Economias con empujones para el bien

14 Abr Economias con empujones para el bien

La imagen de la entrada muestra una foto de Richard Thaler, premio Nobel de Economía de 2017. Ha sido pionero de la economía conductual o del comportamiento. Entre los libros que ha publicado hay uno que se llama “Nudge“, o “pequeño empujón” en español, donde en la tapa se muestra el pequeño empujón que le da una elefanta a su cría para caminar en una dirección.

La idea es que el pequeño empujón sea por “defecto”. En esta nota se ejemplifica qué significa esto planteado por Thaler y Sunstein respecto al caso concreto de la donación de órganos. Bajo este enfoque, se supone que todos los ciudadanos consienten en ser donantes, pero que cuentan con la posibilidad de registrar su deseo de no donar y que pueden hacerlo fácilmente. Thaler y Sunstein insisten en lo de fácilmente, esto es, en que la gente cuente realmente con la libertad de elegir no ser donante y, consecuentemente, y valga la redundancia, la puedan ejercer libremente. Como se puede observar, «el permiso implícito es, en un sentido, lo opuesto del permiso explícito, pero ambos coinciden en un aspecto clave: bajo ambos regímenes, los que no optan por la elección por defecto tienen que hacerlo constar para salirse de la misma». Esta perspectiva tiene impacto en las políticas y normas, como la que se aprobó en el Congreso de Argentina (también llamada ley Justina) a comienzos de 2018 respecto de la donación de órganos.

En un reportaje que le hace Graciela Samela en el suplemento Ieco, del diario Clarín del 29/4/2018, responde a una pregunta diciendo: “cuando alguien me pide que firme una copia de Nudge siempre lo hago con la frase “un empujón para el bien“, que -por supuesto- es sólo una esperanza…..Y hay que recordar que un “empujón” viene con la oportunidad de optar por no participar, lo que nunca forzamos a nadie a hacer nada”. Si bien “el bien” para este economista está muy influenciado por alguien que viene de la corriente principal de la economía (cuyos cimientos no cuestiona excepto en cuanto a la racionalidad e información incompleta) plantea ejemplos como la donación de órganos que todos coincidiremos que son “para el bien”.

El economista Sebastián Campanario, en una nota del diario La Nación, que hace sobre este economista con motivo de la entrega del premio Nobel, expresa -entre otros elementos- que “la “chispa” que encendió Thaler se activó en 1987, cuando empezó a publicar una muy popular columna, “Anomalies”, en el prestigioso Journal of Economics Perspectives. “La columna de anomalías fue muy importante para poner sobre la mesa problemas de la teoría de decisión usual y la variedad de patrones de conducta observables que están ahí para ser sistematizados”, explica a LA NACION Daniel Heymann, profesor de la UBA y uno de los primeros en traer a la Argentina, a sus clases, las ideas de Thaler para discutir con sus alumnos, entre ellos Eduardo Levy Yeyati, Javier Finkman o Walter Sosa Escudero. “Los sesgos de cuentas mentales, statu quo y aversión a las pérdidas son ideas elegantes y relevantes, que su trabajo ayudó a incorporar al debate”, completa Heymann.”

Más adelante Campanario agrega que “su último libro, Misbehaving, fue reseñado meses atrás en este espacio por Javier Finkman, bajo el título de Vamos a portarnos mal. En otra reseña más larga, que se puede leer en la página de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Pablo Mira, autor de Economía al diván, recuerda el genial y muy divertido relato que hizo Thaler de una mudanza de oficinas del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago, donde el esquema diseñado para repartir los nuevos espacios contradecía todas las teorías que se propagan desde el faro ideológico neoclásico: el sistema era poco trasparente (insuficiente información), repleto de arbitrariedades (intervencionista) y dejó como saldo peleas interminables entre profesores (ineficiencia paretiana)”.

Si bien hay muchos aspectos de la ciencia económica que “al lector común” se le pueden escapar o no entender cabalmente, podemos afirmar que el enfoque de Thaler nos puede ayudar a dar pasos prácticos y concretos que generen coincidencias democráticas sobre estímulos e instituciones eficaces hacia un mundo mejor.

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