Casos exitosos: los pactos territoriales, en especial el caso de Italia

En este blog se ha destacado la importancia del diálogo para llegar a acuerdos en general, y en particular en lo que se refiere a pactos de gobernabilidad a nivel nacional o internacional (como es el caso de la Unión Europea). En esa misma dirección son importantes los pactos territoriales.

¿Qué son los pactos territoriales? En Colombia se los ha definido así: «son un acuerdo marco de voluntades cuyo propósito es articular políticas, planes y programas orientados a la gestión técnica y financiera de proyectos de alto impacto. Se convierten en una herramienta de planeación regional, subregional y departamental, de la que pueden formar parte las entidades territoriales, esquemas de asociación territorial y subregiones funcionales» y tienen una normativa que los institucionaliza.

En este documento de CEPAL se lo plantea en relación a regiones transfronterizas, también pueden estar circunscriptos a temáticas específicas como el empleo (ver también este link), y hay países como Italia (1) que lo han implementado como una experiencia muy exitosa de gobernanza. Vamos a tratar de sintetizar los aspectos centrales de este caso exitoso, glosando algunos artículos publicados en internet.

En este artículo (que se invita a leer completo) se expresa que «en los últimos años ha habido en la política italiana un fuerte interés por estimular procesos concertados y estratégicos de desarrollo local. Uno de los instrumentos más novedosos para la concreción de estos objetivos son los pactos territoriales, como partes de un sistema de intervención integral que apunta a crear condiciones favorables para el crecimiento económico y la ocupación en una determinada área geográfica. Los pactos territoriales se dirigen fundamentalmente a promover la cooperación entre sujetos públicos y privados de un territorio determinado de modo de estimular el diseño y la realización de proyectos de mejoramiento del contexto local en el sector industrial, servicios y a nivel de infraestructura.

El pacto territorial es un instrumento de concertación de todas las fuerzas económicas y sociales presentes en el ámbito local con el fin de dirigirlas a la realización de objetivos comunes de desarrollo. Con esta herramienta, basada en la programación negociada, los distintos actores individualizan una serie de objetivos, seleccionando los proyectos de intervención compatibles con tales propósitos y concordando un conjunto de medidas para facilitar y sostener la ejecución de los mismos.

En este escenario, el trabajo busca en primer lugar analizar conceptualmente la importancia que asumen en el contexto europeo las nuevas orientaciones de política y governance en el plano territorial. Seguidamente, se consideran las particularidades que asume el marco institucional italiano para el despliegue de este tipo de instrumentos descentralizados y se analizan los principales elementos que caracterizan la actuación y eficacia de los pactos territoriales en términos de cobertura demográfica y territorial, eficiencia financiera, tipo de intervención en el territorio, actividades concluidas, grado de ocupación y niveles de governance desarrollados. Finalmente, se examina la significación que alcanza el fenómeno de los pactos en términos de superar las desventajas localizadas territorialmente y promover procesos genuinos de desarrollo local». Luego desarrolla los distintos puntos en base al análisis de los pactos realizados (generales y los específicos como los relacionados con la agricultura y con los desastres naturales) en los años noventa. Otra fuente que se puede consultar sobre el caso italiano es esta, entre muchas otras.

Ojalá que en el caso argentino podamos construir una cultura de acuerdos basados en una visión de desarrollo de mediano y largo plazo que tenga implicancias operativas en la articulación virtuosa de decisiones, intereses y conocimientos, que nos posibiliten un futuro mejor.

(1) Agradezco la inspiración de este tema, y en particular del caso de Italia, a Pedro Del Piero. Él lo destaca, en el minuto 42,10 de este video (que se sugiere ver), como un caso muy exitoso, y posible de trasladar -con las adaptaciones necesarias- al caso argentino. Destaca la correcta lectura del territorio, la importancia de la programación de la cooperación negociada, con una metodología a través de proyectos, donde están presentes la articulación de decisores, la combinación sobre los intereses y la incorporación de conocimiento. En todos los casos hay unidades operativas (que articulan «el todo y la parte»).

Los puntos críticos de un cambio

Cambiar significa asumir que tenemos problemas, cuestiones no satisfactorias así como desafíos que se nos pueden presentar en el futuro y no estamos bien preparados. El listado de ellos puede ser grande, pero ¿cuales son los más relevantes? ¿cuales son los «puntos críticos»? ¿los principales riesgos y peligros?

El análisis de los peligros y puntos críticos (APPCC, HACCP en inglés -ver imagen de la entrada-) es una metodología que la empezó usando en el año 1959 la compañía Pillsbury junto con la NASA y laboratorios de la Armada de los Estados Unidos, para luego aplicarse en la industria de alimentos y vinculadas a la salud. No es un sistema de gestión de calidad, sino un sistema de gestión de inocuidad alimentaria que se debe definir como premisa para la implantación de un sistema de gestión de calidad, y como requisito legal obligatorio aplicable a todo establecimiento alimentario necesario para la obtención de la certificación.

Si bien este enfoque y esta metodología no es trasladable automáticamente a un proceso de diagnóstico y planificación de un país, tal vez podamos coincidir en que tiene una «lógica» que si lo puede ser.

Pero ¿cuales son los principales riesgos y puntos críticos? Tal vez coincidamos que el primero de ellos, seamos nosotros los seres humanos, nuestra conciencia, actitudes y acciones que nos pueden llevar a un lugar u otro.

En segundo lugar el contexto, la cultura, las restricciones naturales, tecnológicas, económicas, sociales y políticas que tenemos que resolver. Como dijimos en otra nota no sólo debemos aspirar a lo que consideremos lo mejor para el conjunto, sino que es conveniente colocarnos en el peor escenario general  y en especial desde el peor escenario de los más débiles y frágiles (si nuestra conciencia valora la justicia y la solidaridad, y no sólo nuestro propio interés), y ver allí cuales serían los principales riesgos y puntos críticos a resolver.

El liderazgo es otra cuestión vital. En el año 1964 el sociólogo argentino José Luis de Imaz publicó el libro «Los que mandan». En esta nota se analizan sus principales características para el caso argentino, y también posibles modelos a tener en cuenta como el caso de Francia. De manera concomitante es crucial como enfoquemos y practiquemos la cuestión del poder.

Si cada uno de nosotros, a nivel personal, grupal, institucional y global, abordáramos con sinceridad, veracidad, humildad y sabiduría cuales son nuestros principales riesgos como humanidad y los principales puntos críticos a encarar, seguramente podríamos encauzarnos hacia un mundo mejor.

 

¿Cuál sería un buen punto de partida para un diálogo entre gobierno y oposición?

En este blog hemos resaltado la importancia de encontrar puntos de encuentro, no caer en la tentación de «querer ser el Todo» (y que sólo cuenten nuestros intereses y visiones), así como del diálogo en reflexiones como esta o esta, entre otras.

Respecto de la temática general, y lo que nos bloquea para dialogar en general, es muy interesante esta nota del diario El País (1) donde se expresa que «a la hora intentar alcanzar un consenso, busquemos un punto de partida en el que estemos de acuerdo, y a partir de ahí será más fácil». Respecto de la contribución de las neurociencias acerca de las dificultades para cambiar nuestra opinión, también es muy relevante este aporte (2).

En el caso argentino es importante llamados al diálogo, entre oficialismo y oposición, como el realizado por el Club Político Argentino. Ojalá se pueda concretar, no?

(1) Se agradece a Francisco (Paco) del Campo la referencia a esta nota, que se invita a leer completa.

(2) Se agradece a José Bekinschtein la referencia, que también se invita a leer completa.

¿Libros, textos, enfoques y géneros que no nos sirven para transformar la realidad?

El ser humano (y, tal vez, para ser más precisos «el alma humana»), tiene múltiples y bellas manifestaciones que se expresan en el género literario, la música y las artes en general. Sin embargo pensadores, como Mikhail Shishkin, en este reportaje (1) -entre otras cosas- dice «¿De verdad crees que si alguien lee un buen libro, se convierte en una mejor persona? Los que convocaron a mi país hacia un futuro brillante impartían órdenes al mismo tiempo para la ejecución de sacerdotes o el hundimiento de barcazas con rehenes, orquestaron la gran hambruna ucraniana de la década de 1930 y mataron a mi abuelo, ¿crees que no leyeron los clásicos rusos? La gran literatura rusa es una gran perdedora. Cuando llegó el momento de tomar decisiones serias, ¿qué hicieron ellos, Antón Chéjov, León Tolstoi, Fiódor Dostoievski o Iván Turgenev para evitar la caída del país en el gulag? Sí ayudaron a varias generaciones a sobrevivir al gulag. De esto es de lo que sí es capaz la literatura rusa. Del mismo modo, la gran literatura alemana no pudo detener a los alemanes que siguieron con entusiasmo a su Führer hasta la catástrofe. Estos últimos años, con la anexión de Crimea, que se convirtió en nuestros Sudetes, con la guerra en Ucrania, siento muy fuerte en carne propia lo que los escritores alemanes debieron sentir a fines de la década de 1930: la impotencia del libro y de la literatura. Sus lectores estaban entre esas masas que aclamaban con entusiasmo al Führer. ¿Para qué y para quiénes escribieron?».

Luego el reportaje continúa con esta pregunta: «¿Para qué, para quiénes escribe usted?» y esta respuesta: «¿Para quién se escribe, dibuja, compone música si el arte no puede confiar en su espectador, lector u oyente? No importa lo que escribas siempre habrá alguien que dirá que has salvado a la literatura, cien personas dirán que es imposible leer tus tonterías y el resto de la humanidad nunca siquiera se enterará de tu libro. Lo mismo con la pregunta de quién necesita otro libro nuevo. Después de todo, cada año aparecen millones de libros nuevos en todo el mundo. Solo hay una respuesta honesta: nadie lo necesita. Y es eso mismo lo que da la fuerza a la literatura. No debilidad, sino fuerza. Un avión vuela no porque dependa del aire. Vuela porque sobre sus alas se forma un vacío y atrae al avión hacia el cielo. Del mismo modo, para despegar y emprender su vuelo, la literatura no depende del público lector. Es absorbida por el cielo. Y un lector también puede despegar». Termina con algo «esperanzador» respecto a la lectura.

Complementariamente podemos decir que los análisis de la realidad basados en hechos ciertos, y en general el aprendizaje de la historia, son muy relevantes. Ahora bien, si eso no es acompañado de un discernimiento sobre un buen horizonte compartido, la estrategia adecuada de corto y mediano plazo para transformar la realidad, los múltiples actores ha poner en juego (y en particular la relevancia de buenos liderazgos) y los distintos cursos de acción posibles (2) para transformar la realidad (entre los que está la naturaleza del poder), no habrá cambios significativos hacia un mundo mejor.

(1) Vale la pena leerlo completo tanto por el análisis que hace de su país de origen, como por fenómenos que se replican -con variaciones- en otros países también. 

(2) De manera general se ha reflexionado en esta nota. Ello también conlleva una buena articulación entre cambios culturales e institucionales, elegir las mejores políticas públicas y avanzar hacia un sistema económico no sólo sostenible en sí mismo, sino también en lo social (disminuyendo la desigualdad y la pobreza) y en lo ambiental.

Abordaje sistémico y territorio para el cambio

En esta página web hemos intentado plantear la cuestión de lo sistémico, y sus distintas dimensiones así como su complejidad. Ahora daremos dos ejemplos, sin duda perfectibles pero exitosos de cambios concretos: uno de una ciudad que pasó de una situación muy difícil (en cuanto a narcotráfico, criminalidad y pobreza) a ser catalogada como una de las más innovadoras del mundo: la ciudad de Medellín. El urbanismo social que se encaró articulado con un plan estratégico que la convierten en la actualidad en una smart city. En otro continente encontramos a Melbourne, en Australia, que viene siendo clasificada con el más alto ranking de mejor ciudad del mundo para vivir.

El otro caso es de una zona desértica en Egipto convertida en un vergel a través de un emprendimiento de Sekem (en antiguo lenguaje egipcio: «vitalidad – vitalidad del sol»), que se puede visualizar de manera sintética en este video . Ha desarrollado agricultura biodinámica en el desierto, productos alimenticios y algodón orgánico que se industrializa en el lugar, centro de salud y educación en todos los niveles y, en general, un gran desarrollo social y cultural.

En el caso de Argentina es interesante lo mencionado por María Eugenia Estenssoro en esta nota denominada «Lluvia de inversiones en Sunchales, capital nacional del cooperativismo». En las conclusiones del artículo plantea la relevancia de “los valores humanos que guían a las personas para utilizar esa valiosa materia prima para crear prosperidad y riqueza para el conjunto de la sociedad”. A ello se pueden agregar elementos que también aparecen en el artículo como ser capacidad de liderazgo y visión (como la de Alejandro Simón –CEO de Sancor Seguros– y quienes lo acompañan), de gestión tecnológica (como la del experto Oren Greshtein) y capacidad de aprendizaje de otras experiencias exitosas (como la israelí) que incidieron en este éxito.

Haberlo hecho en “la capital nacional del cooperativismo” (golpeada en los últimos años por las dificultades y falencias de la experiencia láctea cooperativa, y cuestionado como modelo viable en un sistema capitalista) le agrega un valor adicional. Como bien se expresa en la nota “fieles al espíritu pionero de los inmigrantes piamonteses y alemanes que hace 150 años fundaron esa comunidad, pero conscientes de los desafíos del siglo 21, los ejecutivos de Sancor Seguros decidieron emular el ejemplo israelí, un país que hace 30 años producía principalmente flores y naranjas y hoy es uno de los grandes exportadores de tecnología del mundo”. Por lo tanto el rol de la/s cultura/s en los procesos de cambio, el que se puedan trasladar experiencias exitosas (no mecánicamente, y con la debidas adaptaciones y cuidados) y que puede haber una economía plural dentro de un sistema, es algo muy digno de destacar en este desarrollo territorial que lo excede ampliamente en su proyección.

Hay otras experiencias de abordaje sistémico como es el caso de los pactos territoriales. Algunas de ellas en el marco de un planeamiento estratégico y de una prospectiva que busca articular la gobernanza de las experiencias sectoriales y horizontales en el territorio, así como las principales «microexperiencias», además de todos los enfoques e iniciativas concretas que se vienen mencionando en este blog. Solo hemos querido mencionar dos -pasar del desierto o de una historia muy difícil-  que nos da una esperanza concreta de que se puede avanzar hacia un mundo mejor.

PD: Para el caso del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es interesante esta nota, y más en general esta exposición de Daniel Chain en un Foro Metropolitano.

Cambios por catástrofes repentinas o a fuego lento: ¿las únicas opciones?

En este blog se han desarrollado notas generales sobre el cambio, otras que lo relacionan al comportamiento ético individual, a los requisitos, a los puntos críticos, a apuntes metodológicos, a la cuestión del abordaje sistémico y el territorio, a lo dificultoso…. entre los principales. Pero unos amigos (1) me motivaron a escribir estas notas sobre la relación entre «cambio y catástrofes» que se espera sean de alguna utilidad.

Según se ha podido relevar uno de los principales teóricos de este tema ha sido el científico René Thom, que otros han tratado de trasladar a distintas aplicaciones científicas, como el caso de las ciencias sociales. Lo que aquí se intenta abordar es cómo las catástrofes pueden ser:

  • repentinas o inesperadas, como el caso del meteorito que hizo desaparecer a los dinosaurios de la faz de la tierra, y un cambio de contexto que posibilitó el desarrollo de otras especies animales, así como -muy posteriormente- la especie humana,
  • o lentas como ilustra la imagen de la entrada con la rana o sapo que se va aletargando con el cambio gradual de temperatura, y que -finalmente- lo llevará inexorablemente a la muerte. La «parábola de la rana hervida» (o «el sapo en la olla», que mostramos en la imagen de la entrada) (2) se explica en este video presentado por Al Gore, en la película «La Verdad Incómoda 2«, relacionada con el cambio climático.

Quisiéramos finalizar esta nota, aplicando este enfoque al siglo XXI y sobre la «imperiosa necesidad» de reformular la globalización y constituir un gobierno (mejor aún una «gobernanza») mundial para abordar de manera eficaz cuestiones como la economía de plataformas, la desigualdad y el cambio climático, y no caer en una carrera armamentística, entre las principales.

Las instituciones globales que surgieron luego de la segunda guerra mundial estuvieron relacionadas con líderes, como Keynes, que tuvieron «la visión» de que las sanciones que se aplicaron -luego de la Primera Guerra Mundial- a los vencidos, iban a generar lentamente (como la olla) el «caldo de cultivo» de la Segunda Guerra Mundial. Una vez finalizada esta, Keynes tuvo un rol relevante para impulsar «una nueva institucionalidad de la globalización» que buscara evitar catástrofes como las ocurridas. Esta institucionalidad, más recientemente, tuvo como emergente al actual G20, pero que – a todas luces- es seriamente insuficiente para abordar los problemas del siglo XXI y sus perspectivas futuras.

Pero los seres humanos somos criaturas muy difíciles, tozudas, por momento muy estúpidas (sumado -muchas veces- a la negación de algo angustiante, al individualismo o al egoísmo) y sólo resaltamos la historia reciente y el muy corto plazo sin poder discernir que ello nos puede conducir a situaciones de características apocalípticas (3). No se termina de visualizar la importancia de generar sociedades, economías y estados más armónicos y sustentables (en un sentido integral) para evitar estas situaciones. Si tomamos como ejemplo el caso de la política económica de Trump, «superficialmente» se puede afirmar que «funciona» (por lo tanto ¿cual es la razón para cambiar?) creando empleo (a pesar de no cuidar el medio ambiente), alentando la xenofobia y la rivalidad con distintos países. Ello termina siendo lo que predomina en términos de «poder» de corto plazo, no importando los riesgos que ello conlleva su proyección en términos de la no sustentabilidad global, ambiental y social (en especial, por el incremento de la desigualdad).

Lamentablemente «la olla sigue calentándose a fuego lento» y la sabiduría no está operando eficazmente para apagar el fuego y salir de esta situación que nos llevará a una nueva y segura catástrofe (¿la última de la especie humana?»). Ojalá que no, y que podamos emprender un cambio para mejor.

(1) Hace un tiempo Miguel Mascialino me habló de «la teoría del cambio por grandes catástrofes» y más recientemente, con los amigos Jorge Remes Lenicov y José Bekinschtein, estuvimos intercambiando ideas sobre este tema en lo económico y en el cambio climático. Agradezco mucho estos aportes.

(2) Según esta fuente: La parábola de la rana hervida. “Dadme una palanca y moveré el mundo” Arquímedes. Peter Senge, autor de “La Quinta Disciplina”, afirma que los problemas no nos vienen como causas externas, sino que somos nosotros mismos los que creamos los problemas con nuestros actos. Son causas internas las que vemos reflejadas en el exterior, del que no estamos separados en ningún caso. Esta perspectiva se adentra en un enfoque global de las relaciones, los cambios y las crisis. Somos co-creadores de la realidad en que vivimos y podemos modificarla. Senge explica la manera en que las organizaciones fracasan por su falta de perspectiva global y da un ejemplo muy evidente: “La mala adaptación a amenazas crecientes para la supervivencia aparece con tanta frecuencia en los estudios sistémicos de los fracasos empresariales que ha dado nacimiento a la parábola de la “rana hervida”. Si ponemos una rana en una olla de agua hirviendo, inmediatamente intenta salir. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados centígrados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida y, finalmente, no está en condiciones de salir de la olla. Aunque nada se lo impide, la rana se queda allí y hierve. ¿Por qué? Porque su aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente, no para cambios lentos y graduales”.

Lo que está ocurriendo en las empresas y organizaciones de todo tipo es también moneda corriente en los individuos, familias y parejas. ¿Nos estamos convirtiendo en “ranas hervidas”? ¿Somos conscientes de la interconexión que subyace en todos los sistemas de que formamos parte? ¿Sabemos qué consecuencias generan nuestras decisiones y actos en nosotros mismos y en los demás a medio y largo plazo? Desde pequeños, para facilitarnos el aprendizaje, nos enseñaron a analizar y fragmentar las cosas como si el mundo estuviera compuesto por miles de compartimentos estancos sin relación alguna. Sin embargo, en momentos de cambio o crisis, al querer reunir los trozos dispersos para tener una visión general, somos incapaces de retroceder al estado unitario, porque hemos perdido la perspectiva global en el camino. Las fuerzas no están separadas ni desconectadas, sino que son causa y consecuencia entre sí. La realidad no es lineal, como nuestro pensamiento nos quiere hacer creer. Sabiendo la palanca que mueve el cambio, como dijo Arquímedes, sabremos alinear los objetivos hacia una misma dirección y podremos recobrar el equilibrio.

Este tipo de pensamiento nos transforma en aprendices de una nueva forma de abordar los problemas y los recursos. Se trata de un aprendizaje que abarca al individuo y a las organizaciones en un mundo sostenible e inteligente. En tiempos de crisis como el actual, estamos viviendo las consecuencias de un pensamiento asistémico y lineal, de modo que la “Quinta Disciplina” de Peter Senge recobra una mayor importancia y vigor. Podemos desaprender para aprender a mover la palanca que mueve el mundo hacia la sostenibilidad. La pregunta es: ¿en qué estado de ebullición nos encontramos cada uno?».

(3) Esto es compartido, desde perspectivas muy diferentes, por personas como Bruno Latour y Horacio Fazio, por un lado, y Osvaldo Baccino por el otro, entre muchos más. Lo «apocalíptico» está relacionado con el incremento exponencial del poder del ser humano y su utilización sin sabiduría. Vinculado al «futuro en crisis» es muy interesante esta nota  de Héctor M. Guyot, así como una esperanzadora reflexión de Kovadloff.

Mínimo esfuerzo, interés, placer y curiosidad

Un gran desafío para quienes nos dedicamos a la educación es despertar el interés, y si se puede el placer, la pasión y la curiosidad por aprender. Ahí entra el tema del «esfuerzo» que supone un aprendizaje y una tarea, y cómo abordarlo.

Una posibilidad es asociarlo al «dolor» que se podría sintetizar con la expresión «la letra con sangre entra«. Seguramente coincidiremos que no es un buen enfoque. Otra posibilidad es asociarlo a lo que manifestáramos en el párrafo anterior. La pregunta sería ¿cómo hacerlo?

Para ello tendríamos que responder a la «tentación del atajo» del camino fácil y a la ley del mínimo esfuerzo. Hay enfoques que provienen de la física (el de la «mínima acción«) y relacionados con la «energía mínima«, que nos plantean la posible relación con las leyes de la naturaleza. Pero, tal vez, más interesante es el enfoque desde las neurociencias, que se describe en este artículo, acerca del rol que tiene la serotonina (vinculada con el placer, con la recompensa y con el sentido) (1) y la dopamina «encargada de darnos el empujoncito que necesitamos para entrar en acción», asociada a la voluntad y a la disciplina para el logro que es necesario y vale la pena alcanzar.

¿Qué estrategias educativas serían útiles y funcionales en esta dirección? A continuación plantearemos algunas:

  1. Ayudar a encontrar el sentido vocacional de cada persona, y vincularla con el proceso de enseñanza-aprendizaje. Si mi proyecto personal puede ser tal o cual (posiblemente haya varios hasta que se perfile uno -en el marco de un ramillete-, en un contexto de un mundo cambiante e incierto) el desafío docente es vincular cada materia, temática o práctica con esa finalidad vital y proyecto/s personal/es. Ello requiere de un esfuerzo pedagógico y de calidad educativa no fácil de llevar a cabo (en particular con adolescentes), pero imprescindible para que sea «vital» y no un catálogo de cuestiones «aburridas» porque no les encuentro sentido en mi vida actual y futura. Para eso lo primero que los docentes debemos hacer es «preguntar, escuchar y dialogar» con nuestros principales interlocutores.
  2. Una imagen vale más que mil palabras. Según el link que acabamos de colocar en la expresión anterior, lo visual adquiere una gran relevancia con «el homo videns» (expresión de Giovanni Sartori cuando se difundió la televisión) actualizado con las nuevas tecnologías de la comunicación y el entretenimiento.
  3. Respecto del «entretenimiento» hay un gran desafío pedagógico para que lo que enseñemos sea atractivo y despierte curiosidad. Entre las estrategias de enseñanza está la utilización del juego.
  4. Darle un sentido positivo y transformador a las tics. Muchas familias, instituciones educativas y docentes han incorporado de manera inteligente, útil y necesaria (como en esta época de la pandemia del coronavirus) a las nuevas tecnologías de la información aplicadas al conocimiento. Esto es muy importante para evitar lo señalado por Nicholas Carr acerca del peligro de estimular la «superficialidad» en el aprendizaje. Un antídoto importante es su articulación con la estimulación de la lectura de textos escritos, su reflexión y debate.
  5. Entrenar la disciplina, el autocontrol y la voluntad. Desde pequeños parece importante implementar el test de la golosina (o el caramelo) (2) que luego dará buenos frutos en la vida de personas jóvenes y adultas. Posteriormente si se lo combina con la meditación (como el mindfullness), la oración (para las personas creyentes) y la práctica del deporte grupal y la música, son medios muy valiosos para su logro.

entre otros.

Todo ello nos puede llevar a un mundo mejor.

(1) Hay corrientes de pensamiento y espirituales (como la de Deepak Chopra) que expresan que el sentido está relacionado con orientar la energía en esa dirección y entonces hay un » fluir», con acciones inteligentes y eficientes: «lo fácil es bueno, menos es mucho más y bien es suficiente». En esta línea van canciones como «Let it be» («Déjalo ser») de Los Beatles (contada por Paul MacCartney en este video).

(2) La consigna que se le brinda al niño/a es que puede comer la golosina una vez que el adulto deje el recinto, pero si espera a que éste vuelva sin habérsela comido, recibirá luego otra más. Por lo tanto, postergar la gratificación para él significa recibir un premio mayor luego. Este sencillo experimento llevado adelante por Walter Mischel en la Universidad de Stanford en la década del 70 con niños y niñas de entre 3 y 5 años de una guardería se volvió un ícono en el mundo científico al explorar la capacidad de espera y autocontrol de los mismos y sus efectos en su vida posteriormente.

La importancia de evitar que nuestras frágiles democracias vayan muriendo

Hace unos días publicamos una nota donde hacíamos referencia a una reflexión de José Nun respecto a que en Argentina nunca hubo una democracia «plena» (o sin «malezas»). En este artículo nos referimos a un célebre libro de Cómo mueren las democracias, de Daniel Ziblatt y Steven Levitsky, donde analizan los procesos que hacen extinguir las democracias (ver imagen de la entrada).

Allí juegan -entre otros elementos- el malestar o descontento social, una situación económica desfavorable, crítica o seriamente insatisfactoria, la falta de diálogo y acuerdo entre los principales partidos políticos, el no respeto por las reglas…. que hacen que se deteriore o perezca el ethos democrático y termine predominando el autoritarismo. Para evitarlo hay que trabajar sobre las causas económico-sociales que deterioran al sistema democrático, preservar y mejorar una justicia republicana con jueces probos, promover una activa participación ciudadana y a mejores dirigentes (en todos los campos, y en particular en la política), alertar sobre los falsos «mesías» y luchar por una cultura del diálogo. Sólo así evitaremos ir hacia un mundo peor.

La democracia: un ideal difícil y necesario de construir cotidianamente

Sabemos que la democracia nació en Grecia, y desde sus orígenes fue imperfecta (no participaban de ella las mujeres, los esclavos, los extranjeros…) y duró poco tiempo. En el libro de José Nun, Democracia. Gobierno del pueblo o gobierno de los políticos, lo analiza en detalle.

Este autor, en una nota (1) publicada en el diario La Nación del 16 de agosto de 2020, se refiere específicamente al caso argentino y a las dificultades que hemos tenido y tenemos para construirla. No es ajeno a ella la vinculada a construir, como sociedad, una base donde confluyan las libertades republicanas con la justicia social, que hemos comentado en notas como esta y esta.

Ojalá que lo podamos ir haciendo, dado que ello nos llevará a un mundo mejor.

(1) Para quienes no puedan acceder, entren el buscador de google y coloquen «en el país de las malezas autocráticas» y, tal vez, puedan leerlo.

¿Cómo queremos ser reconocidos y recordados?

Hace unos años un especialista en programación neurolinguistica me contó que había sido contratado por el responsable de una repartición de un estado subnacional, a fin de tratar de lograr un cambio actitudinal y de comportamiento de las personas que allí trabajaban. La queja era que esos funcionarios se habían burocratizado en exceso, se comportaban casi como autómatas y por más que se les propusiera cambios no los aceptaban. El especialista aceptó el desafío y en la primera reunión con ellos les repartió una hoja en blanco. A continuación les dijo «les pido que escriban una frase respecto de lo que desearían se colocara en su lápida funeraria acerca de cómo quisieran ser recordados». El shock emocional por colocarlos en una situación terminal o límite fue importante y luego se pudo hablar del sentido de su trabajo (en el marco del sentido de su vida), e iniciar un proceso de cambio.

En este artículo se plantea que «el concepto del reconocimiento es considerado en amplios y variados círculos de la filosofía contemporánea como una de las aportaciones principales y de mayor actualidad de Hegel a la reflexión sobre la identidad personal, la intersubjetividad y la estructura normativa de la sociedad. En efecto, este concepto ha trascendido en las últimas década el marco de la discusión histórico-filosófica entre especialistas en Hegel, y se ha convertido en un motivo recurrente de la antropología filosófica, la ética, la filosofía social y la filosofía política. Aunque se pueden encontrar antecedentes de algunos aspectos relacionados con el reconocimiento en Hobbes, Rousseau, Kant y sobre todo en Fichte, es en los primeros intentos de sistematización de la vida ética realizados por Hegel en Jena a partir de 1802/3 y sus posteriores desarrollos en la Fenomenología del espíritu y en el sistema maduro, especialmente en la Filosofía del derecho y en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, donde hay que situar la partida de nacimiento oficial…. Habermas muestra cómo el joven Hegel desarrolla la relación ética a partir de la relación entre los amantes, que en tanto que tales ya no están separados sino que constituyen una unidad viviente. Según su interpretación, el amor es planteado por Hegel como reconciliación de opuestos que en el fondo no constituyen otra cosa que formas desfiguradas de comunicación en lucha por el reconocimiento. Esta lucha aparece en el fragmento de Frankfurt sobre El espíritu del cristianismo en el contexto de un delito contra la unidad de la vida comunitaria que es expiado por intervención del destino. En cambio en los fragmentos de Jena el acento está puesto en la lucha de individuos que arriesgan su vida en defensa de las posesiones de las que hacen depender su propio valor como personas». Está relacionado con el enfoque de la relación de «dominio y servidumbre entre las personas» (que se lo asimila a la dialéctica del amo y del esclavo) que desarrollará en la Fenomenología del espíritu.

Del muy interesante y extenso artículo de Luis Mariano de la Maza Samhaber (citado al principio del párrafo anterior y que invitamos a leer) quisiéramos extractar algunos párrafos como los siguientes (el agregado de negrita es nuestro, así como los links):

  • En su libro titulado La justicia y la política de la diferencia, Iris Marion Young examina críticamente lo que denomina, siguiendo a Foucault, «el sueño rousseauniano», que consiste, según su interpretación, en un ideal de comunidad ajustado a la lógica de la identidad, y se expresa en un ansia de unidad, armonía, consenso y entendimiento mutuo entre las personas. Este ideal puede entender la comunidad como subjetividad compartida, es decir como una conciencia común, al modo de los comunitaristas, o bien como reciprocidad en el reconocimiento por parte de cada individuo de la individualidad de todos los demás, en una perspectiva más liberal. Como quiera que sea, en ambos casos se trataría, según la autora, de un ideal que «niega, desvaloriza o reprime la diferencia ontológica entre los sujetos, e intenta disolver la inagotabilidad social en la comodidad de un todo cerrado en sí mismo.
  • Axel Honneth pretende introducir un aporte innovador en la teoría crítica de la sociedad de la Escuela de Frankfurt, desplazando la teoría del conflicto centrada en la alienación del trabajo y en la lucha de clases, por el modelo de las luchas por el reconocimiento. Su fuente principal es la exposición de la lucha por el reconocimiento que se encuentra en el Sistema de la Eticidad de 1802/3, en el que Hegel entiende el reconocimiento como un proceso intersubjetivo de constitución progresiva de la identidad en el marco de sucesivas y cada vez más complejas formas de socialización: la familia, el derecho, la comunidad ética. Las relaciones de reconocimiento se perfilan como una condición necesaria e imprescindible para asegurar la formación de la identidad personal y una relación positiva con esta misma identidad en el marco de las relaciones sociales….Considera que en el Sistema de la Eticidad se produce «un cambio de concepción epocal», en el que la lucha es tomada como un «medio moral» que conduce desde un estadio subdesarrollado de la eticidad, hasta un nivel más maduro de relaciones éticas. En efecto, la argumentación hegeliana constituye el reverso de la posición defendida por Hobbes en el Leviatán. En lugar de comenzar con la lucha de todos contra todos, Hegel comienza su exposición filosófica con ciertas formas elementales del reconocimiento interpersonal, que él presenta en conjunto bajo el título de la eticidad natural. Recién la violación de aquellas relaciones originarias de reconocimiento a través de diferentes tipos de lucha, que son presentadas en conjunto como un estadio intermedio, bajo el título del delito, llevan desde aquí a un nuevo estadio de integración social. Según el juicio de Honneth, que será compartido y reforzado por Ricoeur, es difícil pensar que un orden político pueda fundarse en una exigencia moral que surge del miedo y del cálculo racional, como en Hobbes. En cambio el reconocimiento contiene tres elementos que sí hacen posible, a su juicio  fundar el orden político. En primer lugar garantiza el vínculo entre auto-reflexión y orientación hacia el otro, relación a sí e intersubjetividad, libertad y comunidad. En segundo lugar, se mueve desde un polo negativo, que consiste en el desprecio y la injusticia, hacia uno positivo, la consideración y el respeto. Finalmente, el reconocimiento se diversifica en formas institucionalizadas que culminan en el Estado como máxima encarnación de la «vida ética» (1), en contraste al artificio que es el estado del Leviatán. Honneth sostiene que para la sociedad moderna son constitutivos tres principios de reconocimiento, que están en Hegel y pueden ser corroborados con teorías de base empírica sobre las interacciones entre individuos, como las desarrolladas por el psicólogo social Georg Herbert Mead sobre la génesis social de la «identificación del yo». Estos principios son el amor, la igualdad jurídica y la solidaridad, que fundan a su vez tres esferas de reconocimiento o espacios de interacción ligados a instituciones históricamente cambiantes. El principio del amor se encarna en el matrimonio y en la infancia; la igualdad jurídica se encarna en el moderno estado de derecho, y la solidaridad se encarna en la valoración o estima social. Los conflictos sociales giran, según Honneth, en torno a la adecuada interpretación de los principios de reconocimiento que constituyen la base compartida de legitimidad para los actores sociales. A este modelo tripartito hace corresponder tres figuras de negación del reconocimiento o de desprecio: el abuso, la privación de derechos y la deshonra. El modelo basado en el amor corresponde a una forma prejurídica de reconocimiento, que involucra una amplia gama de relaciones afectivas, tales como las relaciones eróticas, amistosas y familiares, en que los sujetos se reconocen como mutuamente necesitadas. En el psicoanálisis encuentra Honneth ejemplos empíricos que corroboran que la capacidad de independencia o capacidad de estar solo se aprende en la prueba de la ausencia de la madre. Esta capacidad aumenta según la confianza en el vínculo invisible que se crea en la relación intermitente entre los dos polos de la fusión emocional  y de la soledad. La confianza en la permanencia hace de la separación una prueba benéfica. El vínculo se mantiene gracias a mediadores tales como los «objetos transicionales» de la teoría de Winicott, que Honneth cita expresamente. Su forma de desprecio es el rechazo o el abuso que afecta la integridad física de la persona, dañando la forma más elemental de confianza en sí misma. Más adelante Ricoeur plantea que «en una situación en la que todos son iguales en su capacidad de causarse daño, en que los bienes son insuficientes para satisfacer las necesidades de todos los hombres, y en que cualquiera tiene derecho natural sobre todas las cosas, surgen los recelos y desconfianzas que se agravan por la existencia de las pasiones que predisponen a los hombres más para la insociabilidad que para la sociabilidad. En el Leviathan, Hobbes señala que las tres causas principales para la lucha son la competencia, que hace luchar a los hombres por el beneficio; la desconfianza, que les hace luchar por la seguridad; la gloria, que les hace luchar por la reputaciónRicoeur sostiene que la alternativa a la idea de lucha en el proceso de reconocimiento hay que buscarla en experiencias pacificadas de reconocimiento mutuo, que descansan en mediaciones simbólicas sustraídas tanto al orden jurídico como al de los intercambios comerciales. Esta tesis enfrenta dos modelos en tensión: por un lado el modelo de estado de paz basado en el ágape bíblico, cuyo sustento es la practica generosa del don sin esperar nada a cambio; y por otro lado el modelo de la reciprocidad de los intercambios justos que tiende a borrar su carácter interpersonal. Los intercambios justos son aquellos en los que hay equivalencia, pero para que haya equivalencia se exige comparación y cálculo, lo que da origen a nuevos conflictos en torno a los criterios del cálculo y la justeza de su aplicación. El ágape, en cambio no apela a la comparación y el cálculo, sino a la inconmensurabilidad de los seres humanos. Permite el perdón y el olvido de los agravios, pero no es inactivo ni indiferente al sufrimiento humano, y plantea sus propias exigencias mediante el mandamiento del amor. El hombre del ágape parece completamente ajeno al mundo del cálculo y la equivalencia, pues desconoce la obligación de dar algo equivalente a cambio de lo recibido. No obstante, Ricoeur sostiene que es posible tender un puente entre ágape y justicia en la medida que ambas tienen algo en común con el don, que tiene la peculiaridad de que, a pesar de ser otorgado como regalo gratuito, conlleva la obligación de devolver. Para ahondar en el sentido del reconocimiento en relación al don, Ricoeur propone distinguir entre dos formas de reciprocidad: la reciprocidad del mercado en el que reinan las relaciones impersonales, y la reciprocidad con mutualidad, que es propiamente la reciprocidad del don. Lo que distingue a esta última de la reciprocidad del mercado es que no pone el énfasis en la necesidad de un retorno equivalente a lo recibido, sino en la generosidad del primer donante, que demanda un gesto correspondiente, redoblando el gesto de dar. Es decir, lo que está en juego es una relación personal. En este sentido, el reconocimiento apunta a la mutualidad entre actores, en contraste con la reciprocidad situada por encima de los agentes del intercambio. Este contraste es un presupuesto central en la idea del reconocimiento mutuo simbólico, que Ricoeur toma de Marcel Henaff. La cosa dada y recibida sustituye simbólicamente el proceso de reconocimiento mutuo. Lo determinante de la relación es la forma como el don es recibido, pues de ello depende la exigencia de devolver. La gratitud al recibir pone el don devuelto en el mismo lugar del primer don, y en ella descansa la diferencia entre una mala y buena reciprocidad. Al respecto Ricoeur llama la atención sobre el hecho de que gratitud en francés se dice también reconocimiento. El carácter simbólico del reconocimiento se expresa en el carácter ceremonial del don, que permite distinguirlo de cualquier forma de transacción mercantil, pero también se expresa en su carácter festivo, que evita su reducción moralizante. Ejemplo de ello son los ritos que acompañan los regalos entre amantes o amigos. Sin embargo, Ricoeur es lo suficientemente realista para saber que, si bien  la experiencia del don pone en marcha un proceso que conduce hacia estados de paz, está muy lejos de terminar con los conflictos y luchas por el reconocimiento. Quizás la lucha por el reconocimiento sigue siendo interminable. Al menos, las experiencias de reconocimiento efectivo en el intercambio de dones, principalmente en su fase festiva, confieren a la lucha por el reconocimiento la seguridad de que no era ilusoria ni inútil la motivación que la distingue del apetito del poder y la pone al abrigo de la fascinación por la violencia.

Entre otros temas relevantes, donde se plantea también el reconocimiento de las minorías, de las cuestiones de género, etc.

El tema del reconocimiento tiene muchas otras perspectivas como la cuestión del narcisismo (primario y secundario, y otras variedades), la búsqueda del afecto o ser amados (2),  el reconocimiento en las redes, el reconocimiento facial (vinculado a temas de vigilancia y seguridad)…. así como el reconocimiento -en base a lo que se entiende usualmente por «gloria» (reputación de grandeza)- de distintas culturas expresadas en el tamaño y ornamentación de sus monumentos, templos y construcciones (cuanto más grandes, altas y espectaculares se presume que tienen mayo reconocimiento frente a «terceros»), invenciones científicas y tecnológicas…. Por razones de espacio no las analizaremos, pero -tal vez- coincidamos que no habla necesariamente de que seamos mejores como personas ni cómo sociedades (por ejemplo las invenciones vinculadas a lo armamentístico). Para ello habría -más bien- que concordar con la imagen de la entrada de Paulo Coelho.

(1) Podríamos agregar que como «deber ser o ideal», sabiendo que -en la realidad- lamentablemente muchas veces dista de ser lo que expresa Honneth.

(2)  Al respecto en la obra «El mago de Oz» hay una frase que lo explica bien, y dice lo siguiente: «Un corazón no se juzgado por lo mucho que ama, sino por lo mucho que es amado por otros».