Impuestos, Sacrificio, Justicia y Solidaridad

05 Oct Impuestos, Sacrificio, Justicia y Solidaridad

Al final de la película “¿Conoces a Joe Black?”, se menciona la frase que equipara “la muerte con los impuestos” como las dos únicas cosas “ciertas en la vida” (utilizada en Estados Unidos, -ver imagen de la entrada-). Tal vez, lo que subyace en la misma, es que el Estado es una realidad (para el individualismo y liberalismo extremo -en sus distintas versiones- es “un ladrón” o “un peso a sacarnos de encima“). Si es “una realidad”, no hay otro remedio -si queremos vivir en sociedad y cumplir con la ley- que “sacrificarnos y/o resignarnos” y pagar impuestos (así como reconocer que “algún día nos vamos a morir”).

Hay otras visiones según las cuales, dada la escala humana, las diferentes situaciones que se presentan en los grupos humanos y las formas de generación, distribución y apropiación del excedente económico, se requiere de “alguien” que ejerza funciones de redistribución. Según la antropología esto comenzó con el pasaje del matriarcado al patriarcado, los jefes de las tribus o etnias, y después con las ciudades-estado hasta los estados de nuestros días. La redistribución puede tratar de ser “justa” o progresiva (el que más tiene más aporta hacia el que menos tiene) o regresiva (el que menos tiene menos recibe o aporta más proporcionalmente). Esto puede hacerse bien, mal o regular, dependiendo del caso. También cabe aclarar que, según Karl Polanyi, además de la redistribución, están el intercambio y la reciprocidad como componentes de todo sistema económico (dependen de la modalidad que tengan -en especial el intercambio- generarán más igualdad o más desigualdad).

Si partimos de una interpretación de la afirmación: “¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (de Caín a Dios, según la Biblia), y lo “único importante” soy “yo”, no es válida la redistribución, ni un intercambio justo y menos la reciprocidad o la solidaridad. Por lo tanto hay una opción personal respecto del pago de impuestos (y en el marco de la ley y “si la evado” parcial o totalmente, o no, con los riesgos legales que conlleva). También hay una opción personal respecto si me involucro o no en una participación sociopolítica (directa o a través de representantes) de verificar con qué prioridades y modalidades se asignan los impuestos recaudados evitando la “opacidad”, el excesivo costo de su gestión y la corrupción, en ese “pase de manos” que hace el Estado.

En la Argentina se ha planteado que, hacia finales del año 2017, se va a discutir una nueva ley impositiva. Esto se hace en un contexto de importante déficit estatal, endeudamiento, un tercio de la población pobre, una historia de evasión y elusión impositiva (que ha requerido de reiterados blanqueos), sobredimensionamiento del Estado en determinadas áreas, ausencias y falta de eficacia en otras, carga impositiva importante hacia las empresas pero baja y no tan progresiva (en comparación con los países escandinavos) hacia las personas, entre otras características.

¿Podremos pasar del:

  • individualismo y el sacrificio en el pago de impuestos a ser justos y solidarios con nuestros hermanos pobres, los desempleados por falta de oportunidades, capacitación o efectos de los cambios tecnológicos, y no pedirles sacrificios a ellos sino que hagan lo que puedan y tienen que hacer (como educarse, capacitarse y buscar activamente formas de inserción posibles)?
  • “no te metás” a involucrarnos directamente (en nuevas formas participativas) y/o indirectamente (a través de nuestros representantes) en ver cuales son las prioridades y modalidades de asignación de los impuestos?
  • “que se haga cargo la política y el Estado” a sumarnos activamente desde la ayuda solidaria y con modalidades de intercambio justo?
  • alto costo de carga tributaria a las empresas a una menor carga tributaria a quienes emprenden y generan valor?
  • que “no me pidan a qué aporte más impuestos” a “si estoy en una situación económica holgada (como “mínimo”) acepte que las personas paguemos progresivamente más? Ello se podría reforzar si hubiera consenso de que –a largo plazo– vayamos tendencialmente a un estado del tipo de los “países nórdicos” (con las adaptaciones del caso) y saber que nuestro dinero es bien asignado. Relacionado con esto:  ¿podremos dejar de lado el argumento de que los incrementos impositivos marginales a los más altos ingresos son confiscatorios?
  • “me llevo la plata afuera” a “vamos construyendo confianza entre todos” e invirtiendo en el país?

entre algunos consensos que seguramente nos puedan llevar a un mundo mejor. Queda para otra reflexión la importancia y resolución del abordaje fiscal a nivel internacional (con su correspondiente institucionalización) a fin de reducir la desigualdad en el mundo, las emigraciones por razones económicas y la construcción de una paz asociada a la justicia y la solidaridad.

 

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