Trabajo y Pobreza Estructural - En la Búsqueda de un Mundo Mejor
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Trabajo y Pobreza Estructural

01 Ago Trabajo y Pobreza Estructural

Un tema muy importante, a nivel mundial es el de la pobreza, y en particular sus características “duras” o estructurales. Esto ha sido reconocido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, en función de que hay 836 millones de personas que la sufren en el mundo y una de cada cinco -en las regiones en desarrollo- vive con menos de 1,25 dólares diarios.

En la Argentina esto ha venido siendo medido por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA). Según notas periodísticas la seguridad alimentaria, cobertura de salud, servicios básicos como conexión a la red de agua corriente, vivienda digna, recursos educativos, afiliación al sistema de seguridad social, y acceso a las comunicaciones y a la información, son las siete dimensiones e indicadores de los derechos sociales para conocer cuál es la pobreza estructural profunda en la Argentina.

Dentro de este marco general podemos afirmar que hay una gran heterogeneidad de situaciones. Por ejemplo hay personas que no tienen agua corriente pero no están afectados por la seguridad alimentaria. Otras personas pueden tener una u otra de estas características o las dos, pero sus hijos acceden a recursos educativos. Y así podríamos seguir con otros ejemplos donde, en muchos casos, tienen las siete características juntas.

Si vamos al extremo de la indigencia y tomamos el caso de las personas en situación de calle (por ejemplo en la Ciudad de Buenos Aires) hay también una gran diversidad, desde menos de tres meses, entre tres y seis meses, más… En otros países como Chile se han desagregado distintas características de estas personas para el año 2015. De ello se deriva que pueden haber medidas generales, como proporcionarles un ingreso social o un lugar de vivienda temporaria, hasta poder ayudarlos de manera personalizada -según sus características singulares– para ofrecerles salir de la situación de calle. Dentro de esta variedad de situaciones habrá personas que puedan acceder a la economía popular o una capacitación en algún oficio, mientras que otras tendrán que ser asistidas en forma permanente en alimentos, salud y una vivienda. Habrá que hacer seguimiento de la evolución de la inteligencia artificial en la provisión casera de comida, así como de ropa o vivienda, que puede -a futuro- revolucionar la autosubsistencia humana, al igual que la autogeneración de energía (solar o biodigestores).

Se finaliza esta nota comentando la imagen de la entrada. Es un caso en Madagascar, donde el sacerdote argentino Pedro Opeka sale fotografiado con la imagen de fondo con viviendas nuevas construidas por (trabajo realizado por esa población) y para personas (a través de la ong Akamasoa) que han salido de la pobreza extrema en ese lugar. Hay un canal de televisión que ha documentado esta historia (donde se muestra el trabajo rural que les permite subsistir), que nos da un ejemplo de esperanza concreta de cómo abordar exitosamente esta cuestión (no contó con la ayuda del Estado, lo que hace aún más meritorio el esfuerzo). En el caso argentino se requiere de una sociedad sensible que impulse decididamente una acción eficaz coordinada del estado (en sus distintas expresiones), con organizaciones de la sociedad civil (personas que donen tiempo, especies y dinero) y de empresas socialmente responsables (desde el pago de impuestos y una comercialización -minimamente- no abusiva de sus productos hasta involucrarse en forma más directa con distintos tipos de ayuda), dando participación y dignidad (por ejemplo trabajo en la resolución de su situación) a las personas en situación de pobreza donde hoy viven y analizando posibilidades de desarrollo de agricultura urbana. Sin embargo una cuestión a explorar es la posibilidad de generar proyectos de formas de trabajo rural (como el caso de Madagascar) en economías regionales que busquen recuperar tierras semidesérticas (con nuevas técnicas de irrigación y de cultivos), de zonas inundadas o en forma de terrazas en las montañas como hizo la cultura incaica (también en países de Europa donde escasea la tierra en valles). Allí se podrían establecer colonias de personas (que hoy viven en urbes hacinadas y que, muchas de ellas provienen del interior del país), con el acompañamiento de ongs, universidades y distintos niveles o competencias del Estado a fin de que tengan todos los estímulos necesarios para desarrollar exitosamente una vida digna.

Como planteo general para el caso argentino es interesante el planteo de Agustín Salvia (Director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA) que hace en este video donde dice que “a este capitalismo le sobra un cuarto de la población argentina” y en los minutos 22 a 25,40 hace una propuesta concreta.

Explorar estas posibilidades y poder desarrollarlas, hará que se hagan efectivos sus derechos, el logro de los ODS de Naciones Unidas y el cierre de una “grieta socioeconómica” que nos permita converger hacia un mundo mejor.

 

 

 

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