La Historia de Dios y el límite del mal para un mundo mejor

27 Mar La Historia de Dios y el límite del mal para un mundo mejor

La creencia en Dios es una cuestión personal (*) y de muy difícil discernimiento, a la que se han referido numerosos pensadores, entre los cuales se pueden mencionar -sólo como ejemplos- desde los filósofos griegos o pensadores cristianos como Santo Tomás de Aquino y San Agustín hasta, en el otro extremo, David Hume (en su obra Diálogos sobre la religión natural de 1755), pasando por Liebniz y Spinoza y otros hasta nuestros días. Entre los distintos elementos a tener en cuenta, hay tres cuestiones centrales que inciden:

  • en lo relativo a la ciencia hay físicos como Stephen Hawking que, en su polémico libro El gran diseño, afirmó que el Universo puede crearse «de la nada, por generación espontánea», y que la idea de de Dios «no es necesaria» para explicar su origen, y otros -como Galileo Galilei- que afirmaron que no sólo existe sino que “las matemáticas son el lenguaje en el que Dios escribió el universo”. Subyace también el debate si, previo al “big bang” (o a una sucesión de ellos), está el Ser y una dimensión eterna (ello implica pasar o relacionar la física con la metafísica),
  • no es posible de demostrar científicamente, a excepción de “por la negativa”, relacionada con las limitaciones de la ciencia para explicar determinados fenómenos. Esto se da, particularmente, en lo que se denominan milagros, en especial sanaciones o “retornos a la vida de una muerte clínica” que no se han podido explicar de manera científica.
  • la cuestión del mal y las preguntas que se le atribuyen a Epicuro sobre su posible incompatibilidad con la existencia de Dios (“paradoja de Epicuro”), y que nos llega a nosotros, en especial, por Lactancio a través de su obra“De ira Dei”.

A lo anteriormente expuesto habría que agregar las múltiples fallas, limitaciones, errores y horrores cometidos en la historia humana por distintas religiones o algunos de quienes dicen creer en Su existencia. Sin duda estos elementos, junto con los expresados más arriba, han jugado un rol central para el agnosticismo, el ateísmo o la no creencia en Dios.

En un sitio aparte nos hemos planteado la hipótesis de la existencia de Dios y su posible relación con un mundo mejor, y aquí intentaremos abordar (o re-visitar y volver a reflexionar) -a modo de ensayo y planteo de hipótesis- sobre la cuestión del mal recién mencionada. Para ello, además de incorporar citas de textos y autores, utilizaremos links de divulgación del ciclo “La Historia de Dios” (ver imagen de la entrada) emitida por el National Geographic Channel (relacionada con textos como este) que se pueden ver, en su primera parte en Netflix y, más en general. en youtube. En especial haremos referencia al capítulo cinco de esta serie.

Volviendo a la llamada “paradoja de Epicuro” la misma se ha expresado de la siguiente manera:

“1. ¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.
2. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.
3. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?
4 ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?”

Si tomamos, por un lado, la argumentación de Lactancio no hay incompatibilidad entre la existencia de Dios y la posibilidad de que exista concomitante el mal (esto último es lo que provoca “la ira de Dios”) y, por otro, el enfoque de Liebniz sobre las monadas y su “Ensayo sobre la justificación de la bondad de Dios”, tal vez podríamos inferir que en la tradición judeocristiana hay algo previo al relato del origen del pecado original. Recordemos que este último expresa a la libertad humana desconociendo a Dios o queriendo ocupar el lugar de Dios, desobedeciendo una norma que nos diera, simbolizada en no comer “del árbol de la ciencia del bien y del mal”. Otra forma de manifestarlo sería en no reconocer la preeminencia y sabiduría de Dios frente a nuestra frágil y limitada condición humana. En este enfoque el mal depende de nuestra elección o decisión frente al deseo y voluntad divina. Para el catolicismo, además de ser una cuestión individual o personal, cuando se convierte en un entramado social o sistémico que no nos lleva al bien, habla de un “pecado estructural“.

Pero ¿qué sería lo previo a la libertad humana desobedeciendo a Dios? Sería en una dimensión anterior a lo espacio-temporal o que denominamos “creación” (o realidad cósmica que se nos va develando). Por supuesto esto no puede ser demostrado científicamente y depende de nuestras creencias en relatos bíblicos. Por ejemplo, en el Libro de Ezequiel (Ez 28.12-19) se hace referencia a un drama y -entre otras cosas- habla del cambio radical de comportamiento de un ser celestial: “Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra…”

En línea con lo que se viene de relatar, también en la tradición judeocristiana se representa a Lucifer como sinónimo de lucero (Isaías. 14:12) y ángel caído, ejemplo de belleza y sabiduría a quien la soberbia condujo a los infiernos, transformándose en Satanás. Estas cuestiones son retomadas en el Libro del Apocalipsis.

Si creemos en el mensaje central que nos dan estos relatos (más allá de sus características míticas y simbólicas) podríamos inferir que Dios quiso hacer un mundo perfecto, paradisíaco y por lo tanto bueno, pero la característica de libertad de ese orden hizo que algún o algunos seres optaran por rechazar a Dios, alejándose de El y generando el mal. La expulsión de esa dimensión hacia la dimensión espacio-temporal del universo (o multiverso) sería la explicación de porque está la posibilidad del mal no sólo en nuestras mentes, sino también del mal físico que coexiste -en lo que denominamos vida– con el bien.

¿Hay posibilidades de redención o remediación del mal? En la tradición judeocristiana Dios se encuentra o ubica en quienes sufren las consecuencias del mal, y en el Evangelio aparece claramente en el texto de Mateo 25, 35-40 frente a la pregunta ¿donde está Dios? Por lo tanto, desde esta perspectiva, si queremos vincularnos con Dios tenemos que “darle de beber al sediento, de comer al hambriento...” y esto se debería hacer no sólo a escala individual, como “el buen samaritano“, sino también a escala sistémica o global. Los móviles y culturas, políticas, procesos e instituciones (socioeconómicas), y resultados deberían estar alineados -sin violencia- en esta dirección para re-equilibrar las situaciones de injusticia, desequilibrio y mal.

La ciencia, en especial vinculada con el cuidado y la salud, debería jugar un rol muy importante. Un ejemplo, en el capítulo 5 de la historia contada por Morgan Freeman (mencionada al comienzo), en el minuto 3 en adelante, entrevista a un violador (y asesino). El doctor Kent Kiehl, neurocientífico de la Universidad de Nuevo México, en Estados Unidos, pudo escanear su cerebro y mostrar evidencia que tienen un cerebro diferente, con “niveles muy bajos de densidad en el llamado sistema paralímbico….Este sistema es el “circuito de la conducta” en el cerebro e incluye regiones conocidas como la amígdala y la corteza prefrontal”. Esto abre la posibilidad de que la ciencia, en un futuro, pudiera resolver este “mal físico” específico que es causal de muchos males hacia otras personas.

Por lo tanto todas las dimensiones de la actividad humana deberían estar orientadas hacia la búsqueda del bien, sabiendo que la superación definitiva del mal será en el reino de los cielos, pero que ha comenzado y se desarrolla en esta Tierra. En la religión cristiana la voluntad de Dios se ha expresado enviando a su Hijo y a su Espíritu – como principales pero no únicas mediaciones- para acompañar y dar energía en esta dirección. Será fundamental poder conectarnos con esta dimensión a través de la espiritualidad (como lo hacen otras experiencias sapienciales no cristianas), la meditación y la oración, junto a las acciones concretas de amor, justicia y solidaridad mencionadas más arriba.

(*) lo que aquí se expresa es una búsqueda personal que comenzó en mi adolescencia y que -ahora como adulto mayor al cumplir 70 años- me permito compartir con ustedes. Espero no incomodar u ofender a nadie por lo que -en este ensayo y en estas hipótesis- se reflexiona en cuestiones que nos quedan muy grandes y complejas de abordar a los humanos, pero que -desde los orígenes de nuestra conciencia- seguimos re-preguntándonos. También tan alejadas de lo científico y “serio” académicamente, y aparentemente tan lejanas de lo mundano y cotidiano. En mi caso lo vivo como una intuición de “lo esencial que es invisible a los ojos”, pero respeto profundamente a quienes no lo viven o creen así, lo consideran inabordable o sólo fruto de una ficción. Es un dilema a esclarecerse en la otra vida.

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