Venezuela en 2021

El 5 de agosto de 2017 escribimos esta nota sobre Venezuela. A comienzos de 2019 se presenta lo que muestra la imagen de la entrada, con una crisis presidencial y dos presidentes: Nicolás Maduro y Juan Guaidó. El primero emerge de una elección donde la mayor parte de los lideres de la oposición fueron proscritos (de allí que se cuestiona la legitimidad de la misma) y donde -junto a Diosdado Cabello- definieron su gobierno como una unión cívico-militar, por lo tanto como una forma de autocracia. El segundo es el Presidente de la Asamblea Nacional, que -en base a los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución de Venezuela- asume como Presidente Encargado o interino de Venezuela.

La reacción internacional tiene tres grandes vertientes: 1. la mayor parte de los países de América y de Europa no reconocen a Maduro, y reclaman elecciones libres sin proscripciones a las que debe llamar el Presidente Encargado o transitorio. 2. una minoría de países, con regímenes autocráticos, y algunos de ellos con fuertes vínculos económicos con Venezuela (son acreedores de ella), respaldan al gobierno de Maduro, y 3. los que se plantean la no intervención y el diálogo como forma de resolución del conflicto. Respecto del camino del diálogo es «el ideal» pero lo transitó el Papa Francisco y algunos países que se ofrecieron como mediadores pero -hasta el momento- fracasó. Uno de los pocos casos donde una autocracia accedió al diálogo fue el liderado por Mijaíl Gorbachov cuando visualizó que la ex URSS no era viable. Pero Maduro no es el tipo de líder como Gorbachov y por eso es muy difícil este camino.

El final es incierto (1) y seguramente dependerá de cómo reaccione la mayor parte del pueblo venezolano y en particular los sectores intermedios de las fuerzas armadas. Hacia mediados de 2021 el régimen ha pegado un «viraje» o giro como lo explica esta nota. Veremos cómo sigue.

(1) Hacia comienzos de 2020 Guaidó pudo renovar su mandato.

 

 

El mundo de los Trump y Bolsonaro ¿a dónde nos conduce?

En una nota de este blog decíamos que «a esta altura del siglo XXI podemos observar múltiples manifestaciones de crisis socioeconómica y política en muchos países, y la emergencia de liderazgos “anti-sistema” y fuerzas autocráticas. Ellas apelan a sentimientos nacionalistas, xenófobos, a excederse -mediante la violencia- en el uso de la ley, y a medidas implementadas vinculadas con variedades de populismo, entre las principales».

El 6/1/19 Jorge Fontevecchia hace una reflexión sobre «qué indican Brasil y EE.UU. de lo que pasa en el mundo (II)» señalando los distintos elementos que estarían jugando en esta situación. Entre otras cosas, menciona que «lo que está pasando en el mundo en el siglo XXI, se podría decir, es resultado del definitivo reacomodamiento de la política ante la inexistencia del comunismo como alternativa real, lo que caracterizó todo el siglo XX y luego dejó vaciada a la izquierda mundial, como bien explicó Slavoj Zizek en el extenso reportaje publicado por PERFIL en septiembre pasado. Además del fin de la Guerra Fría, con el impacto de violencia que tuvo en Latinoamérica, con guerrillas y golpes militares, y su sustitución por la guerra comercial con China como potencia capitalista. Orbán en Hungría, como Andrzej Duda, el ultraderechista presidente de Polonia, o Matteo Salvini, de la Liga Norte, de derecha, quien declaró que “el fascismo hizo muchas cosas por Italia”, al igual que Bolsonaro defendiendo logros de la última dictadura de Brasil o Trump, todos comparten un escenario propicio para la disrupción: el fin del mundo bipolar del siglo XX, donde la palabra libertad, con prensa y Justicia independientes, estaba asociada a las palabras democracia y capitalismo versus lo opuesto del comunismo, mientras que en el ingreso al siglo XXI, donde reina el capitalismo con distintos grados de los otros componentes, se dinamitó ese orden. Sumado a la reducción del mundo físico por la revolución que produce la masificación de lo digital con todas sus oportunidades y alteraciones que genera en la política y las relaciones humanas».

A esta descripción podríamos agregar que la situación actual es también el resultado de que modalidades socialdemócratas y socialcristianas (como la de Merkel en Alemania) -por citar sólo dos grandes referencias históricas- no pudieran globalizar este enfoque y estas políticas para construir un mundo menos desigual y más sustentable ambientalmente. Como mencionamos en la nota de la entrada es un desafío poder redefinirlo y actualizarlo, dado que los fenómenos descriptos en el párrafo anterior y el «sálvese quien pueda«, sin duda nos llevan a un mundo peor (más allá de logros transitorios y acotados que pueden alcanzar para sus países).

 

¿En qué se parecen las políticas de los gobiernos de Francia y Argentina?

Comparar es difícil. En el caso de esta nota estamos comparando, «en trazos gruesos», las políticas económicas de gobiernos de países con una historia, contexto y una economía muy diferentes. Sin embargo ambos gobiernos se han planteado transformarlos para que puedan hacer frente a la actual globalización y a los cambios científico-tecnológicos, así como tener un crecimiento sostenido (y en el caso de Francia sustentable medioambientalmente).

Respecto de Francia, según esta nota de Jorge Castro, lo viene logrando en los sectores más dinámicos de esa economía pero no así en cuanto a resolver la fragmentación social. En una reflexión que hicimos en este blog lo planteamos. En el caso de Argentina, la visión con la que encaró el gobierno fue, al menos ilusoria, por no decir además errónea, en cuanto a su diagnóstico y muchas de las medidas adoptadas, según reflexionamos en este link (y que también desarrollamos de manera positiva en otras notas).

Para resolver lo anterior entendemos hay que combinar (en un horizonte cercano) (1) economía de mercado con políticas que impulsen un estado de bienestar. Ello no es sencillo ni en Francia (3), ni en Argentina, ni en los países que están lejos de esta situación. No se trata ni de un capitalismo sin reglas ni que las reglas sean una subordinación de la economía a la política realizadas de cualquier manera o a mero voluntarismo (2) sin tener en cuenta que la extracción del excedente tiene límites, así como que vivimos en un mundo globalizado y con vertiginosos cambios. En el caso de Argentina hay que agregar alta inflación, déficits gemelos (fiscal y de balance de pagos) e hiper endeudado (por lo tanto con una gran fragilidad de su economía). Resolver el grave tema de la pobreza está correlacionado no sólo a altas devaluaciones (dado que producimos bienes salarios) sino también a que crezca el empleo como dice esta entrevista.

Sin duda, muchos de quienes buscan una mayor igualdad y justicia social están inspirados en ideales nobles (muchos de los cuales compartimos en este blog). Pero los que se plantean populismos de izquierda como «solución» deberían tener en claro que su profundización lleva a situaciones, por ejemplo, en las que terminó un país inmensamente rico como Venezuela. Por lo tanto a un mundo peor y no mejor.

(1) a mediano plazo entendemos sería deseable desarrollar un postcapitalismo que perfeccione y evolucione lo anterior. Destacando también que el marco de una economía plural, ya hoy existen formas o modalidades democráticas y participativas como la economía social y solidaria, así como experiencias que exceden la maximización del lucro, como es el caso de la economía de comunión, la economía del bien común, la experiencia de las ecovillas y de economía ecológica, etc., que consideramos deben ser el horizonte deseable y aspiracional de una economía más humana y sustentable. Así mismo consideramos que no es bueno promover experiencias maximalistas que se originan en sistemas democráticos, pero terminan en gobiernos autocráticos.

(2) es interesante el enfoque actual de países como China y el rol de su estado (podríamos agregarle el calificativo de «inteligente»), donde la voluntad política se orienta a abrir mercados, cambiar su matriz energética, resolver el tema de la pobreza, liderar el cambio científico tecnológico y buscar inversión privada que también participe de sus empresas públicas, dándoles mayor dinamismo a estas últimas. Sin embargo no alentamos restringir o eliminar la democracia para impulsar el desarrollo. Cabe destacar que en lo que se refiere a «estado inteligente» Francia es un ejemplo en cuanto a formación de sus cuadros tal como se resalta en esta nota.

(3) Luego de publicada esta nota, el día 4/3/19 el Presidente Macron presentó su carta abierta denominada «Por un renacimiento europeo» https://www.elysee.fr/emmanuel-macron/2019/03/04/por-un-renacimiento-europeo.es. De los puntos sugiero ver, en particular, el de «recuperar el espíritu de progreso» que conlleva un «piso» de un «nuevo estado de bienestar» para Europa. Habrá que ver si los demás países de la UE comparten esta visión y la misma se implementa.

Resquebrajamiento del machismo y el patriarcado

En una nota referida al día internacional de la mujer hacíamos referencia a la larga lucha de las mujeres, en particular desde comienzos del siglo XX, por ser valoradas en igualdad de condiciones a los varones y no ser sometidas a expresiones de machismo y patriarcado.

Ello ha tenido distintas manifestaciones afirmativas como la economía feminista hasta luchar contra formas de discriminación así como de abuso sexual o corporal. Esto último ha tomado notoriedad internacional con el Movimiento Me Too y en el caso de Argentina, en especial, hacia finales de 2018 con denuncias de artistas en general, y en particular con el caso de la denuncia de abuso de una menor (1) que se ha extendido a otros ámbitos (como el institucional político). Por supuesto las denuncias se están tramitando en la justicia y deben ser corroboradas.

A partir de la visibilidad de estas situaciones y de cambios culturales en la sociedad (en particular occidental, pero no sólo), es que se está resquebrajando el machismo y el patriarcado, en una revolución silenciosa (2) como menciona la imagen de la entrada. Sin duda esto nos lleva a un mundo mejor.

(1) sobre el tema de abuso nos hemos referido en esta reflexión.

(2) Es muy interesante esta experiencia.

PD: Se pueden ver reflexiones ampliatorias de esta temática en Sergio Sinay, Rogelio Alaniz, y la reflexión de Diego Sehinkman en los primeros minutos de este video, entre otras.

El Oxímoron de una Simplicidad Compleja

Los seres humanos, para entender y actuar, buscamos simplificar los conceptos y enfoques, dado que abordar la complejidad no es fácil. La pedagogía, y los buenos docentes que la practican, tratan de hacerlos comprensivos y simplificarlos. Un ejemplo de ello es el concepto de «mapa» que nos muestra de manera simplificada un territorio que, dentro de él, tiene múltiples fenómenos complejos que no son abordados por el mapa, pero -sin embargo- este nos es útil y práctico para ubicarnos espacialmente y desplazarnos de un lugar a otro.

En cuanto a la complejidad de las reglas podemos citar, entre otros casos, a las religiosas de los judíos en la época de Jesús. Según esta fuente, tenían centenares de reglas o preceptos: «exactamente 365 negativos y 248 positivos (los primeros empiezan por “no…”; los segundos por “debes …”)» y por eso en el Evangelio de Mateo (22, 34-40), se narra la historia de que un fariseo, doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?». Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas». Esto es «lo esencial» para el cristianismo, y en esta línea va la expresión de San Agustín de «ama y haz lo que quieras».

Ahora bien, así como un mapa no explica toda la complejidad y diversidad de un territorio, tampoco amar es fácil. En el último link que pusimos en el texto de arriba, el sacerdote jesuita que lo explica dice que «el problema es que amar no es tan sencillo. Como lema está muy bien pero a la hora de concretarlo, surgen los problemas. Porque a veces aquello que creo que es amor no dura en el tiempo. Otras veces, detrás de un acto aparentemente generoso, descubro que me estoy buscando a mí mismo; que en realidad me ofusco si no se me agradece lo suficiente. Quiero amar, pero depende de a quién. Hay gente a la que soy incapaz de amar porque me producen rechazo, o me son desconocidos, o simplemente porque ellos tampoco me tratan bien. A veces no me atrevo a amar por miedo a que me hagan daño. Prefiero simular un sucedáneo de amor, que me permite pasar página sin que duela. En ocasiones, amar supone renunciar a mi tiempo o a mi libertad. ¿Un voluntariado? Sí, pero en cuanto llegan los exámenes…».

Algo similar ocurre con las ciencias en general, y sociales y políticas en particular. En este video el sociólogo Boaventura de Souza Santos (1) apela a la alta simplicidad y no a la alta complejidad (que la asocia al neoliberalismo) para los procesos sociales. En un video más largo sobre «democratizar la revolución y revolucionar la democracia» se explaya más detenidamente en estos conceptos. Si bien entendemos hay elementos válidos e intenciones nobles en lo que dice, sus consignas de «alta simplicidad» esconden graves inconsistencias:

  • cuando habla de «revolución» la asocia a la soviética de 1917. ¿Era posible de democratizarla con las singularidades de líderes como Lenin, Trotsky y Stalin, enfoques como el de «dictadura del proletariado» y con la singularidad del contexto de Rusia en ese momento? Entendemos que no. ¿Fue posible de democratizar con Gorbachov? Tampoco. ¿Fue posible implementar la socialización de los medios de producción a través de un proceso democrático en la experiencia de Allende en Chile? No. Por lo tanto este «tipo de cambio radical llamado revolución» no es posible de democratizar, según lo que entendemos es la experiencia histórica.
  • cuando habla de «revolucionar la democracia» sí se puede avanzar en experiencias participativas (como ha sido el presupuesto participativo) pero cuando se hace referencia a múltiples formas de democracia y se citan casos como el de las «democracias populares» detrás de la ex cortina de hierro, el arquetipo entendemos es deplorable. No hace referencia a problemas que se pueden presentar en modalidades plebiscitarias como el Brexit. Plantea formas de «control popular» por fuera de las instituciones republicanas tradicionales. Al respecto entendemos que la experiencia de ongs e instituciones como el defensor del pueblo (o similares) son muy positivas, pero si el modelo fuera la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela (él no la nombra) u otras formas enmascaradas por partes del poder de participación popular, sería deplorable.

Es bueno recordar que la experiencia republicana de «balanceo del poder» es muy antigua. Según esta fuente «el término república fue acuñado por primera vez c. 500 a.C. en Roma, pero con el tiempo el término ha sufrido varios cambios de significado. Inicialmente, el término latino res publica significaba la anterior «forma parcial de democracia» como se encuentra en Roma desde c. 500 aC hasta c. 27 aC… La primera república representativa fue la de Estados Unidos después de la guerra de independencia se fundó como una confederación y luego se reformuló como una República constitucional federal libre y de Derecho implementando conceptos nuevos de la época como la separación de poderes, esta última característica inspirada de las antiguas democracias y perfeccionada con las teorías de Montesquieu unido a la representación del parlamentarismo inglés dio inicio a una nueva forma de gobierno, la democracia representativa, por lo que Estados Unidos corresponde el primer concepto y creación de lo que es la Constitución escrita, el presidencialismo y la justicia independiente».

Respecto del origen de la división de poderes es erróneo lo planteado por una importante dirigente política argentina en el Foro del Pensamiento Crítico realizado en Buenos Aires del 19 al 23 de noviembre de 2018, respecto de que «comenzó con la Revolución Francesa» (ver del minuto 21 en adelante de este video). Según la fuente mencionada más arriba, «la división de poderes fue inicialmente teorizada en el Segundo Tratado sobre el gobierno civil, un manuscrito político de 1690 escrito por el inglés John Locke donde distingue:

  • Un Poder Legislativo que crea las leyes (el principal para Locke) ;
  • Un Poder Ejecutivo que vela por la ejecución y aplicación de las leyes;
  • Un Poder Federativo que conduce las relaciones internacionales, en particular el poder de hacer la guerra, celebrar tratados y establecer relaciones diplomáticas.

Sin embargo, la separación de poderes es materializado por el filósofo político francés, el Barón de Montesquieu, quien en 1748 escribió El espíritu de las leyes, que identificó tres poderes del estado: Legislativa, Ejecutiva y Judicial. La diferencia entre división y separación es que en el primero se acepta la preponderancia de un poder sobre otro, como John Locke llamaba al Legislativo el “Poder preponderante”, y en el segundo su finalidad es la mutua anulación entre los diversos poderes para que ninguno pueda dominar ni ser dominante».

También podemos decir que el concepto de complejidad no proviene del neoliberalismo, como dice de Souza Santos. Uno de los máximos exponentes de este concepto proviene de alguien que venía de haber militado en el partido comunista francés, como Edgar Morin, y que se replanteó el dogmatismo de ese enfoque. Sobre la complejidad se puede ver su libro y un resumen se puede observar en este video.

Cada quien que lea esta nota tendrá su discernimiento y su posición al respecto. Por nuestra parte quisiéramos sintetizar nuestra posición, en diálogo con nuestros lectores:

  1. A esta altura de la civilización humana, si queremos articular democracia con desarrollo inclusivo y sustentable, lo que está probado que funciona son actualizaciones virtuosas de estados de bienestar, como hemos planteado en esta nota.
  2. A mediano plazo sería deseable desarrollar un postcapitalismo que perfeccione y evolucione lo anterior.
  3. En el marco de una economía plural, ya hoy existen formas o modalidades democráticas y participativas como la economía social y solidaria, así como experiencias que exceden la maximización del lucro, como es el caso de la economía de comunión, la economía del bien común, la experiencia de las ecovillas y de economía ecológica, etc., que consideramos deben ser el horizonte deseable y aspiracional de una economía más humana y sustentable.
  4. No es bueno promover experiencias maximalistas que se originan en sistemas democráticos, pero terminan en gobiernos autocráticos.
  5. No se hace referencia al fenómeno de poder como dominio que comentamos en esta nota, y que si no se aborda de manera profunda no podremos evolucionar.

La imagen de la entrada, referida al concepto de oxímoron, en este caso la vinculamos a buscar una síntesis entre simplicidad y complejidad. Sabemos que esta última está asociada, entre otras cuestiones, a la diversidad de singularidades y de contextos, donde no es fácil el discernimiento. El discernimiento debe estar relacionado a someter nuestras creencias y aspiraciones al conocimiento veraz de la historia y de datos empíricos de las ciencias sociales. Sin esto será imposible ir hacia un mundo mejor.

(1) destacado intelectual no sólo en su país (Portugal) y en otros ámbitos académicos como es el caso de CLACSO. A partir de este último su incidencia teórica en el reciente Foro del Pensamiento Crítico realizado en Buenos Aires del 19 al 23 de noviembre. Ha hecho contribuciones importantes en el «desarrollo de una Sociología de las Emergencias, que según él pretende valorizar las más variadas gamas de experiencias humanas, contraponiéndose a una «Sociología de las Ausencias», responsable del desperdicio de la experiencia. Es partidario de lo que llama una «descolonización del saber» y una «ecología del saber» contra el «pensamiento abismal» separado de las realidades concretas. Defensor de la idea de que unos movimientos sociales y cívicos fuertes son esenciales para el control democrático de la sociedad y el establecimiento de formas de democracia participativa».

Sólo quedan dos generaciones para responder al cambio climático

En esta nota se expresa que «solo quedan dos generaciones, es decir 20 años, para salvar al planeta de los cambios climáticos y de los efectos devastadores sobre la salud del hombre y los territorios», lanzó el alerta el presidente del Instituto Superior de Sanidad italiano, Walter Ricciardi. «Este es el tiempo que nos queda para poner en marcha medidas concretas», insistió. Para el experto, «dentro de 20 años podría ser demasiado tarde. Ya hoy las muertes en Europa ligadas a los cambios climáticos son miles al año, pero serán millones en el futuro próximo si no se actúa de inmediato«.

Ello ha sido enfatizado en la cumbre que comenzó en Polonia en diciembre de 2018 donde se menciona que «el impacto nunca fue tan grande como hasta ahora», así como que «la ciencia muestra claramente que solo tenemos una década para atajar las emisiones de gases con efecto invernadero», que tienen consecuencias en el clima, la salud o la productividad agrícola, subrayó Johan Rockströem, del Postdam Institute for Climate Impact Research (PIK)». Lamentablemente predomina el pesimismo: «con una guerra comercial entre China y Estados Unidos y el escepticismo respecto al cambio climático de Donald Trump y del futuro presidente brasileño, Jair Bolsonaro (que también mencionó una posible salida de su país del acuerdo de París), «las estrellas ya no están alineadas» para coordinar acciones, lamentó Seyni Nafo, portavoz del grupo África». Más informaciones se pueden visualizar en notas como esta así como en este link.

Experiencias de políticas públicas que se pueden adoptar hay bastantes, pero sí lo que predomina es el corto plazo (en términos de generar riqueza de cualquier manera no acompañando -de manera significativa- con inversión privada estos esfuerzos) y el sálvese quien pueda, iremos hacia un mundo peor y no mejor. Ojalá podamos revertir estas tendencias negativas y tomar medidas urgentes que son viables, aunque con un mayor costo económico hasta tanto se abaraten las energías limpias. En esto último es decisivo el aliento y decisión de los estados en promover la investigación y desarrollo que las hagan factibles.

El mundo de la perplejidad y la desorientación

El diario El País, de España, organizó un evento sobre «La Era de la Perplejidad», vinculado al sitio Open Mind y a un libro preparado por ellos con el BBVA (ver imagen de la entrada), que pone en perspectiva y actualiza (*) esta temática en el mundo contemporáneo. Allí se mencionó -entre otras reflexiones- que frente a la incertidumbre, es pertinente la frase de Marie Curie, que decía: «los seres humanos tememos lo que no entendemos«. Podríamos agregar que también tememos lo que consideramos amenazas (como las migraciones) que tienen causas que son posibles de entender y transformar con los recursos del siglo XXI si hay conciencia y voluntad política. Por lo tanto es fundamental discernir, tener conciencia, los instrumentos adecuados y voluntad política, para poder transformar o canalizar las fuerzas de esta nueva era.

Por su parte James Neilson, en su artículo «El G20 en un mundo desorientado», también aporta su reflexión relacionada con el evento realizado en Buenos Aires y con un panorama más global. En una entrevista que le hace Fernando García, en el diario La Nación, a Anthony Beevor, titulado «Las elecciones morales están en el centro del drama humano», dice -entre otras cosas- «la Segunda Guerra Mundial sigue entre nosotros porque ningún período de la historia puso a los hombres ante tantas elecciones morales… Y las elecciones morales están en el centro del drama humano».

Seguramente hoy sabemos que no alcanza lo que planteó Kant respecto de «lo que importa es la intención en la elección moral». Debemos agregar a las buenas intencioneslos procedimientos adecuados que nos permitan alcanzar resultados que consideremos, no perfectos, pero sí «buenos posibles«. Y esto último en un proceso continuo de evaluación y mejora continua de esos procedimientos y resultados.

Para finalizar plantearemos un ejemplo de curso de acción en una dirección incorrecta, como es la que muchos países toman vinculado al cambio climático. Los intereses vinculados a las energías fósiles, su menor precio relativo -hasta el momento- en comparación con las energías limpias, y lograr empleo y búsqueda de un progreso de corto plazo, agravan dramáticamente el cambio climático. Esto hace que el Presidente de Estados Unidos «no crea» en el informe de los científicos de su país respecto del agravamiento de esta cuestión y que, en el mundo, siga creciendo la producción de carbón.

Entender para proponer algo factible para un mundo mejor significa poder discernir las distintas facetas que llevan a un curso de acción no sólo incorrecto sino también suicida, y de ahí poder armonizar haciendo converger ideas, intereses, instituciones y emociones para una acción concertada -en todos los niveles- que cambien el sentido lo que venimos haciendo. Es una tarea compleja pero, en línea con lo que planteamos al principio, es fundamental si queremos superar la perplejidad y la desorientación o el «sin sentido» vinculado a no ir construyendo plenitud y sustentabilidad de la vida en la Tierra, para nosotros y las futuras generaciones.

(*) Como sabemos a lo largo de la humanidad han habido saltos evolutivos o momentos disruptivos, planteados en el textos como los de Harari, que han generado perplejidad y desorientación. El «sálvese quien pueda» no es una reacción válida en términos sociales o macro. Respecto de la relación entre la complejidad y el capitalismo la hemos abordado en esta nota, por si fuera de interés.

 

Construir un piso y un horizonte de desarrollo para dar sentido a una cultura del esfuerzo

En una nota del diario La Nación expresa que «en las polvorientas colinas de una de las regiones más pobres de China, Gon Wanping, se levanta todos los días a las 5.10 hs de la mañana para ir a buscar agua al pozo y prepararle el desayuno a su hijo. La mujer le lava los pies y el hijo no aparta ni un instante la mirada de sus libros de inglés y de química. Y si lo hace para espiar el celular de su madre, ella le da un coscorrón. Para esta mujer de 51 años que nunca terminó la escuela, el futuro de su hijo Liu Quicay, de 17 años, es su única prioridad. Si a Quicay le va bien en su examen de ingreso a la universidad, y si consigue una vacante en la universidad líder, entonces cumplirá su objetivo de convertirse en un ejecutivo de una empresa tecnológica, y eso cambiaría todo. «El es nuestra salida de la pobreza», dice la madre». El artículo luego continúa con interesantes datos acerca del contexto cultural, socioeconómico y político de China.

Si nos hiciéramos la pregunta respecto de si lo que narra esta nota es posible de trasladar a una realidad como la de la Argentina, seguramente podríamos responder que «no» o que «es muy difícil». Son historias y realidades muy distintas. Sin embargo entendemos que podemos sacar algunas enseñanzas que sí son posibles de aprender. Entre estas enseñanzas está que la cultura del esfuerzo de esta madre y de este hijo tiene sentido en un contexto donde hay posibilidades de acceder a una educación de calidad y posteriormente a un futuro de emprendedorismo con perspectivas de éxito. Esto último puede ser posible en un país que viene creciendo a tasas altas y sostenidas, y se plantea un escenario de liderazgo (se espera que no sea de «dominación») donde el Estado y los distintos actores sociales actúan mancomunadamente en esa dirección.

¿Cómo sería esto en la Argentina? En una nota sobre la inestabilidad económica y la fuga de capitales hacíamos referencia a algunos fenómenos históricos y a bosquejar lineamientos de acción futura que nos sacaran del ciclo de «la ilusión y el desencanto«. Llegar a acuerdos entre las principales fuerzas sociales, económicas y políticas, y con un debate serio en lo técnico, puede ir generando un sendero de mediano y largo plazo virtuoso. Ello necesariamente debe estar acompañado de una educación de calidad, en todos los niveles desde la comprensión de textos en el nivel primario pero particularmente en el nivel medio y universitario.

Entre tanto debe mejorarse un piso de sustento vinculado a la economía popular, y analizando qué sectores y emprendimientos pueden desarrollarse en zonas como los grandes conglomerados urbanos con un tipo de cambio relativamente alto que, se estima -con oscilaciones- estará vigente en los próximos años dada la situación de nuestra balanza de pagos y un alto endeudamiento externo. Estos sectores y emprendimientos permitirían dar un salto o evolucionar de la economía popular hacia trabajos de mayor calidad.

No es fácil en una realidad compleja como la de Argentina, pero un esfuerzo sincero y concertado nos puede ir conduciendo a un mundo mejor.

 

 

 

Humanos imperfectos, sociedades y sistemas imperfectos, en búsqueda de un mundo mejor

Los seres humanos somos limitados e imperfectos. El mito de Prometeo o el relato del pecado original en la Biblia nos señalan la tentación o el deseo de ser como dioses u ocupar el lugar de Dios: entendido para los creyentes como Creador, Padre (y Trinitario) para los cristianos, centralidad principal, perfección y poder supremo, entre los principales atributos de un misterio para los humanos. Por ello debemos lidiar con la frustración de no ser perfectos tal como señala la imagen de la entrada. Otra forma de formular esto en el cristianismo es la expresión de Jesús frente a los que querían lapidar a la mujer adúltera, invitando a «quien esté libre de pecado a que tire la primera piedra«.

Sin embargo, muchas veces, no lo tenemos en cuenta y aspiramos a un hombre nuevo y una sociedad nueva, que termina siendo una forma de no reconocer nuestras limitaciones (1) y formular una singularidad personal y social que relaciona lo nuevo con lo perfecto (y por lo tanto algo deseable y «necesario» de imponer a los demás). El mito del hombre nuevo en la sociedad soviética y en la formulación del Che Guevara para todo aquel que se considere revolucionario, ha sido un mandato que no sólo no ha podido ser cumplido por una mayoría sino que ha generado nuevas injusticias (en particular en el ámbito del ejercicio de las libertades civiles).

Lo anterior nos lo trae a colación John Carlin en una nota acerca de lo que nos cuesta creer en un mundo mejor. Nos recuerda la novela «Rebelión en la granja«, de Georges Orwell, donde plantea que la misma «es una denuncia desde la izquierda de regímenes que llegan al poder repletos de ideales admirables pero con el tiempo sacrifican la libertad y el bienestar general en el altar de su codicia y vanidad. Los encantos del poder pueden con ellos y pasan de la poesía a la opresión. Los líderes de la revolución que se inventa Orwell son unos cerdos muy listos; sus enemigos, los dueños humanos de la granja. Los cerdos van a la guerra contra los humanos y, con la ayuda de los caballos y otros animales menos listos pero ideológicamente muy comprometidos, toman el poder. Los cerdos se acaban transformando en capitalistas más despiadados que los humanos que derrocaron y en el camino recurren necesariamente a la represión. El caballo más fiel a la revolución, Boxer, termina en un matadero, como los 300 y pico jóvenes que tuvieron la osadía de salir a las calles a protestar contra la dictadura orteguista».

En una nota de este blog mencionábamos el peligro de reeditar la lógica del amo y del esclavo en los cambios que promovemos. Ello no obsta a considerar que cambiar el mundo (comenzando por nosotros) no sea una tarea ilusoria (2). Sino más bien, reconociendo nuestras limitaciones humanas, mientras buscamos canalizar nuestra energía sin oprimir a los demás y preferentemente con una actitud empática (3) en nuestros vínculos, reconozcamos que el poder tiene que estar acotado y fraccionado -como es en las expresiones verdaderamente republicanas y democráticas- a fin de evitar el poder absoluto y la impunidad (4). Las injusticias económicas no se resuelven con gobiernos autocráticos, que -a la corta o a la larga- generan nuevas injusticias, por más justificaciones o logros que puedan alcanzar. Ser conscientes de estas dimensiones nos puede ir conduciendo a transformaciones que nos lleven hacia un mundo mejor.

(1) Véase esta excelente nota

(2) Ello no obsta a que en el mundo haya millones de personas que practican el altruismo y la solidaridad, y esto se expresa en modalidades socioeconómicas con las que planteamos en la sección «otras economías» de este blog. 

(3) Erich Fromm, en su obra «El arte de amar«, distingue distintas expresiones o formas de amor. Si queremos ir hacia un mundo mejor, ellas deben estar presentes en nuestras actitudes, procedimientos y vínculos, así como en la evaluación de los resultados de lo que hacemos.

(4) El periodista de investigación argentino Alconada Mon, la plantea como «la raíz de todos los males«.

Nostalgia de un pasado mejor, pero hoy sálvese quien pueda

Los seres humanos, muchas veces, tendemos a idealizarnos o idealizar a los demás o a determinadas situaciones del pasado (expresada como «nostalgia»), del presente o del futuro. Según esta fuente «dos tercios de los ciudadanos de la Unión Europea se declaran «nostálgicos» y, por tanto, proclives a los movimientos populistas, según revela un estudio presentado este martes por la Fundación Bertelsmann Stiftung en el Club de la Prensa en Bruselas. El informe, titulado «El poder del pasado. Cómo la nostalgia modifica la opinión pública europea», recoge las opiniones de 10.000 ciudadanos de los 28 Estados miembros sobre su particular visión del pasado y de qué manera esta influye en sus preferencias políticas actuales.

Según la definición del propio estudio, la nostalgia ayuda a «lidiar con sentimientos de ansiedad o inseguridad», lo que la convierte en un mecanismo de «estabilización interna» que permite afrontar períodos convulsos o con numerosos cambios, como el que vive actualmente Europa. Heather Grabbe, directora del Instituto Open Society European Policy y una de las ponentes durante la presentación del estudio, afirma que la nostalgia es «parte esencial» del auge del populismo en las sociedades europeas. «Ningún político está aportando argumentos creíbles para desarrollar un plan de futuro, es más sencillo hablar de inmigrantes que de los desafíos del futuro» apunta Grabbe.»

Hablando del pasado de Europa, hubo momentos terribles (como las guerras) y momentos de sacrificio, mejora, bienestar y perspectivas de un futuro mejor. Esto último fue la situación que se planteó luego de la segunda guerra mundial y hasta principios de los setenta del siglo pasado. Ello fue el resultado -en particular- de la adopción de variedades de un estado de bienestar que luego se fue deteriorando por distintas razones, y se aceleró luego de la caída de la ex Unión Soviética. La nostalgia de ese momento histórico no discierne racionalmente sobre las condiciones que lo hicieron posible, ni tampoco sobre la necesidad de su actualización y redefinición actual, sino que se apela a sentimientos nacionalistas y xenófobos que sólo terminan agravando el problema. Lo del «sálvese quien pueda» lo aborda también Sebastián Campanario en esta reflexión denominada «cuatro huracanes del cambio y la tragedia de los comunes».

Loris Zanatta aborda la cuestión en esta nota y tiene una respuesta optimista. En una reflexión de Jorge Fontevecchia (ver este link) comienza expresando «Dijo el profesor de Oxford y Harvard y director de la Central European University, Michael Ignatieff: “Estuve leyendo Doktor Faustus, de Thomas Mann, que describe la pérdida de autoridad de la cultura, los ataques al conocimiento, el amor a los extremos, el entusiasmo por las respuestas fáciles, el esteticismo de lo fuerte y de lo firme, la radicalización de opiniones de la izquierda y de la derecha. Debemos releer los grandes libros de 1920 y 1930 y pensar en lo que nos cuentan”.

Luego continúa diciendo: «Freud escribió El malestar en la cultura en 1930, cuando el mundo estaba incubando totalitarismos y violencia. Probablemente tenga razón Michael Ignatieff y sea oportuno leer textos producidos en aquellos años en que el malestar se convirtió en agresiva acción política. Puede ser muy útil extraer enseñanzas del pasado aplicables a este presente, en el que se vuelve a producir una tendencia a elegir líderes autoritarios y las sociedades, a aceptar restringir las seguridades jurídicas a cambio de obtener seguridades económicas como respuesta a alguna forma de paralelismo entre la crisis económica mundial de 1930 y la actual, menos dramática pero igualmente significativa por lo sostenida y la caída del nivel de vida de las clases medias de los países más desarrollados de Occidente.»

La exaltación del nacionalismo y la energía canalizada agresivamente contra otros nos lleva a un mundo peor, tal como ocurrió -lamentablemente- en ocasiones en el pasado (como expresa la imagen de la entrada)