¿Impotentes, Escépticos o Constructores Esperanzados?

En una nota del diario La Vanguardia, Zygmunt Bauman, entre otras cuestiones expresa: «hoy hay una enorme cantidad de gente que quiere el cambio, que tiene ideas de cómo hacer el mundo mejor no sólo para ellos sino también para los demás, más hospitalario. Pero en la sociedad contemporánea, en la que somos más libres que nunca antes, a la vez somos también más impotentes que en ningún otro momento de la historia. Todos sentimos la desagradable experiencia de ser incapaces de cambiar nada. Somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero que entre sus intenciones y diseños y la realidad hay mucha distancia. Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente”.

A pesar de la frase de este pensador, su historia personal ha sido de un cambio «para mejor«. También hay cuestiones a nivel macro o mundial que han sido para mejor, como la disminución de la pobreza y la ampliación de derechos. Sin duda todo ello coexiste con un mundo preocupante, con el incremento de la desigualdad y los riesgos derivados de una carrera armamentista y un acelerado cambio tecnológico y climático.

Sin embargo, el mayor riesgo para un cambio profundo es que las personas que operamos como agentes no actuemos con la sabiduría como la que señala Lao Tse en la imagen de la entrada (o de las distintas religiones y corrientes sapienciales), y no seamos lo suficientemente hábiles para trasladarlo a «instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente».

Hay motivos para ser escépticos, y que la amenaza y el miedo como forma de convivencia predomine y nos lleve a un final apocalíptico, dado que no direccionamos nuestra energía para el mutuo cuidado y del medio ambiente, sino como dominio de unos sobre los otros. Está en cada uno decidir si el escepticismo se transformará en cinismo y parálisis, o si persistirá la búsqueda (con aciertos y errores) de una construcción esperanzada de un mundo mejor en nuestros vínculos más cercanos así como en la cultura, la economía, la sociedad y la política.

 

Dialogando con los Mitos

Hace muchos años, un grupo de personas estábamos elaborando un documento y un sacerdote (el Padre Orlando Yorio) (1) sugirió incluir la temática de los mitos. Dado que era una persona muy sabia, humilde y con algunas características excepcionales, así lo hicimos. En lo personal entendía que los mitos remitían a una cuestión arcaica y premoderna, alejada de la racionalidad, pero -por respeto y gran valoración a este amigo- aceptamos su sugerencia.

Con el tiempo pude saber que «a lo largo de su obra Freud utilizó la mitología de diferentes maneras: a veces para desentrañar el sentido de las formaciones del inconsciente, otras para develar sentidos inéditos de los mitos a partir de los aportes del psicoanálisis, finalmente como fuente argumentativa». Por su parte Jung, como se expresa en la imagen de la entrada, hace un aporte diferenciado a la concepción de Freud. Como dice esta fuente: «en su autobiografía Recuerdos, sueños, pensamientos, Jung, al explicar la dinámica de su obra, señala el momento crucial en el que se le plantea como exigencia ineludible el conocimiento y el estudio de los mitos. Se trata del momento que precede y prepara la escritura de su obra Símbolos de transformación, publicada en 1912. Es el momento en que su relación con Freud entra en crisis, crisis que desemboca en ruptura precisamente con la publicación de ese libro, cuyos contenidos se desmarcan claramente de la doctrina de Freud».

Según la fuente que venimos de mencionar, para Jung «la capa superficial de lo inconsciente personal descansa sobre otra más profunda que ya no procede de la experiencia personal ni constituye una adquisición propia, sino que es innata. Esa capa más profunda es lo llamado inconsciente colectivo. Jung observa que eligió el término “colectivo” porque tal inconsciente no es de naturaleza individual sino general, es decir, a diferencia de la psique personal, tiene contenidos y formas de comportamiento que son iguales cum grano salis en todas partes y en todos los individuos. “Es, con otras palabras, idéntico a sí mismo en todos los hombres y por eso constituye una base psíquica general de naturaleza suprapersonal que se da en cada individuo».

Para la Wikipedia, «según Mircea Eliade, el mito es una historia sagrada que narra un acontecimiento sucedido durante un tiempo primigenio, en el que el mundo no tenía aún su forma actual. Los acontecimientos de la naturaleza que se repiten periódicamente se explican como consecuencia de los sucesos narrados en el mito (por ejemplo, en la mitología griega el ciclo de las estaciones se explica a partir del rapto de Perséfone). Sin embargo, no todos los mitos se refieren a un tiempo «primero», también pueden abordar sucesos acontecidos después del origen, pero que destacan por su importancia y por los cambios que trajeron.

Según la visión de Claude Lévi-Strauss, antropólogo estructuralista, todo mito tiene tres características:

  • Trata de una pregunta existencial, referente a la creación de la Tierra, la muerte, el nacimiento y similares.
  • Está constituido por contrarios irreconciliables: creación contra destrucción, vida frente a muerte, dioses contra hombres o bien contra mal.
  • Proporciona la reconciliación de esos polos a fin de conjurar nuestra angustia.

Por su parte, el antropólogo Bronislaw Malinowski afirmaba que no hay aspecto importante de la vida que sea ajeno al mito. Por ello, existen mitos religiosos (como el nacimiento de los dioses), políticos (como la fundación de Roma) o sobre temas particulares (por qué el maíz se convirtió en el principal alimento de un pueblo, como sucedió con los pueblos prehispánicos de México). Para Malinowski los mitos son narraciones fundamentales, en tanto que responden a las preguntas básicas de la existencia humana: razón para existir, razón de lo que lo rodea, entre otras. Malinowski también aclaró que el mito pertenece al orden de las creencias.

Las funciones de los mitos son múltiples ya que es parte de una cultura. No obstante, en general, se puede aceptar tres funciones esenciales: explicativa, de significado y pragmática. La función explicativa: se refiere a que los mitos explican, justifican o desarrollan el origen, razón de ser y causa de algún aspecto de la vida social o individual, por ejemplo, el mito griego que narra cómo se originó el mundo del «Caos» o el Génesis que comenta el nacimiento de la mujer de la costilla de un hombre. La función pragmática del mito implica que los mitos son la base de ciertas estructuras sociales y acciones, así, un mito puede marcar una línea genealógica y determinar quiénes pueden gobernar o no. Gracias a esta función, los mitos especifican y justifican por qué una situación es de una manera determinada y no de otra. La función de significado se refiere a que los mitos no son solo historias que brindan explicaciones o justificaciones políticas, también otorgan un consuelo, objetivo de vida o calma a los individuos, así sucede con mitos que hablan de la muerte, el sufrimiento o la victoria, por lo tanto, los mitos no son historias alejadas de la persona, sino que funcionan como un asidero existencial, un motivo, de acuerdo al psicoanalista estadounidense, Rollo May. Las tres funciones se suelen combinar de manera constante».

Según esta nota del diario El País «es usual calificar de “míticos” o “mitos” a las grandes estrellas del espectáculo, a futbolistas y atletas, y ahora también a algunos cocineros. “Mito” es así un sinónimo de “ídolo adorado por las masas”; “ídolo” es, en cambio, vocablo pasado de moda. Para sus fans son seres mitológicos, tan de fábula como los superhéroes, glorificados por los focos de la actualidad. Si bien entró bastante tarde en nuestra lengua —último tercio del XIX—, la palabra “mito” tuvo un éxito enorme: hoy, “el mito se dice de muchas maneras”. En el sentido de “lo fabuloso”, el término “mito” apunta a lo irreal, y se confunde con “lo falso”, y con esa fuerte connotación negativa se usa para descalificar exageraciones, bulos, y creencias ajenas. En ese sentido, los “mitos” son vanas “ilusiones” de los otros. A las “creencias” se contraponen “ideas”, como dijo Ortega, y antes los sofistas griegos. Pero los mitos perviven, se prestan a relecturas y a manipulaciones, a veces perversas».

Si bien hay enfoques (como el positivismo) y autores como Mario Bunge que rechazan al psicoanálisis, así como el planteo del inconsciente y los mitos como algo relevante (según él una especie de «brujería moderna»), es bueno -como sugirió Yorio en la frase de entrada de esta nota- valorar esta dimensión, que puede coexistir con el enfoque científico tradicional o clásico.

En esta reflexión hemos tratado de plantear esta temática en toda su diversidad y complejidad. Como se expresa en el título, es muy relevante reconocerla y «dialogar con ella». Analizar lo que contiene de válido o verdadero, como fenómeno subyacente de nuestra psiquis individual y colectiva, y aquello que nos relaciona con lo trascendente y nos refuerza el sentido de una vida plena. También es importante discernir, aunque no es fácil, cuando son sólo vanas ilusiones o se prestan a manipulaciones de sentimientos y emociones de personas que se sienten inseguras, que necesitan creer en alguien (idolatrizándolo) o en algo (confundir ideales con idealización), que lamentablemente a veces se utilizan para plantear supremacías de ideologías, creencias de todo tipo, razas, géneros o naciones sobre otras, y ello no se corresponde con un análisis riguroso de la historia, de los datos fehacientes de la realidad presente o de valores y prácticas que nos lleven -en la práctica y en el futuro- a un mundo mejor.

(1) Sirva esta reflexión como humilde homenaje a Orlando Yorio. En esta nota se hacen muchas referencias a su pensamiento sobre esta temática y en particular a este capítulo de un libro de Kusch (agradezco a Oscar Campana que me lo haya recordado).

 

Del equilibrio de fuerzas al de armonía, equidad y amor

La noción de equilibrio se la define, en general, como el «estado de inmovilidad de un cuerpo sometido a dos o más fuerzas de la misma intensidad que actúan en sentido opuesto, por lo que se contrarrestan o anulan». En el caso de la noción de armonía se la expresa como el «equilibrio, proporción y correspondencia adecuada entre las diferentes cosas de un conjunto». El ejemplo clásico de esto se da en la música. Trataremos de hacer una reflexión sobre estas cuestiones planteando que necesitamos ir hacia un equilibrio armónico entre el cuidado del adentro y del afuera (como muestra la imagen de la entrada) y que el mismo sea con «más música y menos fuerza (como dominio)» que nos permita converger hacia un mundo mejor.
Entendemos que una de las cuestiones que subyace debajo de un equilibrio armónico es que haya un «piso» de justiciaEste término tiene distintas acepciones ya sea, por ejemplo, en la tradición judeocristiana como en la aristotélica (que luego fuera tomada por Santo Tomás de Aquino). Respecto de esta última, según esta fuente «la justicia universal representa la suma de las virtudes en las relaciones sociales… e implican que las mismas están sometidas a la autoridad y regularidad de las leyes… Sin embargo, aunque la legalidad es una condición necesaria de la justicia, no es una condición suficiente, pues las leyes positivas pueden ser injustas». En cuanto a la justicia particular «es una virtud (ética) entre otras (una parte del todo) que tiene como función básica contener la codicia (pleonexia) que se manifiesta en el comportamiento de los individuos. Mientras la justicia universal tiene como fin primordial el bien determinar el bien en términos colectivos, la justicia particular se centra en la determinación del bien en las relaciones entre individuos particulares». De acuerdo con la misma fuente se desagrega en los siguientes elementos:
  • «la justicia distributiva se sustenta en una proporcionalidad geométrica, la cual presupone definir un criterio de distribución, así como el mérito de cada individuo en relación con ese criterio (tratar igual a los que son iguales y de manera desigual a los desiguales). Aunque no es posible definir en abstracto un solo criterio de distribución, lo que se puede establecer es que, en la medida que la justicia distributiva es parte de la justicia universal, los criterios distributivos en las sociedades deben sustentarse en un consenso de todos los participantes.
  • la justicia conmutativa implica tanto el intercambio voluntario, faceta para la cual podemos reservar el término de justicia conmutativa en sentido estricto, como la situación en la que existe un daño que requiere ser reparado, faceta a la que podemos llamar justicia correctiva. Una manera de aproximarse a esta diferenciación es tomando en cuenta la actual distribución entre derecho civil y derecho penal…En sentido estricto se sustenta en una proporcionalidad aritmética. Si la división social del trabajo conduce a la necesidad del intercambio de bienes, se requiere que este intercambio se realice de manera voluntaria y que en este proceso el valor de los bienes intercambiados sea igual, para que cada uno conserve el valor de los bienes que le corresponden. La justicia conmutativa en su faceta de justicia correctiva tiene como objetivo restaurar la igualdad cuando esta se ha roto debido a acto violento, ya sea abierto u oculto. Aunque Aristóteles afirma que la justicia correctiva debe sustentarse también en una proporción aritmética, en su polémica en torno al término de reciprocidad asume la necesidad de una proporcionalidad geométrica para establecer la pena al infractor. Ello parece indicar una concepción jerárquica del orden social, inaceptable desde el punto de vista de las sociedades modernas».
Este enfoque -como se ha dicho- luego fue desarrollado por Santo Tomás y aplicado a conceptos como el «justo precio», abandonado en la modernidad (más recientemente ha tenido una actualización bajo el concepto de «comercio justo«). Desde los inicios de la ciencia económica, la misma ha estado muy influenciada por otras disciplinas como la física newtoniana y su noción de equilibrio (de fuerzas). Trasladado esto a la economía, su noción de equilibrio va a estar despojada de cualquier connotación valorativa y se va a referir al equilibrio (ya sea estático en un momento determinado, o dinámico) de las distintas fuerzas que operan en el mercado (1). El marco legal sólo tiene que garantizar el libre juego de fuerzas. Lo anterior luego va ir siendo formalizado por distintos pensadores como Vilfredo Pareto donde, según esta fuente «dada una asignación inicial de bienes entre un conjunto de individuos, un cambio hacia una nueva asignación que al menos mejora la situación de un individuo sin hacer que empeore la situación de los demás se denomina mejora de Pareto. Una asignación se define como «pareto-eficiente» o «pareto-óptima» cuando no pueden lograrse nuevas mejoras de Pareto. La eficiencia de Pareto es una noción mínima de la eficiencia y no necesariamente da por resultado una distribución socialmente deseable de los recursos. No se pronuncia sobre la igualdad, o sobre el bienestar del conjunto de la sociedad». Como bien señala Amartya Sen «puede haber muchas situaciones que son eficientes en término de Pareto sin que todas sean igualmente deseables o aceptables desde el punto de vista de la sociedad (o sus miembros)».

Respecto de la cuestión de la igualdad (que no aborda Pareto) y su relación con la libertad en una sociedad democrática, va a ser desarrollado desde la filosofía política liberal por pensadores como John Rawls (2) y, en particular, en su libro «Teoría de la Justicia«. En el mismo intenta resolver el problema de la justicia distributiva empleando una variante del recurso familiar del contrato social. La teoría resultante se conoce como «Justicia como equidad«, de la cual Rawls deriva sus dos célebres principios de justicia: El principio de la libertad y El principio de la diferencia. Para este pensador el primer principio de justicia es que cada persona debe tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales compatible con un esquema similar de libertades para otros. El segundo principio de justicia consiste en que las desigualdades sociales y económicas deben de resolverse de modo tal que:

  1. resulten en el mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad (el principio de la diferencia).
  2. los cargos y puestos deben de estar abiertos para todos bajo condiciones de igualdad de oportunidades (justa igualdad de oportunidades)

Más allá de la gran significación que ha tenido, así como sus aspectos controversiales y múltiples comentarios que recibió, es un gran «avance» desde el enfoque liberal el abordar la cuestión de la justicia como equidad y sus derivaciones en el derecho, la economía, la sociedad (la ciudadanía) y la política.

El pensamiento socialcristiano y socialdemócrata van a retomar en la modernidad también la cuestión de la justicia social. Según esta fuente en el primer caso se remonta a Luigi Taparelli, «considerado uno de los fundadores de la doctrina Social de la Iglesia, basó sus ideas en una renovación del pensamiento tomista y consideró que la justicia social era una noción diferente tanto de las nociones de justicia conmutativa como de la justicia distributiva, que caracterizan al pensamiento aristotélico-tomista (3).

Varias décadas después, a finales del siglo XIX, el término «justicia social» (social justice) vuelve a usarse en Inglaterra, por parte de los socialistas fabianos. La expresión ya aparece en los famosos Fabian Essays in Socialism (Ensayos fabianos sobre el socialismo), publicados en 1889. En el socialismo fabiano, la justicia social desempeña el papel de finalidad ética por excelencia, para guiar la evolución social mediante cambios no revolucionarios hacia un sistema de socialdemocracia. A partir de los fabianos, el concepto de justicia social fue adoptado por la socialdemocracia, principalmente en InglaterraFrancia y Argentina. En Inglaterra, el concepto pasó al Partido Laborista inglés, al que la Sociedad Fabiana se integró, y fue aceptado y retomado por el gobierno liberal a través de su emergente el Ministro de Comercio David Lloyd George, cuyo objetivo manifiesto era «lograr la justicia social». En la misma época, en Francia, el Partido Socialista a través de Jean Jaurés, adopta el concepto de justicia social como parte de su socialismo ético y pacifista. En Argentina, el Partido Socialista incorpora el concepto a través de Alfredo Palacios, elegido diputado en 1904, vinculando las ideas de «nuevo derecho» y justicia social.

Luego de la Primera Guerra Mundial, en 1919, se crea la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que incorpora la noción de justicia social a su Constitución, en la primera frase, como fundamento indispensable de la paz universal… A partir de este punto, la discusión de la justicia social entró al discurso jurídico y académico. En 1931, la noción de justicia social se incorpora plenamente a la Doctrina social de la Iglesia Católica, al utilizarla el papa Pío XI en la Encíclica Quadragesimo anno. Para Pío XI, la justicia social es un límite al que debe sujetarse la distribución de la riqueza en una sociedad, de modo tal que se reduzca la diferencia entre los ricos y los necesitados:

58. A cada cual, por consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados.

De nuevo, en la encíclica Divini Redepmtoris de 1937, la Iglesia prescribió que la realización de la justicia social dependía en la promoción de la dignidad de la persona humana. El mismo año, a causa de la documentada influencia de Divini Redemptoris en sus redactores, la Constitución de Irlanda fue la primera constitución en consagrar el término como un principio de la economía en el Estado, y después otros países alrededor del mundo hicieron lo mismo a lo largo del siglo XX, incluso en regímenes socialistas como la Constitución de Cuba de 1976.

A finales del siglo XX, un número de pensadores, especialmente Friedrich von Hayek, rechazó el concepto diciendo que no significaba nada, o significaba muchas cosas.​ Sin embargo, el concepto mantuvo su influencia, particularmente con su promoción por filósofos como John Rawls (que se mencionó más arriba). Aunque el significado de justicia social hoy varía, al menos tres elementos comunes pueden ser identificados en las teorías contemporáneas al respecto: un deber del Estado de distribuir ciertos medios mínimos vitales (como derechos económicos, sociales y culturales, por ejemplo), la protección de la dignidad humana y las acciones afirmativas para promover la igualdad de oportunidades

Al liberalismo económico no le gustan los enfoques que venimos de mencionar (salvo el de Hayek y similares) porque distorsionan las fuerzas del mercado. También desde un pensamiento progresista, exponentes como Tzvetan Todorov, nos alertan sobre quienes buscan lo que consideran “el bien” de cualquier manera y a cualquier costo imponiendo su poder con una actitud mesiánica. Ambas posiciones tienen elementos válidos a ser tenidos en cuenta en el sentido de que:

  • hay que ser realistas de que «las fuerzas de los intereses» particulares tiene distintas formas de expresarse en la economía (en lo que llamamos mercado), en la sociedad y en la política, y deben ser tenidos en cuenta. No se trata de distorsionar estas fuerzas sino de luchar por darles otro sentido. Ser conscientes de que ello es el fruto de un largo proceso evolutivo que nos ha llevado a un capitalismo que disminuyó la pobreza pero es cada vez más desigual y degradante del medio ambiente, pero que no es sustentable. Ello no puede resolverse de «cualquier manera» (hay ejemplos que así lo testimonian) porque pueden conducirnos a un mundo peor, en linea con lo que se menciona a continuación:
  • buscar el bien no es suficiente sino que es deseable y necesario que ello se haga articulando igualdad con libertad en el marco de un sistema democrático, como plantea Rawls y tantos otros. Ejemplos concretos de esto son países como Suecia, o en general los países escandinavos. Estas experiencias, con sus debidas adaptaciones a cada realidad (4), deberían ser un nuevo piso civilizatorio.

De la lucha por ese nuevo piso civilizatorio donde haya equidad, deberíamos seguir evolucionando tomando expresiones sublimes de la cultura humana como es la música que -como dijimos al principio- expresan un equilibrio armónico. Es una metáfora que, tal vez, nos pueda estimular a pasar de situaciones dolorosas y dramáticas de desarmonía (interior y exterior) por conflictos entre fuerzas de dominio, a ser partícipes de una energía transformada en música como lo expresa la sinfonía Oda a la Alegría de Beethoven. Tal vez sea utópico pero se podría intentar, no?

(1) cabe decir que hay distintas situaciones de equilibrio y de desequilibrio, así como diversos enfoques como es el caso del equilibrio de Nash, que no se desarrollarán en esta breve nota. Desde el punto de vista de la teoría económica se puede consultar el texto de Joseph A. Schumpeter, Historia del Análisis Económico, Ed. Ariel, Barcelona, 1954, páginas 1037 a 1143.

(2) En el libro «Rawls, la justicia es la virtud más importante de una sociedad democrática», Colección Aprender a pensar, RBA, España, 2015, en la pagina 60 dice: «según Rawls, la cultura política occidental entiende la sociedad como un sistema equitativo de cooperación a lo largo del tiempo, de una generación a otra. De entrada, esto significa que rigen la convivencia y la cooperación entre las personas tienen que aparecer adecuadas a todas ellas, si se quiere la aceptación general. No existe la cooperación forzada. Pero también significa que los bienes sociales son tales porque se han producido colectivamente, gracias a la cooperación entre todos los ciudadanos. Por consiguiente sostuvo Rawls que <<todos los que están comprometidos con la cooperación y cumplan con ella tal y como lo exijan las reglas y los procedimientos (aceptados por todos) han de resultar beneficiados de la manera convenientemente fijada por un punto de referencia adecuado>>. Este punto de referencia serán los principios de justicia distributiva.» En la página 61 se explican las diferencias que tiene Rawls con el comunitarismo y con el neoliberalismo.  Por otra parte la cuestión de la cooperación subyace en la teoría del equilibrio general de Léon Walras (quien fuera un gran promotor del cooperativismo). En la cita 105, de la página 1088, del libro de Schumpeter mencionado en (1), comenta que Walras criticó a los economistas ingleses por confundir la función empresarial con la del capitalista, y que lo que hizo fue aislar la función «combinadora con mayor claridad, y la emparenta al cuarto agente productivo de Marshall: la organización». También menciona que este autor admitiera en su enfoque «colectividades entre lo empresarios«.

(3) Cabe destacar que en la parábola de los jornaleros en el Evangelio (Mateo 20) Dios «va más allá de la justicia» (puede abordarse desde el enfoque del «don generoso»). Está relacionado con el enfoque y práctica del altruismo.

(4) para la adaptación al caso argentino es interesante la opinión de Beatriz Sarlo en este video.

¿Creencias versus Ideologías?

En el libro de Ortega y Gasset que mostramos en la entrada, el filósofo expresa que «mientras que las ideas las pensamos, somos las creencias. Quiere decir Ortega que las creencias forman parte íntima de nosotros hasta tal punto que no son objeto de nuestro pensamiento consciente, todo lo contrario, son cosas que damos por hechas sin más. Cuando el mundo nos muestra una fractura entre él y nuestra creencia no podemos más que reaccionar con estupor. Aunque las creencias pueden ser problematizadas en pocas ocasiones y esto solo por contadas personas, no podemos dejar de creer en ellas, a diferencia de las ideas».

La afirmación anterior surge de este ensayo que, además agrega que «por idea debemos entender, según el filósofo, aquellas estructuras mentales explicativas en las que pensamos. En tanto que somos conscientes de ellas son ideas y no creencias, por tanto la distancia entre el sujeto y sus ideas es un hecho radical. Somos portadores de ideas. En este sentido la ciencia, como actividad consciente, es un conjunto de ideas explicativas de aquello que llamamos real. Lo real debe ser entendido, lógicamente, como un entramado de nuestra mente, el mundo “en sí” no es accesible a nuestras ideas y ni siquiera problematiza Ortega la cuestión de si existe un sustrato metafísico más allá de ese mundo mental que llamamos realidad. No es una cuestión relevante. Desde esta perspectiva, ciencia, religión y poesía están más estrechamente emparentadas de lo que creemos: son estructuras mentales conscientes que pretenden interpretar lo real. Que la ciencia sea considerada como conjunto de ideas objetivas es irrelevante para el asunto, puedo volver al ejemplo de la religión: en la edad media europea se pensaba que el cristianismo y sus explicación del mundo terrenal y espiritual era “objetiva”, esta valoración de la estructura ideológica de la religión no la transformaba en objetiva ni distinta a cualquier otra estructura de ideas».

El Papa Francisco, que lidera el catolicismo en el mundo y tiene una prédica y gestos tan relevantes vinculadas con los excluidos y con el cuidado del medio ambiente, parece no concordar con el enfoque de Ortega -al menos- cuando las ideas van en determinados sentidos. Lo ha expresado en numerosas oportunidades, por ejemplo en un Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM, en Rio de Janeiro, el 28/7/2013, tal como se puede visualizar en este link. Allí entre otras cuestiones habla de «La ideologización del mensaje evangélico. Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia», y dentro de ellas:

«a) El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista.

b) La ideologización psicológica. Se trata de una hermenéutica elitista que, en definitiva, reduce el ”encuentro con Jesucristo” y su ulterior desarrollo a una dinámica de autoconocimiento. Suele darse principalmente en cursos de espiritualidad, retiros espirituales, etc. Termina por resultar una postura inmanente autorreferencial. No sabe de trascendencia y, por tanto, de misionariedad.» También lo expresó en un viaje a Paraguay (las ideologías terminan mal), en eventos en la Santa Sede (la ideología es un mal), entre otros.

¿Qué podemos decir sobre lo de Ortega y Gasset y las afirmaciones del Papa Francisco (1)?:

  • según el primero son cuestiones diferentes y que coexisten en todo ser humano y cultura,
  • la coexistencia de unas con otras, hace que sea difícil separarlas tajantemente, como lo demuestra el caso del sistema de ideas que se consideran derivadas de la fe cristiana que, en la Iglesia Católica se denomina Doctrina social de la Iglesia,
  • cuando el sistema de ideas o ideología se basa en una totalidad o cosmovisión cerrada, entra en conflicto con una creencia del Todo (o Dios) y si se quiere imponer por la fuerza termina mal o en violencia, como dice el Papa Francisco,
  • del mismo modo cuando las creencias quieren aplicarse a la realidad bajo un sistema de ideas y por la fuerza (como han sido los integrismos y fundamentalismos) también terminan mal,
  • el sistema de ideas, que denominamos ciencia y se funda en evidencia empírica, es de fundamental importancia articularlo con el resto de las ideas y creencias, a fin de un mutuo enriquecimiento en la búsqueda de una verdad compleja, que se nos va develando en el curso de la evolución.

Poder discernir sobre estas cuestiones de manera profunda y sincera es un aporte a no caer en debates estériles que se anulen mutuamente. Ojalá podamos abordar esta complejidad que han tenido y tienen tantas implicancias para ir hacia un mundo mejor o un mundo peor.

(1) Un cambio significativo en el lenguaje fue realizado en este documento del 4/2/19 firmado en Abu Dabi entre el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, donde en una parte del documento se condenan o rechazan «la tendencias ideológicas odiosas» dándole una precisión que, hasta ese momento, no se daba.

¿Soluciones para los desesperados?

La desesperación humana, como sabemos, tiene distintas causas: de salud, emocionales, situaciones económicas extremas… En esta nota intentaremos hacer una reflexión sobre esta última y su impacto en las migraciones y en un modelo de globalización insostenible.

En una nota de Marcelo Cantelmi, titulada «el auténtico drama no es a dónde buscan llegar, sino de dónde y de qué están huyendo«, señala la masiva migración de desesperados de Siria, Libia, y norte de Africa hacia Europa, y cómo se lo intenta resolver con un sistema de cuotas entre países, u otros -como el nuevo gobierno de Italia- no dejándolos entrar. Algo similar se podría decir sobre las distintas medidas que ha tomado el Presidente Trump con los migrantes de centro américa y Méjico (así como de otros países) que lo ha llevado al extremo de enjaular a niños que separaron de sus padres. Finalmente, y al momento de redactar esta nota, esta última medida fue revisada.

Estos dramas ¿se pueden resolver con muros, prisiones, dejar morir en el Mediterráneo…..? Si lo que predomina es la ferocidad humana frente a una invasión pacífica de menesterosos, la respuesta será positiva. Si predomina la sensibilidad, articulada con la razón y valores de justicia y solidaridad, se podrán buscar otros caminos.

Los otros caminos tienen que pasar por reformular el modelo de globalización que ha surgido luego de la Segunda Guerra Mundial, con una nueva forma de institucionalización que disminuya una desigualdad creciente captando recursos de los sectores de más altos ingresos (y/o de transferencias financieras a nivel global) y aplicándolos a un fondo de desarrollo de los países desde donde emigran estas personas. Lo anterior también es válido respecto de la situación al interior de los distintos países donde viven personas en situaciones de pobreza e indigencia. También conlleva a que, en cambio de generar nuevas alternativas de dominio y de conflicto (como la guerra en el espacio o alentando divisiones en países del medio oriente), se reorienten esos recursos a la construcción de la paz y la eliminación de la pobreza. Esto nos puede conducir a un mundo mejor.

 

La Sustancia y la Forma

El concepto de sustancia (o substancia), según este glosario de filosofía, «procede del latino «substantia» que es, a su vez la traducción del griego «ousía». Su significado más general es el de «fundamento» de la realidad (significado que adquiere ya de forma clara con Aristóteles) «lo que está debajo», lo que «permanece» (podríamos agregar «la esencia») bajo los fenómenos, lo «subsistente». Pues, en cuanto tal, la sustancia es ante todo sujeto, lo que tiene su ser en sí, y no en otro, sirviendo por lo tanto de sustrato en el que «inhiren» o se instalan los accidentes, las formas de ser que no son sujeto, sino que se dan en un sujeto (en la sustancia)».

Según la fuente que venimos de mencionar, tanto para Platón como para Aristóteles, la forma es también la esencia del objeto. Pero «los filósofos escolásticos distinguirán varias clases de «formas» (artificiales, naturales, sustanciales, accidentales), llegando incluso a admitir la existencia de formas separadas o «puras». Con el descrédito del aristotelismo, y a partir de la revolución científica del Renacimiento, el término caerá en desuso».

En esta nota tomaremos el enfoque de los escolásticos sobre lo que es la forma, y lo relacionaremos con lo que Galeano -en la imagen de la entrada- denomina «el envase». Esto significa que nos guiamos por las apariencias, por lo que vemos superficialmente y no podemos (a veces, no queremos) discernir sobre la importancia de la esencia o sustancia. Esto último requiere, además de conocimiento, sabiduría en cuanto a la esencia del «¿qué? y poder respondernos el «¿para qué? o el sentido de nuestros conocimientos y acciones.

Lo anterior hay que ponerlo en un contexto de época que Bauman ha denominado modernidad líquidaGilles Lipovetsky la caracteriza como hiperindividualista, Sartori la enfatizó en el homo videns a través de la televisión que hoy se ha reconfigurado a los distintos dispositivos que fluyen en internet, particularmente en las redes. Sobre esto último se ha referido Nicholas Carr y su impacto en nuestro cerebro (potenciando «la superficialidad»). Todo esto convive contemporáneamente con cuestiones ancestrales como los mitos. Según esta fuente, «toda cultura alberga una tradición mítica. Según Georges Dumézil: “un país sin leyendas se moriría de frío. Un pueblo sin mitos está muerto”.

Si acordamos que todo lo que venimos de mencionar tiene relevancia, vamos a tomar algunos ejemplos de su utilización en el caso argentino. Por un lado a veces la apariencia o el envase tiene una connotación trascendente (casi mítica), vinculada con una mística patriótica, como es la reivindicación de la soberanía de Malvinas, que -en la última dictadura militar- fue utilizada en esencia para que la misma pudiera mantenerse en el poder indefinidamente. Esto viene sucediendo no sólo en las dictaduras sino también en corrientes de fuerzas populares que sólo se focalizan en conquistar y mantenerse en el poder del Estado.

En el otro extremo se desvaloriza lo mítico y lo místico en cuanto a enfoque y discurso, y se explota la superficialidad, el individualismo y aspectos banales y sensibles del electorado para manipularlos políticamente. Según algunas notas periodísticas este enfoque se estaría aplicando en la formación de líderes políticos de un partido. En el caso de otros ni siquiera se hace ningún tipo de formación o debate sustantivo (son meras cáscaras electorales).

Se considera que es importante tomar conciencia de esta problemática. En línea con lo que planteaban Platón y Aristóteles, en cuanto a que la sustancia o esencia tenga las formas -en este caso entendidas como actos o procedimientos- adecuados que sean coherentes con las primeras sin ninguna disociación, pero remarcando que es necesario y deseable que este alineamiento entre unas y otras nos lleve a un mundo mejor.

 

Houston tenemos un problema

El título y la imagen de la entrada hace referencia a una frase similar («Houston, hemos tenido un problema aquí») pronunciada por el astronauta Jack Swigert (luego repetida por Jim Lovell) durante el accidentado viaje de la nave Apolo 13 lanzada el 11/4/1970 por la NASA. La nave debía alunizar, pero esto fue abortado debido a la explosión de un tanque de oxígeno dos días después del despegue. Ello (problema inicial) generó una grave situación  (problemas derivados) causada por la energía limitada, la pérdida de calor en la cabina, falta de agua potable (por congelación) y la crítica necesidad de reparar el sistema de depuración de dióxido de carbono. La templanza de la tripulación y la ayuda desde la base (liderazgo y trabajo profesional en equipo) pudieron hacer regresar la nave a salvo seis días después.

Desde ese momento esta frase ha sido una expresión de sinónimo de un hecho imprevisto y grave, pero que pudo ser resuelto satisfactoriamente. Se la ha utilizado, además de en el cine, como material educativo. Si es una metáfora de la aplicación de la inteligencia humana, podríamos preguntarnos si esto no nos da la esperanza de actuar con sabiduría a fin de poder revertir diversos problemas como situaciones de injusticia, de exclusión y pobreza, de crisis económicas, del cambio climático….

Lo anterior conlleva la capacidad de evolucionar, de canalizar nuestra energía de manera diferente, de transformar nuestra cultura y dentro de ella de cambiar actitudes, procesos e instituciones, con los consiguientes resultados que nos lleven a un mundo mejor.

La Agenda de los Marginados

Quien está en el margen de la vida social, lo está por distintas razones: donde ha nacido y fue criado, su posibilidad o no al acceso de bienes y servicios básicos como la alimentación, la educación, la salud, la vivienda, el trabajo… etc. Por lo tanto influyen cuestiones micro y cuestiones macro o sistémicas.

¿Cual es el grado de visualización de estas situaciones, de sus causas y consecuencias (no sólo para esas personas sino también para el resto de la sociedad), así como son las posibilidades de remediación, desde lo paliativo hasta lo curativo más integral? Las respuestas son muy diversas y entre ellas podemos mencionar:

  • a veces el marginado está en una situación tal (como es el caso de los leprosos de Calcuta) que muchas veces ni siquiera tiene fuerzas para pedir,
  • como es una realidad traumática muchos «no queremos ver» o angustiarnos, por individualismo, por falta de sensibilidad, porque no sabemos cómo actuar…
  • otras veces personas sensibles, o por sus creencias religiosas, su ideología humanista, política u otro tipo de cosmovisión, buscan concientizar sobre estas situaciones y proponen distintos cursos de acción: desde los más inmediatos y urgentes hasta los que conllevan la construcción de otra sociedad o sistema socioeconómico. Esto último, en oportunidades, queda solo en el plano de lo utópico y otras veces se encuentran iniciativas y caminos para su cambio,

entre otras.

En el caso de países como Argentina, distintos movimientos sociales han podido pasar de la protesta a una agenda de propuestas, y al primero de junio de 2018 se presentan cinco proyectos de ley al Congreso. El primero de ellos es el que declara la «Emergencia Alimentaria», que dispone un relevamiento nacional para detectar a niños, niñas y adolescentes con malnutrición o en riesgo de estarlo, y el refuerzo de las partidas presupuestarias para programas alimentarios. Los otros se vinculan a la urbanización de barrios humildes y la suspensión de desalojos, una ley de Agricultura Familiar, una ley de Emergencia en Adicciones, y un proyecto para que el 25% de la obra pública sea realizada por cooperativistas. Esto se realizará en el marco de una Marcha Federal donde, además, habrán otras consignas.

Sin duda estas iniciativas requieren -además de su debate y consenso- de que se reasignen recursos y/o que otros sectores sociales que no están en esta situación hagan un esfuerzo mayor en lo impositivo y en su involucramiento social para que puedan ser viables. Una de las características del mundo de hoy, es la existencia de un capitalismo desigual donde no faltan recursos sino que hay codicia, despilfarros, mala asignación y crecientes asimetrías de poder entre personas, grupos sociales y naciones generando graves injusticias. Ejemplos de estas últimas son los millones de pobres que hay en los distintos países del mundo, las hambrunas que se producen en la región del Sahel en Africa, o los países que sufren guerras y catástrofes climáticas y humanitarias. Parte de esa población busca emigrar, por ejemplo a Europa o a centros urbanos prósperos, generando solidaridad e inclusión pero mayormente rechazo, conflictividad social y xenofobia cuando adquiere grandes dimensiones.

Si recursos no faltan: ¿en este siglo XXI podremos actuar con sensibilidad y sabiduría para reasignarlos con inteligencia? ¿puede ser que asignemos enormes recursos a la defensa, a la guerra, a viajar al espacio exterior… pero no hayamos resuelto el problema de la pobreza? De la respuesta de este tipo de interrogantes depende de que vayamos hacia un mundo mejor o no.

 

Wishfull Thinking

La frase en inglés del título de esta nota significa un pensamiento que confunde deseos con realidad. Sería equivalente a ser «iluso», o tener razonamientos ilusorios. También se lo utiliza para expresar que determinada persona «cae en lugares comunes», es decir que expresa consignas, ideales u objetivos inalcanzables.

Shakespeare en la frase de la imagen de la entrada va en dirección a tener una buena actitud de amar a todos y no hacer daño a ninguno. Si la interpretación fuera la correcta podría significar que el «amar a todos», en principio, conlleva tener un primer gesto de confianza hacia el prójimo y hacia uno mismo. Pero, si somos realistas, la confianza hay que construirla y «ganarla» con hechos concretos diferenciando sueños de factibilidades y siendo conscientes de nuestra fragilidad -y a veces mezquindad- humana. Por eso, y hasta que esos gestos se efectivicen y revisen periódicamente, se concreta –en la práctica- en pocos.

Es un buen interrogante, por ejemplo, para lo que se escribe y reflexiona en general en este blog. Tal vez la mejor respuesta sea esta nota con la frase de Galeano acerca de la utopía que trata de reflejar lo que se busca en el horizonte pero no se la confunde con la realidad presente. No sólo ideales para un mundo mejor que nos ayuden a salir de escenarios distópicos o realidades angustiantes, sino también cambio de actitudes (condición necesaria pero no suficiente) expresadas en pistas de posibles caminos y procesos, a fin de alcanzar resultados que nos ayuden a ser más felices (equivalente a un mundo mejor). Todo ello en un proceso crítico de evaluación que no nos haga caer en lo ilusorio e impracticable. Ojalá que la crítica y contribución de los lectores nos ayude a lograrlo.

La amenaza y el miedo como forma de convivencia

John von Neumann fue un genio de las matemáticas, y con múltiples facetas como ser: la mecánica cuántica, la computación, las máquinas autoreplicantes, la teoría de los juegos…, entre otras muchas. En un documental del sábado 26/5/18, del Canal Encuentro de la televisión argentina, denominado: «John von Neumann, un profeta para el siglo XXI» (*) se narra su historia. De ella sólo nos focalizaremos en una parte práctica o dimensión aplicada de su inteligencia: su involucramiento profesional en la lógica de la teoría de la destrucción mutua asegurada y su derivación concreta en el Proyecto Manhattan y en el programa atómico estadounidense a partir de la segunda guerra mundial.

Su hija señaló entre sus características personales, que además de su gran inteligencia y ser una persona divertida, era también muy pesimista sobre la naturaleza humana, que lo hacía caer -por momentos- en el cinismo. Otros que lo conocieron señalaron que, en el ya mencionado involucramiento en la teoría de la destrucción mutua -y en la capacidad de disuasión nuclear norteamericana-, tuvo mucho que ver lo que vivió en su infancia y juventud en Hungría, y su temor y odio a los rusos (desde la época soviética en adelante). Estas experiencias y emociones habrían jugado un rol central en direccionar su gran inteligencia a esta temática.

Si bien esta teoría ha funcionado hasta el momento (en línea con lo planteado por Tony Judt en su libro «Posguerra») -o sea: no hubo una nueva gran guerra mundial– desde el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, pero podríamos preguntarnos ¿que pasaría -como se explica en el video que hace mención a la teoría- si en uno de los países hubiera algún «falso positivo» de una amenaza nuclear?, o ¿faltara racionalidad en alguno de los actores, en particular de alguno de los líderes (en el video de la teoría se menciona por ejemplo el caso de Hitler, o -podríamos agregar- algún fanático o «inestable» psicológicamente)?, ¿se puede seguir con esta lógica y correr el riesgo de la desaparición de toda forma de vida? (**).

Nuestra inteligencia promedio, sin duda, es mucho menor a la de von Neumann. Ahora bien, ¿podremos incorporarle sabiduría dándole una direccionalidad diferente a la del mutuo terror o el espanto?

En línea con la sabiduría, en la imagen de la entrada se toma una frase de Aristóteles vinculando la superación del miedo con la plenitud de la libertad. En el cristianismo, San Pablo en su carta a los romanos (8, 14-16) expresa que «todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre!. El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios«. Esto lo dice en el marco de que «sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto (22)».

El sufrimiento de los dolores de parto de la creación, a los que se refiere San Pablo, ¿serán un motivo de reflexión en línea con jugar nuestra libertad positiva en vencer al temor, y -al menos- permitirnos una convivencia pacífica e ir buscando la felicidad? ¿o predominará el pesimismo de von Neumann -y de tantos otros- que consistirá en vivir con el cuchillo entre los dientes (como Rambo) y terminaremos desdentados o con un final apocalíptico? En este último caso la evolución del Universo (o del multiverso) seguirá por otros caminos que no serán -lamentablemente- en el planeta Tierra.

(*) Este documental no se ha subido en la web. Una versión similar en francés se puede visualizar en este video. El legado de von Neuman y dimensiones de su personalidad también ha sido presentado por su hija en este video en inglés.

(**) Esto también puede darse de avanzar el cambio climático hasta este extremo.