La prevención frente al aumento del nivel del mar

Según esta fuente «la subida del nivel del mar es un fenómeno que ha tenido lugar por lo menos desde comienzos del siglo XX. Este ascenso, de 1900 a 2016, ha sido de 16-21 cm.2​ Desde 1993 se observa que la subida ha sido más acelerada, de 7,5 cm, a un ritmo de 3,0 mm al año. Esta aceleración se debe mayormente al calentamiento global, de origen antropogénico, que está provocando una expansión térmica de las aguas oceánicas y un deshielo en las zonas polares y glaciares.​ Según el último informe (AR5, de 2014) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), si esta aceleración se mantiene constante, el aumento del nivel del mar entre 2000 y 2100 sería de 26-55 cm en caso de producirse pronto un recorte en las emisiones de gases de efecto invernadero, o de 52-98 cm, si dichos recortes no tienen lugar.​ Estos cálculos no toman en cuenta varios posibles factores agravantes sobre los que no se tienen a día de hoy conocimientos suficientes, lo que significa que un escenario más negativo podría tener lugar, con subidas por encima de los dos metros.

En 2007, el mencionado IPCC afirmó que es muy probable que el calentamiento provocado por la actividad humana (antropogénico) contribuyó a la subida del nivel del mar observado en la segunda mitad del siglo XX.6​ El informe de 2013 del IPCC (AR5) concluyó que «existe una gran fiabilidad en que la tasa de subida del nivel del mar se ha incrementado durante los últimos dos siglos, y que es probable que el nivel global medio del mar se haya acelerado desde 1900. Las subidas del nivel del mar pueden influir considerablemente en las poblaciones humanas en las costas y las regiones insulares, además de en ambientes naturales como los ecosistemas marinos.​ Se espera que el aumento del nivel del mar continúe por siglos. Debido a la gran inercia, tiempo de respuesta largo de partes del sistema climático, se ha estimado que ya hemos puesto las circunstancias para un aumento del nivel del mar de aproximadamente 2,3 metros por cada grado de aumento de la temperatura, para los próximos 2000 años». El 23/3/2021 salió este artículo que da cuenta de una mayor rapidez en el descongelamiento y que el nivel del mar podría subir 6 metros. En esta nota se indica que el deshielo en Groenlandia habría llegado a un punto de no retorno. Algo similar se dice en esta sobre la Antártida.

En esta nota se analiza el impacto que puede tener el impacto del aumento del nivel del mar en las zonas costeras de Argentina, como por ejemplo, «la Bahía de Samborombón, el Delta, las costas de Quilmes y más al sur, Playa Unión, Río Gallegos y Río Grande son algunas de las zonas con mayor cantidad de tierras en riesgo por la suba del nivel del mar o las inundaciones extremas generadas por la crisis climática, según una nueva simulación publicada por Nature Communications y que da cuenta de que alrededor del mundo unas 300 millones de personas podrían verse afectadas por estos fenómenos para 2050″. En la imagen de la entrada se presenta una simulación sobre la ciudad de Miami (EE.UU). En el caso de Argentina sería muy relevante tomar conciencia y encarar de acciones posibles de mitigación de consecuencias que se pueden generar como la inundación de la planta potabilizadora de Aguas Argentinas en la costanera del rio de la Plata o los silos para exportación de granos de Bahía Blanca o de Rosario (por el aumento del nivel del rio). Son cuestiones que llevan su tiempo, pero ante el avance sostenido del deshielo en los polos habría que irlas previendo desde ya.

La prevención de este fenómeno tiene distintas dimensiones: 1. Actuar sobre las causas del cambio climático y revertir este fenómeno (es lo más relevante, pero hoy en día parece bastante difícil);  2. Evitar nuevas radicaciones sobre las zonas costeras que pueden ser más afectadas, y tender a reubicar la población que hoy están en ellas;  3. Encarar proyectos de defensa de costas al estilo del proyecto MOSE en Venecia o las encaradas por Holanda, pero -dado sus altos costos- de muy difícil implementación en países con menores recursos y urgencias de corto plazo, entre las principales. Ojalá tomemos conciencia de este grave problema a fin de no ir hacia un mundo peor.

Prevención contra incendios forestales

El cambio climático, con el aumento gradual de la temperatura promedio (acompañada de avances en el proceso de desertificación en muchos países del mundo), así como la quema de bosques (asociada a incrementar la superficie agrícola), agravan la cuestión de los incendios forestales como ha sido el caso de Australia, EEUU, y otros países del mundo.

La imagen de la entrada, tomada de una fuente mexicana, ilustra algunas de las principales medidas para evitarlos. Esta nota ha sido elaborada más específicamente para el contexto argentino, y comienza diciendo que «el manejo del fuego incluye seis tipos de acciones: planificación, prevención, supresión, detección, extinción y evaluación. Las primeras tres abarcan todas las medidas que se pueden tomar antes de la generación de focos de incendio, mientras que las demás incluyen tareas, más costosas y complejas, que se deben realizar una vez que el incendio ya está activo.»

En cuanto a las actividades de prevención las mismas implican «en primer lugar tener claras dos cosas: cuáles son las causas de un incendio y cuáles son las variables que determinarán su comportamiento una vez iniciado. Respecto de lo primero, según las Estadísticas de Incendios Forestales 2016 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación se desconoce el origen de un gran porcentaje de los incendios ocurridos en el Bosque Andino-Patagónico. Pero de las causas que sí se identificaron, la más frecuente es la negligencia, en segundo lugar están las intencionales y en menor medida las naturales. Este panorama se repite año a año.

Respecto de lo segundo, los factores que determinan cómo se comportará un incendio una vez activo, cuál será su intensidad y severidad, son tres: las condiciones meteorológicas (los vientos, las temperaturas y las lluvias), la topografía o relieve del área y el tipo y cantidad de combustible (biomasa e infraestructura) que el fuego encuentre en su camino. “Sobre lo único que tenemos posibilidades de actuar es la biomasa. No podemos modificar el clima en el corto plazo, hacer que llueva en el verano en la Patagonia o controlar el viento y la humedad relativa, pero sí manejar la biomasa y disminuir el impacto de los incendios”, afirma el investigador Defossé.

Existen diferentes técnicas de reducción del combustible. Entre ellas, las quemas prescritas. “Se hacen bajo condiciones estrictamente controladas de temperatura, humedad relativa y otras variables para conseguir determinados objetivos. Uno fundamental es reducir la cantidad de biomasa para evitar que el día que venga un incendio se transforme en catastrófico. ¿Cómo se hacen? Paso a paso, en pocas hectáreas, viendo los resultados”, explica Defossé. Y agrega: “La quema prescrita es como el virus atenuado en la vacuna que te ponés para que no te agarre la enfermedad, que sería el gran incendio”. En la Comarca Andina de la Patagonia, por el momento solo se realizan de forma experimental y con fines de investigación, ya que aún no existe un consenso respecto del uso de esta herramienta que se viene utilizando desde haMce años en países como, por ejemplo, los Estados Unidos.»

Más adelante en la nota se expresa que «en una charla virtual, realizada en el marco de la Semana del Ambiente, Blackhall y Franzese mencionaron varias acciones importantes para mantener en condiciones lo que se conoce como “espacio defendible” ―que es aquel que se encuentra en un área de al menos 10 metros alrededor de una edificación― y disminuir el peligro de incendio:

  • Plantar especies adaptadas al clima del lugar, que no impliquen un riego extra, en lugar de especies exóticas como los pinos.
  • Considerar especies que no acumulen naturalmente material seco.
  • Mantener el césped corto y húmedo.
  • Podar las ramas bajas de los árboles para evitar la “continuidad vertical” que permite subir el fuego hasta la copa.
  • Considerar plantas que tengan un valor de conservación y de biodiversidad.
  • Evitar especies tóxicas o que pueden provocar alergias».

Finalmente podemos afirmar que es muy importante la inversión a realizar en aviones hidrantes y preparación de brigadistas. En esta nota se expresa que «en octubre de 2019, el presidente Sebastián Piñera anunció un flamante operativo para proteger a su país de los devastadores incendios forestales durante el verano. Prevención absoluta para una nación cordillerana repleta de una vastísima vegetación. Piñera detalló que el Plan Nacional de Manejo y Prevención de Incendios Forestales contendría 107 naves y 6000 brigadistas. Una inversión de 200 millones de dólares». Lamentablemente en Argentina, por el momento, estamos lejos una inversión y preparación similar.

Son todos temas a tener en cuenta, frente a una amenaza y a una realidad que, lamentablemente, estará cada vez más presente.

 

 

 

 

El cuidado en situaciones extremas: guias y manuales de supervivencia

El instinto de supervivencia o de autoconservación es una característica de los seres humanos (y también de otros seres vivos como los animales). A lo largo de la historia la humanidad ha desarrollado -por un lado- muchos conocimientos y medios que lo garanticen cada vez más (en alimentación, salud…), y a la vez que lo pongan en peligro por la lucha por el poder, no resolver satisfactoriamente la desigualdad y la pobreza, la no reversión del cambio climático o no introducir códigos de ética a la inteligencia artificial, entre los principales.

La imagen de la entrada ilustra sobre un famoso personaje, Robinson Crusoe. Fue una de las obras más famosas del célebre escritor inglés Daniel Defoe (publicada en 1719 y considerada la primera novela inglesa).​ Sabemos que se trata de una autobiografía ficticia del protagonista: un náufrago inglés que pasa 28 años en una remota isla desierta en la desembocadura del Orinoco, cerca de las costas de Trinidad y Venezuela.

El tema de sobrevivir a un naufragio también ha sido tratado en films más recientes, y plantea su posibilidad lejos del resto de la civilización (1). Pero hay muchas otras formas de supervivencia más cotidianas en la sociedad actual bajo la forma de los migrantes (de Africa a Europa, de centroamérica a EEUU o por conflictos o guerras), de quienes en situación de pobreza y asisten a comedores comunitarios, o viven situación de calle en metrópolis como Buenos Aires, Los Angeles, Calcutta, entre muchas otras. La falta de desarrollo, de equidad, de políticas públicas eficaces orientadas hacia el bienestar, de lucha efectiva contra la pobreza, de cuidado… están entre las principales causas de este naufragio o catástrofe social que podría ser resuelto por la Humanidad.

En esta nota desearíamos listar algunas guías y manuales con técnicas de supervivencia (disponibles en internet) para catástrofes naturales o derivadas de las situaciones cada vez más extremas del cambio climático.

Hay desde las más simples como esta, hay libros como este o más antiguos que utilizan las fuerzas armadas de algunos países como este, relacionados con supervivencia urbana, vinculados con emergencias nucleares o radiológicas, las que pueden aprender los/as niños/as (como las que utilizan los scouts) o las que hay -en general- en videos como este. Solo como ejemplos de un número más vasto, al que se le pueden agregar las que utilizan los países que están en guerra (como Ucrania) y la importancia de contar con buenos refugios.

Ojalá que no tengamos que utilizar estos recursos y -como Humanidad- podamos recapacitar, no caer en tragedias evitables e ir convergiendo hacia un mundo más seguro y mejor.

(1) También ha sido analizada bajo la perspectiva de lo que conlleva vivir a la intemperie.

Codicia y Economía

Una de las definiciones de codicia que da el Diccionario de la Real Academia, es el «afán excesivo de riquezas». Este concepto, y en particular en definición de Aristóteles, en la economía premoderna, está asociado al de crematística (arte de ganar dinero). También la codicia está emparentada con la avaricia. Según el poeta Dante Alighieri «la avaricia es de naturaleza tan ruin y perversa que nunca consigue calmar su afán: después de comer tiene más hambre». Es una versión de la «desmesura» e «ir por todo», pero desde lo económico.

Otra forma de ver esta temática es considerar a la codicia como un vicio «beneficioso y fundamental para el progreso económico». En la época de Adam Smith hubo un famoso y provocativo pensador denominado Bernard de Mandeville, quien, en 1714, publicó “La fábula de las abejas: o, vicios privados, públicos beneficios”. Según Nicol (Nicol, E., Introducción a la Teoría de los Sentimientos Morales, El Colegio de México, FCE, 1941. pág. 17) para Mandeville las “pasiones e impulsos egoistas son justamente los motores de la industria y del comercio, es decir, de todo lo que parecía en el siglo XVIII, especialmente a los ingleses, y aún parece hoy a muchos rezagados, el más alto signo del progreso humano”. Esta argumentación fue rebatida por Smith en el cuarto capítulo de la Sección II de la parte VII de la Teoría de los Sentimientos Morales, cuando habla de «los sistemas licenciosos».

Si bien es un tema muy antiguo sobre uno de los aspectos posibles de la naturaleza humana, reaparece contemporáneamente en distintas notas de economistas relevantes. En un reportaje que le hace Jorge Fontevecchia a Jeffrey Sachs, el primero le pregunta: «En su libro “The shock doctrine”, Naomi Klein sostiene que el capitalismo explota las crisis nacionales para impulsar políticas de shock que, de otra manera, no sería aceptadas. ¿Está de acuerdo con esa idea?» y Sachs le responde:

«Creo que el principal aspecto del capitalismo es que hay diferentes estilos. Mencionaría las dos variantes tradicionales, y luego una tercera. Una ha sido la variedad anglosajona, más neoliberal. La segunda, el capitalismo de mercado social o socialdemócrata, que sería Escandinavia y Alemania. Soy un admirador de la segunda categoría. Ambos tipos de capitalismo se construyen sobre no poca codicia, pero el primer tipo de capitalismo tiende a promoverla, mientras que el segundo tipo de capitalismo trata de acotarla: “Aceptamos cierto nivel de codicia, y mantenemos la economía en marcha”. Mientras que el modelo anglosajón, especialmente el estadounidense, dice: “Nos encanta la codicia”. Naomi Klein escribe sobre la variante norteamericana extrema del capitalismo».

También en una nota reciente del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, finaliza diciendo sobre los discursos de los CEOs en Davos de 2018: «de modo que olvídense de las perogrulladas sobre los valores que los CEO recitan en los párrafos de apertura de sus discursos. Pueden no tener la franqueza del personaje de Michael Douglas en la película Wall Street de 1987, pero el mensaje no ha cambiado: “la codicia es buena”. Lo que me deprime es que, aunque el mensaje es evidentemente falso, tantos en el poder crean que es verdad». (*)

Tal vez, si se pudiera resignificar el concepto de codicia por el de una aspiración, ambición o deseo prudente y razonable de progreso y mayor bienestar, donde hubiera conciencia de que lo individual se realiza con otros en un contexto o sistema donde los valores de justicia y solidaridad son fundamentales para que el mismo sea sostenible y sustentable, seguramente coincidiremos que esto sería lo mejor. Para ello habría que tener capacidad de discernir sobre la diferencia entre amarse a uno mismo y ser egoísta, y respecto del concepto profundo de felicidad.

Para lo que venimos de mencionar no hace falta ni ser ángel ni santo (en línea con la frase de la imagen de la entrada), sólo humanos conscientes de nuestras limitaciones que, con humildad y sinceridad, buscamos alejarnos de los distintos vicios e impulsos egoístas, tratando de compatibilizar el amor hacia nosotros mismos con el amor hacia las demás relaciones (el prójimo, la naturaleza, para los creyentes el amor a Dios…). Ello nos puede conducir a un mundo mejor.

(*) Además de las que provienen del ámbito académico, en lo que se refiere a la difusión de las situaciones mencionadas, estas afirmaciones están en sintonía con informaciones proporcionadas por recientes series televisivas como es el caso de «Dirty Money«.

Un Enfoque de Lo Común

En esta entrada haremos comentarios sobre el enfoque de «lo común» que plantean Christian Laval y Pierre Dardot, en el libro «Común. Ensayo sobre la revolución en el Siglo XXI» (Ed. Gedisa, Barcelona, 2015, que se muestra en la imagen de la entrada) y que presentaran públicamente.  Para ello analizaremos las principales características de esta obra (en particular los rasgos centrales de su enfoque y de sus propuestas), y contaremos con la ayuda del análisis efectuado por Edgar Straehle, de la Universidad de Barcelona (Astrolabio, Revista internacional de filosofía, Año 2015, N0. 17) en este texto.

Es un extenso libro de 665 páginas (por lo tanto, difícil de sintetizar y comentar en esta breve nota) que contiene, además de una Introducción, tres partes: 1. La emergencia de lo común, 2. Derecho e institución de lo común, 3. Propuestas políticas.  En todo el texto hay una línea argumental que busca refundar el concepto de lo común, estableciendo un postulado o proposición que lo centran en la esfera de una «razón política» que sustituya a «la razón neoliberal» (pág. 652). Lo común se funda según los autores por lo inapropiable en un sentido absoluto, por aquello que nadie en concreto puede monopolizar o patrimonializar (está radicalmente fuera de la propiedad, pág. 268) sea persona o institución. Lo común es una «práctica» o un hacer del uso. En la página 312 afirman que «en la medida que lo común depende exclusivamente de las prácticas del uso colectivo, por fuerza debe excluir categóricamente toda ontología de lo común».

No es un espacio sin reglas, como reseña Sraehle (pág. 185 de su artículo), «sino como un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común. Y donde estas se deben poder redefinir o modificar según la ocasión. Como es lógico, la misma inapropiabilidad mencionada más arriba coincide a su vez con la oposición a toda sujeción respecto respecto a una determinación tomada en algún momento en concreto. Lo común debe ser pensado como una institución abierta a la transformación y también como co-actividad, y no como una co-pertenencia, co-propiedad o co-posesión (pág. 48 del libro). Una co-actividad que no cesa y que funciona y se renueva una y otra vez en virtud de la reciprocidad y del compromiso de sus participantes. No se trata en efecto de lo que hacemos juntos, y que puede ser tanto un viaje como una acción de protesta, del modo de acción que procede de la co-obligación significada por el munus latín (pág. 318 del libro). En pocas palabras, la acción común tendría que ver con el uso común de lo común».

Al final del libro se plantea la institución de lo «inapropiable» a través de una revolución como autodeterminación de la sociedad.

Como comentario general coincidiremos con el que hace Straehle respecto de que, más allá de las críticas, «que por supuesto no empañan sus méritos, Común se presenta como un estupendo regalo y un punto de partida necesario para repensar y profundizar en la cuestión de lo común».  En cuanto al planteo del libro podemos decir que la primera parte está muy fundamentada y detallada con gran erudición (aunque hay aspectos que no tiene en cuenta, como detallaremos más abajo), la segunda parte bien planteada, y la tercera parte sobre «propuestas políticas», como dice Straehle,  «se caracterizan por su vaguedad e incluso su implausibilidad», y podríamos agregar sin tener en cuenta la complejidad de un fenómeno multidimensional y evolutivo.

Respecto de comentarios específicos, detallamos lo siguiente:

  • se enfoca desde «lo racional» (y por lo tanto con un rol relevante del «yo») y cuando habla de «co-obligación» (rol del «superyo»), supone un deber compartido por el colectivo, y por lo tanto con una simultaneidad de valores compartidos por la mayoría. No aparece en este análisis el «ello» y por lo tanto el rol de los sentimientos (1) y su traslado a actitudes como las del «desapego«, y al ser y tener planteado por Erich Fromm. ¿Cómo es posible un hacer que no conduzca a formas de apropiación sin tener en cuenta esta dimensión?
  • no tienen en cuenta la diversidad de subjetividades, las distintas culturas y los cambios ínter-generacionales que se producen al respecto vinculado a «lo propio e individual» y a «lo común». Por lo tanto termina siendo un planteo abstracto que no contempla esta dimensión de la complejidad.
  • Lo anterior está relacionado con que no perciben que el capitalismo (o una razón «neoliberal») es un modo especial de relacionarnos, de jugar la libertad, de a-poder-arse o a-propiar-se (el «enclosure» que se menciona en el texto) y por lo tanto un modo particular de poder en un estadio determinado. Por lo tanto el «problema» de fondo es «el poder» y «no el capitalismo», que es un «derivado histórico particular en lo económico» y que ha penetrado lo cultural asociado al proceso de individuación.  Si no re-significamos la acción cultural vinculada con el poder, tengamos en cuenta la importancia de «la singularidad»  y la diferenciemos de «lo individualista»,  seguirán habiendo distintas variedades de capitalismo o de poder económico.
  • No está claro como juegan los distintos liderazgos y roles, la información asimétrica e incompleta, así como las distintas formaciones y saberes, y los diversos talentos o competencias técnico-profesionales,  en «un espacio donde los participantes o integrantes establecen autónomamente y de manera conjunta estrategias y normas para administrar y hacer uso del bien común».
  • Si bien -en la propuesta política 1- diferencia bien el «autogobierno» de la «autogestión», no está claro el nexo entre la direccionalidad establecida por el gobierno, de la ejecución y praxis de este en la gestión de los detalles concretos.
  •  El derecho de uso frente al derecho de propiedad -en el sentido radical que le dan los autores- no parece viable sin un cambio revolucionario de la tecnología (por ejemplo, ser «prosumidores» con impresoras 3D) o que nos transformemos todos en «personas nuevas» (la generalización práctica del «hombre nuevo»). Entre tanto lo que sí parece ser viable y realista es el planteo de Elinor Ostrom.
  • En las propuestas políticas 4 y 5 plantean la institución de una empresa común y la asociación en la economía debe preparar la sociedad de lo común. Están bien formuladas las limitaciones que existen en estos campos, por ejemplo la diversidad de situaciones y perspectivas de la economía social y solidaria.  Sobre esta última expresan (pág. 367): «la economía social no constituye, al menos por el momento, un conjunto social movilizado, ni a nivel nacional ni a nivel mundial, y ello a pesar de la visibilidad de creciente de algunas ong. De este modo, resulta difícil hacer de este conjunto tan diverso una «alternativa al capitalismo», y todavía ver en él la única alternativa concebible. Las fuertes presiones a las que están sometidas  estas actividades por parte de las empresas capitalistas y de los poderes públicos lo hacen todavía más difícil…» Es cierto lo que dicen los autores, pero no señalan que hay unos 1000 millones de personas (aunque no están «movilizadas») que pertenecen a alguna forma cooperativa y no tienen en cuenta experiencias como la de la economía de comunión y las perspectivas y experiencias de la economía del bien común (aunque serían rechazadas por no contemplar lo democrático y lo radicalmente inapropiable). Sí proponen (pág. 574) «la nueva democracia política, económica y social «por abajo» implica optar por una vida más simple, más autónoma y basada en la convivencia, que se podría traducir en la creación de comunidades locales más vivibles que las que las grandes metrópolis dominadas por los ritmos y las estructuras del capitalismo mundial» (2). Si bien continúan con esta argumentación dicen que no será suficiente para constituir una política de lo común.

Sin duda los autores están en una perspectiva de la búsqueda de un mundo mejor, pero no logran -según nuestra opinión- poder formular su viabilidad (3), dada la radicalidad de su paradigma y por cuestiones como las que venimos de señalar.

(1) No valoran enseñanzas sapienciales de tradiciones como la parábola del buen samaritano, donde la traducción en español de «se compadeció» corresponde al término griego splagnizomai: es decir que al samaritano «se le conmovieron las entrañas o se le revolvieron las tripas». Si no «sentimos» lo común por más «razón» y superyo que haya no se podrá constituir sólidamente esta dimensión, más allá de » juntarnos desde abajo en asambleas» o la articulación no violenta de intereses a través de la política.

(2) Apelan a la convivencialidad preconizada por Ivan Illich y André Gorz, y a la estrategia de «bioregionalismo» de Arnsperger, que articularía los anclajes locales con solidaridades nuevas a nivel del pueblo, del barrio. Aunque no lo mencionan está emparentado a las ecovillas y a los planteos de la película «Demain«.

(3) En lo micro hay algunas experiencias muy valiosas como esta.

 

Proudhon: Moral y Economía y su relación con la Política

En otra entrada hemos analizado si puede haber una economía con otros valores que no sea la maximización del excedente económico denominado «lucro». Aquí nos plantearemos si la caracterización «moral» de que «la propiedad es un robo», realizada por Pierre-Joseph Proudhon (ver imagen de la entrada) ha tenido algún tipo de influencia en la concepción política (o, al menos en su discurso) de sectores del progresismo, y en particular aquellos que se denominan «populismo de izquierda».

Este importante pensador fue «uno de los padres del pensamiento anarquista y de su primera tendencia económica, el mutualismo«. Como hemos especificado en otra nota de este blog hubo un debate entre él y Marx, a partir de un libro de Proudhon  (“¿Qué es la Propiedad? Investigaciones sobre el principio del derecho y del gobierno”, (donde menciona la famosa frase señalada más arriba), y Carlos Marx, en su texto “Miseria de la Filosofía”, entre otras cosas, dice“… Por lo tanto, el señor Proudhon reconoce su incapacidad de comprender el origen económico de la renta y de la propiedad. Confiesa que esta incapacidad le obliga a recurrir a consideraciones psicológicas y morales, que, estando en efecto remotamente relacionadas con la producción de la riqueza, guardan, en cambio, una conexión muy estrecha con la exigüidad de sus horizontes históricos. El señor Proudhon afirma que el origen de la propiedad tiene algo de místico y de misterioso. Ahora bien, ver misterio en el origen de la propiedad, es decir transformar en misteriosa la relación entre la producción misma y la distribución de los instrumentos de producción, ¿No equivale acaso, hablando con el lenguaje del señor Proudhon, a renunciar a toda pretensión en ciencia económica?…”  La temática de la propiedad la hemos abordado en esta nota.

Este debate del siglo XIX ha tenido distintas derivaciones y, según nuestra opinión, una de ellas es que la idea del robo, conlleva a que los propietarios (en particular de los medios de producción) sean considerados -según esta perspectiva- «todos ladrones«, y por lo tanto actores de un sistema (el capitalismo) profundamente corrupto. De alguna manera esta imagen está asociada a una figura particular: un tipo de «ladrón» (el usurero, como prestamista) tan bien descripto en la obra de Shakespeare denominada «El Mercader de Venecia«.

¿Es así? Mirado a la distancia y desde el paradigma de la complejidad, entendemos que quienes emprenden de manera autónoma una actividad económica, desde que la propiedad privada existe (y «lo común» no es fácil…), tienen diversos motivos: ellos van desde la propia supervivencia (para lo cual deben satisfacer necesidades externas a ellos: clientes/usuarios), pasando por crear e innovar, hasta sólo enriquecerse individualmente (la crematística). En otra parte hemos mencionado una encuesta donde la motivación de «hacerse rico» (y -además- si fuera realizada sin ética, sin compartir y burlando las leyes) es minoritaria en el conjunto de motivaciones que tienen en la actualidad la mayoría de los emprendedores. Por lo tanto podríamos concluir que el «móvil predominante» no es el robo (o «quitarle a otro algo»), más allá de que en el proceso de generación de valor el propietario se «apropie» de un plusvalor que -según la teoría del valor trabajo y en particular del marxismo- le pertenece a los trabajadores.

Otra forma de ver es la relacionado con la articulación entre «fines y medios». Si el fin del capitalista es enriquecerse, y no importaran los medios que utilice, entonces una posibilidad -dependiendo de las circunstancias y los actores en juego (y su moral)- es que lo haga de manera corrupta. Sería el enfoque que se desprende del pensamiento de Maquiavelo. Si en cambio los medios utilizados «importan», no sólo por la moral de los actores sino por que la ley explicita lo que es lícito de lo que no lo es, entonces el capitalista puede puede enriquecerse «legalmente» sin ser corrupto, y si lo fuera es penado por un sistema judicial eficaz.

Una derivación del enfoque anterior, podría inferir que es «la política» (1) la que tiene que ponerle un bozal a los «eventuales» lobos (2) y limitar el robo (poniendo reglas y redistribuyendo vía lo fiscal). Si las variantes fueran de un «populismo de izquierda», ellas pueden ser muy diversas: desde que los políticos tendrían que «juntar poder» (incluido el económico) para poder domesticar a estos actores hasta generar una propia burguesía (hay algunos casos en América Latina) que le sea fiel y le tribute (vía la corrupción) para el ejercicio de este poder. También habría que incluir la alternativa de eliminar la mayor parte de las empresas privadas y converger hacia una estatización de la mayor parte de la economía (con el consiguiente problema de la centralización de las decisiones y la burocratización de los procesos).

¿Una burguesía prebendaria o de un «capitalismo de amigos» sería «la solución»? ¿no induce a una «generalización de la corrupción»? ¿el juntar poder no terminará siendo una «excusa» o relato «funcional» para permanecer indefinidamente en ese lugar de poder? Este tipo de alternativas -en su mayor parte asociada «al fin justifica los medios»- no parecen llevarnos a un mundo mejor.

(1) Con la emergencia del capitalismo surgieron distintos enfoques vinculados a ¿qué hacer desde la sociedad y el Estado? Las posiciones fueron diferentes, desde sólo un «marco general institucional» sin interferir en el mercado (incluida una variante de «anarquismo liberal») hasta un rechazo del mismo bajo distintas modalidades que incluyen el «anarquismo socialista» de Proudhon, pasando por distintas formas de intervención del Estado (desde mínimas hasta la plena estatización). Lo que aquí se plantea es una corriente más reciente asociada al denominado “populismo de izquierda” que tiene ante si actores empresarios muy diversos pero -en general- termina unificándolos en una misma categoría.  En la entrada «Otras Economías» y en una reflexión sobre el mercado hemos intentado hacer una reflexión sobre cuestiones asociadas a esta temática.

(2) La temática de los lobos incluye muchos mitos, pero no se tienen en cuenta aspectos como este.

La Verdad

Sabemos que la fuente de la Wikipedia, en oportunidades, debe ser re-chequeada (ella misma lo afirma en ocasiones específicas), pero -en general- ofrece buenas síntesis de distintos puntos de vista. En el caso que nos ocupa (la temática de «la verdad»), dice al comienzo de su explicación en español que, «el término verdad se usa informalmente para significar la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere1​ o la fidelidad a una idea. El término se usa en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica y matemáticas o la filosofía.

El uso de la palabra verdad abarca asimismo la honestidad, la buena fe y la sinceridad humana en general; también el acuerdo de los conocimientos con las cosas que se afirman como realidades: los hechos o la cosa en particular;​ y, finalmente, la relación de los hechos o las cosas en su totalidad en la constitución del Todo, el Universo.​ Las cosas son verdaderas cuando son «fiables», fieles porque cumplen lo que ofrecen.​ El término no tiene una única definición en la que estén de acuerdo la mayoría de los estudiosos y las teorías sobre la verdad continúan siendo ampliamente debatidas».

Ha tomado recientemente una «nueva actualidad» vinculada a la problemática y al debate sobre «las noticias falsas» o «fake news«: ya sea vinculadas a cuestiones de comunicación de Facebook -y las reacciones que ello provocó- o a intencionalidad política (su relación con el concepto de posverdad) y a preguntarnos ¿por qué no cambiamos de opinión aunque nos demuestren que estamos equivocados?. Esto último se lo vincula a limitaciones de la razón, sesgos cognitivos o al concepto freudiano de «desmentida«. En esta línea se puede agregar lo que pone en evidencia este video.

La frase de la entrada del científico Max Planck es muy dura, y podríamos decir que conlleva una visión «pesimista» de este fenómeno. Hay visiones más «optimistas», como es el caso de la expresada en la versión cristiana de la «parábola del sembrador» en el Evangelio. En la versión de Mateo (Capítulo 13) dice: «Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo:

He aquí, el sembrador salió a sembrar.
 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;
 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
El que tiene oídos para oír, oiga.»

Esta parábola nos hace referencia a que «la verdad, desde el punto de vista cristiano» sólo puede prosperar en «la buena tierra» (Jesús explica al final de la parábola que conlleva esto). Es una invitación sapiencial (del «sembrador») a quienes puedan estar «abiertos a oír«, y por lo tanto excluye cualquier tipo de imposición o violencia de sus mensajeros (1). Para que esta invitación sapiencial fructifique en nosotros, según Grün y Steindl Rast, es necesario diferenciar el ego del “self”, que algunas corrientes llaman el “yo espiritual” o el “yo mismo”. Mientras que el ego se reconoce por su necesidad de mostrarse, el “yo mismo” se manifiesta en “ser uno con el otro”. Y en relación a los miedos que nos habitan, y en una conferencia dada en Argentina, propusieron amigarnos con ellos y a diferenciarlos del temor, una actitud que se resiste hasta convertirse en pánico.

Podríamos agregar que «los mensajeros» de la verdad  (en sus distintas expresiones -como las religiones– y campos desde las ciencias hasta la política) deben ser personas (o instituciones) «fiables» y «mensajeros de la paz» (por lo tanto de las distintas expresiones del amor). Esta es una restricción importante, dada nuestra limitada y débil condición humana (en el caso de las instituciones se complica adicionalmente cuando juega «el poder», y uno de sus recursos como es «el dinero»), y que nos desafía a estar en constante revisión crítica y actitud de humildad tanto en el conocimiento de la misma como en su comunicación eficaz a los distintos públicos.

Sin duda, la búsqueda de la verdad (compleja, que se nos va revelando de a poco, que está relacionada con la sabiduría…) es un requisito indispensable para la búsqueda y construcción de un mundo mejor.

(1) Esto se complementa con la afirmación de que «la verdad os hará libres» y «Yo soy el camino, la verdad y la vida«.

El Desapego

La imagen de la entrada remite a una frase de Bodhidharma (vigésimo octavo patriarca del budismo y el primer patriarca legendario y fundador de la forma de budismo Zen. También el Taoísmo, en el capítulo 44 del Tao Te King expresa el concepto así: «El renombre o la propia persona,

¿qué es más digno de estima?
La propia persona o las riquezas,
¿qué es más importante?
Ganar o perder,
¿qué es peor?
Una gran ambición conduce necesariamente a la ruina,
quien mucho acumula inevitablemente sufrirá grandes pérdidas.
Por eso, quien se contenta
no conoce la humillación,
quien sabe refrenarse no conoce el peligro, y puede vivir largo tiempo»

La cuestión del  “desapego” entendemos que es la correcta interpretación contemporánea que respeta la esencia del concepto de “pobreza” del cristianismo: no es el elogio a la pobreza material, dado que hay que “darle de comer al hambriento, de beber al sediento…”, practicar la justicia, poner en valor los talentos. Esto último no sólo conlleva a que nos podamos proveer el alimento por nosotros mismos sino también elegir un camino «desapegado» pero orientado a un desarrollo (*) integral de la persona y la sociedad: bien planteado por la Enciclica Populorum Progressio de Pablo VI. Todo ello en el marco de que el desapego puede tomar distintas expresiones (algunas de ellas radicales, como se lo expresa Jesús al joven rico o como lo vivió San Francisco de Asís) y que somos administradores transitorios –dada nuestra corta vida- de los bienes terrenales.

Esto va en línea con el aporte de Erich Fromm en “Tener o Ser”, donde privilegia “el ser” y diferencia “el tener existencial” (compatible con lo anterior) del “tener caracterológico” (la compulsión por acumular y consumir).  Por otra parte la cuestión del “desapego” es planteado por otras corrientes, como es el caso de las que toman distancia del consumismo (desintoxicarse del mismo).

No es fácil de vivir, pero seguramente nos puede conducir a un mundo mejor.

(*) En los últimos años se ha relativizado o puesto en cuestión la temática del desarrollo desde la perspectiva del «decrecimiento«.

El aporte de los que más tienen

El título de esta nota se refiere al aporte de «los que más tienen» aplicado a la resolución de graves problemas socio-económicos que afecta a distintos tipos de sociedades y países. Ello dependerá de una serie de factores, como los que se mencionan a continuación. Considerar que su contribución es con las empresas que tienen -dando empleo y proporcionando bienes y servicios- y con lo que consumen, y ahí «se acaba». En caso que, por su sensibilidad y valores, consideren que lo anterior es insuficiente para reducir las injusticias y se requiere de «más», entonces podrán abordar distintos caminos:

  • ejercitar la filantropía, formas de responsabilidad social empresaria (habrá que diferenciar «las reales» de las sólo «marketineras») o lo que se ha denominado «la derecha compasiva«,
  • se podrán generar otras empresas (por lo tanto más trabajo y bienes y servicios): en los mismos sectores o donde haya mayor valor agregado: por ejemplo, salir de la «primarización»de la economía, alternativa no fácil frente a la industria de Asia…,
  • u otro tipo de empresas (ver, por ejemplo, experiencias de economía del bien común, la economía de comunión, …),
  • compartir ganancias en las empresas existentes,
  • otro tipo de intercambios,
  • no evadir impuestos y estar dispuestos a tributar más que posibiliten explorar otras alternativas,
  • ser no solamente solidarios entre todos (como expresa la imagen de la entrada), sino también equitativos entre los que más tienen y menos tienen, o que están en situación de desigualdad como se reflexiona en esta nota, etc.

Lo que venimos de describir se puede abordar por un cambio cultural que tenga distintas «motivaciones»:

  • toma de conciencia personal por haber vivido situaciones de carencia y exclusión, por capacidad «de ponerse en el lugar del otro» (en este caso del más débil), por cuestiones religiosas, solidarias o valorativas en general,
  • por «miedo» («no nos une el amor sino el espanto«) que, según distintos autores, fue la «contribución de la revolución rusa» a la implementación de experiencias socialdemócratas en países del norte de Europa, a comienzos del siglo XX,
  • por conciencia de que las situaciones de desigualdad no afectan sólo a los pobres sino también a los ricos que viven en esas sociedades (tal vez pueda «tipificarse» como un motivo «egoísta» o de «autodefensa»),
  • por entender que el aporte que hacen los que más tienen no se va en corrupción o en destinos «no prioritarios» y por lo tanto se refuerza el «contrato» entre el contribuyente y la asignación eficaz y eficiente de la inversión y el gasto,

entre otros motivos.

Todo lo anterior puede expresarse en actos individuales como ciudadanos, consumidores o emprendedores, o desde grupos, ongs, asociaciones o en expresiones políticas que se transformen en acciones del Estado. Las mismas pueden derivar en dar incentivos y/o en generar penalizaciones (por ejemplo tributos más progresivos en sectores de altos ingresos que tengan una aplicación transparente y efectiva) a través de regulaciones apropiadas que se verifiquen en resultados eficaces y sostenibles en el tiempo y consecuencias deseadas para la mayoría de la población.

Esta problemática en el caso argentino ha sido manifestada, entre otros, por la Conferencia Episcopal Argentina en un comunicado del 19/12/2017.  También se han marcado limitaciones o condicionamientos, por ejemplo, por parte declaraciones de un importante empresario argentino en el minuto 23 en adelante de este video. En el mismo se menciona -entre otras cuestiones- el caso de la curva de Laffer que expresa la relación entre los ingresos fiscales en relación con el tipo impositivo: si el tipo impositivo es cero, los ingresos fiscales serán también nulos. Si, por el contrario, los tipos impositivos son del 100%, los ingresos fiscales también se anularán, nadie ofrecería ni demandaría el bien en cuestión.

El problema, en la práctica, es cual es la presión fiscal «tolerable o aceptable» para las empresas que no hagan caer (o «matar» la actividad) o generar desinversión y, a la vez, permita recaudar más. Esta lógica puede usarse -como fue el caso en Estados Unidos durante el gobierno de Reagan- para bajarle el impuesto a los sectores más ricos de la sociedad sin que se verifique que esto genere una mayor actividad económica. Por lo tanto hay una «sintonía fina» que habrá que ir evaluando cuidadosamente en cada país y sociedad para aplicar estas medidas de manera justa y eficiente.

Por último, lo que pueden «aportar» los sectores excluidos -además de su expresión democrática, lucha por sus derechos y cambio de las situaciones de exclusión- está la posibilidad de generación de formas de auto-organización económica y social. Una de ellas es a través de la economía social y solidaria. Por supuesto hay otras líneas de acción que pasan por cambios educativos, fortalecimiento de la capacitación, asistencia técnica y financiamiento, y -en general- promoción de estos sectores, que incluyan acciones de emprendedorismo y seguramente un piso de subsidio socioeconómico para quienes no puedan salir de las situaciones de exclusión, a pesar de todos los esfuerzos y cambios anteriores.

Poder articular virtuosamente todas estas iniciativas y esfuerzos pueden ayudar a construir un mundo mejor.

 No hemos abordado aquí opciones más radicales de izquierda (por ejemplo desde el marxismo) o desde algunos de los enfoques (como los de Laval y Dardot) de «lo común».

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Sensibilidad, Rebeldía y Radicalización

Muchísimas historias de vida, incluidas las de quienes compartimos este blog, han pasado o pasamos por distintos momentos de sensibilidad frente a situaciones que consideramos injustas o que atentan contra la libertad y la dignidad de personas, grupos o naciones. En general nos rebelamos frente a ellas y las reacciones pueden ser diversas: una indignación pasajera, tomar «partido» por un enfoque o ideología que creemos va a resolver esta situación, luchar tratando de cambiar la cultura y las relaciones socioeconómicas que la generan, etc.

En esta nota vamos a tomar un caso de un notable poeta norteamericano: Ezra Pound (1885-1972) de quien colocamos una imagen y frase en la entrada. Según esta fuente y comenzando por una afirmación de Ernest Hemingway «Pound dedica una quinta parte de su tiempo a su poesía y emplea el resto en tratar de mejorar la suerte de sus amigos. Los defiende cuando son atacados, hace que las revistas publiquen obras suyas y los saca de la cárcel. Les presta dinero. Vende sus cuadros. Les organiza conciertos. Escribe artículos sobre ellos. Les presenta a mujeres ricas. Hace que los editores acepten sus libros. Los acompaña toda la noche cuando aseguran que se están muriendo y firma como testigo sus testamentos. Les adelanta los gastos del hospital y los disuade de suicidarse. Y al final algunos de ellos se contienen para no acuchillarse a la primera oportunidad», escribió Hemingway en 1925 sobre el efecto contradictorio que causaba su amigo. Con un sexto sentido para distinguir el talento, Pound se volcó en ayudar a los amigos literatos que necesitaban un impulso económico. Entre sus gestas, el poeta respaldó a T. S. Eliot, D. H. Lawrence, Robert Frost, John Doss Passos y al propio Ernest Hemingway. En el caso de James Joyce, el americano fue crucial para que se publicara «El Ulises», y anteriormente había hecho lo mismo con «Retrato de artista adolescente» en la revista americana «The Egoist».

Precisamente a razón de su carácter generoso y abierto –que nunca obedeció a prejuicios económicos, raciales o religiosos para elegir a sus amistades– sorprende enormemente el giro que dio a su vida en 1924. Establecido en Rapallo (Italia), Pound abrazó el antisemitismo y se convirtió en un fervoroso seguidor de Mussolini. Manifestó públicamente su admiración por el dictador italiano, por Hitler y alabó el talento estratégico de Stalin, mientras que consideraba que Churchill y, sobre todo, Roosevelt, eran responsables de todos los males de la sociedad moderna. Bien es cierto que su afiliación al fascismo estaba vinculada a su oposición al sistema capitalista, y no estrictamente a temas raciales. Paradójicamente, poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, regresó a Estados Unidos y consideró quedarse para evitar el dilema que iba a acabar con su reputación.

Entre 1941 a 1943, se alzó como la voz radiofónica de la propaganda fascista. Además de prestar su talento a la prensa y radio, Pound participó intensamente en las actividades culturales que desarrolló el régimen. Con el final de la guerra y la caída de Mussolini, el poeta, de 60 años, fue encarcelado en un campo de prisioneros en Pisa, donde era fácil distinguirlo por su melena pelirroja y su inseparable libro de Confucio, acompañado de un diccionario chino. Trasladado a Washington, fue acusado de traicionar e injuriar a EE.UU». Cabe destacar que hay otras fuentes que dicen que, en realidad, no era un traidor sino un espía norteamericano.

En un video del Canal A Cultura (de Argentina), sobre la vida de este poeta, se menciona que solicitó una entrevista con el Presidente Roosevelt para convencerlo de su teoría del crédito social, pero que nunca se la concedió. Esto es coincidente con esta fuente que menciona lo siguiente (en negrita remarque nuestro): «En Rapallo, Pound se adhirió al movimiento fascista, porque creyó ver en él la realización de su teoría del Crédito Social (una nueva economía, libre de usura). Teoría de la que no había logrado antes convencer al Congreso de los Estados Unidos aunque había hecho un viaje especial a Washington para ello, ni tampoco a la República Española, a la que había tratado de convencer por intermedio de Salvador de Madariaga. Pero la adhesión de Pound al fascismo fue únicamente en el campo de la teoría económica, y no defendió sus prácticas políticas. Por el contrario hay numerosos testimonios en su Cantos en favor de la libertad:

Oh Inglaterra mía
que libertad de palabra
sin libertad de radio la palabra es cero
(Canto LXXIV)
Para ser Señor de los cuatro mares de China
un hombre debe dejar a los hombres hacer versos
debe dejar al pueblo representar comedias
y a los historiadores escribir los hechos reales
debe dejar al pobre maldecir los impuestos.

(Canto LIII)
Es que el despotismo
o poder absoluto…
soberanía ilimitada,
es igual en una mayoría de una asamblea popular,
un consejo aristocrático, una junta oligárquica,
y un solo emperador, igualmente arbitrario, sanguinario,
y
en todos sus respectos diabólico. Dondequiera que ha residido
no ha dejado nunca de destruir todos los records, memorias,
todas las historias que no le agradan, y de corromper
las que fue suficientemente listo de preservar
(Canto XXXIII)

Él decía que defendía la Constitución Americana, a la que consideraba violada (“la gran traición cobarde al pueblo americano y al sistema americano por la cláusula marrullera, y el Acta Bancaria de Febrero 25, 1863”). A los que lo acusaban de defender la causa fascista respondía en 1934: “Escribo por la humanidad en un mundo carcomido por la usura”.

No murió fusilado en su país en el juicio por traición a la patria, porque un juez lo declaró loco, sino en Italia (Venecia) a los 87 años.

No sé si coincidiremos, pero podemos decir que la sensibilidad y la reacción frente a situaciones de injusticia (por ejemplo la usura, en el caso de Pound), debe estar acompañada de capacidad de discernimiento acerca de nuestros sueños y pasiones. Es un principio de coherencia a fin de que la libertad que decimos defender no termine contradiciéndose en la práctica socio-política al justificar doctrinas económicas que sólo pueden aplicarse «desde arriba» por regímenes autocráticos. Ello no nos conduce a un mundo mejor.