Cuando las cosas van mal - En la Búsqueda de un Mundo Mejor
Se tratan de dar elementos para poder discernir sobre las distintas causas “sistémicas” (tanto estructurales como coyunturales) de por qué las cosas van mal, así como de los caminos que nos pueden llevar a un mundo mejor (y no a “mundo peor”).
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Cuando las cosas van mal

14 Mar Cuando las cosas van mal

Cuando “las cosas” van mal, nos angustiamos, nos deprimimos, a veces nos enfermamos, y en general nos ponemos agresivos. Si esta situación no es sólo “individual” sino que abarca a muchas personas se dan fenómenos sociales vinculados a la violencia, al “sálvese quien pueda”, al crecimiento de la economía informal (y muchas veces de la economía ilegal, por ejemplo, vinculada al narcotráfico), a buscar chivos expiatorios (los inmigrantes, los “vagos mantenidos por el Estado”, “los políticos que no solucionan nada”, etc.) y la necesidad de que emerja algún “salvador”.

No es fácil detectar las causales, y por lo tanto las posibles soluciones a que las cosas “vayan mejor”. En 1798 apareció un libro anónimo (pero escrito por un clérigo anglicano y erudito llamado Thomas Malthus con el título: “Ensayo sobre el principio de la población”. Allí se sostenía que “el poder de la población es indefinidamente más grande que el poder de la tierra para garantizar la subsistencia del hombre”. Si bien el progreso tecnológico desmintió esta afirmación, el autor sostenía que entre los obstáculos destructivos (no voluntarios) que re-equilibraban esta situación estaban la miseria, las enfermedades, las epidemias, el hambre y la peste, así como desgracias entre las que señalaba las guerras, las catástrofes naturales y los conflictos políticos.

Este autor “influyó, a través de la novelista Harriet Martineau, en los biólogos evolucionistas, en particular en Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, para quienes el malthusianismo era una especie de trampolín intelectual a la idea de selección natural y a la teoría de la evolución”.

Si bien la causal de la población quedó hasta ahora descartada, los mecanismos de re-equilibrio (no deseados) tienen “plena vigencia”.

Una de las formas políticas que emergió –desde el siglo pasado- como “respuesta” a estos fenómenos fue el “fascismo”. Según esta fuente “el proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y la acción, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas o revanchistas, lo que conduce a la violencia (ya sea por parte de las masas adoctrinadas o de las corporaciones de seguridad del régimen) contra aquellos que el Estado defina como enemigos mediante un eficaz aparato de propaganda; todo esto aunado a un componente social interclasista y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas). Esto no impide que diferentes enfoques ideológicos proporcionen diferentes visiones del fascismo: los ejemplos más comunes se dan en la historiografía, la politología y otras ciencias sociales, al ubicar al fascismo en la extrema derecha, vinculándolo con la plutocracia e identificándolo algunas veces como una variante del capitalismo de Estado, o bien de orientación liberal, identificándolo como una variante chovinista del socialismo de Estado

El fenómeno “cultural” está bien explicado en la película “La Ola” y como el mismo conduce necesariamente a una “autocracia”.

Poder discernir sobre las distintas causas “sistémicas” (tanto estructurales como coyunturales) de por qué las cosas van mal, así como de los caminos que nos pueden llevar a un mundo mejor (y no a “mundo peor”) será clave para encontrar una salida virtuosa. En la entrada “Para converger hacia un mundo mejor” intentaremos plantear algunos elementos para el debate.

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