetivos, como asociación de dominación y a la organización hacia la obtención de largo plazo… Subrayó que la dirección efectiva de una empresa capitalista requiere, por una parte, mercados de dinero, créditos y capital, y, por otra una mentalidad económica específica, que, a su juicio, no hay que confundir con un afán ilimitado de lucro, sino que se caracteriza más bien por una «atemperación racional» y una disposición a invertir y reinvertir, calculando a largo plazo, con el fin de conseguir el éxito de la empresa en el futuro. Weber consideraba que un fuente importante de este «espíritu del capitalismo» se hallaba en la ética calvinista-puritana que se estableció desde el siglo XVI…Weber subrayó, tanto desde el puntos de vista teórico como desde el histórico, que el capitalismo así interpretado requiere una cierta realidad social diferenciada y, con ella una relativa autonomía del subsistía «economía», especialmente frente a la política. Una autonomía que se traduzca en la libertad de contratos, de mercado laboral, de mercado de bienes y de creación de empresas. Por otro lado, mostró de forma convincente hasta que punto el ascenso del capitalismo dependió durante siglos de los factores extraeconómicos, especialmente de la política y del Derecho, así como de los estados y de  sus guerras y necesidades financieras. Y estaba seguro del extraordinario «significado cultural» del capitalismo, que impuso su dinámica y sus principios en numerosas áreas no económicas de la vida. Sabía que el capitalismo plenamente desarrollado y con todas las características ya señaladas constituía un fenómeno de la Edad Media, así que decidió diferenciar el «capitalismo moderno» de otras formas más antiguas y menos evolucionadas («capitalismo inicial», «capitalismo orientado políticamente», «capitalismo de arriendo», «capitalismo de presa»). Weber estaba convencido de que si el capitalismo moderno había surgido únicamente en occidente era, en buena medida, porque sólo en esta región se había adoptado una peculiar forma de estado…»
  • Joseph A. Schumpeter «no sólo utilizó el término «capitalismo» para sus propias investigaciones, sino que también logró influir de forma duradera en el debate científico acerca del capitalismo a través de su obra Capitalismo, socialismo y democracia (publicada por primera vez en 1942). La propiedad privada, el mecanismo de mercado y la economía de la empresa, forman parte, a su entender de los elementos definitorios del «capitalismo». Concluyó que el «capitalismo» es cualquier forma de economía de la propiedad privada, en la que se llevan innovaciones a través del dinero prestado, lo que, en general, requiere la creación de créditos. Al subrayar la creación de créditos  -y, con ella, la creación de deuda , así como la especulación- como característica general del capitalismo. Schumpeter aportó una contribución que hoy en día, tras el crecimiento desproporcionado del capitalismo financiero que se ha producido en los últimos decenios, nos suena extraordinariamente actual…Schumpeter dejó en claro que la introducción de lo nuevo, acompañado de la necesidad supone el reemplazo , y a menudo también la destrucción, de lo antiguo. En este sentido -y acercándose conceptualmente a Sombart- habló de «la destrucción creativa» como núcleo del desarrollo capitalista…. también preveía el hundimiento del capitalismo: a medida que iba extendiéndose, el sistema mermaba sus condiciones sociales. El autor señaló este efecto en varias instituciones sociales, como la familia numerosa, que durante largo había sido una fuente de motivación y energía para el empresario capitalista, pero que cada vez se veía más perjudicada por el espíritu de racionalidad orientada hacia la consecución de objetivos y el individualismo que requería el sistema. El capitalismo fracasaría por las consecuencias indeseadas de su éxito».
  • John M. Keynes «consideró que la esencia de este sistema se hallaba en su apelación a los «instintos de lucro y de amor al dinero que presentaban los individuos, como principal fuerza motriz de la máquina económica. A su juicio el estado de ánimo, los sentimientos y las casualidades -y no sólo la racionalidad orientada hacia los objetivos y el cálculo, que tanto había subrayado Max Weber- desempeñaban un importante papel en el capitalismo. Veía en este sistema la acción de «impulsos animales» (animal spirits) que no sólo contemplaba con cierta distancia y extrañeza, sino que reconocía también como destacadas fuerzas motrices de la economía capitalista que, en su opinión, se desarrollaba bajo la presión de una inseguridad incalculable y necesitaba de semejantes propulsores. Este agudo y relevante economista -el que mejor conocía la realidad de los negocios de su tiempo- observó la presencia de lagunas en la racionalidad orientada hacia los fines del capitalismo, que sólo podían resolverse recurriendo a las emociones.
  • Karl Polanyi «en su obra The Great Transformation, publicada por primera vez en 1944, Karl Polanyi apenas utilizó el término «capitalismo», aunque, partiendo especialmente de ejemplos de la Inglaterra del siglo XIX, estudiaba la aparición de una economía de mercado surgida de su «encauzamiento» en lo político y lo social, con tendencia a la autorregulación y cuya dinámica se oponía claramente a la necesidad de integración de la sociedad.
  • Fernand Braudel «en su obra de tres volúmenes Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVII, publicada en 1979, describió pormenorizadamente el nacimiento del capitalismo, que diferenció con claridad del concepto de «economía de mercado». En este último incluía los mercados locales, los negocios de los mercaderes y de la mayoría de comerciantes, así como las ferias y bolsas. En cambio trató de reservar el  término capitalismo para los negocios de una estrecha y exclusiva «superestructura» de capitalistas acaudalados y poderosos, que, según las circunstancias, podían ser mercaderes de éxito dedicados al comercio con regiones remotas, navieros, aseguradores, banqueros, empresarios en general o también terratenientes, y que, en la mayoría de los casos, se dedicaban a más de una actividad. En ese capitalismo «de las capas altas» así entendido, la competencia no desempeñó un papel destacado, ya que, por lo general, la monopolización de las oportunidades de mercado iba estrechamente unida a quienes ejercían el poder político. Así y con toda razón, Braudel llama la atención sobre el hecho de que durante largos períodos fue más habitual la mezcla de poder mercantil y de poder político que la separación nítida entre ambos. Por otra parte, apuntó eficazmente hacia esa impresión generalizada de que en el seno del capitalismo surgen con facilidad tendencias hacia el oligopolio y el monopolio que son contrarias a la competencia -principio básico de la economía de mercado- y que pueden dejarla parcialmente sin efecto…» Kocka aclara que hay que tener en cuenta que el capitalismo «hundía sus raíces en la economía de mercado y en la mayoría de los casos no la excluía, sino que contribuía a su generalización».

entre otros (habría que agregar los aportes relevantes vinculados a variedades de capitalismo, la economía del comportamiento, etc.).

Se ha escrito mucho sobre esta temática, y no se puede abordar todo en esta entrada. Solo utilizaremos este artículo que se refiere a «cooperativismo y parecidos de familia» para intentar hacer una síntesis de esta perspectiva muy particular (vinculada a su posibilidad de cambio con otra forma de institucionalización del capital y de móviles así como de valores) así como con referencias al caso argentino. A continuación lo transcribimos.

«En 1844 surgió una novedosa expresión moderna de institucionalización del capital, bajo la modalidad social. Ella fue el fruto de los denominados Pioneros de Rochdale en Inglaterra. Algunos dirán legítimamente que —en realidad— es una derivación particular de la propiedad privada, en el sentido que lo social se limita a quienes participan de la iniciativa y no a toda la sociedad.

En línea con lo expresado, otros dirán que lo social se logra a través de la institucionalización estatal del capital. La experiencia de la ex Unión Soviética, y de países que en la actualidad tienen ese enfoque, demuestra que este tipo de institucionalización está mediada por los funcionarios del Estado que responden al partido político del régimen y administran esas empresas (y otras veces —parcial o totalmente— por los sindicatos). Si en la práctica se apropian de ellas, tampoco tendrán ese rasgo social generalizado.

Volviendo al cooperativismo no es muy conocido el rol que han tenido empresarios privados en su surgimiento. Citaremos sólo dos casos: Robert Owen en Inglaterra y Juan Costa en el cooperativismo agrario argentino. Este último acompañado por Domingo Bórea, un funcionario estatal muy formado y comprometido con esta corriente socioeconómica.

A nivel mundial ha tenido indudable éxito en su expansión, que alcanza hoy en día a unos 1200 millones de personas que participan de alguna empresa cooperativa. En la Argentina el origen del cooperativismo ha estado muy influenciado por las distintas corrientes migratorias, participando en casi todas las ramas de actividad económica y siendo muy fuerte en rubros como el agrario, los servicios públicos en localidades medianas y pequeñas, o los seguros.

Ha sido muy relevante en la recuperación de empresas en crisis, y desde la década de 2000 tomó envergadura a partir de iniciativas específicas que surgieron alrededor del cooperativismo de trabajo. También hubo una gran creación de cooperativas vinculadas a tareas de obras públicas en Municipios, y luego con algunos movimientos sociales, cuestión que llega hasta hoy.

Con respecto a las experiencias se debe tener en cuenta que el cooperativismo se hizo sostenible y exitoso en el tiempo por dos razones: 1. porque surgió de abajo hacia arriba a partir, no solo de las necesidades de sus integrantes, sino también de su activa participación asociativa, y 2. porque las cooperativas fueron bien gestionadas como empresas. Lamentablemente, en el caso argentino vinculado con lo último que se viene de mencionar en el párrafo anterior, cabe destacar que -en muchos casos- el formato cooperativo no coincide con la esencia, espíritu y verdadera identidad del mismo.

Relacionado con el título de esta nota, nos valdremos de una concepción lingüística de Ludwig Wittgenstein.  Se refiere a si es posible encontrar -entre dos planteos- ciertas semejanzas fundamentales, es decir “una compleja red de parecidos”, tal como sucede entre “los miembros de una misma familia”. En base a ello se puede expresar la pregunta: ¿existen parecidos de familia con otros enfoques y experiencias respecto al ideario del cooperativismo en su orientación a no maximizar el excedente económico?

Para decirlo de manera específica, lo que en lo privado se denomina ganancia o lucro: ¿hay actores cuyo comportamiento demuestra que esta motivación no es la central?.Entendemos que la respuesta es afirmativa. Citaremos varios ejemplos que indican que contar con excedente es relevante para sostener el proceso de amortización y reinversión, pero no lo es su maximización, y menos a cualquier costo o manera.

Entre algunos ejemplos se pueden mencionar las Empresas b, las mutuales y asociaciones del tercer sector, las del movimiento de  economía de comunión, las de la economía del bien común, y las que actúan efectivamente bajo la modalidad de responsabilidad social empresaria, entre las principales. En la Argentina, existen además experiencias relevantes de cooperación como las practicadas por los grupos CREA.

Un último aspecto significativo se refiere a la evidencia empírica sobre las motivaciones de la mayoría de los empresarios. Se trata de una caracterización que surge de un estudio del año 2002, sobre Empresarialidad en Economías Emergentes: Creación y desarrollo de nuevas empresas en América Latina y el Este de Asia, realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo, Hugo Kantis (del Instituto de Industria de la Universidad General de Sarmiento) y Masahiko Ishida y Masahiko Komori (del Japan Economic Research, Development Bank of Japan (ver esta publicación, en particular el Gráfico 2-7 «Principales motivaciones para ser empresario», en la página 26). Allí se muestran los resultados de una encuesta a numerosos fundadores de empresas —de países seleccionados en el estudio— donde se puede observar que sólo un mínimo porcentaje tiene como motivación “ser rico” o se plantea la maximización del lucro con fines personales. Podríamos inferir entonces que también en este aspecto específico existe un parecido de familia con quienes fundan una cooperativa.

Por otra parte, entre los temas que se debaten en el mundo y en la Argentina, está el rol de la política frente al capitalismo. Si descartamos un liberalismo extremo (o variante del neoliberalismo) o de la estatización de los medios de producción (a la cubana o del chavismo), es relevante encontrar los modos adecuados (por lo tanto no populistas, es decir sólo centrados en el corto plazo), para que el modelo económico sea equilibrado en tiempo (por lo tanto sostenible) y sustentable social y ambientalmente. Entendemos que hay buenos ejemplos tanto en la Unión Europea como en otros países.

De esta última tomaremos uno vinculado a su política frente al capitalismo de vigilancia y el rol de la IA. Están estableciendo un lado establecen una política pública con un marco institucional que lo limita significativamente. En en lo micro y desde la cultura, surgen en otros países protocolos para organizaciones y empresas que establecen una ética diferente a poder hacer cualquier cosa como es esta experiencia. En cuanto a esta última, lo ideal sería que los Estados -además de establecer regulaciones macro como las de la UE- establecieran la obligatoriedad en lo micro de estas buenas prácticas que surgen de abajo hacia arriba para que toda empresa u organización tenga este tipo de protocolos. Entonces la política tendría una modalidad donde se combinarían -de manera virtuosa- lo macro y lo micro, lo obligatorio y las buenas prácticas que surgen de la cultura y de la sociedad (2).

Más en general, podríamos decir que se debate el rol del capital (bajo lo que comúnmente se entiende por capitalismo), y cómo ejerce su función de agregar valor de manera sostenible en lo económico, y sustentable en lo social y lo ambiental. Para ello, sin duda, el ethos o la cultura jugará un rol fundamental para promover la cooperación —bajo cualquiera de sus modalidades— y no el conflicto.  El Estado y sus gobiernos (además de lo mencionado en el párrafo anterior), debería proporcionar un orden equilibrado de las distintas variables macroeconómicas, así como la articulación de un plan estratégico de desarrollo (territorial y sectorial), en el marco de un funcionamiento eficaz, eficiente y transparente de funcionamiento del mismo. Sabemos que, si esto no se da, las consecuencias se expresarán en un régimen inflacionario que, además de aumentar la pobreza  e incentivar la puja distributiva, dañará las expectativas de previsibilidad y de cooperación incentivando a quienes tienen un capital a maximizar el excedente para cubrir sus costos de reposición (inciertos) y -en general- a buscar una moneda alternativa.

Ojalá que podamos debatir -desde la sociedad, los partidos políticos, las universidades, y distintas expresiones ciudadanas- esta temática tan relevante de manera abierta, sincera, con una actitud y enfoque positivo y propositivo, en el sentido de buscar en el futuro un mundo mejor que el presente (3).

(1) Se agradece a Jorge Remes Lenicov la referencia a este texto y a este informe «The Changing Wealth of Nations 2018, Building a Sustainable Future», Banco Mundial, 2018. Este último expresa que para el BM se incluyen las siguientes categorías de activos:

  • Capital producido y suelo urbano: compuesto por las maquinarias, edificios, equipos y terrenos urbanos residenciales y no residenciales, medidos a precios de mercado.

  • Capital natural: energía (petróleo, gas y carbón), minerales, tierras agrícolas, bosques y áreas protegidas terrestres. Las áreas marinas protegidas no están incluidas actualmente. Se mide como la suma del valor descontado de las rentas generadas durante la vida del activo.

  • Capital humano: desagregado por sexo y situación laboral (empleado o autónomo). Se mide como el valor de los ingresos descontados a lo largo de la vida de una persona.

  • Activos externos netos: es la suma de los activos y pasivos externos de un país, como la inversión extranjera directa y los activos de reserva.

También se puede agregar la importante referencia del libro de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, Ed. Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2014, donde, en las páginas 60 a 67, proporciona las distintas acepciones, partiendo de que «a fin de simplificar la exposición utilizaremos las palabras «capital» y «riqueza» (o «patrimonio») de manera intercambiable, a manera de sinónimos perfectos. Según algunas definiciones, habría que reservar el uso de la palabra «capital» para las formas de riqueza acumuladas por el ser humano (edificios, máquinas, equipos, etc.) excluyendo pues la tierra o los recursos naturales, que la especie humana heredó sin haber tenido que acumularlos. La tierra sería entonces un componente de la riqueza pero no del capital… Según otras definiciones habría que reservar la palabra «capital» para los elementos de «la riqueza» que se utilizan directamente en el proceso productivo». Luego continúa con otras precisiones conceptuales (hay que destacar que, a los fines de su texto el autor, descarta el uso del término «capital humano»).

(2) Corremos graves riesgos como los que se mencionan en esta nota.

(3) Debería articularse con una educación de calidad, donde debería tener un rol significativo la enseñanza de la empatía. Existen numerosas experiencias y en países como Dinamarca, es una política pública.

La economía de la nostalgia

Esta nota, del diario El País de España (de la que se ha extraído la imagen de entrada), comienza con un copete que expresa «empiezan como un tráfico hormiga, en las maletas de los familiares de expatriados y se convierten en productos de exportación, emprendimientos o fenómenos transnacionales por obra de la migración y la añoranza de un sabor: dulces de la infancia, empanadas picantes, refrescos, harina para crepas, pan de queijo congelado. El negocio del paladar sentimental».

Luego continúa diciendo «con la historia de que «ayer vivimos un momento muy especial como migrantes”, escribió esta semana la periodista venezolana Melanie Pérez Arias, que emigró de Caracas a Lima en 2017. “Después de cuatro años conseguimos una mortadela muy parecida a la venezolana y bueno ¡PAN CON MORTADELA, caballo!”. Su esposo, que es peruano, había emigrado primero a Venezuela, y su decisión de volver estuvo impulsada también por una nostalgia gastronómica: el país que adoptó se había quedado sin pan. “Y los peruanos no saben vivir sin pan”, dice Pérez Arias. Pero, de regreso en Perú, no conseguían la mortadela que comían en Caracas. Que ni siquiera es un producto típico venezolano, explica la periodista: “Es una herencia de la emigración española en Venezuela”. Tardaron cuatro años en reunir los componentes básicos de un bocadillo que añoraban, producto de la influencia de tres países sobre sus paladares: pan con mortadela. “Casi lloramos”, bromeó Pérez Arias.

Y también lo han entendido los empresarios y los intrépidos que, en las últimas décadas, han seguido el rastro de la diáspora latina y su saudade gastronómica para hacer crecer sus marcas o montar nuevos negocios. La verdadera patria del hombre no es la infancia, como decía Rilke: son los sabores de la infancia. Y eso cuesta tres veces más cuando se está lejos de casa, pero no hay nadie que se arrepienta de pagarlo. Eso es lo que cuentan estas seis historias».

Posteriormente continúa con ejemplos mejicanos, argentinos… Sobre esta temática también se pueden consultar fuentes como esta. Con el significativo fenómeno de las migraciones no es un tema menor.