¿Es utópico ser constructores de esperanza en esta etapa tan aciaga?

El impacto del Covid-19 en la salud humana, las muertes (en especial en adultos mayores, personas con afecciones previas o muy expuestas -como el personal de salud-, y fundamentalmente familias pobres que viven hacinadas), la destrucción de empleo y el consiguiente enorme crecimiento de la pobreza que abarcará no solamente a los sectores informales, sino también a los sectores medios que no han podido reanudar sus actividades (o lo han hecho en un mínimo porcentaje), nos presentan un panorama muy oscuro y desalentador hasta que finalmente se difunda masivamente una vacuna eficaz (al parecer, se está bastante cerca de ello) y la vida tome un nuevo cauce.

En este blog hemos planteado la importancia -en particular en este contexto- de la resiliencia así como comentado en esta nota que es posible, a mediano plazo, que esta profunda crisis pueda dejarnos enseñanzas positivas como humanidad. Ello no es seguro, pero es urgente abordar a corto plazo todas las posibles medidas y ayudas -tanto de los estados como de la sociedad civil- para mitigar los múltiples impactos de la pandemia -hasta que aparezca y se difunda mundialmente una vacuna eficaz- así como una efectiva coordinación internacional que, por ahora, no se concreta.

De lo anterior surge la pregunta de esta reflexión, acerca de si «¿es utópico ser constructores de esperanza en esta etapa tan aciaga?». Sin duda la respuesta está en nosotros, en nuestros grupos humanos, en su agregación social nacional e internacional, en los estados, en las organizaciones de la sociedad civil…., aprendiendo de las medidas más inteligentes y eficaces, así como de un altruismo efectivo y con iniciativas concretas de solidaridad.

Desearíamos finalizar esta nota con algunas reflexiones (1) sobre el significado y sentido de la esperanza. Al respecto la Real Academia Española define la esperanza como «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea» y la esperanza cristiana se expresa en su doctrina como la virtud teologal por la cual se espera que Dios dé los bienes, Su presencia y acompañamiento que ha prometido a quienes han amado de verdad en las múltiples dimensiones (a Dios, al prójimo así como a nosotros mismos). El sacerdote Hugo Mujica dice que «esperar es trabajar para evitar nuestros sueños». Podríamos traducir esto en que la confianza le gane al miedo, en dejar de mirar el cielo y actuar aquí en la Tierra (en consonancia con la oración del Padre Nuestro).

Existen también enfoques en el área educativa que incorporan el concepto de pedagogía de la esperanzaPaulo Freire se refiere a esta como una necesidad ontológica, lo que nos mueve, lo que nos marca una dirección. Esto se relaciona con lo que hemos reflexionado acerca del sentido.

La esperanza aparece en la mitología griega en la historia de la Caja de Pandora. Prometeo robó el fuego de Zeus para dárselo a los hombres, lo que enfureció al dios supremo. En venganza, Zeus creó un pythos (tipo de jarrón) que contenía todos los males y se la dio junto a Pandora al hermano de Prometeo. Esta, creada por los dioses con una curiosidad innata, abrió la caja prohibida y todos los males fueron liberados al mundo; solo Elpis permaneció en el fondo, el espíritu de la Esperanza.

Para terminar transcribiremos el poema «Esperaré a que crezca el árbol», de Benjamín González Buelta (España, 1942) que dice así: «Esperaré a que crezca el árbol, y me dé sombra. Pero abonaré la espera con mis hojas secas. Esperaré a que brote el manantial y me de agua. Pero despejaré mi cauce de memorias enlodadas. Esperaré a que apunte la aurora y me ilumine. Pero sacudiré mi noche de postraciones y sudarios. Esperaré a que llegue lo que no se y me sorprenda. Pero vaciaré mi casa de todo lo conquistado. Y al abonar el árbol, despejar el cauce, sacudir la noche y vaciar la casa, la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza».

PD: Agradezco al amigo Paco del Campo la reflexión del mensaje del P. Ignacio de la Parroquia Santa Isabel de Hungría (Plátanos, Decanato de Berazategui, en el gran Buenos Aires), del 24 de mayo de 2020, vinculado a la Ascensión del Señor, del que se han tomado muchos elementos para la redacción de esta nota como el «mirar al cielo», la definición de esperar del sacerdote Hugo Mujica, el poema de González Buelta, así como otros conceptos que desarrolla relacionados con los riesgos y peligros de la acedia (el desánimo, el bloqueo a actuar, a emprender…) y, en el extremo opuesto, la impaciencia, que plantea el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica «La Alegría del Evangelio». Agregamos que, en este blog, se han escrito reflexiones complementarias sobre la desesperanza creativa así como ¿impotentes, escépticos o constructores esperanzados?«, por si fueran de utilidad.

 

La importancia de tener un buen horizonte compartido

Ya comentamos, al comienzo de este blog, que vivimos un tiempo «volátil, incierto, complejo y ambiguo» (VICA), lo que se ha profundizado -en particular con la incertidumbre y con un escenario oscuro- con la pandemia del COVID-19.

¿Como reaccionaremos? Como bien señala Frank Snowden, y ante la pregunta «¿Por qué cree que la humanidad reaccionará esta vez «de una vez por todas», si no ocurrió con el SARS, el Ébola o, antes, con el SIDA?, responde: no veo muchos motivos para ser optimista, es cierto, pero creo que siendo el coronavirus una epidemia tan global, acaso obligue a todo el mundo a tomar conciencia sobre esto al mismo tiempo. Eso sería, si me perdona la expresión, maravilloso» (1).

Además de la reacción frente a la pandemia (y sus posibles reiteraciones cíclicas con ese virus u otros), tenemos las reacciones frente al cambio climático, al cambio científico-tecnológico acelerado (con sus implicancias positivas y negativas, como el desempleo), a la desigualdad y la falta de equidad, al autoritarismo (que, posiblemente crezca por la pandemia y por la agudización de los conflictos)… entre los principales.

Han habido iniciativas como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (muy diluidos o puestos en suspenso en la actualidad), de la UE frente al cambio climático, políticas y experiencias de los países nórdicos frente a la desigualdad y el desafío de actualizar y renovar la economía del bienestar… pero lamentablemente -a comienzos de 2020- lo que parece prevalecer es la falta de coordinación a nivel mundial, el «sálvese quien pueda» y continuar con la lucha por la hegemonía de las grandes potencias.

Así como a nivel personal es fundamental tener arquetipos positivos en línea con darle un sentido de vida plena y tener resiliciencia, es urgente y fundamental unir fuerzas desde lo cultural, lo social, lo económico y lo político para ir construyendo un futuro compartido así como los caminos adecuados (como expresa la imagen de la entrada) que nos vayan conduciendo a mundo mejor.

(1) En esta nota expresa: «por otro lado, el futuro está en nuestras manos. Si trabajamos juntos y desarrollamos una estrategia a largo plazo, podemos asegurar nuestra supervivencia y eso sí es un motivo para ser optimista”.

La renegociación de la deuda externa

¿Podremos ser resilientes en esta grave etapa de la humanidad?

Desde comienzos de 2020 hemos atravesado una grave crisis como humanidad, a partir del COVID-19. Tanto desde el punto de vista sanitario como también de las graves consecuencias económicas actuales así como -muy probablemente- de corto y mediano plazo.

¿Cómo hemos podido procesar, a nivel personal y de grupos sociales, esta situación?. Sabemos que ha estado la posibilidad de derrumbarnos psicológicamente, de que el miedo nos invadiera y paralizara, de no poder subsistir económicamente….entre tantos otros efectos muy negativos, pero en esta entrada quisiéramos reflexionar sobre la posibilidad de la resiliencia (1) en esta grave prueba que nos ha colocado un enemigo silencioso (y por ahora controlado con las vacunas).

Según algunas fuentes, resiliencia viene del término latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar». El término se adaptó al uso en psicología, y otras ciencias sociales, para referirse a las personas que, a pesar de sufrir situaciones estresantes, no son afectadas psicológicamente por ellas. La palabra resiliencia, en cuanto a la física y la química, designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo. La palabra proviene del latín saliere, que se traduce como “saltar hacia atrás, rebotar, ser repelido o surgir”, antecedido por el prefijo “re”, que indica repetición o reanudación.

De acuerdo con la misma fuente, el psiquiatra y psicoanalista Boris Cyrulnik divulgó este concepto que extrajo de los escritos de John Bowlby. Es un término que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la situación o forma original. Por ejemplo, un arco que se dobla para lanzar una flecha o los juncos bajo la fuerza del viento. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por estos. Actualmente, la resiliencia se aborda desde la psicología positiva, la cual se centra en las capacidades, valores y atributos positivos de los seres humanos, y no en sus debilidades y patologías, como lo hace la psicología tradicional. El concepto de resiliencia se corresponde aproximadamente con el término «entereza» (es superar algo y salir fortalecido y mejor que antes). La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.

De acuerdo con otras fuentes, el trabajo que dio origen a este nuevo concepto fue el de Emi E. Werner. Inició en 1955, en una isla de Kauai (Hawai), su estudio con una muestra de 700 niños recién nacidos procedentes de familias que vivían en situaciones desfavorables de pobreza, desestructuración, enfermedades mentales, alcoholismo, etc.

Tras 30 años de seguimiento, obtuvo datos que confirmaron que parte de esos niños expuestos a entornos desfavorecidos, desarrollaron patologías de distinta índole, pero parte de la muestra confirmó la hipótesis de que más de un  treinta por ciento de los niños no sólo no desarrollaron ninguna patología sino que vivían una vida completamente normal, con un desarrollo sano y positivo. Observó  que esos niños resilientes tenían algo en común: todos contaban con al menos una figura de apego (no necesariamente un familiar) que les aceptaba incondicionalmente, independientemente de sus características físicas, inteligencia o temperamento. De manera que Werner concluye: “la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo.” De allí la relevante importancia del amor en nuestras vidas (2), en general y en especial en los primeros años de nuestra existencia.

Relacionado con el contexto actual es muy interesante esta entrevista de Pablo Sirven al Dr. Jorge Rocco. Su aporte como Psiquiatra, tal vez nos pueda ayudar al discernimiento y a afrontar este muy difícil momento.

(1) Algunas frases asociadas a este concepto son las siguientes:

  1. «Debemos aceptar la decepción finita, pero nunca debemos perder la esperanza infinita«- Martin Luther King
  2. «En tres palabras puedo resumir todo lo que he aprendido acerca de la vida: Continúa hacia adelante«- Robert Frost
  3. «Cuando todo parezca ir contra ti, recuerda que el avión despega contra el viento, no a favor de él»- Henry Ford
  4. «La mayor gloria no está en no caer nunca, sino que en levantarnos cada vez que caemos»- Confucio.
  5. «La resiliencia se entiende como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas»- Edith Grotberg
  6. El éxito de la vida no está en vencer siempre, sino en no darse por vencido nunca»- Autor desconocido
  7. «El fracaso no es caer, sino que negarse a levantarse»– Proverbio chino
  8. «En medio de la dificultad reside la oportunidad«- Albert Einstein
  9. «Nunca, nunca, nunca te rindas»- Winston Churchill
  10. «Soy más que mis cicatrices»– Andrew Davidson
  11. «No dejes que lo que no puedes hacer interfiera con lo que puedes hacer»– John Wooden, entre muchas otras, como la fábula del helecho y el bambú. entre otras, así como su abordaje en películas.

Una vinculación con las plantas la da el caso del árbol de Ginko biloba que sobrevivió a la bomba de Hiroshima.

(2) Para los creyentes en Dios, será muy importante la vivencia de Su amor y de Su compasión.

¿Podremos resolver el nudo gordiano argentino?

En este blog hemos destacado la importancia de encontrar consensos en notas como esta o esta, así como hemos glosado reflexiones de Eugenio Diaz Bonilla y Pablo Gerchunoff, que van en esa dirección, entre otras.

Hoy quisiéramos glosar esta nota de Pablo Gerchunoff sobre «el nudo argentino» (que invitamos a leer completa). Comienza diciendo que «fuera de la utopía de la libertad, sea en su versión moderna, sea en la versión pastoril y nostálgica de Martín Fierro, hay dos utopías argentinas que son utopías populares, aunque alguna vez hayan sido construcciones de las élites. La utopía de la movilidad social y la utopía de la justicia social. No son abstracciones. Cada una de ellas se encarna en algún momento de nuestra historia. O en varios momentos de nuestra historia. Parecen lo mismo pero no son lo mismo. La utopía de la movilidad social permea hacia abajo más de lo que se supone pero es, predominantemente, una utopía de clase media, relativamente autónoma del Estado, vinculada al progreso individual y a la modernización colectiva, y su sujeto clásico, aquel con el que emocionalmente nos vinculamos, son los inmigrantes del Centenario; la utopía de la justicia social es una utopía de las clases trabajadoras y, últimamente, de los sectores informales, más dependiente de la intervención pública. En este caso su sujeto clásico, aquel que nos evoca una bisagra de la historia, son los obreros industriales de los años 40. La “edad de oro” de la movilidad social fue la gran expansión exportadora, desde Roca hasta Yrigoyen, los años de aquella sociedad de frontera en la que muy pocos se quedaban estancados en el mismo lugar. En la etapa industrial renació como una breve promesa durante los años sesenta desarrollistas, inaugurados por Frondizi. En la etapa pos-industrial, conoció otra breve pero frustrada promesa durante los años 90, “el hecho maldito del país peronista” que terminó sin movilidad social, sin justicia social y con alto desempleo. La “edad de oro” de la justicia social la recordamos fácilmente: fue el peronismo de Perón, y su vital y persistente reedición fue el kirchnerismo.

Alejando la lente, movilidad social y justicia social parecen intersectarse, y de hecho resulta incomprensible que no se hayan intersectado salvo para breves períodos, que no se hayan combinado más persistentemente, como se combinaron en otras latitudes. Sin embargo, la ausencia de intersección en Argentina se explica, y esa explicación tiene resonancias conceptuales: movilidad social significa crecimiento, competencia, innovación, flexibilidad de la economía y sus instituciones, trabajadores cuyos hijos se convierten en profesionales o empresarios, empresarios que se expanden; justicia social significa salarios altos, protección económica, protección social, dignificación de los desposeídos, empresarios que progresan en sociedad implícita o explícita con el Estado en una comunidad más orgánica. La movilidad social contiene una ética de la paciencia y del esfuerzo; la justicia social contiene una ética de la reparación inmediata de las heridas sociales. Son dos mundos, cada uno con su propia legitimidad y su base electoral y política. El hecho significativo es que, a diferencia de otros países, Argentina no ha sabido encontrar la fórmula para firmar un tratado de paz entre ambos. ¿Habrá en el futuro un liderazgo político que la encuentre?».

Luego plantea que no hay «atajos» y en cuanto a «la salida» señala que «no tenemos crecimiento, no tenemos movilidad social, no tenemos justicia social. Si algún sentido tiene una propuesta de gobierno de unidad nacional –que en otros aspectos no tiene ningún sentido– es el de ponernos de acuerdo sobre que el problema existe y que entonces hay que resolverlo, blindados por una mayoría política y social amplia… la Argentina desnortada puede tener un norte. El escepticismo sistemático es la haraganería de los intelectuales, además de su jactancia. Dibujar los primeros trazos de un patrón de crecimiento en un papel no es difícil. Argentina necesita dólares para comprar bienes de capital, insumos y bienes de consumo, y para eso necesita exportar. No necesita exportar para ser un tigre asiático, porque definitivamente no lo será. Necesita exportar para satisfacer sin chocar contra la pared las demandas asociadas históricamente a su nivel de vida. Las exportaciones son el aceite que lubrica el motor del consumo y la inversión, la garantía que sostiene al mercado interno. De modo que lo que Argentina demanda, en términos políticos, es una coalición social y política pro exportadora para defender su prosperidad interna. La economía argentina necesita productores de dólares en sus campos, en sus industrias, en sus yacimientos mineros y petroleros, en las oficinas de quienes abastecen al mundo de servicios modernos. La condición es que los dólares que produzcan no se gasten excesivamente, si se trata de empresas extranjeras, en remisión de utilidades y dividendos o de regalías. En otras palabras, la condición es que el balance de divisas de las inversiones sea beneficioso para la nación».

Finaliza reconociendo el panorama sombrío actual y las múltiples dificultades, y expresa que «confinados en nuestra pequeña comarca, recuperemos en medio del estruendo esa verdad que quisimos transmitir. Argentina está sin rumbo; Argentina está condenada a exportar como resultado de un consenso si quiere emerger de su larga crisis sin presentir en el horizonte una nueva crisis de deuda.  De modo que, mientras cuidamos nuestras vidas, pensemos el futuro».

 

Acerca del altruismo «efectivo»

En un resumen que hace el economista Juan Carlos De Pablo, sobre «la economía del comportamiento«, en la página 87 dice: «la idea es que la gente no es ni autocentrada ni altruista, todo el tiempo. Más bien practica la equidad recíproca: son amables para quienes son amables con ellos, y desconsiderados con quienes los hieren» (1). Aquí se equipara la palabra «amable» con una persona que practica la «reciprocidad del bien o el altruismo.» Tal vez, podríamos decir que este es un promedio general del comportamiento humano, donde en los extremos habrá personas más altruistas derivado de causas como haberse criado y desarrollado en contextos benéficos (saludables, con amor…) e identificados con personas, creencias, prácticas y/o arquetipos de estas características y, en el otro polo, con personas que se criaron y desarrollaron con falta de amor, violencia, rencor, y si pudieron o no ser resilientes frente a ello. Por lo tanto, el ser altruista o no, no es indiferente a estas situaciones existenciales (2).

Al tema del altruismo (y su relación con la felicidad) nos hemos referido en esta nota, y también cuando analizamos la economía del don. En la presente entrada quisiéramos glosar el interesante enfoque de Peter Singer, en base a este video (o en su versión de esta entrevista escrita) que le hace Jorge Fontevecchia. Es la misma se abordan temas muy diversos desde detener el sufrimiento animal (y la práctica del veganismo) hasta la aplicación de la ética en aspectos como las deudas y las políticas públicas. Sin embargo quisiéramos focalizarnos en la temática del «altruismo efectivo», partiendo de «la historia del estanque». A continuación va la pregunta y la respuesta:

Pregunta: En su campo, la ética aplicada, se generalizaron los experimentos mentales. Una de las experiencias más famosas es su “historia del estanque”. ¿Puede explicarnos por qué es valiosa?. Respuesta: Con todo gusto. Es un buen ejemplo, que utilicé hace muchos años en un artículo del que hablo a menudo desde entonces en un intento de ayudar a las personas a comprender las obligaciones que tenemos con los demás, especialmente a las personas que son pobres y que no viven cerca de uno. Se trata de imaginar que caminamos por un parque. En el parque hay un estanque. No es muy profundo, se puede ver niños jugando en él, chapoteo y escuchar unos gritos. Parece que un niño ha caído al agua y puede que se esté ahogando. ¿Qué haces? ¿Acudes a su rescate? Aunque hayas quedado con un amigo y llegues tarde, lo más seguro es que la vida del niño te parezca más importante que ser puntual. El estanque no es muy profundo, pero sí está muy sucio. Si ayudas al niño tus mejores zapatos se estropearán. Pero si no lo haces, no esperes que nadie lo entienda. Estamos hablando de un ser humano. La vida de un niño es mucho más valiosa que un par de zapatos, por caros que sean. Cualquiera que no lo vea así es una especie de monstruo. Realmente no puedo comparar la vida del niño con un nuevo par de zapatos. Y, por supuesto, estoy de acuerdo con eso. Me complace informar que la mayoría de las personas a las que les cuento esta historia, prácticamente todas, están de acuerdo con eso. Pero entonces si estás de acuerdo con eso y sos de clase media, podés pensar en la situación con respecto a la pobreza extrema, particularmente los niños en pobreza extrema, que a menudo mueren por causas relacionadas con la pobreza, ya sea hambre o desnutrición o saneamiento y diarrea deficientes. Al igual que la atención médica, hay muchas causas prevenibles que hacen que muera la gente en situación de pobreza extrema. Existen organizaciones efectivas para ayudar a las personas que más padecen. Si no se ayuda a quien más sufre, seríamos como la persona que prefiere cuidar sus zapatos a la vida de un niño o una niña. Podría estar salvando a un niño a este costo. Y es por eso que sostengo que deberíamos hacerlo. Y mencioné que también es por eso que establecí una organización benéfica llamada «The Life You Can Save» para unir a las personas que pueden salvar vidas y recomendar algunas de las organizaciones más efectivas que están salvando vidas en países del mundo. Entonces, si a sus lectores les gustaría verlo, pueden entrar a www.thelifeyoucansave.org para obtener información sobre las organizaciones benéficas más efectivas disponibles».

Más adelante en el diálogo se vuelve a referir al altruismo efectivo. Pregunta: Una definición del altruismo efectivo es: “Una filosofía y movimiento social que aporta evidencia y razón para determinar las formas más efectivas de mejorar el mundo”. ¿Cuál es la suya?. Respuesta: Uso esa definición. El altruismo efectivo se trata de encontrar las formas más efectivas de mejorar el mundo. Mejorar el mundo implica a todas las personas que lo habitan, no solo a las de nuestro propio país o comunidad. Y tampoco se trata solo de humanos, sino también de estar preocupados por el bienestar de todas las criaturas capaces de sentir dolor o disfrutar de sus vidas. Entonces, el altruismo efectivo consiste en intentar lograrlo, convirtiéndolo en uno de los objetivos de la vida y tratar de hacerlo por los medios más efectivos disponibles. Pregunta: Otra de sus frases es: “Lo mejor que pueden hacer con sus vidas es cambiar las ideas sobre cómo vivir éticamente con un altruismo efectivo”. ¿La falta de altruismo es un problema de ignorancia o de insensibilidad?. Respuesta: Diría que la falta de altruismo es una combinación de ignorancia e insensibilidad. En algunos casos es ignorar lo fácil que es ayudar a otros seres, lo fácil que es hacer el bien de manera efectiva. Sé que muy a menudo, cuando hablo en público o en programas de radio sobre altruismo, la gente dirá que sí, pero no sabe si realmente su donación llegará a las organizaciones adecuadas. Existen formas de conocer el destino de lo que se dona. Hay una cierta ignorancia que se puede superar sobre cómo podemos ayudar activamente a los demás. También hay personas que saben que pueden ayudar a los otros y no lo hacen. No estoy seguro de por qué. Tal vez se remonte a la base evolutiva, a una antigüedad en la que algunas personas estaban más centradas en ellas mismas y en su entorno más cercano. A esas personas hay que ayudarlas y explicarles que ser altruistas genera beneficios. Hay una investigación que demuestra que quienes ayudan a otros tienen una vida mejor que los que se enfocan en sí mismos».

Luego hace referencia al rol de los millennials y de la ciencia, las recomendaciones de Holden Karnofsky sobre tener una «perspectiva universal del altruismo efectivo», la historia de Toby Ord y la organización que él creó «Dando lo que Podamos» (Giving What We Can), también la historia de Julia Wise y su blog Giving Gladly (que podría traducirse como «Dando Gustosamente»), así  como el caso de Célso Vieira de Mello, de Brasil ,y la fundación «La Vida que Podés Salvar» («The Life You Can Save«) ya mencionada más arriba, entre los principales.

Para continuar y finalizar con las preguntas y respuestas mencionamos: Pregunta: «¿Qué función cumple el sitio «80 Mil Horas» creado por Matt Wage?» Respuesta: «Es una organización y un sitio web. Parte de una estimación: la de la cantidad de horas que uno trabaja en la vida, que es aproximadamente ese número. Pero ¿cuánto tiempo se pasa realmente eligiendo ese camino? Para la mayoría, muy poco. En general, sería un 1% de ese tiempo, unas 800 horas. Muy pocas personas pasan ochocientas horas, quizás el tiempo real de reflexión en este aspecto no pasa las 80 horas. Muchos simplemente trabajan o siguen el camino de sus padres, o el que les sugiere algún maestro. Tampoco se piensa demasiado en el bien que podemos hacerle al mundo. ¿Habrá una forma efectiva de hacer del mundo un lugar mejor? El sitio 80 Mil Horas existe para proporcionar ese consejo, para llenar ese vacío. Y para decir que puede haber opciones útiles para el mundo. Y contar cuáles son. Sería bueno para los jóvenes que están pensando qué carrera elegir, qué camino tomar, visitar la página. Es una manera de encontrarse con alternativas que pueden contribuir a un mundo mejor».

(1) Juan Carlos De Pablo. Revista de Economía y Estadística, Cuarta Época, Vol. 43 , No. 1 (2005), pp. 55-98.

(2) De ello se deriva que si queremos que el altruismo florezca en una sociedad es fundamental tener en cuenta estas situaciones «micro» así como los contextos «macro» socioeconómicos, culturales y políticos que los favorezcan.

 

 

¿Qué tendencias predominarán luego de esta crisis?

En notas anteriores nos preguntábamos acerca de ¿para qué sirve conocer la historia? y sobre algunos de los distintos posibles escenarios luego de la pandemia del coronavirus.

En esta entrada quisiéramos glosar dos opiniones, que entendemos son «complementarias» acerca de las tendencias que pueden predominar luego de esta grave crisis originada por la pandemia del coronavirus.

La primera es una entrevista que le hace Jorge Fontevecchia a Gabriel Tokatlian, donde  el entrevistado desarrolló un concepto guía, sobre “qué nos revelan las grandes crisis históricamente, crisis con impacto geopolítico significativo, financiero y social de enorme repercusión. Lo que suele suceder es que se potencian las tendencias ya existentes, no hay reacomodamientos sustantivos. Por ejemplo, después de la Primera Guerra Mundial, seguida por la gripe española, las tendencias observables fueron elementos que se fueron profundizando”, y aseguró que se generó “un malestar social creciente, una tendencia al militarismo de las grandes potencias europeas y de ideologías antiliberales. No hubo una transformación que produjeran un viraje sustantivo”.

La segunda es otra que ya comentáramos. Surge a partir de una opinión, en una nota en el diario La Nación, de Andrés Oppenheimer. Allí comenta que “Peter Coleman, un profesor de Psicología de la Universidad de Columbia que estudia conflictos políticos y desastres naturales en todo el mundo, y señala lo que pasa  «luego de un tiempo». Al respecto Coleman es cautelosamente optimista sobre una disminución de la polarización es que las catástrofes naturales a menudo actúan como “shocks” al sistema político”. Al cabo de algunos años, muchas veces dan lugar a cambios políticos positivos. Un estudio de 850 conflictos interestatales que tuvieron lugar entre 1816 y 1992 encontró que más del 75% de ellos terminaron dentro de los 10 años después de un “shock” al sistema, me dijo Coleman. Otro estudio realizado por el politólogo de la Universidad de Princeton Nolan McCarty mostró que Estados Unidos era un país profundamente polarizado hasta que dio un gran giro hacia una mayor cooperación política en 1924. Eso fue una década después de la Primera Guerra Mundial, y después de la pandemia de gripe de 1918, que mató a 50 millones de personas en todo el mundo. “El punto es que este tipo de conmociones como la actual pandemia no son una garantía de ningún tipo de cambio, pero, a menudo, son una condición necesaria para cambiar patrones de conducta profundamente arraigados como la polarización política”, me dijo Coleman. Luego reseña las razones para ser pesimista, y finalmente señala que “hasta ahora, es difícil ver que esta crisis pueda tener impactos positivos. Pero la buena noticia es que, si Coleman tiene razón, a menudo hay un efecto retrasado de unos diez años entre las grandes catástrofes y los cambios políticos que disminuyen la polarización interna y externa. ¡Todavía hay esperanza de que esta crisis conduzca a un mundo mejor!”

Si estas dos opiniones fueran «complementarias» y tuvieran razón, tal vez los seres humanos necesitamos de un lapso de tiempo -más o menos prolongado, según las circunstancias- para procesar los hechos en nuestras conciencias y culturas, y tener la posibilidad de poder «evolucionar y ser mejores». Nada está garantizado, nada es duradero, todo es muy complejo y acompañado de mucho dolor…, pero ojalá termine resultando en un aprendizaje (como dice la imagen de la entrada) (1) positivo en línea con un mundo mejor.

(1) Frase que se le atribuye a Miguel Ángel Buanoroti, a los 87 años de edad.

El «sentido de la política» vinculado al «sentido del cuidado»

Sabemos que a «la política» se la define, en general, como un proceso de toma decisiones que se aplican a todos los miembros de la comunidad humana, a distintos niveles. También se la define como «arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados». Es una forma de convivencia (a diferencia de formas de «no convivencia», como la guerra) que teóricamente busca orientar sus acciones hacia el bien común (aunque sabemos que, lamentablemente, no siempre es así aunque haya «buenas intenciones», como se expresa en esta nota).

En base al breve marco general que venimos de explicitar quiséramos relacionarlo con el tema del cuidado, en general, y en particular de los adultos mayores. Respecto de esto último tomaremos el caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que había prohibido la salida de sus casas de esta franja etaria de personas.

Finalmente el gobierno de la Ciudad reconoció que la medida vinculada a «la prohibición de que los adultos mayores puedan salir a la calle» fue «mal comunicada» y, a partir de las críticas recibidas y de un fallo judicial, fue transformada en un «sistema de apoyo a los adultos mayores de 70 años». Digamos también que este sistema de apoyo funcionó muy bien en el primer día de funcionamiento. Logró que 12000 personas mayores de 70 años no salieran a la calle. Ojalá podamos comunicar siempre a la política como un sistema de apoyo y mejora continua de los vínculos sociales y económicos !!!.

En este sentido va la nota del Dr. Alejandro Razé en el diario Perfil de Argentina. La misma se puede interpretar vinculada a una articulación armoniosa entre el «sentido de la política» y el «sentido del cuidado», que -seguramente coincidiremos- es una forma de amarnos los unos a los otros, como postula la tradición judeocristiana, independiente de que formemos parte o creamos explícitamente en ella.

Son señales positivas de «evolución» hacia un mundo mejor. Ojalá sean acompañadas de muchas otras señales, gestos y acciones concretas, teniendo en cuenta reflexiones como esta (que, sin duda, ha incidido en el resultado electoral de 2023).

 

 

 

Renta Basica – Ingreso Universal – Salario Universal

Hay una tradición que viene de proveer el sustento “con el sudor de tu rostro” (Génesis, 3-19) hasta la denominada «sociedad salarial». Esto último conlleva un desarrollo del derecho al trabajo y a un ingreso y condiciones dignas del mismo. También podemos afirmar que, más allá de cubrir una necesidad económica a través del trabajo, hay una necesidad psicológica de sentirnos útiles (incluido el ocio creativo como tipo de actividad), de crear, de servir (en el buen sentido del término) a otros, etc.

Referido a lo que mencionamos en último término, según una encuesta que realizó D’Alessio IROL, el 90% de los argentinos seguiría trabajando aunque se ganara la lotería y un 28% no cambiaría su trabajo actual incluso aunque tuviera millones en el banco. Algo similar sucede en otros países del mundo (con una mayoría que seguiría trabajando) tanto en respuesta a encuestas profesionales como realizadas por fuerzas políticas. Hay experiencias concretas, como la de Alaska, que van en esta dirección. De todos modos hay que tener en cuenta el caso de las personas que vienen desde largo tiempo sin tener trabajo y recibir un «plan» asistencial o subsidio. Por citar algunos ejemplos en Argentina se pueden mencionar a la ciudad de Concordia (ver al final de esta nota) o en la provincia de La Rioja, que evidencian empíricamente que recibir un ingreso estable por parte del Estado no los incentiva a aceptar un trabajo temporal (como el de «cosecheros»), ya sea por el miedo de perder ese ingreso o porque es más cómoda la «pasividad». Frente a esta situación parece mejor solución para las personas en edad activa desocupadas un seguro de desempleo (por ejemplo asociado a nuevas capacitaciones laborales) o la implementación de un «salario universal» (lo que conlleva «trabajar») como propone el Papa Francisco.

Volviendo a lo mencionado en el primer párrafo, hay otra tradición que está relacionada con disfrutar del ocio (del paraíso terrenal y de los ciudadanos libres de la Grecia Clásica) o tener un piso de sustento independientemente del trabajo (desde el maná del cielo para cruzar el desierto hasta la asignación de diez dinares propuesto por el suegro de Mahoma, Abu Bakr as-Siddik). Para ello hay que tener un «piso universal de sustento». Esto sería muy justo para las personas que no están en edad de trabajar (como menores), para los que tienen una imposibilidad (por razones de salud o de capacidades diferentes) o para adultos mayores, pero no sería no muy justo para personas que están en edad activa si este «derecho» de ingreso universal no fuera acompañado de la «obligación» de trabajar en actividades que requiera el mercado (como, por ejemplo, levantar cosechas) o de «no mercado» y socialmente útiles como las de cuidado de menores, personas mayores, con capacidades diferentes, comunitarias….como lo mencionado en el párrafo anterior por el Papa Francisco.

Un antecedente muy relevante fue desarrollado en Inglaterra con las «Poor Laws» como menciona esta nota. Al comienzo de ella se expresa que «el debate sobre las políticas de garantía de rentas es casi tan viejo como el capitalismo mismo. Aunque el origen de las conocidas como Poor Laws en Inglaterra datan de mediados del siglo XIV -un sustento para los campesinos diezmados por la Peste Negra- entre los siglos XIV y XIX el proceso de los cercamientos (“enclosures”) creó las condiciones necesarias para la desaparición de los derechos comunes sobre la propiedad de la tierra y la creación de los trabajadores agrarios dependientes de un salario. Con la desaparición de estos bienes comunes, la pobreza de los campesinos sin trabajo o con trabajo temporal emerge como un problema consustancialmente unido al desarrollo del capitalismo y la revolución industrial. Estas políticas de garantía de ingresos jugaron un papel clave en el hecho de que a principios del siglo XIX en Inglaterra, a diferencia del resto de Europa, apenas existieran “campesinos” -en el sentido medieval- y mayoritariamente tuviéramos una sociedad de “trabajadores agrícolas” libres y grandes terratenientes.  El largo y complejo proceso de “formación” de una clase obrera separada de los medios de vida vinculados a la tierra y con la necesidad de vender su fuerza de trabajo, había necesitado de políticas de mantenimiento de renta tanto de población “desempleada” como de la población “pobre” que había surgido de ahí.

Estas políticas tuvieron su máximo apogeo en el llamado sistema Speenhemland (1795), un sistema de mantenimiento de rentas que combinada lo que hoy conocemos como rentas mínimas, desempleo y complementos salariales. Los perdedores del cambio tecnológico  presionaron con revueltas violentas, como ha estudiado Eric Hobsbawm (1969), con las figuras ficticias del general Ludd o del capitán Swing después de la Guerras Napoleónicas. En el origen de estas revueltas encontramos, ente otras razones, el deterioro de estas políticas. Es imposible comprender el gran período de transición de un sistema feudal a un sistema capitalista en Inglaterra sin tener en cuenta el rol de las Poor Laws. Los economistas clásicos del siglo XIX, incluido Marx, tuvieron siempre una pésima opinión de sus efectos económicos, a caballo entre la mendicidad parroquial y el disciplinamiento de la fuerza laboral. Unas políticas con un largo periplo hasta su abolición en 1948 con la aprobación del National Assistance Act que daría paso al moderno Estado de Bienestar».

Existen otros motivos para un «piso universal de sustento». Eduardo Levy Yeyati menciona en una nota en el diario Perfil, entre otras cuestiones, antecedentes de Estados Unidos de América: “debemos crear empleo y debemos crear ingreso. El pueblo debe convertirse en consumidor de una manera o de otra. La solución a la pobreza es abolirla directamente mediante el ingreso garantizado,” escribía Martin Luther King en 1967. En 1968, año del asesinato de King, 1.200 economistas (incluyendo liberales como James Tobin o Paul Samuelson y conservadores como Milton Friedman) firmaron una carta al Congreso de los Estados Unidos pidiendo el ingreso universal. Nixon respondió proponiendo el Plan de Asistencia Familiar, que sustituiría en una sola asignación universal los distintos programas sociales. El plan sucumbió a la resistencia de asistentes sociales temerosos de perder su trabajo, líderes sindicales temerosos de perder su influencia y trabajadores de clase media renuentes a subsidiar al desocupado con impuestos; en 1972, año electoral, Nixon cajoneó la idea. Pero no deja de llamar la atención que una iniciativa que hoy parecería emblemática de la heterodoxia populista fuera promovida hace apenas 45 años por el padre de la escuela de Chicago y estuviera a punto de ser aprobada por un gobierno conservador».

Desde el punto de vista del derecho, podríamos decir que el «derecho a la vida» es superior a un derecho específico como el «derecho al trabajo» y si el Estado y la economía no pueden generar trabajo, debe generarse un piso de subsistencia (en este caso a través de un ingreso, aunque hay estados que lo hacen otorgando comida).

Tal como se muestra en la imagen de la entrada en países de Europa se lo ha promocionado, con rechazos como el caso de Suiza y experiencias hasta ahora exitosas que se están desarrollando en ciudades de Holanda. También hay otros casos en curso, una evaluación que hace The Economist (reproducido por el diario La Nación) sobre la experiencia de Finlandia (país que ha decidido discontinuarla a fines de 2019) (1)  y una red global que la promueve. Hacia noviembre de 2017 se está discutiendo una propuesta en España que no es universal porque está supeditada a la búsqueda de empleo. En la Argentina también se ha propuesto a través de la Red Argentina de Ingreso Ciudadano (ver también artículos de Rubén Lo Vuolo y otros). Una información actualizada de experiencias al 2019 se puede visualizar en esta nota y en agosto de 2024 en esta.

La vigencia de este tema, más allá de cuestiones de enfoque o filosóficas, se presenta en la práctica debido -por un lado- fenómenos como la pandemia del coronavirus (2) (que pueden repetirse cíclicamente con otros virus) así como al impacto del cambio tecnológico (en general, y en particular en los países desarrollados) (3) y -por otro lado- a la persistencia de situaciones de pobreza estructural difíciles de resolver (en especial en países en vías de desarrollo o pobres, pero que también fueron señaladas por Martin Luther King para su país en 1967). Esto produce una desconexión entre trabajo y salario al interior de los países, además de no resolver la brecha de riqueza entre países pobres y países ricos.

En otra nota de Levy Yeyati en el diario La Nación plantea una serie de complejidades y dilemas morales a resolver en esta temática. Seguramente la mayor complejidad para los países en vías de desarrollo o pobres es la cuestión fiscal que «no da» para hacer un ingreso universal (como puede ser el caso de los países «ricos»). Se podría hacer una prueba en Argentina, en alguna localidad con características similares a un país desarrollado (por ejemplo: ¿Rafaela?), pero -seguramente- no daría resultados muy diferentes a los experimentos en curso en dichos países o a las respuestas a la encuesta realizada por D’Alessio IROL.

Tal vez, lo más justo y prioritario en el caso argentino, sería perfeccionar experiencias como el «salario social complementario» de la economía popular, el seguro de desempleo, la asignación universal por hijo (AUH), y otros instrumentos que están en el Presupuesto Nacional y de jurisdicciones provinciales que permitan ir «cerrando la grieta socioeconómica». Dependiendo de los fondos disponibles -muy difícil en función de la situación argentina-, tal vez esto posibilite reducir sustancialmente (sino eliminar) la situación de indigencia. Esto nos permitirá ir convergiendo concretamente hacia un mundo mejor.

Queda pendiente un debate a escala «global» (dado que estos enfoques y experiencias son a escala nacional, y por ahora, rechazados a nivel continental y mundial), muy relacionados con los movimientos migratorios (en especial de Africa a Europa, pero no sólo), al debate sobre instrumentos como la tasa Tobin a los flujos financieros y, en definitiva, hasta donde llega la concreción de la justicia y la solidaridad humana.

(1) Es muy interesante esta evaluación.

(2) Ante los efectos dramáticos que produce la pandemia del coronavirus, lo que se está debatiendo y aplicando en muchos países son transferencias directas -por parte del Estado- a empresas sin actividad, a personas que realizan actividades independientes de la economía formal (hoy sin poder realizarlas), así como a personas y familias de la economía informal (en este caso no sólo de dinero sino también de alimentos). Por lo tanto queda pendiente un debate más de fondo y permanente como el que se intenta plantear en esta nota, y otras a considerar como esta.

(3) Un tema muy relevante a considerar es el impacto de la Inteligencia Artificial en el futuro del trabajo, como señalan empresarios como Elon Musk.

PD: Agradezco la conversación mantenida con Eduardo Levy Yeyati y Pedro Del Piero sobre este tema y la reflexión que me aportara Jorge Remes Lenicov sobre la viabilidad fiscal y referencias académicas. Por otro lado en este sitio se puede bajar un libro con una gran cantidad de artículos vinculados a renta básica. Una actualización de este debate se puede ver en esta nota y en este video.

Después de esta crisis ¿podemos ser prudentemente optimistas?

En esta nota del diario La Nación, Andrés Oppenheimer, (que nos hemos permitido glosar, citando a la fuente) comenta que «Peter Coleman, un profesor de Psicología de la Universidad de Columbia que estudia conflictos políticos y desastres naturales en todo el mundo, dice que la crisis actual puede conducir a una disminución de la polarización política en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Coleman, que está a punto de publicar un nuevo libro titulado La salida: como superar la polarización tóxica, dice que varios estudios han demostrado que «enemigos comunes» como la actual crisis de coronavirus han ayudado a sociedades profundamente divididas a unirse ante la adversidad.

Y eso puede pasar en todos los países donde la polarización política ha aumentado dramáticamente en los últimos años, dijo. Coleman me citó el caso del «Blitz», el bombardeo nazi de 56 días contra Gran Bretaña, que el gabinete del primer ministro británico Winston Churchill pensó que daría lugar a saqueos y peleas internas por escasos recursos. Y en cambio, resultó en un aumento en el altruismo, la compasión, la generosidad y las acciones para el bien común. Algo similar sucedió después del tsunami de 2004 en Indonesia. El gobierno y los grupos insurgentes hicieron a un lado sus diferencias para reconstruir las comunidades destruidas, agregó.

La segunda razón por la cual Coleman es cautelosamente optimista sobre una disminución de la polarización es que las catástrofes naturales a menudo actúan como «shocks» al sistema político». Al cabo de algunos años, muchas veces dan lugar a cambios políticos positivos. Un estudio de 850 conflictos interestatales que tuvieron lugar entre 1816 y 1992 encontró que más del 75% de ellos terminaron dentro de los 10 años después de un «shock» al sistema, me dijo Coleman. Otro estudio realizado por el politólogo de la Universidad de Princeton Nolan McCarty mostró que Estados Unidos era un país profundamente polarizado hasta que dio un gran giro hacia una mayor cooperación política en 1924. Eso fue una década después de la Primera Guerra Mundial, y después de la pandemia de gripe de 1918, que mató a 50 millones de personas en todo el mundo. «El punto es que este tipo de conmociones como la actual pandemia no son una garantía de ningún tipo de cambio, pero a menudo son una condición necesaria para cambiar patrones de conducta profundamente arraigados como la polarización política», me dijo Coleman.

Luego reseña las razones para ser pesimista, y finalmente señala que «hasta ahora, es difícil ver que esta crisis pueda tener impactos positivos. Pero la buena noticia es que, si Coleman tiene razón, a menudo hay un efecto retrasado de unos diez años entre las grandes catástrofes y los cambios políticos que disminuyen la polarización interna y externa. ¡Todavía hay esperanza de que esta crisis conduzca a un mundo mejor!»

En la misma dirección va esta nota de Juan G. Tokatlian, donde expresa que «cuando lanzamos una piedra a un lago, al rozar la superficie se generan ondas concéntricas sucesivas cuyos radios aumentan con el tiempo. La piedra origina una perturbación que produce un movimiento secuencial y ondulatorio. Me sirvo de esta imagen para pensar las ondas concéntricas que está generando el Coronavirus… Es que es un anhelo injustificado el pensar que de este desastre aflorará un mejor Estado y un sistema internacional promisorio. Pero si nos fijamos en las ondas más alejadas del centro donde chocó el virus, el horizonte puede resultar menos sombrío. Los radios de las ondas concéntricas sucesivas aumentan con el tiempo y eso permite vislumbrar un futuro menos catastrófico; los procesos de cambio tienden a ser graduales y responden a fuerzas y factores sociales, políticos e históricos dinámicos en los que la contingencia juega un papel relevante.

Es muy probable que en el corto plazo las tendencias negativas anteriores al estallido del Coronavirus se potencien y exacerben, pero, en el largo plazo, se pueden ir constituyendo opciones progresistas, renovadoras y sensibles que propicien un orden alternativo justo, equitativo y estable. Las mujeres y los jóvenes emergen en este escenario como potenciales protagonistas de un escenario más generoso. La calidad y la eficiencia de las gestiones de mujeres como la Canciller de Alemania, Angela Merkel; la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern; la Primera Ministra de Finlandia, Sanna Marinentre o, a escala local, las de las alcaldesas de Bogotá, Claudia López, y de San Francisco, London Breed, muestran que, en la medida en que se incremente y se asegure el empoderamiento material y político de las mujeres, una gobernabilidad mundial más inclusiva puede ser alcanzable.

Finalmente termina diciendo «Los jóvenes que padecen una situación socio-económica crítica se comportan como adultos con mayor sensibilidad hacia la equidad. Es de esperar entonces que el impacto global del Coronavirus sobre la juventud se refleje, en un futuro no distante, en su disposición y compromiso contra la desigualdad. El brutal choque de esta piedra en este convulso lago que es nuestro presente nos ofrece un corto plazo turbador. Pero si advertimos las ondas más distantes, aquellas en las que se perfilan mujeres empoderadas, capaces de desplegar su empatía y eficiencia sobre el mundo; si nos detenemos en las ondas creadas por jóvenes adultos que, impactados por los efectos de esta catástrofe promueven una apuesta real por una sociedad más igualitaria y una cosmogonía menos antropocéntrica, es posible que podamos leer lo que viene de una manera menos pesimista. Y ese optimismo quizás nos movilice, pacientemente, a asegurar un cambio más radical y profundo». Ojalá !!!