La Teoría y la Práctica

Entre los problemas que tiene la educación argentina es la escisión entre teoría y práctica, entre conocimiento práctico y abstracción erudita, como señala Guillermina Tiramonti en una nota en el diario La Nación. Un aspecto de esta escisión se da con respecto a la vinculación entre la educación y el trabajo, y de allí la medida que la Ciudad de Buenos Aires propone implementar el año próximo. Lamentablemente algunos medios hablaron de que los alumnos «tienen que trabajar» (por lo tanto despertó todas las «alertas de mano de obra barata», etc.), hacer «pasantías»… cuando en realidad es una práctica profesionalizante.

Tal vez, como dice Tiramonti, la cuestión es más global:  ¿cómo se aborda en el proceso de enseñanza-aprendizaje la relación «abstracto-concreto» en todas las dimensiones?. Por ejemplo:

  • la educación en valores (tomemos el caso de valores ciudadanos o del cuidado del medio ambiente) ¿cómo se practican dentro y fuera de la escuela?
  • la educación en competencias blandas: por ejemplo la empatía para el trabajo en equipo, ¿cómo se practica dentro de la escuela y en las experiencias que los chicos tengan fuera de la escuela?
  • la educación en competencias duras: por ejemplo ¿cómo se practica la aplicación del conocimiento matemático y lógico en la enseñanza de la robótica o para hacer un emprendimiento gastronómico? (en este último caso junto a la incorporación de otras disciplinas)

En el contexto de lo anterior «ir a practicar en una empresa» (habrá que ver cómo será su implementación) es un elemento más en línea con experiencias muy exitosas como el sistema de educación dual implementado originalmente por los alemanes y hoy muy extendido en el mundo (incluido la Argentina) (1). En esta misma línea también son muy buenas y educativas las «prácticas solidarias«.

¿Cual es el problema para relacionar teoría y práctica, o lo abstracto con lo concreto? Debería ser un hecho de celebración para los jóvenes, las familias y toda la sociedad de poder articular estas dos dimensiones que nos hace más humanos y nos permitió evolucionar hasta hoy en día.

(1) Se dan mayores detalles en los fundamentos de este proyecto de ley.

Un trabajo que articule pasión y rutina

En un aporte a este blog de Andrés Gananci (sobre «¿cómo aprender a amar a tu trabajo?») se plantea la cuestión del vínculo entre el amor (podríamos decir «la felicidad») y el trabajo.

En una nota del filósofo Santiago Kovadloff , en el periódico La Nación, se reflexiona sobre dos temas que parecen antagónicos: la rutina (en particular en lo laboral) y la pasión (desafío que se plantea en la imagen de la entrada). Allí expresa -entre otras cuestiones- como «la desmesura romántica nos induce a creer que donde impera la rutina está ausente la pasión. Homologada a la monotonía, reducidas sus posibilidades a la mera repetición, la rutina pierde todo lo que en ella hay de productivo; su esencial fecundidad se convierte en miseria. Hay sin embargo pasión en la diaria perseverancia del astrónomo que explora la noche de los cielos sin dar, quizá durante años, con una nueva estrella que lo deslumbre. La hay en el poeta que persevera en el empeño por transformar sus líneas vacilantes en versos que perduren. O en la tenacidad de quien, tras fracasar en el orden que fuere, no se rinde y retoma el camino del esfuerzo».

Más adelante señala «la distinción no siempre nítida entre semana laboral y fin de semana aspira a diferenciar y contraponer las imposiciones de lo obligatorio a las libertades de lo placentero, propias del sábado y del clásico domingo. En estos últimos dos, se presume, no reina la rutina, desconociendo que, a veces y por eso, se vuelven más inquietantes que los cinco días usuales de trabajo. Ello se debe a que la libertad de que se dispone en buena parte de esas cuarenta y ocho horas deja aflorar, cuando menos se lo espera, la evidencia de que no se sabe qué hacer con el tiempo incondicionado. Resalta, entonces, la evidencia de un vacío afectivo, la ausencia de un proyecto personal o, sencillamente, de un entretenimiento capaz de absorbernos por un buen rato y atenuar la extrañeza de ser nosotros mismos que nos acosa en horas como esas. En momentos así, nos apremia el secreto anhelo de volver al lunes y que sus exigencias nos pongan a resguardo de ese desconocido súbito que somos y que nos asalta al creer que disponemos de nuestro tiempo»,

Reconoce «por lo demás, que muchas vidas consumen sus horas en convivencias forzadas e ingratas y en silencios sin fecundidad; en soledades no buscadas sino padecidas y de las que intentan liberarse como sea. Vidas desdichadas en las que puede no faltar el pan y hasta abundar pero que están privadas de alegría, de encuentros luminosos o de la emoción agradecida de vivir. Basta viajar en un vagón de subte, en Londres o Buenos Aires, para reconocerlas. Llevan estampada en los ojos la íntima desorientación de los tristes; la desolación sembrada por una rutina sin intensidades que sepulta el sentido de los días. Allí lo diario es condena, resignación que convierte en piedra el corazón de sus víctimas». Finalmente hace un nexo con la historia argentina.

Sin duda para que se dé lo expresado en la imagen de la entrada, debe articularse la pasión y la rutina en una actividad personal y social que dé frutos con un contexto de bienestar, armoniosamente vinculado a la inteligencia artificial, con las demás personas y con el medio ambiente. Ello nos puede ayudar a converger hacia un mundo mejor.

Trabajo y Educación

La educación, sin duda -además de diferente al trabajo, tiene finalidades más amplias que este último. La educación en valores y actitudes (tan importante en un mundo –por momentos- muy hostil y poco fraterno, así como para el trabajo en “equipo, grupo u organización”), en ciudadanía (ahora con alcances no sólo nacionales sino también universales), en artes, en lectoescritura y literatura, en deportes… son aspectos muy significativos.

Lo anterior hace al desarrollo integral de la persona, y por lo tanto impacta directamente en las acciones que esta encara, como es el caso del trabajo. Pero lo que más relaciona a estas dos dimensiones es la educación en competencias, tanto las denominadas “blandas” como las denominadas “duras

En eventos  donde se abordó esta problemática, se ha definido a las competencias blandas a las vinculadas con actitudes como comportamiento personal, desempeño social, liderazgo y manejo emocional. Por su parte las competencias duras, son aptitudes relacionadas con conocimientos específicos en oficios o profesiones necesarios para desempeñar eficientemente una tarea. Sin duda, la combinación de ambas hace al talento (tanto original como adquirido) de la persona.

La educación integral es muy importante, incluida la preparación para el ocio creativo. En lo que se refiere al trabajo y dado que irán desapareciendo los trabajos manuales susceptibles de ser reemplazados por la inteligencia artificial, en general hay coincidencia que la mayoría de estos puestos requerirán una formación en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas (el tipo de habilidades que los expertos agrupan bajo el acrónimo STEM) por lo cual será muy relevante no sólo la alfabetización digital y la alfabetización en robótica, sino también las áreas señaladas.

En el caso argentino, así como en otros países, se está requiriendo de programadores. y de allí la importancia de la formación en este campo. El caso de empresas como Globant así lo demuestran. Junto con la enseñanza a nivel secundario y terciario es bueno la articulación con el mundo del trabajo, como es el enfoque y práctica del sistema de formación dual en Argentina y otros países del mundo.

Sin embargo, al día de hoy, podemos afirmar que todas las profesiones que requieran de la empatía y cuidado humano específico seguirán siendo requeridas. Entre ellas podemos mencionar: trabajadores en salud mental y abuso de drogas, terapistas ocupacionales, odontólogos, tareas creativas como arte, cine y teatro, educación, cuidado de gente mayor (longevidad) así como tareas específicas de mantenimiento de bienes (casas, autos, artefactos).

No es un tema menor cambiar las estrategias y formas de enseñanza. En el capítulo 9 del libro de Santiago Bilinkis, referido a la educación (que se puede bajar gratuitamente por internet)  hace hincapié en aprovechar los aportes de las neurociencias así como hacer atractiva y atrapante la enseñanza (por ejemplo con la utilización de videojuegos). También es bueno articular, en general, la teoría y la práctica, y prepararnos para los trabajos del futuro.

Entre tanto habrá que estar atentos a la evolución de la inteligencia artificial y sus impactos, teniendo presente especulaciones como las planteadas en el texto Homo Deus y el rol del estado expresado por personas como Elon Musk. Si además de ser inteligentes podemos ser sabios, seguramente construiremos un mundo mejor.

PD: Es muy importante la vinculación entre la oferta educativa (por ejemplo universitaria) y las necesidades del sector productivo. Según esta nota para la Argentina estaría desfasada.

El trabajo como prosumidores de agricultura urbana

El término «prosumidores» lo hemos desarrollado en esta nota, y hoy en día se utiliza también para los que generan y consumen -a la vez- electricidad. Por otra parte cuando reflexionamos sobre el trabajo indicamos que «en la historia de la evolución humana, el pasaje del “esfuerzo” de ser recolectores y cazadores al Neolítico, con la aparición de la agricultura y la domesticación de los animales, conlleva a un esfuerzo que ya podríamos identificar como una noción más aproximada del comienzo del “trabajo”.

En esta entrada quisiéramos desarrollar brevemente la relevancia de trabajar (1) como prosumidores de agricultura urbana (ver imagen de la entrada), para coadyuvar a la seguridad alimentaria frente a fenómenos como la pobreza, situaciones de crisis y graves emergencias como es el caso de la pandemia del coronavirus (2), el cambio climático y el científico-tecnológico que deja -de manera sostenida o permanente- a personas excluidas del trabajo, entre otras cuestiones relevantes. Se debe aclarar que la agricultura urbana no se desarrolla exclusivamente por estos motivos, sino que también hay otros como generar y controlar que los alimentos sean de mayor inocuidad y calidad (por ejemplo sin pesticidas), en tanto y en cuanto se realicen con procedimientos adecuados a tal fin. Es el caso de Dinamarca, como lo menciona esta nota, donde se señala que este país «trabaja desde hace 25 años para alcanzar estos objetivos. Un ejemplo de ello a nivel local es que el país ha creado proyectos para que los municipios puedan crear huertas en terrenos abandonados» (en esa línea va esta noticia).

Este desarrollo no puede realizarse sólo por el mero esfuerzo individual (3) o grupal (aunque es indispensable) sino que tiene que enfocarse bajo el concepto y práctica de la gobernanza donde el estado, el sector privado y las ongs juegan un rol muy significativo. Para dar sólo algunos ejemplos el estado debe promover normas de arquitectura urbana -por ejemplo en techos o en generación de espacios- como es en Francia y Dinamarca (que venimos de mencionar), o de fábricas con techos verdes (como es el caso de Ford), y valorar el aporte de las granjas urbanas, de la agricultura vertical, así como experiencias de localidades europeas de países como SuizaInglaterra del uso de tecnología como Japón, o proyectos como este. Las ongs, cultos, personas y entidades que puedan donar tiempo, financiamiento o insumos también serán fundamentales. En el caso de Argentina son de destacar iniciativas en desarrollo como en la Ciudad de Buenos Aires (además de la periurbana en el GBA), la interesante experiencia de Mercado Territorial (explicado en este video sobre su desarrollo en la zona sur del conurbano), o en otras ciudades como Rosario, así como el Programa Prohuerta y de hidroponia del INTA, con un rol destacado. Estos últimos pueden aportar mucha más información y conocimiento técnico en esta temática.

Seguramente coincidiremos que «lo ideal» sería que los distintos países y a nivel global convergieran hacia modalidades de economía de bienestar viables y sustentables medioambientalmente, donde la agricultura urbana sea sólo una parte de sus componentes. Pero -entre tanto- debería reflexionarse, proceder en consecuencia y con urgencia sobre esta posibilidad para generar un mayor y mejor piso de subsistencia de quienes están (o pueden estar en el futuro) en riesgo y sin «plan b» a la vista. Ello nos puede conducir a ir convergiendo hacia un mundo mejor.

(1) El trabajo supone una compensación o retribución (en general dineraria) pero en este caso la compensación sería obtener un alimento producido por el esfuerzo de una persona o grupo de personas de manera asociativa, solidaria o bajo formas de voluntariado (tal vez, en algún caso, pueda ser «terciarizado» o solicitar colaboración externa en alguna/s tarea/s o aportes de insumos). También podría considerarse, en algunos casos, como un hobby o actividad recreativa para personas mayores, en la perspectiva de envejecimiento activo -o con este tipo de programas (hoy no funcionando)- incorporando de manera sistemática, voluntaria y -tal vez- rotativa este componente, articuladas de manera educativa para menores. Este sería el caso, por ejemplo en Ciudad de Buenos Aires, con escuelas que «salgan o hagan extensión hacia la comunidad» tutoreadas por sus docentes. En estos casos «la compensación» al esfuerzo de las personas mayores (en tanto no sea una carga agobiante o que genere estrés) podría ser sentirse útiles y felices al salir de la soledad -si fuera el caso- y estar con niños o jóvenes en una tarea educativa, por lo tanto con un sentido de futuro. También podría aplicarse en jóvenes con situación de fragilidad o desventaja como es esta experiencia o usar esta aplicación.

(2) El abastecimiento local de alimentos juega un rol fundamental en estos casos, y sería importante implementarlo tanto como reaseguro por si este fenómeno se repitiera cíclicamente, así como para fortalecer el trabajo local guardando el protocolo del distanciamiento social en su producción, hasta tanto sea superada la pandemia.

(3) Aunque en esta nota del diario Clarín se la valoriza de manera destacada y en esta del diario La Nación plantea como la IA puede ser muy útil en emprendimientos individuales, como es el caso de SmartCultiva, un desarrollo de dos argentinos que exportan sus productos a todo el mundo. Se trata de una «bandeja inteligente» indoor con sensores que permiten tener hasta seis cultivos hidropónicos distintos. «Desarrollamos distintos sensores que te permiten controlar la huerta desde una app en el celular. Miden temperatura, nivel de humedad… y cuando algo está mal salta una alarma al teléfono», explica Martín Bueno, uno de los desarrolladores. La bandeja también cuenta con luz led que se configura desde la app y permite generar distintos los niveles de intensidad». Más adelante expresa «La bandeja inteligente te permite hacer un cultivo sofisticado sin ocuparte mucho de él -sostiene Bueno-. Hoy más que nada la gente quiere estar tranquila con lo que consume. Por eso mismo lo orgánico y cultivar en casa se volvió una necesidad. Recuperar el sabor de las cosas también es otra de las búsquedas. Una lechuga, un tomate cultivado en casa es distinto a uno que se compra por ahí», asegura Bueno, que hasta tiene robots que trabajan en campos y asegura que la mismísima Nasa se interesó por sus sensores. «Estuvimos trabajando con ellos el año pasado para el sistema de cultivos que quieren llevar a Marte», cuenta orgulloso. En cuanto a la hidroponía, Bueno sostiene que es un sistema que permite un crecimiento más rápido sin usar tierra ni consumir agua. «No tenés que estar tan encima, es más fácil porque la bandeja te lo monitorea y te avisa. La tecnología aporta una parte importante para ayudar a quien no tiene tiempo para ocuparse». Después se cita otro caso como es Huertín,

 

Trabajo e Industria

La evolución de la humanidad conllevó ir pasando de una economía agrícola de subsistencia y de procesamiento de minerales, a un desarrollo cada vez mayor de estos y a su manufactura. Con la primera revolución industrial se dio un gran salto, pasando a ocupar este sector gran cantidad de mano de obra (dependiendo del país y de los sectores que abarcaba). La industria fue sinónimo de dar valor a los bienes así ser la mayor generadora de empleo (el nacimiento y crecimiento del proletariado).

Más recientemente el panorama se “complejizó”: la agricultura se fue “tecnologizando” cada vez más, desde las semillas hasta el proceso de siembra y recolección, y la minería (tomemos como caso las sales de litio o el shale gas) también fueron incorporando cada vez mayor “valor agregado”.  A su vez la industria se fue «imbricando» con los servicios (al respecto ver los artículos de las páginas 240 en adelante de la publicación «100 políticas para la Argentina del 2030«). También se fue conformando más heterogénea, y -como se ha señalado en el caso argentino- una industria «a tres velocidades«.

Por otro lado el empleo industrial, luego de la segunda guerra mundial y en particular desde los años 50 en adelante, se fue desplazando hacia el “este”: primero a Europa (en especial Alemania, pero también Italia, Francia y España) y Japón, y luego a Corea del Sur, y otros países del Asia (el caso más relevante y significativo ha sido el de China). No habría que dejar afuera de este listado a países como la India, Vietnam, Malasia, Brasil y Méjico.

Sin embargo, se puede afirmar que –además de desplazarse al este- también fue perdiendo participación relativa frente al crecimiento de los servicios (en algunos casos mezclados con economía digital como la industria del software). En un trabajo realizado por Sebastián Galiani y Martín Caruso se muestra esta tendencia para países como Argentina, Estados Unidos, Europa y Corea del Sur.  En esta línea, y según Dani Rodrik «es muy tarde para la Argentina o Brasil para reindustrializarse. Deberán basarse cada vez más en los servicios, algunos de los cuales serán bienes transables y otros no. Esto sin duda requerirá un tipo de política industrial diferente a la del pasado, acaso una que se enfoque más en los servicios de la industria y la creación de empleos para la clase media». Sobre la relación con la ciencia y la tecnología es muy interesante este aporte, así como la relación entre economía del conocimiento e industria con el caso de Israel.

También reflexiona sobre esta temática José Anchorena que, al respecto, expresa: «el empleo industrial se achica acá y en todo el mundo. El empleo industrial como porcentaje del total de empleo viene disminuyendo, aunque no como número absoluto. Es una tendencia inexorable que pierda peso en el total de trabajadores. Si un país está creciendo es porque está ganando en productividad laboral. Se capitaliza mucho en el sector, y eso significa, resumiendo, que a un trabajador lo reemplaza una máquina. Pero al mismo tiempo, una industria eficiente crea eslabones del área servicios en las etapas pre y post producción. Uno tiene que pensar en la cadena completa de producción. En EE.UU. se quedaron con los dos extremos, diseño y post venta, por decirlo resumido, y le dejaron la producción a China. En Estados Unidos, los salarios son 10 veces más altos que en China. Resumiendo, lo importante es que se mantenga el “core” de la industria, y que los empleos que en teoría pierda son los que se crearán en el sector servicios.»

La denominada «nueva división internacional del trabajo«, conlleva implicancias en un nuevo esquema de organización industrial que se implementa en las cadenas globales de producción (o cadenas globales de valor, o GVC por sus siglas en inglés). Las GVC replican y refuerzan un esquema en donde el proceso básico manufacturero de ensamblaje (poco valor agregado) es asignado a países del sudeste asiático. Los insumos primarios (de bajo nivel de procesamiento y bajo valor agregado) de esas manufacturas son extraídos de países de América Latina o África. El proceso de I+D, marketing, diseño y (hasta comercialización) que históricamente han sido los de  mayor valor agregado en el proceso de producción, hoy en día lo son más y se encuentran aún más concentrados en los países avanzados. Entonces, en ese contexto, la posibilidad de innovar, diferenciarse o generar productos de nicho se torna más dificultosa por las elevadas barreras de entrada ya impuestas (1). Frente a este panorama habrá que seguir los cambios que se están produciendo (y cómo afectan las tendencias recién mencionadas) en las políticas de Estados Unidos de Norteamérica (vinculadas con la «desglobalización«, la promoción de la inversión en su territorio) y en cuanto a China la importancia que le dan a las manufacturas en su desarrollo, avanzando en innovación tecnológica, fuertes inversiones en Estados Unidos y Europa (además de otros países) e industrias chinas en base de robots que comienzan a localizarse en USA. Sobre este punto es interesante el trabajo del INTAL sobre «Industria 4.0«.

En el marco de lo señalado y las nuevas tendencias que está impulsando el gobierno de Trump, está el acuerdo con la UE, así como el nuevo acuerdo automotriz entre entre EE.UU. y México, y luego más en general con Canadá. en el marco del replanteo del NAFTA. A ello hay que sumar nuevas realidades como la de inmigrantes chinos en Italia explicados en esta nota, donde dice: «el relato que sobre los inmigrantes despliega Matteo Salvini, ministro del Interior italiano, es asimétrico. Mientras rechaza a la inmigración africana, cerca del Quirinale, un tradicional centro de fabricación y diseño de moda situado en la Toscana, Prato, no solo es un punto de importación de ropa desde China, sino, a la vez, un verdadero centro de producción chino. Inmigrantes clandestinos chinos llegan constantemente a Italia para trabajar en los miles de talleres de la ciudad –regenteados también por empresarios chinos–, que permiten producir primeras marcas Made in Italy con salarios asiáticos. Según la BBC, en Prato hay  alrededor de veinticinco mil personas de origen chino trabajando por salarios muy por debajo de sus homólogos italianos. A tres dólares la hora, o unos doscientos dólares por la producción de veinte vestidos, los estándares de calidad de los artículos, por supuesto, son mínimos y están lejos de los exigibles a un buen trabajo artesanal, aunque la etiqueta los identifique con una marca y una denominación de origen premium».

Los fenómenos señalados tienen múltiples impactos en la reformulación de la globalización y en la división del trabajo. En el sector agrícola (en particular granario) requiere de mucha menos mano de obra directa (aunque si indirecta como maquinaria agrícola y desarrollo de tecnología) pero mucho más calificada. A la minería hay dificultad para darle mayor agregado local, con algunas excepciones. La industria liviana (textil, calzado, etc.) sufre la competencia de menores salarios, mayores escalas y –a veces mayor tecnología- de países como los que mencionarámos más arriba. A ello debe agregarse el avance de la robotización que, en algunos casos, realizan prácticamente la totalidad de las tareas.

A pesar del pesimismo expresado más arriba por Dani Rodrik, entendemos que todo lo anterior conlleva un gran desafío para generar trabajo para las nuevas generaciones así como a la mano de obra desplazada, y a la población que cae en situaciones de pobreza estructural. Seguramente un primer esfuerzo es mejorar el «contexto de competitividad de la industria» argentina, dado que -según esta nota– «un estudio de OCDE sobre América Latina muestra que, en promedio, la productividad “puertas adentro” de la industria argentina es la más alta de América Latina, el doble que la de México, mejor que la de Brasil o la de Chile».

Un segundo esfuerzo a realizar es acompañar un proceso de «diferenciación» de los productos industriales tradicionales de países como Argentina frente a la actual globalización. A modo sólo de ejemplo podemos citar el caso de la industria del cuero que se puede visualizar en el minuto veinte de este video, correspondiente a una empresa o la industria textil asociada a la industria de la moda y el diseño de indumentaria. Hay también un debate, como el que propone Carlos Leyba (ver sus declaraciones en el Programa «A Dos Voces» del 31/1/2018), donde sostiene que la industrialización tiene que estar enmarcada en un Plan de Desarrollo y con incentivos («la zanahoria necesaria para que los capitalistas inviertan»). Sobre el tema de los subsidios hay que señalar que -en oportunidades- la situación fiscal no lo permite (2) y que pueden ser de muy distinto tipo: desde una amplia exoneración de impuestos como en Costa Rica  o países donde se regala o subsidia el terreno y la inversión inicial, parte de la logística y la capacitación de la mano de obra, pasando por subsidiar su financiamiento para que exporte, hasta rebajas impositivas para nuevas inversiones como el reciente caso de Brasil con la industria automotriz. En el caso argentino, en el marco de una competitividad sistémica y de una visión de mediano plazo de inserción internacional, entendemos que sería bueno establecer una «política de estado» (por ejemplo a través de una ley) de que los subsidios -de ahora en más- deban:

1. ser acotados en el tiempo y decrecientes,
2. estar asociados a recursos naturales existentes y con potencial de desarrollo en el mercado interno e internacional, desde los paisajísticos (como el turismo) hasta los naturales a los que se les agregue valor en origen (desde la minería y la energía hasta el campo), así como a los recursos del conocimiento en desarrollo como es el caso de la industria del software (y en contextos de cercanía como los del Instituto Balseiro, institutos del CONICET, el INTA, etc.)
3. estableciendo que deben tener un cupo de «transabilidad internacional» (como fue en su momento la industria en Brasil) y no sólo para el mercado interno,
4. estar asociados a un tipo de cambio razonablemente elevado (por ejemplo niveles promedio de septiembre de 2018) (3), dado que sino sería muy difícil desarrollar sectores en Argentina con la actual globalización (este nivel de tipo de cambio haría que el subsidio fuera menor, excepto que se atrasara temporariamente el tipo de cambio de estos niveles),
5. estar acotados a un cupo fiscal a estimar de acuerdo a las posibilidades fiscales futuras y a las prioridades sectoriales a establecer en el contexto de un plan de desarrollo.
También habrá que abordar una combinación de políticas públicas en lo educativo, en la capacitación, en lo científico-tecnológico, en el emprendedorismo, en el desarrollo de nuevas industrias (de producción limpia, economía circular y energías renovables), desarrollo de eslabonamientos en servicios pre y post venta y servicios en general (desde el turismo hasta las industrias culturales y ocupaciones vinculadas al cuidado) así como una adecuada protección temporal y acompañamiento en diferenciación de productos y servicios así como en dar un salto de productividad a los sectores menos competitivos (como se señaló más arriba) será fundamental. Lo dicho no descarta la progresiva implementación de instrumentos como el ingreso de ciudadanía o universal, como “piso”, y una adecuada política social.
La pandemia del COVID-19 ha introducido un shock tremendo, no sólo desde el punto de vista sanitario, sino también económico. Al mes de mayo de 2019  no sabemos aún cual será el impacto final en cuanto a la destrucción de empleo, y dependiendo de su duración cuales serán sus efectos en los posibles nuevos empleos (relacionados con la salud, el trabajo a distancia, etc.). Posiblemente tendrá también los siguientes efectos:
– habrá una aceleración del cambio tecnológico, en especial en un incremento de la robotización frente a la vulnerabilidad de los humanos a virus y enfermedades. Esto, tal vez, incluya una mayor versatilidad de las impresoras 3D y del impulso a ser prosumidores,
– habrá una cierta reversión del proceso de globalización, en especial en industrias y sectores como los relacionados con la salud (vacunas, medicamentos, respiradores, barbijos, testeadores de virus, indumentaria protectora para el personal de la salud…) y en sectores estratégicos vinculados a las comunicaciones (como el 5G) y a la defensa. Es relevante una reciente decisión de Japón.
– relacionado con lo anterior no creemos que ese proceso de reversión sea significativo en el caso de las materias primas y los alimentos. Respecto de estos últimos puede generarse una mayor autosuficiencia y seguridad alimentaria en los distintos países, pero entendemos no será significativo en el caso de los países que son grandes consumidores como la India, China y otros países del Asia, por lo menos a corto plazo,
entre los principales.
Habrá que ver si además de los daños y muertes de personas y empresas, podremos encontrar caminos para un mundo mejor.
(1) Agradezco el comentario de Haroldo Montagu sobre este punto.

(2) como es el caso de la situación fiscal de Argentina, agravada desde abril de 2018.

(3) Dada la problemática actual del balance de pagos en la Argentina, y su proyección en los próximos años para la generación de dólares para el pago de la deuda externa y creación de empleo, se supone que este tipo de cambio –en promedio y con oscilaciones– es el que debería existir en términos constantes (compatible con lo anterior). Si esto fuera así habría que hacer un análisis de la industria que puede tener sostenibilidad de ahora hacia el futuro, en especial en territorios como el conturbano bonaerense. El resto del trabajo que no se ocupe en la industria (incluida la del software y en general al conocimiento), tendría que ser canalizado en nuevos servicios (como el turismo, el entretenimiento, etc.), la economía popular o proponer a la población sin ocupación que se desplace a economías regionales con posibilidades de incorporación de empleo.

El rol de las oficinas de empleo del Estado

En este blog le hemos dedicado una sección a la temática del trabajo, y también hemos hablado sobre la dificultad de pasar de planes sociales a empleo formal.

En esta nota se intenta hacer un aporte sobre el rol institucional de las oficinas de empleo del Estado, que -en la Argentina- son a nivel municipal. Esperamos que pueda ser un modesto aporte a los desafíos futuros que ellas pueden llegar a tener.

Teletrabajo, Trabajo Remoto….

El teletrabajo, trabajo remoto, a distancia móvil, «home office» y denominaciones similares, tiene ya un recorrido, desde que se generaron y difundieron las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento, y se han acelerado en contextos como el de la pandemia del COVID-19 (debatiéndose si luego de la misma permanecerá -como dice esta nota– o no). Al respecto la OIT ha hecho algunas recomendaciones.

Una de las primeras definiciones de teletrabajo fue dada por Jack Nilles en 1973 de la siguiente manera: “el teletrabajo es la posibilidad de enviar el trabajo al trabajador en lugar de enviar al trabajador al trabajo”. La idea de llevar el trabajo al trabajador resultaba atractiva pues parecía solucionar la escasez de combustible de la época y las pérdidas de tiempos muertos en la actividad de ir al trabajo. Conceptualmente está asociado a los enfoques de tercerización, outsourcing y externalización. En el caso del outsourcing está comúnmente definido como la transferencia de ciertas actividades y procesos de una organización, previamente realizados a nivel interno, a una parte externa de ella. Es una herramienta de optimización de recursos que permite la disminución de costos, la mejora de la calidad de los servicios, la simplificación de procesos, entre otros, ayudando a las empresas a enfocarse en sus actividades principales y por ende a mejorar su desempeño.

De acuerdo con un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo y Eurofound, publicado en febrero de 2017, en el que analiza el teletrabajo en 15 países – Argentina, Brasil, India, Japón, Estados Unidos y 10 países de la Unión Europea: Alemania, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Reino Unido y Suecia –, la incidencia del teletrabajo varía considerablemente entre el 2% y el 40% de los trabajadores, depende no solo de los avances tecnológicos registrados en cada uno de los países sino también, de la estructura económica y la cultura de trabajo existente, además de otros factores como la profesión, el sector y la frecuencia con que los trabajadores participan en esta modalidad de empleo. Finlandia, Japón, Países Bajos, Estados Unidos y Suecia son los países con porcentajes de teletrabajadores más elevados, mientras que Argentina es el país con el porcentaje más bajo llegando apenas al 2% de trabajadores que teletrabajan. Todavía no existen estadísticas precisas acerca de cómo el COVID-19 ha impactado en el teletrabajo, pero -sin duda- se puede afirmar que lo ha incrementado exponencialmente a casi todo el universo del trabajo vinculado con los servicios (1).

En cuanto a la normativa en la Argentina, el 30 de julio de 2020 el Senado de la Nación aprobó una ley de régimen laboral del teletrabajo que el Poder Ejecutivo promulgó y tiene estas características. Recibió objeciones de entidades empresariales como la UIA, la Cámara Argentina de Comercio y la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), entre otras.). Las principales críticas son a la modalidad de reversibilidad de la relación laboral y a los horarios de trabajo. Referido a cómo abordarlo de manera saludable, algunos consejos prácticos se muestran en este video.

(1) Dependerá del grado de informatización y conectividad de los contextos y actores involucrados.

PD: Además de las fuentes relevadas en internet, se ha utilizado la Tesis de Maestría en Relaciones Internacionales, presentada en la Escuela de Estudios de Posgrado de la FCE-UBA, titulada «Teletrabajo aplicado al sector BPO de Colombia: análisis comparativo desde la experiencia Argentina» y elaborada por Magda Lizbeth López Cely.

Propuestas sobre el Trabajo en Argentina

En esta sección hemos analizado y reseñado distintas fuentes sobre las dimensiones a tener en cuenta en la cuestión del trabajo y planteado lineamientos posibles de acción en cada una de ellas.

Sobre el futuro del trabajo también destacamos posiciones como la de Santiago Bilinkis (vinculado con el cambio tecnológico) y Eduardo Levy Yeyati (en varias oportunidades). En una nota de este último del 4/4/2018 plantea como temas de agenda:

  • «desde una reforma educativa en línea con un mundo laboral cambiante (una trayectoria de aprendizaje permanente hecha de tramos más cortos y distribuidos en el tiempo) a la formación profesional de adolescentes y adultos (en la que el sector privado es esencial no sólo como orientador sino como proveedor de espacios y recursos de formación),
  • pasando por la protección del trabajo independiente (con beneficios portátiles y facilidades de ahorro y acceso a financiamiento, y con nuevas formas de agremiación), los incentivos a la formalización (los datos recientes del INDEC sugieren que se debilitaron),
  • y una reforma tributaria que reduzca cargas laborales para compensar.»

Señala que «queda, por último, la discusión de fondo: cómo distribuimos el empleo si la demanda total cae. O, más en general, cómo garantizamos una sociedad inclusiva que reparta los frutos de la productividad tecnológica, ya sea en más y mejores servicios públicos o transferencias monetarias universales que complementen las menos horas trabajadas». Sobre el escenario pospandemia se puede ver este video.

Del debate y la implementación de medidas cómo las que propone seguramente serán conducentes encarar esta problemática tan compleja y dinámica.

 

El trabajo y las variables macroeconómicas

En el sistema capitalista son fundamentales las variables macroeconómicas. En esta nota trataremos de dar algunos ejemplos en vinculación con el trabajo.

Comenzaremos por el tipo de cambio. Si es libre o con flotación “administrada” (es decir con intervención del Banco Central para atenuar las caídas y moderar las subas) su cotización dependerá de los precios relativos de la economía (y del costo y productividad de los factores de producción) y en especial del balance comercial (exportaciones – importaciones) y más en general de la balanza de pagos (que incluye lo anterior pero también los servicios, rentas, transferencias, y cuentas de capital y financiera).

Daremos sólo un ejemplo de apreciación pronunciada y sostenida del tipo de cambio, producto de lo que se ha denominado “la enfermedad holandesa” Se le dio ese nombre por el impacto que tuvo la generación de riqueza y gran entrada de dólares por el descubrimiento en el año 1959 y explotación por parte de Holanda de yacimientos de petróleo en el Mar del Norte. Este efecto puede darse también por una gran entrada de divisas por otros motivos (deuda externa, blanqueo de capitales, inversión extranjera directa, entre los principales). También puede tener efecto más localizado: podría ser el caso, por ejemplo, del impacto de las regalías hidrocarburíferas que irá recibiendo la Provincia de Neuquén (Argentina) con el desarrollo del yacimiento de “Vaca Muerta”.

Lo anterior dará como resultado un incremento del trabajo en este sector, así como en los servicios directos e indirectos asociados, pero la valorización de la moneda local producirá un deterioro de las exportaciones de otros sectores y un incremento de las importaciones (dependiendo de las características específicas de cada rama de actividad y país), hará que se pierda trabajo en los demás sectores.

Otras variables son el costo del capital, su cantidad y canalización a la inversión, la cantidad de ahorro y de consumo, el acceso a recursos naturales valorizados por el mercado y el costo, cantidad y calificación de la mano de obra. El tipo de relación entre los capitalistas y los trabajadores también influirá en la generación o no de trabajo, así como la educación y calificación de la mano de obra.

En consecuencia que haya trabajo o no es complejo dependiendo de cómo son estas variables y su relación con la economía global y el tipo de apertura que tenga la economía de ese país. Sin abordar todas estas cuestiones de manera adecuada en el actual sistema económico no se resolverá la tematica del trabajo.

De todos modos el “mundo está cambiando” tanto por movimientos desglobalización (en especial por países como Estados Unidos, o al menos en buscar revertir flujos de inversiones y comerciales), como por el cambio climático y en especial el científico-tecnológico. Darle a este cambio un “sentido de mundo mejor” y de un postcapitalismo del compartir, sería deseable.

 

Trabajo Voluntario y Solidaridad

En la sociedad salarial el trabajo está asociado a una recompensa material, que permite al trabajador poder cubrir las necesidades de este orden. Sin embargo, aunque no tiene la magnitud del trabajo asalariado, hay trabajos que no se pagan (1). Si no incluimos el trabajo esclavo, ellos van desde las tareas que hacen miembros de una familia en el hogar hasta el cuidado de niños y personas mayores allegadas al núcleo familiar.

También están las tareas solidarias hacia un «prójimo» que va más allá del grupo primario y más cercano, que pueden presentarse bajo la forma de trabajo voluntario o solidario (por ejemplo en el marco de la economía del don), y por lo tanto sin percibir una retribución material. Las personas que lo hacen tienen, en general, una motivación humanística o religiosa, y son sensibles a la fragilidad, precariedad, no satisfacción de necesidades básicas o sufrimiento de otros que no ha podido ser resuelto ni por sus familiares, ni por el mercado ni por el Estado (aunque este último tiene el deber de atenderlo). Esto puede realizarse hacia personas, como hacia animales y el medio ambiente en general.

Hay distintas motivaciones y tipos de voluntariado. Las Naciones Unidas tiene un programa de voluntariado en el mundo. En un estudio del año 2011 de esta organización menciona un Informe de Gallup que indica un promedio mundial del orden del 16 % de la población que hace tareas voluntarias en alguna organización o sector de la sociedad. Según un artículo del diario La Vanguardia. Birmania encabeza a los países «generosos» y hay un gráfico con muchos datos (se señala que en Argentina es el 22% de la población que tiene estas prácticas mientras que la estimación de Gallup es del 21% y la del INDEC para el año 2013 la calcula en el orden del 10%).

Hay múltiples organizaciones nacionales e internacionales, tanto laicas como religiosas, que ayudan a canalizar el trabajo voluntario y, más general, los distintos tipos de donaciones (tiempo, especies, dinero). Es importante, más allá de la responsabilidad del Estado y de la responsabilidad social de las empresas, ayudar a objetivar las necesidades insatisfechas y los tipos posibles de ayuda. En este sentido iniciativas como las de la ONG «quieroayudar.org» o apps para ayudar a gente de la calle en Argentina hacen un aporte significativo en esta dirección. Ojalá que todos quienes puedan (o podamos) confluir en hacer más eficaces los esfuerzos solidarios lo vayamos logrando a fin de poder tener un mundo mejor

(1) entre ellos están las experiencias de «work away» que son positivas, excepto que escondan formas de explotación y de fraude.