La música como posibilidad de lenguaje universal de la armonía

La imagen de la entrada muestra a Åsa Larsson, cantante, músico y compositora sueca especializada en todo este tipo de melodías de clara influencia celta, que llama a los animales con su canto (en la imagen se muestra a animales vacunos, pero en esta fuente y video se la ve atrayendo a cisnes). Para comunicarse utiliza un antiguo canto nórdico llamado «Kulning«.

Según esta fuente «la música (del griego: μουσική [τέχνη] – mousikē [téchnē], «el arte de las musas») es, según la definición tradicional del término, el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios respetando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psicoanímicos. El concepto de música ha ido evolucionando desde su origen en la Antigua Grecia, en que se reunía sin distinción a la poesía, la música y la danza como arte unitario… La música, como toda manifestación artística, es un producto cultural con múltiples finalidades, entre otras, la de suscitar una experiencia estética en el oyente, la de expresar sentimientos, emociones, circunstancias, pensamientos o ideas, y cada vez más, cumplir una importante función terapéutica a través de la musicoterapia, en consonancia con lo que expresa esta nota.

La música además, cumple una función de vital importancia en el desarrollo cognitivo del ser humano. Colabora con el pensamiento lógico matemático, la adquisición del lenguaje, el desarrollo psicomotriz, las relaciones interpersonales , el aprendizaje de lenguas no nativas y a potenciar la inteligencia emocional entre otros. Por este motivo, la música debe estar presente en cualquier plan educativo ministerial moderno y reconocida como una disciplina imprescindible dentro de la enseñanza obligatoria. La música es un estímulo que afecta el campo perceptivo del individuo; así, el flujo sonoro puede cumplir con variadas funciones (entretenimiento, comunicación, ambientación, diversión, etc.)… Buena parte de las culturas humanas tienen manifestaciones musicales. Algunas especies animales también son capaces de producir sonidos en forma organizada; lo que define a la música de los hombres, pues, no es tanto el ser una combinación «correcta» (o «armoniosa» o «bella») de sonidos en el tiempo como el ser una práctica de los seres humanos dentro de un grupo social determinado.» En cuanto a los humanos es interesante esta nota, así como esta vinculada al rendimiento cognitivo y la productividad.

En base a esto último en el título nos planteamos la posibilidad de que la música sea un lenguaje universal de la armonía como nos lo demuestra Åsa Larsson. Hay muchas películas que nos muestran como «real» esta posibilidad -entre los seres humanos- como es el caso de la película francesa «La melodía» (un docente que enseña el violín a sus alumnos/as) (1). Tal vez la música sea una expresión particular de una elevada espiritualidad como la expresada por San Francisco de Asís, su comunicación con los animales (en especial los pájaros) y su cántico a «las criaturas» (también llamado al «Hermano Sol») (2).

(1) Sobre la relevancia de la enseñanza de la música en las escuelas, recuerdo una anécdota de la Hna. Monserrat Font, de la Compañía de María en Bolivia, que vino hace unos años a un colegio de Buenos Aires de esa Orden, para explicar el método Feuerstein. La profesora de música le preguntó preocupada sobre ¿cuál era el rol de la música?, a lo que respondió que en la institución educativa en la que ella se desempeñaba «ese docente era el personaje más importante».

(2) También expresada en la película «Hermano Sol, Hermana Luna».

PD: Agradezco a María Rosa Renzi el envío del video de Åsa Larsson que sirvió como inspiración para esta nota.

¿Hay plan o no hay plan?

En este blog hemos escrito notas como esta o esta planteando la importancia de tener un horizonte que pueda ser formalizado en un plan. En esta entrada intentaremos dilucidar si para el gobierno actual es importante o no tener un plan.

Antes de asumir Alberto Fernández sus equipos técnicos plantearon un plan para los primeros cien días de gobierno, luego con la pandemia se instrumentaron una serie de medidas de emergencia (como el IFE, el ATP, etc.), acompañadas del programa Potenciar Trabajo del Ministerio de Desarrollo Social (1) y priorizando a nivel económico la renegociación de la deuda externa. Muchos opinan que en -este contexto- es muy difícil formalizar un plan a largo plazo, pero hay sectores del peronismo que sostienen que esto es parte un plan. En cuanto a definiciones del Ministro de Economía, en este programa televisivo, indicó que en el presupuesto para 2021, y a partir del año que viene, habrá un plan consistente.

Sin embargo, un elemento de confusión sobre esta temática (ilustrada en la imagen de la entrada) fue introducido por las declaraciones del Presidente al periódico Financial Times, donde expresó que “francamente no creo en los planes económicos” (2). Economistas como Marcos Buscaglia sostienen que “sí hay un plan económico, y que consiste en la sustitución de importaciones”. Vamos a partir de suponer que esta conjetura fuera cierta y analizar algunos aspectos de su viabilidad.

La industrialización por sustitución de importaciones en general, en el mundo y también en Argentina, se realizó a partir de las dos guerras mundiales. Una reflexión sobre este proceso en nuestro país se hizo en esta publicación. El desbalance de comercio entre EEUU y China, generó en la presidencia de Donald Trump el “First America” buscando que las industrias se queden, y fundamentalmente vuelvan a ese país. La pandemia del Covid-19 ha reinstalado esta temática, en especial para insumos críticos o estratégicos y, países como Japón lo están incentivando.

En un intercambio de mails, Carlos Gervasoni, aporta “un dato clave pero a menudo desconocido: Argentina es algo así como el cuarto país del mundo que MENOS importa en relación a su PBI (y, la contracara, uno de los que menos exporta también). O sea, no hay muchas importaciones para sustituir, pero sí un enorme potencial para el crecimiento exportador. Pero buena parte de la clase política sigue con el discurso de la “avalancha de importaciones” y “sustituir importaciones”. Contra los esteroetipos, incluso en lo agroindustrial estamos lejísimos de nuestro potencial: hay países con mucha menos tierra y clima que Argentina, que exportan muchos más dólares en alimentos (Bélgica, España, Francia y Holanda por ejemplo). Es lógico en uno de los pocos países del mundo que cobra impuestos a las exportaciones y hace lo imposible por mantener un tipo de cambio bajo (= dolar barato)” (3).

Si bien cada país quiere tener la mayor diversidad de bienes y servicios producidos en su territorio, en un mundo donde hay competencia global (por más que esté en crisis) deben tenerse en cuenta las ventajas comparativas que tiene y las ventajas competitivas que dispone o puede generar en un futuro cercano (por ejemplo vinculada a la economía del conocimiento). Por lo tanto no es racional ni conveniente cerrar o condicionar seriamente la importación de insumos para el proceso industrialización porque ello genera efectos negativos como en el caso argentino de una fábrica de aviones en Córdoba que tuvo que cerrar o experiencias como las de Satellogic que ha tenido que deslocalizar partes de su producción.

Tenemos en la Argentina casos muy exitosos de desarrollo industrial, como es el de la maquinaria agrícola, donde no sólo abastecemos el mercado local sino que somos importantes exportadores y otros que no como el caso de gran parte de lo localizado en Tierra del Fuego. Ojalá que el gobierno aclare bien cual es su enfoque al respecto, en el marco de un programa o plan económico (4).

(1) Focalizado en cinco sectores: construcción, textil, alimentos, economía del cuidado y economía circular. Se propone que esté acompañado de un plan de infraestructura social para 4000 barrios y un programa de Ingreso Básico (que incluye la transformación del IFE).

(2) La hipótesis del periodista Daniel Bilotta sobre por qué habría realizado esta afirmación, se debería a que no desea explicitar cómo se va a generar el pago de la deuda externa en dicho plan y en el presupuesto. Desde el humor se puede ver esta nota.

3) Sobre la importancia de un significativo aumento de las exportaciones (en especial agroindustriales), y de un nuevo equilibrio se han escrito notas como las de Pablo Gerchunoff, Martín Rapetti y Gonzalo de León,

(4) Esperemos que la frase expresada al Financial Times haya sido “poco feliz” (y, que sólo son importantes los objetivos), finalmente se implemente un plan económico consistente. Sergio Berensztein nos  recuerda, en esta nota,  la afirmación de Saint-Exupéry de que «un objetivo sin un plan es solo un deseo».

 

Rol del estado en el economía: ¿en qué y cómo?

Karl Polanyi especificó que, a lo largo de la historia, en los modos de integración o sistemas económicos, hay tres características que están siempre presentes: la redistribución, el intercambio y la reciprocidad. El primero de ellos consiste en que hay un «centro» que reasigna lo producido o el excedente (1) que genera un grupo humano, un emprendimiento, una comunidad o una economía. Desde el jefe de la tribu, el padre o el líder de una comunidad, hasta el estado. Esta redistribución puede ser hecha tratando de mantener un determinado equilibrio, relación de fuerzas, o utilizando criterios de compartir o de justicia. Esto último puede ser de manera progresiva o regresiva (en lo que se refiere a la equidad) tanto en el cobro de los impuestos o tributos como en la asignación del gasto y las inversiones, y de manera responsable y transparente, o irresponsable y con corrupción. Del mismo modo puede realizarse teniendo en cuenta no sólo el presente, sino también haber aprendido de la historia y prever su impacto en las generaciones futuras (esto es clave, por ejemplo, en lo que se refiere en la sostenibilidad de un proceso de desarrollo así como en el impacto de las decisiones en el medio ambiente).

También hay que decir que el estado es una «organización», que existe en un determinado contexto histórico e institucional establecido por una carta magna o Constitución a nivel nacional (como es el caso de una democracia representativa, republicana y federal en Argentina) y de las distintas provincias (o en algunos países «regiones», así como el caso de supraregiones como la Unión Europea). Allí, en el marco del Preámbulo, se establecen los principios, así como los derechos que debe promover de manera directa o indirecta, establecidos -en el caso de Argentina- en el artículo 14: «Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender» y ampliado en los artículos 36 a 43. Del mismo modo en la Constitución se establecen los principios fundamentales de la vida de los ciudadanos que posteriormente se detallan en las leyes y normas reglamentarias que se dicten. Las finalidades y grandes objetivos, luego se desagregan en objetivos específicos y procedimientos, que deben contar con los recursos presupuestarios y humanos adecuados para su cumplimiento y auditados (en el caso de la Argentina por la SIGEN y, la Auditoría General de la Nación que depende del Congreso).

No tenemos suficiente espacio en esta nota para abordar el difícil y controvertido tema sobre los bordes económicos del estado (2) y sólo podemos decir que su escala o tamaño, su perfil funcional, así como su organización, administración, criterios de selección y promoción de su personal, su  profesionalidad, el equipamiento de infraestructura y tecnológico, deben ser los adecuados para que cumpla con eficacia, equidad, eficiencia y calidad en su funcionamiento. Sería deseable que sus distintos servicios se implementaran con un presupuesto base cero en función de dimensionar las necesidades específicas a satisfacer por los distintos niveles del estado (complementado con un presupuesto por programas, con objetivos y metas) y si se cumple o no el principio de subsidiariedad (y con qué características).

Claro, todo lo mencionado funciona, como se ha comentado al principio, en un contexto socioeconómico (por ejemplo, al redactar esta nota los graves efectos de la pandemia del Covid-19), cultural y con distintos grados de imbricación con los distintos factores de poder a nivel nacional e internacional (tendrá gran influencia el tipo de división del trabajo en el que está inserta una nación y el modo de accionar de su estado).  A título de ejemplo, en el caso de EEUU, el economista Jeffrey Sachs en esta entrevista (del momento 1.11.26 al 1.15.11) expresa -entre otras cuestiones- que su país es una «plutocracia«. En otros casos no es así (o lo es en menor grado) y depende de los partidos o coaliciones políticas que llegan al poder del poder ejecutivo y del poder legislativo. También depende cómo el poder político interactúa con los distintos sectores de la sociedad y su grado de sensibilidad a lo que expresan los medios de opinión pública, las redes sociales, las encuestas y las protestas o movilizaciones populares.

Sobre lo que venimos de expresar quisiéramos mencionar una cuestión controversial de un ejemplo de ida y vuelta en una decisión del gobierno argentino. El caso es sobre si se expropiaba o no la empresa Vicentín que se encontraba en convocatoria de acreedores. Según algunos periodistas se le acercaron al Presidente encuestas como esta donde «más del ochenta por ciento de los encuestados creen que el estado debe asumir la producción y la distribución si los empresarios especulan» y, en ese contexto, decidió aceptar una propuesta de un sector de su coalición de gobierno para expropiarla.  Seguramente en esta muestra de opinión pesó más la población de grandes centros urbanos que la del interior productivo, y cuando el Presidente anunció la expropiación se generó una gran reacción en contra en la Provincia de Santa Fe (3) y en otros lugares del país. En función de esto el Presidente anuló esta iniciativa y «señaló que se equivocó y que pensaba que la gente iba a salir a festejar». Es una muestra de la complejidad en la toma de decisiones sobre esta temática, así como un llamado de atención acerca del rumbo más apropiado a adoptar en la relación entre el estado y el capital privado en situaciones normales (4) o en situaciones de crisis (5). En lo que se refiere al rol del estado en el crecimiento de Argentina es interesante, entre otros, la opinión de Carlos Leyba -a noviembre de 2020- en este video.

Un economista que ha reflexionado mucho sobre la política económica es Jan Tinbergen (1952). Según esta fuente «los encargados de diseñar y conducir la política económica deben considerar en primera instancia los siguientes tres aspectos: a) determinar el interés general de la sociedad, b) seleccionar las políticas cuantitativas o cualitativas que conlleven a satisfacer el punto anterior, y c) seleccionar la teoría económica ad-hoc que les permita identificar las preferencias de los agentes y estas puedan ser consideradas en la formulación de la política óptima. Bajo estos aspectos, la política económica se define como el acto que describe el comportamiento económico de los hacedores de política, la cual incluye la teoría económica para interpretar las preferencias de los individuos y las empresas». Ha remarcado que cada objetivo de política económica debe tener un instrumento adecuado para alcanzarlo, y ello se debe articular con los otros objetivos e instrumentos. Lamentablemente muchas veces no es así, con los consiguientes desequilibrios que se producen (6).

Siguiendo con Tinbergen tomamos esta frase que escrita hace casi 50 años por Jan Tinbergen en su libro Shaping the World Economy (7): “Nuestros conocimientos son solo parciales y deben ser aumentados por creencias intuitivas, condición que necesariamente introduce diferencias de opinión. Pero por lo menos es hoy día evidente que el mejor sistema no puede ser encontrado en los extremos de la escala. La libre empresa en su vieja forma siglo XIX no es el mejor sistema; ni lo es tampoco la completa regulación de todos los detalles. Principalmente la cuestión es de grados. Ciertas actividades son mejor comprendidas por medios públicos mientras que otras pueden ser mejor manejadas por medios privados. Tiene sentido dejar muchos mercados libres y también regular algunos pocos. Los impuestos son necesarios: aun relativamente altos impuestos a los réditos hacen poco daño mientras hacen posibles muchos beneficios. Los ingresos no pueden ser todos iguales, pero las desigualdades extremas deterioran el espíritu de cooperación en la sociedad que son altamente peligrosas, aparte de ser contrarias a los principios humanitarios. Es así que en casi todo el justo medio parece ser lo que buscamos”.

La cuestión del Estado (en sus distintos niveles y ojalá que -en un futuro- hacia un estadío global) (8), su direccionalidad y gestión eficaz, es central para ir hacia un mundo mejor o hacia un mundo peor. Reflexionarla y analizarla es fundamental para ir hacia uno u otro sentido.

(1) También pueden ser lo roles y funciones, o la división del trabajo

(2) Descriptos en este excelente libro: «The economic borders of state«. En esa línea podemos decir que ello depende de las visiones y enfoques que tenga una determinada sociedad, y en particular su clase dirigente. Una visión ultra liberal irá hacia un estado «mínimo» y, en el otro extremo, una visión o enfoque de socialismo autoritario (o algunas variantes de populismo) o de capitalismo de estado tenderá a «ir por todo». Cabe la pregunta si se podrá acordar un modelo de economía mixta donde se compartan los éxitos y los fracasos como señala esta reflexión. También, como se ha mencionado en el texto, el grado y modo de intervención del estado dependerá también de circunstancias extraordinarias como la generada por el coronavirus (ver por ejemplo esta nota de CEPAL). Desde un punto de vista conceptual, y relacionado con el caso argentino, es muy interesante el libro El futuro del Estado en la Argentina. Escenarios en disputa hacia el año 2030, dirigido por Gustavo Blutman y Horacio Cao (Edicon, Buenos Aires, 2019), escrito antes del Covid-19 (un comentario se puede ver en esta nota), donde en la segunda parte, se hace una muy buena reseña de los principales enfoques y recorrido estatal. Se basan en análisis desarrollados particularmente por Oscar Ozlak y Guillermo O´Donnell «que conciben una dimensión política (cuyos objetos son el patrón de intervención estatal, las relaciones entre el Estado y la sociedad y la reproducción social) con una dimensión administrativa (encaminada a analizar su aparato organizacional) más las múltiples relaciones que pueden establecerse entre ambas.  Derivada de esta tríada Sociedad, Estado y administración pública, a lo largo del trabajo se utilizaron tres dimensiones que llamamos «configuración social, «patrón de intervención» y «modelos de gestión pública»….». Hay que incorporar también el enfoque Mariana Mazzucato sobre El Estado Emprendedor, donde en el libro se ilustra cómo la industria aeronáutica, la energía nuclear, las tecnologías de información y comunicación, la biotecnología, las tecnologías verdes y la industria farmacéutica, fueron en sus etapas iniciales, desarrollo y difusión, objetos de estímulo por parte de diferentes mecanismos y agencias estatales. El Estado ha sido actor principal en la financiación, fomento, incubación y desarrollo de tecnologías radicales que han sido posteriormente comercializadas por la empresa privada.

(3) Un argumento de la reacción la dio el Intendente de Avellaneda (al norte de Santa Fe) que expresó que «el Estado no puede cortar ni el pasto en la ruta 11…¿qué va a manejar Vicentin?». Sabemos que esto no es así en empresas como INVAP, YPF y algunas más (en línea con lo mencionado en la llamada anterior vinculada al enfoque de M. Mazzucato). Ello demuestra la relevancia del tema de «la gestión» del estado a la hora de aprobar o no algo tan loable como es la intervención del estado en la producción de bienes y servicios de la economía. Si no hay conciencia de que puede gestionar bien o no (y cuales son sus «bordes» en cuanto a capacidades) se puede caer en el caso extremo del mal ejemplo como es Venezuela. Entendemos que sería más deseable que quienes administran el estado argentino se centraran en analizar su rol para hacer viables iniciativas como esta (que fue  apoyada por Sergio Massa y por CFK) o promuevan casos exitosos de emprendimientos de la economía del conocimiento como este.

(4) Por ejemplo si hay que convocar a dialogar a todos o sólo a algunos. Un ejemplo de diálogo es el de la CGT y AEA y la coincidencia de que es el capital privado el que debe liderar la producción de bienes y servicios (a diferencia de una de las interpretaciones que se le puede dar a la encuesta de Analogías mencionada en el texto).

(5) El modelo europeo de intervención a empresas en crisis, es muy interesante y no conlleva a la expropiación de las empresas.

(6) Un interesante texto al respecto es el libro de Juan Carlos De Pablo, Política Económica para decidir en tiempos difíciles, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Abril de 2019.

(7) Tomada de esta nota.

(8) El modelo supraregional de la Unión Europea es un buen modelo (con sus pros y contras) de lo que debería ser una institucionalidad de una nueva globalización.

 

 

Las distintas razones para ser escépticos, pesimistas y esperanzados

El título de esta nota es paradojal, y supone que -simultáneamente- podemos tener razones para ser escépticos, pesimistas y esperanzados, en lo que se refiere a la posibilidad de un cambio para un mundo mejor.

Sabemos que el escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda, representada originalmente por el filósofo griego Pirrón, quien decía que «no afirmaba nada, solo opinaba». Se basa en exigir evidencia objetiva a las afirmaciones. En la larga historia de la evolución humana en la Tierra, seguramente compartiremos que hemos avanzado en nuestro conocimiento del mundo (donde coexisten creencias y evidencias), en la prolongación de la esperanza de vida promedio, en la transformación de la naturaleza, en ir generando mejores condiciones de vida, mayor prosperidad material y bienestar para amplios sectores de la población, entre otras cuestiones que alientan nuestra esperanza. También sabemos de los conflictos y guerras atroces, de luchas encarnizadas por el poder, del incremento de la desigualdad, de que amplios sectores de la población aún viven en la pobreza, del grave deterioro al ambiente, de que no hemos priorizado nuestra agenda de luchar contra diversas calamidades (como el caso de las pandemias, evitando su posible aparición y desarrollando vacunas para disminuir la peligrosidad de los virus más asechantes), entre muchos otros elementos. Esto habla de que no somos, aún, suficientemente «sapiens» o sabios, y nos lleva a sentirnos pesimistas ante un eventual trágico final dado que no somos suficientemente conscientes de las consecuencias de nuestros actos. En especial en comportamientos en lo que se refiere a generar una mayor equidad, a invertir más y mejor en salud y educación, a revertir el cambio climático (1), a no desarrollar la carrera armamentista, o a no encauzar adecuadamente un poder cada vez mayor de un cambio científico-tecnológico (2), entre otros.

Todo ello nos conduce a la cuestión de «la posibilidad del cambio» (en este Indice del blog, las notas figuran en el punto 15). La imagen de la entrada hace referencia a una simulación de cambio: a lo que se denomina «gatopardismo», adjetivo «lampedusiano» que ha pasado a definir el cinismo con el que los partidarios del Antiguo Régimen en Italia se amoldaron al triunfo inevitable de la revolución, usándolo en su propio beneficio; posición acuñada en la frase lapidaria: Que todo cambie para que todo siga igual. Está expresada por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor del libro El Gatopardo (3), donde alude a que no hay cambio en la sustancia sino meramente en las formas (en esta nota nos hemos referido a esta cuestión).

Cambiar en «la sustancia» alude a un profundo cambio en la conciencia y en la calidad de los vínculos humanos, entre nosotros y con la naturaleza a escala global. Ello requiere de un salto evolutivo que no sabemos si se va a dar. Por lo tanto las tres razones del título de esta nota aún coexisten en la realidad contemporánea, tienen un final abierto y la respuesta respecto a cual de ellas predominará -sin duda- depende de nosotros en general, y en particular de los dirigentes que elegimos y de los mecanismos de participación ciudadana.

(1) La equidad y el cambio climático aluden a revisar el funcionamiento del sistema económico.

(2) Algo de esto lo aborda Harari en este texto.

(3) Ha dado lugar a esta hermosa película, con escenas como las que se muestran en este video (agradezco a Elio Londero la referencia).

¿Es un blog que aborda con ingenuidad los temas?

En este blog se intenta abordar la cuestión de alcanzar un mundo mejor, reconociendo la complejidad del fenómeno y la dificultad de lograr dicha tarea.

En general se hace mención a enfoques, visiones, a glosar y comentar opiniones de destacados pensadores sobre los diferentes aspectos a tener en cuenta converger hacia un mundo mejor. En algunas partes del blog hay un «sesgo» hacia la cuestión sistémica, y en particular en lo económico y su relación con el capitalismo (ver punto 1 del Indice temático), pero también se mencionan posibles políticas públicas y acciones concretas en esta entrada, así como en lo referente al cuidado en sus múltiples expresiones.

Para algunos lectores este puede ser un esfuerzo voluntarista, idealista e ingenuo. Por eso hemos puesto, en la imagen de entrada, él título del libro de Javier Gomá Lanzón (1) denominado Ingenuidad aprendida. Según esta fuente, es una «aparente paradoja, y es el resumen de la proposición práctica del autor. El director de la Fundación Juan March no hace filosofía de salón sino que, consciente políticamente, escribe para trasladar ideas susceptibles de avanzar hacia la ejemplaridad, hacia la adopción de un conjunto de mores interiorizado, así “…es más eficaz la reforma de la vida privada que la coerción administrada por los poderes públicos” (pág. 171). La ingenuidad es un instrumento para atravesar el  escepticismo, el relativismo, el particularismo y llegar hasta la objetividad de las cosas mismas, la cual es compartida por todos, es experiencia universal. En lugar de poner acento en lo distinto, resaltemos lo que es común y compartido. Este es el paso de la vulgaridad hacia la ejemplaridad, haciendo viable el proyecto democrático. Podemos observar que son ideas nada concordantes con los mensajes que recibimos a diario…» Va en línea con esta reflexión y muy complementario a actuar en las culturas e instituciones, donde haya ejemplaridad pública, que vayan en esa dirección. Es claro que se desechan alternativas de «atajos y vivezas» que nos terminan conduciendo a un mundo peor.

Ojalá puedan que las notas de este blog sean de alguna utilidad en el difícil camino hacia un mundo mejor.

(1) Para opiniones recientes de este autor ver, por ejemplo, este video.

El colapso de la civilización Maya y nosotros

Los cambios civilizatorios se han producido por diversas causas, entre las que se destacan los cambios por catástrofes producidas por un meteorito hasta las que los principales responsables somos nosotros, los humanos. En este último caso se encuentra el colapso de la civilización Maya, según esta nota.

Respecto a la nota que venimos de mencionar, la misma indica que la ciudad más grande (Tikal) de esa civilización «fue durante siglos el hogar de más de 100.000 mayas. Un grupo de arqueólogos reveló por qué la ciudad quedó deshabitada y dejó una advertencia para el futuro… Según un estudio publicado en Nature que difunde Gizmodo, los mayas de Tikal contaminaron sus propias reservas de agua hasta el punto de hacerlas tóxicas».

Luego sigue diciendo que «los habitantes de Tikal se fueron envenenando muy de a poco. Y aseguran que debido a que los palacios de las clases altas lindaban con las reservas de agua, fueran estas las que sufrieron en primer término las enfermedades. La investigación deja mucho que pensar sobre la situación que se vive en numerosos lugares en el mundo. Los mayas contaminaban su agua hasta convertirla en un veneno que determinó en fin de su ecosistema. Peor lo hicieron sin querer, sin darse cuenta de las consecuencias. En la actualidad, la contaminación de ríos y mares se producen adrede. El gran problema es que no se piensa a futuro y, claro está, quienes lo hacen no suelen sufrir las consecuencias. Al menos por ahora».

¿El homo sapiens dará un salto cualitativo en el proceso evolutivo cambiando esta tendencia o terminaremos como los Mayas? Depende de nosotros.

 

¿Podemos aprender algo de las cosmovisiones y religiones nativas?

Hace un tiempo publicamos una nota sobre los mitos, y todo lo que evocan los mismos y podemos inferir de ellos. En esa misma línea nos preguntamos si ¿podemos aprender algo de las cosmovisiones y religiones nativas?.

En la imagen de la entrada vemos a Gastón Soublette donde, en una entrevista sobre la cultura y cosmovisión mapuche (que se puede ver en este video) plantea que esta civilización quería defender «su paraíso» (como se puede visualizar en la imagen de la entrada). Esta temática, en el caso de Argentina, ha sido trabajada por antropólogos y filósofos como Rodolfo Kusch, y teólogos como Orlando Yorio, tal como se desprende de este texto (1).

Desde una perspectiva cristiana general, una fundamentación teológica (aunque no incluye a las religiones nativas) es la del teólogo González Fauss que, entre sus escritos, se encuentra el titulado «Unicidad de Dios, pluralidad de místicas» (2), del que se desprende los múltiples caminos que nos conducen a Dios, para quienes somos creyentes en El.

(1) Agradezco a Silvia y Eduardo Caram la referencia y el video de Gastón Soublette, así como a Oscar Campana la mención del texto de Rodolfo Kusch y Orlando Yorio.

(2) Agradezco a Margarita Zubizarreta esta referencia.

PD: Sobre el tema general de los pueblos originarios se puede ver esta nota.

¿Cambiar el mundo es el cambio científico-tecnológico? ¿Es para mejor?

En la cultura anglosajona contemporánea -especialmente en Silicon Valley, aunque no sólo- ante cualquier avance o cambio tecnológico se utiliza la expresión «que ha cambiado -o qué he cambiado (para el autor o empresa)- el mundo«.

Sabemos que en la historia de la evolución humana hemos avanzado en el autoconocimiento, en el conocimiento del contexto que nos rodea (lo micro, lo macro, lo planetario y el universo), y, a través de prueba y error, hemos venido progresando en lo científico-tecnológico () con sus derivaciones en los distintos campos de la actividad humana. En la actualidad, este último tipo de conocimiento, se ha transformado en un elemento clave de la competitividad de las naciones (como podemos ver en el caso de la rivalidad entre EEUU y China) y por lo tanto en un instrumento de poder en línea con lo que escribió hace un tiempo Alvin Toffler en su libro «El cambio del poder».

Si hiciéramos un balance de cómo la humanidad ha utilizado el conocimiento, podríamos afirmar que lo ha hecho en poder transformar la naturaleza para poder alimentarnos y cuidarnos mejor (ser más saludables y tener mayor bienestar), protegernos de las distintas amenazas (desde las naturales hasta las de otras personas o naciones, y que ha derivado -lamentablemente- en una carrera armamentística de los países más poderosos)… pero también para usar estos conocimientos en dominar a otros y en dañar la naturaleza. Coincidiremos que esto último «no es para mejor«. Por lo tanto no hay una respuesta única a este tipo de cambio, sino que depende de nuestras actitudes o móviles, enfoques, procedimientos y prácticas (2) en determinados contextos, que darán resultados en una u otra dirección.

Hay mucha bibliografía que ha tratado de describir el proceso evolutivo. Entre las más recientes está el texto de Yuval Harari «Sapiens, de animales a dioses. También este autor se ha animado a plantear posibles escenarios futuros en su libro «Homo deus«. La ciencia ficción, y series como Star trek (entre muchas otras), han tratado de imaginar cual puede ser la vida en el universo, donde todo parece indicar que no estamos solos (3), sino que hay otras civilizaciones (muchas de ellas más avanzadas tecnológicamente que la nuestra).

Hay personas, como el astrofísico ruso Nicolái Kardashov, que -en 1964- construyó una escala (ver imagen de la entrada) que consiste en «un método para medir el grado de evolución tecnológica de una civilización. Tiene tres categorías Tipo I, II, y III, basadas en la cantidad de energía que una civilización es capaz de utilizar de su entorno. Estos tipos, que se incrementan de manera exponencial, también denotan el grado de colonización del espacio. En términos generales, una civilización de Tipo I ha logrado el dominio de los recursos de su planeta de origen, Típo II de su sistema planetario, y Tipo III de su galaxia. La civilización humana tendría actualmente un valor de 0,73 en dicha escala, con cálculos que sugieren que podríamos alcanzar el estado Tipo I en unos 100-200 años, el Tipo II en unos cuantos miles de años, y el Tipo III entre 100 000 a un millón de años» (4). Claro para llegar al estado de Tipo I tendríamos primero que evolucionar del «dominio irracional» o destructivo de los recursos del planeta a un sistema socioeconómico sustentable ambientalmente. Sino es posible que nuestro proceso evolutivo se «aborte» en un final apocalíptico.

Para que no se aborte nuestro proceso evolutivo, seguramente tendríamos que coincidir con el astrofísico Carl Sagan (5), que en un capítulo de su serie «Cosmos», se preguntaba sobre la posible existencia de extraterrestres y por el hecho de que estuvieran navegando por el universo. En el libro del mismo nombre (Ed. Planeta, Barcelona, 1985) en la página 311, afirma que “es muy probable que el solo hecho de que hayan sobrevivido tanto tiempo demuestra que han aprendido a vivir con ellos mismos y con los demás”. Sobre este tema también es interesante este video de Michio Kaku.

Si tuviéramos que preguntarnos cual es el sentido de una «carrera científico-tecnológica» podríamos dar algunas posibles respuestas como las siguientes:

  1. Tener la «primacía» es una fuente de poder muy relevante (dependiendo de «en qué» y si la sabemos utilizar bien), en particular como  ventajas económicas y/o militares.
  2. Ser reconocidos como «poderosos» (la «gloria», la «vanidad»….). Esta temática la desarrollamos, en general, en esta nota.
  3. Somos seres curiosos y, en definitiva, nómades en territorios físicos (corrientes migratorias, turismo, trabajos ocasionales…) y virtuales (más allá de grandes procesos de sedentarización) (6). Por lo tanto el «espíritu explorador» de otros mundos nos atrae, y por eso vamos hacia «la conquista del espacio».
  4. En realidad, lo anterior lo hacemos para ver si podemos evitar caídas futuras de meteoritos, extraer minerales de ellos (o de la Luna, de Marte….) o si -como expresan un grupo importante de científicos- prima el pesimismo sobre nuestro accionar en el planeta Tierra (cambio climático, lucha armamentística donde los robots sea puedan autonomizar y se conviertan en asesinos, etc.) y entonces hay que organizar pequeños contingentes humanos que puedan escapar de este futuro terrible buscando otro destino en el espacio interestelar,

entre otras.

Si «cambiar el mundo» significa sólo cambio científico-tecnológico sin un horizonte ético, sin sabiduría (7) y sin incorporar aportes como este, no tendremos un futuro perdurable ni en este planeta ni en ningún otro lugar del Universo con condiciones de desarrollar vida humana.

(1) Sobre la diversidad tecnológica o cosmotécnica véase este reportaje de Jorge Fontevecchia al ingeniero y filósofo chino Yuk Hui.

(2) Algo hemos dicho en esta nota.

(3) Si bien la mayoría de los gobiernos han negado o tergiversado información vinculadas a los ovnis, hay algunos como Inglaterra o Argentina que han desclasificado información que comprueba su existencia. Hay otros que se animan a decir que -en base al análisis de platos voladores caídos en la Tierra- se habría avanzado en descubrir la presencia en ellos de elementos físicos nuevos (como es el caso del moscovio). Esto habría posibilitado hacer ingeniería inversa para copiar estas tecnologías y otras fuentes de energía que nos permitirían hacer viajes intergalácticos (según fuentes controvertidas como las que menciona esta publicación). Con el paso del tiempo sabremos qué hay de verdad o mentira en esta cuestión. Lo que sí sabemos es que, hasta el momento, con la física y la tecnología de la que disponemos es imposible utilizarlo como combustible.

(4) La fuente mencionada expresa que «ha sido argumentado que debido a que no podemos entender a las civilizaciones avanzadas, no podemos predecir su comportamiento. Por lo tanto, la escala de Kardashov no es relevante o útil para clasificar civilizaciones extraterrestres. Este argumento puede encontrarse en el libro «Evolving the Alien: The Science of Extraterrestrial Life», del biólogo Jack Cohen y el matemático Ian Stewart».

(5) Lo comentamos en esta nota.

(6) Al respecto es interesante el libro de Michel Maffesoli, «El Nomadismo. Vagabundeos iniciáticos«, FCE, México 2008.

(7) O al menos «sin sublimar nuestra energía» que nos impida la violencia de unos contra otros. Es la pregunta que le hace Einstein a Freud (¿Por qué la guerra?), cuya respuesta se puede leer en el siguiente link, Sobre la relación entre cambio científico-tecnológico y la evolución moral es muy interesante esta nota que hipotetiza acerca de que los hermanos Christopher y Jonathan Nolan se inspiraron en el pensamiento de Joseph Ratzinger sobre la esperanza al escribir el guion de la película Interstellar. En la misma se muestran seis coincidencias conceptuales entre la película de 2014 y la carta encíclica Spe Salvi publicada en 2007 y se proveen citas textuales para ello. Las seis convergencias encontradas versan sobre los siguientes temas: el progreso científico y el progreso moral, la naturaleza social de la esperanza, la confianza, el amor como salvación, el reencuentro con los seres queridos más allá del tiempo, la victoria del bien y la eternidad.

 

Belgrano, la bandera y las enseñanzas de la historia

El gobierno nacional ha declarado el año 2020 como el «Año de Manuel Belgrano», para conmemorar 250 años de su nacimiento y 200 de su muerte. Una figura muy destacada de nuestra historia (se lo ha incluido, junto a San Martín, como «Padre de la Patria«), con ideas de avanzada para su época, de una gran honestidad, sacrificio (en especial en la lucha por la independencia y al final de su vida murió pobre) y creador de nuestra bandera.

Sin duda es muy relevante homenajear a una persona de estas características, sin idealizarlo y contextualizarlo en su época, como bien plantea esta nota (1). Es muy importante discernir los momentos claves de nuestra historia, valorando todo aquello que hizo que la construcción compleja de nuestra identidad común se expresara con un desarrollo con justicia y lamentando todo aquello que nos ha dividido y aún nos divide en el presente. Sobre esto último tenemos aún pendiente saldar muchas de estas grietas y construir un futuro mejor para la Argentina en el contexto de un mundo también mejor que tenga una base de ciudadanía universal, al menos, en paz (2).

(1) Respecto de un enfoque de la identidad de una persona y su relación con el contexto es interesante el inicio de esta reflexión (luego aborda los modelos de integración -relacionados con la igualdad- de las culturas francesa e inglesa).

(2) Sobre un origen y un destino universal como humanidad, hace un tiempo, se escribió esta nota.

¿Podremos construir un «capitalismo justo»?

En esta nota de Infobae, del 3/06/2020 (de donde hemos tomado la imagen de la entrada), se menciona que el Presidente Alberto Fernández se reunió con los dueños de las principales empresas industriales de Argentina, y en la misma se expresó que «fue una discusión sobre el día después de la pandemia. Cómo empezar a poner en marcha la economía. Junto a decisores directos de las compañías, muy interesados en construir acuerdos y en proyectar a futuro».

Según esta otra nota, en la misma reunión, el Presidente habría mencionado que la construcción de un nuevo contrato social conllevaría converger hacia una visión y una práctica de un «capitalismo justo» (1). Tal vez ello esté relacionado con opiniones como esta, con una fiscalidad que sea progresiva para las personas pero no para las empresas, con una gestión del estado eficaz (y por lo tanto profesionalizada), transparente y eficiente en cuanto a su tamaño y gestión, promotora del emprendedorismo… entre otros elementos. Unos días después Alberto Fernández se refirió a un capitalismo «noble» y en relación a esto el presidente de ACDE respondió «probablemente una nueva economía esté naciendo a nivel mundial, así que es de esperar que acá en la Argentina también haya que repensar todo de nuevo. El Presidente también se refirió a un capitalismo al estilo de Enrique Shaw (fundador de ACDE), basado en la producción. Obviamente estamos muy de acuerdo ahí, porque eso es lo que ACDE viene pregonando hace muchísimos años. Pero tenemos que entender que ese capitalismo se basaba en el respeto a la propiedad privada, en la libertad personal para emprender cualquier tipo de actividad lícita y en la libre competencia de mercado. Siempre que se cumplan esas condiciones nosotros vamos a estar de acuerdo en sentarnos a revisar el resto. En ese diseño económico de la Argentina tenemos que estar todos unidos y ser parte del grupo que lo diseñe».

Más allá de visiones ultraliberales, así como de una izquierda que no se ha actualizado, entendemos que hay un amplio espectro socioeconómico y político para encontrar caminos concertados en esta dirección (2). Ello nos puede ayudar a salir de una tendencia declinante, con cada vez más pobres (acentuado por los graves efectos de la pandemia y la cuarentena en las regiones más ampliamente pobladas), a encontrar un sendero de desarrollo sustentable, y por lo tanto mejor que el que veníamos teniendo. Sobre esta temática se puede ver esta interesante nota de Sergio Berensztein.

(1) El sustantivo «capitalismo» tiene distintas acepciones, entre las que está la maximización del lucro. Se supone que este no es el caso de lo que se quiere significar, sino que sería equivalente a «economía de mercado» con un reparto del excedente más equitativo tanto en la economía en general, como en la fiscalidad y en el accionar del estado.

(2) Dos días después de escribir esta nota, el día 8/06/20, el Poder Ejecutivo decidió la intervención -con la posibilidad de expropiarla- de la empresa Vicentin que estaba en un proceso judicial de convocatoria de acreedores. Ello tiene múltiples implicancias a futuro acerca del «tipo de capitalismo» y del rol del Estado. De todos modos el 19/6/20, el Gobernador de Santa Fe anunció, desde la quinta de Olivos, que se elige una vía a través de la Justicia, y sin expropiarla, para su rescate. Hacia comienzos de julio continuaba esta alternativa.