Un feliz día para quienes ejercen la docencia

Un deseo de feliz día para quienes ejercen la hermosa tarea de enseñar.

El desafío de encontrar un camino virtuoso para las cuatro argentinas

En un interesante artículo de Jorge Katz (1), publicado en junio de 2018, sobre «las cuatro argentinas que conviven…pero no conversan«, las caracteriza de la siguiente manera:

  • la Argentina moderna, vinculada a la economía del conocimiento y las industrias más dinámicas,
  • la Argentina atrasada. Al respecto afirma que «pese a que sin duda existen excepciones, éste es el panorama que enfrentamos en la industria del calzado, la producción textil y otras donde el mix de productos fabricados, las tecnologías de proceso y el equipamiento de las plantas fabriles ha ido envejeciendo y perdiendo competitividad en relación al mundo»,
  • la Argentina de los recursos naturales, como la minería y las energías no convencionales,
  • la Argentina excluida, vinculada a la pobreza (en el artículo hace especial mención al conturbano bonaerense»(2).

En la parte final del artículo  («repensando el futuro»), sostiene que hay que partir de una «una buena macro», «si lo que se busca es evitar la volatilidad de los grandes precios de la economía pero al mismo tiempo avanzar hacia un mix de actividades de mayor contenido tecnológico, cerrar la brecha relativa de productividad con el mundo desarrollado y, simultáneamente, mejorar la equidad y la inclusión social? Pensamos que una buena macro en este caso debería ser aquélla que partiendo de la necesidad de mantener el balance estructural de largo plazo de las cuentas agregadas se preocupe también por generar recursos fiscales suficientes como para apoyar el desarrollo de nuevas capacidades productivas y mercados, la generación de tecnología y la formación de recursos humanos calificados, y la provisión de bienes públicos necesarios para mejorar la equidad e inclusión social».

Luego, más adelante dice, «vistas las cosas desde esta perspectiva lleva a pensar que el manejo macroeconómico del país debiera transitar desde un planteo que no solo piense en el equilibrio financiero de corto plazo como objetivo dominante de la política económica, sino que también otorgue prioridad a temas de la economía real como son los de diversificar y modernizar la matriz productiva, inducir la apertura del mix de exportaciones hacia actividades de mayor valor agregado doméstico, –particularmente en el mundo PYME– plantear la recalificación de la mano de obra en la necesaria transición al mundo digital que está gradualmente avanzando a escala planetaria y dar señales aceptables en materia de equidad y disminución de la indigencia. En otros términos, pensar la economía desde lo productivo y lo social, y no solo desde lo financiero, implica abandonar los moldes tradicionales que ha adoptado el pensamiento mayoritario de la profesión en décadas recientes. Contrarrestar la volatilidad de la macro y sostener un tipo de cambio real competitivo debe verse como parte inseparable de avanzar hacia el incremento de exportaciones de mayor valor agregado doméstico, gastar más en Ciencia y Tecnología, replantear el tema de la formación de recursos humanos calificados y entregar más bienes públicos en la economía»… «Son muchos los países del mundo que habiendo comprendido esta cuestión han desarrollado modelos de capitalismo concertado que les han permitido llevar adelante estrategias macro/micro capaces de asegurar un adecuado manejo de los fundamentos macro combinados con intervenciones sectoriales y con la construcción de nuevas instituciones y mercados que busquen fortalecer su inserción competitiva en los mercados mundiales y mejoren la equidad» (3).

Al momento de escribir esta nota no ha ocurrido aún la primera vuelta de las elecciones presidenciales, pero luego de las PASO el Frente de Todos ha tomado una ventaja difícil de revertir para Juntos por el Cambio (así como para otras fuerzas). Según Jorge Giacobbe, en este programa de Terapia de Noticias, se ha comenzado a asociar la figura de Alberto Fernández con «la esperanza» (en particular, en la perspectiva de un cambio socioeconómico positivo para el conjunto de  la población). En caso de ganar las elecciones se espera que tenga éxito en poder articular virtuosamente la cuatro argentinas, como las que señala Jorge Katz, y ello se haga con acuerdos de los principales actores económico-sociales y políticos, en el marco de una democracia republicana.

(1) Se agradece la referencia a Alejandro Katz. El artículo de Jorge Katz tiene similitudes con esta reflexión.

(2) Lo hemos abordado en esta nota.

(3) Una institucionalidad como la que plantea J.Katz supone un estado de calidad, con una dimensión y productividad adecuada a brindar servicios eficaces, eficientes y transparentes a la ciudadanía de las cuatro argentinas integradas, con especial énfasis en la resolución de la Argentina excluida. Por razones de espacio no se ha abordado la Argentina del cuidado (vinculado -en gran parte- con el rol femenino) ni la Argentina de los adultos mayores, entre otros temas relevantes (como el rol de los jóvenes).

La necesidad de lograr puntos de encuentro

Sabemos que el conflicto es parte de la vida, tanto al interior nuestro (intrapsíquico), con otros o con la naturaleza. También sabemos que lo ideal es poderlo superar, o irlo resolviendo positivamente, dado que su agudización sólo produce dolor y -a veces- la muerte propia, de otros (cuando los consideramos enemigos) o generando daños hacia el medio ambiente.

En esta reflexión sólo quisiéramos enfocar el conflicto que se manifiesta luego de las elecciones PASO en Argentina, que ha ido deteriorando -aún más- a la economía argentina, y en especial a los sectores más vulnerables. Un llamado a su superación y a lograr puntos de encuentro ha sido realizado por entidades como el Club Político Argentino o en notas como las de Alejandro Katz en La Nación. En esta última se reflexiona sobre la polarización y se señala que «no es exclusiva de la Argentina: de Brasil a México, de los Estados Unidos a Gran Bretaña, de Italia a Colombia, la escena política de las democracias occidentales está cada vez más tensionada entre opciones polares que obligan a los individuos, cuando deben tomar posición, a hacerlo por su identificación con una fuerza política particular y no con base en su propia reflexión autónoma ante cada problema. Al igual que en otros países, la polarización ha comenzado también a corroer la democracia argentina, al menos por cuatro razones:

La primera es, justamente, la negación de la legitimidad del oponente, uno de los rasgos característicos que, en un libro reciente, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt incluyen en una breve serie de «signos de alerta» que deben ser tenidos en consideración, porque cuando aparecen indican un deterioro de la democracia. La segunda razón es que la polarización hace que cada fuerza política hable principal si no exclusivamente a su propio público y proponga, en consecuencia, una agenda sesgada sobre los intereses, valores y propósitos que satisfacen solamente a sus votantes. De este modo, ambos contendientes pierden de vista el interés general.

 Tercera razón: el efecto combinado de una agenda sesgada sobre el interés de los votantes propios y la deslegitimación del adversario, en el marco de una campaña confrontativa, tiene como efecto desatender la verdad expresada en el voto de quienes acompañan a la oposición. Cada voto es portador de un mensaje: hay en él ideas acerca de cómo debe ser el país, de las esperanzas y temores de quien lo emite. De una campaña polarizada, el ganador sale convencido de que lo que triunfó no es una breve y ocasional mayoría (o una primera minoría), sino que piensa que triunfó su razón.

 Hay, por fin, una cuarta razón por la cual la polarización degrada la democracia: convierte a los ciudadanos en militantes, en personas que ceden su autonomía al partido o al líder: hablan con eslóganes y obedecen instrucciones. Un ciudadano hace de su autonomía su virtud: utiliza argumentos y no reconoce más autoridad que la ley ni acepta otra persuasión que la de las razones públicas. Una democracia es sólida si la sociedad civil lo es, es decir, si está integrada por personas independientes, críticas, que ponen al poder bajo un estado permanente de sospecha y se obligan a escrutar sus actos, cuestionar sus malas decisiones, intervenir en la vida pública de un modo activo e intenso cada día. El militante es una herencia de la vida religiosa y de la vida militar. El ciudadano es resultado de la invención de la política como esfera autónoma. Convertir a los ciudadanos en militantes significa quitar a la democracia a la vez su sentido y su fortaleza.»

Finaliza diciendo sobre el caso argentino: «Vamos a volver», gritan unos. «No vuelven más», responden los otros, alentados por sus respectivos líderes. Pero nadie se fue y nadie debe volver: todos estamos aquí, en esta casa común que nos empeñamos en seguir destruyendo, y que solo puede comenzar a reconstruirse si se cambian las reglas de un juego destructivo por otro de cooperación. Es en las crisis cuando es posible conocer la altura de los dirigentes. Los nuestros no parecen entender la gravedad del momento. Es posible que ninguno se desvíe del rumbo de colisión (1). La forma que tienen ellos de ganar es la que nos hace, a todos, perder nuevamente».

Ojalá que se logren puntos de encuentro, dado que ello nos puede evitar ir hacia un mundo peor.

(1) En la nota de Katz se hace mención al juego de la gallina y sus peligros. Desde un punto de vista positivo según este link «en la teoría de juegos, un punto focal o punto de Schelling es un equilibrio de Nash que destaca sobre los demás por razones de simetría, de optimalidad o por alguna otra característica que lo convierta en una solución del juego natural, intuitiva o relevante para los jugadores, a los cuales les hace converger en un mismo equilibrio.​ El término de punto focal fue introducido en el libro The Strategy of Conflict (1960), escrito por el economista estadounidense Thomas Schelling, ganador del premio Nobel de Economía en 2005. En un punto focal hay uno o múltiples equilibrios y nula o escasa comunicación entre los individuos, los cuales actúan con racionalidad para maximizar su objetivo». Agradezco esta última referencia a Ignacio Warnes, y también está relacionada a un intercambio de correos sobre una reflexión de Eduardo Levy Yeyati. 

 

Un liderazgo sabio y generoso

El General José de San Martín es, sin duda, un arquetipo de persona y de liderazgo, tanto es así que se lo ha denominado como «Padre de la Patria» para los argentinos (aunque se debate sobre esa denominación) (1).

Hay numerosas frases que ha dicho y son dignas de mención, como la que se muestra en la imagen de la entrada. En una reciente nota en La Nación, escrita por Andrés Hatum y Luciana Sabina, se concluye que «el liderazgo de San Martín puede servir como ejemplo actual para aquellos políticos que tienen en sus manos el destino y el futuro del país. San Martín nos deja el ejemplo de un liderazgo generoso, no mezquino; con visión de futuro y no solamente de corto plazo, y, fundamentalmente, pensando en la grandeza de la nación, no en el propio beneficio».

En el texto se abunda en datos históricos que demuestran lo que se acaba de mencionar. De ello quisiéramos destacar un enfoque sobre la temática de la emancipación y la libertad: «en un comunicado, explicó que buscaba proclamar la independencia y concederle a ese pueblo una libertad «con prudencia, pues si bien todo pueblo civilizado está en aptitud de ser libre, el grado de libertad de que goce debe ser exactamente proporcional a su civilización, porque si aquella excede a esta no hay poder que evite la anarquía, y si es inferior es consiguiente la opresión.»

Ojalá podamos identificarnos con su ejemplaridad, sabiduría y generosidad. Esto nos llevaría a un mundo mejor.

(1) Existe una vasta bibliografía sobre San Martín, desde la escrita por Bartolomé Mitre en 1887 hasta los más recientes textos que se pueden visualizar en el Instituto Nacional Sanmartiniano. Aquí no se profundiza sobre esta cuestión, sino que sólo se hace mención a una fuente que rescata algunos rasgos salientes de San Martín.

¿Se puede hacer algo para evitar la tala y quema de bosques?

Al momento de escribir esta nota se ha puesto de manifiesto, con suma gravedad, un hecho que se viene repitiendo desde hace algunos años como es la quema de vastas zonas de la Amazonia (como muestra la imagen de la entrada). Aunque se habla menos, este fenómeno también se produce en el centro-norte argentino. La causa principal de ello (aunque no única) (1) es la acción intencional de la tala y quema de superficies que puedan transformarse a futuro en suelos agrícolas con cultivos muy rentables, como el caso de la soja.

Más allá de poner en evidencia y repudiar este hecho, es importante tratar de encontrar alternativas de puesta en valor sustentable de dichas áreas. En el Programa Terapia de Noticias del 4/1/19 (ver este video) se habla de «la economía de los parques nacionales» y todo lo que se puede hacer en cuanto a posibilidades de desarrollo socioeconómico local. Esta nota del diario La Nación se enfatiza lo señalado en el video que acabamos de mencionar, y lo encuadra dentro de una economía regenerativa o reconstructiva, en el marco de «las nuevas economías».

Para abundar en más detalles se pueden mencionar esta nota sobre la actividad ganadera en parques nacionales, en este artículo publicado en España se hacen una serie de recomendaciones para ese país, las opciones de agroforestería (ver también esta nota de FAO), lo de este Centro de Investigación, etc.

Por supuesto estas actividades no tienen la rentabilidad mercantil que tiene la soja para el empresario que las implemente, así como para sus contratistas, pero se considera que habría que plantearlo como una alternativa muy plausible de desarrollo sustentable, con fuerte impacto en lo local, en especial en población de bajos recursos y de pueblos originarios. Aspectos «no menores» a tener en cuenta cuando hablamos de alternativas para la pobreza y migración a las grandes ciudades. Darle viabilidad a estas iniciativas nos conducen a un mundo mejor y no peor.

(1) El calentamiento global y la sequía que afecta a distintas partes del planeta, sin duda tienen también gran incidencia. En esta línea también va esta nota.

 

Una posible explicación a los resultados de las PASO de Argentina

La imagen de la entrada toma una expresión de Bill Clinton que explicaba los cambios sociopolíticos de ese país, en base a la mala performance de esa economía, que lo terminó llevando a la presidencia.

Esta es la tesis de Silvio Santamarina en esta nota de la revista «Noticias» de Argentina, respecto de los muy malos resultados que obtuvo el gobierno frente a la propuesta del Frente de Todos. Aparentemente, y de no ocurrir algo excepcional que revierta esta situación, llevará a la victoria electoral a esta última fuerza en las elecciones de octubre.

De allí dependerá de los cursos de acción que adopte el equipo económico del nuevo gobierno (1), la posible re-negociación del Acuerdo con el FMI, la actitud que adopte Donald Trump (que ha sido decisiva hasta el momento) frente al nuevo panorama, entre otros factores, para saber si iremos a un mundo mejor o uno peor en la Argentina (2).

(1) Habrá que ver si se cumple o no este pronóstico de Guillermo Calvo.

(2) Entre las interpretaciones políticas sobre lo sucedido se encuentra esta de Andrés Malamud. Luego de las elecciones del 27 de octubre es interesante este enfoque de Alejandro Katz.

Igualdad, Equidad y la Injusticia Reparable

Esta imagen, tomada de Google y del Facebook del Nesi Forum, nos da una idea visual de la principal diferencia entre lo que conlleva la igualdad y la equidad. En general este último término significa que cada uno recibe lo que le corresponde, lo que necesita (1) o lo que merece. La igualdad, en cambio, implica recibir el mismo trato sin considerar las diferencias. Igualdad es tener los mismos derechos ante la ley; el derecho humano a la igualdad siempre va aparejado a la no discriminación. La equidad introduce un principio de justicia a la igualdad, generalmente asociado a una acción afirmativa o positiva que lo efectivice.

De acuerdo con la Wikipedia (2), «la teoría de la Justicia como equidad, según Rawls, consiste en dos principios:

  • Primero: Cada persona debe tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales compatible con un esquema similar de libertades para otros.
  • Segundo: Las desigualdades sociales y económicas deben de resolverse de modo tal que:

a) los cargos y puestos deben de estar abiertos para todas las personas bajo condiciones de igualdad de oportunidades (justa igualdad de oportunidades)

b) resulten en el mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad (el principio de la diferencia).

El primero de los dos principios es conocido como principio de la libertad, mientras que el segundo, reflejando la idea que la inequidad es sólo justificada si permite la ventaja de los más desposeídos, es llamado principio de la justicia social. Rawls hace notar que el primer principio tiene preferencia sobre el segundo, así como dentro del segundo principio, la parte a) tiene preferencia sobre la parte b).

Rawls explica que los dos principios deberían ser escogidos por las partes representantes en la posición original — un experimento mental en el que las partes escogerán los principios de justicia de la estructura básica de la sociedad detrás de un velo de la ignorancia — despojando a los representantes de la información sobre las características particulares (como la salud y las habilidades naturales) de las partes a quienes ellos representan».

En otra parte, refiriéndose al concepto de «justicia», expresa que «desde finales del siglo XX en la filosofía política se ha producido un cambio de ideologías paradigma, se ha reemplazando la categoría de justicia y la teoría de la justicia por el reconocimiento o teoría del reconocimiento, desarrollada específicamente por Axel Honneth y que había sido tratado por Hegel en su libro «Fenomenología del espíritu«. La denominada teoría del reconocimiento es una teoría intersubjetiva (habermasiana) donde el otro tiene una función esencial para el sujeto que remite a los principios de igualdad y moralidad«.

Más en general en cuanto a la definición de justicia, desde la antigüedad tiene distintas acepciones, y en la Biblia -según este buscador– el término aparece 443 veces. En lo que se refiere al cristianismo tiende a ir «más allá de la justicia» (ver, por ejemplo, la parábola del hijo pródigo o la de los obreros de la viña).

En cuanto a últimos aportes relacionados con lo económico, quisiéramos destacar dos. El primero es el del la economía del comportamiento y su vinculación con la justicia y la reciprocidad. Allí entre las experimentaciones realizadas está el «juego del ultimátum«, donde las personas no se comportan como el «homo economicus» (o maximizadores de beneficios individuales). Según este link «esto probablemente ocurre debido a tres razones:

  1. De acuerdo con Herbert Gintis (2006), el asignador tiene miedo al rechazo (de su oferta), lo cual lo hace más auto-protector y menos buscador de beneficios.
  2. Las personas prefieren justicia y se resisten a la desigualdad. Están dispuestas a renunciar a un beneficio para impedir que otra persona reciba una recompensa mayor. Como dice Ernst Fehr y Klaus M. Schmidt (1999), este fenómeno se llama «Aversión de Injusticia» (3)
  3. Según Herbert Gintis (2009), los seres humanos son cooperativos por naturaleza y tienden a ser cooperativos altruistas en este juego, siempre y cuando el otro jugador actúe de manera altruista.

Estos hallazgos están directamente relacionados con otro término de la Economía Conductual: Reciprocidad. Según Ernst Fehr y Simon Gächter (2000): Reciprocidad significa que, en respuesta a acciones amables, las personas suelen ser más simpáticas y mucho más cooperativas de lo predicho por el modelo de interés propio; en cambio, en respuesta a acciones hostiles, normalmente son mucho más desagradables e incluso brutales». (4)

El segundo aporte reciente vinculando «la idea de justicia» con lo económico, es la derivada del muy interesante libro de Amartya Sen (5). Para su análisis nos basaremos en una breve síntesis realizada por Gerardo Esquivel (en este link) donde incorpora la idea de «injusticia reparable» (al igual que esta síntesis). Allí expresa que «Sen comienza identificando dos tradiciones distintas en el pensamiento filosófico sobre el concepto de justicia. Por un lado están aquellos que tratan de identificar un arreglo institucional justo para la sociedad. Esta tradición parte originalmente de la obra de Hobbes y fue posteriormente desarrollada por pensadores como Locke, Rousseau, Kant y, más recientemente, por el propio Rawls y por Nozick, entre otros. Esta línea de análisis (el institucionalismo trascendental) se caracteriza por tratar de identificar o definir lo que se considera una justicia perfecta, así como los arreglos institucionales que podrían garantizar su consecución.

Por otro lado, existe una línea de pensamiento que analiza la justicia desde un enfoque fundamentalmente comparativo entre los resultados observados (o realizaciones) en distintas sociedades (existentes o potenciales). Esta línea de pensamiento incluye a autores tan dispares como Adam Smith, Condorcet, Bentham, Marx y John Stuart Mill. De acuerdo con Sen, el análisis comparativo de todos estos autores parte de una preocupación común: ¿cómo reducir la injusticia observada?

Una vez hecha esta importante distinción, Sen se alinea abiertamente con la segunda de estas tradiciones (la “otra”, como le llama, para distinguirla de la tradición intelectual predominante). Con esta distinción puede comprenderse mejor el punto de partida que plantea Sen desde el primer párrafo de su libro: “Lo que nos mueve, con razón suficiente, no es la percepción de que el mundo no es justo del todo, lo cual pocos esperamos, sino que hay injusticias claramente remediables en nuestro entorno que quisiéramos suprimir.”

De esa forma, en el enfoque adoptado por Sen se vuelve clave un aspecto fundamental: ¿cómo identificar la injusticia reparable? Para lo cual, obviamente, es esencial tanto el concepto de justicia utilizado como la posibilidad de hacer comparaciones entre diferentes realizaciones. Y es precisamente aquí donde Sen plantea su puntual y contundente crítica al enfoque rawlsiano (y, en general, a todo el institucionalismo trascendental). La crítica se dirige a dos aspectos esenciales: la factibilidad de identificar un acuerdo trascendental único y la redundancia de dicho acuerdo».

Sobre este enfoque podemos decir dos cosas: 1. Es cierto que si el «institucionalismo trascendental» pretende alcanzar un arquetipo de una sociedad perfecta (o «casi»). Ello es imposible de lograr con un consenso unánime y conlleva -en oportunidades- la idea de «ir por todo» e imponerla de manera autocrática.  Sin embargo se considera que sería deseable -como mínimo- redefinir y actualizar a nivel nacional y global un estado posible de bienestar que nos proporcione un marco más equitativo. 2. El detectar las injusticias reparables (como la pobreza y una creciente desigualdad), y el discernir sobre distintos caminos de políticas públicas sobre cómo «repararlas» es fundamental. Ellas pueden ir desde tomar ejemplos comparativos (que habrá que adaptar a las distintas realidades) sobre estas políticas en cuanto a la pobreza, la desigualdad, intercambios más justos, formas de compartir el excedente que se genera y combatir el cambio climático, así como en distintas economías (6) que nos pueden conducir a un mundo más equitativo y por lo tanto mejor.

(1) Aplicando el principio o enfoque de dar (o hacer efectiva la posibilidad de proporcionar) «a cada uno según su necesidad».

(2) Sabemos que hay quienes cuestionan la «seriedad» de Wikipedia (en particular en notas vinculadas con el caso argentino), pero entendemos que las que aquí se utilizan son bien fundadas.

(3) También puede verse esta nota del diario El País, de España, y los experimentos científicos realizados con niños sobre esta temática.

(4) Es una definición de «reciprocidad» diferente a la que da Karl Polanyi («la reciprocidad requiere de los movimientos entre agrupaciones, simétricamente designados como relaciones fraternales»), así como los enfoques vinculados a la «economía del don«.

(5) Agradezco muy especialmente a Francisco del Campo, el haberme obsequiado este libro. Entre las buenas síntesis del mismo se pueden ver este link y este.

(6) Además de las mencionadas al principio por el Forum Nesi, podemos agregar la economía cooperativa, la economía del bien común, la economía de comunión, los emprendimientos que van más allá del lucro, las de ecovillas y las variantes de economía ecológica y otras. También nos parece útil esta reflexión.

Lo difícil que es amar a los enemigos

Sabemos que los vínculos entre las personas son «complejos» y que las diferencias de visiones, intereses y posicionamientos en juego y -fundamentalmente- la cuestión del poder han jugado un rol central en enfrentarnos unos a otros, y considerarnos «enemigos».

En esta nota hemos puesto una irónica reflexión de Walt Kelly («hemos conocido al enemigo, y somos nosotros») infiriendo que nosotros «somos parte del problema«, pero es difícil reconocerlo así como poder practicar el mandato de Jesús de «amar al enemigo» (ver imagen de la entrada). Ello conlleva un salto evolutivo en la conciencia que -todo indica- estamos lejos de haber dado.

Cuando reflexionamos sobre la construcción de la paz, hicimos referencia -entre otras- a la experiencia de “Leaders for Peace“, nacida en Rondine, Ciudad de la Paz. Entre sus propuestas está la de no utilizar o eliminar la palabra «enemigo», dado que ello insta a la violencia y a eliminar «al otro».  La palabra «adversario» o similares, nos abren una puerta a el diálogo, a la tolerancia y -en todo caso- a la acción «no violenta» como planteó Ghandi. Los seres humanos tenemos cada vez más poder, para bien o para mal, y si no canalizamos nuestra energía de manera positiva terminaremos de manera apocalíptica.

En general, en nuestros vínculos, tratemos de construir una base de amistad, y en las relaciones sociales y políticas (al interior de los países y a nivel internacional) ojalá podamos de generar una «amistad cívica«. Ello nos puede conducir a un mundo mejor.

¿Se podrá articular sustentabilidad económica, justicia social y república?

La imagen de la entrada muestra, a julio de 2019, las tres principales fórmulas presidenciales de Argentina, con más intención de voto (según las principales encuestas). Ellas forman parte de un espectro o gama de opciones, que van desde posiciones de izquierda muy pronunciadas hasta posiciones de derecha también significativas. Ello se traduce, principalmente, en el grado y tipo de intervención del estado en la economía (desde tender «al todo» a tender «a nada o poco y nada»).

Las posiciones de cada una de estas tres fórmulas son conocidas: mientras Lavagna-Urtubey se plantean estar fuera de la grieta o la polarización en sus propuestas, la fórmula Alberto Fernandez-Cristina Fernandez de Kirchner se centran en la crítica al fracaso de la política económica implementada por el gobierno de Cambiemos, en especial el ajuste resultante expresado en caída del empleo, del consumo y nuevo crecimiento de la pobreza (ver link con plataforma de gobierno), y la de Macri-Pichetto se focaliza en los valores republicanos, las obras realizadas y el sentar las bases futuras de la sostenibilidad económica del país (ver link con plataforma para las Paso).

Las fórmulas con más intención de voto, según las principales encuestadoras, han tendido a converger hacia el centro, entendiendo por «centro» posiciones más moderadas que son demandadas por gran parte de los votantes, como expresa este link. De todos modos, la polarización sigue estando presente y quisiéramos hacer una reflexión que apunta a la gobernabilidad futura de la Argentina. Para ello nos basaremos en el enfoque de esta nota sobre éticas convergentes, visiones plurales convergentes, razón y sentimientos convergentes….

Una gobernabilidad futura exitosa de la Argentina necesita de poder consensuar o acordar, desde una perspectiva de «buena voluntad», sobre las dimensiones antes señaladas. Para ello no hay que caer en la tentación de querer cambiar al otro o en la creencia de la superioridad moral de unos sobre otros, parafraseando a Amos Oz. Si el diálogo es sincero y cada uno aporta “su” verdad relativa e incompleta, se puede avanzar gradualmente, con avances y retrocesos, en esta dirección.

¿Qué implica concretamente esto entre las dos principales fuerzas políticas de la Argentina? Por el lado del gobierno, además de resaltar en su discurso los valores republicanos y las obras realizadas, señalar que no ha podido ir más allá de explicitarle a la opinión pública que «está sentando las bases de una transformación profunda de Argentina«. Esto último hace eje central en lograr que se resuelva la cuestión de la competitividad y sustentabilidad económica de la Argentina (1) asociada a la idea -y a la ética- del progreso y la prosperidad, pero no hace referencia a la sustentabilidad social vinculada a la equidad (para no hablar de justicia social) en el proceso de cambio, y no sólo al final del mismo.

Por su parte en la perspectiva general del Frente de Todos está la idea de implementar «ya» la justicia social y el crecimiento de la economía, pero no está muy claro como ello se compatibiliza con la falta de financiamiento genuino del Estado (ver si se comparte este análisis), las inversiones privadas necesarias (en especial para generar mayor cantidad de divisas), la disminución de la carga impositiva a las empresas y la vigencia de valores republicanos (que conlleva la existencia de tres poderes independientes). Es decir, no está clara la propuesta de sustentabilidad económica y la creencia en una democracia republicana.

Se considera que, hasta que no se resuelva esta convergencia o contradicción (2), será muy difícil que en la Argentina podamos alcanzar mayorías con bases ciudadanas firmes, que se expresen en «cómos concretos» (reformas) en el Congreso y en la relación con las Provincias y Municipios, así como en la articulación con empresarios y trabajadores. Hasta que ello no se viabilice iremos a los tumbos y seguramente nos alejaremos de un mundo mejor posible.

(1) En el marco de un acuerdo con el FMI (tal vez, no el mismo que el actual) y de un contexto de integración al mundo en base a las vinculaciones actuales (difícil equilibrio entre apoyo de Trump y crecientes relaciones con China) así como en el marco del Acuerdo UE-Mercosur (si finalmente se aprueba).

(2) En esta misma línea va este interesante artículo de Pablo Gerchunoff.

PD: las consideraciones realizadas sobre las dos principales fuerzas políticas que compiten en las elecciones de 2019, son a «trazos gruesos», dado que en los links colocados hay mayores precisiones de sus plataformas y propuestas de gobierno. Ojalá estos debates y posibles prácticas se puedan realizar con un «espíritu de amistad civil«.

Ética convergente, visiones plurales convergentes, razón y sentimientos convergentes…

En una interesante nota de Jorge Fontevecchia, donde se muestra la imagen del libro (similar a la de esta entrada) de Ricardo Maliandi, «Ética convergente», expresa, entre otras cosas, que «en el primero de los tres tomos de Etica convergente: fenomenología de la conflictividad, del filósofo Ricardo Maliandi, que ya cité la semana pasada, se menciona explícitamente que el problema de la conflictividad siempre es moral porque no se trata de elegir entre lo bueno y lo malo sino entre lo bueno y lo bueno (o lo malo y lo malo) porque distintos grupos de personas tienen principios y valores distintos del bien y del mal… Ricardo Maliandi defendió hasta su muerte la idea de que la ética convergente era la herramienta esencial para resolver los conflictos porque si los principios (la moral) fueran los mismos, no habría conflicto».

Lamentablemente no he podido leer los tres tomos de Maliandi, pero voy a tomar de referencia esta nota y este reportaje (1). De los mismos infiero que si queremos acotar o reducir la conflictividad (sabiendo que no la podemos suprimir) (2) debemos promover un diálogo sincero sobre nuestra pluralidad de principios y valores, basado en la razón sobre las implicancias concretas de sus procedimientos y resultados en cuanto a que -en el marco de su complejidad-, contemplamos al «otro», lo valoramos y respetamos en su humanidad (3). Si el diálogo es sincero y cada uno aporta «su» verdad relativa e incompleta, se puede converger éticamente como sostiene Maliandi.

Podemos agregar que «no todo es razón o principios éticos» sino que también tienen gran importancia los sentimientos (como paso siguiente a las emociones). Si en ellos predomina la rivalidad, no como un «juego» para superarnos y ser mejores, sino basada en el egoísmo y la envidia, esto teñirá nuestra razón e invalidará -en la práctica- nuestros valores declarados. Por lo tanto «los planetas» del super-yo, el ello y el yo (si compartimos este lenguaje) deben estar alineados en esa dirección para converger hacia un mundo mejor (4).

(1) En este reportaje se refiere, al comienzo, en que él defiende «un pluriprincipialismo y veo que el primordial problema ético se plantea como conflictos entre principios, y de lo que se trata, en definitiva, es de indicar cómo, y hasta qué punto, es posible la convergencia entre las exigencias contenidas en tales principios. Estos no provienen de otra instancia que la razón misma, la cual de ese modo revela su conflictividad intrínseca». Más adelante dice que «la posibilidad de convergencia gradual entre principios es posible porque los principios mismos son complejos: en cada uno de ellos se puede cumplir aspectos de su exigencia que resultan compatibles con el cumplimiento de aspectos de las exigencias de otros. Lo que no es posible, o lo es muy excepcionalmente, es un cumplimiento óptimo. La ética convergente alude, en tal sentido, a una “incomposibilidad de los óptimos”. Dicho de otro modo: los principios son imprescindibles, pero no hay que hacerse sobre ellos demasiadas ilusiones; lo decisivo no es su cumplimiento pleno, sino su indemnidad. Si se los reconoce como principios, lo coherente es no dejarlos nunca fuera de consideración. Su admisión teórica implica presunción de aplicabilidad, y ésta compromete al agente a intentar su aplicación concreta»

(2) En la nota de Fontevecchia hay un recuadro que indica que «el primado ontológico de la unidad en una síntesis sería un prejuicio idealista del racionalismo romántico». Aquí podríamos agregar que, la búsqueda de la unidad en la perspectiva cristiana, se basa en la práctica del amor, y de la compasión como en el caso de la mujer adúltera. El concepto de «pluralidad de principios» de Maliandi se complementa en la vivencia de una una pluralidad de carismas, que requieren -para perdurar- de estar unidos a Jesucristo, tomando como metáfora «la vid y los sarmientos«. Si tenemos en cuenta parábolas como la del sembrador, sabemos que -lamentablemente- la palabra de Dios no fructifica en todos. Por lo tanto la unidad plena en este mundo, basada en el amor, lamentablemente no parece posible de alcanzar, al menos en este estadio evolutivo y de sabiduría humana. 

(3) incluyendo al conjunto de la Creación (desde una perspectiva cristiana), o en términos -más comunes y acotados- al «medioambiente».

(4) Como se ha planteado en la página de inicio de este blog, se utiliza el término “mundo” en su acepción corriente, y no en términos filosóficos como el planteado por Markus Gabriel en su obra “El mundo no existe” y cuya reseña se puede visualizar en este link.