¿Economía ortodoxa y progresista juntas?

10 Abr ¿Economía ortodoxa y progresista juntas?

¿Es posible una economia “progresista” y “heterodoxa” simultáneamente a una “ortodoxa en lo macroeconómico”? Vamos a intentar responder a esta pregunta teórica a partir de un caso concreto: el de Bolivia en el período 2005 hasta la actualidad (ver imagen de la entrada).

Pero ¿qué es una economía ortodoxa? A trazos gruesos podríamos definirla como aquella que se fundamenta en una política económica que prioriza el equilibrio fiscal (y en determinadas oportunidades el superávit fiscal) y es pro-mercado en cuanto a las relaciones económicas. Por lo tanto el Estado más bien busca ser garante de un cuadro institucional que garantice lo anterior y provea -directa o indirectamente- los bienes públicos necesarios.

Y ¿una economía heterodoxa y progresista? es aquella donde el Estado plantea una política económica más centrada en la redistribución progresiva de los ingresos con una presencia significativa del Estado en las relaciones económicas que se dan en el mercado.

Por supuesto estos trazos gruesos tienen, en la práctica, una gran diversidad de situaciones tanto en su ritmo de implementación (gradualismo versus shock) como en sus modalidades y en los resultados alcanzados: pueden buscar el equilibrio fiscal pero no lograrlo o buscar la redistribución progresiva de los ingresos pero alcanzar esto sólo para una minoría gobernante y empobreciendo a una mayoría. Por lo tanto el éxito o fracaso de una u otra no está garantizado de antemano dependiendo de los contextos y si los instrumentos de política son adecuados y eficaces.

Cada país tiene sus propias particularidades en cuanto a su historia, su estructura económica y las distintas coyunturas por las que atraviesa. Bolivia no es la excepción, dado su carácter multiétnico y pluricultural que se expresa en su institucionalidad de estado plurinacional. En lo político viene siendo liderado en los últimos años por una persona, como Evo Morales Ayma, que proviene del sindicalismo cocacolero, siendo posteriormente fundador del “Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP)”.  Luego se aliaría con el Movimiento al Socialismo (M.A.S.) para participar de las elecciones generales de 1997, en las que resultó elegido diputado por Cochabamba, y en las elecciones presidenciales de 2005, obtuvo casi el 54 % de los votos, por lo que se convirtió en el primer presidente de origen indígena.

Según la síntesis que realiza la Wikipedia, “el primer mandato de Morales (2006-2010) se caracteriza por la puesta en marcha de políticas nacionalistas e indigenistas de izquierda alineadas con las políticas de los presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Fidel Castro de Cuba. Se estatizan las empresas de hidrocarburos y telecomunicaciones que en la pasada década habían sido privatizadas. En 2006, se instala una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución. Tras una profunda crisis política que polariza el país entre partidarios del Gobierno (principalmente en el occidente) y seguidores de las demandas de autonomía departamental y capitalía para Sucre (en el Oriente Boliviano), la Constitución Plurinacional es aprobada por 164 de los 255 asambleístas y posteriormente modificada por el Congreso y refrendada por la población en un referéndum. A fines de 2009, Evo Morales del MAS es reelecto presidente con más de dos tercios de mayoría legislativa. En 2014 Evo Morales se vuelve a postular para presidente y gana con un 61% de los votos. Su periodo de gestión concluye el año 2019″ y podríamos agregar que está buscando su reelección indefinida, pero con fuerte rechazo de una parte importante de la población.

Respecto de este último tema el diario La Nación de Argentina escribe una nota y al final de ella aparece otra firmada por Pablo Stefanoni que se denomina “un socialismo que se apoya en el mercado”. En la misma expresa que “el ex ministro de Economía boliviano Luis Arce Catacora dijo alguna vez que el socialismo debía convivir con la estabilidad macroeconómica. Arce se mantuvo once años como titular de esa cartera, todo un récord en el país, y salió por motivos de salud, no de gestión. Desde la campaña por la reelección de 2014, y para justificar su permanencia en el cargo, el presidente boliviano Evo Morales se presentó como el garante de la estabilidad más que de la “revolución”.

En lo escrito por Stefanoni se hace referencia a un artículo de la versión impresa de la BBC donde destacan las claves del éxito económico del país. Entre ellos se pueden destacar que su economía ha venido creciendo a un promedio del 5% anual en los últimos años, las reservas pasaron de 1124 millones de dólares en 2004 a 15282 millones de dólares en 2014, tiene superávit fiscales (por primera vez desde 1940) y en cuenta corriente debido sobre todo a las políticas de nacionalización de recursos naturales (hidrocarburos y minería) y otros sectores como telecomunicaciones y energía, que permitió un importante aumento en las recaudaciones estatales y por consiguiente una fuerte inversión pública (en 2010 cuatro veces mayor que en los años previos al 2006).

Se destacan también una muy baja tasa de inflación (en el año 2017 fue del 2,7%) debido a la aplicación de una política económica ortodoxa en lo monetario, y -en otras cosas- que generó, hacia 2014, que ciudadanos argentinos ahorraran en pesos bolivianos. Por otro lado la pobreza extrema disminuyó de 36,7 % a 16,8 % entre 2005 y 2015, y el índice Gini (que mide la desigualdad de ingresos) pasó de 0,60 en 2005 a 0,47 en 2016.

En la nota de Stefanoni, más arriba citada, expresa que “sin duda, Bolivia sigue dependiendo de sus materias primas (gas, minerales y soja) y arrastra muchas inequidades históricas. Sin embargo, las reservas monetarias acumuladas -que llegaron al 50% del PBI- le permitieron un aterrizaje suave. En estos ocho años de “revolución democrática y cultural” fueron quedando atrás algunas de las utopías iniciales del “proceso de cambio”, como la del indianismo radical, el anticapitalismo o el socialismo comunitario. La que se mantiene en pie es la de la inclusión, la de una foto de familia que incluya verdaderamente a todos los habitantes de Bolivia. Pero esta utopía transcurre por diferentes vías y algunas de ellas, paradójicamente, son el mercado, el consumo y la movilidad social ascendente”.

Lo anterior no se ha estado exento de fuertes contradicciones (como esta o de tentaciones como perpetuarse en el poder), pero ha sabido combinar -según nuestro criterio- la ortodoxia con la heterodoxia económica logrando muy buenos resultados. Ello nos puede generar distintas preguntas como ¿si la estabilidad económica con baja inflación y superávit fiscal no es progresista? o ¿si el disponer de empresas sociales y estatales eficientes en determinados sectores donde hay fallas de mercado u otros enfoques de la economía no será una medida ortodoxa que fomente el crecimiento económico inclusivo? Responder con un criterio amplio, veraz y práctico (por lo tanto combinando ideales con realismo) preguntas como esta, tal vez nos pueda ayudar a superar determinadas antinomias y grietas en nuestras perspectivas de abordaje.

 

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