¿Somos Soldados? - En la Búsqueda de un Mundo Mejor
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¿Somos Soldados?

24 Abr ¿Somos Soldados?

A la pregunta del título, podemos responder que si, en el caso de que formemos parte de un ejército u organización armada. Sin embargo, en un sentido más amplio y si se quiere “metafórico”, la respuesta también puede ser afirmativa dependiendo de cómo nos “posicionemos” en este mundo. La imagen de la entrada, del juego de ajedrez, nos representa dos reinos (o bandos) enemigos en pugna que cuentan con perfiles similares en cuanto a jerarquías y funciones, y cada una con determinadas posibilidades y limitaciones en el marco de determinadas reglas y territorio (tablero). Podríamos afirmar que, en la batalla que se libra en el juego, todos son soldados incluidos el Rey y la Reina como figuras destacadas.

Se ha mencionado que “este juego es un fiel reflejo de la estructura jerárquico-social de la India: 

– El rey o brahmán se encuentra en la posición central, junto a su consejero (la dama actual).
– Los Kshatriyas representados por los alfiles, caballos y torres.
– Los Sudras y Vayshas simbolizados por los peones; hasta hoy día ha llegado a nosotros la denominación que se le da a cada uno de los peones: labrador, herrero, notario, mercader, médico, tabernero, esbirro y jugador; profesiones propias de estas castas”. Fue luego retomado por el segundo imperio persa, y posteriormente introducido en Europa. 

El mundo, como campo de batalla entre grupos humanos que rivalizan por el poder, requiere de soldados. Además de las luchas entre naciones o bloques de naciones, pueden ser batallas religiosas (las Cruzadas del cristianismo, las versiones más radicalizadas del Islam…), socio-políticas a través de militantes que siguen una causa y un liderazgo, o económicas entre competidores del mercado.

El teórico y consultor organizacional Gareth Morgan, entre sus publicaciones se cuenta el libro “Imágenes de las Organizaciones” (Ed. Alfaomega, Méjico, 1991), donde enfoca a las organizaciones como “metáforas”. En el primer capítulo desarrolla “la organización como máquina”. En la página 13 dice que”mucho se aprendió de lo militar, que en tiempo de Federico el Grande de Prusia llegó a tener un prototipo de organización mecánica… ; fomentó el principio de que a los hombres debía enseñarles a temer más a sus jefes que al enemigo”.  Hoy podríamos decir que el liderazgo basado en la identificación con un arquetipo “exitoso” (dependerá de cómo se califique el éxito) y en la persuasión más que en el temor, es lo que tiende -en general- a predominar en las organizaciones que perduran.

Si deseamos convivir en paz, tener empatía entre nosotros (superando el enfoque y la práctica de que “sólo cuentan los intereses y las relaciones de poder”) y evolucionar en sabiduría, no podemos convertir el mundo y organizarnos como un tablero de ajedrez (por más que sea un ejercicio o juego de defensa o ataque, según el caso) ni ser soldados –dado que no deberíamos estar en ninguna guerra- sino que tendríamos que tratar de construir un mundo mejor. Seguramente podríamos empezar por un cambio personal y grupal, tomando la expresión de Walt Kelly, Pogo: “hemos encontrado al enemigo y somos nosotros”.

 

 

 

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