Inestabilidad, Fuga y ¿Qué hacemos?

Entre los temas recurrentes de la economía argentina ha estado su inestabilidad, o no poder tener un sendero sustentable de desarrollo con equidad, con los efectos indeseables que ello genera (como plantea el dibujo de Nik -para el diario La Nación- que hemos colocado en la entrada a esta nota). Uno de estos efectos ha sido la fuga de divisas, sea hacia el extranjero o fuera del circuito interno (en el denominado «colchón»). Esto último ha sido cuantificado al primer trimestre de 2018 en U$S 276.449 millones (según esta nota) y abordado de distintas maneras como -por ejemplo- desde la revista Finanzas y Desarrollo del FMI hasta por un programa televisivo del 8/7/2018 (desde el minuto 31 en adelante de este video), y por nuestro blog, además de por numerosos especialistas. En esta nota se lo actualiza a julio de 2020.

¿Cuales serían las principales causales? A nivel de hipótesis, plantearemos que:

  • luego de la crisis de 1930 no encontramos un sendero de desarrollo sustentable que armonizara nuestra inserción internacional de manera diversificada (en particular a nivel industrial), con el mercado interno y con una equidad que se sostuviera en el tiempo (1),
  • los distintos sectores y clases sociales entraron en una puja distributiva -que se alternan en el tiempo- y generan un fenómeno pendular en situaciones y políticas, dando lugar a una grieta estructural donde -más allá del corto plazo- a la larga todos perdemos. Lo hemos mencionado en una nota donde hicimos referencia a Guillermo O’Donnell (en especial en su texto “Estado y Alianzas en Argentina, 1956-1976”), y comentado en distintos artículos como este, donde este comportamiento pendular se refleja en lo que la jerga económica llama “stop and go“.
  • concomitante con lo anterior es querer vivir más allá de nuestras posibilidades y ello se refleja en el déficit fiscal y en que gastamos más dólares de los que generamos (déficit del balance de pagos). Muchos economistas lo vienen planteando y empresarios, como Javier Madanes Quintanilla en el programa Odisea Argentina (desde el minuto 6,30 en adelante de este video), lo han resaltado. Según este último no es un problema tan grave como los países que han pasado por guerras, pero hay que sortear y resolver la crisis actual,

entre otras.

Si las hipótesis mencionadas sobre las principales causales fueran verdaderas, entonces: ¿qué hacer?. No es fácil responderlo en un mundo preocupante, donde parece predominar el «sálvese quien pueda». Más allá de que sería deseable «otra globalización» (que habría que impulsar en los foros internacionales) y un cambio profundo, a nivel interno algunas líneas de acción podrían ser:

  • paralelamente a que se impulsan las ventajas comparativas que tenemos el agro (2), con un plan agroindustrial, la minería (y la posibilidad de agregar valor al litio como están empezando a hacer Chile y Australia), el shale gas de Vaca Muerta (también se puede ver esta nota) (3), los recursos energéticos renovables y paisajísticos en turismo), hay que potenciar el valor agregado tanto de las ventajas mencionadas como de las ventajas competitivas derivadas del conocimiento (en esta línea ver este link), así como potenciar las posibilidades de exportar a países como China o el desafío que nos plantea el Acuerdo UE-Mercosur. Contar con políticas adecuadas, nos permitirá generar trabajo formal y más dólares para resolver el déficit de balance de pagos que tenemos,
  • es necesario tener una macro previsible y más o menos equilibrada, que incluye una inflación baja, una rentabilidad razonable para la inversión productiva, y un tipo de cambio real estable… Porque la dolarización de facto se debe a la incertidumbre y depreciación del peso, originada en los desequilibrios macro , la falta de proyectos productivos y el permanente cambio de las reglas de juego, (4)
  • relacionado con lo que venimos de mencionar, el tipo de cambio (en el marco de una flotación administrada) debería acompañar lo anterior y deberían consensuarse medidas que morigeren el traslado a precios internos, en especial de los alimentos. En general hay consenso que las retenciones no son una buena medida o «ideal», pero la actual crisis económica y con un tipo de cambio muy alto, las ha re-instalado,
  • paralelamente -y en el marco de lo mencionado más arriba- la política monetaria y el sector financiero tendrían que tener instrumentos que fomenten la canalización del ahorro hacia la inversión, evitando la especulación y vehiculizando los dólares fugados hacia los sectores productivos. Para esto hay que reconocer que la mitad del pbi está en dólares fuera del circuito productivo (es decir que hay una dolarización «real» de una parte importante del ahorro), y que la solución no es la dolarización «formal» de la economía (5). Pero sí hay que fomentar y difundir instrumentos (como las obligaciones negociables en dólares), así como crear otros (vía bancos, plataformas virtuales) que faciliten -en el marco de una economía bimonetaria- la entrada al circuito formal de inversión productiva,
  •  el estado debe ser eficiente en sus servicios, el gasto debe ser responsable sin generar déficit fiscal, y los impuestos deberían bajar los que afectan la producción (incluyendo modalidades de desgravación a sectores «sensibles» para el empleo y nuestro sendero sustentable de desarrollo) y subirlos de manera progresiva a los ingresos personales. Los acuerdos sectoriales entre estado, empresarios y sindicatos, deberían comprometerse en esta dirección. Las reglas deben ser estables (seguridad jurídica) que posibiliten la generación de flujos de riqueza en el tiempo. Esto generará mayor sostenibilidad económica,
  • La equidad también habría que promoverla con formas de redistribución impositiva, la participación de las ganancias y otras formas de intercambio. así como ir reduciendo la pobreza pasando de lo asistencial a lo formativo, y de la economía popular (a sostener) a la economía social y productiva. Esto nos podría conducir a ir construyendo confianza mutua, morigerando las injusticias, ir solucionando la cuestión de la puja distributiva y posibilitando sustentabilidad social,

entre otros.

Claro, habría que entrar en mayores detalles sobre las medidas, sabiendo que no es fácil modificar una cultura del corto plazo y de ventajas corporativas. Sin embargo creemos que si hacemos un ejercicio colectivo de visualización de «a dónde podríamos estar en un futuro relativamente cercano», y que ese escenario será «ganador-ganador», tal vez nos estimule a cambiar. Ello nos podrá ir conduciendo a un mundo mejor.

(1) en esta línea va la reflexión de Juan Llach en este texto, un reportaje a Pablo Gerchunoffuna nota de Eduardo Fidanza y esta mesa redonda.

(2) sobre la posibilidad de una exportación significativa de legumbres a la India se puede ver esta nota.

(3) Deben tenerse en cuenta dos elementos sobre esta forma de generación de energía: 1) abaratamiento de los costos de las energías renovables frente a la extracción de shale como expresa esta nota (por lo tanto que requieran un subsidio ilimitado) y experiencias como las de Alemania, 2) los efectos de las energías fósiles y la producción no limpia en el cambio climático.                                                            

(4) agradezco el comentario de Jorge Remes Lenicov.

(5) sobre la cuestión de la dolarización hemos escrito esta nota.                                                                                                                                                  

El Manual del Buen Capitalista

En este blog nos hemos referido al concepto de sistema económico y su evolución histórica. Cabe destacar que, en cada tiempo y espacio, los sistemas no se han presentado de manera homogénea, sino que han habido variedades. Ello ha sucedido también con el capitalismo (como se menciona en la imagen de la entrada) que es un sistema fruto de una larga evolución que viene desde la aparición del excedente (su generación y apropiación), la distribución del trabajo (y subyacentemente cómo se valora lo que cada uno aportalas relaciones de poder asociadas), la propiedad, el proceso de individuación y el incremento del comercio y el capital hasta nuestros días. La búsqueda del lucro y la propiedad privada de los medios de producción son sus características generales, pero sus particularidades difieren en cada contexto.

Sobre esto último tomamos el enfoque de Karl Polanyi que señala (1) que la economía humana está encastrada y englobada en instituciones económicas y no económicas. El estudio del desplazamiento de la economía en la sociedad no es nada más que el estudio de la forma en que el proceso es institucionalizado en diferentes épocas y en diversos lugares. Este autor llama a los sistemas «modelos de integración», donde los principales modelos son la reciprocidad, la redistribución y el intercambio. La reciprocidad supone movimientos entre puntos de correlación de grupos simétricos; la redistribución designa movimientos de apropiación  en dirección a un centro, y luego de este hacia el exterior. El intercambio se refiere a los movimientos de “va y viene” tales como los cambios de “manos” en un sistema mercantil. En los últimos de algo más de 200 años este intercambio ha tomado la forma de «mercado» en un sistema capitalista. Será distinto como se expresa en Haití, en Suecia, en Estados Unidos, en Argentina… de acuerdo a cómo se ha dado su evolución histórica (ver caso argentino) y formas de «encastramiento» -como dice Polanyi- con esa cultura, sociedad y sistema político-institucional.

Por lo tanto, si bien el capitalismo tiene rasgos comunes, no se lo puede uniformar en una sola expresión histórica. Pensar en un estereotipo único y sin variación en el tiempo y en el espacio es una ingenuidad conceptual o idealización. De alguna manera es esto a lo que se refiere el sociólogo Ernesto Fidanza cuando habla del “manual del buen capitalista” -del que hemos tomado el título de esta nota- (ver este video del minuto 10,35 en adelante) respecto del enfoque de quienes lideran el gobierno argentino desde fines de 2015, seguramente como forma de polarización y diferenciación del gobierno anterior (2)

Suponen un “capitalismo de mercado” donde el sistema funciona de una manera “orgánica” y racional, y se si liberan todas las restricciones las inversiones (en particular externas) fluirán y el progreso será generalizado, disminuyendo la pobreza. La realidad es más complicada que eso, donde también no se dialoga entre los que usan manuales o enfoques monetaristas y los que utilizan manuales o enfoques estructuralistas, faltando mediaciones y diálogo profesional (buscando acordar frente a una realidad compleja) entre ambos. El resultado de ello deriva en la situación económica de fines de agosto de 2018 de Argentina, donde se genera también un problema político.

Ojalá se pueda ejercer un verdadero discernimiento y se encuentren soluciones urgentes para el corto plazo y un sendero de desarrollo sustentable para el mediano y largo plazo (3).

(1) «The Economy as an Instituted Process» en Trade and Market in the Early Empires. Economies in History Theory, The Free Press, New York, 1957.

(2) Una actualización de este tema a junio de 2019 se puede ver esta nota frente a los desafíos de un nuevo gobierno.

(3) En este blog hemos planteado un enfoque más ambicioso de cambio profundo y de ir convergiendo hacia un postcapitalismo.

¿Cómo sigue el ciclo?

Sabemos que la vida tiene ciclos: la naturaleza, nosotros como personas, nuestras instituciones, países….y dentro ellos están los ciclos económicos como los que se muestran en la imagen de la entrada (faltan acentos en palabras). Trataremos de focalizarnos en los ciclos económicos, con especial énfasis en el caso argentino.

A nivel global, si bien la economía mundial -en promedio crece al 3,1%– se presenta un escenario futuro incierto. Ello se da debido, además de la crisis económica de Turquía, principalmente a que estamos en los inicios de una guerra comercial entre Estados Unidos y China, tal como se describe en esta nota. El escenario optimista es que las medidas tomadas hasta ahora por cada uno terminen finalmente en una negociación donde no se incremente este conflicto o se llegue a un acuerdo (como es el caso de EEUU y UE al 26/7/18). El escenario pesimista es que termine en una crisis peor (v.g. no acuerdo con China) que la de 1929/30, y conocemos lo que vino después…

En el caso de la economía argentina la evolución de producto interno bruto (o riqueza generada) per cápita se parece -aproximadamente- a una especie de montaña rusa (con tendencia decreciente), en la cual estamos entrando (a mediados de 2018) en una fase recesiva. Entre las preguntas que nos hacemos es ¿cómo sigue?: si va a adoptar la forma de continuar en una pendiente negativa (lo más probable), o de «v», de «L», de «u»…. A continuación glosaremos distintas opiniones.

Hay opiniones pesimistas como las de Walter Graziano respecto de que el acuerdo con el FMI pone en riesgo la solvencia pública, así como la de Joseph Stiglitz, otras optimistas como las de Mario Blejer en el programa «Terapia de Noticias», así como la de Marina Dal Poggetto en esta nota donde plantea la complejidad, riesgos y posibilidades del camino que estamos transitando. A comienzos de septiembre de 2018, en el contexto de un dólar que estuvo rondando en los $ 40 (luego cayó por la nueva política monetaria), se anunció un conjunto de medidas y la renegociación de un nuevo acuerdo con el FMI. Un informe del Ministerio de Economía (considerado como un «borrador de trabajo») señala que se espera una inflación del 42% y una caída de la economía en 2,4%.

El ciclo se da en un contexto histórico (o ciclo «más largo») que tiene tendencia «a la baja» (tanto en caída de pbi y de incremento de pobreza) y que hemos planteado -en términos generales- en este artículo. En el mismo hemos esbozado algunos lineamientos de cuestiones estratégicas que entendemos habría que encarar. Ojalá que los aportes serios, tanto de diagnóstico como de caminos a seguir, sean realizados de buena fe, compartiendo esfuerzos en las acciones, con un «piso» de medidas para los más débiles y tratando de que nos conduzcan a un futuro mejor.

PD: luego de escribir esta reflexión apareció la opinión de Pablo Gerchunoff en Clarín con el título de «la crisis económica actual es una más en medio de una Argentina sin brújula», que se relaciona con la idea de un ciclo que no encuentra un sentido superador de sus problemas. Del mismo modo, es interesante la opinión de Eduardo Levy Yeyati, a mediados de agosto de 2018, en este video, y esta nota de Guillermo Rozenwurcel y Ramiro Albreu del 21/11/18.

 

Hambre Cero o Resolver la Insuficiencia Alimentaria

Establecer una jerarquía de necesidades es difícil pero sabemos que si no respiramos, no nos alimentamos e hidratamos adecuadamente, todo lo demás no es posible. Si bien esto parece obvio, es importante el aporte realizado por Abraham Maslow, con su propuesta de una pirámide con una jerarquía de necesidades que se muestra en la imagen de la entrada.

Según la Wikipedia «es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en su obra Una teoría sobre la motivación humana (en inglés, A Theory of Human Motivation) de 1943, que posteriormente amplió. Obtuvo una importante notoriedad, no sólo en el campo de la psicología sino en el ámbito empresarial del marketing o la publicidad. Maslow formula en su teoría una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide)». (*) Esta teoría es coincidente con el enfoque sustantivo de la economía propuesto por Karl Polanyi poniendo en valor el «sustento» frente al enfoque formal de la economía (en general predominante).

Llevado a cuestiones prácticas, esto se traduce -por ejemplo- en el planteo de «hambre cero» propuesto en el marco de las Naciones Unidas y llevado a cabo en países como Brasil por iniciativa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en 2003 con el objetivo de erradicar el hambre y la extrema pobreza. Tal vez la designación más precisa sea no «hambre cero» sino «insuficiencia alimentaria» según la FAO  y como lo explica Agustín Salvia en este video (del minuto 10,27 en adelante).

En países como Argentina, el gobierno elegido en 2015 se propuso como horizonte una meta muy ambiciosa, como «pobreza cero«.  Sin embargo, la situación económica a mediados de 2018 y el acuerdo con el FMI (que conlleva un ajuste recesivo), indican que sería razonable garantizar -al menos- hambre cero. Esto, entre otras cosas, se relaciona con la emergencia alimentaria que viene desde el 2002 y luego se incorporó a la emergencia social. El 12 septiembre de 2019 se dio media sanción en la Cámara de Diputados a una nueva ley (ver este video con los antecedentes y la explicación de Carlos Castagneto, así como esta nota con el impacto fiscal). El nuevo gobierno, que asumió el 10/12/19, se ha propuesto otorgar una tarjeta alimentaria, a fin de resolver o paliar esta temática.

Desde una perspectiva más de fondo habría que lograr que la Argentina se desarrolle e implementar correcciones a un capitalismo desigual, como ser gravar a los sectores de mayores ingresos (**) para financiar un piso de ingresos (por ejemplo reforzando el monto de la Asignación Universal) a quienes no pueden llegar a completar una alimentación básica, además de otras medidas complementarias como incrementar raciones en comedores populares (o merenderos), reforzar los bancos de alimentos (con el debido control de la salubridad) y el régimen de donación de alimentos,  etc.

En pleno siglo XXI, y en un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas (en realidad, gran parte de estos alimentos son para consumo animal), no es admisible que se produzcan situaciones como las que explicita el Informe del Observatorio Social de la UCA -a junio de 2019- donde se afirma que «un nuevo estudio sobre pobreza publicado por la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que el 14,9% de los menores de edad no realizó al menos una de las cuatro comidas diarias en 2018. Los resultados señalaron también que la mitad del equivalente a 1,6 millones de chicos -de entre 2 y 17 años- suele saltearse la última alimentación del día. El informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de esa universidad reflejó además que el 37% de esos chicos recibió una alimentación deficitaria en nutrientes esenciales en ese período».

En el contexto de un mundo preocupante y en una Argentina que repite los ciclos de ilusión y desencanto, es fundamental comenzar por la base de la pirámide de Maslow. Este sería un nivel mínimo o «piso» para luego poder evolucionar hacia un mundo mejor.

(*) Este enfoque se puede ampliar en el texto «Abraham Maslow. La Teoría de las Necesidades», realizado por Anna Giardini, de la colección Comprende la Psicología, Ed. Salvat, 2017.

(**) Más allá de que, en general, a nadie le guste pagar impuestos, expertos tributaristas deberían analizar si incrementar impuestos a los bienes personales, alícuotas crecientes al impuesto a las ganancias, así como una alícuota diferencial a las personas que tienen dinero en el exterior (a fin de promover su repatriación), etc. pueden ser viables y razonables (no confiscatorios y que no afecten la producción). Seguramente acompañadas de medidas como la reducción de impuestos a los ingresos brutos que gravan cada etapa de la cadena productiva contribuyendo a desalentar la inversión y primarizar la economía. Una propuesta muy interesante es planteada en esta nota por Juan Llach, así como Bernardo Kosakoff en este reportaje (donde comenta la experiencia norteamericana) y Agustín Salvia en la primera parte de este video.  Habría que también tener en cuenta enfoques y prácticas como estaTodo esto más allá de tratar de salir cuanto antes de la recesión y entrar en un sendero de desarrollo con equidad.

Economías con liberalismo social

En esta entrada hemos hecho referencia a la economía clásica, que nació como «ciencia» bajo el influjo del liberalismo. Pero ¿qué es el liberalismo?. Al respecto es muy interesante esta nota de Alejandro Poli Gonzalvo, que la contextualiza en el debate de la Argentina actual. La misma se denomina «La defensa del liberalismo frente a libertarios y anarcocapitalistas«. Para quienes no tienen acceso a ella, nos permitimos transcribirla a continuación. Comienza diciendo que «el liberalismo es la doctrina filosófica, política y ética que alumbró el mundo moderno. Sus principios y valores desterraron los absolutismos y toda forma de colectivismo de izquierda y derecha y fueron la cuna de los derechos humanos y la libertad individual. Su evolución posibilitó la república y, más tarde, la democracia liberal. En las naciones donde prevaleció produjo una prodigiosa era de progreso y libertad, cuyos logros están a la vista.

Sin embargo, en el siglo XX el liberalismo afrontó el desafío de compatibilizar su doctrina con el rol creciente del Estado. Durante el período anterior, fue enteramente compatible con el Estado porque cumplió a la perfección uno de sus objetivos básicos: limitar el poder del Estado sobre los individuos. A partir de la Segunda Guerra Mundial, tuvo la capacidad de adaptarse y de su seno nació el Estado benefactor, origen del período de mayor prosperidad que ha conocido la humanidad. La utopía liberal que soñaron Locke, Adam Smith, Hume, Kant, Constant, Jefferson, John Stuart Mill, Alberdi, entre otros, se había cumplido. Por eso, se debe afirmar que el liberalismo clásico acepta la existencia de un Estado que perciba impuestos que le permitan redistribuir recursos para cubrir funciones que la sociedad civil no puede desarrollar por sí sola. Hayek, uno de sus más lúcidos defensores, cuestiona el concepto de Estado mínimo que se limita a hacer cumplir la ley y escribe: “Lejos de preconizar tal modelo de ‘gobierno mínimo’, el autor de estas líneas considera fuera de toda duda que, en una sociedad avanzada, el Estado debe poder hacer uso de sus facultades recaudatorias para proporcionar ciertos servicios que el mercado no puede en absoluto –o por lo menos de manera suficiente– ofrecer” (1).

Sin embargo, el peso adquirido por el Estado llevó a una creciente hipertrofia de sus funciones y a la absorción de inmensos recursos de la sociedad civil. Ante ese escenario, nacieron corpus teóricos que atacaron la existencia de ese Estado desbordado de impuestos: se denominaron libertarios o minarquistas.

Robert Nozick (1938-2002) escribió una obra clásica de esa corriente de pensamiento, Anarquía, Estado y utopía. En sus dos primeras partes, Nozick presenta su concepción del Estado mínimo, que resume en dos frases: “El Estado mínimo es el Estado más extenso que se puede justificar. Cualquier Estado más extenso viola los derechos de las personas”. Mediante una argumentación no contractualista, Nozick postula el Estado mínimo, cuyas únicas funciones son brindar protección y justicia a los individuos y garantizar la propiedad privada. A diferencia del Estado liberal, Nozick no acepta que se puedan imponer tributos a los individuos para ser redistribuidos. Todas las funciones básicas de educación, salud, acción social, etc., no son asumidas por el Estado y quedan a cargo de los ciudadanos y de las instituciones civiles que creen voluntariamente.

En la tercera parte del libro, “Utopía”, a partir de su Estado mínimo, Nozick presenta un modelo ideal de sociedad, en el cual las personas humanas son libres de imaginar su mejor comunidad posible. Estas comunidades se crean sin restricciones de número, pues todos las personas tienen el derecho de imaginar su propia comunidad ideal. Las personas deciden libremente abandonarlas o permanecer en su ámbito. ¿Cuál es el elemento diferencial entre el Estado mínimo clásico y una comunidad libertaria? La posibilidad de adherir voluntariamente.

Aun cuando el Estado mínimo libertario parecería haber reducido al mínimo sus funciones, todavía surgirá otra teoría que directamente atacará la existencia del Estado: el anarcocapitalismo. Precedido en el siglo XIX por Lysander Spooner, su abanderado fue Murray Rothbard (1926-1995), economista estadounidense que, al igual que Hayek, formó parte de la escuela austríaca de economía, de la que se fue diferenciando. Escribe Rothbard en La ética de la libertad: “A lo largo de la historia, grupos de hombres que se dan a sí mismos el nombre de ‘el gobierno’ o ‘el Estado’ han intentado –generalmente con éxito– hacerse con el monopolio coactivo de los tableros de mando de la economía y la sociedad”, que incluyen todas las funciones de un Estado moderno. Ello ha sido posible por el monopolio del poder más trascendental: “El de extraer las rentas de los ciudadanos mediante coacción”. Acto seguido presenta su posición sin eufemismos: “Solo el Estado consigue sus ingresos mediante coacción, amenazando con graves castigos a quienes se nieguen a entregarle su parte. A esta coacción se la llama impuestos”. Y agrega: “Si, pues, los impuestos son obligatorios, forzosos y coactivos y, por consiguiente, no se distinguen del robo, se sigue que el Estado, que subsiste gracias a ellos, es una organización criminal, mucho más formidable y con mucho mejores resultados que ninguna mafia ‘privada’ de la historia”. La conclusión inevitable de esta tesis es que el Estado no debe existir. Así, desaparece toda noción de derecho público y el poder político se retrotrae a una red de contratos y asociaciones privadas voluntarias. Cada persona obtendría bienes y servicios de acuerdo con contratos celebrados en un mercado libre sin interferencias de terceros y, según Rothbard, esta deriva de relaciones económicas privadas generaría más riqueza que el liberalismo clásico. Esta tesis es indemostrable. Por eso, se ha señalado con acierto que la utopía anarcocapitalista es más bien una distopía cuyo desarrollo conduciría a un sistema feudal de vasallos que ceden partes de sus derechos a un señor a cambio de protección.

No corresponde llamar doctrinas liberales a aquellas que niegan el derecho público, ejercido de modo imparcial para el bien común, y solo avalan relaciones nacidas del derecho privado. El liberalismo fue y es una doctrina teórica que produjo una revolución de bienestar y libertad, es decir, que supo conjugar la protección de la libertad individual con un Estado que crea el ámbito para que los individuos se desarrollen según su propia concepción de la felicidad. Por su parte, los libertarios creen que el Estado moderno avanzó demasiado sobre los derechos de los individuos y, al denunciar esta forma de coacción, persiguen la utopía de un Estado mínimo que abandona todas sus funciones redistributivas, las malas pero también las buenas. Finalmente, el anarcocapitalismo apoya una concepción puramente privada, sin Estado, imposible de llevar adelante en la sociedad actual y que, aun si lo fuera, no conduciría a una utopía de libertad, sino a un mundo de grupos aislados donde a la postre los más fuertes impondrían su dominio sobre los más débiles. Retornaríamos al estado de naturaleza que imaginó Hobbes, donde el hombre es lobo del hombre, es decir, a una etapa preliberal del pensamiento político.

El liberalismo fue capaz de pasar de la teoría a la práctica y generar un mundo de libertad y riqueza innegables. Contrario sensu, el minarquismo y el anarcocapitalismo son teorías de aplicación imposible, útiles para combatir discursivamente los excesos del Estado moderno, pero no para construir una sociedad mejor. Es cierto que en nuestro país el Estado ha sobrepasado groseramente las funciones clásicas de un Estado de bienestar, pero el remedio para llevarlo a su auténtico rol no es proponer limitarlo a proteger a los ciudadanos o su destrucción, sino depurarlo, de común acuerdo con la sociedad civil, de una burocracia colosal e improductiva, de sus prácticas corruptas, de una maraña de subsidios a actividades no prioritarias dada la situación de pobreza de la población, de un sesgo clientelista que agobia a quienes producen con una carga impositiva injustificable, y reivindicar, eso sí, que el mercado es la mejor solución conocida para el crecimiento de la economía en un marco regulatorio y de respeto a la propiedad y los contratos que incentive las inversiones a largo plazo. La Argentina liberal construyó una nación próspera y con movilidad social. Debemos volver a sus fuentes.»

De todos los autores que se mencionan en este artículo, entendemos que el más interesante en cuanto a articulador de la libertad positiva con el bien común y la cooperación en una civilización, y por lo tanto en una sociedad y en una economía, es John Stuart Mill. Fue el precursor del liberalismo social y destacado impulsor del cooperativismo, como lo expresa en este artículo el Prof. Julio H.G.Olivera.

Finalmente se considera importante destacar lo valioso que tiene la libertad en la medida que sea canalizada positivamente, teniendo en cuenta los aspectos vinculados con lo social y la cooperación, tan importantes en general y en particular en la Argentina de hoy y del futuro.

(1) El autor no lo dice, pero si un comentarista expresa que el mismo Hayek plantea que el Estado -dejado a su evolución propia- siempre tiende a su expansión, seguramente mucho más allá de lo que se considera eficiente. Está planteado en textos como «La fatal arrogancia«.

Pueblos Fumigados

La imagen de la entrada hace referencia a una película argentina de Fernando «Pino» Solanas, «Viaje a los pueblos fumigados«, estrenada a comienzos de 2018. La misma aborda un problema de orden mundial, como es el caso de la utilización de agroquímicos (también llamados agrotóxicos, por los efectos indeseados que -muchos de ellos- producen en la salud humana). En la película se focaliza -principalmente pero no únicamente- al caso argentino en cuanto a la fumigación (aérea y con equipos terrestres) del glifosato a los cultivos de soja transgénica (resistente a este producto).

En la película se muestra como la fumigación no sólo abarca los cultivos, sino que -en algunos casos- se afecta a escuelas en medio de campos y barrios aledaños que -por el efecto del viento- su población se ve directamente afectada. Ello se ha constatado en distintas regiones de la Argentina. Una de ellas es en localidades de la Provincia de Córdoba con crecientes casos de malformaciones, de niños con problemas respiratorios y de comunidades en dónde el cáncer se multiplica. La Organización Mundial de la Salud ha admitido que es «probablemente cancerígeno para los seres humanos». Si bien no es el centro de la temática del film, también se aborda en él la mala utilización de químicos en verduras (por ejemplo se cita el caso de la lechuga y el hinojo en Mar del Plata).

Los altos precios internacionales de la soja por su gran demanda mundial, vinculado con el cambio hacia los transgénicos y a herbicidas cada vez más potentes, ha posibilitado altos rendimientos de este cultivo, enormes posibilidades de crecimiento (por lo tanto desplazando otros cultivos, la ganadería y la apicultura) y exportación, con relevantes ingresos para los productores y el Estado (en particular cuando los dólares no son generados por otros sectores -como la industria- o que no entran suficientemente para financiar déficit de balanza comercial y/o déficit fiscal). Por eso se la ha llamado el «oro verde». Por esta razón hay una gran resistencia y temor a poder hablar francamente sobre las consecuencias negativas mencionadas más arriba, así como del desmonte de grandes áreas del territorio (con el acentuamiento de las consecuencias negativas del cambio climático).

En los capítulos de la parte final de la película se plantean una serie de opciones alternativas a este modelo como es el caso de cultivos combinados, rotativos, también mixtos, con menor utilización de agroquímicos y otros sin agroquímicos (como son los cultivos orgánicos y en general la denominada permacultura).

Sabemos que un tema muy complejo y de enormes desafíos en lo que se refiere a cambios de hábitos de consumo y de modos de producción. A nivel mundial hay que tener en cuenta que Francia anunció la prohibición total del glifosato para el año 2019 y que la mayoría de los países de Europa rechazan los productos transgénicos. En Argentina debería tenerse en cuenta una mirada estratégica sobre estos cambios estructurales que están sucediendo en el mercado de alimentos así como ir encarando un camino de cambios progresivos y sostenidos que nos conduzcan, además, a colocar en un lugar central la vida y la salud humana.

De mínima habría que tomar urgentemente medidas relacionadas con limitar el daño actual. Lo anterior conlleva a que se impida la fumigación con glifosato (y otros agroquímicos) se realice cerca de donde hay población (incluido el efecto del viento) y haya severas sanciones para quienes lo realicen. Del mismo modo la utilización de otros agroquímicos (al menos en altas dosis) en la verduras y frutas, y evitando el volcado de efluentes tóxicos a cursos de agua. Ello debería ir acompañado de laboratorios de control de muestras de alimentos en origen (es decir antes de que vayan al mercado) de distintas regiones, así como cambios institucionales que identifiquen a los aviones y personas que fumiguen (así como a qué empresas responden), se los capacite y se les apliquen severas sanciones penales y económicas para quienes no tengan estos cuidados básicos. También de protección a las comunidades indígenas que residen en esas zonas y los trabajadores rurales que, por no perder su trabajo, no denuncian situaciones de alto riesgo (en especial ante las faltas de cuidados y por la exclusiva búsqueda de la maximización del lucro).

Por otro lado lo anterior debería estar acompañado de la promoción de la ciencia y la tecnología aplicadas a semillas, herbicidas orgánicos,  procesos alternativos que no alteren la salud humana y se converja hacia la generalización de una agricultura orgánica. A medida que haya mayor conciencia sobre los daños a la salud, el mercado de productos orgánicos seguirá creciendo sostenidamente y esto le dará viabilidad económica a los productores y distribuidores que ya han iniciado este cambio.

El gran desafío será de pasar de un modelo productivista que abastece de alimentos a una población humana y animal creciente en el mundo, hacia un modelo saludable y sustentable con el medio ambiente que también pueda abastecer a la población mundial. Esto exige un esfuerzo combinado de actores sociales, privados (*) y estatales nacionales e internacionales que nos puedan ayudar a converger a un mundo mejor en esta materia.

(*) en otras entradas hemos hecho referencia a una economía con otros valores, ecológica, del bien común y similares que vayan en camino hacia ir más allá de la maximización del lucro y la mera acumulación. Liderazgos empresariales con estos valores, una sociedad civil consciente y crecientemente participativa con este sentido y un rol decisivo de los Estados con medidas eficaces en esta dirección serán claves para este cambio tan necesario y relevante.

PD: Agradezco muy especialmente a todas las personas que me han hecho llegar comentarios sobre esta nota que se pueden resumir en lo siguiente:

  • la fumigación con glifosato a personas (directamente o indirectamente por efecto del viento) produce todo tipo de enfermedades al ser humano, y se deben tomar urgentes medidas que lo eviten. Su derivación al agua seguramente también. Algo similar se puede afirmar de uso excesivo de otros agroquímicos en verduras y frutas. Lo anterior puede asimilarse al concepto de «armas químicas» que dañan la salud humana.
  • no se ha demostrado que haya una relación directa entre la aplicación de glifosato a las plantas genéticamente modificadas y cáncer. La EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), recuerda que el glifosato, que se emplea en todo el mundo, en las proporciones indicadas y en el contexto de las instrucciones de uso, no mostró ser dañina. Ese dictamen se hizo dos veces en presencia de un sanitarista de cada uno de los Estados Miembros de la UE.
  • Los productos genéticamente modificados son todos: las prácticas difieren desde el cruzamiento lento entre plantas, y animales, hasta la actual edición de genes; por supuesto los seres humanos somos organismos genéticamente modificados. Muy pocos son transgénicos (es decir con genes de otra especie) y hasta ahora -según fuentes consultadas- nadie ha mostrado efectos negativos sobre la salud de esos productos. Los europeos se oponen al uso de técnicas de edición genética en el agro (porque piensan que les quita competitividad) pero no en medicina (porque el ser humano quiere vivir lo más que se pueda y con salud).
  • El avance científico-tecnológico de bioinsumos, está avanzando a pasos sostenidos, por lo que es de esperar que esto pueda impactar en la agricultura de gran escala (dado que sino no se podría abastecer a toda la población mundial y a la alimentación animal) y en mejorar la salud humana. Se espera que el esfuerzo sostenido de estados, empresas y una sociedad civil crecientemente movilizada en esta dirección lo logren.

 

Descartables

Hay muchas cosas descartables en la vida. El descarte del procesamiento de la droga de cocaina es lo que se denomina «paco» (ver imagen de la entrada). Este elemento también es uno de los cuales contribuyen a transformar a las personas en descartables hasta que terminan produciéndoles daños irreparables y muriendo por sus efectos. Hay muchas historias de vida muy angustiantes sobre este tema y el conductor televisivo Diego Sehinkman, en el programa Terapia de Noticias de LN+ del 18 de abril la ha denominado «epidemia» (ver minuto 51 en adelante). Ello fue actualizado en este programa desde el minuto 31 en adelante.

En otra nota nos hemos referido a la cuestión general de las drogas, así como en otra entrada a la prevención del delito. En esta desearíamos hacer algunas preguntas y reflexiones adicionales vinculando ambas cuestiones con la pobreza y la salud, en especial para el caso argentino (particularmente en las grandes metrópolis). Aquí van:

  • ¿el combate policial y judicial contra las drogas no debería ser acompañado de otras medidas adicionales preventivas?
  • si la familia no puede, los institutos correccionales de menores -en general- «no corrigen» estos comportamientos (muchas veces los agravan) y la escuela se ve sobrepasada, ¿no habrá que generar espacios sanitarios (de internación o de día, según la gravedad) donde se combinen profesionales de la salud, con la enseñanza artes y oficios, así como de prácticas de deportes que saquen a los jóvenes del hastío y el sin sentido cotidiano? ¿se podrá pedir la colaboración de los distintos cultos, clubes de barrios, ongs… que puedan aportar distintas capacidades y competencias para jóvenes? Allí habrá que desagregar aquellos jóvenes que tienen posibilidades reales de recuperación, de aquellos a los que habrá que nuclear en instituciones que posibiliten un cuidado paliativo y tareas acordes con sus posibilidades.
  • ¿lo anterior no podrá ser empalmado un programa de tutores (como dice Daniel Arroyo) e iniciativas como las casas del futuro del Ministerio de Desarrollo Social, y otras experiencias similares? ¿de ahí articular con la terminación de la escolarización y realizar una mayor capacitación profesional?
  • ¿los Municipios no tendrían que tener un rol importante en generar proyectos de desarrollo local (espacios deportivos y recreativos, mantenimiento de infraestructura urbana, limpieza y reciclaje urbano, etc.) que den trabajo a estos jóvenes?
  • ¿no habrá que evaluar si se pueden recaudar más recursos, como expresa el politólogo José «Pepe» Nun, no sólo para reducir el déficit fiscal sino también para financiar estas iniciativas muy vinculadas a la pobreza, la salud y el delito?

entre otras posibles iniciativas a considerar.

Todo esto debería formar parte de un cambio de cultura frente a los considerados «invisibles«, «los nadies«, o productos de la cultura del descarte a la que se refiere el Papa Francisco o el escritor Saramago que dice: «el ser humano es la cosa más descartable que existe hoy. Se descartan personas que ya no se necesitan, se descartan trabajadores, culturas, pueblos, lo que no cuente con una utilidad para que el carro triunfal de una economía globalizada siga su camino. Esta es una sociedad que halaga a los jóvenes y adolescentes, los cautiva, los aprecia, pero en el fondo los convierte en instrumentos del consumismo».

El cambio de cultura debería reflejarse en responder positivamente preguntas del tipo de las más arriba formuladas y -de manera urgente- en medidas concretas. Ello nos puede conducir a un mundo mejor.

PD: Son muy importantes experiencias positivas de recuperación como las del Programa Vida de las Iglesias Evangélicas nucleadas en ACIERA.

 

Economía de la Calidad

La calidad (desde lo económico) es un atributo o propiedad que tiene una cosa u objeto, y que define su valor, así como la satisfacción que provoca en un sujeto. En la literatura organizacional se le ha dado a los productos y servicios que surgen de ellas, y luego se extendió a los procesos de las mismas. La historia de las normas ISO o las EFQM, así lo atestiguan. También se lo ha extendido a la calidad de vida, y más recientemente a la economía de la calidad.

Sobre este último enfoque es muy interesante este reportaje a Patrizio Bianchi, ex Ministro de Educación de Italia. Entre los muchos conceptos que plantea está la importancia que se le da en Italia, cuando expresa: «Italia tiene un lugar muy claro, que es la producción de calidad. Hace muchos años comenzamos con esto en el sector de la moda y hoy es la clave para todas las producciones. Fue un gran cambio estructural desde la economía de cantidad a la economía de calidad. Y Europa está al frente en términos de esta economía de calidad. Pero también hay problemas. Un ejemplo es el sector del automóvil, porque no es posible competir con los precios de China, que tiene una gran escala. En Italia, sin embargo, la primera producción de automóviles es de Ferrari, Maserati y Lamborghini. Porque está claro que para tener un nivel muy alto de calidad, necesitas que las personas adecuadas estén a cargo. En el pasado se discutía si Italia había quedado retrasada con respecto a Alemania en términos productivos. Mi posición es que no. Que exploramos esta economía de la calidad, con medianas empresas que tienen una relación fuerte con el territorio, pero al mismo tiempo son internacionales. Porque están respondiendo a necesidades de todo el mundo».

Luego establece la íntima relación que hay entre una economía de la calidad y una educación de calidad. Continúa en el reportaje diciendo:

«—Fue ministro de Educación de Italia. ¿Cuáles son los principales desafíos en épocas de la economía del conocimiento?

—La Asamblea General de las Naciones Unidas de este año planteó esta declaración: “Transformar la educación para transformar el mundo. El primer desafío es entender la educación como el principal instrumento del cambio. Porque el mundo atraviesa un gran cambio, que es la economía del conocimiento. Es una nueva economía donde el vínculo principal son los recursos humanos. Antes teníamos la idea de que había un tiempo para la escuela y otro para trabajar. Ahora vemos que la escuela es una parte dominante de toda la vida. Es lo que los americanos llaman long life learning. Para lograr esto, los países tienen que invertir mucho más en educación.

—Conoce Argentina desde hace años. ¿Cómo ve su futuro?

—Argentina tiene que pensar su economía en un contexto internacional que se está rediseñando con gran rapidez. Creo que una parte importante de la economía tiene que ser de producción manufacturera. Hay que ver la historia de China. Está muy claro que los ganadores son los países que invierten en manufactura. Y en manufactura de calidad. Si Argentina hace una estrategia de calidad muy específica, tiene posibilidades. Es un país con una calidad muy alta de tradición cultural. Cuenta con los recursos humanos y universidades muy buenas. Tiene la capacidad, y esto es un punto importante. En el pasado, la posición geográfica la perjudicaba, porque estaba muy lejos de los mercados principales. Ahora, en nuestro tiempo de economía del conocimiento, puede hacer muchas cosas. El país tiene redes de pequeñas empresas que deberán enfrentarse a las nuevas necesidades del mundo. Me parece que es un camino que Argentina puede hacer con éxito.»

 

 

 

 

El rol de las oficinas de empleo del Estado

En este blog le hemos dedicado una sección a la temática del trabajo, y también hemos hablado sobre la dificultad de pasar de planes sociales a empleo formal.

En esta nota se intenta hacer un aporte sobre el rol institucional de las oficinas de empleo del Estado, que -en la Argentina- son a nivel municipal. Esperamos que pueda ser un modesto aporte a los desafíos futuros que ellas pueden llegar a tener.

Propuestas sobre el Trabajo en Argentina

En esta sección hemos analizado y reseñado distintas fuentes sobre las dimensiones a tener en cuenta en la cuestión del trabajo y planteado lineamientos posibles de acción en cada una de ellas.

Sobre el futuro del trabajo también destacamos posiciones como la de Santiago Bilinkis (vinculado con el cambio tecnológico) y Eduardo Levy Yeyati (en varias oportunidades). En una nota de este último del 4/4/2018 plantea como temas de agenda:

  • «desde una reforma educativa en línea con un mundo laboral cambiante (una trayectoria de aprendizaje permanente hecha de tramos más cortos y distribuidos en el tiempo) a la formación profesional de adolescentes y adultos (en la que el sector privado es esencial no sólo como orientador sino como proveedor de espacios y recursos de formación),
  • pasando por la protección del trabajo independiente (con beneficios portátiles y facilidades de ahorro y acceso a financiamiento, y con nuevas formas de agremiación), los incentivos a la formalización (los datos recientes del INDEC sugieren que se debilitaron),
  • y una reforma tributaria que reduzca cargas laborales para compensar.»

Señala que «queda, por último, la discusión de fondo: cómo distribuimos el empleo si la demanda total cae. O, más en general, cómo garantizamos una sociedad inclusiva que reparta los frutos de la productividad tecnológica, ya sea en más y mejores servicios públicos o transferencias monetarias universales que complementen las menos horas trabajadas». Sobre el escenario pospandemia se puede ver este video.

Del debate y la implementación de medidas cómo las que propone seguramente serán conducentes encarar esta problemática tan compleja y dinámica.