Para Economistas

En la entrada “A quien va dirigida esta página” hemos expresado que nos dirigimos a dos públicos: 1. un público amplio informado y formado, y 2. A un público interesado por “lo económico” o con formación económica que esté abierto a la posibilidad de intercambiar ideas. A esto últimos van las siguientes reflexiones.

La formación de base que hemos tenido, en general, ha sido sobre la economía convencional, más allá de que luego hayamos hecho cursos o tomado opciones sobre otros enfoques. Aquí nos referiremos sobre la cuestión de la economía convencional.

En esta página web, en la entrada de “Tratando de Fundamentar” hemos expresado que la misma es hija de la modernidad. Con ello estamos diciendo que la ciencia económica convencional nació en un contexto con las siguientes principales características:

  • Influencia del enfoque newtoniano de la ciencia.  Aquí también está presente la cuestión de la importancia de la objetividad (sin incluir la subjetividad con sus emociones y sus valores y, por lo tanto, con neutralidad valorativa) y el determinismo de leyes universales.
  • La exaltación del individuo (concepción individualista vinculada a su propio interés y también llevada a lo metodológico) y su libertad (en su variante “negativa”).
  • La razón, en particular “instrumental”.
  • La utilidad llevada al extremo con el “utilitarismo”. Esto luego cambió definitivamente en la ciencia económica con Lionel Robbinsen el enfoque de “preferencias” que los individuos expresan o revelan ante cada elección de alternativas o combinaciones posibles, con una valoración relativa. Este es “el enfoque” que se utiliza mayoritariamente hoy en día en la ciencia económica (*).
  • La idea de “carrera” hacia un “progreso indefinido”,

entre los principales elementos.

Cuales son algunas de las principales características del contexto de comienzos del siglo XXI?:

  • El enfoque newtoniano es algo “particular” (que sigue sirviendo para explicar una parte de la física, y –por ejemplo- para enviar naves al espacio) pero luego de Einstein y otros físicos sabemos que la realidad es mucho más compleja, el equilibrio es una situación particular en el marco de situaciones de desequilibrio, de caos, de azar, de indeterminaciones, no linealidad, etc. Si bien la economía ha ido incorporando elementos (como los modelos que utilizan la teoría del caos aplicados a lo financiero) no se ha revisado a fondo las implicancias en la economía de este cambio de paradigma científico (por ejemplo con la física cuántica).
  • Dentro de lo anterior: lo objetivo y lo subjetivo. Sin duda es muy importante buscar la objetividad (podríamos usar el concepto de “verdad”) pero hoy sabemos que “el lugar” (en un sentido amplio) de desde donde observamos tiene una gran incidencia en una verdad “compleja” que se nos va develando de a poco. La economía del comportamiento (además de las neurociencias y la psicología) y los nuevos enfoques de la física está haciendo un gran aporte en esta dirección.
  • La temática de la exaltación del individuo ha sido analizada por distintos pensadores y su diferencia con el concepto de persona en particular fue abordada por filósofos como  Maritain. Desde otra perspectiva esta temática la aborda el filósofo canadiense Charles Tayloren su obra: “Fuentes del Yo: La Construcción de la Identidad Moderna” .
  • La razón instrumental. Es sólo una dimensión de la razón. Por su parte, vinculado a lo que mencionábamos sobre la economía del comportamiento, hoy sabemos que las emociones y las redes neuronales de nuestro cerebro inciden en que nuestra racionalidad sea “limitada” y muchas veces “sesgada”.
  • Lo “útil” es una característica del “yo” según la psicología y en particular del psicoanálisis, y está asociado a “lo práctico” y a lo que el sujeto considera “viable y que le sirve”. Sin embargo no es la única característica del ser humano, ni puede ser llevado a un “valor sólo y único”, sino que hay otros valores (la ética, la justicia, la solidaridad, la empatía compasiva…) que deberían tener una “jerarquía” superior. Por su parte el enfoque de “preferencias” nos abre la puerta a la diversidad de móviles (que incluyen “lo útil”), pero en el enfoque de Robbins no se abre la posibilidad de hacer un discernimiento sobre las mismas ni sobre sus efectos o consecuencias sistémicas, sociales y ambientales. Al respecto véase las implicancias de este enfoque en el libro de Horacio Fazio, que se cita al pié de página.
  • Vimos que Adam Smith habla de “carrera” vinculado al progreso material que nos llevará a “la riqueza de las naciones”, sin tener en cuenta las restricciones ambientales y el cuidado de las personas en el proceso económico. Esto no sólo está asociado a la búsqueda del propio interés y a la búsqueda de la maximización del lucro, sino a “ser grande” o poderoso. Por lo tanto aquí aparece la exaltación individual del poder como lugar donde tengo lo máximo posible y busco controlar todo. En este sentido el capitalismo será una forma particular de manifestación del poder (desde lo económico y los “intereses” que lo representan), como lugar de dominio y de conflictividad. Todo ello lo atenuará con el enfoque de la “simpatía“.
  • Por otro lado estará la posición de quienes buscan el progreso moral, o que la ciencia se oriente a terminar con la dominación y la injusticia. Aquí hay distintos enfoques o posiciones. En el caso de los que eligieron el camino de una opción “radical” (en el sentido “jacobino”) ello conllevó a sacar por la violencia la “herramienta” de poder (la propiedad de los medios de producción) pero sin cambiar lo “sustantivo” de esta noción de poder. Se lo transfirieron a una categoría “abstracta” como es “la sociedad” pero a través de una mediación muy importante: una vanguardia, un partido, un liderazgo que lo concentró en el Estado. Por lo tanto lo que terminaron haciendo es “cambiar de lugar el poder” (no lo transformaron en su “esencia”), generando una maquinaria burocrática que pretende tener todo bajo control, expresado nuevos mecanismos de dominación y finalmente terminando en expresiones de variedades de capitalismo.

Para concluir sobre cual es el enfoque que tenemos en esta temática:

  • La economía convencional tiene una aplicación válida pero limitada en cuanto a explicar la realidad y, en general, está acotada a lo que ha venido ocurriendo en los últimos doscientos años de aplicar un enfoque “formal” de la economía, de individuos que buscan maximizar sus preferencias a corto plazo y tienen –entre otras cosas- aversión al riesgo en un cuadro institucional (que ha sido o es) cambiante e incierto. Es importante el capital “como recurso”, pero este enfoque “maximizador” del mismo no sirve para buscar “un mundo mejor” (ni en los vínculos de las personas entre sí ni con el medio ambiente). Ello se debe a que descarta –por principio- lo valorativo en su dimensión relacional social y ambiental, y las demás dimensiones subjetivas de la persona humana, que incluyan -pero vayan más allá- del propio interés. Encontrar consensos en estas dimensiones será fundamental si realmente queremos alcanzar un mundo mejor.
  • Por lo expresado el enfoque de la economía convencional tiene implicancias en lo que se refiere a los sistemas económicos y no tener en cuenta afirmaciones como las que realizara Julio H. G. Olivera en 1997 (ver: Realidad e Idealidad en la ciencia económica, en Ciclos, año VII, Vol. VII, No.13, Buenos Aires) donde expresa que “el funcionamiento de un sistema económico, centralizado o descentralizado, individualista o socialista, depende en última instancia de las fuerzas morales de una sociedad”(citado por Fazio, H., pág. 99). Seguramente el Profesor Olivera no estaba menospreciando los aspectos materiales y de cambios científico-tecnológicos que, a lo largo de la historia, han formado parte de los sistemas, de la cultura, y de la civilización humana.
  • Los enfoques que entendemos sirven para dar elementos que nos posibiliten “un mundo mejor” son varios y entre ellos podemos mencionar a los siguientes: el enfoque “sustantivo” de la economía (Karl Polanyi); los que colocan a la economía en un contexto medio ambiental más amplio (Georgescu-Roegen); los que buscan vincular la economía con otros valores como la ética y la justicia (Amartya Sen); los que plantean una economía plural,como es el caso de René Passet, y dentro de ella el enfoque de la economía social y solidaria y otros enfoques y modalidades similares; los que desarrollan el pensamiento y la práctica de un desarrollo humano y sostenible (por lo tanto la cuestión medio ambiental); autores como Zamagni y Bruni con el enfoque de los bienes relacionales (economía civil de una ética de la razón “cordial”); los que desarrollan el enfoque de la “economía de la felicidad”; los que desde el cambio del paradigma científico-tecnológico plantean escenarios prospectivos y buscan resolver el fin del problema económico e ir convergiendo hacia un mundo mejor (véase el siguiente artículo de Santiago Billinkis: http://bilinkis.com/2017/03/fin-del-problema-economico/); los que preocupados por las cuestiones del desequilibrio y desde enfoques institucionalistas realistas y adecuados con base en la realidad presente (por lo tanto sin caer en prácticas como el populismo-) buscan avanzar en procesos que nos lleven hacia un mundo mejor; los que “desde la lógica del conflicto de intereses” buscan estrategias de construcción de consensos de “salidas virtuosas” progresivas para las partes intervinientes, de cooperación y de escenarios “ganador-ganador”; los que vienen de otras disciplinas como Edgar Morin, Charles Taylor, Z. Bauman, etc.; y finalmente todos aquellos que en ideas y prácticas son expresiones de una economía plural diferentes a lo hegemónico, buscando un postcapitalismo que deje de lado escenarios de dominación.

¿Tan sólo una ilusión? ¿Idealismo? Puede ser… De todos modos, ¿no podríamos probar a ver cómo nos va?

(*) Este texto de Horacio Fazio, “Economía, Ética y Ambiente (en un mundo finito) por Ed. Eudeba, Buenos Aires, en 2012, en particular el capítulo 3, ha sido utilizado como una fuente importante para este artículo. Para la parte del cambio del paradigma científico se ha utilizado, en especial, el texto de Ilya Prigogine, “¿Tan Sólo una Ilusión?, una exploración del caos al orden” (Ed. Tusquet, Barcelona, 1993) y en su relación con las ciencias sociales (págs. 99-120).