Economias Deficitarias Fiscalmente

03 Abr Economias Deficitarias Fiscalmente

En otra entrada hemos hablado de economías desequilibradas. En esta nos referiremos a un tipo especial de desequilibrio (que tiene relación con la anterior, en particular por su impacto en el balance comercial y más en general en el balance de pagos y nivel de actividad) como es el caso de cuando los egresos fiscales de un estado, de manera persistente, son superiores a sus ingresos.  Para ellos tomaremos el caso argentino y un artículo de la economista Victoria Giarrizzo donde expresa que de “117 años de historia argentina sólo en 10 hubo equilibrio o superávit fiscal”.

A continuación plantearemos algunas hipótesis, a modo de preguntas, acerca de cuales serían las principales razones o causas:

  • somos un país rico y por lo tanto podemos gastar lo que sea porque con una o varias cosechas pagaremos ese déficit o “fiesta que nos dimos”. Mientras tanto como hay déficit lo financiamos con emisión monetaria o deuda (interna y/o externa) y “pateamos para adelante esta cuestión”,
  • la ambición desmedida (como un rasgo cultural relevante) nos desenfoca de nuestra realidad,
  • no terminamos de ser una Nación sino que predominan individualidades e intereses sectoriales que “tironeamos” los unos de los otros, donde el que se tiene que “ajustar es el otro”. Ello conllevaría a que no hay consenso acerca cómo debe concretarse el valor de la justicia social en las relaciones interpersonales.
  • los impuestos son de características regresivas y no progresivos a las personas por lo que se acentúa la sensación de injusticia,
  • no hay suficiente conciencia de que lo común o público, de uso -en general- gratuito – tiene un costo (de construcción, mantenimiento y reposición) que debe ser aportado por TODOS (*) de manera justa y equitativa,
  • lo elementos anteriores también estarían relacionados con una Argentina dividida y pendular, producto de su conformación socioeconómica e intereses, que no termina de tener un proyecto común que sea sostenible fiscalmente en el tiempo,
  • falta de institucionalidad eficaz en cuanto a la generación de estímulos adecuados y penalidades correspondientes. En general esto va acompañado de una justicia que no actúa como corresponde y en forma rápida, y que no hay equipos profesionalizados en la gestión de lo público,
  • somos malos administradores, tanto en lo que se refiere a la conciencia de los límites, de la escasez (por lo dicho en primer término “no habría”), de la “sintonía fina y los detalles” y por la ambición desmedida e individualismo que hace que se caiga en la corrupción,
  • en las erogaciones fiscales totales (Nación, Provincias y Municipios) se ha priorizado gastar en personal administrativo (para cubrir problemas de empleo de corto plazo), además de maestros, policías y médicos, que en fomentar la inversión productiva sustentable en el tiempo (para cubrir problemas de empleo de mediano y largo plazo). Según una estimación que hizo Jorge Remes Lenicov hubo un fuerte aumento del gasto total en el periodo 2003 – 2016 que equivalió a 700.000 millones de dólares,
  • en línea con lo que se viene de mencionar, a veces, se ha priorizado el consumo y no la inversión, y no ha habido una articulación virtuosa entre el equilibrio entre mercado interno y externo (este último para generar las divisas necesarias para pagar importaciones y deuda externa),
  • lo anterior significa que el papel de la deuda externa (y su pago de intereses y capital), en particular desde el golpe militar de 1976 hacia la actualidad ha jugado un rol significativo en el déficit fiscal.
  • en las erogaciones fiscales se ha canalizado en gastos militares en conflictos (Malvinas, Beagle) o en obras no prioritarias, mal hechas o que se pagaron y no terminaron, en cambio de una educación de calidad,
  • en las erogaciones fiscales se ha subsidiado a sectores sociales que no lo necesitaban (caso de la energía para sectores medios altos y altos) o a personas que alegaron derechos que -en realidad- no les correspondían (por ejemplo fraguar datos sobre incapacidad, o pensiones a personas que no las necesitaban),
  • el aumento del gasto improductivo, como la mayor presión tributaria, generan pérdida de ingresos personales (si la carga es regresiva perjudica en especial a quienes tienen menores ingresos) y de la competitividad de las empresas,
  • en los ingresos fiscales ha habido evasión y elusión en el pago de impuestos, así como una economía informal y el incremento de la pobreza que afectan significativamente la no tributación.
  • la inestabilidad socioeconómica y política, y el “sálvese quien pueda” (producto de elementos anteriores), hizo que no prime la confianza y muchos recursos estén fuera del país o del circuito formal de la economía,

entre otras cuestiones.

Sino no se remueven causales como las que se vienen de mencionar, no habrá posibilidades de construir un país “en serio” y un mundo mejor de manera sustentable y colectiva.

(*) el tema del no pago de impuestos para financiar bienes y servicios públicos es de larga data y aparece -por ejemplo- en la película argentina “Mercado de Abasto“, filmada en 1954 y estrenada en febrero de 1955, donde el personaje “Lorenzo” evade el pago de impuestos, y al tener un infarto tiene que ser atendido en un hospital público.

Agradezco los comentarios al texto por parte de Jorge Remes Lenicov y Juan Carlos Esteves.

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