¿Se pueden prevenir los femicidios?

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La pregunta de esta nota, así como la imagen de la entrada, nos interrogan sobre un flagelo social muy grave como es el de los femicidios. ¿Se pueden prevenir? Entendemos que sí, y que ello es el resultado de un camino en el que hay que articular cambios de cultura (1) y de instrumentos institucionales adecuados. Esto lo desarrollamos en este artículo, que glosaremos en su última parte a continuación.

En esta nota del diario La Nación se indica que las constantes psicológicas y culturales de los hombres que cometen estos crímenes, según los expertos, están -en general- relacionados con una crianza violenta, baja tolerancia a la frustración, una posesividad extrema y la tendencia a despersonalizar a la mujer hasta considerarla un objeto. La nota de Agustina López cita entre otros a “Miguel Espeche, psicólogo y coordinador del programa de Salud Mental del hospital Pirovano, afirma que una necesidad de dominio de este tipo obedece en verdad a la fragilidad mental de quien lo ejerce. “La violencia es proporcional a la verdadera impotencia. Se suele ver al femicida como un hombre de gran poder, pero psicológicamente es una persona de extrema fragilidad y de enorme dependencia. Por esa razón tiende a controlar de forma tan patológica al otro”.

Siguiendo con este artículo también afirma que “en estos casos en donde ese control extremo llega al crimen, una vez cometido, la vida pierde sentido para esa persona y queda desnudo frente a su fragilidad -dice Espeche-. El suicidio es un desaparecer, salir de eso”. ¿Hay manera de prevenir estas situaciones? Los profesionales consultados coincidieron en que, más allá de los recursos como tobilleras o botones antipánicos, un cambio de cultura y de enseñanza desde la niñez pueden ser las claves para empezar a revertir el actual estado de cosas. “Vivimos en una cultura patriarcal que privilegia lo masculino y favorece la violencia. El femicidio es la punta del iceberg. Abajo hay muchas prácticas que responden a la misma lógica, como el maltrato o la violación”, apunta Lo Russo. Y propone: “Todo el mundo tiene que tener derecho a hacer un tratamiento, a rearmar su vida, pero siempre teniendo en cuenta que sabemos que, por ejemplo, los violadores suelen ser reincidentes. Lo más importante es trabajar en la sociedad para que esto directamente no se produzca. Trabajar en todas las otras capas del iceberg”.

En base a lo comentado, este imprescindible cambio de cultura debe acompañarse con una política institucional educativa, así como de las instituciones de salud mental (2), donde participen activamente las familias y los medios de comunicación, para complementar y hacer eficaz la lucha contra este flagelo que nos conduce a un mundo peor.

(1) En este sentido es muy importante la «Iniciativa Spotlight» promovida por la Unión Europea y las Naciones Unidas. Dentro de este programa global se invertirán seis millones de dólares en Argentina en campañas y en educación. Se puede ver esta experiencia en Colombia. Se puede actualizar con esta nota.

(2) También es muy interesante esta opinión.

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