La Cuestión del Fracaso

05 May La Cuestión del Fracaso

Cualquier acción o iniciativa en nuestra vida puede resultarnos bien, regular o mal. Hay muchas razones por las cuales podemos fracasar. Aquí algunas de ellas:

  • Nuestra intención ha sido buena pero no hemos tenido en cuenta una multiplicidad de factores (la cuestión de la “complejidad”) que operan para tener éxito. De ello se puede inferir que hemos “idealizado” (hemos confundido tener “ideales” con no haber registrado cuestiones de la realidad que no se ajustaban a estos ideales), no hemos planificado bien, no hemos entendido bien cuales son las necesidades externas que debemos satisfacer, sus deseos y si estamos en condiciones de satisfacerlas en términos socioeconómicos (capacidad de retribución de quien recibe y eficiencia, eficacia y calidad de nuestra organización para proveerlas), el contexto cambió o era más adverso de lo imaginado, a largo plazo cada nueva generación tiene sus propias características (y su ejercicio de la libertad) que inciden en mantener o no la iniciativa inicial (la cuestión de la “sucesión”) … 
  • Llevado al campo socioeconómico actual los especialistas que analizan “la empresarialidad”, es decir el intento de generar y desarrollar con éxito una empresa en el contexto del sistema económico vigente, señalan que en un porcentaje importante fracasa (para el caso de Méjico esto representa un 40% de las micro y pequeñas en el primer año de vida). Para el caso argentino la Red CAME indica que 8 de cada 10 emprendimientos fracasan en los primeros dos años de vida.Por su parte la Revista FORBES indica que el 90% fracasa. Las razones para esto son muy diversas (véase: http://www.iadb.org/wmsfiles/products/publications/documents/1481923.pdf entre otros documentos) que van desde el contexto socioeconómico hasta las habilidades o capacidades para responder a una demanda específica, cada vez más exigente y cambiante.
  • Si a lo anterior le agregamos las iniciativas donde el excedente es necesario pero no la búsqueda del lucro como fin principal, se comparta este excedente y las decisiones (la cuestión de la democracia en la empresa y las formas cooperativas), los bienes y servicios generados tengan sustentabilidad y objetivos sociales (las empresas sociales, las economías “integradas”, las socialmente responsables -que realmente lo sean- y otras denominaciones), podemos afirmar que también muchas fracasan por cuestiones similares a las anteriores, pero también porque se plantean exigencias adicionales (en especial desde “otros valores”) que satisfacer. Entre las distintas razones específicas podemos mencionar: el individualismo ha predominado, no se ha podido pasar de individualismo a un personalismo maduro y del compartir donde cada persona tenga un valor reconocido en este tipo de instituciones, no se encontraron formas de liderazgo adecuadas para este tipo de instituciones y sobre el contexto en el que les toca operar, la búsqueda de consensos ha llevado a un “asambleismo” permanente y poco fructífero, los comportamientos poco involucrados de algunos miembros ha llevado a otros a considerar que se estaban produciendo situaciones injustas y ello genera desánimo en los más involucrados, derivado de cuestiones anteriores la organización se va burocratizando y perdiendo dinamismo frente a un contexto donde la agresividad del capital está presente y las puede sacar (o las saca) “de juego”, entre otras. Sin embargo al igual que lo señalado en el punto anterior (donde hay millones de iniciativas que han prosperado) también aquí tenemos mil millones de personas que pertenecen a organizaciones cooperativas (aunque algunas de ellas sólo sea en “lo formal”), millones de personas que comparten solidariamente lo que hacen y lo que piensan (por ej. Wikipedia), millones de personas que hacen trabajo voluntario y donan, miles de iniciativas de empresas sociales, socialmente responsables y similares que hoy funcionan con “éxito”….

Aprender del error -que nos ha llevado a fracasar- forma parte del aprendizaje de la vida, dada nuestras limitaciones como seres humanos y del contexto –la mayor parte de las veces incierto- en el que operamos. También forma parte del aprendizaje en el campo específico del conocimiento científico-tecnológico y de emprender. Sobre esto último, en el libro Crear o Morir, de Andrés Oppenheimer (Ed. Debate, Buenos Aires, 2014) en la página 60 menciona que “en Sillicon Valley, cuando enumeras tus fracasos es como si estuvieras enumerando tus diplomas universitarios. Todo el mundo aquí entiende que con cada fracaso aprendiste algo, y por lo tanto eres más sabio que antes” (entrevista del autor con Vivek Wadhwa). En el mismo libro, en la página 62 señala que Thomas Alva Edison tuvo más de 1000 intentos fallidos para inventar una lamparita eléctrica, y en la página 63 menciona que “los hermanos Orville y W. Wright, a quienes se identifica como los pioneros de la aviación, hicieron 163 intentos fallidos antes de realizar su primer vuelo tripulado en 1903”. En línea con lo expuesto van artículos como el de Santiago Bilinkis.

Analizar críticamente la realidad, y en particular los errores y fracasos, es un aprendizaje continuo que debemos hacer no sólo para ser lograr un mayor dominio de la naturaleza, ser creativos y alcanzar más prosperidad y bienestar, sino también para darle un sentido en línea con la búsqueda y construcción concreta de un mundo mejor.

No hay comentarios

Publicar un comentario