Dimensiones de la educación, y la cuestión del trabajo y del mercado

La imagen de la entrada nos refleja múltiples aspectos que debería abordar la educación, según el informe a la UNESCO de Jacques Delors referido a la educación en el siglo XXI. En esta nota, vinculada a ejemplos de procesos a encarar, decíamos que los «objetivos de la educación» debían resolver la articulación de «lo abstracto con lo concreto, y lo teórico con lo práctico, en una enseñanza personalizada con los siguientes objetivos:

  1. Educación en valores compartidos que nos lleven a un mundo mejor. Aquí se plantea la importancia que, desde las familias y desde las distintas expresiones de la cultura (en las que está el sistema educativo) se promueva esto.
  2. Educación en ciudadanía participativa (en gobernanza) y cuidado del medio ambiente.
  3. Educación en competencias blandas (empatía, iniciativa, trabajo en equipo, ética, etc.)
  4. Educación en competencias duras (científico-técnicas, fomentando una educación “dual”, es decir articulando lo teórico con lo práctico).
  5. Educación para el futuro: se comparte lo planteado por Edgar Morin en “Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro” y lo desarrollado por Santiago Billinkis en un libro ad hoc.»

Entendemos que lo que se viene de expresar engloba una «visión integral de la educación» que un sistema educativo debería abordar con calidad pedagógica y organizativa, y por lo tanto con eficacia y eficiencia. Dentro de esto, un aspecto particular es la cuestión del trabajo (impactada -cada vez más- positivamente y negativamente por la inteligencia artificial, así como por una economía de plataformas), y su relación con la educación, que la hemos abordado en esta nota.

Del mismo modo lo es por el mercado, en sus distintas manifestaciones de emprendedorismo y de modalidades de intercambio, donde sería relevante trascender lo meramente mercantil y el consumismo. Al respecto debemos estar muy pendientes si se van a presentar modalidades de una economía de prosumidores, y si la educación está preparando a la infancia y jóvenes frente a este tipo de escenarios (desde enseñar a cultivar sus propios alimentos (1) hasta la enseñanza de utilización de impresoras 3D). Del mismo modo son muy relevantes las marchas de niños/as y jóvenes frente al cambio climático que deberían estar acompañadas de propuestas pedagógicas y prácticas en esa dirección, así como por los mayores en acciones concretas.

Entendemos que todo lo anterior debería tenerse en cuenta para converger hacia un mundo mejor y no peor.

(1) En la Argentina hay experiencias interesantes como en la Provincia de Misiones, el Programa Escuelas Verdes de la Ciudad de Buenos Aires, la Fundación Huerta Niño, o del INTA más en general.

 

 

 

¿Para qué estamos aquí? Un enfoque desde una creencia

La temática planteada en la imagen de la entrada la hemos abordado, de alguna manera, cuando nos hemos referido a la cuestión del sentido. Ahí decíamos que tiene múltiples respuestas, según cada quien, y pueden ir desde que «no sabemos» hasta que estamos aquí para ser co-creadores y buscar una felicidad plena vinculada al amor en todas sus dimensiones.

Entre las posibles respuestas vamos a introducir una más: «la de ser reconocidos o valorados«, que puede interpretarse como narcisista o también que somos seres sociales que tenemos la necesidad y el deseo de ser valiosos para otros en esta Tierra. Según esta fuente «para Hegel, la realidad humana se condensa en lo que llamamos historia universal. A su vez, lo que ha marcado esa historia es la relación desigual entre los seres humanos. Entre tiranos y tiranizados. De este modo, la dialéctica histórica es la dialéctica del amo y el esclavo. Lo que ha movido la historia es esa contradicción entre unos y otros y ha dado lugar a una desigualdad en la autoconciencia de los seres humanos…En la dialéctica del amo y del esclavo de Hegel, el deseo tiene una posición muy relevante. Este filósofo señala que los animales tienen un deseo que se satisface con un objeto inmediato. El animal no es consciente de que desea. En el ser humano, en cambio, las cosas son diferentes. Para Hegel, la historia es la historia de las relaciones sociales. Esta se inaugura cuando hay dos deseos humanos enfrentados. Lo que el ser humano desea es ser deseado por otro ser humano. En otras palabras, ser reconocido por el otro. Entonces, el deseo humano es fundamentalmente deseo de reconocimiento. El ser humano quiere que los demás le den un valor autónomo. Esto es, un valor propio, que diferencie a cada uno de los otros. Esto es lo que define la condición humana. Por lo tanto, según Hegel, lo propio del ser humano es imponerse sobre los demás. Solo cuando el otro lo reconoce como alguien autónomo se crea la autoconciencia. A su vez, las autoconciencias libran entre sí una lucha a muerte»(1).

De lo anteriormente expresado podríamos discrepar en que «la única opción para ser reconocidos o valorados» es que «lo propio del ser humano es imponerse a los demás«. Si bien la cuestión del poder forma parte de la condición humana -como lo podemos constatar cotidianamente-, no es la única forma de canalizar nuestra energía como hemos reflexionado en esta nota. La evolución humana implicaría salir de «la lógica o dialéctica de amo y del esclavo» dado que al tener el ser humano cada vez más poder -como «dominio»- , esta dialéctica nos llevaría a la extinción como especie.

Para finalizar quisiéramos posicionarnos desde una creencia: la cristiana que surge de los Evangelios, y relacionada con «ser valiosos«, es decir, que «somos talentosos» en el marco de la diversidad y singularidad de personas y contextos. La parábola de los talentos expresa (en cursiva agregado interpretativo): «Porque el reino de los cielos es como un hombre (Dios) que yéndose lejos (Dios que se aleja, nos deja en libertad), llamó a sus siervos (nosotros los humanos) y les entregó sus bienes (la Creación)…» A continuación el texto sigue con «a uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos….(2). La fructificación de los talentos tiene que ver con obrar con amor y responsabilidad en dirección del bien y la vida.

En la cita que haremos mención en este párrafo, emerge de que para ser valorados por Dios, esto conlleva a actuar concretamente como humanos en re-equilibrar las situaciones donde hay privaciones y carencias graves, dolores, odio y diferentes formas de mal (la libertad conlleva a que puede existir el mal, pero este no es «deseable» para nadie y en particular para Dios). En la reparación y regeneración que, como humanos hagamos de estas situaciones, es donde se responde la pregunta ¿donde está Dios? En el Evangelio de Mateo 25-31-46, que se refiere al Juicio de las Naciones, en el punto 34 expresa: «entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.  Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis».

Hay otras tradiciones y creencias (3) que también convergen en enfatizar el amor, la empatía, lo bueno (como «lo noble») y jugar positivamente nuestra  conciencia y libertad en la construcción de un mundo mejor y más feliz. Es muy relevante que las podamos vivir.

(1) La dialéctica del amo y del esclavo -entre otras derivaciones-, Jorge Fontevecchia la aplica en esta nota al proceso electoral argentino.

(2) El texto continúa así: «Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.  Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes».

(3) Por ejemplo las de un humanista y escéptico, como Miguel de Montaigne, que entre sus pensamientos está que «para juzgar cosas grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble«. Recordemos que la palabra «noble» -según el diccionario- se refiere a «que actúa de buena fe, sin ninguna maldad o doble intención». Si se fomentara el enfoque o la creencia de «cultivar un alma noble» sería un gran paso «evolutivo» en la conciencia humana. También hay otras tradiciones como la indo-oriental y el saludo del Námaste o Namasté (palabra de origen sánscrito). Esta palabra es el resultado de dos términos:“namas” que podríamos traducir como “saludo” o “reverencia”, y que tiene su raíz en “nam”, que significa “postrarse” o “inclinarse”, y “te”, que vendría a ser un pronombre personal para configurar la expresión “me inclino o me postro hacia ti”. Pone en evidencia una postura opuesta a la del dominio, y si se vive -más allá de la palabra y el gesto- también nos conduce a un mundo mejor

La imperiosa necesidad de reformular la globalización

Sin duda lo que cada persona puede hacer a nivel micro y a escala local es fundamental para ir hacia un mundo mejor. A medida que se incrementa la escala, por ejemplo, a nivel nacional ya es más complejo y requiere de acciones macro en lo socioeconómico, pero fundamentalmente en lo político-institucional, y en lo sociocultural (1).

Si pasamos a la escala internacional y a la actual globalización es aún más complejo, pero esta escala o nivel nos impacta de diferentes maneras: en el intercambio comercial, en las finanzas y movimientos de capitales, en las migraciones, en el impacto de las redes sociales, las noticias y aspectos culturales que fluyen a esa escala, por citar los más importantes. En otra nota ya nos hemos referido a los problemas de esta globalización, y ahora quisiéramos enfatizar algunos aspectos económicos que van más allá de las iniciativas que está encarando Donald Trump (ver la imagen de la entrada, como una «metáfora»), en especial con China (aunque no sólo). Respecto del rol de la economía china en la globalización es interesante esta nota.

La arquitectura institucional internacional, en particular en lo económico, nació en julio de 1944 con los Acuerdos de Bretton Woods, y sus modificaciones posteriores como, por ejemplo, el abandono del patrón oro para respaldar el dólar, así como más recientemente con la constitución de grupos de países más poderosos, en particular el G-20.

Tanto las Naciones Unidas, y sus órganos, como el G-20, no han resuelto satisfactoriamente los problemas de desequilibrio y hegemonía entre las grandes potencias (como lo demuestra el conflicto actual en lo comercial y tecnológico entre Estados Unidos y China), así como tampoco la creciente desigualdad a escala mundial (muy relacionada a lo fiscal, pero también al tipo de intercambios) y una de las causas principales de las migraciones, los impactos del creciente cambio científico-tecnológico, o en cumplir con el Acuerdo de París vinculado al cambio climático. También se plantea que estamos en una etapa de «desglobalización» ¿Se puede hacer algo relativo al «orden mundial»? Creemos que sí, siendo conscientes de lo dificultoso de la tarea. A continuación lo desagregaremos.

A escala global se puede accionar a través de organizaciones y referentes que tengan este alcance. Hay ongs como OXFAM (por citar una de las más importantes), organismos de Naciones Unidas como el Consejo Económico y Social y los que apoyan el cumplimiento de los ODS, la Iglesia Católica (a través del liderazgo del Papa Francisco y otros miembros de esta Iglesia), el Consejo Mundial de Iglesias, el Club de Budapest, el Foro Nesi, artistas (como es el caso de Bono), intelectuales como Joseph Stiglitz, Jeffrey Sachs, Noam Chomsky, por citar algunos ejemplos (2). Potenciar estos espacios y referentes, es fundamental.

De abajo hacia arriba. Tomaremos sólo un ejemplo, por ahora minoritario, de jóvenes en Estados Unidos de América y sectores del partido demócrata. El diario El País, de España, en un reportaje a Ha-Joon Chang, se destacan los siguientes aspectos de esa entrevista:

«P. En EE UU acusan a la demócrata Alexandra Ocasio Cortez de populismo económico por querer subir los impuestos.

R. Ella propone un 70% para los que más ganan. Los que se escandalizan deberían considerar comunistas a Eisenhower y Truman. En su época, los más ricos pagaban 92% y la economía no se hizo pedazos por eso. De hecho, fue el comienzo de lo que hoy llamamos la edad dorada del capitalismo, con crecimientos de casi un 3% anual en el PIB per cápita y una desigualdad por ingresos muy inferior a la actual.

P. ¿El ‘Green New Deal’ de los demócratas puede cambiar las cosas?

R. Lo comparan con el de Roosevelt pero aquello fue algo más que un programa de inversiones. También se produjo un cambio en el equilibrio de poder. Roosevelt introdujo la ley Glass-Steagall que dividió a los bancos en comerciales y de inversión hasta 1999, cuando Bill Clinton cedió ante Wall Street y la derogó, generando todo tipo de problemas. El segundo New Deal de Roosevelt reforzó a los sindicatos y trajo la ley de la Seguridad Social. Inyectar dinero fue una parte, pero lo más importante fueron los cambios institucionales.

P. ¿No hay salida sin cambio institucional?

R. Exacto. Si no recuperamos el control sobre el sector financiero, nada va a cambiar. Ese sector es el que está manteniendo el sistema actual mediante el lobby y la amenaza de fugas de capitales».

Este reportaje da ejemplos concretos, tanto en la cuestión fiscal como en el control del sector financiero, que se han tomado y se pueden tomar medidas a nivel de países para cambiar -de abajo hacia arriba- el rumbo de la globalización. Ello debería estar acompañado por la eliminación de los paraísos fiscales, la implementación de instrumentos como la tasa Tobin, medidas nacionales que generen complementariedad entre el trabajo humano y la inteligencia artificial así como que reviertan el cambio climático, y por iniciativas similares por parte de la Unión Europea, China y, en general, de allí impulsar en ámbitos como el G20 y la ONU. Este movimiento de abajo hacia arriba y coordinado entre países, le daría efectividad global y evitaría que los evasores de estas medidas busquen nuevos refugios y trasgredirlas en otras localizaciones.

Con el Covid-19 ha tomado relevancia el planteo de reformular la globalización, tal como lo expresa Michel Wieviorka en este reportaje. Entre otras cosas dice: «creo que hay una mayor conciencia de que no podemos vivir más con esta globalización. Algunos plantean que debemos acabar con ella; otros dicen que debemos imaginar otra globalización. ¿Dónde funcionará bien? En el área de la medicina y la ciencia, por ejemplo, para desarrollar vacunas o medicamentos. Los científicos trabajan juntos, hoy, con una dinámica de open source . Por eso creo que debemos pensar qué modelo de desarrollo queremos en el futuro. Debemos apuntar a un mundo abierto, pero también debemos reindustrializar nuestros países, por ejemplo. Debemos definir qué productos queremos desarrollar por nuestra cuenta».

Somos conscientes que es difícil y que hay intereses poderosos que se oponen, pero no es imposible y nos puede ir conduciendo a un contexto de un mundo mejor. En esta línea se abre una esperanza con esfuerzos como este.

(1) Un caso muy notorio es que algunas culturas, tienen como hábito consumir «animales exóticos» lo que parece haber sido el origen del coronavirus (COVID-19), según esta nota. Si esto es así, se habría producido el «efecto mariposa» que algunas personas hayan comido estos animales en la ciudad de Wuhan en China, ha generado una desgracia universal con graves consecuencias humanas, económicas y sociales. Por lo tanto, una reformulación de la globalización también tiene que tener en cuenta esta dimensión sociocultural.

(2) Hay otros relevantes como Opinión Sur, y en «algunos links» hemos puesto una lista más extensa.

PD: La imagen de la entrada ha sido tomada de este link.

Culturas e Instituciones para un mundo mejor

Sabemos que la noción de «cultura» tiene muy diversos significados (1). De todos ellos, y vinculados con el link que acabamos de mencionar sólo nos restringiremos en esta nota con «los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo».

Por su parte el término «institución» no lo restringiremos a la definición de «organismo público». Diremos que las instituciones, en base al link citado, «son sistemas de índole social y cooperativa creadas bajo imposiciones legales, que procuran ordenar y normalizar el comportamiento de un grupo de individuos (que puede ser de toda una sociedad). Las instituciones trascienden las voluntades individuales, al identificarse con la imposición de un propósito considerado como un bien social, es decir, que vendría siendo algo «normal» para ese grupo. Su mecanismo de funcionamiento varía ampliamente en cada caso, aunque se destaca la elaboración de numerosas reglas o normas que suelen ser poco flexibles y amoldables».

Vemos que hay una relación entre culturas e instituciones (como lo muestra la imagen de la entrada) (2), pero estas últimas van más allá de las voluntades individuales o de un grupo social, y se supone que estas son normadas por el estado -con sus distintos poderes comenzando por el legislativo- y buscan un «bien social». En determinados medios académicos y políticos se ha presentado un debate sobre «¿qué son más importantes: las culturas o las instituciones? En esta reflexión sostendremos que son «complementarias«, y coincidiremos en lo que dice el filósofo Javier Gomá Lanzón en este video, en la parte que menciona al jurista español de finales del siglo XIX y comienzos del XX, Joaquín Costa, quien expresaba algo así como que «no hay ley sino se convierte en una propuesta de costumbres…» (2).

Para ilustrarlo tomaremos un ejemplo muy penoso y de extrema gravedad: los femicidios. En esta nota del diario La Nación indica que las constantes psicológicas y culturales de los hombres que cometen estos crímenes, según los expertos, están -en general- relacionados con una crianza violenta, baja tolerancia a la frustración, una posesividad extrema y la tendencia a despersonalizar a la mujer hasta considerarla un objeto. La nota de Agustina López cita entre otros a «Miguel Espeche, psicólogo y coordinador del programa de Salud Mental del hospital Pirovano, afirma que una necesidad de dominio de este tipo obedece en verdad a la fragilidad mental de quien lo ejerce. «La violencia es proporcional a la verdadera impotencia. Se suele ver al femicida como un hombre de gran poder, pero psicológicamente es una persona de extrema fragilidad y de enorme dependencia. Por esa razón tiende a controlar de forma tan patológica al otro».

Siguiendo con este artículo también afirma que «en estos casos en donde ese control extremo llega al crimen, una vez cometido, la vida pierde sentido para esa persona y queda desnudo frente a su fragilidad -dice Espeche-. El suicidio es un desaparecer, salir de eso». ¿Hay manera de prevenir estas situaciones? Los profesionales consultados coincidieron en que, más allá de los recursos como tobilleras o botones antipánicos, un cambio de cultura y de enseñanza desde la niñez pueden ser las claves para empezar a revertir el actual estado de cosas. «Vivimos en una cultura patriarcal que privilegia lo masculino y favorece la violencia. El femicidio es la punta del iceberg. Abajo hay muchas prácticas que responden a la misma lógica, como el maltrato o la violación», apunta Lo Russo. Y propone: «Todo el mundo tiene que tener derecho a hacer un tratamiento, a rearmar su vida, pero siempre teniendo en cuenta que sabemos que, por ejemplo, los violadores suelen ser reincidentes. Lo más importante es trabajar en la sociedad para que esto directamente no se produzca. Trabajar en todas las otras capas del iceberg».

En base a lo comentado, este imprescindible cambio de cultura debe acompañarse con una política institucional educativa, así como de las instituciones de salud mental, donde participen activamente las familias y los medios de comunicación, para complementar y hacer eficaz la lucha contra este flagelo que nos conduce a un mundo peor.

PD: En el libro de Amartya Sen, «La Idea de la Justicia», Ed. Taurus, 2011, en la página 106, plantea la importancia del vínculo entre cultura e instituciones en función de dos importantes líderes de la India unos 300 a.C.: Ashoka (sobre la importancia del comportamiento social voluntario) y Kautilya (sobre la importancia de las instituciones).

(1) Eu el texto de A. Kroeber y C. Kluckhohn, «Culture. A critical review of concepts and definitions», en Papers of Peabody Museum of American Archeology and Etnology, vol 47, nº 1, Nueva York, Harvard University Press, 1952, se ordenan y clasifican más de 400 definiciones. 

(2) Otra forma de abordar la relación entre cultura e instituciones, es el rol que juegan «las ficciones» en las culturas y cómo esta devienen en instituciones. En el libro de Nicolás Shumway, “La invención de la Argentina. Historia de una idea” (Buenos Aires, Emecé, 1993) utiliza el enfoque de «ficciones orientadoras» como una de las variables explicativas de las diferencias fundamentales entre quienes lideraron la independencia norteamericana (en especial los del Norte) y quienes lo hicieron en el Virreynato del río de la Plata, que luego marcó el futuro de ambas naciones. El enfoque de “las ficciones” también aparece, desde la página 37 en adelante, en el texto de Yuval N. Harari, “De animales a dioses. Breve Historia de la Humanidad”, editado en 2016. Este autor sostiene que “las ficciones no sólo nos han permitido imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente. Podemos urdir mitos comunes tales como la historia bíblica de la creación, los mitos del tiempo del sueño de los aborígenes australianos, y los mitos nacionalistas de los estados modernos. Dichos mitos confirieron a los sapiens la capacidad sin precedentes de cooperar flexiblemente en gran número”.

 

¿Cuales son los límites de la «nueva izquierda»?

Sabemos que el término «izquierda» nace con los Diputados que estaban sentados a la izquierda en la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución Francesa. Ellos propugnaban un cambio a la situación de ese momento (el Rey tenía el poder absoluto). El cambio se basaba en el valor de la igualdad social, mientras que los que estaban sentados a la derecha se oponían a este cambio de limitar el poder del Rey, según desarrollamos en esta nota.

Desde el siglo XIX se denominó izquierda a las expresiones políticas vinculadas en general con el socialismo, el comunismo y el anarquismo. Luego de la implosión de la URSS han aparecido distintos partidos y movimientos de la «nueva izquierda» que han tratado de actualizar los principios de la igualdad y la justicia social, con la libertad, la democracia participativa, el ecologismo y las cuestiones de género (en especial el feminismo, pero no sólo).

Respecto de la cuestión acerca de cuales serían los límites de esta nueva izquierda los centraremos básicamente en esta nota de «The Economist», donde, en una de sus partes, expresa que «la izquierda se ha centrado en la desigualdad, el medio ambiente y la forma de otorgar poder a los ciudadanos en lugar de a las élites. Sin embargo, aunque la izquierda renacida hace algunas cosas bien, su pesimismo sobre el mundo moderno va demasiado lejos. Sus políticas adolecen de ingenuidad en cuanto a presupuestos, burocracias y empresas» (1). Entonces abordaremos los temas de:

  • la ingenuidad: frente a un mundo posmoderno y de caída de «los grandes relatos» donde -a grandes trazos y con numerosas excepciones- priman relaciones de poder, el individualismo y el escepticismo, evidentemente plantearse tratar de reducir la desigualdad, mejorar el medio ambiente u otorgar poder a los ciudadanos puede parecer «una ingenuidad». De todos modos la crítica es válida en tanto no se confundan estos ideales, con «la idealización» de medios y objetivos demasiado ambiciosos.
  • los presupuestos: esto conlleva a tener en cuenta una estimación realista respecto de dónde provendrán los recursos necesarios y a dónde (con qué prioridades) y con qué modalidades serán asignados, en el marco de un presupuesto «equilibrado». Esto última conlleva en no caer en un «voluntarismo» y falta de realismo en lo referente a su origen y aplicación.
  • las burocracias. Es un problema muy estudiado y real. Mencionaremos dos posibles soluciones concretas: a) la aplicación de normas como las ISO 9001 (o similares como EFQM) que nacieron para el sector privado pero que se aplican también al sector público y han dado muy buenos resultados (algunas veces asociadas a recibir un pequeño estímulo económico a los trabajadores y funcionarios que adhieren al mismo). En la Argentina la empresa del estado INVAP tiene la certificación ISO 9000 e ISO 14000, entre otras, y también se puede citar los casos de organismos legislativos que las han aplicado mejorando su gestión interna; b) la articulación virtuosa (y no prebendaria) público-privada en general, y en particular en las empresas del estado. Esto viene siendo aplicado en empresas públicas chinas o en países como Argentina en YPF. Ello les ha impedido caer en los vicios del burocratismo y lograr altos niveles de eficiencia y eficacia.
  • las empresas o el emprendedorismo: muchas veces la izquierda -en sus distintas variantes- las ha asociado con una variedad de capitalismo depredador y explotador. Si bien esta variedad está muy extendida, han caído en una simplificación y no han incorporado una mirada más compleja, no teniendo conciencia de que hay una «economía plural» con una gran variedad de expresiones entre las que están el «emprender más allá del homo economicus«. Por supuesto ello conlleva a impulsar cambios culturales e institucionales en esa dirección.

Un último punto. El artículo de «The Economist» enfatiza en la utilización de mecanismos de mercado (como es el caso del impuesto al carbono) para resolver la cuestión del cambio climático. No hace ninguna mención al fracaso de esta solución en el caso de Francia, y tampoco hace mención a lo exitoso de la inversión estatal (con porcentaje minoritario privado) de China en esa dirección. Es un tema muy importante a tener en cuenta. Un debate serio y sincero sobre estas cuestiones nos puede ayudar a converger hacia un mundo mejor.

(1) Agradezco a Guillermo Rozenwurcel por la referencia a la nota de «The Economist» y a Graciela Fernández Meijide por el párrafo mencionado.

¿Dónde anclarnos frente a la inestabilidad y la incertidumbre?

La imagen de la entrada, posiblemente, ilustra el estado de ánimo en que a veces nos encontramos los seres humanos frente a la inestabilidad, la incertidumbre y la desorientación. Sin embargo somos conscientes de que, por el momento, no tenemos otro lugar a donde ir a vivir mejor que este mundo.

Una primera respuesta frente a la pregunta de esta nota sería anclarnos en los afectos de familiares y amigos, y en hacer lo que esté a nuestro alcance -desde lo micro hasta la construcción de políticas e instituciones públicas- para dar pasos hacia un mundo mejor. Para los creyentes habrá que adicionar en anclarnos en un vínculo de fe, esperanza y amor a Dios.

Si la pregunta se relaciona con lo socioeconómico, la humanidad ha buscado «refugio» como reserva de valor en el oro (a veces otros metales también) y más contemporáneamente en divisas como el dólar, a pesar del alto endeudamiento y la declinación económica que va sufriendo EE.UU. frente a potencias emergentes como China. En economías inestables y con alta volatilidad, como el caso argentino, el refugio en el dólar viene siendo un rasgo característico. Evidentemente «la solución» para «desdolarizar la economía y fortalecer el peso» pasa por ordenar su macroeconomía, su déficit fiscal y su endeudamiento (en general, y en particular el externo) y acordar políticas de estado viables en el actual contexto internacional, que le den un sendero de desarrollo productivo y sostenido en el tiempo que permita generar empleo en una economía sólida y diversificada, reduciendo significativamente los niveles de pobreza existente. Debería ir acompañado de otros cambios como este.

En el caso de que «el valor» no sea sólo como refugio o respaldo a la moneda de cada país, sino como una economía que tiene como «propósito» generar «valor», que va más allá de generar «riqueza», lo hemos abordado en esta nota, pero quisiéramos ampliarlo y enriquecerlo. Lo hacemos a partir de un enfoque de la economista Mariana Mazzucato que se puede visualizar en este video (*) en la Universidad de Oxford. Allí se analizan las distintas teorías y enfoques sobre el valor, se plantea como el valor se genera de manera colectiva, y como es de fundamental importancia el rol de un estado inteligente y eficaz que impulse la innovación, una economía productiva (y no la financiarización) vinculada con lo sustentable social y ambientalmente. Este debería ser el propósito que tenga como «fin la economía» según esta intelectual. Ella finaliza su alocución deseando que esta sea una «economía de la esperanza».

No es fácil y seguramente habrá que superar numerosos intereses muy centrados en la rentabilidad de corto plazo, o peor aún en vínculos prebendarios y mafiosos imbricados en estados donde la corrupción, la ineficiencia y la ineficacia abundan. Coincidiremos que son «luchas» que vale la pena dar y nos ayudan a converger hacia un mundo mejor.

(*) Agradezco al Lic. José Bekinschtein la referencia.

 

 

 

 

 

Los factores que nos alejan de un mundo mejor

La aparición de la ley, o normas que rigen la vida social, económica y política, han sido un elemento fundamental para lograr la convivencia y la resolución de los conflictos de manera pacífica, en tanto haya órganos, mediaciones o prácticas político-institucionales que las hagan cumplir.

Hay enfoques filosóficos y religiosos que plantean «ir más allá» de la ley (por ejemplo a través de una «empatía compasiva»), así como líderes -como es el caso del Mahatma Gandhi (ver imagen de la entrada)- que han planteado una serie de principios a tener en cuenta para no ir a un mundo peor (y que destruyen al ser humano), como los siguientes:

1) La Política Sin Principios,

2) El Placer Sin Compromiso,

3) La Riqueza Sin Trabajo,

4) La Sabiduría Sin Carácter,

5) Los Negocios Sin Moral,

6) La Ciencia Sin Humanidad y

7) La Oración (y podríamos extenderlo al culto religioso) Sin Amor.

Si bien Gandhi fue muy resistido en el proceso de independencia de su país por grupos facciosos nacionalistas, políticos, étnicos y religiosos fanáticos (de hecho fue asesinado por estos motivos), y aún lo es en la India según esta nota, entendemos que es uno de los arquetipos a seguir así como las enseñanzas que venimos de mencionar. No es fácil, pero entendemos que son fundamentales para ir hacia un mundo mejor.

PD: Agradezco a Jorge Rodriguez Aparicio la referencia de este texto de Gandhi.

Frente al cambio climático

En este blog nos hemos referido a la importancia de la economía ecológica (en sus distintas ramas) así como en la imprescindible implementación de políticas públicas que mitiguen y ayuden a cambiar de tendencia el cambio climático. Desde el punto de vista del sistema económico esto conlleva a emprender más allá de la maximización del excedente económico (arquetipo del homo economicus) y a cuestionar el capitalismo, en tanto sea una expresión hegemónica y extractivista de lo que venimos de mencionar.

Vinculado con esta temática del cambio climático, a fines de 2017 se estrenó la película «La Verdad Incómoda 2» (liderada por Al Gore, y relacionada con la imagen de la entrada) que, en la actualidad se puede ver en algunos canales de televisión y en cines, pero aún no se dispone en sitios como YouTube. Esta versión es la saga de una primera emitida en 2006. Un comentario se puede visualizar en este link.

En esta línea, desde una manera más crítica y vinculada con el capitalismo (al menos en su variedad hegemónica en muchos países), va el libro de Naomi Klein, «Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima», que se sintetiza -entre otros- en este video y en esta nota (sobre propuestas a encarar ver la tercera parte de este libro). Desde una perspectiva religiosa es muy relevante la Encíclica del Papa Francisco «Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común». Desde una perspectiva de políticas públicas es muy relevante el Pacto Verde de la Unión Europea.

Informar, educar y actuar en esta temática es fundamental si nos inspira el cuidado y la prevención frente al cambio climático. Este último adquiere dimensiones urgentes, como lo expresamos en esta nota.

Ciudades sustentables frente al cambio climático

El cambio climático es una realidad insoslayable por más que algunos lo sigan negando, ya sea porque están ligados a los intereses de la energía fósil, por razones ideológicas y no científicas, o porque consideran que el empleo a corto plazo es más importante que la sustentabilidad ambiental para todas las formas de vida sobre la Tierra.

Es un tema que hemos abordado recientemente en este sector así como en insumos de políticas públicas. En esta nota queremos invitar a ver este video de veinticuatro minutos elaborado por Nesi Forum, donde no sólo analiza la situación actual vinculada al sistema económico (o la variedad de sistema que -en general predomina-, a veces definido como «modelo«) sino que propone medidas muy concretas para superar la situación actual. De allí su principal interés, y por eso invitamos a compartirlo y tratar de implementar lo que allí se sugiere. Sin duda esto nos puede ayudar a converger hacia un mundo mejor.

PD: este tema también lo hemos abordado en otras economías.

 

Mayor Complejidad ¿Mayor Conciencia?

Hace un tiempo escribimos una nota sobre «evolucionar«. Conversando con un amigo, Miguel Mascialino, me aportaba el enfoque de Teilhard de Chardin y, en particular, la formulación de la ley de complejidad-conciencia. Según este último link es «un intento de abarcar, mediante un mismo principio, tanto a la teoría cosmológica de la gran explosión (big bang, ver imagen de la entrada), que da origen a la materia, como a la evolución biológica y a la evolución cultural. Teilhard de Chardin conjeturó que existe una tendencia en la evolución de la materia a lo largo del tiempo a adquirir formas de organización más compleja, al mismo tiempo que aumenta el nivel de conciencia».

Por mi parte, en las lecturas que venía haciendo sobre la teoría general de los sistemas, conocí más en detalle el pensamiento de Kenneth Boulding y, en especial, un artículo que escribió en 1956 denominado “la teoría general de sistemas y la estructura científica”. Allí planteó la siguiente clasificación para los sistemas que siguen el principio o se asemejan a la ley de complejidad-conciencia:

Nivel 1. Estructura Estática

Nivel 2. Mecánico o de relojería

Nivel 3. Cibernético o de equilibrio

Nivel 4. Estructura de autoreproducción o de célula

Nivel 5. Genético asocitativo o nivel de las plantas

Nivel 6. Mundo animal

Nivel 7. Humanos: donde, además de todas las características de los animales, el hombre posee sistemas de auto-conciencia (pasado y porvenir), que es algo distinto de la mera conciencia.

Nivel 8. Organizaciones sociales

Nivel 9. Sistemas trascendente.

Si los anteriores enfoques fueran ciertos en la escala universal (o del «multiverso«, en caso de confirmarse su existencia), cabría preguntarnos si esto es lineal y homogéneo, o si -por el contrario- es no lineal y heterogéneo (¿caótico?) y puede haber fallos, fracasos y desviaciones en este proceso general en curso, tanto a nivel de la Tierra como de otros puntos del cosmos. Si lo redujéramos a la Tierra y en el campo de la conciencia podríamos afirmar que el conocimiento y la información han ido en ascenso en el devenir, con aportes como los de la filosofía y de las religiones (en tanto promotoras de la sabiduría, la paz y el amor, y no de fanatismo) y las ciencias en general. Pero las guerras, las situaciones de hambruna, desigualdad e injusticia, la destrucción del medio ambiente, entre otras cuestiones, nos interrogan seriamente sobre si hay más conciencia.

Esto nos lleva a definir qué es «conciencia». Entre las fuentes se puede ver la Wikipedia donde destaca que, un primer enfoque y de uso más extenso, se refiere a la captación, reconocimiento del sentido y la relevancia de cualquier aspecto de la realidad o de uno (a) mismo (a). El término conciencia no tiene por qué ser simplemente intelectual. El segundo enfoque es el reconocimiento de aquello que está bien y de lo que está mal, esto es, la capacidad de dirimir casos de conciencia. Desde un sentido moral, también podemos hablar de la toma de conciencia social o política, que se puede definir como el conocimiento que tiene una persona sobre los demás integrantes de su comunidad; y la concienciación ecológica, que es la aceptación y el intento por cambiar los aspectos negativos producidos por el ser humano en la naturaleza. Seguramente coincidamos con que la respuesta es negativa -en términos muy generales y de acuerdo a lo mencionado al final del párrafo anterior- para el segundo enfoque, más allá de que en términos particulares esto no se presenta en muchos casos o hay otras expresiones de conciencia.

¿Por qué es esto? Podríamos hipotetizar que hay diferentes motivos, en el marco de un proceso evolutivo en que no hemos madurado colectivamente lo suficiente en términos de sabiduría. Esto último podríamos sintetizarlo en que:

  • aún predomina «lo individual» -relacionado con el narcisismo y «mi lugar» o «nuestro lugar» grupal o nacional-, no pudiendo pasar a una personalización solidaria y comprensiva de un contexto universal. Frente a contextos de crisis, muchas veces el miedo y la visualización de la posible amenaza del «otro», provoca reacciones violentas y fascistoides, sin avanzar en comprender las causas que provocan las crisis y posibles caminos alternativos,
  • el afecto y las distintas formas de amor, aún están reducidas -en general- al campo de lo íntimo, familiar o de amistad, pero no a «lo macro» social, económico (1) y político donde predominan un interés de corto plazo y relaciones de poder y, muchas veces, la ambición desmedida de «ir por todo» -en las dimensiones que venimos de mencionar- expresado como dominación y codicia.

Podríamos afirmar que si no hay un salto evolutivo en cómo canalizar nuestra energía, sin caer en relaciones de poder, no habrá mayor conciencia y no tendremos destino como especie. En la nota sobre «evolucionar«, que mencionáramos al principio, comentábamos que el astrofísico Carl Sagan, en un capítulo de su serie «Cosmos», se preguntaba sobre la posible existencia de extraterrestres y por el hecho de que estuvieran navegando por el universo. En el libro del mismo nombre (Ed. Planeta, Barcelona, 1985) en la página 311, afirma que “es muy probable que el solo hecho de que hayan sobrevivido tanto tiempo demuestra que han aprendido a vivir con ellos mismos y con los demás”. ¿Estaremos a tiempo de construir un mundo mejor donde convivamos sin que predominen las relaciones de poder? No sabemos y parece difícil, pero todos deberíamos hacer nuestro aporte para lograrlo.

PD: Agradezco el comentario de I. Lotersztain respecto de que también se «involuciona».

(1) en este blog hemos intentado demostrar que se puede emprender más allá del homoeconomicus, que hay economías alternativas y posibilidades de implementar otro tipo de políticas públicas.