El Prejuicio

17 Oct El Prejuicio

En un programa de la televisión argentina (en el minuto 8,15 en adelante) el sociólogo Eduardo Fidanza reflexionó -a partir de un hecho puntual- acerca de la naturaleza del prejuicio. Allí mencionó un texto del psicólogo norteamericano Gordon Allport y uno de sus libros: “La Naturaleza del Prejuicio” (Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1971).

En la Introducción de este texto se menciona que no tiene una sola causa, y más adelante se plantea que surge como resultado de la necesidad que tiene el ser humano de tomar decisiones firmes y concretas de manera rápida, tomando información generalizada de la que se tiene hasta el momento para emitir juicios, y sin verificar su veracidad.

El texto de Alport tiene 575 páginas y 31 capítulos. La Wikipedia hace una buena síntesis del libro (aunque solicita nuevas referencias para aumentar su verificabilidad) cuando señala que “el prejuicio hace referencia a lo infundado del juicio y al tono afectivo. Allport señala que la frase «pensar mal de otras personas» debe entenderse como «una expresión elíptica, la cual incluye sentimientos de desprecio o desagrado, de miedo y aversión, así como varias formas de conducta hostil, tales como hablar en contra de ciertas personas, practicar algún tipo de discriminación contra ellas o atacarlas con violencia». En las prácticas cotidianas de los sujetos, el prejuicio opera a partir de presupuestos valorativos basados en costumbres, tradiciones, mitos y demás aprendizajes adquiridos a lo largo de los procesos de conformación de las identidades. Allport no incluye la posibilidad de calificación positiva en su definición.

El prejuicio surge por una conveniencia, para discriminar, descartar o dominar a otras personas o aceptarlas preferentemente, sin tener remordimientos y sin reflexionar si eso es bueno o malo, o si es una opinión objetiva o subjetiva. Comúnmente es una actitud hostil o, menos frecuentemente, favorable hacia una persona que pertenece a determinado grupo (social, étnico, sexual, político, socioeconómico, ocupacional, religioso, deportivo, etario, de salud o de enfermedad o de cualquier índole, incluso territorial o geográfica) simplemente por el hecho de pertenecer (voluntaria o involuntariamente, consciente o inconscientemente) a ese grupo, en la presunción de que posee las cualidades negativas o positivas atribuidas por muchas personas al mismo. La opinión se produce primero respecto del grupo prejuiciado y después incorpora al individuo”.

Volviendo a Fidanza, marca la relación de este fenómeno con la “posverdad“, y podríamos decir también que tiene cierta relación con el concepto de “sesgo cognitivo“.

Poder estar “más abiertos y libres”, y no caer en el prejuicio, sin duda nos ayudará a ir develando una verdad siempre incompleta y compleja de asir en cualquier tema que abordemos, y por lo tanto nos pueda ayudar a discernir aquellos caminos que nos pueden llevar a un mundo mejor.

 

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