Por ahora una utopía: una adecuada regulación de las finanzas internacionales y sus nexos

Sabemos de la importancia del dinero, y de los distintos enfoques que ha tenido en la historia (como se ha tratado de resumir en esta reflexión). Una de sus funciones, vinculadas a los distintos tipos de ahorro y de inversión, es que permita -al menos- preservar el ahorro y, de ser posible, incrementarlo (difícil con tasas de interés nulas o negativas) así como de invertirlo productivamente (hoy diríamos en energía y producción limpia y reciclable) y no meramente especulativas.

Desde la Edad Media las finanzas ya fueron importantes, pero es desde la década del setenta del siglo pasado como el proceso de financierización de la economía mundial toma mucha predominancia como lo explican esta notaesta y este link (1). La desregulación financiera en EEUU comenzada desde la época de Reagan tuvo, entre otros efectos, la crisis financiera de 2008 muy bien explicada por el documental «Inside Job» de Netflix (2)

Esta temática, lamentablemente, continúa hoy con implicancias vinculadas a la equidad y al rol del Estado, como lo señala esta nota de Eduardo Fidanza. Ahí se hace referencia al «estilo incisivo que lo consagró, Thomas Friedman, el columnista del New York Times, escribió en enero un artículo titulado “Made in the U.S.A.: Socialism for the Rich. Capitalism for the Rest”. ¿Qué invoca este título, que suena a un oxímoron? Algo aberrante para la narrativa del capitalismo clásico: desde hace décadas, los gobiernos de los países desarrollados están salvando de la ruina antes a los grandes propietarios de medios de producción ineficientes que a los consumidores. Y este comportamiento alcanzó un record absoluto con motivo del Covid.

Friedman se centra en describir las ideas de Ruchir Sharma, que no es precisamente un intelectual de izquierda sino el director de mercados emergentes y estrategia global de Morgan Stanley. En un ensayo publicado en el Wall Street Journal en julio pasado, Sharma sostiene que los rescates de empresas por parte de los gobiernos socavan las premisas del capitalismo, provocando consecuencias letales para la competencia, la productividad, la innovación y el reparto de la riqueza… El resultado es un capitalismo sobre endeudado, recesivo y deslegitimado, con evidentes desigualdades no solo entre estratos sociales sino entre sectores de la economía. Las unidades productivas eficientes, más pequeñas e innovadoras, son discriminadas y condenadas a competir en desventaja; los jóvenes carecen de oportunidades y se hunden en la desesperanza; la desigualdad se abisma provocando la lacerante pobreza mundial, amplificada por el Covid. Es el capitalismo para el resto que expone Sharma».

Es muy difícil cambiar esto, tal como queda evidenciado en el mencionado documental de Netflix, dado el poder de «cabildeo» del sector financiero en EEUU (y en otros países del mundo como Inglaterra y algunos de la UE), agravado por la presencia de funcionarios que provienen de los grandes grupos financieros (3) y actúan en roles claves del Estado. El rol de la sociedad civil, de los medios de comunicación y redes, serán claves para sensibilizar y presionar a la política, así como en la elección de los representantes que se elijan para el ámbito parlamentario y ejecutivo. Esto sería lo que permitiría implementar los cambios necesarios. Hay algunas iniciativas interesantes como esta, pero -por ahora- solo a nivel declarativo.

Es importante una nueva arquitectura financiera internacional, así como algunas medidas (además de las que se indican en el anterior link), que las vinculen con una nueva fiscalidad para disminuir la desigualdad y revertir el cambio climático, como las siguientes.

  • Se propone insistir con instrumentos como la “tasa Tobin” (una “insignificante” alícuota a los movimientos de capitales) que ha sido muy resistida por el sector financiero de países como EEUU, Inglaterra y algunos de la UE. Si el G20 lo aprobara, los fondos derivados de la misma podrían ser administrados por el Fondo Monetario Internacional en proyectos aprobados por los países miembros con criterios de equidad, y aplicado a mitigar los efectos de la pandemia, la investigación y desarrollo de vacunas contra el Covid-19 y otros virus en curso (o potenciales), eliminación de la pobreza extrema y revertir el proceso de cambio climático, entre los principales objetivos,
  • Ello debería ser acompañado de la eliminación de los denominados “paraísos fiscales” y la aprobación de lo que serían “buenas prácticas” a nivel internacional en el cobro de impuestos. Estas últimas podrían abarcar desde la eliminación de la regresividad de los impuestos, la desgravación o reducción impositiva para la economía verde y la industria del reciclaje (nacional e internacional como es el plástico en los oceanos), y todo lo que haga a un desarrollo sustentable. Acordar gravar los mayores ingresos y stocks de riqueza como se ha hecho en los países escandinavos y Japón (así como lo fue en EEUU en la época de la presidencia de Einsenhower), sin confundir activos con patrimonio neto (como lo ha hecho la ley argentina de “Aporte Solidario y Extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia”),
  • los impuestos recaudados en cada país se deberían asignar a proyectos y sectores concretos (y no al sobredimensionamiento de los estados), con un adecuado control social y parlamentario que eviten la corrupción, con eficiencia (mínimo costo para un buen standard o nivel de calidad), equidad y eficacia (en cuanto al logro de los objetivos y las metas),
  • si cambiáramos la palabra “problemas” a resolver por la de enfrentar “enemigos universales”, deberíamos -además del cambio cultural de reducir la absurda ambición de hegemonía de muchos países- poder llegar a un acuerdo “razonable” de desarrme (comenzando por lo nuclear) que oriente los fondos de la industria bélica a la industria verde, a los vehiculos libres de carbono, a la eliminación de la contaminación existente, a la industria de la salud, a la industria que elimine la basura espacial y nos prevenga de los daños eventuales de meteoritos y ayude a mitigar otras catástrofes naturales (como huracanes, inundaciones, incendios en gran escala), a forestar y desarrollar agricultura en zonas desérticas y semidesérticas….
  • en la reorientación de los fondos -y dado el impacto del cambio científico-tecnológico y otros fenómenos como las pandemias-, hay que implementar instrumentos orientados a garantizar un “ingreso mínimo” como los denominados de salario universal, renta básica o similares (como un buen seguro de desempleo), según las posibilidades de cada país y los recursos a escala global, acompañados de una educación y capacitación de calidad tanto para las generaciones actuales como las futuras y estímulos a la generación de trabajo,

entre otras medidas.

Por ahora es una utopía, pero es imprescindible insistir, insistir…..hasta que se vayan implementando, si queremos ir hacia un mundo mejor.

(1) También puede verse este link, o este texto sobre sus características en América Latina, y esta bibliografía: Epstein, Gerald (2005), Financialization and the World Economy, Cheltenham, Elgar; Fine, Ben (2013), “Financialization from a Marxist Perspective”, en International Journal of Political Economy, vol. 42, núm. 4, pp. 47-66; Lapavistas, Costas (2016), Beneficios sin producción. Cómo nos explotan las finanzas, trad. Carla Estevan Esteban y Laura de la Villa Alemán. Madrid, Traficantes de sueños; entre otras. 

(2) Agradezco a Alejandro Gerardi la referencia. En esa línea se puede ver la película «Enron, los tipos que estafaron a América» (o esta) También puede verse esta explicación (agradezco a Elio Londero la referencia) y, con tono humorístico inglés este video (agradezco a Juan Kirschenbaum la referencia).

(3) Sectores de la banca con una mentalidad, enfoque y prácticas diferentes serán claves como lo expresa esta reflexión o esta nota (también se lo ha mencionado en este blog).

El plan del gobierno es: ¿»vamos viendo»?

En otra nota reflexionamos acerca de si el gobierno tiene o no un plan. El Ministro Guzmán manifestó que el plan del gobierno se iba a expresar en la ley de Presupuesto para el año 2021 aprobada en el Congreso. Ahora bien, en ese presupuesto el Poder Ejecutivo, por ejemplo, expresa pautas como que las tarifas de los servicios públicos deberán subir en el año un 29% (debemos tener en cuenta que la inflación esperada supera el 40%). Sin embargo en el Instituto Patria no quieren un aumento superior al 9% (seguramente influenciados por las elecciones de este año). Esto demuestra que dentro de la coalición de gobierno no hay acuerdos sobre un programa económico integral consistente y se considera que «la voluntad política todo lo puede» sin medir las graves consecuencias en un no tan mediano plazo.

De ser cierto lo anterior, el plan de gobierno, hasta ahora, parece ser el «vamos viendo» (1). Esto se refleja, por ejemplo, en la aplicación de un determinado enfoque de arbitraje por parte del Estado en el precio de los alimentos, sin preguntarse ¿por qué suben los alimentos en Argentina y no en otros países grandes exportadores (como Brasil, EEUU, etc.) cuando suben los precios internacionales? Si bien es «más fácil» aplicar retenciones a la exportación de los productos primarios, estos tienen baja incidencia en los precios finales de la cadena de valor en el mercado interno. Analizar la cadena con lleva ver el impacto de los impuestos (del orden del 30% o más, según el caso), del transporte y la logística, de los mayoristas, de los minoristas, de querer recuperar márgenes de ganancia afectados por la pandemia, entre otros muchos elementos.

Tampoco se está resolviendo la aguda escasez de dólares en las reservas del Banco Central (2) lo que ha dificultado la renegociación de la deuda de YPF, la posible provisión en gran escala de vacunas (como es el caso con una empresa china), la cancelación de la deuda con el Club París, la importación de insumos para una industria que se reactive, etc. Una posible solución es, transitoriamente, el desdoblamiento del mercado cambiario (una cotización comercial similar a la actual, y una libre para lo financiero-turístico), y luego ir convergiendo gradualmente a un mercado único. Esto permitiría que los privados que tienen dólares fuera del sistema los reingresen por el tipo de cambio financiero y también se incremente sustancialmente la inversión tanto extranjera como nacional. Si hay confianza de que se irá esa dirección y con un programa integral, seguramente ingresarán muchos dólares por el tipo de cambio financiero.

Si no hay una visión sistémica y un programa integral para abordar la cuestión socioeconómica no saldremos nunca de un pantano en el que nos vamos hundiendo cada vez más.

(1) Una actualización a mediados de abril de 2021 se puede ver en esta nota.

(2) Según algunos economistas las reservas líquidas disponibles, si le sacamos el oro, son negativas en mil millones de dólares. Hacia abril de 2021 han mejorado un poco.

 

Las lecciones de la Primavera Árabe

En esta nota se expresa que «el 11 de febrero se cumple el décimo aniversario del hito que terminó de dar forma a la Primavera Árabe, que había comenzado con la caída de Ben Ali en Túnez. Un proceso que empezó con esperanzas de democratización y terminó con una profunda frustración».

Lamentablemente es lo que ha pasado con muchas revoluciones. En la nota que mencionamos se recoge esta interesante explicación: «La revolución carecía de un liderazgo con una ideología coherente, cuadros disciplinados y una visión alternativa para el futuro. El vacío de liderazgo hizo imposible enfrentarse a las fuerzas organizadas, tanto internas como regionales, que estaban alarmadas por la promesa de democracia de la revolución”, explicó Raymond William Baker, profesor de Política Internacional y director del Programa de Medio Oriente del Trinity College de Connecticut». Toda persona y grupo que quiera encarar un proceso de cambio, a nivel macro, debería tener en cuenta estos elementos para no generar más dolor y frustración, y a partir de este aprendizaje poder construir un camino sólido hacia un mundo mejor.

Para lo anterior son muy importante partidos políticos sólidos y democráticos, escuelas de formación política en las distintas políticas públicas, universidades y escuelas de postgrado, ongs orientadas a propuestas sectoriales y globales, grupos de estudio y de debate, redes sociales focalizadas en estos aspectos (y no sólo en difundir realidades o denuncias), entre los varios aspectos a considerar.

La solidaridad y la cooperación: ¿deber y/o necesario, práctico y útil?

Hace unos años, una psicóloga amiga (ya fallecida), me enseñó «los trazos gruesos» del enfoque freudiano del «ello, el yo, y el superyó«, y la importancia de que estos tres componentes de la psiquis humana estén -deseablemente- «en armonía entre sí» a fin de resolver -de manera virtuosa- el conflicto intrapsíquico (en buena medida inconsciente) (1).

Uno de los que intentó trasladar este enfoque a las ciencias sociales fue Talcott Parsons. Si se nos otorgara «la licencia» de analizar la tensión entre el «deber o el ideal» (superó) de vivir y aplicar el valor de la solidaridad y la cooperación en una forma de ayuda mutua y asociacionismo económico democrático no lucrativo -como es el movimiento cooperativo-, y «la necesidad y la utilidad» (el «yo») de hacerlo o traducirlo en la práctica, podríamos encarar un caso específico. Este último se deriva -en especial- de la primera parte de una exposición de Daniel Bertone (2), ex Gerente General de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA).

Antes de referirnos al caso específico deberíamos decir que quienes iniciaron la experiencia cooperativa, los Pioneros de Rochdale, tenían individualmente distintos ideales y propuestas, pero -sin embargo- lo que los unió fue la resolución de un problema o necesidad (la provisión de alimentos a bajo precio por parte del «mercado») y que no se podía resolver de manera individual y tampoco -en esa época- de manera estatal. O sea, este problema era una «necesidad concreta» y debían resolverla de manera «práctica y útil». Hasta ahora parece que ha prevalecido «el yo» (de acuerdo con nuestro enfoque inicial), pero la forma de resolución colectiva que implicaba la modificación del carácter de las personas (superar el individualismo) a través de la educación y de la acción cooperativa implicaba un profundo sentido ético. Esto lo explica muy bien el Dr. Dante Cracogna en el minuto 42 de este video, expresando -entre otros conceptos- que «el poner en común necesidades y actuar mancomunadamente para resolverlas conllevaba un nuevo mundo moral«. Esto último estaba en sintonía con el libro de Robert Owen del mismo nombre que, sin duda, tuvo influencia en articular lo moral o ideal con lo útil y práctico -influenciado con el aporte del Dr. William King– por el realizado de manera conjunta.

Claro, lo anterior debía hacerse de manera honesta (o sin corrupción), de manera eficiente (mínimo costo) y eficaz (cumpliendo los objetivos que se proponían como organización).

A la luz de esta introducción general, si analizamos el audio de Daniel Bertone sobre el conflicto que se produjo en la historia de ACA, a mediados de los años 90 (3), podríamos inferir que hubo una polarización entre quienes querían pertenecer al «club» (esa organización) por los valores o ideales y quienes sostenían que debían «ser competitivos» es decir «eficientes» y con mayor integración de la cadena de valor, dado que estaban perdiendo participación en un mercado con fuerte presencia de empresas multinacionales y sin «la espalda financiera» que tienen esas empresas. Estos últimos pusieron en cuestión «el dogma de fe» de los primeros por ser de carácter abstracto y no tener en cuenta «lo práctico» de la viabilidad y la sostenibilidad de esta institución. Finalmente se pudo articular una síntesis virtuosa entre ambos enfoques, superando «esa grieta» y capitalizar esa experiencia en una nueva etapa de dicha organización dándoles gran solidez (duplicaron su participación en el mercado, así como se integraron y diversificaron en su cadena de valor).

Lo anterior demuestra que los valores de la ayuda mutua y acción común pueden ser (y «deben ser») perfectamente compatibles con su vivencia de manera realista en cada etapa y sector en los que a estas organizaciones les toca actuar. Sobre el origen y distintas acepciones del término solidaridad ver esta nota.

 (1) Además de lo que menciona específicamente Freud, se pueden ver textos como el de K. Lewin, A dynamic of personality,  McGraw Hill, N. York, 1935. Tomado del libro de H. Touzard, La mediación y la solución de los conflictos», Ed. Herder, Barcelona, 1980.

(2) Se agradece a Mario Elgue la referencia que se invita a escuchar, comenzando desde la parte 1.

(3) Debe recordarse lo que significó el denominado «menemismo» como lo explica este artículo, y sus distintas implicancias. Sin embargo, se debe destacar que, quien escribe esta nota, no conoce en detalle su impacto en ACA, e infiere su problemática en base a la fuente o referencia mencionada. Se agradecerán comentarios y aportes que precisen lo expresado por parte de los actores involucrados. Pareciera que subyace un enfoque conflictivo de tipo polar entre «los solidarios» y «los capitalistas o que tienen supuestamente una visión fundamentalmente mercantil».

El peligro de quedarnos fijados a una época: el caso de los setenta

Es natural que los seres humanos recordemos con mucha alegría, y otras veces con mucha tristeza, determinadas épocas de nuestra vida. El riesgo de lo primero es que idealicemos ese período e intentemos quedarnos fijados «en él» y, sin el adecuado discernimiento y adaptación, tratar de trasladarlo «tal cual» a la época actual así como a futuras.

Este tema se ha abordado, por ejemplo, en el Evangelio cuando se hace referencia al fenómeno de la transfiguración de Jesucristo. En el texto de Mateo 17, 1-9 (al igual que en los de Lucas 9, 28-36 y Marcos 9-12-13) se menciona la reacción de Pedro ante ese momento glorioso: «Señor, ¡qué bueno sería que nos quedemos aquí! Si quieres, levantaré tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías». Es decir, detener el tiempo y eternizar el momento, sin tener en cuenta lo que expresa la imagen de la entrada.

Muchos de quienes éramos jóvenes en los años setenta del siglo pasado, vivíamos en un contexto de fuerte crecimiento económico de postguerra con pleno empleo en muchos países, de «los dorados años sesenta«, del mayo francés, de la revolución cubana (al respecto es interesante esta serie documental)… entre otras cuestiones de contexto que parecían alumbrar un mundo de grandes transformaciones con mayor igualdad,  justicia y prosperidad sin límites.

Y sin embargo… era más complejo y difícil de lo que pensábamos. El primer y segundo shock petrolero que afectó la relación de los términos de intercambio y el crecimiento mundial, la financierización de la economía y el creciente endeudamiento, desigualdad y agravamiento del cambio climático, la revolución cubana que terminó siendo una versión caribeña del modelo estalinista y muy dependiente de la ex URSS, la violencia armada que no sólo emergió contra las dictaduras sino que hubo grupos que la continuaron en democracia (1)…., entre otros factores.

Para quienes ya estamos cerca del «final de la jornada de la vida» (2) nos es grato recordar la música de los sesenta, los setenta, los ochenta…, los ideales y sueños que teníamos de jóvenes, el recuerdo de tantas personas que dieron su vida por ellos, pero también es muy relevante reflexionar sobre las «idealizaciones» y deformaciones de la realidad que nos hicieron cometer muchos y, a veces, muy serios errores que derivaron en graves consecuencias. Es bueno y «sabio» reconocerlos, al igual que los sanos ideales, pero fundamentalmente tratar de transmitirlos -lo más respetuosamente posible- en un diálogo con las nuevas generaciones, para que no se incurra nuevamente en esos errores. Es cierto que cada generación tiene que hacer su propio camino, pero sería una gran pena no poder aprender de las experiencias ajenas -procesadas maduramente con los años- para poder seguir luchando por un mundo mejor teniendo en cuenta las consecuencias y, a veces, evitando posibles tragedias que nadie -conscientemente- desea.

(1) Sobre este tema vale la pena ver este video.

(2) Nos permitimos transcribir esta reflexión de Edgar Morin, 99 años (Filósofo y Sociólogo, Teoría de la complejidad): “Yo me he sorprendido por la pandemia, pero en mi vida, tengo la costumbre de ver llegar lo inesperado. La llegada de Hitler fue inesperada para todo el mundo. El pacto germano-soviético fue inesperado e increíble. El comienzo de la guerra de Argelia fue inesperado. Yo no he vivido más que para lo inesperado y la costumbre de las crisis. Y en este sentido, vivo una nueva crisis enorme pero que tiene todas las características de la crisis. Es decir que por un lado suscita la imaginación creativa y suscita miedos y regresiones mentales. Todos buscamos la salud providencial, pero no sabemos cómo.

Hay que aprender que en la historia, lo inesperado se produce y se reproducirá. Pensamos vivir de las certezas, de las estadísticas, de las previsiones, y con la idea que todo estará estable, mientras que todo comenzó ya a entrar en crisis. Uno no se ha dado cuenta. Debemos aprender a vivir con la incertidumbre, es decir tener el coraje de afrontar, estar preparados para resistir a las fuerzas negativas.

La crisis nos vuelve más locos y más sabios. Una cosa y la otra. La mayoría de las personas pierden la cabeza y otras se hacen más lúcidas. La crisis favorece las fuerzas más antagónicas. Yo deseo que sean las fuerzas creativas, las fuerzas lúcidas y aquellas que buscan un nuevo camino, aquellas que se impongan, incluso si están todavía muy dispersas y débiles. Podemos indignarnos con razón pero no debemos encerrarnos en la indignación. Hay algo que nos olvidamos: hace 20 años, un proceso de degradación comenzó en el mundo. La crisis de la democracia no ocurre solamente en América Latina, sino también en los países europeos. El predominio del lucro ilimitado que controla todo está en todos los países. Igual con la crisis ecológica. La mente debe hacer frente a la crisis para dominarlas y sobrepasarlas. Si no somos sus víctimas.

Vemos hoy instalarse los elementos de un totalitarismo. Éste no tiene nada que ver con el totalitarismo del siglo anterior. Tenemos todos los medios de vigilancia a través de Drones, de teléfonos celulares, de reconocimiento facial. Tenemos todos los medios para que surja un totalitarismo de la vigilancia. El problema radica en evitar que estos elementos se reúnan para crear una sociedad totalitaria e inhabitable para nosotros.

A la víspera de mis 100 años, ¿que puedo desear? Deseo la fuerza, el coraje y la lucidez. Tenemos necesidad de vivir en pequeños oasis de vida y de fraternidad.»

 

El valor de la palabra, en general y en particular del Presidente

El valor de la palabra, hace a la confianza que nos brindamos los seres humanos unos a otros. Es muy importante en general, y en particular de los que ejercen una función de liderazgo, como es el caso del Presidente de una Nación. Sabemos que esto no es fácil dado que muchas palabras de los políticos se dicen para ganar una elección y otras palabras para gobernar. Tal vez, el caso más arquetípico en Argentina -aunque no único- ha sido el de Carlos Menem que dijo, entre otras coas, «si yo decía lo que iba a hacer no me votaba nadie».

En el caso del actual presidente Alberto Fernandez, y referida a esta temática, se han escrito entre otras notas esta o esta. Si queremos construir acuerdos sinceros y duraderos entre los argentinos debemos ser sinceros y veraces en nuestros diagnósticos y propuestas que vayan más allá de ganar la próxima elección (1). Sino no tendremos un buen destino y no resolveremos los graves problemas que tenemos, que hacen sufrir a tantos millones de personas.

(1) En este sentido va esta nota.

 

¿Los occidentales deberemos cambiar nuestra forma de saludarnos?

Según esta nota, «para el CEO de Moderna, Stephane Bancel, director ejecutivo del laboratorio estadounidense que desarrolló una exitosa vacuna contra el COVID-19, admitió que el coronavirus ha llegado para quedarse y que se transformará en una enfermedad endémica “El coronavirus, que ha paralizado las economías mundiales y ha colapsado a los hospitales, estará entre nosotros para siempre. «el SARS-CoV-2 no desaparecerá y vamos a vivir con este virus, creemos, para siempre, afirmó ayer sin dudarlo durante un panel de discusión en la Conferencia de Atención Médica de JPMorgan».

De ser cierto lo anterior no será indiferente el tipo de vacuna que nos demos. Deberían ser las más eficaces en cuanto al grado de inmunidad (en especial frente a nuevas mutaciones) y duración en el tiempo, con un acceso universal y rápido a la mayor parte de la población. Este será un cambio importante en el funcionamiento del sistema científico-tecnológico, los sistemas de logística y las políticas públicas de los gobiernos. También lo será en que «la nueva normalidad» conllevará un mayor cuidado y distanciamiento social, con utilización de barbijos, respecto de la anterior normalidad.

También podríamos preguntarnos si la costumbre, bastante generalizada, que tenemos gran parte de los occidentales (en especial de origen latino) (1) de saludarnos, no sólo dándonos la mano, sino también -en muchas oportunidades-de abrazarnos y besarnos, no irá teniendo modificaciones. Podríamos preguntarnos sino irá mudando a mover las manos a distancia (como ya se hace ahora) o saludos como el de los japoneses, China (en particular bajo la influencia de Confucio y la importancia del saludo reverencial) otras naciones de Oriente o -específicamente- el de la tradición indo-oriental con su saludo del Námaste o Namasté (palabra de origen sánscrito), que se muestra en la imagen de entrada. Esta palabra es el resultado de dos términos:“namas” que podríamos traducir como “saludo” o “reverencia”, y que tiene su raíz en “nam”, que significa “postrarse” o “inclinarse”, y “te”, que vendría a ser un pronombre personal para configurar la expresión “me inclino o me postro hacia ti”. Este último tipo de saludo pone en evidencia una postura opuesta a la del dominio, y si se vive -más allá de la palabra y el gesto- también nos puede conducir a un mundo mejor. Tal vez sea un tema importante para reflexionar, más allá de los virus.

(1) También, entre otros, los eslavos.

La importancia de las consecuencias de nuestros móviles, ideas y actos: el caso de la búsqueda de la igualdad

Sabemos que los seres humanos, desde temprana edad, tenemos aversión a la injusticia. Luego, muchos buscamos la equidad, somos conscientes de que todos somos iguales derivado de enfoques religiosos y laicos (la fraternidad y ser reconocidos en nuestra dignidad) y que, desde la revolución francesa y en particular desde la Declaración de los Derechos Humanos aprobada por la ONU en 1948la normativa internacional y nacional, se busca promover desde los estados -de manera directa o indirecta- la igualdad de derechos.

Aceptado lo anterior, sin duda, la cuestión fundamental es el «¿cómo?». En esta reflexión publicada en el diario Clarín, de Argentina, se la aborda desde el consecuencialismo (en particular desde el enfoque de Amartya Sen), pero vinculado con la búsqueda de la igualdad. Es decir, que para evaluar «el cómo» (en este caso los modos de alcanzar la igualdad) lo mejor es ver los frutos o consecuencias de nuestros móviles, ideas y actos en distintos escenarios posibles. La imagen de la entrada ilustra sobre las implicancias de cuándo sólo miramos el corto plazo, y las desastrosas consecuencias que esto puede tener. Ojalá podamos dar un salto evolutivo y tener una mirada más sabia de los «cómos». Esto nos puede llevar a un mundo mejor.

PD: En la búsqueda de la igualdad son importantes las políticas a encarar, en especial las fiscales como es la eficiencia, eficacia y equidad del gasto y la inversión pública, y una adecuada política impositiva que sea progresiva pero que sea cuidadosa de no dañar la actividad económica (ver esta nota de Juan Carlos de Pablo)

 

 

Acerca del transhumanismo

En el Evangelio de Juan 1-1 se señala que «en el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios». Por su parte en el Capítulo I del libro del Génesis se señala como la Creación se crea con «dijo Dios» y le va poniendo nombre diferente a cada parte de la misma. De lo anterior podemos colegir que Dios es lenguaje y su creación también es lenguaje.

Los seres humanos, en nuestra evolución, hemos intentado descifrar este lenguaje. Los místicos han renunciado a poder comprender la infinitud y profundidad de Dios señalando que sólo se puede estar en silencio y en actitud de oración frente a Él. Los científicos, en cambio, han buscado comprender el lenguaje de la Creación (o del Universo). Entre los primeros han estado Galileo Galilei e Isaac Newton que comenzaron a explicar -a través del lenguaje matemático- a la Naturaleza. En esa línea también se han expresado Albert Einstein y Michio Kaku (ver su relación  con Dios en este video). El psicoanálisis se planteó analizar científicamente el lenguaje del inconsciente, y también ha sido muy relevante el haber podido decodificar el genoma humano (ADN) que nos demuestra que «somos lenguaje». Todo esto nos ha animado a pretender «ser como dioses» no solo conociendo, sino editando ese lenguaje, transformándolo y generando nuevos lenguajes (tanto por parte de los seres humanos como por parte de la IA), con las grandes posibilidades (1) y los graves peligros de manipular algo que no terminamos de conocer del todo, y las implicancias que se pueden desencadenar.

En este excelente artículo (2) se plantea la posibilidad de un futuro transhumano. Comienza diciendo que «el transhumanismo es un movimiento intelectual que propone superar los límites naturales de la humanidad mediante el mejoramiento tecnológico y, eventualmente, la separación de la mente del cuerpo humano. Si bien ha sido históricamente marginal y sectario, sus planteos de medicina mejorativa, su materialismo radical, incluso sus controvertidas ideas de eugenesia, inmortalidad y singularidad adquieren creciente interés en un momento en el cual la tecnología amenaza con avanzar sobre esferas de la vida humana hasta ahora en apariencia intocables.

En noviembre de 2018, el científico chino He Jiankui anunció en Hong Kong que había editado genéticamente a dos gemelas para inmunizarlas contra el virus de inmunodeficiencia humana (vih). El experimento no había sido publicado por ninguna revista especializada ni autorizado por la Universidad de Shenzhen, en la que He investigaba. La comunidad científica reprobó en bloque la práctica y el gobierno chino condenó a He, que estuvo desaparecido unos meses y hoy se sospecha que cumple arresto domiciliario sin cargos en su oficina de Shenzhen.

Como 20 años atrás con la clonación, el escándalo de He reeditó la discusión sobre los límites de la ciencia, pero el contexto mundial es otro. Aquel optimista consenso liberal de los años 90 dio lugar al estancamiento occidental y a la emergencia de China como amenaza, pero también como modelo exitoso de capitalismo iliberal. La tentación de rebasar tecnológicamente las barreras humanistas para gobernar más o producir mejor es hoy mayor. Sin ir más lejos, el biólogo molecular ruso Denis Rebrivok ya pidió autorización a tres agencias científicas para repetir el experimento de He. Hay una corriente de pensamiento que viene predicando esa superación tecnológica de la humanidad hace al menos medio siglo: el transhumanismo. Conocer sus argumentos, sus matices y sus políticas parece necesario para afrontar un debate que viene a nuestro encuentro». Luego explica en detalle las distintas corrientes que forman parte del enfoque del transhumanismo (3) y termina diciendo que «si no pensamos el futuro, alguien lo hará por nosotros».

¿Qué podemos concluir respecto de esta realidad y de «pensar el futuro»?:

  • es un fenómeno nuevo, y en desarrollo acelerado, que requiere de mucho debate serio y discernimiento donde la ética (y en especial la bioética) juega un rol fundamental,
  • la medicina regenerativa (en particular con células madre) y los avances en rejuvenecer el cuerpo humano se están presentado de manera acelerada. Ello conlleva grandes desafíos socioeconómicos y ambientales, que no han sido resueltos (4),
  • más allá de al articulación entre cuerpo humano y la IA, la autonomización de la inteligencia artificial es una cuestión aún no resuelta de manera satisfactoria, no sólo por los escenarios que plantean textos como el de Harari en «Homo deus«, sino por fenómenos concretos que le han surgido a empresas como Facebook. Parece fundamental que los robots -al menos- tengan un código de ética inserto (las tres leyes de Asimov y coincidente con la opinión de Ellon Musk),
  • si no ha podido -en general- predominar un «humanismo con sabiduría» donde prevalezca de manera decisiva y sostenida el bien y la vida ¿podremos ir hacia un transhumanismo que no termine apocalípticamente?,
  • si no hemos podido revertir -hasta el momento- el proceso de calentamiento global y daño ambiental, ¿podrá quedar en pie algún ser humano vivo? ¿la inteligencia artificial, y las máquinas, podrán resistir las grandes temperaturas, la falta de energía (salvo la solar), las inundaciones y cataclismos?, ¿el transhumanismo terminará sirviendo sólo para quienes puedan emigrar del planeta hacia Marte, la Estación Experimental u otro destino galáctico? ¿ese será el «aporte del transhumanismo», es decir «exiliarse» de la Tierra?

entre las principales dudas que nos surge de este ambicioso enfoque. Terminaremos con una pregunta: ¿no será mejor canalizar, de manera prioritaria, nuestras energías y desafíos en disminuir la desigualdad, la pobreza, el armamentismo y la reversión de la destrucción del medio ambiente, así como mejorar la salud humana y desarrollar vacunas que nos prevengan de las pandemias? La conciencia individual y social, las culturas, los centros de investigación y las empresas tecnológicas, y fundamente los estados de manera coordinada, tendrán un rol central para que podamos evolucionar sabiamente.

(1) Siguiendo con la tradición cristiana, en la parábola de los talentos se nos da el mandato de implementar nuestras capacidades (naturales y adquiridas), como co-creadores, para potenciar el bien y la vida, y disminuir o mitigar el mal y la muerte (como «muerte física» dado que el alma o espíritu cambia de lugar y no muere, según el cristianismo y otras cosmovisiones). Por lo tanto la cuestión a dilucidar es el sentido de nuestras acciones y el «cómo» las realizamos de manera ética. Será muy importante la conciencia social, sus expresiones culturales y fundamentalmente el rol de los estados (muy importante la coordinación internacional) para promover determinadas acciones y limitar o prohibir otras.

(2) Se agradece a Alejandro Razé por haberlo referenciado.

(3) De todas ellas nos identificamos más con fuentes como el artículo «Del prehumano al ultrahumano», publicado por el paleontólogo jesuita Pierre Teilhard de Chardin en 1951, que traza la futura evolución de la humanidad hasta alcanzar un estado transhumano. El evolucionismo de Teilhard incluye variables tecnológicas como «una red telefónica y televisiva que permita la sintonización directa entre cerebros», pero está inscripto en un finalismo dualista que, en última instancia, confía toda trascendencia a Dios. Del mismo modo se reseña (en la nota de referencia) la opinión del filósofo belga Gilbert Hottois, quien señala que Huxley, un eugenista convencido que repudió todas las formas de racismo, es el padre de un transhumanismo progresista heredero de la tradición humanista clásica. Hottois opina que el transhumanismo debe ser leal al legado humanista: universalismo, libertad, igualdad, justicia, pluralismo, empatía y pensamiento crítico, si no quiere devenir en un pensamiento tecnomístico o apocalíptico.

(4) Ya se ha logrado prolongar la vida de ratones en un 50%. Si esto se alcanza a implementar exitosamente en seres humanos, nuestra horizonte de vida biológica o esperanza de vida promedio pasaría en países desarrollados como Alemania de 81 años (aunque hay personas que viven mucho más) a algo más de 120 años, aproximadamente. Si el crecimiento demográfico sigue como hasta el presente, cabe preguntarse la viabilidad de la vida en un planeta cada vez más superpoblado y de los sistemas de seguridad social para hacer frente a este escenario. ¿Se resolverá de manera darwinista o con planteos como los de Malthus, o podrá haber una coordinación internacional que implementará mecanismos de redistribución (por ejemplo con la tasa Tobin y su orientación a un ingreso universal) con impresoras 3D que produzcan alimentos de manera autosuficiente e individual o grupal?

La posibilidad de un crecimiento postraumático y de un mundo mejor

En escenarios muy difíciles, y a veces traumáticos, hemos destacado la importancia de la resiliencia. Hoy quisiéramos plantear el enfoque del crecimiento postraumático (1).

Sabemos que los traumas tienen distintas causalidades, desde experiencias personales de nuestra infancia -o desarrollo posterior- hasta relacionadas con el ambiente o el contexto macro que nos toca vivir (como graves conflictos sociales, guerras, deterioro socioeconómico y ambiental, entre las principales). En el caso de estos últimos, economistas como Nouriel Roubini nos alertan sobre las «diez tendencias ominosas y peligrosas» para la próxima década, de las cuales seguramente la más grave. y de manera creciente, es la derivada del deterioro del ambiente y el cambio climático (2).

Si bien «la adversidad es algo inevitable, si no existiese lo difícil, lo negativo, lo dramático… ¿cómo podríamos entender o siquiera percibir lo magnífico, lo excepcional o lo satisfactorio? Sería imposible conceptualizarlo así, porque sin el lado negativo, lo que ahora llamamos “positivo” sería sólo rutina…», Peter Levine plantea en este link las principales características de cómo abordarlo, a nivel personal (aunque menciona los condicionamientos ambientales), para que se genere un crecimiento postraumático. Alejandro Razé me aporta que «sólo cuando estamos frente a la finitud y la muerte» se puede producir dicho cambio o crecimiento.

Respecto de los condicionamientos macro o ambientales, como los mencionados por Roubini, requieren de una fuerte toma de conciencia general, y en especial de quienes ejercen distintos tipos de liderazgo a nivel mundial, nacional, local y de pequeños grupos, para reconocer los hechos y encarar cambios tanto de las instituciones internacionales (reformular la globalización) y nacionales, así como su correlato de cambios culturales y personales. Deberíamos, al menos, lograr un piso de bienestar para toda la humanidad compatible un equilibrio de equidad, democracia y el cuidado del ambiente. Ello nos podría permitir alcanzar un crecimiento postraumático no sólo a nivel personal, sino también como Humanidad, que nos permita dar un salto evolutivo y vayamos convergiendo hacia un mundo mejor.

(1) Agradezco especialmente a José M. Diaz Bonilla la referencia a este enfoque.

(2) Un enfoque más «matizado» se puede ver en esta nota. El rumbo del panorama internacional dependerá, en gran parte, de lo que haga el tándem Biden-UE y de su interrelación con China