Descartables

Hay muchas cosas descartables en la vida. El descarte del procesamiento de la droga de cocaina es lo que se denomina «paco» (ver imagen de la entrada). Este elemento también es uno de los cuales contribuyen a transformar a las personas en descartables hasta que terminan produciéndoles daños irreparables y muriendo por sus efectos. Hay muchas historias de vida muy angustiantes sobre este tema y el conductor televisivo Diego Sehinkman, en el programa Terapia de Noticias de LN+ del 18 de abril la ha denominado «epidemia» (ver minuto 51 en adelante). Ello fue actualizado en este programa desde el minuto 31 en adelante.

En otra nota nos hemos referido a la cuestión general de las drogas, así como en otra entrada a la prevención del delito. En esta desearíamos hacer algunas preguntas y reflexiones adicionales vinculando ambas cuestiones con la pobreza y la salud, en especial para el caso argentino (particularmente en las grandes metrópolis). Aquí van:

  • ¿el combate policial y judicial contra las drogas no debería ser acompañado de otras medidas adicionales preventivas?
  • si la familia no puede, los institutos correccionales de menores -en general- «no corrigen» estos comportamientos (muchas veces los agravan) y la escuela se ve sobrepasada, ¿no habrá que generar espacios sanitarios (de internación o de día, según la gravedad) donde se combinen profesionales de la salud, con la enseñanza artes y oficios, así como de prácticas de deportes que saquen a los jóvenes del hastío y el sin sentido cotidiano? ¿se podrá pedir la colaboración de los distintos cultos, clubes de barrios, ongs… que puedan aportar distintas capacidades y competencias para jóvenes? Allí habrá que desagregar aquellos jóvenes que tienen posibilidades reales de recuperación, de aquellos a los que habrá que nuclear en instituciones que posibiliten un cuidado paliativo y tareas acordes con sus posibilidades.
  • ¿lo anterior no podrá ser empalmado un programa de tutores (como dice Daniel Arroyo) e iniciativas como las casas del futuro del Ministerio de Desarrollo Social, y otras experiencias similares? ¿de ahí articular con la terminación de la escolarización y realizar una mayor capacitación profesional?
  • ¿los Municipios no tendrían que tener un rol importante en generar proyectos de desarrollo local (espacios deportivos y recreativos, mantenimiento de infraestructura urbana, limpieza y reciclaje urbano, etc.) que den trabajo a estos jóvenes?
  • ¿no habrá que evaluar si se pueden recaudar más recursos, como expresa el politólogo José «Pepe» Nun, no sólo para reducir el déficit fiscal sino también para financiar estas iniciativas muy vinculadas a la pobreza, la salud y el delito?

entre otras posibles iniciativas a considerar.

Todo esto debería formar parte de un cambio de cultura frente a los considerados «invisibles«, «los nadies«, o productos de la cultura del descarte a la que se refiere el Papa Francisco o el escritor Saramago que dice: «el ser humano es la cosa más descartable que existe hoy. Se descartan personas que ya no se necesitan, se descartan trabajadores, culturas, pueblos, lo que no cuente con una utilidad para que el carro triunfal de una economía globalizada siga su camino. Esta es una sociedad que halaga a los jóvenes y adolescentes, los cautiva, los aprecia, pero en el fondo los convierte en instrumentos del consumismo».

El cambio de cultura debería reflejarse en responder positivamente preguntas del tipo de las más arriba formuladas y -de manera urgente- en medidas concretas. Ello nos puede conducir a un mundo mejor.

PD: Son muy importantes experiencias positivas de recuperación como las del Programa Vida de las Iglesias Evangélicas nucleadas en ACIERA.

 

Confianza

Las dos primeras definiciones de confianza del Diccionario de la Real Academia Española se refieren a «esperanza firme que se tiene de alguien o algo» y «seguridad que alguien tiene en sí mismo». Forma parte de una de las cualidades centrales del ser humano de acuerdo a la frase de la imagen de la entrada.

De acuerdo a lo indicado por esta referencia, y según psicóloga Adriana Guraieb, la confianza «es uno de los cimientos sobre los cuales se edifican las relaciones humanas.  Creer en el otro otorga la posibilidad de confiar sin que ello signifique una garantía de veracidad. «Si los seres humanos fuéramos totalmente transparentes ni siquiera haría falta la confianza, pero como no siempre somos del todo sinceros, es necesario apelar a este sentimiento». Luego agrega que «es el termómetro de la implicación y la vinculación que tenemos con los demás y, si en algún momento hay una mentira y la confianza está consolidada, entonces la persona sabrá y podrá esperar, preguntar, entender y, si hiciera falta, perdonar. Es necesario atreverse a dar, darse y otorgarse una segunda oportunidad, antes que criticar herir o cortar una relación, desde luego todo con un límite de respeto y dignidad con el otro». Siguiendo con esta fuente será fundamental «la calidad de los vínculos amorosos de la primera infancia, es decir, que el tipo de relación que haya tenido con sus padres o aquellos adultos que los criaron, determinará su relación que tengan a futuro con sus pares».

De lo anterior se deduce que la confianza es clave para la vida social, y por lo tanto para la vida económica y política. Se destruye cuando uno no se respeta y valoriza a uno mismo y al otro, prevalece un amor enfermizo hacia uno mismo (narcisismo extremo), no se cumplen las normas (prevalece la anomia) y se enfocan las relaciones en función de que «el fin que justifica los medios» y «el sálvese quien pueda». ¿Qué pasa cuando sucede lo anterior? De mínima es muy difícil tener un proyecto en común de mediano y largo plazo (con todas las implicancias que ello tiene) y se busca «resolver» esto implementando un conjunto de controles públicos «ex-ante» burocráticos (con costo de tiempo y, por lo tanto, económico) (1) para evitar situaciones de fraude. De máxima, y en épocas de crisis, terminan prevaleciendo los regímenes autocráticos (2), se cercenan las libertades y prevalece el miedo.

En el caso argentino en una nota de Marita Carballo, en el diario La Nación del 16/11/2016, se afirma -entre otras cosas- lo siguiente: «Desafortunadamente, en la Argentina sólo dos de cada diez personas declaran que se puede confiar en la mayoría de la gente, en tanto que los ocho restantes consideran que hay que tener mucho cuidado cuando se trata con los demás. Casi todos los argentinos confían en sus familias, pero el porcentaje va descendiendo a medida que nos alejamos del círculo más íntimo, llegando apenas a tres de cada 10 quienes piensan que se puede creer en la gente con la que interactúan por primera vez porque es probable que intente perjudicarlos… 

En la Argentina, esta baja confianza interpersonal va de la mano con una escasa credibilidad en la mayoría de las instituciones, sobre todo las más ligadas al sistema político. Las dos instituciones en las cuales se confía mayoritariamente son la Iglesia (65%) y las ONG (63%). Las más críticas son los partidos políticos (15%), los funcionarios públicos y los sindicatos (17%), la Justicia (18%) y el Congreso (26%)».  Lamentablemente no hay evidencias de que hayan habido cambios sustanciales de esta situación -al mes de abril de 2018- no sólo a nivel de la población sino en declaraciones de Ministros y sus implicancias a nivel internacional.

Es de esperar que haya cambios culturales significativos, no sólo en Argentina sino también en los demás países que presentan situaciones similares, así  como entre países donde predominan relaciones de dominio generando un mundo preocupante y crecientemente desigual. Podemos tener la certeza que con desconfianza no construiremos un mundo mejor.

(1) en cambio de implementar normas de autocontrol de proceso y de resultado (posibles de ser auditadas), así como normas públicas de control ex post eficaces, ágiles y muy severas en sus condenas para quienes infringen las normas (como es el caso de países del norte de Europa).

(2) una versión satírica de esta situación se puede ver en la película cubana «La muerte de un burócrata«.

Microfísica del Poder

Usualmente cuando nos referimos al poder, lo hacemos vinculado a lo político, lo económico, lo militar, los medios y las redes sociales… Sin embargo, el título de esta nota está relacionado con el enfoque de un libro del filósofo francés Michel Foucault.  Según esta referencia su reflexión forma parte «de lo que llamó “genealogía del poder”. Estuvo marcada por el propósito de mostrar que en las sociedades democráticas modernas la libertad de los individuos, formalmente consagrada por las normas jurídicas del Estado, es un espejismo, o por lo menos es una realidad severamente limitada y distorsionada por la existencia de instituciones cerradas, como las cárceles, las escuelas, los hospitales o las fábricas, donde opera lo que él denomina la “microfísica del poder”.

En la imagen de la entrada se muestra una foto de la película La Librería (estrenada en Europa en noviembre de 2017 y en Buenos Aires en abril de 2018), basada en la novela homónima de Penelope Fitzgerald. Allí «lo cerrado» no es una institución -como menciona Foucault- sino un pequeño pueblo de Inglaterra en 1959. Las reseñas señalan que Florence Green (Emily Mortimer) es la viuda de un soldado que luchó durante la Segunda Guerra Mundial. La mujer decide instalarse en un pueblo costero de la campiña británica, pequeño y conservador. Allí decide cumplir su sueño: abrir la primera librería de la zona. Pero, una empresa tan aparentemente pacífica e inocente como esa desatará todo tipo de reacciones entre los habitantes de la localidad. Y es que, tanto los vecinos del pueblo como la decana de la ciudad, Mrs. Violet Gamart (Patricia Clarkson, *), van a ponérselo muy difícil a Florence.

La ficción que se viene de mencionar es sólo un pequeño ejemplo de cómo la energía transformada en fuerza, y que llamamos poder, está presente en nuestra naturaleza y vínculos. Dependerá de nosotros, y de cómo juguemos nuestra libertad positiva, si la encauzamos como dominio o como vínculo de amistad y amor. Esto último nos puede conducir a un mundo mejor.

(*) Matizando el título de la nota, este personaje hace contactos con sectores de la «macrofísica» del poder (un sobrino en el Parlamento, inspectores del Ministerio de Educación)

¿El Fin Justifica los Medios?

Aunque nunca lo dijo explícitamente, del enfoque de Nicolás Maquiavelo -en particular el que surge del capítulo XVIII de «El príncipe» así como en su obra «Discursos sobre la primera década de Tito Livio» se desprende de que «el fin justifica los medios» (esto es muy claro asociado a la defensa de la Patria). Este renacentista abre camino al enfoque científico de la modernidad. Especialmente en su obra El Principe, los valores no cuentan. Lo que contarán serán las prácticas políticas de cómo llegar y permanecer en el poder.

Sin duda antes y después de Maquiavelo, esto ha existido y también ha permeado en la cultura vinculado al individualismo, al sálvese quien pueda, al sentimiento de miedo frente a una situación muy amenazante, un contexto muy deteriorado en lo socioeconómico que afecta a persona/s, grupos y países, al no cumplimiento de normas, etc.

¿Cómo se da lo anterior en la cultura contemporánea, y en particular en las nuevas generaciones?. Según esta fuente, y en el marco de un Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana (ICCS), se hicieron unas pruebas a fines de 2016 en todo el mundo a alumnos del octavo grados -entre 13 y 14 años-. En las mismas participaron cinco países de la región: Chile, Colombia, República Dominicana, México y Perú, a quienes se les hizo un cuestionario especial sobre valores democráticos. Algunos de los resultados fueron los siguientes:

  • el 65% cree que, para conseguir la paz, el fin justifica los medios,
  • un 73% está de acuerdo con incumplir las leyes cuando representa la única forma de ayudar a sus familiares.
  • un 25% dice que un funcionario debería aceptar sobornos si su salario es demasiado bajo.
  • siete de cada 10 dicen estar de acuerdo con que haya una dictadura si ésta “conlleva orden y seguridad”, mientras que un 65% la avalaría si les garantiza “beneficios económicos”.
  • También se registra una tolerancia excesiva hacia la corrupción: el 53% está de acuerdo con que un funcionario ayude a sus amigos brindándoles un trabajo en su oficina.

Según la fuente mencionada, estos son sólo algunos de los resultados del informe, que sin embargo también abre una luz de esperanza: aquellos jóvenes que más saben sobre política y ciudadanía son los que expresan más valores democráticos y tolerancia hacia terceros.

La enseñanza de la ética y de valores, en particular con el ejemplo personal e institucional (cumpliendo las leyes, y con un correcto funcionamiento de la justicia) sin duda serán centrales. También se pueden encarar estrategias pedagógicas basadas en un enfoque consecuencialista (a donde nos conducen estos enfoques) en lo social y personal. La enseñanza de la historia (en textos y videos) vinculados a dictaduras o corrupción, o películas como «La Ola«, pueden ser recursos muy valiosos. También la aplicación de juegos de simulación referidos, por ejemplo, a cuales son las consecuencias personales y sociales de obtener un título educativo (nivel medio o universitario) sin saber en profundidad los contenidos de las distintas disciplinas. Todo ello puede contribuir a tomar conciencia y conducirnos a un mundo mejor.

 

Grandeza

Muchos líderes de países y grupos han planteado el ideal de grandeza. En general, el mismo dista bastante del concepto planteado por Rabindranath Tagore (ver imagen de la entrada). Más bien tiene relación con ser poderoso, temido y admirado (por las cualidades anteriores) tanto el líder como el país de qué se trata. Esto último alimenta sentimientos nacionalistas en vastos sectores de la población, y en particular si estos sectores se consideran o están en un posición injusta como lo fue Alemania luego de la segunda guerra mundial con el Tratado de Versalles.

Pero este sentimiento no sólo tiene que ver con lo que se considera una injusticia (muchas veces acompañada de resentimiento) sino también con recuperar un pasado que se consideró glorioso (también en términos de poder). Ello se puede visualizar en la actualidad en liderazgos como los de Rusia y Estados Unidos de América. De este último país, en una nota de Madelein Albright, ex Secretaria de Estado, dice -entre otros conceptos-: «deberíamos también reflexionar acerca de la definición de grandeza. ¿Puede merecer esa calificación un país alineándose con dictadores y autócratas, ignorando derechos humanos, declarando temporada de caza respecto del medioambiente y desdeñando el empleo de la diplomacia en momentos en que todo problema serio requiere cooperación internacional? En mi opinión, la grandeza va un poquito más allá de cuánto mármol ponemos en los lobbies de nuestro hotel y de si hacemos desfiles militares de estilo soviético. Estados Unidos, en su mejor expresión, es un lugar donde personas de una multitud de orígenes trabajan en conjunto para salvaguardar los derechos y enriquecer la vida de todos.»

Salir de lo anterior conlleva tener autoridad. Según esta referencia sobre Aristóteles «siempre que alguien que sea superior en virtud y en capacidad para realizar las mejores acciones, a ése es noble seguirle y justo obedecerle». También la misma referencia menciona a Hans–Georg Gadamer (2000. Verdad y Método, cuarta edición, Tr. Manuel Olasagasti, Salamanca: Sígueme) quien afirma que «autoridad no es la superioridad de un poder que reclama obediencia ciega y prohíbe pensar. La verdadera esencia de la autoridad reside en no poder ser irracional, en ser un imperativo de la razón, en presuponer en el otro un conocimiento superior que rebasa el juicio propio. Obedecer a la autoridad significa entender que el otro —también la voz que resuena desde la tradición y la autoridad— puede percibir algo mejor que uno mismo».

Sin duda lo anterior no es fácil. Nadie está exento de caer en autoritarismos y en un poder como dominio. En la esencia del cristianismo está claro en el mensaje de Jesús: «…sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor…». Como vimos en la imagen de la entrada coincide con otros enfoques sapienciales.

Seguramente será deseable que nuestra conciencia avance en sabiduría para poder construir un mundo mejor.

Economía de la Calidad

La calidad (desde lo económico) es un atributo o propiedad que tiene una cosa u objeto, y que define su valor, así como la satisfacción que provoca en un sujeto. En la literatura organizacional se le ha dado a los productos y servicios que surgen de ellas, y luego se extendió a los procesos de las mismas. La historia de las normas ISO o las EFQM, así lo atestiguan. También se lo ha extendido a la calidad de vida, y más recientemente a la economía de la calidad.

Sobre este último enfoque es muy interesante este reportaje a Patrizio Bianchi, ex Ministro de Educación de Italia. Entre los muchos conceptos que plantea está la importancia que se le da en Italia, cuando expresa: «Italia tiene un lugar muy claro, que es la producción de calidad. Hace muchos años comenzamos con esto en el sector de la moda y hoy es la clave para todas las producciones. Fue un gran cambio estructural desde la economía de cantidad a la economía de calidad. Y Europa está al frente en términos de esta economía de calidad. Pero también hay problemas. Un ejemplo es el sector del automóvil, porque no es posible competir con los precios de China, que tiene una gran escala. En Italia, sin embargo, la primera producción de automóviles es de Ferrari, Maserati y Lamborghini. Porque está claro que para tener un nivel muy alto de calidad, necesitas que las personas adecuadas estén a cargo. En el pasado se discutía si Italia había quedado retrasada con respecto a Alemania en términos productivos. Mi posición es que no. Que exploramos esta economía de la calidad, con medianas empresas que tienen una relación fuerte con el territorio, pero al mismo tiempo son internacionales. Porque están respondiendo a necesidades de todo el mundo».

Luego establece la íntima relación que hay entre una economía de la calidad y una educación de calidad. Continúa en el reportaje diciendo:

«—Fue ministro de Educación de Italia. ¿Cuáles son los principales desafíos en épocas de la economía del conocimiento?

—La Asamblea General de las Naciones Unidas de este año planteó esta declaración: “Transformar la educación para transformar el mundo. El primer desafío es entender la educación como el principal instrumento del cambio. Porque el mundo atraviesa un gran cambio, que es la economía del conocimiento. Es una nueva economía donde el vínculo principal son los recursos humanos. Antes teníamos la idea de que había un tiempo para la escuela y otro para trabajar. Ahora vemos que la escuela es una parte dominante de toda la vida. Es lo que los americanos llaman long life learning. Para lograr esto, los países tienen que invertir mucho más en educación.

—Conoce Argentina desde hace años. ¿Cómo ve su futuro?

—Argentina tiene que pensar su economía en un contexto internacional que se está rediseñando con gran rapidez. Creo que una parte importante de la economía tiene que ser de producción manufacturera. Hay que ver la historia de China. Está muy claro que los ganadores son los países que invierten en manufactura. Y en manufactura de calidad. Si Argentina hace una estrategia de calidad muy específica, tiene posibilidades. Es un país con una calidad muy alta de tradición cultural. Cuenta con los recursos humanos y universidades muy buenas. Tiene la capacidad, y esto es un punto importante. En el pasado, la posición geográfica la perjudicaba, porque estaba muy lejos de los mercados principales. Ahora, en nuestro tiempo de economía del conocimiento, puede hacer muchas cosas. El país tiene redes de pequeñas empresas que deberán enfrentarse a las nuevas necesidades del mundo. Me parece que es un camino que Argentina puede hacer con éxito.»

 

 

 

 

¿Se pueden prevenir los femicidios?

La pregunta de esta nota, así como la imagen de la entrada, nos interrogan sobre un flagelo social muy grave como es el de los femicidios. ¿Se pueden prevenir? Entendemos que sí, y que ello es el resultado de un camino en el que hay que articular cambios de cultura (1) y de instrumentos institucionales adecuados (que incluyen desde las normas hasta organismos específicos adecuados como las comisarias de la mujer o atención telefónica específica). Esto lo desarrollamos -en general- en este artículo, que glosaremos en su última parte a continuación.

En esta nota del diario La Nación se indica que las constantes psicológicas y culturales de los hombres que cometen estos crímenes, según los expertos, están -en general- relacionados con una crianza violenta, baja tolerancia a la frustración, una posesividad extrema y la tendencia a despersonalizar a la mujer hasta considerarla un objeto. La nota de Agustina López cita entre otros a “Miguel Espeche, psicólogo y coordinador del programa de Salud Mental del hospital Pirovano, afirma que una necesidad de dominio de este tipo obedece en verdad a la fragilidad mental de quien lo ejerce. “La violencia es proporcional a la verdadera impotencia. Se suele ver al femicida como un hombre de gran poder, pero psicológicamente es una persona de extrema fragilidad y de enorme dependencia. Por esa razón tiende a controlar de forma tan patológica al otro”.

Siguiendo con este artículo también afirma que “en estos casos en donde ese control extremo llega al crimen, una vez cometido, la vida pierde sentido para esa persona y queda desnudo frente a su fragilidad -dice Espeche-. El suicidio es un desaparecer, salir de eso”. ¿Hay manera de prevenir estas situaciones? Los profesionales consultados coincidieron en que, más allá de los recursos como tobilleras o botones antipánicos, un cambio de cultura y de enseñanza desde la niñez pueden ser las claves para empezar a revertir el actual estado de cosas. “Vivimos en una cultura patriarcal que privilegia lo masculino y favorece la violencia. El femicidio es la punta del iceberg. Abajo hay muchas prácticas que responden a la misma lógica, como el maltrato o la violación”, apunta Lo Russo. Y propone: “Todo el mundo tiene que tener derecho a hacer un tratamiento, a rearmar su vida, pero siempre teniendo en cuenta que sabemos que, por ejemplo, los violadores suelen ser reincidentes. Lo más importante es trabajar en la sociedad para que esto directamente no se produzca. Trabajar en todas las otras capas del iceberg”.

En base a lo comentado, este imprescindible cambio de cultura debe acompañarse con una política institucional educativa, así como de las instituciones de salud mental (2), donde participen activamente las familias y los medios de comunicación, para complementar y hacer eficaz la lucha contra este flagelo que nos conduce a un mundo peor.

(1) En este sentido es muy importante la «Iniciativa Spotlight» promovida por la Unión Europea y las Naciones Unidas. Dentro de este programa global se invertirán seis millones de dólares en Argentina en campañas y en educación. Se puede ver esta experiencia en Colombia. Se puede actualizar con esta nota.

(2) También es muy interesante esta opinión.

Prevención del Abuso y el Maltrato

El abuso, como desmesura, se puede dar en distintos campos y manifestaciones. Más allá de trabajar culturalmente la cuestión de la desmesura, en esta nota hacemos una breve reflexión referida a una desviación o perversión de la sexualidad como es el abuso en este campo, y también sobre el abuso en el tratamiento cruel de personas vulnerables como adultos mayores, menores y personas con discapacidad, además de la violencia de género (y en particular el maltrato u homicidio a mujeres, que también lo hemos tratado en esta nota).

Según este informe de la OMS:

  • Una cuarta parte de todos los adultos manifiestan haber sufrido maltratos físicos de niños.
  • Una de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declaran haber sufrido abusos sexuales en la infancia.
  • El maltrato infantil causa alteraciones en la salud mental y física que perduran toda la vida, y sus consecuencias a nivel socioprofesional pueden, en última instancia, ralentizar el desarrollo económico y social de un país.
  • Es posible prevenir el maltrato infantil antes de que se produzca, y para ello es necesario un enfoque multisectorial.
  • Los programas preventivos eficaces prestan apoyo a los padres y les aportan conocimientos y técnicas positivas para criar a sus hijos.
  • La atención continua a los niños y a las familias puede reducir el riesgo de repetición del maltrato y minimizar sus consecuencias.

En el caso de la Argentina, si bien el fenómeno no es nuevo, en los primeros meses de 2018, se pusieron en evidencias graves situaciones de abuso a menores que residen en instituciones deportivas y educativas. En este programa de LN+ (en la segunda parte, del minuto 37 en adelante), participaron un representante de AVIVI y un especialista –Jorge Rocco– quien señaló que hay una mayor propensión (aunque sean cuestiones puntuales y no se pueda generalizar) al abuso en instituciones cerradas o con enclaustramiento como ser:

  • liceos militares
  • cárceles (se pueden agregar hogares de menores)
  • instituciones educativas o deportivas con internados o situaciones de aislamiento, acceso a los baños (por ej. de mujeres, en recreos, por parte de varones) y posibilidad de presentarse situaciones de abuso o violación,
  • hospitales (en particular psiquiátricos, pero no sólo),
  • conventos u otras modalidades de enclaustramiento religioso,
  • entre otros (al respecto es interesante esta nota de Silvia Fesquet sobre «Neverland queda a la vuelta de la esquina»).

Sobre el tema de instituciones educativas y conventos es interesante el protocolo que ha implementado en la Iglesia Católica un arzobispo de Argentina así como en lo propuesto a fines de febrero de 2019 en Roma. Esto debería ser extendido también a otras instituciones, como es el caso de las que venimos de mencionar. Referido a la cuestión de los protocolos cabe preguntarse sobre la responsabilidad directa del Estado en sus áreas específicas, así como la responsabilidad indirecta en cuanto a legislación y control de instituciones sociales y privadas que tengan características como las señaladas más arriba. Ello debería estar acompañado de una cultura del cuidado y la prevención en la vida familiar y social en general, así como en lo educacional (en especial en lo emocional, sexual y cuidado en la exposición personal en las redes sociales), junto a la asistencia adecuada en lo psicológico. Seguramente todo ello puede contribuir a converger hacia un mundo mejor.

PD: Un libro de referencia sobre este tema es «Con mi hijo No» que ha sido reseñado en el Suplemento Domingo del diario Perfil del 8/4/2018. Una experiencia muy interesante para combatir la violencia sexual contra niñas se ha dado en una ciudad de Kenya de acuerdo con este link. La educación jugó un rol central. En este video se plantea la posibilidad de la utilización de la inteligencia artificial para defender a niños/as del abuso sexual.

Prevención del Estrés (en general y del burnout)

La Organización Mundial de la Salud (OMS), de acuerdo a esta nota, «define al fenómeno del estrés como las reacciones fisiológicas que en su conjunto preparan al organismo para la acción (OMS, 1994). Considerado desde este punto de vista, el estrés sería una alarma, un estímulo que conduce a la acción, una respuesta necesaria para la supervivencia, respuesta que puede ser coherente con las demandas del entorno, o bien, insuficientes o exageradas. Cuando esta respuesta natural se da en exceso se produce una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo humano y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano. Algunos ejemplos son los olvidos (incipientes problemas de memoria), alteraciones en el ánimo, nerviosismo y falta de concentración, en las mujeres puede producir cambios hormonales importantes como dolores en abdominales inferiores, entre otros síntomas».

Hay sitios como este, que además de caracterizarlo, plantea caminos concretos para superarlo. En la misma línea se puede consultar esta referencia o también esta.

Respecto del estrés laboral, según esta fuente se lo denomina «síndrome burnout (quemado, fundido) es un tipo de estrés laboral, un estado de agotamiento físico, emocional o mental que tiene consecuencias en la autoestima, y está caracterizado por un proceso paulatino, por el cual las personas pierden interés en sus tareas, el sentido de responsabilidad y pueden hasta llegar a profundas depresiones. Este síndrome fue descrito por primera vez en 1969 al comprobar el extraño comportamiento que presentaban algunos oficiales de policía de aquella época: agentes de la autoridad que mostraban un cuadro de síntomas concreto. En 1974 Freudenberger hizo más popular al síndrome, y posteriormente, en 1986, las psicólogas norteamericanas C. Maslach y S. Jackson lo definieron como “un síndrome de cansancio emocional, despersonalización, y una menor realización personal que se da en aquellos individuos que trabajan en contacto con clientes y usuarios”.

En esta otra nota se menciona que «según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad, más de la mitad de los trabajadores en el mundo sufre estrés y ya se considera una epidemia. Se desencadena por una inadecuada adaptación, que conlleva a una disminución del rendimiento laboral junto a la sensación de autoestima baja. Es más frecuentes en personalidades tipo A, que característicamente son: extremadamente competitivas, impacientes, hiperexigentes y perfeccionistas; y en personas con sentimientos altruistas. Resulta una respuesta al estrés laboral crónico que genera actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabajan y hacia el propio rol profesional. La persona tiene la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado y como consecuencia, quien lo padece, sufre una pérdida progresiva del idealismo, la energía y  el propósito». En ambas fuentes se amplía la información y su tratamiento requiere de asistencia médica especializada.

Tal vez la frase de Paulo Coelho de la entrada sea una simplificación sobre los múltiples elementos que inciden en generar el estrés, pero plantea una cuestión central del tipo de vínculos entre la interioridad y la exterioridad de nosotros como personas. Tenerlo en claro nos puede ayudar a ir hacia un mundo mejor.