La Economía Social y Solidaria

16 Ene La Economía Social y Solidaria

En los orígenes de la humanidad la economía tuvo rasgos predominantemente comunitarios. Ello se debía, especialmente, a que era “necesario y útil” para la caza y la recolección de frutos y vegetales frente a una naturaleza cambiante y -por momentos- hostil. Otras interpretaciones le adicionan que, además de adaptarnos y rivalizar por el territorio y los recursos, estamos conformados también para ser solidarios y compartir.

Luego de los orígenes de la humanidad recién mencionados, cabe destacar que en la época premoderna han habido muchísimas experiencias de economía comunitaria. En este link de las páginas 9 en adelante (1) se hace una presentación general del tema y se mencionan muchas de ellas.

En el marco de lo que se viene de mencionar, en la modernidad, si bien muchas experiencias comunitaristas continúan (por ejemplo de pueblos originarios, de origen religioso, etc.) surge el cooperativismo, el mutualismo y, más en general, la economía social como experiencias concretas. En cuanto a la experiencia cooperativa, si bien no fue la primera, el hito fundante más reconocido fue el de los Pioneros de Rochdale (en 1844, en Inglaterra) por parte de obreros textiles que buscaron resolver la necesidad de abastecerse de alimentos y encarar otros fines sociales. La economía como “ciencia” no le dió reconocimiento a este enfoque dado que se consideró que estaba asociada a la concepción económica premoderna o una economía normativa (en comparación con lo que la ciencia “positiva” considera “es la realidad” independientemente de un “deber ser” que alguna corriente pregone) . Por otro lado el marxismo -si bien la consideraba valiosa- entendía que terminaba siendo absorbida por el capitalismo.

Han existido numerosos pensadores y corrientes vinculadas -en especial- a variantes del socialismo, y a otras (por ejemplo el socialcristianismo o más relacionadas al liberalismo y afines). Entre ellos podemos destacar a Robert Owen, Charles Fourier, Philippe Buchez, Charles Gide, Louis Blanc, Pierre Joseph Proudhon y muchos otros precursores directos del cooperativismo. Sin duda influyeron en ellos lejanos antecedentes aportados por Platón (428-347 a. C.) -en especial su obra La República- y otros como Tomás Moro (1478-1535), autor de Utopía (1516), Tommaso Campanella (1568-1639), autor de La ciudad del Sol (1623), y Francis Bacon (1561- 1626), autor de La nueva Atlántida (1627) (2).

Hoy en día la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) estima en más de mil millones de personas que forman parte de alguna cooperativa en el marco de legislaciones nacionales, sobre las que se han hecho reflexiones y análisis significativos. Las razones por las que se origina una cooperativa son muy diversas pero el espíritu asociativo, democrático, donde el excedente no se transforma en una maximización del lucro sino que busca articular la sostenibilidad y de desarrollo económico con un un carácter social. Ello se pone al servicio de resolver una necesidad que no es satisfecha (o no lo es “satisfactoriamente”) por el mercado o el estado. Tiene valores (ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad) y principios que respetar y practicar.  Además del cooperativismo se ha desarrollado el mutualismo y nuevas modalidades de economía solidaria que ha sido reflexionada por autores como José Luis Coraggio, Luis Razeto y otros.  En el caso argentino ha tenido un significativo desarrollo con la inmigración y más recientemente vinculado al cooperativismo de trabajo (en especial en empresas recuperadas) y a expresiones de la economía popular.

A diferencia de empresas sociales (no democráticas pero también experiencias “muy valiosas“), las cooperativas tienen una doble dimensión -en lo organizacional y en los liderazgos- que cuidar articular satisfactoriamente: la asociativa democrática interna y la emprendedora (o como empresa) de provisión de bienes y servicios (según corresponda). Si predomina principalmente la deliberación interna (a veces muy centrada en el debate ideológico y de pugna de distintos sectores internos) la cooperativa termina naufragando en un “asambleismo” dentro del sistema económico vigente. Si predomina principalmente “lo empresarial” y el “gerenciamiento técnico” (desvinculado de los socios) se desnaturaliza su naturaleza democrática y social (además del peligro de que la gerencia no rinda cuentas de manera transparente al Consejo de Administración y a quienes son los propietarios). Por lo tanto debe cuidarse el equilibrio entre ambas dimensiones si se quiere desarrollar de manera integral y sustentable manteniendo su identidad (3).

Podemos afirmar que tanto la experiencia práctica como el desarrollo teórico de la economía social demuestran que es factible una alternativa a los emprendimientos que sólo buscan maximizar el lucro (4). Ello le da un carácter más humanista, democrático y equitativo a la generación y distribución del valor agregado por el trabajo, y por lo tanto es un aporte muy valioso para converger a un mundo mejor.

Nota al pie: La imagen de la entrada ha sido tomada de la OIT:  Documento de trabajo 2011, “Economía social y solidaria: nuestro camino común hacia el Trabajo Decente”-En respaldo a la segunda edición de la Academia sobre Economía Social y Solidaria, del 24 al 28 de octubre de 2011, Montreal, Canadá.

(1) Se transcriben la Introducción y el Capítulo 1 del Libro La Economía Social en el Norte y en el Sur, de J. Defourny, P. Develtere y B. Fonteneau (compiladores), publicado por Ediciones Corregidor en Buenos Aires en el año 2001. Además existe una numerosa bibliografía al respecto.

(2) Mayores detalles sobre esta temática y sobre el cooperativismo en general se pueden encontrar en el libro “Las Cooperativas. Fundamentos, historia y doctrina”, de Alicia Kaplan de Drimer y Bernardo Drimer, edición revisada por Mirta Vuotto (Ed. Intercoop, Bs.As., 2017).

(3) Un despliegue territorial de las cooperativas en la Argentina se puede encontrar en la Ruta Argentina de las Cooperativas. En lo institucional podemos destacar principalmente a COOPERAR y CONINAGRO, la CAM (para el Mutualismo) y como organismo del Estado nacional al INAES.

(4) Cabe destacar que según una encuesta que se hizo a emprendedores (ver Gráfico 2 de este link) la mayoría no emprende para “hacerse rico” o maximizar el lucro, lo cual pone en cuestión que -en el marco de una economía plural donde “teóricamente” es hegemónico el capitalismo- este sea el comportamiento mayoritario. Si un mundo mejor no tiene como finalidad la mera maximización del excedente económico, estos emprendedores también forman parte de esta aspiración.

 

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